El don del perdón - OLIVIER CLERC - E-Book

El don del perdón E-Book

OLIVIER CLERC

0,0
6,49 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

En 1999, Olivier Clerc, tras traducir y publicar en Francia Los cuatro acuerdos toltecas, viaja a Teotihuacán, México, para participar en un taller con Don Miguel Ruiz. Durante esa estancia, Don Miguel brindó a Clerc la oportunidad de vivir una experiencia radicalmente transformadora y, al mismo tiempo, le regaló una herramienta tan simple como poderosa: el perdón. En El don del perdón, Olivier Clerc nos presenta una herramienta tolteca única y jamás revelada, extraordinariamente útil para encontrar el alivio, el perdón y el amor al que todos aspiramos, algo que el autor ha experimentado en primera persona. "¿Tienes dificultades para perdonar a quien te ha hecho daño? "¿No consigues perdonar a pesar de todos los esfuerzos que realizas? "¿Deseas liberar tu corazón del resentimiento, el rencor y el odio? "¿Te gustaría que el amor fluyese libremente por todo tu ser? El don del perdón cumple todos estos deseos y lo hace sin exigir del lector ninguna competencia particular y ningún conocimiento previo

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB
MOBI

Seitenzahl: 122

Veröffentlichungsjahr: 2017

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Olivier Clerc

EL DON DEL PERDÓN

El presente tolteca de

Don Miguel Ruiz

Si este libro le ha interesado y desea que le mantengamos informado de nuestras publicaciones, escríbanos indicándonos qué temas son de su interés (Astrología, Autoayuda, Ciencias Ocultas, Artes Marciales, Naturismo, Espiritualidad, Tradición...) y gustosamente le complaceremos.

Puede consultar nuestro catálogo en www.edicionesobelisco.com

Colección Nueva conciencia

El don del perdón

Olivier Clerc

1.ª edición en versión digital: junio de 2017

Título original: The Gift of Forgiveness

Traducción: Pilar Guerrero

Corrección: M.ª Jesús Rodríguez

Corrección: M.ª Ángeles Olivera

Diseño de cubierta: Isabel Estradasobre una ilustración de Shutterstock

© 2010, Olivier Clerc

(Reservados todos los derechos)

Primera edición en inglés publicada por Findhorn Press, Escocia, Reino Unido.

Edición en francés publicada por Éditions Trédaniel, Francia

© 2017, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-9111-249-5

Maquetación ebook: [email protected]

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

El acto de perdón supremo,

es poder perdonarte a ti mismo

por todas las heridas que has provocado

en tu vida. El perdón es un acto de amor

hacia uno mismo. Cuando perdonas,

empiezas a aceptarte y a amarte.

Don Miguel Ruiz

Hombres, perdonaos. Oh hermanos, estáis

en el viento, en la sima oscura, en las tormentas:

perdonaos. Los corazones sangran, los años pasan veloces:

¡Ah! ¡Daos los unos a los otros este auxilio!

Sí, incluso cuando hago daño, cuando tropiezo

y caigo, siendo la sombra la causa del traspiés, con la noche que

equivoca, el invierno que hiela,

ser absuelto, perdonado, compadecido, amado, es mi derecho.

Víctor Hugo, extracto de Fraternidad

Contenido

Portadilla

Créditos

Cita

Introducción

PRIMERA PARTE: RENACER EN TEOTIHUACÁN

1. Un encuentro inolvidable

2. El jaguar de cristal

3. El don del perdón

SEGUNDA PARTE: COMPRENDER Y UTILIZAR EL DON DEL PERDÓ

4. Reflexiones a posteriori sobre el don del perdón

5. Cómo utilizar el don del perdón

6. Preguntas y respuestas

Conclusión: El amor es Dios

Apéndice: Las dos inversiones de los Acuerdos Toltecas

Agradecimientos

Sobre el autor

Direcciones de interés

Lecturas recomendadas

INTRODUCCIÓN

«¡Ahora ya tienes otro libro que escribir!», me dice el chamán tolteca Don Miguel Ruiz tras haber cambiado de tema de un plumazo con un «Eso ya es cosa del pasado», tras haberle comunicado con todo mi entusiasmo que ya había aparecido, en Francia, el que en ese momento era mi último libro: Médicine, religion et peur. Ocurría que, en efecto, mi libro salía a la venta ese día de septiembre de 1999, justo cuando Don Miguel y yo estábamos tomándonos una copa en uno de los bares del complejo Villas Arqueológicas, donde nos alojábamos, situado al lado de las famosas ruinas de Teotihuacán, en México. La atmósfera única de ese lugar sagrado que consigue amplificar la dimensión casi surrealista de nuestro encuentro.

Contento por la publicación de ese libro, doce años después de haber publicado el anterior, esa tarde yo estaba muy lejos de pensar en la posibilidad de escribir otro, de inmediato. Sin embargo, a penas Don Miguel pronunció esas palabras, mirándome con sus penetrantes ojos y una amplia sonrisa, supe a qué estaba haciendo alusión exactamente e incluso pude imaginarme el libro en cuestión. Durante los cinco días que acabábamos de pasar juntos, con un pequeño grupo de gente venida de Francia y de Suiza, me hizo vivir una experiencia conmocionante –cuyo impacto no pude apreciar hasta años más tarde– que me proporcionó, al mismo tiempo, una potente herramienta de transformación personal y de apertura de corazón, que me evocó el nombre del siguiente libro que escribiría, tan pronto como Miguel me comentó que debería escribir otro libro: El don del perdón.

Antes de este viaje a México, me adhería intelectualmente –como tanta otra gente en el mundo– a las grandes normas «Saber perdonar», «Amar a los enemigos», aunque las encontraba difíciles de materializar en concreto, porque los sentimientos no se doblan fácilmente ni a la voluntad ni al pensamiento. El perdón me parecía como una fruta, como el momento final de un largo proceso imposible de acelerar, que conlleva el desarrollo de las flores y la eclosión de la flor, como símbolos de un paciente trabajo interior sobre los propios pensamientos y sentimientos.

Sin embargo, la aproximación del perdón que me había hecho vivir Don Miguel Ruiz estaba en las antípodas de todo lo que había yo imaginado hasta el momento, pasando por un giro completo de la forma en que abordamos generalmente esta cuestión: la clave del proceso, en efecto –como veremos– no está en perdonar, sino en pedir perdón. Efectivamente, es un cambio total de postura (literal y figuradamente), con unos resultados consiguientes prácticamente inmediatos y decididamente impresionantes. En pocas horas, la segunda noche desde la llegada de Don Miguel, el don del perdón que me hizo descubrir –que nos hizo descubrir, porque todo el grupo entero se benefició de ello– me liberó de un inmenso fardo de rencores, reproches, amarguras, resentimiento e ira contenida que había ido acumulando con el paso de los años. En lugar de perdonar, como yo esperaba tener que hacer, esta auténtica armadura de sentimientos negativos había reducido notablemente mi capacidad para amar, asfixiando mi corazón por todas partes. Esa noche tuve una experiencia paroxística redoblada con un renacimiento, pero, sobre todo –más allá de lo vivido en presencia de Don Miguel–, recibí una herramienta de tal simplicidad que sorprende su poder, que he podido utilizar muchas veces yo solo y que he compartido con numerosas personas, siempre con la misma eficacia.

Pero me habrían faltado diez años de maduración antes de poder escribir ese libro. Múltiples razones –buenas y malas– me obligaban a posponer su redacción. Dudaba si desvelarme personalmente ante mis lectores porque nunca suelo hacerlo en mis ensayos y no quería aprovecharme oportunamente del éxito de Don Miguel Ruiz…

Pero, sobre todo, fui consciente de que cuanto más profundamente transformadora es una experiencia para el que la vive, más difícil resulta transmitirla a los que no la han experimentado, permitirles captar la esencia sin quedarse en la forma que, en mi propio caso, tenía suficientes elementos como para sorprender a más de uno.

El perdón es un tema, efectivamente, muy delicado para muchos. Su sola evocación basta para chocar con sensibilidades exacerbadas por siglos de influencia judeo-cristiana. Por culpa de dicha influencia, en nuestras mentes el perdón está estrechamente ligado a la noción de culpabilidad: si el perdón es necesario, será porque habrá alguna culpa ¿no? Así, si pido perdón será porque me siento culpable… Por consiguiente, ¿cómo puedo pedir perdón cuando he sido yo la víctima de otro? La inversión a la que nos invita Don Miguel Ruiz con el don del perdón puede parecer, a priori, inconcebible, imposible y sorprendente.

Para superar este dilema y comprender cómo opera esta herramienta de «inversión» que es el don del perdón, hay que inscribirla en esta nueva dinámica de desarrollo personal y de camino espiritual que restituye al individuo su plena libertad de sentimientos y de pensamiento. Con toda evidencia, no soy libre en tanto en cuanto dependo de mi estado interior, de lo que otro piense, sienta, diga o haga… o no. La verdadera libertad interior no consiste en lograr controlar los actos o las intenciones de los demás, lo cual resultaría imposible, sino en ser capaz de escoger deliberada y conscientemente cómo reaccionamos ante lo que nos pase. ¿Cómo reacciono yo ante una vejación, un insulto, un conflicto o una agresión? ¿De manera automática e inconsciente o escogida conscientemente?

Desde esta perspectiva, la aproximación al perdón propuesta por Don Miguel Ruiz está exenta de toda expectativa hacia los demás y sólo pretende liberar, al que la practica, de todo lo que –en él mismo– le impide expresar amor de forma plena y completa (siendo, el amor, la enseñanza tolteca transmitida por Don Miguel). La solicitud de perdón que se pone en marcha es, ante todo, un acto de liberación mediante el cual uno se libra de la ilusión que los demás –en particular los que nos han herido– tienen poder sobre nuestro estado interior, sobre el amor o el odio, la alegría o el resentimiento que habitan en nosotros. Entre el acto de los demás y nuestra propia reacción, existe efectivamente un espacio de libertad, de elección consciente –que muchos de nosotros no conocíamos por no haber estado sensibilizados– que marcan la diferencia entre una máquina y un ser humano: la primera reacciona automáticamente en cuanto se le aprieta un botón; el segundo aprende a escoger y controlar sus reacciones, es decir, a actuar conscientemente y no mecánicamente. El don del perdón es una maravillosa puerta de acceso a dicho espacio de libertad. Por consiguiente y en este sentido, pedir perdón no es un reconocimiento de culpabilidad, sino la toma de conciencia de una ilusión que obstaculiza nuestra libertad interior.

La idea de perdón suscita un segundo malestar en el espíritu occidental que me gustaría intentar disipar aquí. Para muchas personas, hay algo humillante en el hecho de pedir perdón. Pero ¿realmente rima perdón con humillación? No, desde la óptica del don del perdón. La humillación no debe confundirse con una auténtica postura de humildad, que es muy diferente. Ser humillado consiste en tragarse un desprecio por parte de otro, en dejarse rebajar… cosa que a nadie gusta, evidentemente. Pero cuando es uno mismo quien escoge adoptar una postura humilde, deshacerse de pretensiones, del poder que cree tener sobre los demás (el de perdonas o no, en particular), está llevando a cabo un acto liberador que corta toda relación de poder con el prójimo y que permite que el amor nos invada libremente. La humildad es frente al amor un amor que nos supera, un amor que suele verse cortado por nuestras cristalizaciones mentales que nos resecan el corazón.

El don del perdón nos da acceso a un perdón sin culpabilidad, un perdón sin humillación, un perdón que restituye nuestra libertad –empezando por la libertad de amar– liberándonos del poder que nosotros mismos habíamos dado a los demás para que dictasen nuestro estado interior.

Diez años han pasado ya desde que recibí el don del perdón, diez años que me han permitido profundizar en esta experiencia y comprender mejor cómo utilizar esta herramienta, así como –al menos eso espero– la forma de presentarlo para que el mundo pueda beneficiarse de él.

Ahora me siento preparado para dar este nuevo paso en la escritura y, sobre todo, me parece oportuno compartir, am­plia­mente y por escrito, porque hasta ahora lo he estado haciendo oralmente, el maravilloso don que me ha regalado Don Miguel Ruiz, dado que él no aparece en ninguno de los libros que él mismo ha publicado, redactados siempre por sus numerosos aprendices.1

Por una feliz coincidencia, sin que yo lo sospechara ni remotamente, la redacción de este libro se hizo paralelamente a la del Quinto Acuerdo Tolteca que Don Miguel Ruiz escribió en 2009 con su hijo José y que, como sus otras obras, tuve el placer de traducir al francés apenas acabé mi propio libro. Así, al mismo tiempo que aparecía este nuevo acuerdo que completa los Cuatro Acuerdos Toltecas que hicieron famoso a Don Miguel Ruiz en el mundo entero, El don del perdón ofrece al público –a vosotros– otra potente herramienta tolteca, desconocida hasta la fecha por los lectores.

La primera parte de este libro relata mi reencuentro con Don Miguel en Teotihuacán y detalla la experiencia conmovedora que me hizo vivir delante de todo el grupo y que constituye el fundamento de El don del perdón.

La segunda parte explica en detalle cómo cada uno de nosotros puede utilizar esta potente herramienta en casa, solo, consiguiendo el mismo resultado, esto es, liberarse del resentimiento, el rencor, la amargura, el odio y otros sentimientos negros que asfixian los corazones y nos impiden amar libremente. Se apoya, al mismo tiempo, en la práctica que he acumulado en diez años y en la experiencia de todas las personas con las que he tenido la ocasión de compartirla. Termina con una sección titulada «Preguntas y respuestas» que pasa revista a las preguntas más frecuentes que suscita la práctica del don del perdón: si algunas de ellas se te ocurren en el transcurso de la lectura y no te permiten seguir adelante, no dudes en consultar esta sección.

Por último, bajo el título de «Anexo», he incluido en el apéndice de este libro las dos Inversiones de los Acuerdos Toltecas que elaboré gracias a mi propia práctica en la vía tolteca de los Cuatro Acuerdos originales. Las utilizo con frecuencia desde hace diez años y he tenido muchas oportunidades de recomendarlas a otros: son las Inversiones del segundo y del tercer acuerdo (Pase lo que pase, no lo convierto en un asunto personal, y No hago suposiciones) que me causan algún que otro quebradero de cabeza. Estas Inversiones de los Acuerdos Toltecas abren interesantes perspectivas y, dependiendo de la sensibilidad de cada cual, pueden utilizarse conjuntamente o alternadas con las versiones originales de ambos acuerdos. Han prestado ya grandes servicios a muchas personas.

Pero, para empezar ¡vámonos a México!

Olivier Clerc, enero 2010

1. En el nagualismo tolteca, se denomina «aprendiz» a todo el que se forma con un nagual o chamán tolteca.

PRIMERA PARTE

RENACER EN TEOTIHUACÁN

1

UN ENCUENTRO INOLVIDABLE

Le debo a Maud Séjournant mi encuentro con Don Miguel Ruiz. Francesa expatriada en Estados Unidos desde hace mucho tiempo –en Nuevo México, para ser más precisos–, Maud se sumergió rápidamente en la tradición chamánica amerindia. El relato de su iniciación personal fue objeto de un libro realmente apasionante, Le Cercle de la Vie, publicado por ediciones Albin Michel. Tuvo la suerte de estar entre los primeros aprendices de un nagual tolteca mexicano que vivía en Nuevo México por aquel entonces y que después sería mundialmente conocido: Don Miguel Ruiz.