El hilo de la vida - Ramon Prat Pons - E-Book

El hilo de la vida E-Book

Ramon Prat Pons

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Beschreibung

El hilo de la vida quiere ser un instrumento para ayudar a encontrar sentido a la vida diaria en un momento en que esta cuestión se ha convertido en central para nuestra sociedad. Basada en el itinerario vital de quince hombres y mujeres de edades diferentes y extracción social diversa, la obra muestra cómo las personas, en medio de la complejidad y las dificultades, van caminando hacia su autorealización. Este libro, escrito con voluntad de colaboración y servicio, pretende ser una reflexión sobre la libertad y la experiencia de la persona hacia el sentido y la fe.

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Seitenzahl: 419

Veröffentlichungsjahr: 2009

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EL HILO DE LA VIDA

Quince imágenes de libertad

RamónPrat i Pons

Traducción de Francesc Gamissans i Anglada

Título de la edición original en catalán:

El fil de la vida. Quinze imatges de llibertat

© Pagès Editors, S.L., 2002

© de la traducción: Francesc Gamissans Anglada, o.f.m.

Revisión y corrección de estilo: Joaquín Recasens Murillo, o.f.m.

© Editorial Milenio, 2009

Editorial Milenio

Sant Salvador, 8-25005 Lleida (España)

www.edmilenio.com

[email protected]

Ilustración portada: Mercè Trepat

Primera edición: octubre de 2003

Esta edición corresponde a los contenidos de la primera edición en formato papel, de octubre de 2003

ISBN: 978-84-9743-326-6

A Lolita, mi hermana, testimonio de fe

en la búsqueda del «hilo de la vida.»

Índice

Nota del autor a la edición castellana

Introducción

Primera parte: Imágenes humanas de libertad

Plan general de la obra

Imágenes

1. José, la búsqueda de la verdad

2. Ana, la ternura del perdón

3. Carlos, la fuerza de la esperanza

4. Pilar, la búsqueda humilde del sentido

5. Antonio, el camino de la luz

6. María, la fuerza de la debilidad

7. M. Luisa, libertad para amar

8. Miguel, el descubrimiento de la humildad

9. Marta, el peregrinaje hacia el sentido

10. Jaime, la madurez de la libertad

11. Clara, la fortaleza de la serenidad

12. Lucas, la transformación del dolor en sentido

13. Juan, la contemplación del misterio de la vida

14. Sisco, la ética del compromiso político

15. Pau, la sabiduría de la humildad

Segunda parte: El aire de la vida

Preámbulo

Capítulo I La alternativa

1. Retos y signos de esperanza

2. Unidad interior y libertad

3. Conciencia y solidaridad

4. Utopía y fe

Capítulo II La libertad del ser humano

1. Análisis histórico

2. Las «fugas» de la libertad

3. La libertad de la persona

4. La actividad espontánea

5. Amor y trabajo, respuesta al problema de la existencia

6. Fromm y la antropología cristiana

Capítulo III La dignidad de la persona

1. Los retos a la persona, sociedad e historia

2. Reflexión antropológica y teológica

3. Abierta la hipótesis multidimensional

Capítol IV La socialización de la fe

1. Los retos de la fe

2. Principios y criterios de referencia

3. Directrices operativas

Conclusión: El hilo conductor de la vida

Anexo Esbozo de manifiesto de la libertad humana y del sentido

Constatamos:

Denunciamos:

Anunciamos:

Sugerimos:

Nota del autor a la edición castellana

Lapublicación del libro en catalán, El hilo de la vida. Quince imágenes humanas de libertad —con dos ediciones: mayo y octubre de 2002—, tuvo una buena aceptación por parte del público, de manera que, al cabo de pocos meses, apareció la segunda edición. La razón de esta aceptación hay que buscarla, especialmente, en la primera parte que, tal como indica el subtítulo del libro, presenta quince historias reales de vida. Se trata de quince mujeres y hombres que narran sus experiencias sobre la búsqueda del sentido de la vida. Excepto las dos últimas que, como verá el lector y por razones obvias, aparecen por su propio nombre, el resto de las historias son anónimas. Estas narraciones son una muestra de otras historias de vida que podría haber escogido para su publicación; sin embargo, creí que las quince presentadas son suficientes para situar al lector ante una realidad humana diversa, amplia y abierta.

Aunque las historias son narraciones de personas concretas, que pertenecen a un tiempo y a un espacio determinados, pueden representar simbólicamente, por su diversidad, a gente normal y corriente del entorno del lector. Basta abrir los ojos a la realidad humana diaria para descubrir la gran diversidad pero, también, la gran semejanza en los comportamientos hu-manos.

A partir de estas narraciones, el libro reflexiona sobre algunas de las claves de la comprensión del sentido de la vida: la libertad, el misterio interior del ser y la búsqueda del sentido trascendente. Estas claves y el manifiesto del epílogo del libro, pretenden ser una invitación a otear hacia el futuro sin miedo, con realismo y con esperanza.

Agradezco sinceramente la gran labor realizada por los traductores del libro, Francesc Gamissans y Joaquín Recasens, franciscanos, porque no se han limitado a realizar una versión precisa y literal del texto, sino que han logrado traducir mi pensamiento.

Lleida, 6 de agosto de 2003

Introducción[1]

La vida humana es una realidad sorprendente que a menudo genera un doble sentimiento: la admiración y la indignación. Por un lado, nos ofrece la posibilidad de gozar de experiencias agradables, y por otro, nos depara situaciones difíciles e incluso insoportables. Cuando la persona experimenta la dimensión positiva y agradable de la vida todo parece más fácil y se aprecia el vivir con intensidad y pasión. De manera inversa, cuando debemos hacer frente a conflictos y situaciones difíciles o imposibles, llegamos a pensar que no vale la pena haber nacido.

Esta es la contradicción básica de la existencia humana. Normalmente, las personas vivimos de forma rutinaria: no somos conscientes de la doble vertiente de la vida, y nos instalamos, o lo que es lo mismo nos acomodamos al orden establecido; quedamos presos de la rutina, de la comodidad y de la negligencia, carentes de esfuerzo y, en definitiva, dejamos de buscar la verdad, de ser solidarios y de luchar por llevar a cabo las propias convicciones. Entonces, cuando alguien lo plantea de forma clara y sin empaques —porque la vida apremia— experimentamos que por naturaleza somos seres pobres y limitados.

Todos comprobamos la doble vertiente. Por eso es fácil comprender que todos, sin excepción, necesitamos recursos externos e internos para hacer frente a la realidad de la vida cotidiana a partir de la libertad personal y de la solidaridad comunitaria.[2] Pero, dado que con frecuencia no disponemos ni sabemos usar estos recursos, se comprende la pose triste e incluso de angustia que a veces refleja en la expresión corporal y espiritual de la gente de nuestro tiempo. Ese ambiente nos lleva a la pregunta sobre el sentido de la libertad y, en definitiva, del sentido real de la existencia.

Hay muchas maneras de evadir esta interpelación central de la existencia sobre el sentido de la vida. Son formas que se refieren a la libertad de la persona y a la justicia en el mundo. Lo analizo en uno de los capítulos del libro: «La libertad del ser humano.»Estas fugas son maneras muy distintas de retrasar la pregunta por la libertad y el sentido de la vida. Sin embargo, tarde o temprano, cuando la vida nos pone delante de situaciones límite, que no permiten aludir la responsabilidad de vivir ni el compromiso de dar respuesta a los retos de la vida, esta huida de la realidad es una actitud imposible, y se acaba por experimentar la pobreza básica de la existencia.[3]

Esta carencia se manifiesta de muchas formas, en especial en situaciones ante las cuales experimentamos personal y realmente la fractura del sentido de la vida.[4] Es el rompimiento del sentido que hasta entonces habíamos creído que podíamos controlar. La contradicción entre el gozo de experimentar la vida con una posibilidad abierta a la libertad, la justicia y el amor, y el dolor de experimentar la ruptura del sentido y tener que soportar «la pena de vivir»,[5] afecta no sólo individualmente, sino también a la sociedad en sus diversos ambientes y en sus estructuras. En otras palabras: afecta al microcosmos del quehacer diario y al conjunto de la existencia humana. La interrelación entre el individuo y la sociedad es dialéctica: la persona concreta, mediante su actuación, genera en su entorno un ambiente positivo o negativo para los demás y para la sociedad en su conjunto, al mismo tiempo, el ambiente que rodea al individuo le ofrece un camino llano, complicado o imposible, para triunfar ante las dificultades y los desafíos de la vida.

Así mismo, persona y ambiente viven condicionados por las estructuras sociales, resultado del dinamismo global de la humanidad. Esta mundialización se manifiesta de forma patente y desde tiempo en las dimensiones económica y política, como afecta también cada vez más en los aspectos social, cultural, afectivo, filosófico y religioso del ser humano, a pesar de que sea de forma sutil. De hecho, el marco económico y político de la existencia no puede separarse de las restantes dimensiones humanas. En este milenio, la tensión de la guerra fría del siglo xx ha dado paso a una sociedad occidental edificada en un modelo de consumo que, junto a sus beneficios materiales, está consumiendo algunas de las necesidades humanas más básicas, especialmente, la comunicación y el sentido de la vida.[6]

Ante esta contradicción de la existencia, emergen muchas preguntas. Entre otras cuestiones básicas, surgen unos interrogantes que se dirigen directamente al corazón de la persona en el escenario de la vida cotidiana y de su existencia global: ¿Cuál es el hilo conductor de la vida? ¿Tiene sentido la vida?, en caso afirmativo ¿cuál es? ¿Existe la libertad humana? ¿Libertad para qué?[7] A lo largo de la historia de la humanidad, muchos pensadores se han planteado estas preguntas básicas. Las respuestas teóricas y prácticas están recogidas en la historia de los movimientos sociales, de la filosofía y de la teología. Visto en su conjunto, la humanidad ha hecho un inmenso esfuerzo para buscar y encontrar tal sentido. Hay épocas muy activas que han significado un avance, otras, más pasivas, que han aportado escasos elementos para superar las dificultades y dar una respuesta a las necesidades del individuo y de la sociedad. Es preciso añadir también que han habido otras épocas en que la humanidad ha realizado un esfuerzo para avanzar, pero ha persistido en ellas un bloqueo tal, que los esfuerzos de superación no han encontrado una adecuada respuesta a la búsqueda y necesidad de cambio.

Esta última época es la nuestra. Hubo un tiempo de búsqueda de nuevas posibilidades, pero a la vez un tiempo de bloqueo del dinamismo interno de la humanidad y del pensamiento positivo. Es preciso reconocer que nuestra sociedad ha mantenido un avance extraordinario en el dominio de la ciencia y de la técnica. Aun así no ha significado un avance firme para construir una sociedad edificada en la justicia, ni un progreso en la humanización de la convivencia, ni un crecimiento en el gozo de vivir. Para formularlo de una manera más sencilla, podemos afirmar que Occidente está en el camino de superar muchos problemas materiales que le afectan, pero lo ha hecho de tal forma que le ha supuesto un aumento muy significativo de sus problemas intelectuales, emocionales, sociales y espirituales.[8] Además de esta contradicción interna, hay que añadir que gran parte del mundo occidental ha alcanzado este progreso a base de la explotación de los países del Tercer Mundo, y ha generado muchas bolsas de pobreza en nuestro mismo Primer Mundo. El progresivo aumento de la violencia, el terrorismo internacional y las guerras, son un claro síntoma de la falta de justicia y desorientación en que vivimos en el marchamo por la paz y el sentido de la vida.

Con este libro quisiera participar en el debate sobre la búsqueda del sentido, aportando un granito de arena. Soy consciente de mi pobreza, pero me siento solidario con el esfuerzo de muchas personas que aportan también sus conocimientos para el bien común de la humanidad. Con la cooperación de todos es posible avanzar. El mismo título del libro, El hilo de la vida, marca sus límites. No pretendo formular una teoría sobre la libertad o sobre el sentido de la vida, sino unos hitos y símbolos —quince imágenes humanas delibertad, como reza el subtítulo— acompañados de una lectura interpretativa, que permitan al lector continuar la misma reflexión a partir de su propia experiencia, y de las sugerencias que reciba de la contemplación de estos símbolos, arquetipos de libertad y de sentido.

Utilizo, pues, la imagen en el significado del icono clásico griego: la representación artística de una realidad misteriosa profunda, por medio del lenguaje simbólico de unas pinturas que proyectan luz desde dentro hacia fuera. A quien mira la imagen le corresponde el trabajo de terminar el proceso de búsqueda simbólica, mediante su contemplación silenciosa, su reflexión interior, su reacción, opciones y compromisos en el mundo. De esta manera, los iconos, por medio de su lenguaje simbólico, ayudan a aterrizar desde generalizaciones abstractas —que a menudo sirven poco— hacia a unos puntos de referencia y unas sugerencias vitales concretas, generadoras de vida y de sentido.

Las imágenes que presentaré no son mías. Han sido elaboradas y facilitadas por personas reales, que he conocido con el tiempo, y con las cuales he compartido la búsqueda del sentido de la vida i de la libertad. Estas y otras han sido mis maestros. El diálogo continuo me ha ayudado a confiar. Esta búsqueda no está destinada al fracaso o a un ingenuo y fácil éxito, sino a encontrar la dirección certera y lúcida para vivir la cotidianidad con realismo, utopía y esperanza. La utopía a la cual me refiero no es la anticipación idealizada e ingenua de un futuro, que todavía no existe y que soñamos, sino una intuición real, una llamada interior, la voz del corazón, la verdad íntima, personal. Por añadidura, la utopía es luz que emerge desde dentro y orienta a la persona en su caminar diario; una energía del alma que convierte el deseo en realidad. Por su parte, la esperanza que entraña la utopía es justamente esta misma energía que, sin perder de vista el futuro, se concentra en el presente, y actúa con decisión y serenidad a fin de no quedar en pura anticipación y en diseño de unos modelos de futuro, sino que se haga paulatinamente realidad en el presente.

En la búsqueda del sentido, normalmente se parte de un análisis de problemas concretos y de la realidad global. El análisis, a pesar de que es necesario, ha de hacerse con exactitud. El diálogo con las personas me ha descubierto —y esto es muy importante— que los problemas no se solucionan únicamente por medio de los análisis de la realidad, sino básicamente desde la utopía interior que anida en el corazón de cada uno cuando esta tiene la oportunidad de emerger e iluminar la vida diaria.[9] En el despertar de esta utopía interior, junto a la madurez personal, juega un papel muy importante la comunidad, si ésta vive también su propia utopía realista. Entonces, la persona estimula la vida de la comunidad sin perder su originalidad, y la comunidad estimula a la persona sin diluir el compromiso interpersonal de amor, propio de unas interrelaciones comunitarias maduras.

El libro, además de la introducción y de la conclusión, tiene dos partes: la primera, fenomenológica y descriptiva, se titula Quince imágenes humanas de libertad. Contiene 15 historias que narran diversas maneras de encontrar sentido a la existencia. La segunda, más reflexiva, El aire de la vida, contiene 4 capítulos y en ellos reflexiono a partir de las mencionadas historias. La obra termina con una conclusión que recoge lo que he ido descubriendo en la búsqueda y en el discurso realizado y lo titulo: El hilo conductor del sentido de la vida. Esta conclusión intenta exponer lo que he descubierto en el camino y las razones que me han llevado a la búsqueda. A renglón seguido, incluyo un anexo que intenta hilvanar un Esbozo demanifiesto de libertady de sentido, a fin de que cualquiera pueda tomar parte en el debate, añadiendo o sacando lo que desee él.

La primera parte responde al subtítulo del libro y que, como he dicho, presenta unas experiencias reales de la vida humana que ejemplifiquen diversos caminos de búsqueda de sentido y de libertad. Este apartado merece una explicación más amplia. En efecto, aparecen en él unas personas que, tras diversas conversaciones habidas con ellas, aceptaron contestar unas preguntas que les formulé sobre el sentido de la vida. Narran su camino, sus dificultades y estímulos, su práctica y su reflexión final. La selección de los encuestados ha sido subjetiva, pero he tenido en cuenta diversos factores. En primer lugar, que hubieran vivido un proceso de vida normal, pero también unas dificultades concretas, de tal modo que cada caso fuera una muestra cualitativamente original. El segundo factor fue la selección de imágenes femeninas y masculinas. Un tercero, la edad de la persona: con el fin de asegurar un tiempo suficiente de experiencia de vida, las escogí a partir de los 30 años. Último factor: la diversidad de situaciones personales, generacionales, familiares y profesionales.

Referente a la redacción final de cada historia, ha sido hecha por la persona que responde el cuestionario. Asimismo, antes de la respuesta final ha habido muchas horas compartidas de conversación, que me han ayudado a entender e interpretar al detalle el significado de sus palabras. En el diálogo con cada persona intenté respetar su propio lenguaje, a pesar de que a veces sugerí la conveniencia de alguna aclaración.

En la publicación de las historias de vida, a pesar de que los protagonistas me dejaron completa libertad para conseguir lo más adecuado, me comprometí a guardar el anonimato. Así, el nombre que encabeza la entrevista no siempre corresponde al real de la persona. En algunos casos excepcionales se puede deducir la identidad de los protagonistas por los detalles que explican, o porque no son escritos por ellos mismos, sino por terceras personas; es el caso de las imágenes 14 y 15.

Que cada imagen es original, el lector podrá comprobarlo fácilmente porque son experiencias incomparables; cada una pone el acento en dimensiones distintas de la existencia. En su conjunto, ofrecen un amplio abanico de interrogantes, análisis, ideas, introspecciones, provocaciones, reflexiones, intuiciones, sugerencias y propuestas, que invitan a lecturas diversas de la realidad. Por eso es importante no comparar las historias de vida y dejarse interpelar independientemente por cada una de ellas.

Previa entrevista, ofrezco una pequeña radiografía descriptiva del personaje que ayudará a situar al lector. Se limita a dar unas pautas genéricas del modo de ser de la persona en cuestión. Además de este breve flash introductorio, he puesto un título a cada entrevista como música de fondo.

En una nota a pie de página del inicio de esta primera parte del libro, está el guión del cuestionario. Como se puede observar, se trata de unas preguntas de fondo, amplias y abiertas, que giran en torno a la búsqueda del sentido de la vida.

La segunda parte de la obra es mi reflexión e interpretación a estas historias personales sobre el sentido de la vida a partir de las referidas narraciones, y de la visión cristiana de la existencia humana. Se titula El aire de la vida porque lo que da consistencia al hilo de la vida es cada instante concreto cuando se vive como manifestación espontánea y genuina del ser profundo de la persona: la unidad interior de cuerpo, mente, corazón y espíritu. En la interpretación, utilizo la metodología teológica de la lectura creyente de la realidad, que empleé hace años para la elaboración de mi tesis doctoral —iniciada en 1969 y defendida en 1974—, con la cual he continuado trabajando desde entonces hasta hoy.[10]

La lectura creyente de la realidad es una metodología teológica práctica que intenta ser fiel y simultánea a los hechos de la vida —vistos en su globalidad y su pluridimensionalidad— y a la revelación del amor de Dios, manifestado al mundo en Jesucristo. Es una manera de ser y obrar que establece un diálogo de los hechos con la revelación. Es una teología que, en lenguaje del teólogo Karl Barth, interrelaciona la Biblia y el periódico.[11] Esta lectura creyente aparece en cuatro capítulos: «La alternativa», «La libertad del ser humano», «La dignidad de la persona» y «La socialización de la fe.»

El primer capítulo de la segunda parte del libro es una interpretación personal de las historias de vida. Viene titulado «Laalternativa», porque creo que el conjunto de narraciones ofrece muchos elementos para buscar y diseñar un camino realista y lleno de esperanza en la búsqueda de libertad y sentido. No se trata de una alternativa teórica, sino práctica. El discurso que hago en él, intenta establecer un diálogo abierto con las personas y sus interpelaciones de fondo.

Esta alternativa existencial humana gira alrededor de tres ejes vertebradores del sentido de la vida. El primer eje es la urgencia de reencontrar la unidad interior personal: cuerpo, mente, afectividad y espiritualidad. El segundo es la necesidad de una maduración y desarrollo de la solidaridad: la justicia y el amor. El tercero, la conveniencia de vivir siempre una utopía desde del misteriointerior, escondido en el centro íntimo de la vida: la libertad positiva, la dignidad del hombre y la esperanza trascendente.

El segundo capítulo de la segunda parte, «La libertad del ser humano» es un estudio sobre la libertad a partir de una reflexión iniciado el año 1968 con motivo de la redacción de mi tesina de licencia en teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Su objetivo fue una investigación sobre la libertad a partir de las obras del psicólogo, Erice Forma, de la Escuela de Frankfurt. La búsqueda sobre la libertad es un discurso que he ido continuando durante 33 años y que, de un modo especial, he actualizado durante el pasado año, porque me di cuenta de la validez del pensamiento de Forma para hacer frente a los problemas del tercer milenio. Por otra parte, creo que la relectura de Fromm encaja perfectamente con el fondo de las interpelaciones formuladas en las historias de vida, dado que el sentido de la vida, en definitiva, va muy relacionado al descubrimiento y vivencia de la libertad. Este apartado es una reflexión de cariz humanista, abierta a la utopía y a la esperanza.

El tercer capítulo, «La dignidad de la persona», es la formulación teológica del significado de la libertad y del sentido de la vida. Una reflexión que tampoco he iniciado ahora; viene de lejos, puesto que la abordé ya en mi adolescencia cuando en nuestro país nos tocó vivir bajo la opresión de una dictadura que no dejaba respirar aires de libertad, que nos incitaba a una conformidad pasiva y nos quería diluir en una masificación anónima. La cuestión política y económica ha pasado a ser hoy una cuestión científica, desde los desafíos de la ciencia, de la técnica —especialmente la genética—, y de la originalidad de la persona respecto a otros seres creados que hay en el Universo. De cuestión política y científica ha pasado a ser también una pregunta sociológica, psicológica, antropológica, cultural, filosófica y teológica. Las contradicciones internas de la sociedad consumista manifiestan esta diversidad de cuestiones y las carencias personales y sociales que derivan cuando aquellas no son atendidas correctamente.

En el capítulo cuarto, «La socialización de la fe», intento explicar de qué manera la experiencia creyente puede aportar algunos elementos importantes en orden a encontrar una respuesta satisfactoria a la búsqueda del sentido de la vida. Tampoco aquí hago una reflexión abstracta y polémica; sugiero simplemente algunos caminos de la espiritualidad que pueden ayudarnos a dar respuesta al momento presente. Muchos de estos caminos ya vienen insinuados en las mismas historias de vida de la primera parte del libro.

La conclusión de la obra es una breve exposición de todo aquello que he ido descubriendo en la citada búsqueda. Forma el hilo conductorde la vida, del cual las quince imágenes humanas delibertad son testimonio, y el aire de la vida es la energía que permite vivir realmente cada instante como una vivencia dinámica y una anticipación del sentido.

El anexo final, inicia un esbozo de manifiesto de la libertad humana y del sentido. Lo titulo esbozo, porque es un ensayo espontáneo e inacabado. El texto contenido en él ha sido redactado a partir de alguna expresión que se va repitiendo en las citadas historias.

Resumiendo, toda la obra quiere ser un cántico de gratitud a la vida y un homenaje a Dios, Creador del Universo.

Bognor Regis (Gran Bretaña)

6 de agosto de 2001

[1] Las referencias al pie sobre autores, libros, lugar de edición y página de obras citadas en catalán se refieren a su edición en esta lengua, utilizada originalment por el autor.

[2] La preocupación básica de la persona, atendiendo a su limitación, consiste en disponer de recursos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales para sobrevivir. La pregunta generada por esta preocupación es: ¿Dónde están estos recursos y cómo se aprende a utilizarlos?

[3] Véase la obra intercultural e interdisciplinar patrocinada por el Consejo de Europa y realizada por la Facultat de Lletres de la Universitat de Lleida, La douleur, col. L’ull crític, Lleida, 2002.

[4] La expresión fractura del sentido de la vida está muy bien explicada en una de las historias. Narra de qué modo una persona ha ido hallando este sentido a partir de su primer quebranto. Véase la monografía «Carlos, la fuerza de la esperanza».

[5] Afirmación contenida en la misma historia narrada.

[6] Uno de los signos más evidentes de la incomunicación y falta de sentido en el mundo occidental es el aumento estadístico progresivo del número de suicidios entre los jóvenes y del consumo de fármacos para el tratamiento de enfermedades psíquicas, especialmente, las emocionales.

[7] En la antropología hebrea, y por tanto, en el lenguaje evangélico, el término corazón equivale a la persona total, vista desde su dimensión existencial más profunda, subconsciente y metaconsciente.

[8] Véase la obra de la Facultat de Pedagogia de la Universitat de Barcelona, editada por Pilar Heras y Conrad Vilanou, Pedagogia del segle xx en femení, Publicacions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 2000. Contiene un conjunto de testimonios de renovación social vistos desde la óptica de la feminidad. Véase especialmente la presentación realizada por los editores pág. 11-12.

[9] Véase la obra editada por Ángel C. Moreu y Conrad Vilanou, L’altre, un referent de la pedagogia estètica, Seminari IDUNA, Publicacions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 2000, en especial la colaboración de Conrad Vilanou, «Quan l’altre és silenci. La vocació mistagògica d’Edith Stein», pág. 135-156.

[10] La tesis doctoral fue publicada con el título Fe i universitat d’avui. Informe teològic, Nova Terra, Barcelona, 1977.

[11] Karl Barth, Church Dogmatics, T&T Clark, Edimburg, 1961, pág. 228, donde Helmut Gollwitzer escribe una introducción al pensamiento y a la obra de Barth. Véase también de Barth, Fragments Grave and Gay, Collins, London, 1971, pág. 21-26, lugar en el que se explica lo que es la teología y cual es la labor de una facultad en la cual se imparte esta disciplina

I. Primera parte: Imágenes humanas de libertad

Plan general de la obra

Durante estos últimos años he ido tomando conciencia de la necesidad, incluso urgencia, de reflexionar sobre el sentido de la vida y de la libertad. A partir de la experiencia diaria, me he percatado que, a pesar del progreso material del cual gozamos en el mundo occidental no hemos sido capaces de edificar una sociedad más justa, ni tampoco los seres humanos son más felices a nivel personal. Cada vez se cometen más injusticias, sobre todo en el Tercer Mundo, y proliferan las enfermedades emocionales y mentales. Asimismo, detectamos un desconcierto general en el hombre de la calle.

Esta constatación no niega el progreso técnico y social que también se da en nuestro mundo, ni cabe compararlo con tiempos pasados. Para avanzar, es preciso superar la nostalgia del pasado, que ya no existe; no debemos detenernos en la actual coyuntura, que es un nuevo tiempo de paso hacia el futuro. En la reflexión sobre el sentido de la vida, quisiera huir de dos peligros: la pura descripción del fenómeno y la racionalización abstracta. La descripción ya ha sido hecha; es necesario no dar más vueltas sobre lo ya conocido, apremia buscar soluciones que ayuden a superar el problema. Por otra parte, una racionalización abstracta tampoco contribuye a dar respuesta a los problemas de la persona, porque éstos son concretos e individualizados.

Al inicio de la búsqueda, opté por observar, a partir de algunas historias de vida, que personas concretas dan respuesta mediante sus recursos internos y externos. Después, hice un análisis de cada experiencia y de todas en general; con este procedimiento indagué los elementos comunes más significativos que comparten dichas personas en la búsqueda del sentido. En suma, descubrí que en nuestra sociedad hay no pocos problemas por un lado, y por otro son copiosos los valores positivos y concretos; hay hermosas experiencias personales de libertad y mucho trabajo de búsqueda del sentido de la vida. Tenemos, pues, no pocos motivos para la esperanza.

Poco a poco tomé conciencia y vi que, al mismo tiempo que aumenta el malestar de la gente y en la sociedad en general, emergen en el mundo occidental puntos de referencia nuevos y algunos elementos antropológicos en el fondo muy positivos para abrir caminos de futuro y libertad. Estos aspectos, positivos y nuevos en un futuro no lejano, pueden convertirse en elementos vertebradores de la búsqueda comunitaria del sentido de la vida y de la libertad como segmentos más amplios de nuestra sociedad. La intuición inicial que me motivó a escribir este libro ha crecido en la medida que he ido caminando y realizando el discurso global. En definitiva, ha terminado en convertirse luz interior y exigencia de compromiso personal.

El estilo de las monografías es narrativo y de sencilla reflexión. La redacción del texto corresponde a cada una de las personas entrevistadas. Mi única labor consistió en presentar un cuestionario abierto, motivar y estimular la búsqueda en cada uno, y en una ayuda, mediante el diálogo, para profundizar sus respuestas. Todo ello, lo conseguí con conversaciones habidas antes y después de la redacción final de las dichas monografías, que publico en esta primera parte.

En el apartado no hago ningún comentario personal, pues mi deseo es que el lector pueda extraer los elementos que considere más importantes de cada historia para que él mismo se plantee sus propias reflexiones y decisiones, con libertad y sin condición previa.

En la segunda parte hago el análisis y la interpretación de las mencionadas historias, mediante la lectura creyente de la realidad. Sugiero al lector que, aparte de la impresión general que le surgiera la lectura de los textos, haga también un análisis semejante de cada monografía, teniendo en cuenta los puntos siguientes:

—retos o desafíos al sentido de la vida;

—signos de apertura y esperanza;

—principios fundamentales del sentido;

—criterios o puntos de referencia orientadores, y

—directrices operativas en vista a ser sujetos activos para los compromisos de la vida diaria.

Echando mano de un lenguaje médico, esta parte trata de llevar a cabo primero una observación y exploración de los individuos; elaborar después un diagnóstico adecuado a la realidad humana; descubrir luego una terapia que permita dar respuesta a los retos planteados, y finalmente potenciar signos de esperanza.

He asignado un título a cada historia y, como se advierte en la introducción, los títulos son subjetivos. Los he hilvanado tras leer cada monografía en concreto, dentro del contexto de las conversaciones mantenidas, del análisis del texto y de realizar su interpretación global. El análisis es el que elaboré mediante los puntos de referencia que he sugerido al lector.

La interpretación global va en la segunda parte, que he titulado El airede la vida. En ella se aportan ciertos elementos con vistas a orientar una búsqueda más abierta y general para encontrar y descubrir el sentido de la vida.

Sin más comentario, presento en las siguientes páginas el texto de las referidas monografías.

El guión del cuestionario es el siguiente:

a. ¿Cómo has ido descubriendo que vale la pena vivir? (hechos, situaciones, proceso vivido a lo largo de tu experiencia de vida).

b. ¿Cuáles han sido las dificultades más importantes que has hallado en el camino?

c. ¿Qué estímulos te han ayudado más para recorrer el camino?

d. ¿De qué manera te han ayudado los demás a seguir este proceso?

e. ¿Cómo te las apañas para vivir el sentido de la vida cotidianamente?

f. ¿Por qué vivir y para qué?

Imágenes

1. José, la búsqueda de la verdad

José, hombre joven, soltero, profesional de la salud. Experto en informática. Aficionado al cine y al montañismo. Su discurso es inteligente, sincero y honesto. Es el tipo de persona que se ha hecho a sí mismo y que tiene una visión muy profunda de la vida que le ha llevado a conseguir una esperanza firme, humilde y serena. En la entrevista dice: «Tengo un deber con el Universo, pero no de obligación, sino de amor.»

1. José, ¿cómo has ido descubriendo que vale la pena vivir?

Creo que el sentimiento de que vale la pena vivir ha sido permanente en mí; ya desde pequeño lo tenía arraigado, incluso cuando no me planteaba todavía estas cosas. Luego en la adolescencia, y posteriormente, cuando aparecieron problemas y dificultades, hizo que me lo planteara de nuevo y tomé conciencia de que valía la pena vivir. Efectivamente, la firme voluntad de superar los problemas que se me presentaban ha sido positiva en cada momento difícil. Cuando era pequeño, en casa, mis padres siempre se discutían. Mi madre padecía de los nervios, estaba triste y me reñía. Mi padre pasaba poco tiempo en el hogar, gastaba el dinero fuera y me miraba como quien pertenecía al mundo de la madre. Nunca encontré apoyo en él. No he tenido hermanos. En el colegio, la cosa fue peor. Era un centro religioso con una educación muy culpabilizada. Yo era el más pequeño de la clase y tenía una inseguridad emocional que, junto a mis pocas habilidades físicas, provocaba que los otros niños se burlasen y no quisieran saber nada de mí. Todo esto me marcó una infancia solitaria; sin duda fue la peor época de mi vida. Pero no estaba triste. Había en mi interior una convicción (no se de donde venía) que aquella no era la manera como debían relacionarse mis padres. Simplemente, se equivocaron en su cometido.

Mi descubrimiento se hizo patente en la adolescencia, cuando aparecieron las primeras dificultades sobre el sentido de la vida.

2. ¿Cuáles han sido las dificultades más importantes que has hallado en el camino?

Yaen la adolescencia me di cuenta que me encontraba mal ante la situación familiar. Se agravó porque mi madre me quería para sí, y mi padre «pasaba» de mi y de todo, tanto en lo económico como en lo emocional. Ya he dicho que a él se le veía muy poco en casa. La presión y tensión familiar que llegó a estados límite, provocó que me sintiera sólo ante la vida e incómodo conmigo mismo. Me planteé de nuevo, qué sentido pudiera tener vivir. Esto podía haber acabado en un desastre.

Después salí de casa, fui a Barcelona, donde me las arreglé para pagarme la carrera y la manutención. Gozaba de una beca del Estado, ayudaba en la residencia donde vivía y trabajaba en verano. Transcurrieron años sin contacto alguno con los padres. Pasé momentos límite económicamente, que determinaron cual sería mi futuro.

Un trabajo en contacto continuo con enfermos, me interpeló sobre el sentido del dolor y de la muerte, y por ende, de la vida. Estar al lado de personas que mueren y preguntan por qué, es duro cuando no se sabe qué responder. Lo mismo cuando padecen, porque la vida es limitada por la enfermedad o por otros motivos.

La relación que había tenido con una compañera de trabajo durante tres años se rompió. Me dolió y me dejó con no pocas dudas sobre la orientación de la vida. Luego trabajé unos años en un pueblo del interior (creo que fue una huida). A pesar de los grandes esfuerzos que hice para integrarme en él, encontré un ambiente de trabajo enrarecido del que se intentó excluirme. Había mucha tensión, provocada sobre todo por una persona que traía problemas y criticaba a todo el mundo. Se formaron dos bandos. Yo no entré en ninguno de ellos, y esto motivó que no fuese bien visto por ambos.

A ello se sumó mi relación con algunos amigos que resultaron no ser tan amigos. A consecuencia de malentendidos, desconfianza (yo era un llegado de fuera, de ciudad), envidias, y debido también a la relación que tuve con una chica, se rompió todo. Estos eventos negativos me partieron el corazón. Me sentí de nuevo solo, sin familia ni amigos. Caí en una tristeza que me hizo plantear en profundidad sobre el sentido de mi vida.

Me recuperé. Viví dos años más en aquel pueblo con paz y alegría interior. Volví a la ciudad. Una dificultad me marcó al poco tiempo de llegar. Cierta persona, con una patología psicológica-psiquiátrica, a la cual intenté ayudar, me atrapó en un juego raro. ¿Cómo acercarse a personas así y no caer en sus redes? Creo que siempre existen dificultades en el camino.

3. ¿Qué estímulos te han ayudado más para recorrer el camino?

Cuando niño me ayudó la oración, muy elemental entonces, y también la clara determinación de conseguir lo que es básico: estudio, relación con los demás, familia, etc. El estudio me ayudó mucho, fue el eje por aquel entonces. Años más tarde, el trabajo es el estímulo que me anima y me hace descubrir nuevas realidades. Gozar de lo que me gusta y relacionarme con las personas, también ha sido bueno.

Durante mi primera juventud, en los momento de tensión con mis padres y compañeros, me fue muy útil buscar con sinceridad la verdad en mí y en todo lo que me rodeaba. Para conseguirlo establecí opciones prioritarias. Opté por la verdad y no por sus apariencias. Más aún: opté por hacer el bien al descubrir que la verdad va unida al bien que llevamos dentro. Esta actitud me proporcionó alegría de vivir y una luz que jamás se apagó, a pesar de desfallecer en alguna ocasión.

En aquella época decidí escoger una profesión que supusiera una ayuda a los demás; renuncié al afán de conseguir dinero. Opté por descartado cuidar de mí mismo. Vi que no era tan malo; debía hacer lo que quería y no lo que querían mis padres y los educadores religiosos del colegio que frecuentaba. Descubrí la religión de otra manera, más liberadora, desvinculada de la visión que tan negativamente me había marcado antaño. Aún así no llegué a creérmelo de verdad.

En los momentos económicamente más duros de la carrera, me estimuló confiar que podría terminarla. Hacía lo que podía y lo restante se arreglaba a última hora. Ya antes, durante los años difíciles en el pueblo donde trabajé, me di a la vida interior, a la oración en la que encontré a Dios. Descubrí que decididamente no estamos solos.

4. ¿De qué manera te han ayudado los demás a seguir este proceso?

A los otros, por lo menos a algunos, se lo debo todo. Me siento tan profundamente agradecido a ciertas personas que deseo vivamente devolverles lo que recibí de ellas. Tengo un deber con el Universo, no es un deber obligatorio, sino de amor, de voluntad, porque quiero. A mis padres les agradezco el haberme dado la vida y todos sus cuidados. Durante la adolescencia, recibí ayuda de tres personas, mayores que yo; me aconsejaron, después decidí por mí mismo. Dos de ellas todavía me ayudan: su sabiduría y su prudencia fueron positivas, entonces y también ahora. Asimismo, quiero agradecer las ayudas económicas en momentos cruciales. Y a los amigos —quiero decir, a los buenos amigos— a los que me han acompañado siempre o estando yo a su lado cuando me necesitaban. Han sido un subsidio y, aunque entonces yo no sabía amar lo suficiente, la compañera con quien compartí me ayudó amándome. Finalmente, otras personas, a sabiendas o no, a lo largo de la vida me han enseñado a superar los problemas, a ser feliz, a amar. Incluso a algunas de ellas cuyo trato no fue siempre correcto.

5. ¿Cómo te las apañas para vivir el sentido de la vida cotidianamente?

Manteniéndome en todo aquello que me place. Asimismo, en la alegría de vivir, porque vale la pena cuando se comparte con los demás, con todo el mundo: amigos y enemigos, personas anónimas que pasan. Oro y me entrego a ratos de meditación para curarme y sanar a los demás.

6. ¿Por qué vivir y para qué?

Porque hay algo dentro que nos mueve. Algo biológico, que la ciencia todavía no conoce y que yo no se definir, nos hace vivir. Algo emocional, algo trascendente.

Vivo para amar a todas las personas y a todas las cosas. Vivo para ser amado, para ser feliz y que lo sean los demás.

2. Ana, la ternura del perdón

Mujer joven. Soltera. Profesional del derecho. Experta en relaciones humanas y en el mundo empresarial. Aficionada a la lectura, a la reflexión y a la búsqueda espiritual. El diálogo es llano, vital y sencillo. En la entrevista afirma y repite con frecuencia: «Hay un hilo conductor que me permite comprender la vida: lo que soy, lo que hago, a dónde voy. Este hilo es la fe.»

1. ¿Cómo has ido descubriendo que vale la pena vivir?

Desde muy pequeña, mi vida ha sido una carrera de saltos y obstáculos, siempre intentado vencer situaciones adversas. La familia ha sido mi punto neurálgico ante dificultades que era preciso resolver. La separación conyugal de mis padres, cuando yo era muy pequeña, hizo zozobrar mi mundo afectivo que todavía estaba en germen. Viví su separación como un hecho traumático, como si mi eje central perdiera el norte; no sabía por dónde andar ni con quién.

Mi madre se preocupaba de mis necesidades básicas, las propias de la edad, pero nunca hablamos del mundo de las emociones y sensaciones, contrarias a las que yo descubría palautinamente y eran tan tristes...

Mi padre vivió absorto en su trabajo y en sus circunstancias, lo cual no me permitió mantener con él una comunicación oral, profunda y afectiva. Veía a mi padre —que desde la separación, vivía en un pueblo fuera de Lleida— como un mero progenitor ajeno a cualquier vínculo afectivo hacia mí. Esto me producía inseguridad y tristeza. Me refugié en lo que para mí era maravilloso, el mundo del juego infantil, donde todo era posible: imaginación, risas, excursiones, confidencias con amigas, etc. Todo para huir de la dura realidad que experimentaba en casa y que nadie me explicaba: qué sucedía y por qué. Ni tan siquiera mis hermanos mayores, pues pronto siguieron su propio camino.

En los primeros años de la infancia, la relación con mis hermanos fue muy buena. Yo era la más pequeña tras tres varones. Me sentía como una princesa rodeada de príncipes que me mimaban en exceso. Sin saber cómo y por qué, de protagonista pasé a ser casi ignorada; el verdadero protagonista fue el desamor y la rabia acumulada de años, sin saber nada ni entender nada... Percibí que iba creciendo y el mundo afectivo se resentía en andar solitario por la vida.

A medida que me hecho mayor, he ido superando la carrera de saltos. Si contemplo la vida a partir de la realidad que me ha tocado vivir, me doy cuenta de la madurez adquirida. Ha contribuido a ello el reconocer, aceptar y superar mi situación personal que supuso el desbarajuste familiar y crecer en un ambiente emocionalmente roto.

En el proceso vivido durante los 34 años de mi vida me ha tocado introducir la máxima dosis de realismo y de imaginación que he sabido. En ciertos momentos he vivido con mucha tristeza, en otros con ilusión y firmeza. Han habido períodos de decepción, de soledad, desamparo, de noches oscuras... Pienso que la vida está hecha de andaduras y de paro, de luz y de oscuridad, de amor y odio. Son las dos caras de la misma moneda. Me pregunto: ¿qué sería el día sin la noche, la luz sin la oscuridad? No sabríamos ver ni valorar la autenticidad de la vida ni los sentimientos más genuinos.

En todo mi caminar ha habido un hilo conductor que me ha permitido entender lo que soy, lo que hago y a donde voy. En otras palabras, ¡mi vida! Este hilo es la fe. Recuerdo que, ya de pequeña, pedía a Dios por mis padres y por la convivencia familiar. La oración ha sido mi caminar, mi fortaleza, el motor que me ha ayudado a andar hacia delante, mi esperanza, la ilusión por un mundo mejor y superar todos los contratiempos, porque detrás de las nubes aparece el sol.

La enfermedad y posterior muerte de mi padre fueron una experiencia tan profunda que todavía estoy asimilando, dado que han transcurrido sólo unos meses desde su deceso. Sostener y acompañar a mi padre enfermo ha propiciado la reconciliación entre ambos; ha habido comprensión desde el amor, y al mismo tiempo válvula de escape poder expresar la rabia y la incomprensión de aquella niña que reclamaba respuestas a todas sus preguntas. En esta experiencia tan dura y tan humana veo la fe como un nexo de unión. Mis padres, desde muy pequeños, nos educaron e iniciaron en la práctica de la fe cristiana; ahora, adulta, me doy cuenta del gran tesoro que nos legaron. Ha sido la fe quien me ha unido de nuevo a mis padres.

Concluyo que sí, que vale la pena vivir con todas sus dificultades y decepciones. ¡Sí, vivir vale la pena! Dios nos ha puesto donde la vida adquiere más sentido, donde nosotros hemos de crecer y transformarnos cada día en personas, en reflejo de su amor sobre la tierra. Hemos de ser sal y luz del mundo, testigos del Dios viviente. Un Dios que muere para resucitar a una vida en plenitud. Pienso que la resurrección se da ya en la tierra si en cada dificultad, en cada sinsabor, en cada injusticia, encontramos razón para la esperanza, el amor y la justicia. Es entonces cuando construimos el reino de Dios en nosotros y en los demás. Esta es nuestra misión, y por eso vivir vale la pena.

2. ¿Cuáles han sido las dificultades más importantes que has hallado en el camino?

La desestructuración familiar. Me ha dado inseguridad e incertidumbre ante las dificultades. Otros ejercían sobre mí su influencia y poder; les dejaba gobernar mi vida y me suplantaban en mis decisiones. Esto lo he vencido con el tiempo, con aceptación y con ganas de llegar a fondo, olvidando y superando el rastro del pasado.

También he hallado dificultades a mi alrededor, especialmente cuando la gente tiene valores diferentes a los propios y te encuentras como si anduvieras contra corriente. Me refiero a valores como la honestidad, la justicia y la solidaridad. Da la sensación que en algunos ambientes han sido substituidos por la ley del más fuerte, por el «tanto tienes, tanto vales...» Todo esto me ha hecho sentir pequeña y vulnerable contra el gigante del consumismo y de la cultura instantánea. Me he disgustado al encontrar personas así, con barreras infranqueables y situaciones de máxima injusticia, que mi mente y corazón no podían imaginar.

3. ¿Qué estímulos te han ayudado más para recorrer el camino?

Dos. Primerola fe. Ha sido luz en momentos oscuros; al final siempre ves una centella y un nuevo despertar. La oración; dirigirme a Dios desde mi vulnerabilidad y pobreza, me ha hecho fuerte, me ha dado estímulos para andar, porque siento su amor, nada me falta y nunca estaré sola.

El segundo estímulo ha sido contemplar a Jesús camino de la cruz o la decepción de sus coetáneos; todo ello me ha incitado a ser mejor y convertir mis sufrimientos en una oportunidad para crecer espiritualmente. He hecho una profunda experiencia de fe que, ante situaciones adversas, reafirma mi estilo de vida y me infunde unas ansias a seguir con coherencia el camino escogido.

4. ¿De qué manera te han ayudado los demás a seguir este proceso?

A lo largo de la vida y ante cualquier dificultad siempre han habido personas que me han acompañado con afecto, y respetando mi libertad. Me han dado la mano cuando lo necesitaba. Pienso que Dios siempre envía compañeros de camino; son referencias, o si se quiere, un espejo donde nos miramos a nosotros mismos, y unos ojos para ver el mundo. Son personas que me han hecho ver que hay un mundo más grande y más ancho y que no se debe mirar tanto el propio ombligo. He visto, gracias a los demás, un mundo riquísimo, donde todos somos iguales y al mismo tiempo diferentes. Percibo que entre todos los nexos de unión, es el amor lo que une más allá del egocentrismo. En los otros he descubierto el paso del yo a ellos, el salto de la individualidad a la universalidad. Es así como se tejen valores humanos, como por ejemplo, la solidaridad y la tolerancia.

En el ámbito espiritual, he experimentado compartir la fe en la comunidad; esto me da fuerza e ilusión; experimentar que todos andamos por una misma senda. Me alegra y estimula que cada persona, en su historia particular, abandone su individualidad —aunque sea temporalmente—, y trascienda y entre en la vida del espíritu, donde la comunicación emana de la profundidad de cada ser. Gozo de paz y de armonía con Dios y con los hombres. Percibo una comunión que no acierto a explicar, sino sólo sentir.

5. ¿Cómo te las apañas para vivir el sentido de la vida cotidianamente?

Vivir día a día no es tarea fácil. Las angustias cotidianas, el ritmo acelerado con que vivimos, suponen dificultades para encontrar tiempo, compartir remansos de paz y espacios de oración. Aquí resulta ser el bosque quién, contrariamente al proverbio, no deja contemplar el árbol... Las dificultades que desde pequeña he encontrado me ha descubierto que la vida es para vivirla cada día; cada día tiene sus alegrías y sus penas. Valoro el hecho de vivir cada día como una acción de gracias, puesto que cada día es único. Confío sobre todo en la Providencia.

Lo importante y básico es saber encontrarse a sí mismo y en silencio. La experiencia del silencio regenera porque trasciende al propio conflicto. El silencio conecta con la paz que tanto necesito. He descubierto que, si no tengo paz interior, no tengo nada. En cambio, si la vida de cada día es torpe y pesada pero tengo paz, entonces los conflictos tienen otro color y encuentro recursos para salir del paso.

6. ¿Por qué vivir y para qué?

La vida merece vivirse porque es un don de Dios, y como tal debemos vivirla con intensidad y alegría. Saber gozar de ella es la clave para verla de un color o de otro. Esta clave da verdadero sentido, siempre y cuando en cada situación se descubra elreflejo de