EL CARPINTERO ESTÁ VIVO - RAMIRO ALARCÓN FLOR - E-Book

EL CARPINTERO ESTÁ VIVO E-Book

RAMIRO ALARCÓN FLOR

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Con esta nueva edición pretendemos llegar a su corazón con la luz de Jesús. Sólo Él, con su Espíritu, podrá alimentarlo adecuadamente, curar sus heridas, purificar su corazón y regalarle una nueva vida. Se atreverá a dejarlo entrar?!El Carpintero está Vivo! Aquel grito maravilloso de júbilo y felicidad, de la primigenia Iglesia Cristiana, debe resonar, hoy cibernética y digital hoy, igual que ayer, ansia con avidez encontrarse a si misma y buscar el bien común.Esperamos que estas grandes noticias lo edifiquen espiritualmente, y se convierta en un ser de luz.

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Seitenzahl: 193

Veröffentlichungsjahr: 2021

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¡El Carpintero está Vivo!

La Buena Nueva de Jesús

RAMIRO

ALARCÓN FLOR

¡El Carpintero está Vivo!

La Buena Nueva de Jesús

RAMIRO

ALARCÓN

FLOR

El Carpintero está Vivo

Primera edición digital. Aumentada y corregida.

Autor: Ramiro Alarcón Flor

Editor: Fundación ECEV

ISBN: 9789978438404

Registro de derecho autoral: 020341

@2021

Quito Ecuador

Pedidos y sugerencias:

[email protected]

www.ramiroalarconflor.com

www.elcarpintero-estavivo.com

Que hermosos son los pies de los que anuncian la paz. Las Buenas Nuevas de Jesús.

Rom. 10,15

Una producción de FUNDACIÓN ECEV

ÍNDICE

Presentación

CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 2

AUTOVALORACIÓN

CAPÍTULO 3

¡EL CARPINTERO ESTÁ VIVO!

CAPÍTULO 4

PRIMER PILAR:

¡DIOS TE AMA! ¡YO TE AMO!

CAPÍTULO 5

SEGUNDO PILAR

LIBÉRATE,

DE LO QUE TE IMPIDE,

VIVIR EL AMOR DE DIOS:

EL PECADO

CAPÍTULO 6

TERCER PILAR:

JESÚS MI SALVADOR

CAPÍTULO 7

CUARTO PILAR:

FE Y CONVERSIÓN

CAPÍTULO 8

QUINTO PILAR

JESÚS EL SEÑOR, MI SEÑOR

CAPÍTULO 9

SEXTO PILAR

EL ESPÍRITU SANTO

CAPÍTULO 10

SÉPTIMO PILAR

LA COMUNIDAD

NOTAS

SOBRE EL AUTOR

OTRAS OBRAS DEL AUTOR:

¡El Carpintero está Vivo!

La Buena Nueva de Jesús

Presentación

Ser cristiano es ser continuador de Cristo, es decir ser un portador de esperanza. Aquí en pleno siglo 21, en medio de la nanotecnología, las redes sociales, los cambios mundiales… en medio del fragor de la injusticia y de la corrupción, de las pandemias tan hostiles, como ésta, generada por el coronavirus, debe resplandecer incólume la Buena Nueva de Jesús: el amor fue, es, y será siempre, la fuerza más poderosa del mundo (cfr. 1 Cor. 13).

Han pasado casi veinte años, desde que el Señor permitió que se edite por primera vez este libro que usted, amigo lector, tiene en sus manos. Hemos tenido cierto éxito; se han vendido y obsequiado más de veinte mil copias de este ejemplar. Pero los tiempos cambian, los escenarios mundiales cada vez son más complejos y la evangelización debe adaptarse al cambio para ser eficaz. Debe mejorar sus formas, y sus diagnósticos, para poder ser más efectiva. No obstante, el fondo siempre es el mismo, no puede ni debe cambiar: la “Buena Nueva” tiene un nombre: Jesucristo, ayer, hoy y siempre (Hb. 13,8).

Con esta nueva edición, revisada y aumentada, pretendemos llegar a su corazón con la luz de Jesús. Sólo Él, con su Espíritu, podrá alimentarlo adecuadamente, curar sus heridas, purificar su corazón y regalarle una nueva vida. ¿Se atreverá a dejarlo entrar?

¡El Carpintero está Vivo! Aquel grito maravilloso de júbilo y felicidad, de la primigenia Iglesia Cristiana, debe resonar, hoy más que nunca, en las mentes y corazones de esta sociedad cibernética y digital que hoy, igual que ayer, ansía con avidez encontrarse a sí misma y buscar el bien común.

Esperamos que estas grandes noticias lo edifiquen espiritualmente y se convierta en un ser de luz.

¡Que Dios lo bendiga en abundancia!

Ramiro Alarcón Flor, Quito Ecuador, enero de 2021

CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

¿Por qué escribir un libro de evangelización, en este momento histórico de nuestro país, y de nuestra Iglesia?

No cabe duda de que hemos sido testigos de la más fantástica revolución científica y técnica. El mundo se ha reducido a un supermercado mundial. Los hechos sociales, económicos, políticos y culturales se suceden unos a otros con asombrosa rapidez, tanto que el hombre no alcanza a analizarlos y comprenderlos. La globalización ha generado –como todo fenómeno- luces y sombras, y un nuevo hombre se ha levantado de este laboratorio social: el ser postmodernista, perteneciente a la cohorte demográfica llamada: la generación del milenio: o los “millennial”. De características más digitales, orientado al trabajo en equipo, más seguro de sí mismo, con más hambre de éxito, más inestable laboralmente, más espiritual y más pragmático. Más narcisista y también más ecologista, más solidario con la vida y con el planeta. También, en estos últimos veinte años, ha aparecido la generación Z, que está relevando a la millennial; más emprendedora y autodidacta, más irreverente y libre, impermeable a las jerarquías, con más oportunidades y búsqueda de alternativas profesionales. Jóvenes creativos y adaptables incluso a movilidad geográfica. Chicos que inventan sus propios empleos.

Desde esta perspectiva, los escenarios culturales y sociales han variado un tanto. La pregunta que nos hacemos como evangelizadores es la misma: ¿Cómo llevar la Buena Noticia de Jesús a estos nuevos entornos? ¿Qué cambios debemos hacer?

Tratemos de realizar un pequeño diagnóstico de la juventud y sociedad actual, para posteriormente, intentar sugerir acciones a tomar.

Desde la perspectiva religiosa, se notan varias transformaciones en los jóvenes actuales:

Hay mayor indiferentismo religioso y cristiano, específicamente, aunque, paradójicamente, los jóvenes de hoy son más apegados al esoterismo y a la astrología. Parecería que continúa existiendo una necesidad de vida espiritual, tal vez mayor que en generaciones anteriores, no obstante, las fuentes de oferta que llenan esta insuficiencia ya no son los templos, ni las Iglesias cristianas, sino alternativas como el yoga, el taichí, los amuletos, la astrología, la literatura esotérica, etc. En este aspecto, se aprecia con mayor intensidad la diferencia entre religión y espiritualidad. Los jóvenes de hoy tienden a prescindir del aspecto religioso, especialmente de la Iglesia, pero buscan afanosamente profundidad espiritual.

Como consecuencia de lo anterior se forma un sincretismo religioso, característica fundamental de esta corriente espiritual postmodernista denominada “New Age”. Esta forma de ver la vida logra unir el yoga, la reencarnación, el ocultismo y el cristianismo, generando un “coctel espiritual y religioso” que no tiene claridad. La juventud actual ha prescindido de la línea jerárquica católica y muchos de ellos creen en Dios, y en Jesús, a su manera.

Hay, en la juventud de hoy y en la sociedad en general, un híper individualismo. La soledad es la enfermedad del milenio. Aunque en las organizaciones se fomenta el trabajo en equipo, la soledad es el eje transversal de este tiempo. No es tanto el “estar solo”, sino “el sentirse solo, rodeado de mucha gente”. Los celulares son un monumento a esa soledad apabullante de muchas personas, que no tienen un solo amigo verdadero, con quien puedan abrir su corazón.

Este tiempo es también el tiempo de valorar las emociones y los sentimientos. La “diosa razón del Modernismo” ha sido desplazada, y hoy, el ser humano, valora muchísimo las emociones. Se comenta que alrededor del 80% de nuestras decisiones son emocionales. Por ello, la alfabetización emocional, para lograr administrar adecuadamente nuestras emociones, constituye una de las grandes tareas a todo nivel.

De modo que el joven de hoy presenta varias características que transitan entre la luz y las sombras: un ser más espiritual y menos religioso; más tecnológico y emprendedor, más práctico, indiferente, y parco, en lo concerniente a lo eclesial y cristiano; más solitario y muy individualista. Alguien que cree más en lo esotérico y astrológico que en la Biblia y en la Iglesia; un ser más solidario con los animales y con el planeta, y un tanto menos con su vecino, y con otros seres humanos que viven en la pobreza. Un ser que quiere ayudar a otros, pero que no sabe cómo; que busca el bien común, pero que se acomoda en su oficina y se olvida de los demás. Alguien que ama la libertad, pero que a veces abusa de ella. Un ser que trabaja en equipo en su empresa, pero que, al salir de ella, se vuelve híper-individualista. Alguien que ama a su familia, y que se rebela contra el tiempo que debe permanecer en la oficina, separado de ella. Una persona que se bautiza y comulga por cultura familiar, pero que no sabe quién fue Jesús de Nazaret. Alguien que cree en Dios -el de Jesús o el de otros- pero que siente aversión por lo clerical.

Notemos que, al analizar este cóctel de virtudes y debilidades, lo positivo lleva la mayor proporción.

¿Cómo devolver a este joven, y a la sociedad en general, la alegría de la Buena Nueva de Jesús?

Parece claro, que el problema no es de fondo, sino de forma. El fondo del mensaje es actual y vigente: Jesús de Nazaret y su proclama del amor como la fuerza más poderosa de la tierra. Con Él, la búsqueda de la felicidad, de la realización y de la plenitud tiene un camino asegurado.

El problema es la forma; el método de evangelización, el “cómo hacerlo”.

En este contexto, y según el análisis anterior, podemos arriesgarnos a esbozar algunas ideas:

-Habrá que trabajar más, y mejor, en canalizar y conducir a las personas a un encuentro con Jesús, y con Dios. Este encuentro no puede ser meramente racional; esto ya no es efectivo. Debe transitar por el lado emocional y sensible. Se debe buscar un encuentro personal, una experiencia honda con Jesús. Por tanto, habrá que buscar caminos adecuados, dinámicas, experiencias generadoras, elementos nuevos que propicien ese encuentro sensible y generen una experiencia de Dios.

-Habrá que ser mucho más elástico, mostrar más apertura, ser más universal en el aspecto doctrinal. Los jóvenes de hoy vienen con todo este bagaje sincrético y no van a aceptar –no aceptan, de hecho- imposiciones de nadie. En el aspecto catequético, se debe ir lenta y paulatinamente cuestionando paradigmas, esbozando razones, hasta –al final- mostrar la posición bíblica católica. En fin, “habrá que entrar desde la posición de ellos, para salir con la nuestra”.

-Las reuniones y las celebraciones católicas deben adaptarse al escenario moderno, sin perder su esencia. Es menester generar emociones y buscar ser facilitadores de experiencias de Dios y de Jesús. Las celebraciones actuales, con buenas excepciones, son muy serias, parcas y aburridas.

Nos toca incursionar en temática de índole espiritual, no cristiana y no católica: actividades como el yoga, el taichí, y otras disciplinas orientales, podrían ser “cristianizadas” por evangelizadores vanguardistas. En el fondo, la mayoría de estas actividades propenden hacia el bien común, y tratan de llegar a la plenitud de la persona humana.

EVANGELIZAR HOY.

La misión de todo cristiano es sin lugar a dudas la Evangelización. “Vayan y proclamen la buena nueva a toda la creación (Mc.16, 15). En ella se consumirá, generando la vida abundante que lo resucitará.

Evangelizar es la capacidad de transmitir la Buena Nueva de Jesús, a la sociedad actual, tan compleja y difusa; pero al mismo tiempo, tan necesitada de amor y comprensión. Para ello debemos entender los “signos de los tiempos” y adaptar nuevas formas, nuevos métodos: una evangelización de punta, con calidad total.

“Evangelizar”. Este término tan grandioso y generador de vida, ha sido muy manoseado. Tanto que para muchos descansa en el rincón de las palabras piadosas e inútiles -de señoras de iglesia- Sin embargo, sigue teniendo la fuerza de siempre. Toda actividad que realice la Iglesia, o alguno de sus fieles, y que busque el bien común, que defienda la dignidad de la persona humana, que propenda un estilo de vida basado en la ética y que rote en torno al mensaje, a la vida y a la persona de Jesús de Nazaret, es sin lugar a dudas evangelización.

La Encíclica “Anunciando el Evangelio” (AE), del Papa Paulo VI, la define como:

“Llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad.” (AE Número 18) “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap.21, 5).

La evangelización tiene como objetivo final, producir en el evangelizado una “Vida Nueva”. De eso se trata, de aprender a vivir bien, de sacar a flote lo mejor que llevamos dentro. Jesús nos hace nuevos. Su mensaje, y la inspiración de su ejemplo, nos capacita para volver a empezar: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Jn. 10,10). El primer anuncio de la evangelización, denominado “kerygma” (proclamar, gritar), tiene como objetivo llevarnos a un encuentro personal con Jesús, y, por tanto, empezar esa nueva vida. Luego vendrá la enseñanza catequética, y, posteriormente, la búsqueda por instaurar una mejor sociedad con los valores evangélicos. Las celebraciones permanentes, a través de las eucaristías, oraciones, y reuniones de grupos y movimientos cristianos católicos, fortalecerán permanentemente este nuevo estilo de vida que Jesús nos ha regalado.

La evangelización se clasifica en tres tipos diferentes:

Evangelización Profética

.

Es la Palabra proclamada. Consiste en anunciar el Reino y la Buena Nueva de Jesús. Enseñar la fe y la Palabra de Dios, y denunciar lo que va en contra del mensaje de salvación.

Evangelización Sacerdotal

.

Es la Palabra celebrada. El término “sacerdote” significa: “el que da lo sagrado”. Este tipo de evangelización corresponde a las celebraciones de todo tipo, tanto de ministros ordenados como de laicos bautizados.

Evangelización Regia

Es la Palabra vivida. Tiene que ver con la dimensión social. La búsqueda de una mejor sociedad. La construcción del Reino de Dios aquí en la Tierra.

Dentro de la línea de evangelización profética, consta la predicación kerygmática y la enseñanza catequética.

En la evangelización sacerdotal se contemplan las celebraciones y reuniones que tenemos para celebrar la vida y la victoria de Cristo; hay que notar que el término “sacerdote” incluye no solamente al ministro ordenado, sino a todo bautizado, pues cuando alguien se inserta en la comunidad cristiana, a través del bautismo, se nos declara: “profeta, sacerdote y rey”.

La evangelización regia, tiene que ver con el término: “reino” y puede ser definida como el conjunto de acciones que se realizan para tratar de instaurar el Reino de Dios o la Civilización del Amor.

No es objetivo de este texto transitar por la línea de evangelización sacerdotal y regia, pero sí por la evangelización profética y, en cuanto a ésta, se tratará específicamente de la predicación kerygmática, es decir el primer anuncio de la Iglesia: ¡Jesús está Vivo!

Así pues, y luego de estas reflexiones, debemos insistir en aquel versículo de la Carta a los Hebreos, capítulo 13 versículo 8, que continúa siendo nuestro centro y nuestro norte: “Jesucristo, ayer, hoy y siempre”. Y es que los cristianos, -aquellos que hemos tenido un encuentro personal con Jesús, que ha colmado y cambiado nuestra visión, nuestras costumbres, nuestra cultura de vida-, sabemos que Él es la mejor opción para que la mujer y el hombre se "re-hagan", para que vuelvan a su espíritu, para que aplaquen su soledad, se comuniquen profundamente y que puedan vislumbrar, al fondo de aquel túnel de sincretismo e híper-individualismo moderno, que Jesús de Nazaret continúa siendo el camino, la verdad y la vida (Jn. 14,6).

Por tanto, seguimos insistiendo hoy, como antes, como siempre, que es necesario en extremo devolver al hombre, y a la mujer, la posibilidad de un encuentro profundo y personal con Jesús, y con él, la alternativa sólida de una mejora sustancial de su estilo de vida y la posibilidad de realización personal y plenitud integral. Ésta es la razón fundamental que nos ha motivado a presentar este trabajo: contribuir a generar con profusa intensidad aquella Buena Nueva de Jesús. Nos sentimos honrados por esta noble empresa: la reconstrucción del ser humano, su resurrección.

En este tiempo, la humanidad necesita, más que nunca, de la Buena Nueva de Cristo, de un encuentro consigo mismo, de una cultura del amor.

OBJETIVOS

Aún resuena en la mente y en el corazón de muchos de nosotros aquellas palabras que dijo aquel “Carpintero de Nazaret”, luego de que resucitó: “Vayan por el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (Mc. 16,15). Este texto es clave en la vida de un seguidor de Cristo, puesto que constituye un nuevo mandamiento. Éste es el objetivo de fondo de todo cristiano: anunciar la Buena Nueva, es decir: evangelizar. No podemos inhibirnos de este mandato del Señor. Por otro lado, sabemos que al cumplir esta “Gran Comisión” que nos propone Jesús, podremos alcanzar la felicidad completa y la realización total. Por lo tanto, evangelizar se ha convertido en nuestro objetivo fundamental de vida.

El Kerygma.

La evangelización constituye la misión fundamental y medular de toda la Iglesia y, por tanto, es extensa. Como explicamos anteriormente, se divide en tres campos: profética, sacerdotal y regia. Este libro pretende acercarse solamente a la evangelización profética y, dentro de ella, exclusivamente al primer anuncio de Jesús: el kerygma. Este término griego puede ser definido como: “testimoniar y proclamar el paso de Jesús por mi vida”. Esto es fundamental puesto que fue así como se construyeron los primeros grupos y facciones cristianas: en torno al testimonio de discípulos y apóstoles que vieron y vivieron con Jesús. Fue ese encuentro personal con Él, con su mensaje, con su estilo de vida, que inspiró y desencadenó todo un movimiento impresionante, que al fin dio a luz al “Cristianismo” como una nueva religión.

El kerygma, tiene como objetivo, conducir a las personas hacia un encuentro personal con Jesús: el Cristo. La experiencia no es sólo entender racionalmente un tema. No. Debe incorporar los sentidos, las emociones, los sentimientos, todo el ser humano. La experiencia de Dios es tan importante que genera una huella indeleble en el evangelizado y, por tanto, le abre la puerta a una nueva vida. Es el mensaje de Jesús a Nicodemo: “tienes que nacer de nuevo” (Jn. 3,3).

Hemos destinado el primer capítulo del libro, a un tema que nos parece importante para poder comprender de mejor manera el mensaje kerygmático. Como se verá más adelante, el primer tema del Kerygma, es experimentar el Amor de Dios. Si la persona puede experimentar con hondura esta verdad, su vida cambiará irreversiblemente. Lo hemos comprobado muchas veces. El amor de Dios constituye el centro del mensaje kerygmático.

Autovaloración.

Ahora bien, para experimentar el amor de Dios con profundidad, es menester –en varios casos- realizar una introspección y autoanalizarse. Comprender, al menos intelectualmente, que todos los seres humanos somos valiosos, y por tanto dignos de amar y ser amados. Es importante conocerse a uno mismo, valorarse, aceptarse y quererse. Todo esto tiene que ver con autovaloración. Con autoestima. Por ello hemos insertado este Capítulo como introducción al tema kerygmático. Estamos convencidos que, si una persona no se ama a sí misma, no va a poder amar a nadie… ni siquiera a Dios. Por otro lado, como se siente indigna de ser amada, incluso por sí misma, le va a ser muy difícil dejarse amar por otros, incluso por Dios.

De tal manera que, el primer capítulo de este texto, busca que el lector pueda encontrarse consigo mismo, con el fin de que se valore, se acepte, se admire y se ame. Que reconozca la cantidad de talentos y carismas que posee, que potencie su autoestima y experimente lo grande y valioso que es. Complementariamente posibilita que cada uno planee, estructure y proyecte su vida en términos de calidad y excelencia. Que descubra sus más grandes sueños y los transforme en objetivos y metas. Y que en cada escalón alcanzado sepa descubrir la gracia de Dios que le anima en la lucha.

Desde el Capítulo 2, el libro presenta la Buena Nueva de Jesús de Nazaret y aspira a ser el complemento perfecto para una vida plena. Es un anuncio kerygmático potente, para el ser humano de hoy, que busca encontrar sentido a su vida. Se despliegan, en seguidilla, los siete pasos, o momentos, del primer anuncio de la Iglesia: Jesús está Vivo.

Empieza con el Amor de Dios. A este capítulo lo hemos titulado: “Dios te ama, yo te amo”, porque debe quedar claro, que la mejor estrategia de Dios para amar al ser humano, es a través de otro ser humano. Luego viene el tema de “El Pecado”, que no es otra cosa que el alejamiento consciente, y libre, de los seres humanos del Amor. El tercer pilar se denomina: “Jesús Salvador”, donde debemos experimentar personalmente la salvación traída por Jesús; una salvación que no es sólo para la “otra vida”, sino para ésta.

El cuarto tema tiene que ver con la “Fe y la Conversión”. La fe y la conversión constituyen dones, y también decisiones fundamentales, para personalizar la salvación. El siguiente tema es “Jesús el Señor”; un paso para aceptar personal y públicamente a Cristo como el motor de mi vida. El siguiente es la vida en el “Espíritu”. Necesitamos de la efusión del Espíritu Santo para poder resistir los embates de gran parte de la sociedad que vive en decadencia y corrupción. Finalmente está el tema de la “Comunidad”. “No hay vida cristiana sin comunidad”. “O caminamos juntos, asumiendo los valores evangélicos, o no caminamos”.

Siempre queda la posibilidad de que este mensaje, que, aunque debe ser transmitido por testigos de Jesús y de su Buena Nueva, no tenga adecuada recepción en nuestra sociedad actual. De hecho, vemos que, en este siglo 21, los templos lucen cada vez más vacíos y muchos de los que pertenecemos a comunidades y movimientos cristianos católicos, hemos experimentado la apatía, el escepticismo e incluso la burla de muchas personas, especialmente de jóvenes millennial, y de la generación Z, cuando se les comparte la Buena Nueva. Hay que analizar, al respecto que, este tipo de actitudes han existido siempre y en cualquier generación. Por ejemplo, los jóvenes de la generación X, nacidos por la década de 1960, tenían como escenario las revoluciones socialistas-comunistas, donde el ateísmo militante les impermeabilizaba contra todo tipo de fe. Ellos, como se recordará, eran aún más parcos y radicales respecto a aceptar un mensaje, como el que propone Jesús de Nazaret. En aquel tiempo correspondiente a la transición entre modernidad y post modernidad, las ideologías se volvieron más importantes que el respeto por la dignidad del ser humano. Sin embargo, los cristianos, como ayer y como siempre, seguíamos haciendo resonar la Buena Nueva: “El Carpintero está Vivo”.

Muchos teólogos brillantes (Gastaldi, Gonzales Carvajal…) (1) pensaban que estos tiempos de postmodernidad son tiempos de retroceso y de involución humana. Todo el fenómeno de la “New Age” y de la “Era de Acuario”, corrientes importantes de la Postmodernidad, asustó a sectores representativos de la Iglesia Católica y Cristiana. Nosotros no estamos de acuerdo. No lo creemos así. Como vimos anteriormente, el joven actual sigue buscando, tal vez más que antes, aquella llenura espiritual que lo equilibre y plenifique. Ahora más que nunca busca experiencias y emociones. Ya no se conforma sólo con lo académico y racional, va más allá, y cuando encuentra algo que lo satisface, que llena su soledad, se detiene y se une. Los chicos de estas generaciones no “aceptan lo que se les dice” -muy fácilmente-, aunque lo diga un obispo… buscan experimentar por sí mismos. Además, su aversión por las jerarquías y por “el control desde arriba” va en aumento. Ellos son más libres, siguen teniendo sueños e ideales, y son más conscientes de la vida, y de la humanidad, que los jóvenes de antes. Los chicos actuales defienden la ecología, la fauna, la flora, el planeta. Les repugna la guerra y la injusticia. Buscan el bien común y el bienestar de la humanidad. Ya no participan de movimientos armados para combatir la supuesta injusticia. Ya no creen en aquello. Lo hacen de otra forma. Siguen teniendo ideales, pero éstos se alinean más hacia la espiritualidad: una vida con propósito, el bienestar, la misericordia, la ayuda social, el respeto por la naturaleza. Por supuesto que hay varias y grandes excepciones, que confirman la regla.

Para concluir esta parte, debemos volver a la pregunta que dio inicio a esta sección introductoria: si los escenarios culturales y sociales han variado, ¿cómo llevar la Buena Noticia de Jesús a estos nuevos entornos? ¿Qué cambios debemos hacer?

Parece claro que el cuestionamiento ya fue respondido. Hay que mencionar finalmente que en este siglo 21, y viviendo la transición modernidad-postmodernidad, el mensaje de Jesucristo, su primer anuncio: el kerygma, debe seguir resonando con fuerza y pasión en medio de los millennial y la generación Z. Sólo los testigos, aquellos que han tenido un encuentro personal con Él, son capaces de lograrlo. El contenido de su mensaje sigue siendo vigente, porque habla de amor, de perdón, de vida nueva, de vida con propósito, de fe, de estilo de vida, de espiritualidad y de trabajo en equipo. Todo esto se condensa en su anuncio kerygmático. Este contenido sigue saciando la sed de los jóvenes postmodernistas y es supremamente necesario.

Lo que habrá que cambiar es la forma: la estrategia. El mensaje debe estar envuelto en metodologías digitales, donde la experiencia de Dios (en un mundo que valora enormemente emociones y experiencias) sea el centro del mensaje. Donde los testigos de Jesucristo -mucho más que los maestros y teólogos, que a veces se agotan en lo académico- continúen transmitiendo las maravillas que el Señor ha hecho en su vida. Donde la congruencia entre el mensaje, y el estilo de vida, sea lo más consistente posible y donde se respete totalmente la decisión de los evangelizados a decir no.

¡El Carpintero está Vivo!

Para Gloria de Dios Padre.

El Carpintero…