El lado invisible de ser mujer - Paula Mella Concha - E-Book

El lado invisible de ser mujer E-Book

Paula Mella Concha

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Beschreibung

¿Cuántas veces pensaste que tenías alguna disfunción sexual, porque no lograbas disfrutar del sexo como se suponía que debías hacerlo? ¿Cuántas veces pensaste que tenías ciclos menstruales irregulares o anormales, cuando en realidad estaban sanos y perfectos? ¿Cuántas veces te sentiste violentada en el contexto de una atención en salud? ¿Cuántas veces te dijeron que exagerabas al manifestar tu dolor menstrual o que tenías que aguantarlo, porque era normal? ¿Cuántas veces te invalidaron frente a tu decisión de no querer ser madre, o por decidir informadamente dar leche de fórmula? El lado invisible de ser mujer nos revela diferentes situaciones a las que se enfrentan las mujeres en su día a día, en el ámbito de la salud sexual y salud reproductiva, que transitan tristemente entre invisibilización, invalidación, infantilización, ridiculización, juicios de valor y, por supuesto, violencia. Así, de forma crítica, se reflexiona en torno a temas relacionados con el placer femenino, el dolor sexual, la menstruación, el aborto, los partos, la lactancia, la depresión postparto, entre otros. Temas que incluso hoy son motivo de debates, tabúes y violencia, y que es necesario poner sobre la mesa, porque lo que no se nombra, no existe y hoy más que nunca, calladas no podemos estar.

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Seitenzahl: 182

Veröffentlichungsjahr: 2023

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El lado invisible de ser mujer © 2023, Paula Mella Concha ISBN: 9789564063027 eISBN: 9789564063430 Primera edición: Octubre 2023 Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni en todo ni en parte, tampoco registrada o trasmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mediante mecanismo fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo escrito por el autor.

Trayecto Editorial Editora: Constanza Cariola Diseño portada y diagramación: David Cabrera Corrales Dr. Sótero del Río 326 of 1003, Santiago de Chilewww.trayecto.cl +56 2 2929 4925

Imprenta: Donnebaum Impreso en Chile/Printed in Chile

Bienvenida

Si estás leyendo este libro hoy, quizás es porque ya me conoces, tal vez en redes sociales o por mi libro anterior, El placer de conocernos, y ya sabrás —o de lo contrario ahora lo descubrirás— que soy una fanática de la salud sexual, salud menstrual y sexualidad femenina. Me apasiona mucho estudiar y educar en esta área, y considero que siempre podemos aprender algo más. Yo también aprendo; lo hago no solo desde el estudio formal, sino también en el día a día desde lo que aportan mis propias usuarias. Las experiencias personales de cada una de ellas, para mí, son muy valiosas.

También soy madre, de hecho, este libro comenzó a ser escrito cuando mi hija aún estaba en mi útero. Hoy, con una pequeña de más de un año y medio, y con algo más de experiencia personal en el mundo de la maternidad, debo confesar que tuve que reeditar el último capítulo, porque claro, ser mamá es algo que te cambia la vida, y en mi caso, también cambió mi postura como persona y matrona frente a muchos temas relacionados con la crianza. Pasé de ser una fiel admiradora de la lactancia materna exclusiva, a ser una orgullosa mamá con lactancia mixta, entre otras cosas.

Esta vez —a diferencia de mi libro anterior— me ha costado mucho dejar mi vida y mi experiencia personal fuera, porque a medida que iba escribiendo, me iba dando cuenta de que en realidad, a pesar de tener una profesión que está completamente ligada a la salud sexual y salud reproductiva, comparto las mismas situaciones y/o dudas que la gran mayoría de las mujeres.

Te escribo como mujer, como matrona, como amiga, como una mujer que es madre, porque quiero que te sientas acompañada. Considero que esto último es una necesidad para nosotras las mujeres, porque ser mujer en este mundo es un factor de riesgo. Habitualmente somos nosotras las que nos vemos enfrentadas a situaciones que día a día vulneran nuestros derechos, solo por la existencia del género. Sin desconocer, por supuesto, otros aspectos y factores biopsicosociales y demográficos importantes que determinan nuestra calidad de vida y salud.

¿Qué escribo? Varias cosas. En este libro encontrarás información y reflexiones sobre sexualidad, pero más que teorías, escribo desde lo cotidiano, lo que veo, lo que escucho, lo que estudio, lo que aprendo de mis amigas, de mis pacientes, de mi vida. Reflexiono sobre nuestra salud sexual, pero esta vez principalmente como una crítica al sistema de salud (y, por qué no, hacia mí misma como matrona), porque aún nuestro sistema de salud es muy paternalista y, por supuesto, muy patriarcal. Se olvida que somos sujetas de derechos y con autonomía, que merecemos ser escuchadas y validadas, que no necesitamos que sean otros los que tomen las decisiones por nosotras. La infantilización en temas de salud, y sobre todo de salud sexual y reproductiva, es muy común todavía y eso tiene que cambiar.

¿Cuántas veces al hablar de nuestros dolores o sentimientos, se nos trata de exageradas o se les baja el perfil a nuestras dolencias? Es bastante probable que, si nos dirigimos a urgencia un día y nos quejamos de una fuerte presión en el pecho, nos digan que estamos frente a un cuadro de crisis de angustia, pero si el señor que está a nuestro lado consulta por el mismo síntoma, quizás lo prioricen, porque pueden estar frente a un infarto. Este ejemplo quizás ya lo habías escuchado; es muy descriptivo de las diferencias que tenemos en salud. Por eso es tan importante la atención en salud con perspectiva de género. En general, las gafas moradas las deberíamos llevar de por vida.

Por último, y no menos importante, también escribo sobre maternidad, pero de ninguna forma como una guía para la tuya, sino más bien desde una invitación a la reflexión, reflexión que abarca desde la planificación del embarazo y sus dificultades —que está bastante subvalorado—, la elección del parto, las vivencias del puerperio, la decisiones de la lactancia, y de las diferentes formas de vivir la maternidad según cada realidad, porque todo esto conlleva muchos miedos, culpas, soledad, pero también invisibilización y violencia. La maternidad no es rosa, y es uno de los momentos de la vida en que más nos vemos juzgadas por la sociedad —incluso por nuestros más cercanos y hasta por las mismas mujeres—, por cada decisión tomada.

Deseo que, al terminar este libro, no te sientas nunca más sola. Espero de todo corazón que te sientas más comprendida y menos juzgada. Todas somos diferentes, pero tenemos mucho más en común de lo que nos imaginamos.

I. MUJERES Y SEXO, LO QUE NOS HAN HECHO CREER

Hablar de sexo

Aunque para muchas mujeres hablar de sexo, de placer, de orgasmos, de goce, y todo lo que conlleva la sexualidad femenina, es completamente normal y cotidiano, para muchas otras esto aún supone un tabú y genera vergüenza.

Entiendo que hay personas que consideran que la sexualidad es algo íntimo, y que no desean compartir con otras personas estos temas, ni menos sus experiencias personales. Está bien, jamás debemos presionar a alguien a hablar de lo que no quiere o lo que no le es cómodo. No obstante, también es cierto que hay mujeres que no lo hacen, no porque no quieran o no lo necesiten, sino por el miedo o la vergüenza a ser juzgadas, o por sentir que sus comportamientos, cuerpos o forma de llevar su sexualidad no se ajusta a eso llamado “normalidad”.

Déjame decirte que hablar de sexo es justo y necesario, sana mucho, y hablar de sexualidad entre nosotras es realmente liberador y enriquecedor. Nos abre la puerta a un mundo maravilloso, un mundo que nos permite disfrutar de nosotras mismas y tener una mejor calidad de vida en el ámbito sexual. Por lo tanto, de nuestra vida en general, entendiendo que sexualidad no es solo el acto de tener relaciones sexuales. El sexo también es para nosotras, a pesar de que nos hayan dicho lo contrario desde pequeñas. Lamentablemente, crecer con esta idea de que es algo que no nos corresponde, nos ha generado mucho daño.

Hay tantos mitos en torno a los primeros encuentros sexuales, tanto dolor o sufrimiento que existe en muchas mujeres a la hora de tener sexo, tanto desconocimiento del cuerpo y del propio placer, tanto problema en que una mujer tenga varias parejas sexuales, tanto miedo a no responder como se espera a que respondamos en el sexo, tanta vergüenza a la hora de un encuentro sexual, tantas ganas de sexo que se esconden, tanto de todo, que llega a ser realmente desesperanzador para muchas tan solo pensar en la palabra sexualidad. Es increíble e insostenible que en pleno siglo veintiuno, aún la palabra sexo y mujer pareciera que no pueden ir juntas en una misma frase.

Que a los niños se les eduque de una forma y a las niñas de otra, es una cuestión innegable. Aún se nos invita a ser o comportarnos como “señoritas”, aunque eso implique vivir nuestra sexualidad en silencio, del todo conformes, sin reclamar y sin incomodar a nadie, y ojalá que no se nos note que nos gusta el sexo, porque ¡olvídate! “Eso es de hombres o de sueltas, y habla pésimo de nosotras”. ¿Te parece esto justo? A mí no. Por eso, hablemos, preguntemos, digamos lo que nos gusta y lo que no, porque ¿calladas o sumisas en torno al sexo? Nunca más.

La no tan buena “primera vez”

¿Qué es la “primera vez”? Me encantaría poder decirle a todo el mundo que ese primer encuentro sexual del que poco se habla, es aquel que tiene uno consigo misma. Esa primera vez que nos miramos, nos tocamos o que experimentamos un orgasmo. Por supuesto, algo sano, sin dolor y un descubrimiento que nos marque positivamente para toda la vida. Pero no, no puedo afirmarlo, no porque no sea verdad, sino porque socialmente se acepta que la primera vez es cuando tenemos relaciones sexuales con otra persona. Es más, me atrevo a decir que se acepta cuando esa relación sexual conlleva penetración, porque curiosamente, ante cualquier experiencia sexual, pareciera que si no hay coito de por medio, no hay sexo, y el primer encuentro sexual no está exento de ello.

Sabemos que tener relaciones sexuales es mucho más que eso; que la penetración es solo una práctica más, sin embargo, en esas edades —plena adolescencia— en que habitualmente ocurren los primeros encuentros sexuales con otra persona, poco y nada se sabe de sexualidad. Por lo mismo, generalmente esta experiencia de la primera vez no cumple con las expectativas con las que muchas mujeres llegamos hasta allí.

Así pues, con tan poca información, sin una mayor preparación para el momento y con una nube de mitos que rondan por la cabeza sobre esa primera vez, lo más probable es que ese encuentro no sea el más placentero en la vida de una mujer, y que hasta provoque una sensación de decepción. Finalmente, la primera vez no era como se veía en las teleseries o películas, y lo peor de todo es que además hay dolor, sí, dolor, porque habitualmente, y aunque no quisiéramos que fuese así de común, muchas mujeres sienten dolor en esa primera relación sexual, que por supuesto, no es normal. Nadie debería transitar ese momento ni ningún otro encuentro sexual con dolor. Esto es un importante mito que debemos derribar desde muy temprana edad, porque si lo dejamos pasar, se quedará con nosotros y aprenderemos que el sexo duele o molesta, y que no hay nada que podamos hacer con ello; es decir, lo normalizaremos.

Por otro lado, seamos sinceras: generalmente no hay orgasmos —aunque los hayas experimentado antes en solitario—, porque es difícil que sea el otro quien te provoque placer, si probablemente tampoco tiene mayor conocimiento sobre sexualidad femenina. Así pues, hay una sensación de que en realidad el sexo no es tan bueno como se plantea. A eso le sumamos la terrible culpa de haber “perdido la virginidad”, palabras que me provocan una sensación extraña; no sé si es tristeza o enojo. ¿Realmente perdemos algo cuando decidimos tener relaciones sexuales con alguien más? Pues no, físicamente no perdemos absolutamente nada. ¿Pesa más esta palabra, “perder”, en las mujeres que en los hombres? Sí, absolutamente. Ellos son los grandes “ganadores”; unos campeones, que además “hacen mujer” a alguien. Y uno se pregunta: “¿Y qué era yo antes de tener relaciones sexuales?” ¡No necesitamos que nadie nos haga mujer, lo somos! En segundo lugar, está este concepto de la “virginidad”, del que no vengo a polemizar ni entrar en significados religiosos ni culturales; cada una podrá darle el significado que mejor resuene en su vida (aunque, claro, por lo general esto viene influenciado por la propia familia). La virginidad no es algo físico, no es algo que podamos ver, palpar o buscar en los genitales de alguien. No, señores, la virginidad no es más que un constructo social, pero como dije anteriormente, cada cual le dará el significado que desee dentro de su vida, según sus valores, cultura, etcétera. Solo espero que ese significado tan personal no provoque sentimientos de culpa en ninguna mujer.

¿Y, entonces, el himen no se rompe o se pierde cuando tenemos la primera penetración? No, el himen es una membrana elástica que rodea la entrada de la vagina; de eso estamos claras y seguras. Tiene diferentes formas en cada mujer y nunca ha estado cerrado —salvo en la vida intrauterina—; es muy raro que un himen cubra completamente el introito, y cuando esto ocurre, se considera una anomalía congénita del desarrollo embrionario de los genitales femeninos. En palabras simples, algo fuera de lo normal, llamado “himen imperforado”. En estos casos, por ejemplo, se bloquea la salida de la menstruación. Es por eso que una mujer que nunca ha tenido relaciones sexuales penetrativas puede perfectamente ponerse un tampón, una copita menstrual, introducir un dedo u objeto en la vagina, y como escribí anteriormente, puede menstruar, porque no estamos “cerradas”.

Entonces, este himen no es una membrana que nos pueda permitir identificar si una mujer ha tenido actividad sexual penetrativa o no, como se nos ha querido hacer creer desde niñas. No hay nada que se rompa al tener relaciones sexuales la primera vez, pues el himen es elástico y un tejido elástico no se rompe, si se trata bien; solo se estira y vuelve a su posición. Esta característica del tejido va adaptándose a la edad de la mujer y al tamaño de la vulva y la vagina: el himen de una adolescente de once años no es igual al de una adulta de veinte. Pero, ojo, dije “tratar bien”. Por supuesto que frente a una actividad sexual en que se penetra la vagina de forma brusca, sin una adecuada preparación (excitación, lubricación, relajación de los músculos que rodean la vagina, etc.), los tejidos pueden sufrir un daño (inflamación, fisuras, microdesgarros).

He aprovechado mis redes sociales para, a través de Instagram, consultarles a las mujeres sobre la experiencia de sus primeras veces, y las respuestas no fueron tan diversas. Lamentablemente hay un patrón que se repite y que no tiene que ver precisamente con experiencias muy positivas. Te dejo algunas de las que, espero, cada vez tengamos que escuchar menos:

“Fue horrible, asustados, escondidos, rápido, cabros chicos”“Me dolió mucho, pero yo porfiada, quería y quería. No me pude sentar en dos días, más o menos”“Solo pensaba: que pase rápido este momento, porque duele”“Ninguno de los dos sabía lo que hacía, y él se guio prácticamente por lo que vio en el porno”“Un desastre, hasta el día de hoy siento pena por no informarme antes”“Fue solo para perder la virginidad, estaba bien clara de todo”“Asqueroso, lo recuerdo y lo odio”“Dolor, falta de consentimiento, miedo”“Horrible. La verdad, no sabía por qué lo hacía, era chica, no lo disfruté y para más remate, estaba preocupada de que el otro lo estuviera pasando bien”“Dolor, aunque pensé que sería más traumatizante aún, y además, no sangré como se supone ‘debía ser’ la primera vez” “Presionada y usada, tenía 14 años”

Es realmente duro leer estas respuestas, y creo que cualquiera después de leerlas queda con una sensación horrible. Por eso es tan importante la educación sexual para todos y todas. Sobre todo, hablémosle a los más jóvenes, digámosles a las adolescentes —porque, insisto, somos las mujeres las más perjudicadas— que la primera vez no tiene por qué ser una experiencia dolorosa o traumática, que no serán más ni menos mujeres, ni habrán perdido algo después del primer encuentro sexual. Hablemos de lo lindo de la sexualidad, de la importancia de una relación sexual consentida y completamente informada, pero también de lo placentera que debe ser. Si no, ¿qué sentido tiene tener sexo?

Es totalmente inaceptable que solo hablemos de sexualidad con los jóvenes para asustar. El embarazo adolescente y las infecciones de transmisión sexual son un tema relevante en esta población, sí, pero el placer también lo es, y precisamente en ellos. ¿Acaso los adolescentes tiene relaciones sexuales porque desean tener hijos? Por supuesto que no, entonces, no eduquemos en base al miedo, sino para que sus experiencias sexuales sean placenteras y saludables.

Ni dama en la mesa,

ni puta en la cama

¿Hasta cuándo las mujeres somos juzgadas por cómo vivimos nuestra sexualidad? Porque aunque no lo queramos, y aunque creamos que esto es del siglo pasado, aún sigue ocurriendo. Lo peor es que muchas veces esto no viene solo de parte de los hombres y su machismo, sino también de otras mujeres, porque la cultura en general es violenta con nosotras y somos las primeras en ser juzgadas frente a cualquier situación, y la sexualidad es una de las favoritas. Mientras el hombre se jacta de sus conquistas, encuentros sexuales, cantidad de parejas, etcétera, nosotras hemos tenido que guardar silencio muchas veces por el miedo a ser tildadas con un sinfín de epítetos, por gozar de lo mismo que gozan ellos. Porque mientras ellos son unos campeones, nosotras somos unas sueltas, unas fáciles.

¿Por qué se nos castiga tanto por la forma en que vivimos nuestra sexualidad? Es increíble cómo la cultura patriarcal en la que vivimos se nos ha metido hasta en la cama, o más bien, quizás nunca ha salido de allí. La represión de nuestra sexualidad debería ser cosa del pasado, pero lamentablemente y para sorpresa de muchas, esto no es así del todo. Aún se perpetúa el estereotipo de “la buena mujer” ante la sociedad. ¿Cuál es esa? La señorita bien portada, de casa, con relaciones serias y estables, la que se viste recatada, la que no se acuesta con alguien en la primera cita (ni en la segunda), la que no muestra tanto interés por el sexo, la dulce y romántica, la que es toda una dama. ¿Acaso no han escuchado decir que hay mujeres para “esto” y mujeres para “esto otro”? Seguramente has escuchado sobre el llamado “Madonna-whore complex” o “Complejo virgen-prostituta”, un término definido por Sigmund Freud, que se refiere a una dicotomía psicológica que lleva a que algunos clasifiquen a las mujeres únicamente en “vírgenes” y “prostitutas”. Hoy en día todavía hay gente —y no tan solo hombres— que mantiene estos pensamientos de que hay mujeres para ser admiradas, “las buenas mujeres”, y mujeres que solo son para el rato, para divertirse, para la cama; las atractivas sexualmente, más bien, vistas como un objeto sexual.

Pero es hora de decir: ¡basta! Ninguna mujer debería seguir siendo sometida a este tipo de clasificaciones según su comportamiento. Todas deberíamos poder vivir una sexualidad libre y placentera, sin que esto signifique que dejamos de ser una persona respetable. ¿Has escuchado ese dicho que dice “una dama en la mesa, una puta en la cama”? Yo no lo comparto para nada, porque no tenemos por qué andar por la vida aparentando que el sexo no nos gusta, que es algo de lo que no disfrutamos o de lo que no hablamos, tan solo por no ser catalogadas por otros de una manera descalificativa. Lo que tú hagas en la intimidad de tu vida sexual es asunto únicamente tuyo; simplemente eres una mujer siendo libre y gozando del sexo como lo debería hacer cualquier persona a la que le guste.

Por último, cariño, no le debemos ningún tipo de explicación a nadie. La forma de vivir nuestra sexualidad es única y personal, y si de sexo se trata, las mujeres también disfrutamos tal cual lo hacen los hombres. El sexo no es una cuestión de “ellos”, también es cuestión de nosotras.

Las ganas que (no) tengo

Para tener sexo hay que tener ganas, ¿no? ¡Qué tema! Es que a veces realmente las ganas pueden estar por el suelo, pero tampoco se trata de tirarnos al suelo nosotras mismas y pensar que, solo porque somos mujeres, el deseo sexual no es cosa nuestra o que por naturaleza tenemos menos ganas. ¿O sí? ¿Tenemos las mujeres las mismas ganas o deseo de tener sexo que los hombres? ¿Qué crees tú?

Cuando hablamos de respuesta sexual humana, estamos hablando, en términos bien simples, de varios cambios que se manifiestan ante el estímulo sexual, tanto de manera fisiológica (o sea, los cambios que van ocurriendo en nuestro cuerpo) como lo que subjetivamente percibimos de esos estímulos o actividad sexual (si nos gusta, agrada o no, lo que estamos sintiendo en el cuerpo). Esto, por supuesto, depende de varias cosas, como por ejemplo, ciertos factores biológicos, como las hormonas que secreta el cuerpo durante la actividad sexual; factores psicológicos, como la angustia; o factores socioculturales, como la religión o una educación sexual muy represiva.

Ya con solo exponer esta pequeña información, te habrás dado cuenta de que el sexo no es una cosa tan fácil como quitarse la ropa y a la acción. Más bien, hay muchas cosas que pueden interferir en ello y volver el sexo un poco caótico o complejo. Es muy importante entender esto para no pensar que somos anormales o unas “frígidas” —como alguna vez se nos dijo— si nos damos cuenta de que a veces o frecuentemente no tenemos muchas ganas de sexo. Es súper común entre las mujeres, pero no quiero que pienses que es porque simplemente seamos así. Esto también es otro invento de la sociedad frente a cómo debe ser una mujer, un estereotipo más: el hombre, sexual e instintivo, el que no se puede controlar; la mujer, sin ganas y soñadora, que solo piensa en el amor romántico.

Repasemos rápidamente y a grandes rasgos, algunas cosas sobre la respuesta sexual humana, que nos ayudarán a comprender un poco mejor todo esto sobre el deseo sexual. Durante muchos años se pensó que el deseo sexual sucedía prácticamente siempre de la misma forma en todas las personas. Sin embargo, hoy sabemos que esto no es tan así, gracias a que los modelos de respuesta sexual humana han ido evolucionando en pro de comprender de mejor manera la función sexual de los hombres y las mujeres.

Los primeros modelos de respuesta sexual que se crearon fueron lineales, es decir, hay un inicio y un fin muy bien determinando. Seguramente ya has escuchado estos términos antes: deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución, pues estas palabras hacen alusión a las fases de la respuesta sexual humana y ese es su “orden”. Por ende, por mucho tiempo se pensó que cualquier situación en que se quebrara esta secuencia (lineal), se entendía como algo anormal, como una disfunción sexual, y adivinen quiénes se vieron más afectadas con esto. Sí, las mujeres, pues se tendió a patologizar un comportamiento sexual que hoy entendemos y aceptamos como algo totalmente normal. Es lamentable que por lo general siempre nos toca la peor parte de todo.