El enigma Israel - Henrique Cymerman - E-Book

El enigma Israel E-Book

Henrique Cymerman

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Beschreibung

¿Cómo es posible que, a pesar de ocupar miles de titulares en los medios de comunicación de todo el mundo, Israel siga siendo tan desconocida? Con el fin de combatir la desinformación, este libro es un intento de explicar al lector hispanohablante el enigma Israel más allá de la inmediatez de las noticias. Tras un rápido repaso del pasado del pueblo judío, Cymerman se centra en las décadas previas a la creación del estado de Israel y la lucha por la supervivencia, especialmente en sus primeros años de existencia. De manera inevitable, un bloque importante aborda la historia del conflicto árabe-israelí. También descubrimos a las principales figuras que han destacado en estos ochenta años de historia, de Ben Gurion a Netanyahu, pasando por Golda Meir o Yitzhak Rabin, entre otros. Un apartado especial lo ocupan los numerosos logros y grandes desafíos a los que se enfrenta el país. Finalmente, el autor se atreve con una propuesta de paz y trata de vislumbrar cómo será Israel cuando cumpla cien años. Estamos ante un libro distinto, que nos ayuda a transcender el eterno conflicto de Próximo Oriente y a profundizar en la realidad de un país fascinante que paradójicamente está por descubrir.

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Seitenzahl: 541

Veröffentlichungsjahr: 2025

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HENRIQUE CYMERMAN

Es uno de los mayores conocedores de la realidad de Oriente Medio, que ha cubierto durante tres décadas para numerosas televisiones de varios países. Esto le ha permitido forjar relaciones de confianza con los principales líderes políticos de la región.

Ha recibido más de veinte premios por su labor periodística y en defensa de los derechos humanos.

El papa Francisco lo designó «Ángel de la Paz» (además de embajador personal) por organizar la primera plegaría por la paz entre los presidentes Shimon Peres y Mahmud Abás.

Es conferenciante en foros internacionales sobre la relación entre Israel y el mundo árabe. Ha escrito media docena de libros y participó en la génesis de los Acuerdos de Abraham.

¿Cómo es posible que, a pesar de ocupar miles de titulares en los medios de comunicación de todo el mundo, Israel siga siendo tan desconocida? Con el fin de combatir la desinformación, este libro es un intento de explicar al lector hispanohablante el enigma Israel más allá de la inmediatez de las noticias.

Tras un rápido repaso del pasado del pueblo judío, Cymerman se centra en las décadas previas a la creación del estado de Israel y la lucha por la supervivencia, especialmente en sus primeros años de existencia.

De manera inevitable, un bloque importante aborda la historia del conflicto árabe-israelí. También descubrimos a las principales figuras que han destacado en estos ochenta años de historia, de Ben Gurion a Netanyahu, pasando por Golda Meir o Yitzhak Rabin, entre otros.

Un apartado especial lo ocupan los numerosos logros y grandes desafíos a los que se enfrenta el país. Finalmente, el autor se atreve con una propuesta de paz y trata de vislumbrar cómo será Israel cuando cumpla cien años.

Estamos ante un libro distinto, que nos ayuda a transcender el eterno conflicto de Próximo Oriente y a profundizar en la realidad de un país fascinante que paradójicamente está por descubrir.

EL ENIGMA ISRAEL

Henrique Cymerman

EL ENIGMA ISRAEL

UNA HISTORIA SORPRENDENTE

 

 

El enigma Israel

© 2025, Henrique Cymerman

© 2025, Arzalia Ediciones, S. L.

Apartado de correos 3032, 28080 Madrid

Diseño de cubierta e interior: Luis Brea

Maquetación: Papyro

ISBN: 978-84-19018-77-9

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotomecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso por escrito de la editorial.

www.arzalia.com

Índice

Presentación

Prólogo

Mapas

1. Breve historia de la Tierra de Israel

2. Sionismo y emigración

3. La construcción del Estado

4. El Estado de Israel

5. La disputa más larga

6. Logros

7. Desafíos

Epílogo. ¿Cómo será Israel cuando cumpla cien años?

Presentación

Mi nombre es Henrique Cymerman. Soy judío, nacido en Portugal y con profundas raíces españolas: un antepasado mío llegó a España desde Alemania a finales del siglo xiii. Actualmente vivo en Tel Aviv.

He trabajado durante más de tres décadas para múltiples medios de comunicación —sobre todo televisiones y periódicos— de diez países en cuatro continentes. Mi especialidad es la política de Oriente Medio.

Además de mi trabajo, por convicción, siempre he luchado por el entendimiento entre mi país y el mundo árabe. Por citar dos ejemplos: soy el único periodista que ha entrevistado a todos los líderes de Hamás desde los años noventa, y fui uno de los fundadores de la Cámara de Comercio e Innovación entre Israel y los países del Golfo. En nombre del papa Francisco, trabajé durante doce años a favor del diálogo entre israelíes y palestinos, organizando la primera Plegaria por la Paz en el Vaticano entre los presidentes Mahmud Abás y Shimon Peres. En la última década, también contribuí a los Acuerdos de Abraham e intenté promover el diálogo entre musulmanes y judíos.

En este sentido, muchas veces me he preguntado cómo logré crear esta relación tan íntima con uno de los hombres más poderosos del planeta, o cómo conseguí la confianza de los líderes de Hamás, entre ellos su fundador y dirigente espiritual, Ahmed Yasin. Pienso que todo parte de un principio fundamental: la honestidad. Nunca manipulé lo que me dijeron y les dije mi verdad cada vez que me preguntaron mi opinión. Me permití, más de una vez, discrepar de Francisco tras pedirle permiso para comunicarle mi punto de vista. Él me contestaba que si me requería con gran frecuencia para conversar, era precisamente para conocer mis opiniones, aun cuando fueran distintas de las suyas. En cuanto a los líderes islamistas o políticos de distintos países, creo que le concedían un valor añadido al hecho de que, como he referido, trabajo para varios países y en cuatro continentes. Así es como, de un solo golpe, con una sola entrevista, llegaban a un público muy amplio. Probablemente mis cualidades diplomáticas se deban a la picardía de mi madre andaluza, Cota, que se camelaba a la gente tratando a todos por igual, independientemente de su estatus social, religión o raza, aun habiendo en ello, a veces, algo de ingenuidad en su mirada. Pienso que tanto yo como algunos de mis hijos heredamos algo de esa combinación explosiva.

Para mí la paz en Oriente Medio es, más que un deseo teórico lejano, la culminación de un proyecto personal. Por eso, cada vez que se despierta el volcán en la orilla oriental del Mediterráneo, me echo las manos a la cabeza y pienso: «¡Otra vez no!». Creo que mi generación no puede legar a nuestros hijos y nietos la difícil misión de lograr la paz. La gran clave para el cambio es la educación, intentar aislar los radicalismos en todos los bandos. En mi familia no nos limitamos a decirlo, actuamos en consecuencia. De hecho, es la única esperanza real de cambiar el futuro.

Las imágenes y los hechos que se han desarrollado en la Franja de Gaza desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 son dolorosos para cualquier persona de bien, también para un judío y para un ciudadano del Estado de Israel. No somos indiferentes al sufrimiento ni suscribimos todas las medidas que se toman. Cada muerte es una tragedia. El Gobierno de Netanyahu es muy impopular en amplios sectores de la población y, paradójicamente, se ha visto favorecido por los hechos del 7 de octubre. Como es sabido, los extremos se retroalimentan. La guerra debería haber terminado en marzo de 2025.

También hay que entender que la incursión de Hamás del 7 de octubre encarnó todos los fantasmas y pesadillas de los israelíes (también de los árabes israelíes, que se vieron afectados). He tenido la oportunidad de ver los vídeos con las imágenes que se grabaron tras la entrada en los distintos lugares arrasados por Hamás. Días después llegué al kibutz Nir Oz, donde un cuarto de la población fue asesinada o secuestrada —entre ellos, viejos amigos de Buenos Aires del papa Francisco—. Vi cosas que quisiera poder olvidar, pero probablemente no lograré hacerlo jamás. Algunas las conté, pero otras no me atreví, por respeto a los padres, madres e hijos de las víctimas. Muchas veces, estas personas se niegan a relatar los detalles de lo ocurrido por una cuestión de pudor y respeto, profundamente vinculada a la tradición judía. En la época de los atentados suicidas de Hamás, en los años noventa y principios del siglo xxi, ya observé este fenómeno, por el cual los familiares se negaban a difundir las imágenes de sus parientes asesinados. Cuando se enfrentan al dilema entre responder a quienes niegan los crímenes—como las violaciones— y respetar la privacidad de las víctimas, la mayoría de los israelíes no duda: el respeto prevalece.

Este libro es un intento de explicar al lector hispanohablante el enigma de Israel más allá de la inmediatez de los titulares. La idea surgió a raíz de los terribles acontecimientos del 7 de octubre de 2023 y, por eso, quise que se publicara en esa misma fecha, dos años después, para recordar la importancia de ese día en la historia de Israel y del eterno conflicto con el mundo árabe.

¿Cómo es posible que, a pesar de ocupar miles de titulares en los medios de comunicación de todo el mundo, Israel siga siendo tan desconocido? ¿Se trata de ignorancia o de mala fe? Prefiero pensar que se debe a la complejidad. Las verdades absolutas son absolutamente frágiles.

Por desgracia, entre todos los países del mundo occidental, España se ha convertido en uno de los más hostiles a la causa israelí. Dado mi vínculo personal con ese país, me resulta especialmente doloroso.

Según las comunidades judías españolas, se está produciendo un incremento histórico del antisemitismo en España. No podemos ser indiferentes. El Observatorio de Antisemitismo en España —promovido por la Federación de Comunidades Judías y por el Movimiento contra la Intolerancia— cifra en un 321 % el aumento de incidentes y discursos de odio antisemita. El estudio indica que hay avances, especialmente gracias a iniciativas particulares, pero también señala que la respuesta institucional presenta importantes carencias en la prevención y persecución de delitos de odio.

Para entender el presente, es imprescindible conocer el pasado. Por eso he querido que este libro híbrido —de historia, relaciones internacionales, política y actualidad— incluya una fuerte base histórica, no solo de Israel, sino del pueblo judío.

Desde España, quizá se vea a Israel como una gran potencia militar respaldada por una superpotencia mundial. Es cierto, pero no es toda la verdad. Basta con mirar un mapa de la región. Israel es tan pequeño que, según la escala, muchas veces ni siquiera se ve en los mapas. Tiene apenas 22 145 kilómetros cuadrados (menos que Galicia) y una población de 10,1 millones de habitantes, de los cuales 2,1 millones son árabes. Está rodeado por países más o menos hostiles a la causa israelí o, al menos, por países árabes o musulmanes. Hacia el norte, hasta Turquía; al oeste, en la costa sur del Mediterráneo, hasta Marruecos; al sur, hasta Yemen; y hacia el este…, casi hasta Indonesia. Es decir, rodeado por cerca de dos mil millones de personas. Esta perspectiva, raramente considerada en los titulares de la prensa o la televisión, también forma parte de la realidad que este libro pretende analizar.

Como se verá en estas páginas, los judíos son nativos de esta tierra desde hace miles de años, incluso antes de que el rey David declarara Jerusalén capital, hace tres milenios. La historia del Estado de Israel nace en el contexto del mayor intento de genocidio de la historia: el Holocausto, ocurrido en el corazón de Europa. Pero desde su proclamación, el 14 de mayo de 1948, el país ha debido enfrentarse a la hostilidad de sus vecinos. Durante años intentó alcanzar una coexistencia pacífica. También esa historia —la de los intentos de paz— explica muchas cosas que no caben en los titulares del día a día.

Siempre he dicho que en Oriente Medio nada es lo que parece. Aún me sigue fascinando descubrir hechos desconocidos que asombrarían al mundo si salieran a la luz.

Para cerrar esta introducción, y como muestra de que nada es lo que parece, quiero desmontar cinco de los tópicos más sorprendentes —y falsos— sobre este tema:

1. Cuando se citan las cifras de muertos del Ministerio de Sanidad en Gaza, hay que tener en cuenta que esa entidad está controlada por Hamás. No es casualidad que sus combatientes vayan vestidos de civiles, para ser contabilizados como tales. Hay miles de inocentes muertos, y esa es una desgracia que ni el pueblo palestino ni ningún otro merece. Desde 2007, más de dos millones de personas en la Franja de Gaza son rehenes de un grupo considerado terrorista por la Liga Árabe y la Unión Europea. En lugar de invertir cientos de millones de dólares en túneles —cuya longitud duplica la del metro de Nueva York o París— podrían haber invertido en viviendas, escuelas, hospitales, carreteras y en el futuro de su gente. Los gazatíes merecen unos líderes que piensen en su bienestar.

2. Cuando los manifestantes antijudíos gritan lemas atractivos y superficiales, redactados en Teherán, a menudo no entienden que están abogando por el exterminio de un Estado reconocido por Naciones Unidas, en el que vive la mitad del pueblo judío. Cuando definen a los israelíes como «supremacistas blancos», ignoran que más de la mitad de la población israelí desciende de judíos provenientes de países árabes como Irak, Siria, Líbano, Yemen, Egipto, Argelia o Marruecos. También existe una importante comunidad judía de origen etíope.

3. Cuando se acusa a Israel de practicar el apartheid, conviene mirar los hechos: en Israel hay ciudadanos árabes representados en el Tribunal Supremo, en el Parlamento, dirigen hospitales públicos, sus partidos han formado parte de coaliciones de gobierno y gozan del derecho al voto como cualquier otro ciudadano.

4. Días después del ataque de Hamás, y mucho antes de la incursión terrestre en la Franja, ya se habían registrado unas dos mil quinientas manifestaciones en todo el mundo con mensajes uniformes y pancartas impresas profesionalmente. El destacado abogado canadiense Warren Kinsella investigó estos hechos y concluyó que muchos de los organizadores estaban siendo remunerados y que se trataba de una campaña coordinada. Debemos recordar que una mentira repetida mil veces sigue siendo una mentira.

5. La masacre del 7 de octubre contribuyó a radicalizar a una parte de la sociedad israelí, que perdió la fe en la posibilidad de alcanzar la paz. Sin embargo, cuando se realizan encuestas más profundas, los resultados muestran que más de dos tercios de los israelíes sueñan con establecer relaciones de paz con más países árabes y musulmanes, como Siria, Líbano, Indonesia y, sobre todo, el reino de Arabia Saudí, la nación musulmana que alberga los lugares más sagrados del islam. Para que algún día pueda alcanzarse un compromiso salomónico con los palestinos, muchos israelíes coinciden en que son necesarias decisiones históricas, pero que para tomarlas deben cumplirse tres condiciones: seguridad, seguridad y seguridad. Es imprescindible que el fantasma del 7 de octubre quede enterrado para siempre, y que una masacre como esa no pueda repetirse jamás.

Para que eso ocurra, tanto israelíes como palestinos necesitan un nuevo liderazgo, menos anclado en los fantasmas del pasado. Quiero creer que el próximo Anuar al-Sadat o el próximo Isaac Rabin ya nacieron y viven entre nosotros.

Soy optimista…, pero un optimista informado. Por eso creo que, a pesar de la dureza de estos dos últimos años, estamos quizá más cerca de una solución que en ningún otro momento desde la histórica Conferencia de Paz de Madrid.

Si yo viviera en Madrid, sería antisemita

Siempre pensé que no existen las verdades absolutas, que estas son absolutamente frágiles y que es absolutamente necesario apostar por la complejidad; en especial en Oriente Medio.

Cuando visito Madrid y miro las portadas de los diarios o veo las crónicas de televisión, tengo la impresión de que alguien decidió destacar todo lo que demoniza Israel e ignorar los hechos circundantes y el contexto. Es como una ceguera momentánea, un apagón informativo en el que los medios se abstienen de contar todo aquello que contradiga su narrativa inicial. Por añadidura, unos copian a los otros como los miembros de un rebaño siguen al que los precede. Nadie se atreve a abrir el zoom de la cámara ni a contar algo que pudiera enturbiar la «verdad sagrada». Demasiados puntos de exclamación que recuerdan a la Santa Inquisición y escasos signos de interrogación.

En hebreo se emplea el siguiente dicho: «No me confundas con los hechos». Cuando The New York Times y otros diarios de primera línea mundial ilustran la hambruna en la Franja de Gaza con dramáticas fotos de niños demacrados, que más tarde resultan ser imágenes de niños con enfermedades crónicas que no tienen nada que ver con el hambre, esos medios se excusan públicamente por su error, pero ya es demasiado tarde. Todos han visto la foto falsa, pero muy pocos leerán la disculpa. En lugar de publicar la rectificación en la portada, tanto en la edición digital como en la impresa, y hacer un verdadero ejercicio de responsabilidad, el Times la ocultó, publicándola en su cuenta de relaciones públicas, que tiene 89 000 seguidores en X, y no en su cuenta principal, con 55 millones de seguidores.

Pocos recuerdan que el 7 de octubre de 2023 Hamás llevó a cabo la mayor barbarie terrorista de la historia, que supera en porcentaje incluso al 11M en Estados Unidos. Es como si en los atentados de al-Qaeda en Nueva York y Washington se hubieran provocado decenas de miles de muertos y no dos mil novecientos. Pero en el sur de Israel no solo hubo asesinatos y torturas o se quemaron rehenes vivos, también se produjeron, y continúan produciéndose, en los túneles violaciones de las que casi nadie habla, con abusos y agresiones sexuales a mujeres, hombres y niños israelíes por parte de los secuestradores de Hamás, según narran los prisioneros que regresaron con vida. Sin embargo, las organizaciones feministas internacionales y la mayoría de los medios de comunicación simplemente lo pasan por alto. «No me confundas con los hechos», una vez más.

Los israelíes están lejos de ser santos. Gaza se halla casi totalmente destruida como resultado de la campaña israelí contra Hamás, pero obviamente nadie recuerda que el grupo islamista tiene como objetivo primordial eliminar el Estado de Israel y que utiliza a los gazatíes como escudos humanos, de la misma manera que hacía ISIS en Irak o en Siria, aunque en esos casos, cuando la coalición internacional de ochenta países encabezada por Estados Unidos, provocaba numerosas víctimas civiles, nadie hablaba de genocidio. Durante la trágica guerra de Gaza, continuó la contienda entre Rusia y Ucrania, así como no cesaron los asesinatos en Nigeria a manos de ISIS, organización que llevó a cabo en el sur de Siria una gran matanza de población drusa. En cambio, esos hechos no despiertan el mismo interés en la prensa internacional. No Jews, no news.

El 10 de octubre de 2023, mucho antes de que Israel iniciara su incursión terrestre en la Franja de Gaza, ya se habían registrado unas dos mil quinientas manifestaciones en todo el mundo, con mensajes que parecían elaborados de antemano, como si hubieran sido redactados en sesiones de grupos de enfoque. Pancartas impresas profesionalmente; organizadores que, al parecer, estaban siendo remunerados, tal como se confirmó en el mencionado estudio del abogado canadiense Warren Kinsella, e incluso algunos manifestantes estaban recibiendo dinero. Era, claramente, una campaña orquestada.

La prensa occidental repite automáticamente los informes del Ministerio de Sanidad de Gaza, obviando que se trata de portavoces del brazo armado de Hamás. En cambio, cuando Israel presenta su versión, a menudo la ignoran. Se olvidan, por ejemplo, de que Hamás es una organización considerada terrorista, tanto por la Unión Europea como por la Liga Árabe, y de que los veintidós países miembros de esta le indicaron, dos años después de la guerra, que debía entregar sus armas y que no podrá ser parte de la vida política palestina.

Dicha prensa omite que, aunque el sexto Gobierno de Benjamin Netanyahu sea el más nacionalista de la historia de Israel, fue elegido democráticamente, ya que el Estado judío es la única democracia en un radio de miles de kilómetros entre la Unión Europea y la India. Basta con verificar como, desde enero de 2023 y durante cada semana, al menos hasta octubre de 2025, millones de israelíes invadieron varias veces por semana las calles de sus ciudades para pedir que se detuviera una reforma judicial promocionada por el Gobierno o para exigir el final de la guerra en Gaza y el retorno de los rehenes israelíes.

La Franja de Gaza, sin embargo, vive una realidad bien distinta. Se trata de la mayor cárcel del mundo, cuyas llaves están en manos de Hamás desde que en 2007 llevó a cabo un golpe de Estado en el que realizó actos como lanzar a sus rivales de al-Fatah y de la Autoridad Nacional Palestina desde el decimoctavo piso de varios edificios o disparar a sus rivales en una pierna para marcarlos como traidores el resto de sus días. Otro hecho que parte de la prensa internacional ignora, tal como me lo subrayaron todos los líderes de Hamás, es que el grupo islamista se opone a un Estado palestino independiente, ya que ese Estado supondría reconocer a Israel junto a Palestina, y eso va en contra de los fundamentos ideológicos de Hamás, reflejados en su carta fundacional. «Nunca aceptaremos a Israel», decía el fundador de la organización, el jeque Ahmed Yasin, cuyo objetivo declarado era fundar un Estado islámico en Cisjordania, Gaza y el territorio habitado por los judíos, que Hamás considera waqf (islámico).

Hamás repite una y otra vez que hay decenas de miles de víctimas en Gaza, lo que parece ser real. Sin embargo, casi nadie señala que, según fuentes israelíes, cerca de la mitad de los fallecidos son combatientes de Hamás que salen de los túneles para luchar contra los soldados de Israel. Curiosamente, cuando combaten todos ellos van vestidos de civiles, al parecer con el objeto de ser contabilizados como tales cuando se encuentren sus restos. Pocos subrayan que los combatientes de las milicias Nukba y del brazo armado de Hamás, Ezedin al-Qasam, se hallan lejos de ser civiles; se trata de combatientes suicidas dispuestos a morir para matar.

No muchos en el mundo dudan de que lo que ocurrió el 7 de octubre es un atentado terrorista. ¿Los reporteros que graban su entradilla mientras acompañan a los terroristas cuando asesinan a cientos de civiles en el sur de Israel, los queman vivos o los secuestran, y después se toman fotos con los agresores haciendo la uve de la victoria pueden considerarse periodistas?

Hace meses, ciertas organizaciones internacionales advirtieron reiteradamente de que en pocos días quince mil bebés morirían de hambre en Gaza; sin embargo, resultó que el número total de muertos por desnutrición fue menor de doscientos. En Gaza hay hambre, y eso es inaceptable, pero también es verdad que en la historia bélica nunca se pidió a un bando que proporcionara alimentos, agua y electricidad a su enemigo, sobre todo cuando fue este quien declaró la guerra. Nadie debería morir de hambre en el siglo xxi, pero habría que verificar los hechos. Pocos en la prensa mundial cuentan que Hamás se apodera sistemáticamente de cientos de toneladas de alimentos que entran en la Franja por la frontera egipcia y por la israelí y que son distribuidas por organizaciones internacionales como Naciones Unidas y la Gaza Humanitarian Foundation norteamericana.

No existen guerras sin crímenes de guerra. Todo lo ocurrido en Gaza tendrá que ser investigado. Pero les recomiendo a mis colegas periodistas que abran el zoom de la cámara y no se limiten a ver el último vídeo de TikTok llegado de la Franja controlada por Hamás. Algún día tendrían que preguntarse por qué en los países árabes no se ven las manifestaciones antiisraelíes tan comunes en las capitales occidentales. Quizá porque en Riad, El Cairo, Amán o Abu Dabi saben lo que representan los Hermanos Musulmanes y su hijo predilecto, Hamás.

Recordemos que nuestra función es ceñirnos a los hechos y hacer preguntas. No repetir como loros lo que el coro mediático de turno canta en todo momento. Una mentira repetida mil veces no se transforma en verdad.

Prólogo

Ser judío es formar parte de la historia más extraordinaria jamás vivida por ningún pueblo, que abarca más países, más circunstancias adversas, más triunfos y tragedias que ninguna otra historia. Cada uno de nosotros tiene un capítulo que escribir en esa historia y pasar el libro a las próximas generaciones. Eso es ser judío.

GRAN RABINO LORD JONATHAN SACKS

Israel es un país que nació en el ojo del huracán y que, a pesar de su enorme creatividad y éxitos, nunca dejó de estarlo. Más de una decena de guerras y de intifadas, levantamientos «populares» palestinos, así como miles de atentados terroristas lo reflejan.

Entre la Segunda Guerra del Líbano de 2006 y la masacre de más de mil doscientos israelíes el 7 de octubre de 2023, a manos de miles de hombres de Hamás que invadieron el sur del país, Israel vivió una de sus épocas más «relativamente» tranquilas. Hubo atentados terroristas, y algunas operaciones limitadas contra Hamás y la Yihad Islámica, pero fueron diecisiete años en los que la economía israelí creció significativamente y un ambiente de hedonismo, consumismo y satisfacción se apoderó del país. Son los años de la start-up nation y de una renta per cápita superior a la de cualquier país de la Unión Europea o Japón.

Es cierto que también aumentaron los debates internos sobre el futuro del país, por ejemplo en lo que concierne al papel del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, con cientos de miles de personas que se manifestaron durante diez meses contra la «revolución judicial» que el Gobierno derechista de Benjamin Netanyahu intentaba llevar a cabo.

Sin embargo, la mayor masacre de la historia de Israel ocurrió el día de Simjat Torá, la fiesta judía de la alegría de la Biblia, el 7 de octubre de 2023. Según los datos actualizados del Ejército israelí, fueron 5700 palestinos de la Franja los que se infiltraron en Israel, y no solamente 3000, como se dijo en un principio. De ellos, 3800 eran miembros de los comandos Nukba (los elegidos) de Hamás. El resto eran ciudadanos de Gaza, unos seguidores de Hamás y otros saqueadores que robaron todo lo que pudieron de los poblados israelíes del sur del país. En algunos casos, llenaron camiones con televisiones, ordenadores, lavaplatos o lavadoras, entre otros objetos. Otros mil miembros de Hamás dispararon cohetes desde la Franja sobre territorio israelí, un total de 4300 proyectiles solamente en esa fecha negra. Los seguidores de Hamás entraron en Israel por 119 puntos distintos, rompiendo la verja de seguridad, y no solamente por 60 como se pensaba en un principio. Este fue el ataque terrorista más grave de la historia de Israel y uno de los más destacados de la historia del terrorismo mundial. La agresión islamista provocó una ola de violencia que podría continuar teniendo efectos secundarios durante años. Ante los 251 secuestrados llevados a Gaza, algunos israelíes reconocen que su peor pesadilla es despertar en pijama, tras ser secuestrados por Hamás, en la Franja o en las zonas del Líbano administradas por el grupo chií proiraní, Hizbulá.

No es casual que el ataque de Hamás ocurriera en el quincuagésimo aniversario de la guerra de Yom Kipur, la principal sorpresa estratégica del mundo árabe contra Israel. En octubre de 1973, Siria y Egipto lanzaron un asombroso ataque simultáneo en el norte y en el sur del país, justamente en el día de ayuno más importante del calendario judío, en el que muchos israelíes se encontraban en las sinagogas.

Meses antes de la masacre del 7 de octubre de 2023, tuvo lugar un encuentro en el hotel Commodore de la Franja de Gaza que reflejó las verdaderas intenciones de Hamás. Ante la presencia de líderes políticos y militares de la organización islamista, así como de expertos, abogados, economistas, contables, notarios o ingenieros, se habló sobre «el día después» del ataque a Israel. Quedó claro que el objetivo real de Hamás, con este ataque que se llevaba planificando tanto tiempo, era ocupar partes del Estado de Israel y dividir las zonas ocupadas en territorios administrados por un gobernador.

Un grupo de economistas próximos a Hamás mostró un listado de instituciones israelíes que los dirigentes islamistas se iban a repartir: hospitales, universidades, escuelas, centrales eléctricas, estadios de fútbol, etc.

El diario progresista israelí Haaretz cita a un dirigente palestino de Gaza que estaba presente en el hotel Commodore y que decidió huir a El Cairo. En su opinión, la absurda intención de Hamás de ocupar parte del Estado de Israel refleja la locura de algunos de sus dirigentes. Ese dirigente fue entrevistado por Haaretz y reveló que Hamás había preparado un documento que pretendía entregar a Naciones Unidas en el que expresaba claramente: «Ahora que el Estado de Israel ya no existe, ha llegado el momento de reconocer al Estado Islámico de Palestina».

Como resultado de la matanza de 2023, Israel lanzó una operación en la Franja de Gaza, Espadas de Hierro, que acabó convirtiéndose en la contienda más larga de su historia; superó incluso los diez meses de la guerra de Independencia de 1948. Según el Ministerio de Salud de Gaza, dependiente de Hamás, cerca de 54 000 palestinos perdieron la vida en los primeros dieciocho meses, entre ellos unos 20 000 milicianos de su brazo armado y miles de civiles, mujeres, ancianos, niños y bebés. Muchos vieron cómo sus casas se convertían en bases y arsenales islamistas y eran atacadas por el ejército israelí. Históricamente, la estrategia de Hamás fue siempre instalarse en el corazón de la población civil (parvularios, colegios y hospitales), para aumentar la presión internacional sobre el ejército israelí, acusado a menudo de llevar a cabo un genocidio. Gobiernos de todo el mundo que justificaron el derecho de Israel a la autodefensa condenaron el elevado número de víctimas civiles y exigieron a Israel un alto el fuego inmediato.

Horas después de la masacre del sur de Israel, la población civil del norte del país no aguantó ver en el lado libanés de la frontera, a decenas de metros de sus casas, a los hombres de la unidad Radwan, las fuerzas de élite de Hizbulá, armados hasta los dientes bajo la bandera amarilla de la milicia proiraní. La población temía otro 7 de octubre en la frontera norte y, por primera vez en la historia de Israel, más de setenta mil personas evacuaron sus casas y se instalaron en hoteles, convirtiéndose en refugiados en su propio país. Ni en la guerra de Independencia de Israel poblados o ciudades fueron evacuados de esta forma, por lo que, a lo largo de los siguientes meses, Hizbulá destruyó con su artillería una parte considerable de las viviendas e infraestructuras evacuadas.

Israel contestó con ataques dentro de territorio libanés y mató e hirió a miles de hombres de Hizbulá; provocó también un éxodo de parte de la población de las zonas fronterizas, más de cien mil personas que vivían en poblados chiíes.

El objetivo declarado de Israel es devolver a sus casas a la población civil lo antes posible y reconstruir el norte del país. Para ello, los mediadores estadounidenses y franceses lograron un alto el fuego basado en la sustitución de las fuerzas de Hizbulá del sur del Líbano por el ejército legítimo de ese país. A los sesenta días de ese acuerdo, a finales de enero de 2025, coincidiendo con la toma de posesión de Donald Trump, el ejército israelí empezó a retirarse hacia la frontera y se replegó, desplegándose en cinco puntos estratégicos en el lado libanés, cerca de la línea divisoria entre los dos países. Un Hizbulá muy debilitado por la guerra fue presionado para cumplir la resolución 1701 de Naciones Unidas y alejarse a veinte kilómetros de la frontera, al norte del río Litani. Hizbulá perdió la cúpula militar y política de su organización, incluyendo a su líder durante más de tres décadas, el secretario general Hasán Nasralá, muerto en una operación especial israelí en el barrio de Dahiya, en Beirut. Mientras Nasralá se reunía en un búnker muy profundo con los principales líderes de su organización y todos ellos veían a Netanyahu en televisión hablando en la Asamblea General de Naciones Unidas, ocho aviones F-15 israelíes lanzaron al menos dieciséis bombas de casi una tonelada de explosivos cada una, con capacidad para atravesar el búnker, y provocó la muerte inmediata de su gran enemigo y de otros dirigentes militares de la organización.

A lo largo de los años, los miembros de Hamás y de Hizbulá recibieron entrenamiento, ayuda e instrucciones de Teherán, por parte del régimen de los ayatolás. Así las cosas, cientos de islamistas de la Franja se entrenaron en aquel país para llevar a cabo la masacre del 7 de octubre. Pero Irán, siguiendo la doctrina de Qasem Soleimani —muerto por Estados Unidos en 2020—, desarrolló un «círculo de fuego» alrededor de Israel que incluyó también milicias proiraníes en Siria e Irak, así como sus aliados hutíes en Yemen, quienes, a casi dos mil kilómetros de distancia, lanzaron sobre territorio israelí cientos de misiles balísticos y de drones suicidas que alcanzaron el corazón de Tel Aviv y provocaron represalias sin precedentes de la fuerza aérea israelí en aquel país.

Por primera vez en su historia, Israel se encontró en una guerra en siete frentes, incluida la población palestina de Cisjordania, que, en un principio, se mantuvo inactiva. Desde el 7 de octubre de 2023 hasta principios de 2025, Israel lanzó doce mil operaciones ofensivas en Cisjordania y mató a cientos de militantes de Hamás y de la Yihad Islámica. A finales de 2024, cuando se cumplía un año de la masacre, el líder de Hamás en el exterior, Jaled Meshal, que vivía en Catar, reconoció que gran parte de la infraestructura de Hamás (veintitrés de sus veinticuatro brigadas) había sido destruida por Israel, por lo que pidió la vuelta a los atentados suicidas en las ciudades israelíes, tal y como ocurrió en la segunda intifada del año 2000.

También, por primera vez, la fuerza aérea israelí llevó a cabo varias operaciones de represalia en la ciudad de Saná, en Yemen, y en el puerto yemenita de Hodeida, la central eléctrica Heyzaz y Dahban, a casi dos mil kilómetros de distancia. Los hutíes lanzaron sobre Israel alrededor de trescientos cincuenta misiles balísticos y unos doscientos veinte drones; a finales de 2024, eran los únicos que continuaban atacando territorio israelí de forma continua.

En los primeros años del Estado de Israel, el primer ministro David Ben-Gurión erigió el llamado «muro de hierro» ideado por el dirigente, escritor y pensador Zeev Jabotinsky, hace más de un siglo. Jabotinsky escribió en 1923 que los árabes nunca aceptarían la presencia judía en la Tierra de Israel ni la creación de un Estado. Por eso, el «muro de hierro» en el campo político y militar debe preceder a cualquier esfuerzo por lograr la paz. Israel ganó todas sus guerras en el siglo xx y principios del xxi, pero algo cambió en las amenazas al Estado judío y en el carácter de su población. El colectivismo pionero de los primeros años fue reemplazado por un individualismo creciente y por una sociedad de consumo. Ante la relativa tranquilidad que se vivió durante una generación, el presupuesto de defensa se redujo de forma drástica, las unidades de la reserva se limitaron de forma significativa y las armas basadas en la alta tecnología reemplazaron parte del antiguo poderío militar. Los líderes empezaron a decir que ya no existía el peligro de una invasión de ejércitos regulares como ocurrió en 1948, 1967 o 1973, sino que ahora se necesitaba «un ejército pequeño e inteligente».

Cuando los hombres de Hamás invadieron treinta poblaciones israelíes del sur del país, situadas a pocos kilómetros de Gaza, destruyeron los medios tecnológicos (sensores, cámaras, sistemas de reconocimiento facial y otros) desplegados en la frontera. En Israel se dice que el problema fue la creencia en que la era de las grandes guerras había terminado y que el país era más fuerte que todos sus enemigos. Israel se había hecho adicto a los intervalos de paz entre las guerras y, sobre todo, había perdido la iniciativa. El fracaso del 7 de octubre se seguirá estudiando durante años, pero probablemente el principal problema del país sea la falta de estrategia. A veces da la impresión de que Israel, con el Gobierno más nacionalista de su historia, es como un barco con el motor apagado que va a la deriva, arrastrado por las corrientes y los vientos.

Los israelíes creen que la próxima década será decisiva para el futuro y que habrá que reforzar el presupuesto militar, quizá duplicarlo; aumentar significativamente el número de reclutas, incluyendo la movilización de miles de jóvenes ultraortodoxos, que en su mayoría evitan el servicio militar, y también los jóvenes de la minoría árabe, un 20 % de la población, que podrían unirse al menos a los servicios médicos y de emergencia del país.

Los expertos en seguridad nacional critican que las Fuerzas de Defensa de Israel lleven décadas haciendo labores policiales contra las distintas intifadas. Ahora proponen que Israel cree un Ejército más ofensivo, para disuadir a sus enemigos, especialmente a los iraníes, que son vistos como la cabeza del pulpo que mueve sus tentáculos: Hamás, Hizbulá, los hutíes y las distintas milicias proiraníes.

La comisión Nagel, un organismo creado para evaluar las deficiencias en la seguridad nacional de Israel y proponer reformas estratégicas, determinó que «tras la catástrofe del 7 de octubre, Israel debe pasar de un concepto de ‘‘contención’’ y defensa a otro de ‘‘prevención’’ y preparación, junto con la creación de capacidades para una respuesta inmediata y a veces incluso desproporcionada».

Otra recomendación clave es que Israel reduzca su dependencia de la importación de armas y revitalice su industria de defensa, un sector primordial que se contrajo en los últimos años para evitar la producción de armas y municiones que no se consideraban competitivas en el mercado mundial. Israel ha llegado a la conclusión de que la producción de armas es una cuestión de máximo interés nacional, relacionada con la propia existencia del Estado, y no una cuestión puramente mercantil.

Los medios de comunicación afirman que el Gobierno israelí ya ha adjudicado contratos a empresas locales para producir bombas pesadas con el fin de reducir la dependencia de Estados Unidos. Aunque la administración de Joe Biden apoyó a las Fuerzas de Defensa de Israel en su guerra de Gaza, en ocasiones limitó el envío de municiones más sofisticadas. Todo esto a raíz de las críticas en ciertos sectores del espectro político estadounidense por el alto número de víctimas palestinas en la Franja de Gaza. Tras la toma de posesión de Trump, la nueva administración prometió aportar a Israel «todo lo necesario» y, poco después, lo que la anterior había retenido llegó al puerto de Ashdod. Sin embargo, en el Estado Mayor del Ejército israelí, con sede en la Hakirya de Tel Aviv, afirman que el país no puede correr más riesgos y tiene que ser lo más autosuficiente posible.

En el complejo militar de Kirya en Tel Aviv siguen apuntando a la amenaza número uno para el Estado judío en las últimas décadas, la República Islámica de Irán. El 14 de abril de 2024, este país decidió responder de forma directa contra Israel tras una operación selectiva israelí en Damasco contra un general de la Guardia Revolucionaria, Mohamed Reza Zahedi. Por primera vez en la historia, Irán lanzó sobre Israel trescientos treinta misiles balísticos, de crucero y drones ofensivos. Un país del Golfo Pérsico con el que Israel no tiene relaciones diplomáticas le advirtió de lo que iba a pasar unas horas antes. El resultado fue que a lo largo de esa noche, pilotos y fuerzas israelíes, estadounidenses, francesas, alemanas, jordanas y de otros países del Golfo, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Arabia Saudí, colaboraron para frenar el ataque iraní. El primer ministro, Netanyahu, afirmó en su intervención en una sesión conjunta del Senado y el Congreso que los acuerdos de Abraham, firmados entre Israel, Emiratos, Baréin, Marruecos y Sudán, seguirían adelante con otros países, pero que se estaban convirtiendo en la llamada «Alianza de Abraham», una especie de NATO de Oriente Medio con un enemigo común: el régimen iraní y sus aliados.

A menudo los israelíes se sienten perseguidos por la comunidad internacional, a la que acusan de estar «obsesionada» con Israel. Esto se reflejaría, por ejemplo, en las condenas sistemáticas a Israel por parte de instituciones como Naciones Unidas; a día de hoy, dicha institución ha condenado muchas más veces a Israel por su política hacia los palestinos que a Rusia por invadir Ucrania, a Siria tras las matanzas contra civiles con armas químicas o a Corea del Norte, que reprime cruelmente a sus ciudadanos.

Desde 2015 hasta 2022, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó 140 resoluciones de condena contra Israel (principalmente por su trato a los palestinos, sus relaciones con los países vecinos y otras acusaciones), frente a 68 contra el resto de los países. La Asamblea, en 2022, aprobó más resoluciones críticas contra Israel que contra todas las demás naciones juntas (quince frente a trece), según un recuento realizado por el grupo de supervisión proisraelí UN Watch. Israel recibió quince condenas y Rusia, que invadió Ucrania ese mismo año, fue objeto de seis resoluciones. Corea del Norte, Afganistán, Birmania (Myanmar), Siria, Irán y Estados Unidos recibieron una resolución cada uno.

Desde su creación en 2006, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha condenado 99 veces a Israel, 41 a Siria, 13 a Irán, cuatro a Rusia, tres a Venezuela y ninguna a China o a Cuba.

Esto provoca una reacción de desprecio por parte de los israelíes respecto a lo que consideran una reprobación pavloviana de Naciones Unidas, pase lo que pase. El analista israelí Ben-Dror Yemini, que defiende la creación de un Estado palestino, define esa actitud de la ONU como una obsesión. El fundador de Israel, David Ben-Gurión, lo resumía en dos palabras: «Um (ONU) Shmum!», que vendría a significar que lo que dice la ONU son tonterías.

Otros israelíes ironizan sobre la problemática de la mayoría automática contra Israel afirmando lo siguiente: «Si parte de los países de la Asamblea General de Naciones Unidas dice que el planeta es cuadrado, obtendrán mayoría automáticamente».

A Israel le espera una década existencial, una suerte de «ser o no ser». La mejor noticia para los israelíes sobre el conflicto iniciado el 7 de octubre es la resiliencia demostrada por parte de sus ciudadanos, que se han unido para hacer frente a la adversidad. He aquí las consecuencias: un número de muertos sin precedentes, rehenes vivos o muertos en los túneles de Hamás en Gaza, miles de heridos cuyas vidas han cambiado para siempre, ciento cincuenta mil personas que han tenido que abandonar sus casas a raíz de los ataques y se han convertido en refugiados en su propio país, y un coste económico inédito. El destacado analista económico Sever Plotsker declaró que hasta enero de 2025 la operación Espadas de Hierro le había costado a Israel cerca de 38 000 millones de euros. Asimismo, señaló que cada día de guerra tiene un coste de 75 millones de euros. Todo esto sin tener en cuenta los daños provocados por la evacuación de la población civil.

Por primera vez en su historia, Israel menguó en el norte y en el sur y obligó a los evacuados a concentrarse en el centro. En la frontera con la Franja, en febrero de 2025, el 83 % de los habitantes evacuados había vuelto a casa, aunque en muchos casos sus barrios estaban semidestruidos, y al menos trece poblados aún no eran habitables. En la frontera con Líbano casi la mitad de la población evacuada, un 47 %, volvió a su residencia para reconstruir las localidades fronterizas. En conclusión, para poder reconstruir el país, Israel necesita legitimidad internacional y la continuación de su alianza histórica con Estados Unidos en los próximos años, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump.

Los retos de Israel, al igual que sus logros, tienen una dimensión bíblica. Es un país en el que nada es lo que parece. Tras el 7 de octubre está llevando a cabo, según algunos, una segunda guerra de Independencia, su refundación, un nuevo origen. Y es que Israel es a la vez la nación más antigua del mundo y una de las más jóvenes. En medio de todo esto, destaca la historia de un joven soldado de diecinueve años, herido en los combates en Gaza y que creyó que le quedaba poco tiempo de vida; sin embargo, en menos de una hora fue trasladado en helicóptero al hospital Hadassah de Jerusalén y operado inmediatamente. Cuando despertó de la anestesia, preguntó al médico: «¿Estoy vivo?». «Sí —le dijo el cirujano que le acababa de operar—, pero has perdido las dos piernas y un brazo». El joven soldado le miró y preguntó: «¿Eso es todo?... Si la cabeza está bien, todo irá bien».

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Breve historia de la Tierra de Israel

Cuatro mil años de existencia

Israel es la personificación de la continuidad judía: es la única nación del mundo que vive en la misma tierra, tiene el mismo nombre, habla el mismo idioma y adora al mismo dios que hace tres mil años. Al excavar el suelo se encuentra cerámica de la época del rey David, monedas de tiempos de Bar Kojba y pergaminos redactados hace dos mil años en una escritura parecida a aquella que hoy sirve para anunciar sorbetes en la tienda de la esquina.

CHARLES KRAUTHAMMER,ganador del Premio Pulitzer en 1987

El pueblo de Israel es uno de los más antiguos de la historia de la humanidad. ¿Qué indicios existen de ello? Según el relato bíblico, el pueblo judío o israelita está compuesto por los descendientes de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Abraham emigró desde la ciudad de Ur, en la Mesopotamia asiática, a la tierra de Canaán en el siglo xviii a. C.; o sea, aproximadamente hace cuatro mil años. Allí, su familia vivió del pastoreo en los alrededores de Hebrón durante dos generaciones.

En los textos bíblicos, existen elementos históricos confirmados por otras fuentes no bíblicas que corroboran la existencia de los antiguos hebreos. Por ejemplo, en las cartas de Tel Amarna, publicadas en Egipto en el siglo xiv a. C., se refieren a los habiru, los antiguos judíos. En las cartas de Hoshaia, escritas en hebreo en Judea en el siglo vi a. C., también se hace referencia a los hebreos. Algunos relatos bíblicos están sustentados en parte por diversos hallazgos arqueológicos: los rollos del Mar Muerto, 981 manuscritos encontrados en Qumrán a partir de 1946; dos pequeños rollos de plata del siglo vii a. C. hallados en Jerusalén, así como descubrimientos arqueológicos más recientes en la zona de Silwan-Ciudad de David en Jerusalén, y en el valle de Ela. Estos textos apoyan parcialmente relatos bíblicos.

La familia del patriarca Abraham emigró a Egipto tras una hambruna de siete años, y se estableció en la tierra de Goshen. Después de haber vivido en ese lugar y haber sido esclavizados durante siglos, Moisés guio al pueblo hebreo hacia la tierra prometida de Canaán; el trayecto duró cuarenta años desde la salida de Egipto y Moisés murió en el monte Nebo, ubicado —según la Biblia— en Moab, en la actual Jordania. Conquistaron Canaán y este territorio fue subdividido entre las doce tribus que descendían de los hijos de Jacob.

En el siglo xi a. C., el profeta Samuel ungió a Saúl como primer rey de Israel. A Saúl le sucedió su yerno David, quien actuó a la vez como líder militar y rey de Israel. David conquistó Jerusalén, una antigua ciudad cananea, y la declaró capital y ciudad santa del judaísmo hace más de tres milenios. El hijo de David, el rey Salomón, construyó el primer templo judío en Jerusalén, que sería destruido por los babilonios en 586 a. C. A su vez, el imperio babilónico sucumbió ante las fuerzas de Ciro el Grande, fundador del imperio persa, lo que permitió a una parte de los desterrados judíos el retorno a Jerusalén y la reconstrucción parcial del templo.

Esta fue la época de canonización de los libros sagrados que constituyen la Biblia judía, también llamada Antiguo Testamento o Tanaj: Torá (Pentateuco: los cinco libros de Moisés o instrucción), Neviim (ocho libros de los Profetas) y Ketuvim (los once libros de la Verdad o escritos). En total, son veinticuatro libros que integran un relato que va desde la creación del mundo (Génesis) hasta la época del Segundo Templo. La tradición bíblica oral paralela fue recopilada más tarde en los textos del Talmud —traducido del hebreo como «enseñanza»—, que compila el multisecular bagaje legal, religioso y ritual del pueblo judío. Ritual y religión, costumbres sociales y vínculo con la tierra ancestral fueron ingredientes centrales para la existencia de comunidades judías autónomas en la diáspora. La diáspora judía existe desde el año 597 a. C., fecha de la derrota de Judea y comienzo de la ocupación babilónica. En el año 70, el emperador romano Tito destruyó el Segundo Templo de Jerusalén y provocó el exilio de los judíos de la ciudad, que se dispersaron por todos los rincones del mundo.

Los antiguos romanos impusieron el nombre de Palestina a la Tierra de Israel bíblica. En el año 135, tras sofocar la segunda insurrección en la provincia de Judea, los romanos la rebautizaron como Syria Palaestina. Lo hicieron como castigo, para borrar el vínculo entre los judíos (en hebreo, yehudim y en latín, judaei) y la provincia (cuyo nombre en hebreo era Yehuda/Judea). Palaestina se refería a los filisteos, cuya base se encontraba en la costa del Mediterráneo.

La historia judía incluye persecuciones y lucha por la supervivencia, pero destaca también por una enorme creatividad y contribución al conocimiento humano. Dicha supervivencia desde entonces hasta hoy, a pesar de la asimilación y el acoso a lo largo de los siglos, es un fenómeno sorprendente al que no se ha encontrado una explicación definitiva.

Imperios

Año

Referencia histórica.

587 a. C.

Destrucción babilónica del Primer Templo.

333-63 a. C.

Conquista helénica de la región por el ejército de Alejandro Magno (333 a. C.). Los griegos generalmente permitían que los judíos gobernaran su Estado, pero, durante el gobierno del rey Antíoco IV, el Segundo Templo fue profanado al colocar ídolos en él. Las acciones de los griegos llevaron a los macabeos a iniciar una revuelta que los condujo al éxito y al establecimiento de un Gobierno independiente. Los acontecimientos relacionados con esta victoria contra el ejército griego son celebrados durante la fiesta de Janucá.

63 a. C.-313

El ejército romano liderado por Tito conquistó Jerusalén y destruyó el Segundo Templo en el año 70. Los judíos fueron entonces exiliados y dispersos en la diáspora. En 132, Bar Kojba organizó una revuelta contra el dominio romano, pero murió en una batalla en Betar, en las colinas de Judea. Posteriormente, los romanos diezmaron la comunidad judía, renombrando Jerusalén como Aelia Capitolina y Judea como Palaestina para obliterar la identificación judía con la Tierra de Israel (el topónimo Palestina y su equivalente en árabe, Falastin, derivan del nombre latino).

313-636

Dominación bizantina.

636-1099

La Cúpula de la Roca fue construida por el califa Abd al-Malik en el terreno del templo judío destruido.

1099-1291

Los cruzados llegaron de Europa para conquistar la Tierra Santa después de un llamamiento del papa Urbano II y masacraron a la población no cristiana. Más tarde, la comunidad judía de Jerusalén se expandió por la inmigración de judíos europeos.

1291-1516

Período mameluco.

1516-1917

Imperio otomano. Durante el reinado del sultán Solimán el Magnífico (1520-1566), las murallas de la ciudad vieja de Jerusalén fueron reconstruidas. La población de la comunidad judía en Jerusalén aumentó.

1917-1948

Mandato británico de Palestina.

Emancipación

La emancipación de los judíos de Europa fue un esfuerzo de los Estados del continente por acabar con los prejuicios hacia los hebreos y promover su reconocimiento como ciudadanos de pleno derecho. Es más, se eliminaban las restricciones de siglos impuestas a los judíos y se los equiparaba con los demás ciudadanos. El proceso pretendía acabar con siglos de racismo, discriminación y aislamiento del judaísmo europeo, desarrollándose en el marco de la Ilustración un movimiento cultural e intelectual primordialmente europeo. En el ámbito judío, la emancipación hebrea fue denominada Haskalá, y fue vista como un esfuerzo de las comunidades judías por integrarse en las comunidades locales de forma completa. En el marco de este movimiento, que tuvo lugar a finales del siglo xviii y a lo largo del xix, se incrementó la formación en historia judía y la enseñanza del hebreo fuera del ámbito de la escuela religiosa, o yeshiva.

Como resultado de la emancipación, algunos judíos empezaron a definirse como seguidores de la fe de Moisés y ya no como judíos. A lo largo de la historia, en Europa habían sufrido restricciones y actos discriminatorios, como llevar un sombrero amarillo o una estrella de David para distinguirlos de los cristianos, pero también para humillarlos. Las prácticas religiosas judías estaban restringidas, y a veces perseguidas, como sucedió por parte de la Inquisición en España y Portugal; en este último país fue abolida en 1821 y en España, en 1834. Muchas veces, a los judíos no se les permitía votar (allí donde existía ese derecho), y algunos Estados y territorios prohibieron formalmente su entrada, entre ellos Noruega, Suecia y España después de la expulsión de 1492.

Con la Haskalá, los judíos se vieron más implicados en la sociedad civil, en la vida política y en el ámbito militar, y llegaron a alcanzar rangos militares en conflictos como la Primera Guerra Mundial. Otra consecuencia fue la emigración judía a países con mejores oportunidades sociales y económicas, como Estados Unidos y Reino Unido. El objetivo de la Haskalá era terminar con los guetos, no solo en el sentido físico de los barrios judíos, sino también, y quizá muy especialmente, en el plano mental.

En 1790, el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, emitió un decreto que aseguraba la igualdad de los derechos de los judíos con los de todos los ciudadanos estadounidenses. Un año después, sería la Francia revolucionaria el primer país europeo en conceder la emancipación a sus cuarenta mil judíos. Los judíos franceses se convirtieron en un modelo a seguir en otras comunidades europeas, aunque la salida de miles de personas del gueto y su encuentro con la sociedad gentil daría origen también al antisemitismo moderno.

En 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, vivían en Polonia 3 300 000 judíos, muchos de ellos asesinados más tarde por los nazis. La enorme dimensión de la comunidad judía polaca, más de un quinto de toda la mundial de la época, se debía a que Polonia había reconocido los derechos de los judíos quinientos años antes que los restantes países europeos. Al contrario del antisemitismo generalizado en la Europa de aquel tiempo, en 1264 el príncipe polaco Boleslao el Piadoso emitió el famoso estatuto de Kalisz, oficialmente la Carta General de Libertad Judía en Polonia, considerada la primera emancipación de judíos en Europa (más de medio milenio antes de los procesos de emancipación en Europa Occidental).

El documento, sin precedentes en la historia medieval europea, concedía a los judíos libertad personal y de culto y autonomía legal, incluyendo un tribunal propio para asuntos sociales y penales. También ofrecía protegerlos del bautismo forzado y defenderlos de los libelos de sangre (alegatos antisemitas por los que se acusaba falsamente a los judíos de asesinar a niños cristianos, u otros gentiles, para utilizar su sangre en la realización de rituales religiosos). La carta sería ratificada posteriormente por los más destacados reyes polacos, a saber, Casimiro el Grande (en 1334), Casimiro IV Jagellón (en 1453) y Segismundo I Jagellón el Viejo (en 1539). España, en 1911, y Portugal, en 1917, fueron los últimos países de Europa, salvo Rumania y Rusia, en reconocer o conceder formalmente la emancipación a sus comunidades hebreas.

Los judíos en la península ibérica

En la puerta de Tito de Roma está grabado el exilio de esclavos judíos desterrados y conducidos a la ciudad, con lo que se ponía fin a varios períodos de soberanía judía en la Tierra de Israel desde que el rey David declaró Jerusalén capital hace más de tres milenios. La destrucción del Templo de Jerusalén el año 70 provocó el exilio de gran parte de la población judía hacia el norte de África y Europa, incluida la península ibérica. Los judíos establecieron centros culturales y económicos y contribuyeron al desarrollo de las sociedades en las que vivían. Aún sin tener un centro religioso unificado, los rabinos surgieron como líderes espirituales; con ello sostuvieron la cohesión de las comunidades por medio de la práctica y del estudio de la Torá. El pueblo judío consiguió mantener su identidad, pero sufriendo ataques antisemitas y expulsiones.

Tras la destrucción de Jerusalén, los judíos se dispersaron por el mundo y hubo muchos que construyeron sus casas en la península ibérica. Nadie conoce la fecha exacta del asentamiento, pero hay inscripciones funerarias judías del año 390, así como diversas evidencias arqueológicas en Silves, al sur de Portugal. En la época musulmana los judíos gozaron de una libertad relativa desde que empezaron a pagar una tasa (jizya) a los gobernantes y respetaron las leyes islámicas. Con la reconquista de la península ibérica por parte de los cristianos, los judíos se sentían más inseguros y se les obligaba a pagar grandes impuestos. A veces las comunidades judías tuvieron lazos con las cortes reales, y en el reino de Portugal los monarcas les dieron protección por la necesidad de mantenerlas como aliados y súbditos fieles. Así, los reyes conferían altos cargos a profesionales judíos, lo que llegó a despertar las quejas de parte de la sociedad cristiana.

Su papel fue fundamental en la edad de oro de la cultura judío-ibérica (siglos x-xii). Durante este período, los judíos sefarditas aportaron contribuciones extraordinarias en los dominios de la filosofía, la medicina, la poesía y la traducción.

Uno de los ejemplos más notables es la Escuela de Traductores de Toledo, donde estudiosos judíos, cristianos y musulmanes trabajaron juntos para traducir obras filosóficas y científicas del griego y del árabe al latín y a la lengua romance. Gracias a ellos, textos fundamentales de Aristóteles, Hipócrates o Avicena llegaron a Europa y establecieron las bases del Renacimiento.

Más allá de eso, poetas como Yehuda Halevi y filósofos como Maimónides y Hasdai Crescas desarrollaron ideas que influyeron tanto en el pensamiento judío como en la filosofía occidental. Estas contribuciones muestran como, aun en tiempos de persecución, la creatividad y el conocimiento sefarditas dejaron un impacto duradero en la historia intelectual de Europa.

A finales del siglo xv, Portugal, como otros reinos europeos, cedió a la presión antisemita y a la influencia de la Inquisición. En 1492, los judíos fueron expulsados de España por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, y una parte de los expulsados llegó a Portugal. El rey don Manuel I, que ascendió al trono en 1495, intentó convencer a su prometida, la princesa Isabel de Castilla, de replantear su petición de expulsión de los judíos del país, pero no tuvo éxito.

Así, bajo el liderazgo de don Manuel I, las autoridades portuguesas ofrecieron a los judíos la opción de convertirse al catolicismo o ser expulsados del país. Muchos escogieron la conversión, pero esas conversiones, a menudo bajo coacción, dieron como resultado una comunidad de «cristianos nuevos» que continuó enfrentándose a sospechas y discriminación. La orden de expulsión, emitida en 1496, dio pie a incontables tragedias para la comunidad judía, que había desempeñado un papel importante en la sociedad portuguesa.

Todo ello no solo marcó el fin de una era para la comunidad judía lusitana, sino que también tuvo consecuencias en términos de dispersión e influencia cultural. Los judíos portugueses expulsados llevaron consigo sus tradiciones, conocimientos y habilidades a diversas partes del mundo, contribuyendo al desarrollo cultural y económico.

La Inquisición en Portugal, después de la expulsión de los judíos, intensificó la persecución de los cristianos nuevos, por lo que muchos buscaron refugio en otras tierras. Los judíos sefarditas, descendientes de los judíos ibéricos, llevaron consigo la lengua ladina, la gastronomía, la música y otras tradiciones que continuaron floreciendo en nuevos contextos, especialmente en el Imperio otomano y en varios países europeos donde encontraron acogida.

Doña Gracia: la mujer más poderosa

Doña Gracia (Mendes) Nasi, también conocida como Beatriz de Luna, destacó como una figura notable en una era de expulsiones y conversiones forzadas. Nacida en Portugal, y conocida como la Señora, pertenecía a una familia judía influyente que procedía de España, concretamente de Aragón, donde habían vivido durante siglos. En 1492 fueron forzados a dejar España por el edicto de expulsión de los Reyes Católicos.

Cuando nació, le fue dado el nombre de Beatriz de Luna para esconder sus raíces judías; después, doña Gracia afirmaría que no podía soportar la ocultación de su verdadera identidad y que estaba muy orgullosa de pertenecer a la familia Nasi. Con la muerte de su marido, Francisco Mendes, ella asumió el control de los negocios familiares, convirtiéndose en una empresaria y filántropa dueña de la mayor flota de barcos de su época y con una gran influencia política en las cortes reales de varios países.