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Las Creencias parecen reales, pero sólo son un espejismo que simula prometernos un oasis con sombra y agua. Sólo si prestamos atención y nos olvidamos por momentos de nuestra sed y nuestro cansancio, veremos que el horizonte vibra y pestañea como una ilusión. Sólo aquellos que están conscientes de que las Creencias sólo son un espejismo, sean personas o sociedades, no caerán en la trampa y podrán elegir el camino adecuado. Creencias habrá siempre, miles, ya que son parte de la Naturaleza Humana, pero confundirlas con la "realidad" es peligroso.
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Seitenzahl: 513
Veröffentlichungsjahr: 2025
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EL ESPEJISMO DE LAS CREENCIAS
© Jaime Larraín Ayuso, 2022
© Pehoé ediciones
ISBN Edición digital: 978-956-6131-96-0
Imagen de portada: Jaime Larraín Ayuso
RPI 2022 A4717
2025 versión ampliada.
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
El despacho del Padre Joseph Maskell estaba al final de un largo pasillo en el “Instituto de mujeres Arzobispo Keough, en Baltimore, lejos de las salas donde cientos de chicas cursaban su Secundaria. Ese largo pasillo debía recorrer Jean, una chica adolescente, cuando era requerida por el sacerdote a través de los altavoces instalados en cada aula. Lo que ocurría a puertas cerradas en aquella oficina nunca despertó las sospechas de las Hermanas que educaban y cuidaban a las alumnas, salvo por la Hermana Cesnik a quien le costó la vida aquella noche del 7 de noviembre de 1969.
Jean acudía una y otra vez, cada vez que el Padre Maskell la citaba y cada vez era violada. Todo había comenzado a raíz de una confesión de rutina en la capilla del colegio en la cual la estudiante confesó, llena de vergüenza, que había sido abusada por un tío. A los dos días de aquella confesión, el Padre la citó a su oficina para prometerle que la ayudaría, como representante de Dios, a que encontrara el perdón divino. ¡Jean, eres una puta, y tengo la esperanza de que Dios te perdone y yo te ayudaré a superar tu perversión! –le dijo con tono firme y a la vez protector. Con aquella esperanza, Jean soportaba las vejaciones a la vez que crecía la vergüenza, y la esperanza de ser perdonada parecía lejana. No va a ser fácil que Dios te perdone, hay algo malo en ti Jean que debe ser sanado –le repetía cada cierto tiempo para justificar su particular ayuda.
La historia de Jean es larga y truculenta. En los abusos, el Padre Maskell involucraba a otros hombres, policías, sacerdotes, que luego le servirían para tener una red de protección. No era para menos ya que después de 50 años se supo que las chicas abusadas habían sido más de 100, y en forma reiterada.
La pregunta que me hago es ¿Cómo una chica inteligente, con una familia muy católica, formada en un prestigioso colegio en Baltimore, pudo caer en esa espiral fatídica que marcó su vida para siempre? ¿Por qué creyó que las perversiones del sacerdote eran la penitencia por ser una puta? ¿Y por qué creyó que era una puta desde el comienzo? ¿Por qué guardó silencio por décadas? ¿Por qué nunca comentó su drama con otras chicas del colegio? A su culpa debió agregarle la de haber confiado en la Hermana Catherine Cesnik que ahora estaba muerta.
He querido comenzar este libro con esta historia real, historia que fue llevada a la pantalla como “The Keepers”, simplemente porque demuestra el poder de las creencias y cómo estas pueden arruinar la vida de un ser humano. Quizás usted diga que esta historia es un caso extremo, que podría atribuirse a la estupidez de una chica o a la astucia seductora de un pervertido. Nada de eso, cuando recabamos datos e historias y vemos en todas ellas un patrón, concluimos que es un flagelo de la humanidad. Ocurrió también con los seminaristas en Boston y sigue ocurriendo en estos precisos momentos en diferentes latitudes. Sin duda, en todos esos casos hay abuso de autoridad, hay impunidad garantizada al alero de una institución, hay cómplices silenciosos y comprometidos. Pero ese contexto explica la conducta del depredador, sólo falta saber, por parte de la víctima, qué es aquello que posibilitó tal vejamen.
Jean creía firmemente en Dios, al igual que su familia.
Jean creía en el Pecado Original.
Jean creía que había algo perverso en su interior, sentía culpa y vergüenza.
Jean creía que sus pecados serían perdonados por ese Dios misericorde.
Jean creía que los sacerdotes son los representantes de Dios en la Tierra.
Jean creía que la penitencia dada por el sacerdote la salvaría de la condena divina.
Jean creía firmemente en el sacramento de la confesión.
Jean creía que los sacerdotes eran de entera confianza, que le ayudarían.
Jean creía que aquello que ocurría en esa oficina sería eficaz para obtener el perdón.
Jean creía que el Padre Maskell le estaba evitando una vergüenza pública al mantener aquella penitencia en secreto.
En definitiva, Jean creía en estas 10 creencias, con tal entrega, que creer en aquello era superior a todo el sufrimiento vivido por años. ¿Cómo el sentido común no pudo salvarla de aquellas creencias? Sin duda, el depredador se había aprovechado de la baja auto estima y de un instalado sentido de culpabilidad que la religión ya había anidado en la mente de Jean.
Sí, renunciar a alguna creencia es un asunto delicado ya que de una u otra forma es sinónimo de renunciar a parte de nuestra identidad. Por esto, todos los humanos tendemos a defender nuestras creencias, aunque en el fondo de nuestro corazón sabemos que algunas son dañinas.
La historia de Jean debiera dejarnos un aprendizaje y, sin duda, nos plantea varias preguntas sobre nosotros mismos, pero hay dos más significativas: ¿Abusamos de la confianza de alguien? Y ¿Somos sumisos a algún tipo de abuso por conveniencia?
Si Jean hubiera creído en Dios, pero no en que los sacerdotes son sus representantes, habría bastado para que la vida de Jean hubiera sido radicalmente diferente. Sólo una Creencia en medio de un ramillete de 10 creencias asociadas, hubiera bastado. Esa es la potencia de una Creencia, a veces para bien y otras no.
Este libro tiene varios objetivos que, como capas de cebolla, intenta explicar cómo se forman, y cómo operan las Creencias, pero también se propone dar cuenta de las repercusiones y el daño que pueden producir a nivel personal y colectivo.
Las Creencias parecen reales, pero sólo son un espejismo que simula prometernos un oasis con sombra y agua. Sólo si prestamos atención y nos olvidamos por momentos de nuestra sed y nuestro cansancio, veremos que el horizonte vibra y pestañea como una ilusión. Sólo aquellos que están conscientes de que las Creencias sólo son un espejismo, sean personas o sociedades, no caerán en la trampa y podrán elegir el camino adecuado. Creencias habrá siempre, miles, ya que son parte de la Naturaleza Humana, pero confundirlas con la “realidad” es peligroso.
Este libro no abordará aquellas Grandes Creencias que se estructuran y dan forma a Ideologías, Cosmovisiones o Teologías. De eso, ya hablé en “El cuento que nos contamos”. Allí, me detuve en aquellas grandes Creencias en las que cree una mayoría de la humanidad y que, en consecuencia, se constituyen en el auto relato de nuestra especie, en el cuento que nos contamos a nosotros mismos. Al igual que el auto relato que cada uno de los humanos hace de su propia vida e historia y desde el cual se va construyendo su identidad, los grandes auto relatos de nuestra especie no sólo son materia de orgullo, sino que también son la justificación de sus actos. Si en mi relato está aquello de que los humanos estamos en la cúspide de la cadena evolutiva y a eso le sumamos la creencia de que somos hijos de Dios, a imagen y semejanza, y luego le agregamos que la naturaleza le fue otorgada al hombre para honrar la creación, no pasará más de un minuto para que me sienta con derecho, autoridad, para erigirme por sobre las demás especies y decidir quien vive y quién se extingue; no dudaré en depredar al planeta en nombre de ese llamado que se supone que tiene la especie dominante, el del progreso y el crecimiento a cualquier precio; no dudaría en darle las gracias a Dios por semejante responsabilidad, única entre todos los seres vivientes. Más allá de esta ironía, quiero destacar que el auto relato, que parece ser verdadero, no siempre lo es y a veces es tergiversado para conveniencia de algunos que detentan el Poder y se sirven de Creencias que les legitiman, y perpetúan. De nada de esto hablará este libro ya que está escrito en “El Cuento que nos contamos” (Amazon 2023). En este libro, pretendo entregar los elementos que componen una Creencias, en definir técnicamente el cómo operan cuando son llamadas desde el subconsciente y en cómo funcionan en los diversos niveles del fenómeno llamado “Pensar”. A modo de contexto y con objeto de que se entienda cómo algunas creencias se han instalado por largos períodos de la historia como Creencias Madre, deberé referirme a la genial investigación mundial que derivó en el texto sobre la Espiral Dinámica Integral (SDI). Lo más interesante, además de haber distinguido tales creencias colectivas, fue el descubrir que esas creencias se han ido superponiendo unas a otras, por capas, desde los orígenes del hombre hasta ahora. Recreo estas ideas para indicar que masivamente, políticamente, surgen recién, a partir de los 60 del siglo pasado una nueva familia de Creencias, las llamadas inclusivas, que siempre estuvieron, pero en pequeñas comunidades humanas hasta que fueron desplazadas por Creencias de carácter excluyente, polares, todas ellas bajo el sello del Poder, sea militar, religioso o tecnocrático.
Una última aclaración sobre lo que viene en las siguientes páginas tiene relación con la influencia de las Estructuras de Personalidad en el asentamiento de algunas creencias y cómo éstas condicionan la formación de creencias colectivas. Así, este libro estará atravesado por tres grandes temas: el Mecanismo del Pensar, las Tipologías de Personalidad y la influencia de la Espiral Dinámica Integral en la cultura.
En la PARTE B abordaré el cómo puede reformatearse una Creencia para generar un cambio y finalmente, en la PARTE C, este autor tiene algunos atrevimientos al proponer nuevas creencias que, a su juicio, podrían mejorar la vida humana, la convivencia, y la creación de un futuro que no sea distópico. Entre ellas, sobre la Educación, sobre Política, sobre la Felicidad, sobre la Naturaleza Humana.
Ahora toca adentrarse, a modo de radiografía o scanner, para descubrir cómo se originan, cuáles son los coletazos y repercusiones personales y colectivas de las Creencias, y vislumbrar cómo podríamos reformatearlas para construir una sociedad mejor, más evolucionada.
Para las mentes más racionalistas, que fruncirán el ceño pensando que estoy negando la existencia de la realidad, déjeme aclararle que mi computador y la mesa en que escribo sí existen, como también existe un conflicto bélico en Ucrania. Conflicto que algunos llaman guerra de liberación y para otros se trata de una invasión. Y según sean sus creencias, aquellas darán luz verde a tanques y misiles, unos para atacar y otros para defenderse. Sí, la realidad material existe, pero los fenómenos sociales, políticos, culturales, sólo son materia de interpretación.
Debo hacer una afirmación, que ojalá no la olvide mientras lee este libro. “Detrás de cada opinión, de cualquier opinión, por liviana o profunda que parezca, siempre se esconde o subyace una Creencia, siempre.” En definitiva, cada vez que hablamos, opinamos, criticamos, comparamos, lo hacemos desde creencias que se asoman al consciente cuando son interpeladas por un estímulo externo, por una pregunta, por un debate, por un insulto o por una adulación.
Al opinar siempre estamos hablando de nosotros mismos, aunque no seamos conscientes de que estamos constituidos por miles y miles de creencias que habitan, casi todas, en el subconsciente. En consecuencia, todo aquello que este libro comente no es más que un cúmulo de creencias opinando sobre otras creencias. Ninguna es la realidad, pero algunas atentan contra el bienestar humano y otras contribuyen a avanzar evolutivamente. Como ve, no se trata de tener la razón sino de elegir las mejores creencias, sabiendo que sólo son creencias.
Este libro, a mi juicio, debiera responder desde mi particular visión, unas 10 preguntas:
¿Qué es una Creencia?¿Para qué sirven?¿Dónde se “alojan”?¿Qué relación hay entre el Pensar y las Creencias?¿Desde dónde observo la realidad externa?¿Desde dónde y cómo observo mi realidad interna?¿Qué relación hay entre mis creencias y mi Identidad?¿Qué relación hay entre mis Creencias y mi Personalidad?¿Cómo se relacionan mis creencias con mi Naturaleza Humana?¿Por qué necesito cambiar alguna creencia?Para ir abordando estas preguntas, deberé, necesariamente, transmitirle algunos conocimientos que están en el back stage a fin de que pueda comprender mejor lo que ocurre en el escenario. Pero, antes de entrar en materia, me parece pertinente hacerse la pregunta ¿Desde dónde observaremos este tema, a fin de estar conscientes de las limitaciones o de las preguntas que podrían quedar pendientes?
Encontrará en este libro algunos párrafos extraídos de “El cuento que nos contamos”, libro dedicado al auto relato humano. Y, dado que tal auto relato está impregnado de múltiples creencias, no podríamos soslayar estos contenidos tan decidores al momento de dedicar este libro a las Creencias. Efectivamente, me he copiado a mí mismo ya que en ambos libros hay mucho en común.
Lo primero es dejar constancia que lo haré desde las Creencias que este autor tiene. Y, en consecuencia, cada frase que lea en este libro será evaluada desde lo que usted cree, una suerte de Match, buscando acuerdos y desacuerdos (likes).
También lo haré desde mi Tipología de Personalidad, desde mis Miedos, desde mi auto estima y desde mi auto relato y, por supuesto, desde el auto relato cultural de nuestra especie, como también ocurrirá con el Deber Ser instalado en la cultura en que vivo. Influirán, sin duda, todas aquellas creencias que configuran mi Cosmovisión, sea esta religiosa, política, económica, y que a su vez condicionarán mis valores, y quizás, mis utopías. Por su parte, usted leerá bajo esas mismas condicionantes, aunque su mix será completamente diferente al mío.
A modo de contexto, antes de entrar de lleno en las Creencias, quiero referirme a la Naturaleza Humana, que es un asunto muy diferente al de los Valores Humanos. De la Naturaleza Humana no podemos sustraernos nunca. Al menos en este estadio evolutivo de nuestra especie.
¿Cómo saber si aquello que describiré como Naturaleza Humana no es más que unas creencias que este autor tiene sobre nuestra especie? En la lista de los atributos que podríamos considerar como parte de la naturaleza humana, aunque no en exclusiva entre otras especies, se nos viene a la mente la consciencia, las emociones, la creación de un lenguaje, la creación de valores, de ética, de moral; la creación de cosmovisiones; la empatía; el amor; la curiosidad, pero si ahondamos buscando algo específico podremos mencionar a la Espiritualidad; al Arte; la Innovación; la Creatividad; Hacer(se) Preguntas.
Subyace a todo lo recién mencionado, la capacidad de crear Conceptos, Creencias, Símbolos.
He querido introducir en este libro lo que he llamado el Triángulo NH, dada la convergencia de diferentes estudios que señalan tres características de la naturaleza de nuestra especie y de cada uno de nosotros, que configuran la cultura, la política, la economía y las religiones y/o cosmovisiones. Coincidimos en esto: Con la segmentación que hace K. Horney destacando al grupo de los Ofensivos, aquellos que con mayor fuerza mueven al mundo; Los memes Rojo, Azul y Naranja en la descripción que hace la Espiral Dinámica Integral o SDI y, por cierto, con las predisposiciones de las Tipologías de Personalidad que describe el Eneagrama ECO. Integrando estas vertientes, me permití sintetizarlas en un triángulo que nos ayudará a comprender cómo se gestan las creencias, cómo entran en sinergia o cómo varían de acuerdo a los niveles de consciencia en cada uno de los 9 tipos de personalidad. Si bien son tres características que mueven la cultura humana, debemos aclarar que provienen de la biología y que en los humanos se le ha sumado el componente psicológico.
Pero, no vayamos tan rápido. Recordemos algo dicho en “El cuento que nos contamos” /Amazon:
Al revisar el libro de Leslie Stevenson, “Siete teorías de la Naturaleza humana” (1995), me llamó la atención, de entrada, de que se anunciaran como teorías, ya que, si existiera alguna naturaleza humana específica de los humanos, ésta debiera ser Natural y no una interpretación formalizada en formato de Teoría. Decidí pasar eso por alto, atribuyendo ese error metodológico a una decisión del Editor o bien a un exceso de humildad del autor, que bien lo desligara de abanderarse por alguna de las 7 propuestas que eligió: Platón; Cristianismo; Marx; Freud; Sartre; Skinner; Lorenz.
Constaté, en las siete propuestas, algo en común: El concepto de Naturaleza Humana estaba completamente contaminado por Creencias, Cosmovisiones, Ideologías, algunas científicas, otras teológicas y varias filosóficas. ¡Cómo encontrar algo Natural al interior de algo tan Artificial como una interpretación de la supuesta realidad!!! Otras lecturas me llevaron a la misma confirmación, de modo que me propuse poner el foco en aquello que es absolutamente Natural en los humanos y por ello, digno de llamarle Naturaleza Humana: Todo aquello que pueda atravesar incólume, sin alterarse, las creencias, ideologías, cosmovisiones o utopías. Para tal objetivo, se hizo necesario despejar el escenario de los actores secundarios e incluso el de diferenciar al actor principal con claridad. Obviamente, la escenografía de la obra es el momento histórico en que cada uno de los diferentes pensadores han abordado el tema, sin haber logrado separar con éxito la figura del fondo. El más evidente obstáculo es el confundir Naturaleza Humana con Valores Humanos. Como ya he dicho en otros escritos, los humanos asignamos valor a ciertas cosas, sea al oro o alguna virtud deseable y necesaria, asignamos valor y acordamos socialmente que aquello tiene valor, pero intrínsecamente no lo tiene. Al asignar valor, el humano define su cultura, sus aspiraciones y, por cierto, a su propio auto relato. Dado que los valores son relativos a la época y a las culturas, podemos descartarlos como parte de lo que hemos llamado Naturaleza Humana. Sin duda, como veremos más adelante, la capacidad de crear valores sí es un atributo propio de la especie humana, pero cada uno de los valores creados e incorporados a la cultura, no es necesariamente parte de la Naturaleza Humana. Solemos, los humanos, definir a la Divinidad como un cúmulo de Virtudes superlativas y, dado que creemos que fuimos creados a semejanza de tal Dios, deducimos que dichas virtudes son el marco conductual que se espera de nosotros. Un falso silogismo.
En consecuencia, dejemos a los Valores fuera del análisis para poder encontrar aquello que es completamente Natural, aquello que ocurre sin pedirlo ni provocarlo, aquello que ocurre a pesar nuestro, naturalmente. Su buscáramos una metáfora para comprender tal enfoque, podríamos recurrir a los Instintos, sean biológicos o psicológicos. Todos los tenemos, son involuntarios, son transversales a las culturas, son previos a la configuración de nuestra personalidad. Algo similar ocurre con las emociones: la Ira, la Tristeza, el Miedo, la Alegría, son transversales a las culturas, pero no son exclusivas del ser humano. Veremos que éstas son atributos de lo humano pero que provienen del mundo biológico, expresándose de un modo particular en los humanos. Animales de otras especies también tiene emociones, aunque las manejan de otra manera, quizás como un equivalente a los biológicos 5 Sentidos que nos informan sobre lo externo, ahora las Emociones son usadas, como propongo en escritos anteriores, como los Sentidos o Sensores del Alma, aquellos que nos entregan información de lo que ocurre allá, adentro, en lo interno o psique.
¿Qué es lo Natural que proviene de lo biológico y configura nuestra Naturaleza? O, ¿nuestra naturaleza también tiene un componente que no es biológico, que no deriva de la Materia? A raíz de estas dos preguntas es que he preferido hablar de la Condición Humana, como un todo que reúne materia biológica comandada por la Dualidad (Materia-Tiempo) y por la Unicidad (No Materia-No Tiempo) que se manifiesta en el Pensar.
Pensar, entonces, podría ser un rasgo de la buscada Naturaleza Humana, pero sería una afirmación falsa. Como he descrito en otros textos, todos los seres biológicos, sean animales, plantas, bacterias, humanos, todos pensamos y al hacerlo evaluamos escenarios, decidimos y actuamos. La única diferencia entre todos esos seres biológicos estriba en la Consciencia de estar Pensando, no en el hecho de pensar o no pensar. Más aún, si ubicamos a los humanos en la cúspide del Pensar Consciente, tampoco podemos afirmar que Pensemos bien. Nuevamente, surgen los niveles como lo explico al describir lo 5 estadios del Pensar. Pensar es parte de la Naturaleza biológica pero no es exclusiva de la Naturaleza humana. Filosofar podría ser una actividad del Pensar que pareciera ser propia de los humanos, aunque en la práctica esto no es más que un potencial que, además de escaso, tampoco ha logrado responder muchas de las grandes preguntas.
La búsqueda me llevó a agrupar algunos atributos de lo humano, que siendo Naturales no son exclusivos de nuestra especie. Es decir, compartimos con otras especies una Naturaleza, aunque en diferentes niveles de consciencia. El Pensar, el tener emociones, parecen ser dos atributos que nos caracterizan, pero a diferencia de otras especies, tales atributos se contaminaron por el Suponer, un formato humano del Miedo que proviene, inicialmente, del mundo biológico para luego instalarse en el psicológico.
Sería un error el concluir que la Naturaleza Humana se expresa siempre en forma homogénea o que es ajena a la influencia del entorno. Sin duda, la Cultura moldea a la naturaleza humana, pero es la Naturaleza Humana la que gesta la Cultura. Revisando y comparando, encontraremos varios atributos que podrían hacer el perfil del Humano. Si bien todos provienen de la Evolución, no sólo la biológica sino la psicológica, encontraremos que sólo algunos son exclusivos de nuestra especie. El Pensar parece ser algo exclusivo de lo humano, sin embargo, como lo descubrió Mancuso, todos los seres biológicos Pensamos. En consecuencia, sólo podemos afirmar que hay Niveles del Pensar y que tal pensar no es sinónimo de Naturaleza Humana y tampoco que ocurra en forma constante, homogénea entre todos los humanos.
Como una derivada del Pensar Humano, de la consciencia del estar pensando, del Preguntarse, surge la necesidad de “ordenar” ese gigantesco cúmulo de información, adecuándolo a las posibilidades reales de decodificación que, por ahora, permite nuestra biología. Surgen allí los Conceptos como síntesis informativa (palabra) y economía en el lenguaje; surgen los símbolos como resúmenes de una imaginería; surgen las Creencias como frases que explican aquello que considero como la realidad, y que actúan como conclusiones operativas. Y todo ello, se articula como un Lenguaje que posibilita la Comunicación al servicio del intercambio, sean bienes, experiencias, legados. Tampoco el lenguaje es exclusivo de lo humano, como lo demuestran los demás seres biológicos, pero si podemos afirmar que su estadio evolutivo nos posibilita la racionalidad, nos permite elaborar métodos de Pensamiento y, en niveles superiores, a una potencial capacidad de construir al “Observador”, una suerte de ser que no sólo nos ayuda a auto conocernos, sino que nos evidencia la lucha entre el Yo y el Ego.
¿Es el Yo mi Naturaleza? No, ni tampoco el Self. Mi Naturaleza es lo Natural de la Condición Humana, lo que estoy Siendo.
Estoy Siendo
Acuñé este concepto, el del Estar Siendo, para contraponerlo al tradicional “Yo Soy”. Mi propuesta a apunta a cambiar una concepción estática (foto) por una dinámica (film). De esta propuesta se derivan varias afirmaciones que nos iluminan para una nueva Cosmovisión. Estar Siendo, implica una sucesión de fotos, todas ellas en tiempo presente, cada una de ellas como una experiencia en sí misma. A su vez, el concebir nuestra vida como un flujo de experiencias cambiantes nos lleva a concluir que hay un Origen para tal viaje y un puerto de Destino, es decir, el reconocimiento de que estando siendo en la Condición Humana, tenemos un Origen desde nuestro Self y que el transitar por el proceso del Vivir tiene un Propósito Evolutivo. Percibir que aquel transcurrir nos aleja de la tentación del Apego y que nos posibilita un mejor aprendizaje de las sucesivas experiencias, es una nueva percepción para nuestra experiencia del vivir. Estoy siendo un turista de la experiencia de la Unicidad en el escenario de la Dualidad. ¡Vaya regalo!!!
Sólo el cambiar nuestra Creencia del Yo Soy por la de Estoy Siendo, tiene profundas repercusiones sobre mi propio auto relato, sobre mi auto estima, sobre el apego al que me conduce esa identidad rígida del Yo Soy. Si bien el Yo Soy ha tenido buena aceptación en el mundo espiritual como la búsqueda de mi identidad en el Self, también nos ha desviado de la ruta. La identidad no debiéramos buscarla en el Self (previo a la encarnación) sino en la Condición Humana, y por tanto es una condición en proceso, que evoluciona, que muta, que curiosea para experimentar la Vida, toda una novedad para un Espíritu. Intentar “recordar” quién soy es sinónimo de buscar mi identidad en el lugar equivocado: Ya no soy un espíritu, sino que estoy siendo un Humano. Ya no estoy en la dimensión de la Unicidad (Self) sino que estoy experimentando la Dualidad (materia-tiempo) desde mi Condición Humana, que no es más ni menos que un mágico encuentro entre Dos Dimensiones que se experimentan entre sí, camino a su integración total a través de la Evolución.
Estoy Siendo es el mejor antídoto para combatir el apego, para desprendernos de culpas y vergüenzas. La Condición Humana sólo es una sucesión de experiencias y aprendizajes. Es un presente perfecto (Aquí-Ahora), un punto más que va configurando una línea o sucesión de puntos, que avanza hacia el futuro.
Revisemos algunos atributos de Nuestra Naturaleza que nos acompañaran en el viaje de la Vida.
La idea del libre albedrío se tambalea cuando observamos que nuestras decisiones, actos, y elecciones están condicionadas desde varios frentes. Algunos sostienen que es el Carácter, otros que la Personalidad, un tercer grupo apunta a la Cultura y otros afirman que son las Creencias que tenemos instaladas las responsables de nuestros actos. No es necesario elegir una ni tampoco jerarquizarlas ya que operan todas y en sincronía.
Pero es necesario agregar un nuevo factor que incide, como veremos más adelante, en lo personal y lo colectivo y que no es cultural sino Natural, la Naturaleza Humana.
Sí, creamos creencias condicionados por nuestra Naturaleza Humana, (NH) eligiendo cuáles de todos sus atributos son más significativos para cada uno. Efectivamente tenemos la capacidad de elegir, pero es necesario estar conscientes de que elegimos dentro de un marco posible, condicionados por varios factores que iremos desarrollando en este libro. Es evidente de que todos los seres biológicos eligen tras haber evaluado algunas alternativas para responder a las dinámicas del existir. Los árboles eligen hacia dónde dirigir sus raíces, pero, dirá usted que lo hacen por instinto. Cierto, pero eso no explica ni las mutaciones, ni el mimetismo ni tampoco la diversidad que nos maravilla en la Naturaleza. Elegir, entonces, es elegir desde una determinada plataforma, la cual es limitada e intrínsecamente vinculada a los Niveles de Consciencia.
En otros textos hemos dicho que las Creencias se formen desde tres ámbitos: Los Padres o Tutores; La Cultura en que me formé; Experiencia personal y directa. A continuación, mencionaré 7 Condicionantes para la formación de Creencias que desarrollará este libro, evidenciando de paso que nuestro Libre albedrío no es tal.
Condicionamientos desde:
Naturaleza Humana (NH)Tipologías de Personalidad (Eneatipos)Instintos PsiMi Cosmovisión.Nivel Evolutivo / ConscienciaAuto Relato Colectivo. Los Valores (SDI)Las Clases socialesEn consecuencia, estas 7 plataformas desde las cuales observamos, evaluamos y decidimos, condicionan nuestras vidas, en silencio, sin mayor consciencia de que están orientando nuestros pasos. Hacer Consciencia de estos Condicionantes no podría permitir sustraernos a su influencia y responder a la vida en forma más sana y creativa.
Reconocer la presencia de la Naturaleza Humana es clave, es natural, insoslayable. Pero también deberemos hacerlo considerando sus luces o atributos y también sus sombras. Veremos más adelante la influencia de éstas en la consolidación de Creencias personales y Colectivas. Comencemos por los atributos.
Atributos de la Naturaleza Humana.
Efectivamente, hay varios “aciertos” evolutivos que, habiendo sido gestado por la evolución, y también presentes en otras especies, son hoy parte de lo que denominamos “Naturaleza Humana”. Mencionaré varios atributos, sin embargo, al final de la lista destacaré tres que son exclusivos de los humanos. En los demás, sólo podemos afirmar que están más desarrollados evolutivamente que en otras especies.
TENEMOS:
Consciencia del Tiempo. Gracias a la Memoria Larga, es posible acumular experiencias (Pasado) y proyectar el Futuro, innovar, soñar, imaginar, tener utopías.Subconsciente. “Habitáculo o placenta” que aloja silenciosamente, Creencias, Emociones, Juicios, Conceptos, Símbolos, Arquetipos, que nos permiten actuar “automáticamente”, liberando al Consciente para que éste se ocupe de Pensar. Consciencia. Nos permite reconocer nuestra “identidad” en la Condición Humana. Según sea el nivel de Consciencia, podemos diferenciar 5 Niveles Evolutivos.Emociones. Estos Sensores de lo Interno nos permiten acceder al subconsciente y auto sanarlo. Son, desde el plano psicológico, el complemento a los Sensores biológicos de la sobrevivencia (los 5 Sentidos).Empatía. Capacidad latente en varias especies, que en el Hombre se desarrolla después de la pubertad (a veces) y que tiene el potencial de transformarse en Compasión, como otra forma de Amor. Es Sentir como el Otro.Lenguaje Articulado.Al igual que muchas especies que tienen un lenguaje, los Humanos han creado un sistema articulado de códigos a fin de satisfacer su necesidad de comunicarse. Se alimenta de Conceptos y Creencias.Curiosos. Compulsión natural de la Especie que nos permite investigar, crear, innovar. (Todos los seres biológicos son Curiosos, en diferentes niveles. Gracias a ello, experimentan, evolucionan y desencadenan mutaciones)CAPACIDAD PARA CREAR:
Creencias, Conceptos, Símbolos, Arquetipos:Nos permiten “sintetizar” información relacionada con nuestra interpretación de lo externo a fin de acceder rápidamente, sin tener desgaste en el Pensar todo desde cero y cada vez. Por desgracia, tenemos tendencia a creer que nuestras Creencias son la Realidad.Preguntar(se). Capacidad de interpelar a la realidad, a los misterios, a lo desconocido, así como también preguntarme a mí mismo sobre quién Estoy Siendo, o especular sobre el Ser.Filosofar.Valores. Capacidad para diseñar un conjunto de Normas para un mejor convivir. Marcar un “Deber Ser” humano. (Ética, Moral, Códigos, Leyes, Virtudes por alcanzar, etc) Los valores no son Naturales, son creaciones. La Domesticación infantil (modales) que proviene, en otras especies, de la necesaria enseñanza a las crías, en los humanos deriva en hábitos de la Educación y la Cultura. Herramientas: Una descomunal capacidad para crear herramientas (Lenguaje Articulado y Tecnología que han sido los ámbitos más destacados del desarrollo Humano).Crear e Innovar: Predisposición para combinar y relacionar en forma novedosa, que busca una solución o validar una hipótesis, basada en antecedentes o en la intuición. Cosmovisiones. Capacidad para construir “relatos” que intentan explicar la mayor cantidad de preguntas, en un todo coherente (Religiones, Mitos, Utopías).Atributos Exclusivos de lo Humano:
Arte. Capacidad de recrear e interpretar la realidad externa e interna, de proponer una visión diferente en busca de una “realidad” que subyace y que pareciera ocultar verdad y belleza.Humor. Capacidad que viene gestándose desde los primates y que para el Hombre se ha convertido en una característica notable. Desde la burda burla del que resbala con una cascara de plátano hasta las sofisticadas sátiras, son parte de nuestra cultura humana. Reírse de sí mismo es un nivel superior de humor.Espiritualidad. Capacidad de conectarnos con nuestro propio Espíritu o Self (mediante la Meditación, la Actitud Zen, el Aquí y Ahora.) Es muy diferente a la Religiosidad.Pero también, la Naturaleza Humana, al interactuar con nuestra Personalidad o Eneatipo, se manifiesta de diversas maneras, incidiendo en las relaciones interpersonales y sobre todo en las Colectivas. Si seguimos el hilo conductor de la Integración, la definición sobre la Naturaleza Humana debiera hacerse para que ésta se inserte en la Naturaleza general, en forma fluida y armónica. Es decir, que toda iniciativa humana, que por cierto es artificial, pueda engranarse con lo Natural. De aquí podríamos distinguir un Propósito Evolutivo, el de integrar lo natural y artificial, como la mejor muestra de madurez de nuestra especie. (“El Propósito” / Amazon 2014).Digo “atrapados” para graficar la dificultad enorme para sustraernos de nuestra naturaleza que, por cierto, muchas veces se contradice con el auto relato idealizado que nuestra especie hace de sí misma. De momento, pongamos el foco en el Triángulo, en esos 3 móviles que condicionan nuestra evolución: Poder-Conveniencia-Certidumbre. Tres características que tiñen a los demás aciertos evolutivos, incluso con el riesgo cierto de una Involución histórica.
Como detective, la búsqueda se focalizó en el Móvil, aquel móvil natural que tiñe y marca cualquier actividad humana, incluso condiciona e influye en el ámbito del Pensar (Conceptos, Creencias, Símbolos, Cosmovisiones). Revisando la historia humana y con la ayuda de la Espiral Dinámica Integral, descubrí que no era sólo un móvil sino tres. De tal conclusión también se derivaba que no todos los seres humanos actúan con la misma intensidad cada uno de estos tres rasgos o móviles de la Naturaleza Humana. Aquella “Intensidad”, tanto en energía como en calidad, también están relacionadas con las 9 Tipologías de Personalidad, que filtran aquello que es Natural e involuntario.
¿De dónde provienen esos tres Móviles (acción) Naturales?: El Poder; la Conveniencia; la Certidumbre.
Poder: Genéticamente, nuestra especie se relaciona, y se estructura socialmente, en torno a relaciones de Poder. Para visualizar esto, basta comparar nuestra especie con otras que se orientan por la colaboración o la solidaridad, donde prevalece el grupo por sobre los individuos. No olvidemos que procedemos de una naturaleza Simiesca.
Este móvil, el del Poder, si bien es cierto que está presente en la cultura humana, es el más primitivo o básico. Tan brutal fue su hegemonía que fue la Certidumbre (Edad Media) quien le saliera al paso para mitigar la barbarie, aunque con poco éxito. Ya lo habían practicado con los Dioses, en Egipto, en Grecia, pero la llegada del monoteísmo logró aplacarlo a través de un nuevo formato, la Monarquía y su respaldo Divino.
Certidumbre: Gracias a la Complejidad Evolutiva, los humanos estamos premunidos de Memoria Larga y con ello una percepción del Tiempo. De allí nace la angustia por la Muerte y la consecuente necesidad de Certidumbre, tanto en la vida cotidiana como en una promesa cierta de un Cielo junto al creador para quienes creen en ese Dios Protector, sea Yahvé o Allah. A esta necesidad existencial de Certidumbre, hay que agregarle la propia de nuestra naturaleza biológica que nos condiciona a encontrar un Match entre la realidad externa y nuestros sentidos. Así también ocurre con el Match que busca nuestra psique entre la realidad externa y lo que Suponemos. El Suponer a su vez, no olvidemos, está condicionado por nuestras Creencias y por nuestros Miedos.
La Edad Media es, por excelencia, la respuesta más contundente a la necesidad de Certidumbre: El Dogma, una entelequia pacificadora y, de paso, una excelente forma de control y Poder. Hoy, le hemos entregado nuestra Confianza a la tecnología. La rebelión de la Razón vs El Dogma (Humanismo), como resultado del racionalismo, colocó a la Certidumbre como sinónimo de lo Científico y, a partir de allí, la humanidad centró su interés en conocer las Leyes de la Materia (Ciencia/tecnología) y más tarde en las Leyes del Mercado como epítome de la Conveniencia (Negocio).
Conveniencia: La vida en la Dualidad (Biología) nos condiciona a Comparar para elegir la mejor alternativa de sobrevivencia y perpetuación de la especie. En cada decisión humana está presente el “me conviene - no me conviene”, asunto que define nuestra ancestral conducta mercantil, la del intercambio, aquel dónde gano algo. Sublimando la compulsión a ganar con abuso, surge la negociación y el concepto win win. Se establece el Mercado como el ámbito natural del intercambio de productos y servicios. Poco a poco, todo se comercializa, todo se compra y todo se vende, no sólo los bienes materiales sino también los títulos, las famas, la imagen, incluso la confianza. No es extraño entonces el encontrarnos con desbordes naturales del flujo de la conveniencia como ocurre con la corrupción o cadena de conveniencias o con el gangsterismo que ofrece protección a cambio de impuestos. No olvidemos que los populismos intercambian prebendas sociales a cambio de lealtades y votos. Pero, la Conveniencia no sólo se da en el plano social, económico o político. Encontramos este rasgo humano en la vida cotidiana, en la familia, en la pareja, en la vida sexual, en todo. Esta característica de la naturaleza humana puede desencadenar en abuso, que sólo se pueden contrarrestar con una clara noción de la Reciprocidad.
Si a este proceso de elegir por Conveniencia, que toda especie tiene, agregamos la necesidad humana de Certidumbre, tendremos una clara orientación a que el sesgo de Confirmación (Match) ya no sólo actúe en el plano biológico sino también en el psicológico. Es el mecanismo del Suponer o, dicho de otra manera: El Miedo Psicológico.
Hoy, año 2025 D.C., estos tres móviles de la Naturaleza Humana se manifiestan en su nivel más primitivo, el del Pensamiento Excluyente, aunque siempre realizando alianzas tácticas por Conveniencia. En términos de la Política, la Economía, la Religión, este pensamiento excluyente (beligerante) significa un 85% de la población y tienen el control en la toma de decisiones de nuestra especie. Recién, comienza a fortalecerse el Pensamiento Inclusivo, quizás como resultado de una evolución de nuestra especie o quizás por el hartazgo de la intolerancia y la exclusión.
Lo importante es tener claro que esta Naturaleza Humana aún estará presente en un futuro evolucionado, pero lo hará desde una Resignificación del Poder, la Conveniencia, la Certidumbre. De no ser así, tenemos la extinción asegurada, a manos de nuestra propia especie.
Al interior de este triángulo habita el Abuso, como una predisposición de nuestra especie. Este será mayor o menor, pero siempre está presente, a veces solapado, otras en forma grosera y flagrante. En el otro extremo del Abuso está la Confianza y entre medio todas las formas morales, éticas, códigos, para mantener un cierto equilibrio entre nuestra naturaleza y aquello que aspiramos ser como especie.
Significados sobre el Poder, según algunas Creencias.
No siempre coincide el significado del Poder cuando este se vive desde el Poderoso o cuando se experimenta como Súbdito. Al investigar sobre el significado oculto detrás del concepto Poder se nos hace evidente el por qué las sociedades tienen los problemas que tienen. Para algunos encuestados, la Palabra Poder tiene significados como:
Fuerza; Liderazgo; Tenacidad, Capacidad; Autoridad, Audacia, Lucha.
En cambio, para otro grupo de encuestados, los significados son diametralmente diferentes, con una carga emocional negativa:
Autoritarismo; Abuso; Arbitrariedad, Dominio.
Al preguntar a los encuestados el Cómo ejercerían el Poder si lo tuvieran, aparecen otros conceptos:
Protección, Cuidado, Sabiduría.
En cambio, otros lo ejercerían, según dicen, con los atributos mencionados anteriormente: Liderazgo, Autoridad, Fuerza, etc. Y sabemos que algunos, calladamente, lo ejercerían con Autoritarismo, Abuso, etc.
En este intento por definir el Poder, y encontrar el verdadero sentido de tenerlo, la humanidad ha dependido siempre de la voluntad del Poderoso. Algunos se han investido de poderes divinos, otros han puesto su atención en el Legado que dejarían, muchos han profitado del poder con crueldad, pocos han sido los Reyes buenos, protectores de su pueblo, menos aún los Sabios. Propongo entonces que no idealicemos sobre Cómo debiera ser el ejercicio del Poder y pasemos a un enfoque más pragmático y con menos glamour intelectual. Definamos el Poder por negación o por defecto, por lo que no queremos que sea, independientemente de las ideologías.
Sea en Dictaduras o Democracias, el Poder implica jerarquías y liderazgos. En ambos enfoques existe la “representatividad” que legitima al Poder. En las democracias, la representatividad a través de senadores, diputados, gobernadores, alcaldes, que no pocas veces olvidan sus roles de representantes para rendirse a los intereses de los partidos que los llevan al Poder. Más aún, muchas democracias sólo se ejercen el día de las elecciones. En la Dictaduras, la representatividad no radica en los 3 Poderes sino en el Partido Único que se arroga la sabiduría para dirigir los destinos de las masas. En los Fundamentalismos islámicos, el asunto se complica ya que política y religión son un mismo fenómeno, como también lo fue con el cristianismo y la monarquía en la Edad Media.
Esa definición por defecto que nos aleja de las jerarquizaciones tradicionales nos lleva a replantearnos la clasificación de las clases sociales ya que las actuales están referidas principalmente a lo económico, debiendo estar, a mi juicio, más allá de las ideologías, campo dónde se hacen difíciles los acuerdos. Algún día, cuando la Cultura predominante sea Inclusiva, se abrirán nuevas posibilidades y matices para enriquecer el concepto de Poder. Mientras, seamos prácticos.
Ambición y Codicia.
Ambición es desear algo y codicia es querer más aún, de lo mismo.
¿Cuándo la ambición se convierte en codicia? El deseo es sin duda en factor movilizador del desarrollo. Tener metas altas es sinónimo de una buena auto estima, una ausencia de miedos al fracaso y un aprovechamiento de las oportunidades. En el plano de la economía corresponde al Capitalismo. La codicia, por su parte, corresponde al Neoliberalismo. Dado que la naturaleza humana se mueve, entre otras cosas, por la Conveniencia, es obvio pensar que la codicia sólo es posible si no hay sistemas de control y contrapeso, y con ello, se da riendas sueltas al abuso de los demás. ¿Es posible la codicia sin abusar de otro, de su confianza, de sus bienes, de sus territorios? Sin duda, la Ambición y la Codicia están fuertemente condicionadas por la Conveniencia, son grados de lo mismo.
Conveniencia
La segunda característica de la Naturaleza Humana.
Retomando la idea sobre la animalidad omitida en aras de una imagen idealizada del hombre como un Sapiens, destaquemos esta segunda característica que, más allá de cualquier interpretación teórica, es evidente y que ha sido continua y permanente a lo largo de la evolución humana: El Intercambio, que luego derivó en comercio, en mercado, en especulación y que obviamente, como afirma Harari, tiene estrecha relación con el sedentarismo y con la creación del dinero.
En esta cadena de Poder-Sumisión opera el Intercambio-Conveniencia.
“La propensión al intercambio, según Vernon Smith, estaría presente incluso en los ancestros del ser humano. Si los seres humanos y los chimpancés modernos se separaron de nuestro ancestro común hace unos 5 a 6 millones de años, comparten, más que ningún otro primate no humano, una notable sofisticación en su organización social y tienen una notable capacidad para involucrarse en actos de reciprocidad, tanto positiva como negativa. Smith llama “reciprocidad positiva” al acto en que un individuo responde a los bienes o favores que otro le ha transferido previamente. Citando las investigaciones del biólogo holandés Frans de Waal comenta que el número de transferencias de comida entre chimpancés en una dirección se relacionaba positivamente con las transferencias en la dirección opuesta: “si A comparte mucho con B, entonces B, en general, comparte mucho con A, y si A comparte poco con C, entonces C también comparte poco con A”. También “el acicalamiento afecta el compartir posterior: la probabilidad de A de obtener comida de B mejoraba si antes A había acicalado a B durante el día” (De Waal, 1996).
Dice Hayek (1990, p. 55): “La capacidad de aprender es más el fundamento que el logro de nuestra razón o de nuestro entendimiento. El hombre no viene al mundo dotado de sabiduría, racionalidad y bondad: es preciso enseñárselas, debe aprenderlas. No es la moral fruto de la razón, sino que fueron más bien esos procesos de interacción humana propiciadores del correspondiente ordenamiento moral los que facilitaron al hombre la paulatina aparición no sólo de la razón sino también de ese conjunto de facultades con las que solemos asociarla. El hombre devino inteligente porque dispuso previamente de ciertas tradiciones –que ciertamente hay que emplazar entre el instinto y la razón- a las que pudo ajustar su conducta. A su vez, ese conjunto de tradiciones, no derivan de la capacidad humana de racionalizar la realidad, sino de hábitos de respuesta. Más que ayudarle a prever, se limitan a orientarle en cuanto a lo que en determinadas situaciones reales debe o no debe hacer.”
[2] Una vez que salimos de las actividades que son en gran medida (si no completamente) internas de las personas, estrictamente privadas en el sentido real de este término, hay pocos límites ‘naturales’ que puedan lograr de manera convincente un acuerdo general”.
“En ausencia de fronteras ‘naturales’ entre individuos, en las actividades que puedan emprender, surge la necesidad de una estructura definitoria, una imputación entre personas que, en sí misma, debe ser arbitraria”. (Buchanan 2009, p. 27).
Comenta Vernon Smith (2004, p. 124): “La clave para entender nuestra vieja “propensión al trueque e intercambio” se encuentra, creo, en nuestra capacidad para la reciprocidad, que fue seleccionada evolucionariamente y que constituye la base del intercambio social, mucho antes que hubiera comercio en el sentido económico convencional. Todos los humanos, en todas las culturas, intercambian favores. Aunque la forma en que se expresa culturalmente la reciprocidad es infinitamente variable, desde un punto de vista funcional, la reciprocidad es universal. Hacemos cosas beneficiosas para nuestros amigos e implícitamente esperamos que nuestros amigos hagan cosas beneficiosas para nosotros. Es más, esta condición define esencialmente la diferencia entre amigos y enemigos. Evitamos relacionarnos con aquellos que no reciprocan. Tú me invitas a comer y dos meses después yo te invito a comer. Te presto mi auto cuando el tuyo está en el garage y luego tú me ofreces tus entradas para el fútbol cuando estás de viaje. Las amistades no necesariamente están conscientes de “llevar cuentas” de sus reciprocidades mutuas y el hecho que estemos en una relación de intercambio es tan natural como inconsciente, por lo que, en la práctica, la damos por sentada. Sin embargo, una vez que dos amigos toman conciencia de una asimetría en la reciprocidad, la amistad se ve amenazada. Más aún, a las personas que persistentemente tienen problemas en establecer o mantener amistades se les califica de sociópatas subclínicos (personalidad antisocial), que no poseen la capacidad inconsciente y la intuición para la reciprocidad”.
Toda la actividad humana está atravesada por un permanente e incesante intercambio, a veces de cosas, otras, de ideas, de influencias, de favores, de sueños. En el intercambio se da el supuesto que ambas partes involucradas obtendrán algo que necesitan, desean o les conviene. El Intercambio nos convierte a todos en Intermediarios, aquellos que estamos entre el origen y el destino de algún producto.
La Ofrenda
No es ni más ni menos que una intentona de intercambio de favores. Ofrezco un determinado sacrificio a cambio de alguna bendición divina, un perdón, un futuro de abundancia, entre muchas posibles negociaciones a partir de una Ofrenda deseable. En otras épocas, el “te ofrezco mi virginidad” era muy eficaz para garantizar compromisos y obtener la reciprocidad y aceptación al interior de un núcleo familiar. La más extrema de las ofrendas ha sido la del sacrificio humano.
Unos más, otros menos, algunos conscientemente, otros llenos de buenas justificaciones, actuamos por conveniencia. Vivimos permanentemente evaluando pros y contras o cómo aprovechar oportunidades. Sin duda, este ha sido uno de los factores que han contribuido a colocarnos como la especie dominante. Sin embargo, culturalmente es muy mal visto que alguien actúe por conveniencia, por interés. Aquello atentaría contra nuestra auto imagen humana de generosos, espontáneos, virtuosos. La conveniencia, el cálculo, se disimula, se esconde, tras evaluaciones racionales de ventajas y desventajas, parapetados en metodologías FODA.
La conveniencia opera, no sólo en el ámbito de la economía o de la política, opera siempre, en cada detalle de nuestra intimidad, en forma silenciosa y camuflada.
Puedo imaginar la oferta que me hace el mundo, la cultura, la sociedad, puedo evaluar cada alternativa y proyectarme en un futuro, simulando, viviéndolo mentalmente, puedo constatar si me agrada o lo rechazo, en definitiva, esto parece la mejor descripción sobre nuestra capacidad de elegir. Habría que matizar eso de elegir libremente, observando el cómo las multitudes son manipuladas con ofertas mentirosas pero cargadas de chantilly y frambuesas. Si la mayoría elige libremente a su abusador, ¡qué tan libres somos al elegir!!!
Intuyendo que el abuso flagrante podría estropear los negocios, los mercaderes intentaban equilibrar las necesidades de las partes en negociación. Era el concepto win win que sabiamente operaba entre mercaderes profesionales, conscientes de no matar a la gallina de los huevos de oro. Hoy, es la Paz Social y los índices riesgo país, la garantía para no cometer tal “gallinicidio”.
Pero, cuando se delega esa facultad de negociar entregándole todo el poder al Mercado, comienza la auto fagocitación del sistema. De las llamadas libertades que reclaman quienes controlan el Mercado, precios y especulación, fácilmente se llega a la codicia, al abuso, al neoliberalismo. Concebir el Mercado como un ente independiente de los humanos, con leyes inexorables, como la gravedad, no sólo es estúpido, sino que cínico. Ya instaladas culturalmente estas ideas, sólo queda el manejar esas supuestas leyes para beneficio propio: Acaparamiento, colusión, holdings, monopolios, etc. Y el Miedo a la Carencia en las masas será su mejor cómplice.
Afirmar que la historia humana ha estado marcada por las dinámicas del Poder y de las Conveniencias no es gran novedad, pero afirmar que un nuevo auto relato colectivo debiera incorporar tales conceptos como parte de la Naturaleza Humana es otro asunto. De hecho, si aceptáramos estas dos características como propias de la especie, también podríamos aceptar que de ellas se derivan algunas actitudes humanas que, hoy, se consideran excesos o casos aislados. Obviamente me refiero a la codicia, a la corrupción, al abuso, al autoritarismo y, consecuentemente, podemos inferir que la sumisión también es parte de nuestra naturaleza en tanto entes activos del Poder y la Conveniencia en nuestras vidas privadas e íntimas. Tales conductas de abuso al interior de las familias son ocultadas y encajadas en la creencia de que son hechos aislados y excepcionales, que algún día cambiarán. Los numerosos casos de femicidios demuestran lo contrario, las promesas de cambio que se profesan entre la pareja resultan incumplidas y mucho de eso ocurre porque “conviene” aceptar la sumisión. Sin duda, el o la sumisa sufren la vergüenza en silencio, pero no son capaces de ver una salida a su situación. Están literalmente atrapados por el miedo, la conveniencia o por una bajísima auto estima, y el abusador lo sabe y utiliza para consolidar su dominio.
Aceptar que en nuestra naturaleza humana existen algunas predisposiciones vergonzantes sería deseable, pero no ha ocurrido y menos que éstas sean incorporadas a nuestro auto relato como especie. De su omisión, a calificarlas como actos excepcionales o como resultado de una psicopatía, estas predisposiciones aún no se integran al retrato que los humanos nos pintamos. No es fácil aceptar que tenemos predisposiciones al abuso y que la impunidad juega a su servicio; aceptar que, sin el debido control y supervisión, sea por vía legal o por la moral reinante, la humanidad entraría en una espiral de caos colectivo. No es casualidad que el tema del Orden Social, la Paz Ciudadana sea un tema tan relevante para mantener el control sobre la población que naturalmente se saldría del cauce atentando contra la productividad. No es fácil aceptar que tenemos una predisposición a saltarnos las normas en beneficio propio, a aprovecharnos de la ingenuidad de algunos, de sacar provecho donde otros sufren, no es fácil aceptar esa predisposición a la corrupción, al camino más fácil. Más grave aún es que cada uno de esos actos antisociales, sean pequeños o flagrantes estafas están siempre acompañados de algún buen argumento que opera como atenuante.
Decíamos al comienzo de este texto sobre la Conveniencia que el asunto de la “reciprocidad” es significativo en las relaciones, los vínculos, las lealtades y que, de no ocurrir o de desbalancearse incide en rupturas, desapegos, e incluso en venganzas por traición. El margen de asimetría por reciprocidad tiene un límite, aunque, desgraciadamente, en el ser humano a veces es muy laxo. ¿Cuál es el beneficio que ve una mujer maltratada por su pareja para continuar conviviendo con éste? ¿Hace, aquella mujer, la distinción entre Motivos y Razones para salir de su sufrimiento? La razón que esgrimirá es que lo ama, pero el motivo para permanecer en la relación suele ocultarse u omitirse: La conveniencia. ¿Cómo puede convenirle el ser maltratada? A veces la conveniencia está en el plano psicológico, manifiesta en una necesidad de protección, o en una garantía de no abandono, o en una autoestima baja que impide salir de aquella prisión, pero otras veces la conveniencia está en la necesidad financiera o en la indefensión económica.
¿Amor por conveniencia?
Conveniencia no es sinónimo de un plan maquiavélico, ni de una estrategia fríamente calculada. Cierto es que hay matrimonios por conveniencia y la historia humana ha estado marcada por la negociación, sean dotes, cargos honoríficos, consolidación de alguna estirpe o simplemente para procrear herederos o para incrementar la fuerza laboral del grupo familiar. Recién, a fines del siglo 19, el amor romántico, exclusivo de una elite, es el móvil para emparejarse. No fue hasta el siglo 20 en que masivamente se adoptó como móvil principal para elegir pareja. Incluso en ese escenario donde supuestamente no existe la conveniencia, tampoco se deja todo en manos de ese sentimiento: Se realizan dos contratos, por lo civil y por la iglesia, a fin de garantizar la unión y asegurar su mantención en las buenas y en las malas hasta que la muerte los separe. ¿Por qué un contrato? Quizás sea una necesidad de Certidumbre. En mi libro “La brújula del Amor” hago una clara diferenciación entre la Necesidad de sentirse amado y la Compulsión por Amar a un otro. Es decir, qué espero recibir y qué quiero dar. En cada uno de estos dos ámbitos, identifico varios componentes que deben ser satisfechos. En definitiva, la palabra “amor” es el resumen de varias expectativas que provienen, tanto del eneatipo o tipología de personalidad (9) y su necesidad de mitigar el Dolor Basal, como de las Creencias y también de la influencia de la cultura.
No tenga ninguna duda de que, inconsciente o conscientemente, los humanos hacemos cálculos de conveniencia, evaluamos y concluimos. A veces lo hacemos en nombre del amor, otras del inteligente aprovechamiento de oportunidades y otras tantas, desde la necesidad de protección, afecto, compañía. Tampoco dude que detrás de estas “elecciones” siempre hay algún Miedo, como lo explicito en “La enfermedad del Miedo” / Amazon 2021.
Certidumbre
La tercera característica de la Naturaleza Humana.
Poder y Conveniencia, son dos directrices de la historia humana. Sin embargo, ninguna de las dos podría subsistir sin una tercera característica de la naturaleza humana. La necesidad de Certidumbre. El Poder y la Conveniencia podemos observarlo en muchas especies, no en todas, pero el fenómeno de la Certidumbre es exclusivo de los humanos. Tal característica se deriva de uno de los avances evolutivos que alcanzó nuestra especie, la llamada Memoria Larga. Esta memoria de amplio espectro nos posibilita una consciencia del Tiempo lejano, nos pone cara a cara con el Futuro. La muerte, el más allá, la vida eterna, la rencarnación, la resurrección de los muertos, que son la materia prima de religiones y filosofías. La angustia existencial sólo es posible si somos conscientes de la muerte y si tenemos consciencia del transcurrir del tiempo o de la vida que nos enrostra el sinsentido de esta. No es casualidad que una mayoría de la humanidad prefiera llenarse de metas por alcanzar a fin de obviar así el desafío de diseñar un Propósito para sus vidas. Es sin duda una forma de trampearle al tiempo, mitigando la angustia existencial. Pero, más allá de esta angustia existencial ocultada por metas y deberes, nos encontramos con una necesidad de Certidumbre, una necesidad de aquietar la vorágine del tiempo, de fijar lo mutable, de controlar los flujos, de retener lo logrado y perpetuarlo, como lo hacen algunos para manejar el proceso natural de envejecimientos con vanos intentos de camuflar, ocultar, lo inexorable. Nuestra cultura humana ha optado por “congelar” el Tiempo en torno a Mitos, Relatos religiosos, ideologías, utopías, cosmovisiones que logren explicar la inasible mutación permanente a la que nos llama el paso del tiempo y de la evolución. Son pocas las corrientes filosóficas que nos invitan a aceptar la inmanencia como parte natural del existir y, consecuentemente nos invitan a vivir en el Presente como la única Certidumbre, como el mejor antídoto contra el futuro, naturalmente incierto.
En el plano de la filosofía, la incertidumbre es un tema recurrente que nos ha convocado, tanto desde el Nihilismo como también desde el Existencialismo. Las utopías nos han prometido un futuro inalcanzable pero esperanzador. Las religiones nos han ofrecido un premio de vida eterna a cambio de obediencia o sumisión. Pero ninguna de estas propuestas es un capricho ideológico. Todas ellas se basan en la necesidad humana de Certidumbre y no olvidemos que cada vez que mencionamos el concepto de Incertidumbre estamos hablando del Miedo, uno de los muchos miedos que nos asolan.
En el plano de la economía, la necesidad de certidumbre es transversal a todos los sectores sociales. Al empresario le aterra la incertidumbre de los mercados, la volatilidad de la moneda y las acciones como también la incertidumbre política que amenaza el cambio de las reglas del juego en los Impuestos o al incentivo a la inversión con el menor riesgo posible. Los índices de riesgo-país son los semáforos para los inversionistas internacionales. Por tanto, la incertidumbre en los mercados y la incertidumbre ante un estallido social que descontrole la economía, son motivo de pánico. En algunos casos, a fin de evitar tales amenazas, recurren al control político, judicial y militar para asegurar un escenario sin incertidumbre, un espacio controlado. En la otra cara de la moneda, la incertidumbre por llegar a fin de mes, la siempre potencial amenaza de despido y desamparo hacen estragos en la auto estima de la población que finalmente acepta (no siempre) la sumisión como una forma bastarda de certidumbre.
Ni la predisposición al Poder y la Conveniencia serían posibles si la necesidad de Certidumbre no estuviera de por medio. No es fácil imaginar una sociedad sin este Miedo presente en cada uno de nosotros, no es fácil imaginar una futura civilización donde predomine la Cultura de la Confianza como lo propio de vivir en el Presente versus el vivir temeroso del futuro, en el territorio del suponer al que nos obliga el miedo a lo incierto.
A mi juicio, cualquier diseño nuevo de un auto relato humano, debiera incorporar estas tres predisposiciones de la naturaleza de nuestra especie, con realismo, sin eufemismos, sin pretextos. Deberemos, en consecuencia, diseñar una fórmula que incluya estas realidades a fin de construir una cultura que paso a paso evolucione para disminuir el mal uso del Poder, la Conveniencia y la Certidumbre.
ADVERTENCIA
Si usted no sabe sobre Tipologías de Personalidad, particularmente la del Eneagrama, puede tener alguna dificultad para comprender las siguientes páginas. Sin embargo, no se preocupe.
Como Anexo, en este libro, encontrará una breve capacitación. También podrá informarse en Internet donde hay suficiente material. No es necesario que se transforme en experto de Eneagrama. Sólo es una herramienta. A su vez, por las descripciones y el contexto, usted podrá identificar su Eneatipo y también comprender la clasificación del Eneagrama.
El siguiente gráfico cruza tres factores que, curiosamente, se superponen y nos permiten comprender, tanto algunos ciclos de Creencias dominantes en la historia humana (memes/Colores) como también el encaje con el triángulo NH (Naturaleza Humana) y simultáneamente el poder constatar que la historia de la humanidad ha estado “liderada” por 3 de los 9 Eneatipos, los Ofensivos E8-E3-E1.
Triángulo NH: Poder–Conveniencia–Certidumbre.
Poder: Meme Rojo/ Eneatipo E8Conveniencia: Meme Naranja/ E3Certidumbre: Meme Azul/E1.Los Eneatipos E2-E6-E7 (Adaptativos) se mueven en el círculo sin mayor interés por las puntas del triángulo.
Los Eneatipos E9-E4-E5 (Defensivos) han optado en volcarse hacia adentro, en un intento por alejarse de su propia naturaleza humana. Como ya dijimos, La Naturaleza Humana es previa y natural a la creación de la Personalidad o Eneatipo. Es decir, la Naturaleza Humana se manifiesta siempre en 9 Tipologías de Personalidad (y 27 Subtipos).
Más allá de los “atributos” que configuran un perfil del humano, me pareció necesario ir más allá y descubrir los móviles que los ponen en juego. El Poder, la Conveniencia, y la necesidad de Certidumbre, constituyen ese triángulo que es común a cualquier ser humano, es su naturaleza.
Según el Estudio de la SDI (Espiral Dinámica Integral), la evolución de las sociedades humanas ha pasado por diferentes estadios que aún están presentes en la sociedad actual. En orden cronológico fueron apareciendo y quedándose hasta el presente:
Poder:
El Rojo, Azul y Naranjo, tipos de pensamientos excluyentes. Cada uno de ellos cree tener la razón y denosta a los otros dos. Sin embargo, los tres están relacionados con el Poder, en diferentes formatos:
Rojo: Guerra; (Desde las Invasiones)Azul: Religión; Dogma (Desde la Edad Media)Naranja: Mercado; (Desde la Revolución Industrial / Tecnología)Conveniencia: Lo Mercantil
Rojo: Comercio Colonial; Azul: Burguesía; Ciudades medioevales.Naranja: Capitalismo / Neoliberalismo.Certidumbre:
Rojo: Sumisión (al poder humano)Azul: Obediencia (a la omnipotencia divina)Naranjo: Tecnología (adoración como un nuevo Dios)