El limpiador 1: La lista - Inger Gammelgaard Madsen - E-Book

El limpiador 1: La lista E-Book

Inger Gammelgaard Madsen

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Beschreibung

"Bertram y sus tres amigos, Jack, Kasper y Felix, acaban de terminar la escuela y formaron una pandilla de poca monta, llamándose a sí mismos ""Los Halcones"". Trabajan para el Mediador, que les paga por entrar a propiedades y robar muebles costosos de diseñador, a petición de sus clientes. Bertram vive solo con su madre, que trabaja como mesera en un restaurante. Ella piensa que Bertram gana su dinero limpiamente como repartidor de periódicos. Él no puede recordar mucho sobre su padre. Sólo tenía siete años cuando fue arrestado por asesinato y sentenciado a prisión de por vida. Un día, Bertram roba una chaqueta de cuero costosa del restaurante donde trabaja su madre. Encuentra algo escondido en un bolsillo falso bajo el forro de la chaqueta. Esto termina teniendo consecuencias desastrosas, no sólo para Bertram.El limpiador es un drama criminal en seis episodios."-

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Inger Gammelgaard Madsen

El limpiador

Episodio 1 de 6

La lista

SAGA

El limpiador 1: La lista

Original title:Sanitøren 1: Listen Copyright © 2017, 2019 Inger Gammelgaard Madsen and SAGA Egmont, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726233278

1. E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

El limpiador

Episodio 1 de 6

La lista

Le quedaba un poco grande en los hombros y emanaba un aroma a cuero nuevo y tabaco. Tenía el color del brandy y crujió un poco cuando dobló el brazo para saludar a los demás con lo que ellos llamaban su señal de pandilla.

Consistía en golpearse el pecho con un puño, luego llevar los dedos índice y medio a la sien derecha y, finalmente, chocar puños con cada persona.

Se le había ocurrido a Jack. Le encantaban los rituales, le encantaba cualquier compulsión, en realidad. Eso le había valido un diagnóstico y ahora ya no tenía que trabajar más. Era el mayor del grupo y se suponía que para otoño sería aprendiz de carpintero, pero entonces su mamá lo había llevado a rastras a un sicólogo por su extraña necesidad de contarlo todo y repetir los mismos movimientos una y otra vez.

Con un dejo de algo muy parecido al orgullo en su voz, Jack les había dicho que el sicólogo lo llamaba TOC. Ahora él tenía algo que los demás no tenían.

Bertram también deseaba tener un diagnóstico. Había decidido que no iría a la escuela secundaria, hace algún tiempo, y se había propuesto buscar trabajo tras finalizar sus exámenes del noveno año, pero no había muchas opciones disponibles.

Fue entonces cuando conoció a Jack y a los otros. Se hacían llamar los Halcones. Era una especie de parodia, no muy sutil, de los Halcones Nocturnos, un grupo privado de ciudadanos que patrullaban las calles por la noche para ayudar a mantener la paz, a nivel nacional.

Los halcones eran inteligentes y de raza, se alimentaban de otras aves y contaban con varios apéndices afilados como armas; los Halcones Nocturnos no eran más que un grupo de personas que se quedaban despiertos hasta tarde.

 —¡Raaaaayos, esa chaqueta que tienes es maravillosa! —dijo Felix bastante impresionado despegando los ojos de la pantalla brillante de su tableta, lo cual rara vez sucedía. Su rostro se vio aún más pálido y ceniciento que de costumbre.

 —¿De dónde rayos la sacaste? —Jack dejó salir el humo del cigarrillo por la comisura de sus labios y miró a Bertram con escepticismo.

 —Sí, ¿de dónde te la robaste? —preguntó Kasper, dando en el clavo.

—Del restaurante —admitió Bertram y metió las manos en los bolsillos de la chaqueta en un intento por verse rudo—; es una marca costosa: Schott, Made in USA.

—No sabía que la sexy Eva atendiera a una clientela tan exclusiva —dijo Jack con una sonrisa torcida mientras sacudía la ceniza del cigarrillo.

A Bertram siempre le molestaba cuando Jack se refería a Eva Maja de ese modo. Él nunca la llamaba ‘mamá’ porque le parecía infantil. Pero tampoco le complacía el modo en que Jack miraba a su madre, como si fuera un hombre adulto de gran experiencia con las mujeres. Sólo había tenido una novia y, tras una semana, la pobre ya estaba harta de él.

A Bertram le provocaba, sobre todo, golpear a Jack en el rostro, pero sabía que probablemente era mala idea. Su compulsión por repetir cada movimiento una y otra vez era letal cuando les encontraba uso a sus puños. Además de que había tomado lecciones de boxeo, con supuestos fines terapéuticos.

Como de costumbre, Bertram sepultaba su furia.

—¿Crees que el Mediador le quiera echar mano? —preguntó Kasper, por quien el Mediador los acosaba constantemente. Estaba bien que vendiera las cosas que ellos robaban, pero Bertram se estaba hartando de ese viejo cabrón, gordo y calvo. Seguía entrometiéndose hasta el punto de hacerlos sentir vigilados. ¿Por qué no robaba su propia mercancía?

Bertram no confiaba en el Mediador y él no confiaba en la pandilla. Había sido mucho más divertido al principio, cuando estaban solos y los hurtos a las tiendas no eran más que un juego. Claro que ahora ganaban algo de dinero con sus robos, pero todo tenía un precio.

—No quiero que el Mediador se entere.

—¿Entonces te la quieres quedar para ti solo? —Kasper parecía sorprendido.

Bertram se sentó junto a Jack en la plataforma de madera frente al río.

El sol había decidido brindar un día de abril que parecía casi de primavera. Sin embargo, apreciaba la chaqueta porque la brisa seguía siendo fría.