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Un texto muy práctico que ofrece la documentación y formación necesaria a los docentes para que puedan enfrentar, de forma cooperativa y con los medios adecuados, la prevención del consumo de drogas entre jóvenes. Incluye datos científicos, formas de trabajar, consejos, experiencias e ideas para quienes, conocedores del grave daño que genera el consumo de drogas, entre los adolescentes y sobre la escuela en general, quieran llevar a la práctica algún proyecto de prevención. Uno de los grandes males de nuestro siglo son las adicciones. Conocer a los adolescentes, descubrir cómo les llegan las drogas y su marketing indirecto, saber cuándo y cómo hablarles para que los mensajes sean eficaces, saber qué se puede hacer en cada circunstancia, hablarles con conocimiento científico, pero de forma clara y precisa sobre las drogas que les rodean, son objetivos que se logran al leer el libro. Dirigido especialmente a profesores y a padres porque son las personas con más capacidad afectiva e intelectual para apoyar a los adolescentes en este complicado tramo de su vida. Ambos colectivos son los más conscientes de los efectos que causan las drogas en su aprendizaje y en su desarrollo, y por ello pueden influir de una forma profunda sobre sus decisiones y opiniones.
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Seitenzahl: 370
Veröffentlichungsjahr: 2017
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El consumo de Drogas entre Adolescentes
El consumo de Drogas entre Adolescentes
PREVENCIÓN EN LA ESCUELA Y EN LA FAMILIA
Alberto Batllori
NARCEA, S.A. DE EDICIONESMADRID
Índice
PRÓLOGO.Manuel Mas-Bagà
INTRODUCCIÓN
1. PREVENCIÓN EN LA ESCUELA Y DESDE LA ESCUELA
¿Por qué el profesorado debe hacer prevención?Por qué en la escuela se debe hacer prevención. En qué consiste la prevención. Tipos o niveles de prevención. ¿Se puede planificar la prevención?Cómo empezar la prevención. Quién puede efectuar la prevención. ¿Cuándo empezar la prevención?¿Cómo hacer la detección?
2. ¿POR QUÉ EL ADOLESCENTE CAE EN EL CONSUMO?
¿Cómo son los adolescentes?¿De dónde obtiene la información el adolescente?¿Cómo tratar al adolescente?¿Qué formas hay de consumo de drogas?Factores sociales que favorecen en el adolescente el inicio del consumo.¿Qué factores personales llevan al consumo?
3. ¿QUÉ APORTAN LAS DROGAS Y POR QUÉ LLEVAN A SU CONSUMO?
¿Qué mecanismos de acción tienen las drogas que les aportan tanta fuerza?Qué papel juega la presión social. Escuelas activas.
4. LAS ADICCIONES Y EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
¿Hablar a los jóvenes solo y siempre de drogas?Un adolescente adicto cae en nuevas adicciones. Adicción a las nuevas tecnologías en casa y en la escuela. Causas de sobredosis. Funcionamiento del Sistema Nervioso Central. Cambios en el cerebro del adolescente.
5. DATOS BÁSICOS PARA CONOCER LAS DROGAS
Aspectos a tener en cuenta en prevención de drogas. Clasificación de las drogas.
A. ESTIMULANTES
Cafeína, teofilina y teobromina
Nicotina
Cocaína
Crack
Metanfetaminas
Éxtasis
Otros estimulantes
B. DEPRESORES
El alcohol
Heroína (opiáceos)
GHB
Inhalantes, disolventes y otros depresores
C. ALUCINÓGENOS
Marihuana
LSD
Setas alucinógenas y otros alucinógenos
D. LEGAL HIGHS o drogas legales
6. POSIBLES ACCIONES DE PREVENCIÓN EN LA ESCUELA
Conferencias y/o charlas. Acciones externas. Actividades internas.
7. PROYECTO PARA UN PLAN INTEGRAL DE PREVENCIÓN (PIP)
Educación para la salud: asignatura anual y transversal. Plan Integral de Prevención. Acción sobre el profesorado. Acción sobre los padres. Acción sobre los adolescentes.
Prólogo
Alberto Batllori tiene la amabilidad de pedirme que haga el prólogo y me complace doblemente ya que, por un lado, mis hijos fueron alumnos suyos y conocen sus años de trabajo en este campo, y por otro lado, porque compartimos el mismo punto de vista en cuanto al posicionamiento frente a la prevención en el consumo de drogas. Desde Cat/Barcelona, Centro de Asistencia Terapéutica, que fundé en 1986, nos hemos dedicado al tratamiento y rehabilitación de pacientes con problemas de adicción y salud mental. Nuestro trabajo en el ámbito del paciente se completa con las intervenciones encaminadas a prevenir y detectar el problema, intervenir de la manera más pronta y directiva posible para ser altamente eficaces. La coordinación con las escuelas, institutos, las charlas para difundir información, forman parte de no solo nuestra responsabilidad social, sino de la necesidad en el campo de la clínica y de la educación, ya que consideramos el tratamiento como un proceso psicoeducacional que está interrelacionado en su globalidad.
La sensibilización de la sociedad, acerca de las consecuencias derivadas del consumo de drogas entre jóvenes, no es un fenómeno reciente. En el año 2007, coincidiendo con el tristemente famoso informe de la Fundación Bofill en el que se confirmaba y demostraba el alto grado de fracaso escolar, publiqué un artículo en el diario La Vanguardia. Intenté recordar algo que es fundamental y que ni antes ni ahora, desgraciadamente, se tiene en cuenta: la incompatibilidad entre drogas y aprendizaje, entre drogas y valores, y entre drogas y salud mental.
Mientras la sociedad mire hacia otro lado no atajaremos el problema del consumo de drogas, especialmente del cannabis, en la población escolar que es la más vulnerable.
Han pasado los años y seguimos padeciendo una tasa de fracaso escolar muy alta debido, entre otras causas, a los efectos secundarios del alcohol y sobre todo del cannabis, como son: el déficit de concentración y atención, el déficit de memoria, la alteración de la conciencia, la baja tolerancia a las frustraciones, la violencia, etc., que incapacitan al escolar y que les provoca un cambio sustancial en sus valores.
Cuando mencionamos el fracaso escolar y lo asociamos al consumo, en seguida el lobby consumidor sale en defensa del cannabis, teniendo sus gritos una mayor resonancia en los medios de comunicación; siendo algunos de estos medios cómplices de esta desinformación tan generalizada. Y aún más, la falta de información y el consumo también se produce, ocasionalmente, en el colectivo de profesores, con el daño consiguiente que provoca en los alumnos. Pero las cifras sobre el fracaso escolar, aunque proceden de causas múltiples, se interrelacionan, en muchas ocasiones, con las drogas.
Periódicamente, y coincidiendo con elecciones, un partido u otro pide la despenalización del consumo del cannabis en el Congreso. Son los mismos que siguen saliendo en los medios preocupadísimos por el fracaso escolar. Ignorancia, cinismo o irresponsabilidad de algunos políticos que buscan los votos.
No existe una acción sistemática contra el alcohol o el cannabis, por poner un ejemplo de dos de las drogas más consumidas por los más jóvenes. Al contrario, algunos medios banalizan su consumo. Se puede ver en los programas de las televisiones públicas y privadas, autonómicas o estatales, nacionales o extranjeras que buscan la imagen amable, los gags de los graciosos de turno, que hacen guiños de complicidad a los telespectadores enrollados. En definitiva, se produce una banalización del consumo, que es un mensaje altamente nocivo, tanto para padres como para alumnos. Es por ello que este libro, sistematizando de manera pedagógica e inteligible para alumnos, profesores y padres, viene a cubrir un vacío. Emite un mensaje claro y concreto, sin medias tintas, que permite unificar criterios y, por tanto, intervenir rápida y coordinadamente.
Mucho es el interés por la educación, de hecho, estamos en la década del cerebro. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama está dedicando todos sus esfuerzos para el ambicioso proyecto de dibujar el mapa del cerebro. La Casa Blanca compara la iniciativa con la carrera espacial, la invención de internet o el proyecto genoma. El cerebro es el órgano más complicado del universo. Este misterio enorme, que espera ser descifrado, ha pasado a formar parte del proyecto político del país más poderoso del mundo. El mapeo de su actividad, ayudará a la comprensión de su funcionamiento y prevención de enfermedades. Estamos en un gran momento para el conocimiento, internet, etc., pero aún así adolecemos de una falta de difusión de esas respuestas.
Nosotros realizamos la primera campaña contra el cannabis en todo el estado con gran éxito, “La Maria no t’estima” 2005, Barcelona, promovida por Cat/Barcelona y Foscad, (Fomento de la Salud Mental contra las Adicciones), entidad que tengo el honor de presidir, aunque no tuvo toda la continuidad que necesitaba, en su difusión por toda Cataluña.
En 2014 promovimos la segunda campaña. El cartel ganador fue el de las alumnas de la Universidad de Vic, y mostraba la imagen de un cristal roto y se podía leer: “Si quieres conocer los efectos del cannabis date un golpe aquí. El cannabis te puede destrozar el cerebro”. Mostraba de una manera clara y contundente el efecto nocivo del cannabis, sin ambages de esta realidad, que tan mitificada está en los medios y que deberíamos combatir desde todos los ámbitos.
No miremos más hacia otro lado, y decidamos qué sociedad queremos, y empecemos desde el principio a recuperar la sociedad enferma y dependiente que estamos creando. Hay que elegir de una vez y sin maquillajes. Drogas o familia. Drogas o progreso. Drogas o valores. Drogas o salud mental. Es por todo ello, que sigue siendo tan necesario, como imprescindible, redoblar los esfuerzos en la escuela, donde un compromiso a tres bandas entre padres, profesores y alumnos, con un lenguaje inteligible, permita hablar de unas ideas básicas y fundamentales que hay que tener en cuenta.
Idea básica I: Las drogas son ilegales porque son nocivas, no son nocivas porque son ilegales. Es decir, hay quien le da la vuelta, sin embargo, y dice que son nocivas porque son ilegales. Y es más, que todo se arreglará si se legalizan. Falso. Sin embargo, es un error que se repite y es muy fácil hacerla llegar a la opinión pública. Como ya hemos dicho, cualquier político en campaña quiere mostrar su cara amable y enrollada al joven. El alcohol y el tabaco son las drogas de mayor abuso y no es casualidad porque son legales. Esa legalidad le da una imagen de inocuidad que es falsa. Y su legalidad dificulta a los padres para tomar actitudes que las limiten. Este es un ejemplo más de cómo los padres tienen una gran falta de información aunque parezca paradójico en la época de Google, en la selección de ese conocimiento científico, y no sesgado. Piden a gritos información útil que les permita responder adecuadamente a esa avalancha de preguntas.
Idea básica II: En cualquier debate sobre drogas, en general, los que estamos en contra somos minoría. Lo políticamente correcto en estos tiempos es minimizar los efectos de su consumo. Hacer llegar un mensaje coherente a la juventud mediante ejemplos sencillos, es una de las virtudes del libro de Alberto Batllori. Por ejemplo: si comparamos nuestro cerebro con el disco duro de un ordenador, estaríamos de acuerdo en que a nadie se le ocurriría introducir virus en él. Buscamos filtros, cortafuegos y múltiples programas para protegerlos. Por el contrario, se expone al cerebro de los jóvenes y en proceso de maduración, a ataques frontales mediante la introducción de alcohol, drogas y tóxicos, desde una temprana edad. La realidad es que hasta los 21 años no se produce la maduración completa y orgánica del cerebro. Por ello, la mayoría de países avanzados mantienen la prohibición del consumo hasta los 18 años.
En diferentes estados de USA, se amplía la prohibición hasta los 21 años. Es evidente que la vulnerabilidad es mayor en edades menores, y si tenemos en cuenta que actualmente las edades de inicio de consumos de alcohol o cannabis comienza a los 12, 13 y 14 años, podemos entender los efectos nocivos, y a veces irreversibles. En febrero de 2015, Alaska ha permitido, por primera vez, el uso recreacional del cannabis, “fallo peligroso” en el control de las drogas y en la percepción del mensaje en los menores de 21 años.
Idea básica III: Drogas y valores no son compatibles. Cuando se introducen las drogas en el mundo adolescente, se pierden los valores. El conocimiento complementario de la ciencia y los valores, espejos ambos y reflejo del mundo cognoscitivo y material, nos ayudan a aprender, comprender y conocernos a nosotros mismos. Las 100.000 millones de neuronas con sus sinapsis (10 elevado a la 83), son el punto de partida para generar una mejor conceptividad. Existen instituciones positivas, estilos de vida positivos, y seguramente conocimientos positivos generadores de bienestar. Desde el mindfulness, hasta los pensamientos irracionales, descritos por el fundador de la terapia cognitivo, conductual, Albert Ellis, es continuo el procesamiento de la información y debido a la neuroplasticidad cerebral, los efectos que provocan en nosotros esa secuencia repetitiva de pensamientos, sentimientos y comportamientos será lo que conformará nuestra experiencia, temperamento y carácter. Por ello es incuestionable la conexión entre neurociencias y valores, por tanto, la intervención desde la prevención y el tratamiento en el ámbito de los valores es fundamental.
Idea básica IV: Existe un punto que es clave en la educación y debe ser repetido de manera constante: el impacto de los padres es determinante en la educación, tanto en la infancia como en la adolescencia y en los años posteriores. Aunque parece obvio, este punto debe repetirse, porque a veces los padres no lo perciben. La idea de que “mi hijo no me escucha, no le importa lo que le cuento, no sirve lo que yo le diga, etc.”, es rotundamente falsa. La influencia de los padres en el comportamiento de los hijos, es mucho mayor de lo que consideran y está perfectamente comprobada. Es por ello, que debe ser activa su intervención.
Los padres no suplen al colegio, así como, el colegio no suple a la familia. La coordinación a tres bandas, alumno, educadores y familia es la clave del éxito. Esta idea se plasma exactamente en este libro que, dirigido a profesores, a colegios, pero también a padres, entiende la importancia de unificar criterios, y más concretamente en el contexto de las drogas. Podemos avanzar en la prevención, detección precoz, y si se necesita, cimentar una posterior actuación terapéutica eficaz.
Es interesante seguir las recomendaciones del formato de charlas para padres, que recomienda Alberto Batllori. En nuestro caso, cuando realizamos charlas en colegios sobre las drogas, las dividimos en dos partes complementarias. En primer lugar, damos una charla para los alumnos, contestándoles las preguntas, que previamente nos han formulado por escrito, de forma anónima. Posteriormente damos una charla a los padres, donde se establece un espacio para dar a conocer lo que han preguntado sus hijos y así motivarlos para que, en casa traten el tema con sus hijos.
Idea básica V: Soy de los que piensa que la inteligencia emocional, una de las inteligencias de Howard Gardner, no está presente en el currículo escolar. Cómo abordar las emociones, los diferentes aspectos cognitivos, emocionales y conductuales debería ser asignatura obligatoria en los diferentes cursos. En varios países esta metodología, como el ‘You can do it education’, de Albert Ellis, o el modelo emocional desarrollado por Martin Seligman, han demostrado su eficacia disminuyendo la depresión y educando en el optimismo. Cuando la gestión emocional falla, y eso es muy fácil en esas edades, allí puede aparecer, y a menudo lo hace, el primer contacto con el tóxico. El alcohol y otras drogas tienen un efecto “salvador” anestésico. Ayuda a desinhibirse y facilita el contacto con el otro sexo, la pertenencia al grupo, calma emociones, etc.
Alberto Batllori, de manera exhaustiva, describe su efecto: “aparecen en el momento oportuno cuando se las necesita”. Es una situación de riesgo clave. Ya sabemos que la adolescencia es aquel momento, en el que la vida se convierte en un examen, en el que uno desconoce las preguntas y las respuestas. Las drogas interfieren este proceso. Somos los profesionales clínicos los que actuamos cuando ha fallado la intervención.
En definitiva, el objetivo del joven es crearse una identidad. Eso genera dudas, ansiedad, miedo al rechazo del grupo como del “que pensaran de mí”, y aparece la vergüenza, la rabia, el dolor, etc., Afrontar la socialización implica riesgo, dudas, rechazo, críticas. Como decía Aristóteles: “La crítica es algo que podemos evitar fácilmente: no diciendo nada, no haciendo nada y no siendo nadie”. Esto lo saben muy bien los adolescentes. La evitación, huida, aislamiento, el no salir de la zona de confort, o la “desconexión” mediante los móviles, tablets, internet, etc., hace necesario dar instrumentos y herramientas para no caer en estos riesgos.
Alberto Batllori, con un lenguaje claro, combina información científica y recomendaciones concretas que hacen de este libro un instrumento muy válido y útil para poder estructurar, tanto en el fondo como en la forma, la información que necesita saber el educador, y los padres, desde cualquier ámbito ya sea escolar, público o privado. Su lectura les servirá de guía, para responder a muchas de las múltiples preguntas que se plantean en este libro.
MANUEL MAS-BAGÀMÉDICO PSIQUIATRAMÁSTER TOXICOMANÍAS YALE UNIVERSITY
Introducción
Recuerdo que, en mi juventud cuando empecé a prepararme para trabajar en las aulas (antes había trabajado en educación física), me preguntaba todos los días, ¿cómo conseguiré que los alumnos aprendan más?
Mi experiencia por entonces en el aula era nula por lo que acudí a los libros. Como Biólogo lo primero que trabajé, y me enfrasqué en el estudio, fue la actividad cerebral. Si el aprendizaje estaba en el cerebro, conocerlo sería fundamental para desarrollar técnicas adecuadas para el aprendizaje de lo que tuviera que enseñar. En el cerebro no sólo estaba la memoria a corto y largo plazo sino la motivación, las razones, el juicio, el sentido común, los intereses, los sentimientos y un sinfín de cualidades que intervienen en el proceso de aprendizaje.
Será lógico, por todas estas razones, que en este libro haya un capítulo detallado sobre este tema y de cómo las drogas afectan al funcionamiento del cerebro.
Encontré muchas teorías sobre la potenciación de las diversas facultades o capacidades de los alumnos, en definitiva, todo lo que encontraba escrito (no había Internet en esa época, ni ordenadores) era partiendo del supuesto de que el alumno quería estudiar; pero, ¿qué pasaba con todos aquellos que no querían estudiar? ¿Qué pasaba con esa multitud de alumnos que perdían el interés por el estudio? ¿Qué pasaba con aquellos alumnos que perdían capacidades para desarrollar su trabajo escolar con eficacia?
A la hora de intentar resolver esas cuestiones me encontré con algunas razones, pero la que me llamó más la atención fue el abandono escolar de miles de alumnos en todo el mundo por diversas circunstancias ligadas al consumo de drogas de forma directa o indirecta. En algunos países había una correlación muy importante entre el consumo de drogas y el abandono de los estudios.
Pensé que era misión del buen profesor dedicarse tanto a los que buscan la excelencia, como a los alumnos “normales”, como a aquellos que algo les lleva hacia el abandono.
Ese abandono puede deberse directamente, a que para muchos alumnos el consumo de drogas hace que la asistencia al colegio no tenga ningún sentido. Con el consumo de drogas, estos alumnos encuentran su ambiente, se integran en una tribu a su medida, logran sus medios económicos, su reconocimiento y placer.
El abandono puede ser de forma indirecta, porque el consumo de drogas afectaba a muchas de las circunstancias personales, intereses, capacidades, aptitudes y actitudes de forma que no pueden seguir el ritmo escolar, y se retrasan, o deciden abandonarlo ante cualquier dificultad.
¿Cuánto había escrito sobre el consumo de drogas desde el punto de vista de sus consecuencias en la educación? No supe encontrar nada, parecía que a nadie le importaba. Por otro lado, había mucho escrito sobre la necesidad de la educación para la integración, para el desarrollo de la persona y personalidad, para el progreso y para abrir puertas para el futuro. ¿Había miedo de hablar de este tema? Me pareció que no había valentía para afrontar un problema que se iba extendiendo como una marea negra: el consumo de drogas en adolescentes con sus repercusiones graves sobre la escuela y la educación. Era mejor mirar hacia otro lado y dejarlo a los médicos, a la policía y a las familias que habían “fallado”.
Me animé a estudiar a fondo el tema y a empezar a trabajar. Han pasado más de 25 años y por fortuna he podido hacer mucho trabajo. Espero que este libro pueda servir para que las fuerzas, proyectos y planes que se desarrollen para la prevención tengan una acción mucho más directa, rápida y eficaz que la que yo tuve al empezar de cero.
Este libro pretende exponer las experiencias acumuladas a lo largo de estos años de trabajo para prevenir el consumo de drogas en y desde la escuela. Un conjunto de experiencias que pueden servir para que toda escuela, con sus características propias, con sus profesores, padres y alumnos, pueda efectuar un plan de prevención eficaz.
Desde la escuela se puede hacer mucho por la prevención. Como en todo, sólo hace falta querer lograrlo. Como todo proyecto tiene que nacer, desarrollarse, experimentarse y madurar.
En este libro se puede encontrar mucha de esa experiencia que permitirá acelerar y potenciar todas las acciones específicas, que cada centro crea más oportunas, en vías de una prevención adecuada como un gran bien, no sólo para la escuela, sino para las familias que desean encontrar en “su escuela” el apoyo necesario para ayudar a sus hijas e hijos a ser personas competentes y libres.
¿Cómo es este libro?
No es un libro teórico, ni contiene toda la documentación completa, ni pretende expresar lo único que se puede hacer, ni es un elenco de todas las posibilidades; es, más bien, un libro que quiere abrir la mente creativa de los profesores, directivos, y padres de familia implicados en la educación de sus hijos, para ayudar a llevar a cabo “planes preventivos” en su escuela. Con todas las experiencias que emanan de este libro, tanto positivas como negativas, la escuela y los educadores podrán enfrentarse a este tema sin miedos ni contemplaciones.
No puede realizarse una adecuada prevención sin una formación completa sobre el problema y este libro pretende dar esa necesaria preparación y formación holística sobre este crucial tema para el futuro de la escuela y de la sociedad.
Por ello, es un libro rico en experiencias vividas, con errores y aciertos, que sale a la luz gracias a la alegría experimentada, tras largos años de prevención, de contemplar a unos jóvenes que han pasado por todo; pero jóvenes que han logrado, en su gran mayoría, un dominio sobre sí mismos, viviendo ellos y sus familias alejados de la esclavitud de la droga. Una juventud que agradece, de mil maneras, todo aquello que recibió en la escuela y que coloca a sus profesores en el pináculo del agradecimiento. Una juventud que, con su vida sana y libre, es un gozo, un motivo para renovar el esfuerzo duro de cada día del profesorado, y símbolo del trabajo bien hecho, en y desde la escuela.
En este libro se mezclan datos científicos, formas de trabajar, consejos, experiencias e ideas para todos aquellos que, conocedores del grave daño que genera el consumo de drogas sobre los adolescentes y sobre la escuela en general, quieren llevar a la práctica algún proyecto de prevención. En el libro se puede descubrir todo aquello que es fundamental para un profesor, o para un colectivo de profesores, que quieran hacer una prevención completa, que quieran cerrar el círculo de la prevención teniendo instrumentos para detectar, para coordinar el trabajo preventivo con otros profesores, para trabajar la prevención con las familias, para lograr entenderse con los alumnos, para hacer una adecuada prevención en y desde la escuela.
Cada profesor tiene su personalidad y forma de trabajar, cada escuela posee un proyecto educativo propio, con sus alumnos, con un nivel de educación, familiar y social determinado y, con frecuencia, bastante heterogéneo. La educación se realiza en un entorno social peculiar que enmarca muchos aspectos de la vida educativa, donde todas las familias son distintas, con sus preocupaciones, problemas, etc. En ese marco debe trabajarse la prevención y, por ello, este libro no dogmatiza sino que abre un conjunto de posibilidades comentadas para acelerar y mejorar la prevención desde el mismo momento en que se decide empezar.
Quiere ser un libro muy abierto, aportando muchísimas ideas que permiten adentrarse en un mundo altamente complejo, donde no hay nadie igual, donde no hay una solución única, donde no siempre se cumplen las reglas generales. Nada de lo que se expone en el libro debe tomarse como una verdad absoluta, sino como aspectos a estudiar y profundizar, y sobre los que se podrían escribir muchos otros libros. El libro quiere despertar la conciencia adormecida en muchos profesores sobre esta problemática, y ayudarles a ver la importancia de trabajar la prevención como telón de fondo, como un motivo de unidad y de cohesión que pueda, no sólo mejorar este problema sino otros muchos aspectos educativos y sociales.
Está dirigido a educadores y a padres; en primer lugar, porque son los más conscientes de los problemas que causan las drogas en el aprendizaje y desarrollo de los adolescentes. En segundo lugar, porque son los que tienen una relación directa y pueden influir de una forma profunda sobre sus decisiones y opiniones. En tercer lugar, porque son las personas con más capacidad intelectual y afectiva que pueden apoyar al adolescente en este tramo complicado de su vida. En último lugar, pero más importante, porque son las personas que más los quieren y aprecian. El libro puede ser útil también a los adolescentes para trabajar en clase, coordinados por algún profesor, para ayudar a sacarle todo el fruto pedagógico al trabajo.
Esta obra consigue enmarcar el problema, conocer mejor al adolescente, entender la problemática del consumo de drogas, conocer la relación entre las drogas y los adolescentes así como dar soluciones que fácilmente se pueden aplicar en y desde la escuela.
¿Qué objetivos me he propuesto?
El objetivo final de este libro es lograr que los profesores y las escuelas se asocien, por afinidades, por proyectos educativos o por cualquier razón, todas válidas, para trabajar conjuntamente en este problema de salud pública. Conseguir una forma cooperativa de trabajar, aprender intercambiándose experiencias, compartir las acciones que se lleven a cabo y hacer presión social para conseguir que los jóvenes que salgan de sus escuelas, no sólo tengan una buena formación para la salud y unas cualidades personales que les permitan hacer frente a las dificultades que encontrarán, sino también, que el medio social en el que se desenvuelven, sea lo más propicio posible para el no consumo de drogas.
Lograr, por ejemplo, que las escuelas con un nivel de prevención importante tengan un símbolo que les acredite su trabajo, que les permita recibir un reconocimiento y les garantice más recursos en este trabajo. Lograr que se hagan conferencias o congresos dirigidos por profesores ya experimentados y así, entre todos, conseguir que salgan nuevos proyectos e ideas adecuados a cada barrio, ciudad, provincia o país. Lograr que cada año haya más profesores que puedan dedicar parte de su trabajo a formarse y trabajar con la prevención como tema de fondo. Lograr el apoyo de las instituciones que deben velar por la libertad, la salud, la enseñanza y la prosperidad de los ciudadanos.
Este libro pretende ser una gran ayuda para iniciar este camino hacia una escuela más integradora, en sintonía con la realidad social, que busque dar soluciones a los problemas de los jóvenes que asisten a formarse; una escuela en la que el profesorado tenga un papel fundamental; en la que los padres y alumnos, se formen para poder dar el mejor servicio; una escuela que trabaje en la comunidad y para la comunidad; una escuela donde el maestro o profesor sea una persona respetable y digna de aprecio por su esfuerzo para lograr la mejor formación de los alumnos y la ayuda a los padres en ello.
Este libro pretende ser un catalizador para que surjan muchos nuevos proyectos; que surjan asociaciones para luchar por el derecho de los adolescentes a desarrollarse en un mundo sin drogas; que se realicen congresos donde todos aquellos que trabajen en esta línea puedan apoyarse, para que los gobiernos apoyen adecuadamente esta labor tan importante y para conseguir una sociedad con un futuro cierto de bienestar.
Estructura del libro
El libro está organizado en tres partes. La primera parte, que podríamos definir como práctica o experimental, que comprende los tres primeros capítulos, es una introducción al problema donde se recogen un gran conjunto de experiencias desarrolladas a lo largo de casi 25 años en la prevención desde la escuela. Está desarrollado para responder a aquellas preguntas que surgen cuando se quiere hacer prevención. De este modo se quiere advertir al lector de que, dada la complejidad de esta materia, el planteamiento no puede hacerse superficialmente, con criterios generales y protocolos establecidos inamovibles, tratando de encontrar soluciones de forma rápida a las cuestiones que se plantean.
En esta primera parte, tras plantear todos los aspectos prácticos de la prevención en la escuela, se realiza un estudio práctico del adolescente y su relación con las drogas. Son capítulos fundamentales para realizar una prevención adecuada. Está escrito con la intención de provocar en el lector una respuesta, un descubrimiento que puede aplicar en su lugar de trabajo, con sus capacidades y recursos disponibles. Sería fenomenal que los capítulos de esta primera parte fueran leídos por todos los directores de instituciones educativas para concienciarlos no sólo de la necesidad de realizar una prevención adecuada, sino también de que hacerlo es posible y constituye un gran bien, tanto para la escuela como para todos los estudiantes y trabajadores que allí realizan su tarea.
La segunda parte, la parte más teórica, se encuentra desarrollada sintéticamente en los capítulos 4 y 5, son los capítulos sobre adicciones, el sistema nervioso y las drogas. Hay muchos libros que hablan sobre estos temas pero, tanto por su lenguaje como por su extensión y por su lejanía con la prevención, son pesados, complicados y no aportan ideas para trabajar la prevención. Todo lo contrario de lo que sucede en este libro que sintetiza de una forma sencilla, clara y práctica estos temas siempre con la vista puesta en hacer una adecuada prevención.
El esfuerzo que se ha hecho para conseguirlo es muy importante. Además pone unas bases muy interesantes y sólidas que abren el apetito para leer más, para profundizar más. La información que se puede encontrar en otros libros sobre los daños, efectos, problemas de cada una de las drogas, suele presentar muchos inconvenientes al que quiere una preparación válida y eficaz para prevenir. De ahí, el gran trabajo realizado para cribar y seleccionar la información adecuada y comentarla para sacarle el máximo provecho.
Estos dos capítulos, siendo imprescindibles, no son la parte más importante. Sin ellos no se puede hacer prevención sobre el consumo de drogas, pues no se puede prevenir lo que no se conoce. No obstante, si se intenta hacer prevención sólo con ellos, los éxitos son mínimos.
Lo más destacable, aparte del esfuerzo realizado para que la información sea muy fácilmente asimilable y adecuada al público objetivo al que se dirige, son los comentarios en los que se especifica esta problemática en los adolescentes: cómo ven las drogas, qué repercusiones tienen en ellos y cómo se puede trabajar con cada una de ellas.
Una gran multinacional, que dedica miles y miles de euros en la prevención, me reconocía hace unos pocos años que todas las acciones preventivas que realizaban en esta problemática, le daban prestigio pero que no servían para nada. Aunque fuera una exageración, estaban reconociendo que la única manera de llegar era con acciones directas sobre cada adolescente y, que esas acciones tenían un marco perfecto: la escuela. Al no llegar a la persona, al ser una prevención sólo de información, aunque muy costosa, se diluía como agua en el desierto.
Una vez puestos los fundamentos prácticos y teóricos, el libro entra en su parte final, los capítulos 6 y 7. Estos dos capítulos presentan, en primer lugar, diversas actividades que se realizan, en centros educativos en todo el mundo. Evidentemente no están todos, ni están desarrollados para ser plagiados. Es un elenco de actividades comentadas que permite tanto descubrir que hay mil posibilidades de actuación preventiva como la necesidad de evaluarlas y descubrir sus puntos fuertes y sus puntos a mejorar.
Se comentan las actividades más usuales, las que se suelen trabajar en ciudades europeas y latinoamericanas, con sus pros y contras, de forma muy sintética.
Como se comentará más adelante, toda acción preventiva realizada con pasión, con conocimiento, con el afán de ayudar es útil y eficaz. Pero, por desgracia, suelen alcanzar un territorio muy pequeño, a una población muy escasa, y se suelen diluir a medida que disminuyen las fuerzas de aquellos que la empezaron, o desaparecen cuando el promotor abandona.
Precisamente, para que todas las acciones preventivas no caigan en saco roto, el libro propone en su último capítulo un Proyecto de Plan Integral de Prevención que no sólo abarca a la propia escuela sino que se abre a la comunidad educativa. Un proyecto en el que unos empiecen donde otros han terminado, donde unos se formen de aquellos que más conocen, donde las experiencias de un lugar tengan posibilidades de aplicarse en otro, donde los profesores puedan ilusionarse y coger fuerzas porque lo que trabajan repercute en la sociedad de una forma clara y evidente.
El lector podrá encontrar no sólo una base teórica bien trabajada y adecuada al propósito de cada capítulo o apartado sino también un gran número de experiencias prácticas que ayudarán a pensar, a tener ideas, a trabajar en este campo para hacer más rápidamente y con más eficacia una prevención adecuada.
La acción del profesorado es fundamental para la prevención en el consumo de drogas en adolescentes. En diversos documentos provenientes de estudios serios se encuentran afirmaciones como ésta: que sólo desde la escuela, sólo a través de una educación para la salud, se puede conseguir una prevención eficaz en este problema que en muchos países va en aumento.
Si en la escuela no se enseña algún aspecto fundamental de la vida, la sociedad se llena de ciudadanos sin capacidad de acción ni de reacción. Problemáticas como evitar la violencia de género, la sexualidad, la paz, la libertad, una vida libre de drogas deben ser enseñadas en la escuela.
Para aprender algo “instrumental” en la escuela hay tres posibilidades (veámoslo con el ejemplo del inglés): que haya una asignatura que se llame inglés donde se explica ese idioma; que haya una asignatura que se dé en inglés, donde se aplica a algún aspecto en concreto esos conocimientos; que en todas las asignaturas se pueda trabajar materiales, preguntas, conceptos, etc., en ingles, es decir que forme parte de todo.
Este planteamiento es fundamental para cualquier problemática educativa. Si se aplica al tema que nos concierne, vemos que para educar para la prevención debe trabajarse desde el primer día y de diversas formas en todas las actividades escolares.
Presentamos en este libro un “nuevo” enfoque en la prevención basado en la práctica activa y en el estudio profundo sobre el tema. Después de años de estudio, de más de 200 conferencias impartidas, de miles de conversaciones con adolescentes, de múltiples errores y algunos aciertos, se puede afirmar que la prevención en y desde la escuela no sólo es factible sino que tiene importantísimas repercusiones positivas sobre la escuela, sobre el profesorado, sobre las familias, sobre los adolescentes y, en último término, sobre la sociedad.
El consumo de drogas y otras adicciones es un problema que empieza a manifestarse a partir de los 9-10 años y que, en caso de no tomar partido, se va acentuando en la mayoría de los casos, convirtiéndose en la principal causa de abandono y bajo rendimiento escolar en muchos lugares.
Con este libro pretendemos ayudar a profesores y padres a hacer una auténtica y eficaz prevención, en el momento oportuno y de la manera más adecuada.
La prevención no debe empezar a realizarse cuando aparece el problema final sino antes de que se empiece la desestabilización de alguno de aquellos parámetros que permiten un equilibrio personal (lleva a la persona a ser libre, a no querer ser esclavo) y que, en caso de desequilibrio, la persona pueda perder algo tan fundamental en su vida.
Con demasiada frecuencia las escuelas, instituciones educativas, liceos y cualquier centro de enseñanza –o los padres– deciden empezar a prevenir cuando el problema ya es evidente.
Los profesores sabemos que los problemas no están para esquivarlos, para no mirarlos, para escondernos, para huir, sino para encontrar soluciones. Soluciones que hacen a la persona que lo consigue mejor, más preparada.
No hay que mentir, el problema del consumo de drogas en adolescentes es un problema complejo, muy complejo, pero no por ello se debe culpar a otros y así eliminar nuestra responsabilidad formativa y educativa. Todas aquellas personas que conocen a un chico o chica que cae de forma abrupta en el pozo de las drogas tienen su parte de responsabilidad. Una responsabilidad que no tiene que agobiarnos pero sí hacernos reaccionar.
El problema del consumo de drogas es un problema de educación y de salud pública
Si se considera que el problema de las drogas es un problema social, de marginalidad, la prevención queda como un problema de determinados barrios y escuelas donde no se puede hacer casi nada. Toda acción en esa línea sería entrar en un terreno que no es el propio de la escuela y, por tanto, que no habría que entrar. Precisamente los que se enriquecen con la venta de drogas quieren que se considere un problema social para que no haya solución.
Considerar que es estrictamente un problema de salud consigue que propiamente no haya prevención sino sólo terapias que deben realizarse por el personal sanitario cualificado para ello, en los lugares propios, ajenos a la escuela. La prevención es casi nula con lo que el problema se potencia.
El consumo de drogas en adolescentes es un problema en el que la escuela puede hacer mucho por erradicarlo.
Es verdad que, a fin de cuentas, el responsable final es la persona que consume, que desea seguir consumiendo y que quizá llegue un momento en el que no pueda dejar de hacerlo, pero ¿no podíamos haber hecho algo más?
Si el problema de consumo de drogas en adolescentes es un problema de educación en salud, de desarrollo personal y de salud pública, la escuela asume un papel esencial.
Si hemos tenido casi 90 o más horas al año, escuchándonos, compartiendo experiencias, a una o a un adolescente que fracasa personalmente y cae en el consumo dañino de una droga, no podemos más que plantearnos si no podíamos haberlo ayudado.
Un profesor se puede plantear que no es lo suyo. Pero, por poner un ejemplo, ¿un profesor de matemáticas debe enseñar sólo matemáticas, debe enseñar las matemáticas para usarlas en algún momento de su vida o debe enseñar a vivir con las matemáticas? Pienso que un profesor debe enseñar a vivir la vida con la experiencia que él pueda aportar y los conocimientos específicos que ha adquirido.
La escuela en la prevención
En este capítulo también se pretende que en cada escuela, en cada instituto, se planteen cuestiones que lleven a estar preparados para mejorar la formación y llevar a la institución educativa a un éxito mayor en la formación de sus alumnos, de preocuparse de todos aquellos que entran por sus puertas más que en los resultados de aquellos que salen.
Pequeñas escuelas, con dificultades económicas, en lugares remotos, con pocos alumnos, que no llegan a estar entre las mejores calificaciones del Estado, son auténticas escuelas humanas donde casi todos los alumnos que entran salen adelante con gran capacidad para ayudar a los demás, para vivir en sociedad y lograr un bienestar personal. Otras escuelas, que sólo miran al éxito final, dejan por el camino a cientos de alumnos que salen cabizbajos con la impresión de fracaso. Lo importante no es que la institución logre las mejores calificaciones a nivel estatal, sino el éxito humano de aquellos que han pasado por sus aulas.
Esto lleva a un planteamiento muy importante, ¿Cuál es una buena escuela? Para mí, una buena escuela es aquella que da una adecuada formación a las personas que tiene entre sus muros para afrontar su vida de forma correcta, tanto personal como socialmente, y permite a cada uno sacar toda su potencialidad, abriéndole horizontes y capacitándolo para seguir desarrollándose. Es una pena que los gobiernos, para evaluar la enseñanza, usen, casi exclusivamente, parámetros relacionados con las calificaciones.
El consumo de drogas en las escuelas es un problema real, palpable
¿Cuántos colegios conocemos que no tienen problemas porque cuando se presentan sencillamente los eliminan? Cuando los problemas sencillamente se eliminan, cuando los alumnos problemáticos son excluidos, sólo se consigue que los otros múltiples problemas se encuentren (porque se encuentran) “sumergidos” y se destapen después, al poco tiempo, de una forma mucho más virulenta, en la propia escuela o en la sociedad.
Un problema que se comprime, que no encuentra salida, se hace explosivo. Asumir un problema, que engloba a la persona, que recibe influencia del ambiente social, que repercutirá en la sociedad y en el bienestar del alumno, y convertirlo en un tema de fondo o en una trama que unifica y da sentido a las asignaturas es un gran bien para el estudiante, para el profesorado y para la escuela.
Si una escuela encuentra, si no los tenía, algunos temas de fondo que puedan potenciar el trabajo de toda la comunidad educativa y se ponen a trabajar de forma coordinada, profesores, padres y alumnos, ese centro puede empezar a manifestar su enorme potencial. De allí surgirán iniciativas, una creatividad que no se conocía hasta el momento. Puede conseguir que el profesorado se sensibilice y estimule, que haya una mayor unidad y aprecio por parte de las familias y una motivación mayor en sus alumnos.
Cuando una escuela se ha puesto en marcha por un mundo más limpio, ecológico y sostenible; cuando una escuela trabaja por luchar contra la violencia de género o por un mundo en paz, nacen iniciativas que no sólo mejoran a la propia escuela sino a su barrio y a la sociedad entera. El caso de la prevención de drogas es un ejemplo más que, evidentemente, no tiene por qué ser el punto central sino un tema más que ayude a aunar fuerzas para una educación eficaz, sana y libre.
Eliminar el problema cuando se origina, quitarlo de la vista, echarlo a otro lugar, nunca es la solución.
La escuela del siglo XXI se encuentra ante grandes retos: nuevas tecnologías, nuevas formas de enseñar, redes sociales, proyectos corporativos globales, aprendizaje por proyectos, enseñanza por experimentación, introducción de salud en los currículos, cuidado del medio ambiente, etc. En este mundo en el que muchas personas pierden su libertad por causa del consumo de las drogas, la escuela no puede olvidarlo y debe tomar las riendas para formar, entre otros temas, en la prevención del consumo de drogas.
¿POR QUÉ EL PROFESORADO DEBE HACER PREVENCIÓN?
Con frecuencia aparecen teorías y métodos para la prevención de drogas que incurren, sin quererlo, en errores cruciales. El principal error radica en intentar prevenir desde la lejanía o con métodos generales cuando, sin embargo, el problema es muy cercano y personal.
La prevención en el consumo de drogas en adolescentes es un tema en el que no se puede generalizar. Lo que lleva a un adolescente al consumo de una droga es distinto a otro, es distinto de un barrio a otro, es distinto según la formación de las familias, es distinto desde muchos puntos de vista.
Hay que pensar que las “fuerzas” que concurren para debilitar la voluntad del adolescente y que empiece el consumo son muy distintas, fuertes y persuasivas. Las “fuerzas” a utilizar para la prevención deben ser, por lo menos, de la misma intensidad y bañadas de cariño.
Nos podemos preguntar si cualquier profesor puede hacer prevención en este problema: la respuesta es sí y no. La prevención tiene una parte de detección, de observación, de percatarse de cambios significativos, de recibir información del estado del adolescente, de percibir un cambio de actitud frente a padres, profesores, amigos, estudios o intereses, que pueden ser signos de que algo pasa, de formar personas libres y en sociedad. Desde esta perspectiva, la respuesta es rotundamente sí; todos los profesores pueden hacer prevención.
Todas las intervenciones globales e indirectas de prevención pueden y deberían ser asumidas por todo el colectivo profesional de la escuela.
Hay un conjunto de actividades específicas, de trabajo con grupos pequeños con objetivos directos y de acciones personalizadas o sobre individuos en concreto, que se requiere una preparación mucho más profunda. Mientras en las demás acciones no hay posibilidad de cometer ningún error grave, en este último tipo de intervenciones sí que se pueden cometer errores importantes por lo que sólo las personas idóneas y preparadas pueden realizarlo. Un error a este nivel puede provocar el cierre del adolescente y privarle de recibir una adecuada prevención.
Hace falta llegar al adolescente, en persona, es decir, conocerlo, estar cercano, tener prestigio y que confíe en quien le habla de prevención, para que ésta surja efecto.
No es suficiente con hacer prevención, ésta debe poder recibir el adjetivo de adecuada. Esta característica incluye otros adjetivos que acaban de definir los aspectos fundamentales para lograr un éxito elevado: específica, personal, concreta.
La prevención tiene una parte muy importante de formación de capacidades, actitudes, habilidades, valores, potencialidades, que todo profesor debe trabajar en el aula con su asignatura y, en ese sentido, todos los profesores pueden hacer una muy buena prevención.
