El héroe de nuestro tiempo - M. Y. Lérmontov - E-Book

El héroe de nuestro tiempo E-Book

M. Y. Lérmontov

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Beschreibung

El héroe de nuestro tiempo, sin duda una de las obras que más influyó en el desarrollo de la prosa del siglo XIX, es clave en el paso del Romanticismo al Realismo en la literatura rusa. Nos encontramos ante la primera novela psicológica, filosófica y social de la época, que reúne en sí misma todo un compendio de géneros: un diario lírico ("Kniazhná Mary"), un relato filosófico ("El fatalista"), un relato de aventuras ("Tamán"), un relato de viajes (el comienzo de "Bela" y "Maxim Maxímich") y un poema romántico ("Bela"). Y el conjunto, con ciertos rasgos autobiográficos en la figura del protagonista (Pechorin), configura una dura crítica social, revestida de una gran riqueza poética.

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Seitenzahl: 329

Veröffentlichungsjahr: 2009

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Akal / Básica de bolsillo / 185

Serie clásicos de la literatura eslava

Directora de la serie

Gala Arias Rubio

Mijáil Yúrevich Lérmontov

El héroe de nuestro tiempo

Dialéctica del hambre y la mirada

Traducción

Rocío Martínez Torres

Diseño de portada

Sergio Ramírez

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

© Santiago Alba Rico, 2007

© Ediciones Akal, S. A., 2007

para lengua española

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

ISBN: 978-84-460-3670-8

Introducción

El héroe de nuestro tiempoes la primera novela social, psicológica y filosófica de la literatura rusa, a caballo entre el Romanticismo y el Realismo.

Históricamente, tanto la trama de la novela como al autor debemos situarlos en el Imperio ruso del sigloXIX. Y es importante conocer el contexto histórico y social de la época para entender la profundidad de esta magistral novela y del propio Lérmontov.

La rusia zarista del sigloXIX

La historia de Rusia en el sigloXIXes la historia de sus zares, ellos marcaron el rumbo del país y de sus acontecimientos. El siglo se caracteriza por un escaso y lento desarrollo económico e industrial.

Políticamente, se mantenía incólume un Estado absolutista que ejercía una fuerte represión. Económicamente, el país se encontraba en un estado de feudalismo agrario. Las ciudades, aparte de San Petersburgo, Moscú y algunas otras en el sur, estaban poco desarrolladas. El comercio y, sobre todo, la industria, vegetaban. La verdadera base de la economía era la agricultura, de la que vivía el 95 por 100 de la población. Pero la tierra era propiedad del Estado y de los grandes terratenientes. Los campesinos sólo eran los siervos de estos señores, quienes poseían verdaderos feudos heredados de sus antepasados. El nivel cultural era poco elevado, pero conviene señalar un notable contraste entre la población trabajadora, rural y urbana, inculta y miserable, y las clases privilegiadas, cuya educación e instrucción era bastante avanzada. En contraste con la situación interna de Rusia, estaba la expansión imperialista, durante las primeras décadas delxixRusia fue ejerciendo cada vez más influencia en Europa y aumentando su imperio con la anexión de los nuevos territorios del Cáucaso o Polonia entre otros.

Clima político

Alejandro I (1801-1825)

El siglo se abre con la subida al trono de Alejandro I tras el asesinato de su padre, Pablo I. Alejandro participó en la trama, convencido de que sólo se le obligaría a abdicar; la resistencia de Pablo provocó su asesinato y esto marcó a Alejandro durante toda su vida. Los remordimientos y su continua contradicción entre libertad y represión desembocaron en un periodo de misticismo y dura represión al final de su reinado.

Sus primeros años estuvieron marcados por un espíritu liberal que le llevó a rodearse de extranjeros en su gobierno; se llevaron a cabo reformas de leyes liberalizadoras y en la administración; ejemplo de esto fue la creación de la Duma (Parlamento) y un Consejo de Estado. Sin embargo, había una constante y fuerte contradicción entre sus ideas liberales y sus ansias de represión; entre 1816 y 1820 se vieron las últimas intenciones liberalizadoras de Alejandro I, proyectó dar una Constitución a Rusia, concedió la autonomía al reino de Polonia y la emancipación de los siervos en los países bálticos.

Corrió el rumor de esta concesión de privilegios a los territorios anexos al Imperio de los que, sin embargo, no disfrutaba el pueblo ruso, lo cual sólo aumentó el descontento de la población (soldados, campesinos y obreros), que vivía en condiciones de miseria y esclavitud. En 1820 hubo una insurrección en el Regimiento de la Guardia de Semiónovski que fue controlada por la fuerza y provocó que el zar se decantara por la política de represión y el castigo como medio de control. Se crearon colonias militares de deportación en Siberia, se yuguló la libertad de prensa y de enseñanza, el país se cerró a toda influencia de Occidente. Sin embargo, Rusia seguía siendo un gran imperio y, sobre todo, a partir de la victoria sobre Napoleón, su influencia en Europa se vio incrementada.

Nicolás I (1825-1855)

Nicolás I sube al trono tras jurar lealtad a una reforma constitucional.

Aprovechando la situación de revuelo por la sucesión, un grupo de militares formados, que había participado en las campañas europeas durante las guerras napoleónicas, imbuidos de ideas liberales, se niega a jurar lealtad al nuevo zar. Los conspiradores, aprovechando los titubeos de la dinastía, ejecutaron sus proyectos preparados desde hacía tiempo y arrastraron a la rebelión, que estalló en San Petersburgo del 6 al 18 de diciembre, a algunos regimientos de la capital y a oficiales del ejército imperial. Fue el primer movimiento francamente revolucionario, llamado de losdecembristas;sus ideas liberales llegaban hasta la abolición de la servidumbre, en la esfera social, y, en la política, a la instauración de una república o de un régimen monárquico constitucional. En respuesta a la revuelta, el zar ordenó abrir fuego contra todos los sublevados, tanto militares como civiles; la revuelta fue desbaratada tras un breve combate en la plaza del Senado entre los insurrectos y las tropas fieles al gobierno. Nicolás I, muy impresionado por la rebelión, dirigió en persona la investigación, que fue lo más minuciosa posible. Se indagó, se registró hasta descubrir a los más lejanos y platónicos simpatizantes del movimiento. La represión, en su deseo de ser ejemplar, llegó hasta el colmo de la crueldad. Los cinco principales cabecillas perecieron en el patíbulo, mientras centenares de hombres fueron al presidio o exiliados a Siberia.

Efectivamente, su política interior se basó en impedir la difusión de las ideas de la Revolución francesa, para lo cual restableció la policía secreta, omnipresente en todo el Imperio, creó numerosos campos de deportación en Siberia, reprimió toda libertad de expresión, las universidades estaban controladas, todos los intelectuales vigilados por la policía, los libros de texto eran estatales y se impuso la censura en todas las publicaciones.

Este régimen de opresión tuvo que afrontar numerosas sublevaciones tanto internas como externas, entre estas últimas la insurrección de los nacionalistas polacos, que también aplastó con la misma crueldad

Nicolás I inaugura la etapa de mayor expansión imperialista y a la vez de mayor represión interna.

El gigante de los pies de barro

Política exterior

En 1812, con la adición de parte de Transcaucasia, la población no estaba lejos de los 45 millones.

A principios de siglo, al no sentirse amenazado de contagio, el Imperio ruso se apartó de la coalición que se estaba formando contra la Francia revolucionaria. Cuando la Revolución se convierte en Imperio, el zar se aproxima a Napoleón; pero este acercamiento, dictado por razones de política externa, dura poco, y el desastre del ejército del emperador francés en la campaña rusa será decisivo para su derrota final y convertirá al zar en columna de la Santa Alianza y en potencia europea. Sin embargo, la guerra acelera la europeización de la nobleza y las clases medias, y hará mucho más evidente, pese a la victoria, el atraso de Rusia.

Con el nuevo zar, Nicolás, los deseos de expansión no sólo no se detienen, sino que se aceleran. El mantenimiento del orden y el equilibrio europeos será una constante de su política exterior, lo que le llevó al aplastamiento de las revoluciones polaca (1830-1831) y húngara (1848-1849) o a controlar los principados alemanes mediante sobornos, introduciendo agentes secretos o interviniendo directamente con su ejército. Por todo ello pasará a la historia como «el gendarme de Europa»

En la primera mitad del siglo, los territorios del imperio extendían su soberanía hacia Finlandia, el reino de Polonia, los territorios del Cáucaso y toda Siberia, además de ejercer el control del Caspio y su influencia en el norte de Persia. Rusia llegó a conformar un vasto imperio con más de 22 millones de kilómetros cuadrados, con múltiples étnias y diferentes religiones. A mitad de siglo su población sobrepasaba los 120 millones, de los cuales unos cien millones eran campesinos.

La última aventura de Nicolás fue la guerra de Crimea. El zar aprovechó un conflicto ortodoxo en las comunidades de los Balcanes para ocupar los principados turcos del Danubio, esperando la no intervención de Inglaterra. Esta guerra fue para el zar una cruzada en defensa de la religión, una continuidad en su lucha contra las ideas liberales de Occidente y, al producirse el desembarco anglo-francés, una defensa sagrada de la Madre Rusia. Finalmente, Rusia fue derrotada perdiendo influencia en los Balcanes y convirtiéndose así en una potencia de segundo orden.

La guerra de Crimea es la gran derrota de las campañas rusas, y puso de manifiesto las graves deficiencias de la organización social y militar del imperio, demostrando claramente que el atraso del país no sólo era contrario al bienestar del súbdito, sino también a los intereses del imperio. No se podía ganar una guerra moderna con un ejército de siervos, sin ferrocarriles, sin industria, sin capital.

Desarrollo industrial y economía del imperio

La actividad industrial fue perdiendo importancia a lo largo del siglo; si en elXVIIIRusia había sido el primer país productor en metalurgia y minería, hacia mitad delXIXse encontraba ya en el quinto lugar y con tendencia a descender. Las grandes distancias que separaban los centros mineros de las principales ciudades, fueron uno de los grandes inconvenientes y obligaron al gobierno a la construcción de ferrocarriles antes de iniciarse la plena industrialización. Sin embargo, la industria textil tuvo un gran desarrollo desde principios de siglo; en 1817 empleaba al 75 por 100 de los obreros; el algodón fue en todos los aspectos la actividad económica más avanzada, era la única que empleaba, en su mayoría, a obreros libres.

De cualquier forma, las primeras industrias eran un complemento a la economía campesina y únicamente se emprendió una verdadera industrialización a partir de la segunda mitad del siglo. Entre 1861 y 1880 se construyeron catorce mil millas de ferrocarril, lo cual también contribuyó al impulso de la industrialización.

Mientras en el resto de Europa la Revolución industrial iba a marchas forzadas, Rusia se caracterizó por un desarrollo escaso, lento y constantemente interrumpido.

Consecuentemente, su economía estaba muy atrasada, era más habitual el pago en especie y el trueque que el uso del dinero. La economía monetaria se desarrolló a partir de 1861, después de la abolición de la servidumbre.

La economía del imperio se basaba fundamentalmente en la actividad agraria que, sin embargo, a pesar de su gran extensión y la abundante mano de obra, estaba limitada en su producción y difusión por las condiciones climáticas; sólo cuando eran favorables permitían grandes cosechas, sobre todo en el sur. Además, las prácticas de labranza eran arcaicas y aún se dejaban grandes extensiones en barbecho. Las imposiciones señoriales condenaban a los siervos a una pobreza endémica, siéndoles imposible la acumulación de capitales necesarios para introducir la modernización o mejoras técnicas en el campo.

Por otro lado, la necesidad de mantener el imperio a toda costa obligó a Rusia a un proceso de «modernización artificial». La circunstancia de gozar de fama internacional de gran potencia era una enorme ventaja que permitió a los zares seguir sus propios planes sin interferencias extranjeras y consolidar la confianza de la clase política dirigente. Sin embargo, mantener esa fama suponía un coste muy elevado para el imperio. Gran parte del capital del país iba destinado a las campañas militares y, en definitiva, a mantener la imagen de imperio de la Madre Rusia, que eclipsó durante mucho tiempo la precaria situación económica y social del país.

La sociedad del imperio

Una de las características fundamentales de la historia del Imperio ruso es la lentitud de los cambios sociales y la precaria organización social. Seguía existiendo una sociedad casi feudal, estructurada, a grandes rasgos, en tres grupos: el zar y su corte, una incipiente y heterogénea clase media, y la gran masa rural.

En el escalafón más alto, el zar y toda su fastuosa corte, la nobleza, los magnates de la burocracia, de la casta militar y del clero. Era la poderosa minoría, tenían el control absoluto del país, arropados por la omnipresente policía del Estado.

La clase media era escasa, formada por mercaderes, funcionarios, profesionales intelectuales y artesanos. Sin embargo, no era una clase homogénea, no formaba una verdadera burguesía. Así, por ejemplo, los mercaderes, capitalistas, movidos por el dinero, apoyaban a un gobierno que les aseguraba grandes ganancias, y el gobierno se veía beneficiado con un desarrollo mercantil e industrial que beneficiaba directamente al ejército. Por otro lado, los profesionales intelectuales ocupaban una posición de peculiar importancia en la estructura social y política de Rusia; educados en los valores de la Europa contemporánea, familiarizados con las ideas sociales y políticas de su tiempo, los miembros de esta minoría intelectual veían la atrasada economía de su patria, una sociedad injusta y una forma de gobernar brutal. Llenos de generosa compasión por sus compatriotas de los pueblos y factorías, no encontraban, sin embargo, un lenguaje común y adecuado para hablarles. El abismo cultural entre ambas clases era enorme y se prolongó además por la convicción de los zares de que lo más conveniente era mantener en la ignorancia y la incultura a los estratos sociales más bajos.

Y en la base de esta estructura social: los esclavos, los siervos campesinos y la plebe de las ciudades, que conformaban la mayoría de la población, sin derechos, sin noción alguna de vida cívica, y sometidos a una total ignorancia e incultura.

La masa rural

La mayoría de la población estaba en el campo; prácticamente hasta finales del siglo 19, sólo el 13 por 100 de la población rusa vivía en las ciudades y los campesinos representaban el 80 por 100 de la población total.

Dentro de la sociedad agraria, la población campesina se dividía entre los siervos sometidos al dominio de terratenientes particulares y en campesinos estatales, que vivían bajo el control del gobierno, aunque en condiciones menos rigurosas y humillantes. En cuanto a los primeros, el señor tenía derecho de vida y muerte sobre sus siervos. No sólo les hacía trabajar como esclavos, sino que podía también venderlos, castigarlos, martirizarlos e incluso matarlos, casi sin inconveniente alguno para él. Esta servidumbre de 75 millones de esclavos era la base económica del Estado. Los segundos se organizaban en torno a losmir,una comunidad agraria cuyas tierras se poseían y labraban en común. La tierra estaba dividida en parcelas que se asignaban a cada familia en función de su tamaño. Las familias cultivaban las parcelas y pagaban un alto impuesto almir,tras lo cual se quedaban con el resto de beneficios. Elmirera responsable ante el Gobierno del pago de los impuestos de la comunidad. Sus asuntos internos estaban controlados por elSelski Starosta(anciano de la aldea), elegido por los cabeza de familia.

Los campesinos se sublevaban una y otra vez contra sus amos, en numerosas revueltas locales, contra tal o cual señor demasiado despótico a causa del hambre y la miseria que padecían. El gobierno consiguió, empleando astucia y violencia, con ayuda del clero y otros elementos reaccionarios, subyugar a los campesinos de manera completa, incluso psicológicamente, de tal forma que toda rebelión más o menos vasta resultó durante mucho tiempo casi imposible.

La servidumbre era la llaga purulenta del país. Hasta el 19 de febrero de 1861, cuando un decreto imperial de Alejandro II abolió el régimen de servidumbre, podían encontrarse, en la prensa diaria, anuncios como éste: «Se vende muchacho de 25 años, muy apto para todos los trabajos domésticos. Informa el dueño…».

La masa obrera

La tendencia en las fábricas, en el norte, era abandonar la labor servil y emplear mano de obra libre, pero fue muy lenta y afectó a muy pocos trabajadores; en 1812 sólo alrededor de la mitad de los 120 mil trabajadores registrados en las industrias eran libres. En 1830 la algodonera era la única que tenía mayoría de empleados libres.

La situación de los obreros en las ciudades, tanto siervos como libres, era precaria, con una jornada laboral de dieciséis horas y un salario ridículo, cuando lo cobraban, que se veían obligados a gastar en los productos que vendían las tiendas de las propias fábricas a un precio excesivo.

Las huelgas y los disturbios obreros aumentaron proporcionalmente al empleo, pero éste tuvo un lento avance en esta primera mitad de siglo. Durante aún dos generaciones, para la intelectualidad revolucionaria, preocupada como estaba con la servidumbre de las masas campesinas, la agitación de la clase obrera no significó nada.

Los siervos del ejército

La misma situación de precariedad la podíamos encontrar en el ejército. La ya mencionada escasa modernización y la falta de recursos eran sufridas también por los soldados. En su mayoría eran siervos que podían verse obligados por su señor a alistarse en el servicio militar durante 25 años e incluso a ser enviados al campo de batalla; pasaban hambre y sufrían duros castigos.

Una de las más tristemente famosas reformas de Alejandro I fue la institución de las colonias militares, llevada a cabo por su consejero de gobierno, Alexéi Arakcheev. Se pretendía con ellas la integración de regimientos con pueblos de campesinos; esto simplificaría las obligaciones fiscales de los campesinos, las familias se mantendrían unidas, proporcionaría mano de obra en el campo y un ejército que se autoabasteciese. Fue un fracaso desde el principio. La primera experiencia supuso una desastrosa deportación de campesinos; más tarde, en 1917, se comenzó a unir a las tropas con los pueblos existentes, empresa que llegó a afectar, en su punto culminante, a un millón de rusos de todas las edades y sexos. Los aldeanos se veían convertidos en soldados de por vida, sujetos a una disciplina militar, y las tropas tenían que labrar el campo además de sus ejercicios militares; su sistema interno era hereditario, lo que provocó una dura situación en mujeres y niños: estos debían incorporarse al ejército a los ocho años y de por vida; aquéllas llegaron a estar obligadas, bajo multa, al parto anual.

La situación de miseria y explotación de las colonias provocó revueltas militares durante toda su existencia. Una de las primeras estalló en 1819 en Ucrania, en la colonia militar de Chuguev; la revuelta fue suprimida con ejemplar brutalidad, por Arakcheev, y unos 2.000 rebeldes fueron duramente castigados. Una de las últimas tuvo lugar en 1831 durante la epidemia de cólera que azotaba el país desde el año anterior, en la provincia Nóvgorod; la revuelta fue de tal importancia que condicionó la disolución paulatina de las colonias.

Pero el descontento militar no sólo estaba en las colonias, sino también muy cerca de la corte. En octubre de 1820 el Regimiento de la Guardia de Semiónovski, uno de los tres regimientos de infantería de la guardia real, se sublevó; la rebelión se reprimió por la fuerza y el castigo impuesto a los soldados fue brutal. Este hecho marcó un punto de inflexión en la política de Alejandro I, que se volvió muy represiva.

Sólo en la segunda mitad del siglo, cuando se abolió la servidumbre comenzó a cambiar la situación y se introdujeron modificaciones como la introducción del reclutamiento, la mejora el entrenamiento y la enseñanza militar.

La guerra del Cáucaso

No podemos hablar de Lérmontov y El héroe de nuestro tiempo sin aludir a las guerras de Cáucaso, guerras que se inician en el siglo XVIII, cuando Catalina emprende la conquista del Cáucaso y organiza un ejército especial de cosacos a los que se enfrentará el jeque Mansur. La causa de esa contienda fue, en primer lugar, la tierra (la política de toma de tierras fértiles a los montañeses) y, en segundo lugar, la economía: Rusia empezó a cobrar derechos de aduana sobre las mercancías transportadas a través de Chechenia para su beneficio.

La segunda etapa estuvo protagonizada, desde el bando colonial, por el general Ermólov, comandante en jefe del ejército imperial entre 1816 y 1827 –cuya estatua presidió la plaza mayor de Grozni hasta su derribo en 1990–. Y desde el lado checheno, es el imán Shamil el líder de las guerras ruso-caucásicas del siglo xix, que duraron 40 años con interrupciones. En especial las décadas de los años 30 y 40, Rusia estuvo constantemente enzarzada en contiendas, bien combatiendo a los circasianos en el oeste, bien a los chechenos en Daguestán. La contienda del Cáucaso terminó hacia el último cuarto de siglo, Circasia fue pacificada en 1864 y el imán Shamil fue derrotado en 1859. Su figura y la del jeque Mansur revivieron a finales del siglo XX. Sus nombres, recuerdo y legado ideológico fueron utilizados por el general Dzhojar Dudáiev para realizar la llamada «revolución chechena de 1991» tras el derrumbe de la URSS. La respuesta fue la ofensiva del ejército de Borís Yeltsin para aniquilar el movimiento de independencia.

«El pasado vuelve a ser presente, sin que sus amargas lecciones se asimilen.»

Contexto cultural

Rusia era un vasto y prolífico imperio en el que la juventud era numerosa en todas las capas de la población. A excepción de la campesina, sumida en la incultura, la mentalidad general de las jóvenes generaciones, más o menos instruidas, estaba imbuida de ideas avanzadas. Muchos de esos jóvenes habían vivido de cerca la revolución liberal al participar en las campañas militares en Euro­pa y rechazaban la esclavitud de los campesinos y el absolutismo zarista. Se organizaron así sociedades secretas que eludían la censura y donde el estudio del mundo occidental excitó su pensamiento. La primera y más importante de ellas fue la de los decembristas, en la que surgieron dos corrientes; una de ellas proponía la instauración de una constitución dentro de la monarquía y otra, más radical, veía como solución la instauración de la república y el reparto equitativo de tierras; ambas mantuvieron una intensa actividad que culminó con el estallido de la revolución de diciembre, en la que fueron vencidos.

Pero la expansión de las ideas liberales no se detiene tras la revolución decembrista. A pesar de la censura y del férreo control policial ejercido por Nicolás I en las universidades, sobre todo en San Petersburgo y Moscú, la propaganda y difusión de ideas liberales y progresistas son cada vez mayores y de allí surgirán las grandes figuras de la intelligentsia rusa. Todos tienen en común la oposición al régimen zarista y la abolición de la servidumbre, pero su desarrollo a lo largo de los años da lugar a dos posturas diferentes: la eslavófila y la occidentalista. La primera apostaba por una sociedad fundamentada en los postulados de la Iglesia ortodoxa y en la organización comunal del campesinado sin servidumbre, mientras que la segunda veía el desarrollo de Rusia por la vía de las revoluciones liberales de Occidente y por la del capitalismo, y, precisamente, este aspecto es el que provoca dos tendencias entre ellos: una, encabezada por el joven filósofo Stánkevich, en la que se encontraban Guertsen y Belinski, entre otros adeptos a la filosofía alemana; la otra tendencia estaba marcada por las ideas del socialismo utópico, y sus miembros, entre ellos Herzen, se consideraban descendientes de los decembristas. Además, de la intelligentsia, surgirán otras corrientes: hacia mitad de siglo, el nihilismo, término introducido por su mayor representante, Iván Turguéniev, que postula la libertad plena del individuo y muestra el conflicto generacional de la época; éste lo reflejó magistralmente en su novela Padres e hijos.

Todos estos movimientos intelectuales, entre otros, son la base de la literatura del siglo XIX.

Contexto literario

La literatura del siglo XIX constituye el Siglo de Oro de la literatura rusa. Abarca el Romanticismo y el Realismo.

Irrumpe el Romanticismo con gran fuerza en la poesía rusa de la primera mitad del siglo XIX. El camino había sido preparado por Karamzín (1766-1826), escritor, historiador y traductor, reformista de la lengua literaria rusa, que se declara abiertamente en contra del frío raciocinio del Neoclasicismo (que tímidamente se había introducido en Rusia en el siglo XVIII) e introduce el Sentimentalismo y el Prerromanticismo en Rusia. Las grandes influencias europeas son inglesa y alemana, se admiran las obras de Schiller, Walter Scott y Byron. La poesía es la gran protagonista de los primeros años del Romanticismo.

El primer autor en traducir a poetas alemanes e ingleses fue Vasili Zhukovski. Otros grandes poetas aparecen en estos primeros años: Fiódor Tiútchev, Alexéi Jomiakov, Konstantín Aksakov, desarrollan la poesía romántica e introducen el Simbolismo. Destaca también el brillante fabulista en verso Iván Krilov. Sin embargo, la necesidad de contar y expresar que exige el propio Romanticismo lleva al desarrollo de la prosa, que muy pronto come terreno a la poesía. Ya en los años 30 aparecen grandes prosistas, como Mijaíl Zagoskin o Iván Lazhéchnikov, que cultivaron la novela histórica; a su aparición contribuyó en gran medida la obra de Walter Scolt. Zagoskin trabaja la novela histórica como una novela que relata una ficción basada en sucesos reales, a los que trata de dar verosimilitud. Lazhéchnikov le da a sus narraciones un enfoque más psicológico. Otro prosista es Alexánder Veltman, cuyo enfoque es diferente, pero igualmente romántico; escribe relatos históricos desde una perspectiva fantástica, enriquecidos con la introducción del folclore ruso y las bylinas. Tienen también un especial protagonismo en la prosa romántica el terror, lo fantástico, lo misterioso. En este aspecto destaca la figura de Vladímir Odoévski, muy influenciado por el alemán E. T. A. Hoffman, y es, además, quien introduce en el lenguaje literario palabras del lenguaje de la picaresca.

Cabe destacar, principalmente dentro de la prosa, la importancia de las obras críticas. Destacan autores como Nikolai Nadezhdin, Polevói y, sobre todo, Vissarión Belinski con su revolucionaria obra crítica.

No podemos pasar por alto la obra dramática de estos primeros años que también introduce en su temática la crítica social. Destaca la figura de Alexánder Griboédov, escritor en verso, considerado el padre de la comedia nacional rusa; su obra cumbre, en la que se puede apreciar un Romanticismo latente y una mordaz crítica a la aristocracia de la época, es la Desgracia de tener ingenio (1823), que pronto adquiere gran fama y dio lugar a una amplia galería de personajes y frases que se convirtieron en proverbiales, por ser algunos de los más citados de la lengua rusa (una muestra la tenemos en El héroe de nuestro tiempo).

Pero, sin duda, hay dos figuras geniales, que destacan por encima de sus contemporáneos. La más importante es la de Alexánder Pushkin (1799-1837), considerado por todos el padre de la literatura rusa moderna. Fue el verdadero creador del Romanticismo ruso y precursor del Realismo crítico, que dominará la segunda mitad del siglo; es la representación de la imagen del poeta del sigloXIXe incluso delXX, épocas en las que ser poeta era más que un oficio, era un modo de vida, en el que la superioridad lingüística (necesaria para eludir la censura) podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En su caso no fue así; su genialidad fue constantemente vigilada y perseguida, hasta llevarle a la muerte en un duelo provocado, al parecer, por la propia corte. La mayor parte de su obra está escrita en verso; aun así, cultiva magistralmente los tres géneros. Su poesía, de concisa estructura, demuestra ironía, ingenio, inteligencia y una profunda emoción. Además de sus numerosos poemas, entre ellosOda a la libertadoEl prisionero del Cáucaso,escribe su famosa novela en versoEvgueni Oneguin. En cuanto a la prosa, su austero sentido del orden y la armonía dieron como resultado un lúcido y expresivo estilo que tendría una enorme influencia en la prosa rusa posterior; ejemplo de ello esLa hija del capitán. Su dramaturgia, escasa pero magistral, destaca con su drama históricoBorís Godunov.

La otra figura que merece especial atención es la de Nikolai Gógol (1809-1852), que tomó el relevo de su gran amigo Pushkin como prosista y desarrolló su genio como escritor realista. Su obra, entre prooccidental y eslavófila, muestra su deseo de una reforma política y moral de Rusia con una magistral mezcla del humor con el realismo y con elementos fantásticos (sobre todo para eludir la censura). Para Gógol, la novela debe ser la pintura realista de un medio (y no una «historia»). En este aspecto, El capote (1842) es la obra clave de la novela rusa, y Turguéniev dirá más tarde: «Todos hemos salido de El capote de Gógol». Igualmente importantes son, entre otras, sus obras Taras Bulba o Almas muertas (ambas de 1842), novela, esta última, que, al igual que ocurre con el drama de Grivoédov, se ha convertido en proverbial por muchas de sus frases, que se siguen citando hoy día.

A partir de mediados de la década de los 30, la literatura romántica comienza su giro hacia el Realismo crítico. Un claro punto de inflexión lo marcan las ya citadas novelasLa hija del capitán, El héroe de nuestro tiempoyAlmas muertas. Se siguen valorando los ideales románticos de la estimación de la personalidad humana, el conocimiento de las profundidades del alma, el gusto por lo fantástico, lo exótico y lo histórico, pero se ve la necesidad de mostrar al hombre cercano a la tierra y su realidad. Los tiempos no estaban para efusiones personales, sino para reflexiones sobre la condición humana y la sociedad. Se va introduciendo poco a poco la influencia de la escuela naturalista, que se ve reflejada en un nuevo uso del lenguaje, en el gusto por reflejar el lado «sucio» de la realidad (el polvo, la suciedad, los callejones) y la fisiología de la vida diaria (beber, fumar, comer). Hacia finales de la década de los 40 el Romanticismo toca a su fin.

No debemos pasar por alto otra actividad de gran importancia a lo largo de todo el siglo: la de las revistas políticas y literarias, que desde los primeros años surgen y desaparecen a un ritmo vertiginoso; muchos son los autores que editan estas revistas y publican sus obras en ellas:El mensajero de Europa(Karamzin),La estrella polar(Rileiev),El contemporáneo(Pushkin), donde fueron publicadas muchas obras, no sólo de Pushkin, también de Gógol, y, algo más tarde,El telégrafo de Moscú(1825, Polevói),El telescopio(Nadezhdin),Anales de la patria(1820, Svinin), donde se publicaron muchas obras de Lérmontov, etcétera.

Mijaíl Yúrevich Lérmontov

Después de la muerte de Pushkin, llorada por todo el pueblo ruso, se difundieron las copias de unos magníficos versos anónimos titulados La muerte del poeta, en los que, además de pedir un castigo ejemplar para el asesino, enaltecían al difunto y fustigaban a la alta sociedad, moralmente responsable de su muerte. Pronto se conoció al autor, un joven oficial de la guardia imperial, Lérmontov, que alcanzó así rápidamente la celebridad.

Mijaíl Lérmontov nació el 15 de octubre de 1814, en Moscú. Murió de forma trágicamente predestinada el 27 de julio de 1841 en un duelo a los pies de su adorado monte Mashuk, en el Cáucaso.

Su infancia marcó su carácter y su vida

Pocos meses después de nacer la familia se trasladó a Tarjany, a la propiedad de su abuela materna; su madre murió cuando él tenía tres años; su recuerdo imborrable le inspiraría su famosa poesíaEl ángel. Por línea paterna era de origen escocés, descendía de Gueorg Lermont, un oficial escocés que había sido hecho prisionero por las tropas rusas en 1613 durante la guerra contra Polonia; en esas mismas guerras murió, en 1634, pero ya se había afincado en Rusia, rusificó su apellido y la corona le otorgó una propiedad, gracias a lo cual su hijo obtuvo título nobiliario que después heredó Mijaíl Lérmontov. Tras muchos desacuerdos entre su abuela y su padre, éste abandonó el hogar; intentó llevar a su hijo consigo, pero la abuela pronto le persuadió, pues ella podía ofrecerle al chico una educación que su padre no podía permitirse; aquel drama entristeció la adolescencia del pequeño y quedó reflejado, más tarde, enGente y pasionesyUn hombre extraño. Desde entonces Lérmontov vio a su padre en contadas ocasiones, algo más cuando estudiaba en Moscú; las veces que se encontraban, el joven le entregaba muchos de sus dibujos y poemas.

El pequeño quedó al cuidado de su abuela, Elizaveta A. Arséneva. Ella era hija de un rico terrateniente, Alexéi Stolipin, famoso en su tiempo por ser el fundador de un teatro junto con sus siervos; era un hombre de fuerte carácter que también inculcó a sus hijos, dos de los cuales participaron en el movimiento decembrista. Este ambiente familiar fue en el que se crió Lérmontov. Se educó en casa, pues ésa era la costumbre entre la gente adinerada, pero no estaba solo: vivían y se educaban con él otros niños, parientes y vecinos de Tarjany. Recibió una exquisita educación; desde muy joven aprendió a amar la naturaleza, conoció el folclore de su patria (canciones, bylinas y cuentos populares), aprendió a pintar, a tocar el piano y el violín, y a recitar poesía; aprendió a hablar perfectamente, francés y alemán.

Igualmente influyentes en la formación de Lérmontov fueron sus viajes al Cáucaso; desde pequeño tuvo problemas de salud y su abuela lo llevaba a los baños termales de Piatigorsk. El pequeño esperaba ansiosamente estos viajes, duraban unas semanas y se hospedaban en la propiedad que una hermana de su abuela tenía a orillas del río Terek, junto a una aldea cosaca. Allí, el pequeño tomó contacto con la realidad del Cáucaso: la vida de los oficiales rusos, los ataques de los guerrilleros a los cosacos, la valentía de sus pueblos montañeses y su ansia de libertad, asistió a fiestas, conoció sus costumbres, bailes y canciones, y también conoció el amor; él mismo lo escribió más tarde (1830) en su diario: «¿Quién podría creer que yo ya conocía el amor a mis diez años de edad?».

Sus años en la capital

En otoño de 1828 se trasladaron a Moscú y allí ingresó en el cuarto curso del pensionado universitario, una escuela universitaria, de seis cursos, de las mejores consideradas del país. Aquí recibe formación en ciencias humanitarias y comienza su obra poética. Era un chico muy estudioso y leía mucho; conocía muy bien la poesía rusa y admiraba a Pushkin, a quien siguió durante toda su vida; pero también conoció la obra de autores extranjeros: Lessing, Schiller, Goethe, V. Hugo, Rousseau, Byron, W. Scott o Shakespeare, a quienes leía en su lengua original. Muy pronto se dio cuenta de que la poesía era su vocación y comenzó a trabajar en ello, han llegado hasta nosotros poemas que escribió con catorce años; que forman parte de un grupo de poemas de estilo byroniano: Dos hermanos, Oleg, Circasianos, Las tribus del Cáucaso. En 1829 comienza su poema El demonio, en el que trabajará durante toda su vida. En 1830, en la revista Atenea, del pensionado, se publica su poesía Primavera.

Ese mismo año ingresa en la Universidad de Moscú. Durante dos años llevó una vida universitaria muy activa: estudiaba, escribía, acudía al teatro, a fiestas, participaba en numerosas reuniones donde un círculo de amigos, entre ellos Belinski, expresaba sus pensamientos, Lérmontov hablaba de sus trabajos y leía sus poesías, era admirado por todos. De estos dos años son obras dramáticas: Un hombre extraño y Las pasiones y los hombres, ambas tratan el tema de la vida y los sentimientos en Rusia, y Los españoles –al igual que el tema del Cáucaso, el de España estuvo presente también en su obra, aunque más en su pintura, como veremos.

Traslado a San Petersburgo

Lérmontov se vio obligado a abandonar Moscú y continuar su formación en San Petersburgo; ingresó en la Escuela de Cadetes y fueron sus peores años como estudiante. Estaba prohibido leer literatura; sin embargo, a escondidas seguía leyendo y escribiendo: comienza a trabajar en su novela Vadim, en la que rememora sus años en Tarjany y describe la lucha de campesinos contra el régimen de servidumbre; la novela quedó inconclusa.

En 1834 termina la Escuela de Cadetes, con el rango de subteniente del Regimiento de Húsares de la Guardia imperial, sirviendo en el real sitio de Tsarkóe Seló. Allí tuvo la oportunidad de asistir a reuniones de la nobleza que, aunque no le gustaran especialmente, le inspiraron en la composición de su drama en verso El baile de máscaras (1835), donde revelaba muchos secretos de la alta sociedad que había conocido. Por primera vez quiso que la obra fuera representada en el Teatro Alexánderinski, pero la censura no se lo permitió.

Pronto comenzará su fama literaria en San Petersburgo y, con ella, su persecución.

En 1837 fue arrestado a causa de unos poemas «no permitidos». Durante su arresto siguió componiendo: El prisionero, Deseo, Oración. Unos meses después fue enviado al Cáucaso; allí entabló relación con mucha gente interesante, lo que le permitió observar los rasgos sociales y psicológicos de su generación y estudiarlos desde un punto de vista histórico, y conocer los pormenores de las campañas rusas de 1812, que relató en Borodino. Con esta obra Lérmontov fue el primero en escribir sobre la guerra desde el punto de vista de un soldado; la publicó, con su firma, por primera vez en la revista de Pushkin El contemporáneo. Ese mismo año muere el genial poeta y eso cambiará la vida de Lérmontov; su inmediata reacción es La muerte del poeta, donde denuncia el crimen; y, en menos de un mes, es enviado al Cáucaso, al Regimiento de Dragones, a luchar en primera línea contra los montañeses. Durante ese destierro conoció en profundidad el Cáucaso y su mente se llenó de ideas para nuevas creaciones: el poema Mtsiri, El héroe de nuestro tiempo, una nueva versión de El demonio, El cantar del zar Iván Vasílevich…, El Terek, Pensamiento o El poeta, entre otros. Gracias a las diligencias de su abuela regresa a San Petersburgo al año siguiente y son publicados muchos de estos poemas en la revista Anales de la patria.

Su fama va en aumento. En 1840 se publica la primera edición de El héroe de nuestro tiempo y una recopilación de su obra: Poesías; ambas tuvieron un gran éxito. Pero pronto vuelve a ser enviado al Cáucaso por su participación en un duelo; hasta febrero de 1841, que recibe dos meses de vacaciones, no vuelve a San Petersburgo.

Su último año

El 41 fue, para Lérmontov, un año de sueños y esperanzas truncadas. Durante su estancia en San Petersburgo siguió escribiendo y tenía grandes planes para nuevas composiciones, deseaba fundar su propia revista literaria, esperaba que la influencia de su abuela le permitiera quedarse allí o volver pronto, pero en abril recibió la orden de incorporarse a su regimiento de inmediato. De vuelta al Cáucaso, se detiene en el balneario de Piatigorsk, aquejado de su salud; se le autoriza a seguir allí su tratamiento y se alimentan, así, sus esperanzas de volver. Pero en el balneario había muchos aristócratas a favor del zar, que conocían la fama de Lérmontov y le profesaban una gran antipatía; urdieron una trama para provocar que alguno de los oficiales le retara a un duelo, y finalmente lo consiguieron con un compañero de su Escuela de Cadetes, Martínov. El pretexto fue que Lérmontov había ofendido a éste con el dibujo de unas caricaturas. El 15 de julio de 1841, a las siete de la tarde, a los pies del Mashuk, Lérmontov hizo el primer disparo al aire, esperando que su contrincante, conforme a las normas, no pudiera disparar, pero Martínov apuntó y le asestó una bala en el pecho; no había ningún médico presente, ni posibilidad de trasladarle con urgencia a Piatigorsk. En su agonía estalló una terrible tormenta y todos volvieron a la ciudad, excepto su pariente y amigo Alexéi Stolipin, que le acompañó hasta su último aliento. Fue enterrado dos días después en el cementerio de Piatigorsk; no hubo funeral ni oficios religiosos. Su abuela Elizaveta consiguió la autorización del zar para trasladar su cuerpo a Tarjany y fue enterrado en el cementerio familiar el 23 de abril de 1842.

Lérmontov pintor

Menos conocida, pero, no por ello, menos brillante y extensa, es la creación pictórica de Lérmontov.

Desde muy niño, en Tarjany, como aseguraba Raévski, ya se inició en este arte, pero sus primeras lecciones las recibió en el pensionado de Moscú a manos de su profesor Solonitski y, más tarde, con el pintor Zabolotski.

Aunque muchos de sus trabajos se han perdido, se ha podido reunir una extensa colección con más de trescientos dibujos (bocetos, apuntes…), más de una decena de óleos y más de cincuenta acuarelas. Su espíritu romántico y realista se ve también reflejado en sus dibujos y pinturas, que rebosan expresividad y colorido.

Cultiva no sólo distintas técnicas: la acuarela, el óleo, el dibujo, la caricatura e incluso la litografía, sino también distintos géneros:

Hace numerosos retratos, en dibujo y acuarela, de personas de su círculo; retrata, por ejemplo, a su pariente y amigo Alexéi Stolipin, a Raévski y realiza un autorretrato (1837-1838).

Realiza escenas costumbristas, inspiradas por sus viajes: obras como LezguinkaoEscena de la vida militar reflejan con una gran cercanía la vida y costumbres del Cáucaso. Dibuja muchas troikas, que fueron siempre su medio de transporte, y sus caballos, a los que describe igual que pinta: briosos al galope, enérgicos, hermosos. Podemos comprobarlo en obras como Circasiano con el caballooCorcel.

El tema de la guerra, sus dibujos y pinturas de batallas, persecuciones, tienen una gran fuerza y expresividad; el movimiento es magistralmente reflejado a través de las figuras humanas y de los caballos: Escaramuza en las montañas de Daguestán o La batalla del Valerik en acuarela.