El limpiador 4: Nuevas pistas - Inger Gammelgaard Madsen - E-Book

El limpiador 4: Nuevas pistas E-Book

Inger Gammelgaard Madsen

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Beschreibung

"Anne Larsen descubre que la abogada defensora fallecida había dado por terminada su carrera poco después de perder un caso en que su cliente, el asesino de niños Patrick Asp, fuera enviado a prisión. El padre de la abogada defensora, un juez de la Corte Suprema, ha desaparecido sin dejar rastro. Anne está en la prisión para interrogar al director sobre el prisionero fallecido por sobredosis, cuando Patrick Asp se las arregla para pasarle una carta, discretamente. Allí escribe que fue encerrado injustamente y que su esposa participó en ello. Anne rastrea a la mujer hasta el restaurante donde trabaja. También conoce a su hijo, Bertram, y tiene la sensación de que ambos esconden algo. También hay algo sospechoso en Uwe Finch, el hombre con que la madre está saliendo. Actúa como si estuviera tratando de ocultar quién es en realidad; Anne contacta a Roland Benito para que le ayude a determinar su verdadera identidad.El limpiador es un drama criminal en seis episodios."-

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Seitenzahl: 41

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Inger Gammelgaard Madsen

El limpiador

Episodio 4 de 6

Nuevas pistas

SAGA

El limpiador 4: Nuevas pistas

Original title:

Sanitøren 4: Nye spor Copyright © 2017, 2019 Inger Gammelgaard Madsen and SAGA Egmont, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726233223

1. E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

El limpiador

Episodio 4 de 6

Nuevas pistas

El suicidio de un guardia de prisión no era algo que pudiera aparecer en las noticias por mucho tiempo, tampoco la muerte de una ex abogada defensora, en un accidente de auto. Pero entonces, el padre de esta última desapareció sin dejar rastro una semana más tarde. Dos días después, el respetado juez de la Corte Suprema, Karl Dallerup, seguía sin aparecer así que la atención volvió a centrarse en las viejas noticias.

En repetidas ocasiones durante esa semana, Anne Larsen había intentado obtener permiso del jefe de redacción para examinar más a fondo la extraña coincidencia que había encontrado. Tanto el guardia de prisión, Julius Habekost, como la abogada defensora, Vivian Elsted, estaban relacionados con el asesino Patrick Asp, recluso en la Institución Enner Mark que era donde trabajaba Julius Habekost.

Pero el jefe de redacción seguía recordándole que era una reportera criminal y no una investigadora criminal, y que su deber era informar, no investigar. Pero Anne fracasaba en su lucha por olvidar la conexión. Había algo sospechoso sobre ese suicidio, y los dos oficiales de policía habían sido absueltos por completo.

Por supuesto que ella confiaba en la unidad y en la investigación de Roland Benito, pero algo seguía molestándole. Ahora vería de nuevo al jefe de redacción, porque había comprobado que Karl Dallerup también estaba relacionado con Patrick Asp. Lotería, él fue el juez en el caso de homicidio diez años atrás. De ser una corte norteamericana, él habría golpeado su mazo para condenarlo a ‘cadena perpetua’. Pero en las cortes danesas los jueces no usaban mazos, a diferencia de lo que muchos pensaban.

—¡Eso sucedió hace diez años, Anne! —dijo el jefe de redacción, pero aun así la miró con curiosidad, mordiendo una pata de sus lentes.

—Exacto, pareciera que ese viejo caso estuviera relacionado con todo lo que está pasando.

El jefe de redacción frunció el ceño y sacudió la cabeza. Todo lo que hizo fue mencionarle que la policía de East Jutland acababa de anunciar una rueda de prensa sobre la desaparición del juez de la Corte Suprema.

—Escucha —insistió Anne—, un prisionero murió por sobredosis de narcóticos y…

—Sabes tan bien como yo que ni la policía ni la prisión lo han confirmado...

—La Institución —corrigió Anne.

—¿Eh? Ah sí claro, la Institución. Esto fue algo que sólo escuchaste de un prisionero enojado que se cruzó contigo en el pasillo de la prisión, y...

—No era cualquier prisionero. Era él, Patrick Asp. El factor común entre ambos muertos y el juez desaparecido. Acusó a Julius Habekost de causar la muerte de Spider, por suministrar los narcóticos. Solo digo que mantener esa muerte en secreto la hace aún más sospechosa, además de que parece ser una decisión política. ¿No se supone que los reporteros saquen a la luz ese tipo de cosas, para que el público sepa lo que en verdad ocurre en la prisión más segura del país, financiada por sus impuestos? Anne habló hasta calentarse y sus mejillas se sonrojaron.

 —Pero tanto el suicidio como el accidente de auto ya son noticias viejas, Anne. Piensa en lo horrible que será para las dos familias si volvemos a sacarlas al aire.

—¿Y tú piensas que ellos ya lo olvidaron?

—No, claro que no. Pero, en medio de su duelo, ¿en realidad quieres que empiecen a preguntarse si no fue un suicidio o un accidente, sino un asesinato?

—No somos un periódico amarillista, así que no se presentaría de ese modo. Pero, ¿no crees que la familia Dallerup podría estar sospechando algo ante la desaparición de Karl Dallerup tan solo una semana después de que su hija muriera en ese accidente?

—Esas cosas pasan. Llueve sobre mojado... tú encárgate de ir a esa rueda de prensa, ¿si? La policía está solicitando la ayuda del público.

—De acuerdo.

—Tan solo enfócate en la noticia nueva, ¿de acuerdo, Anne?

Anne salió de la oficina del jefe de redacción sintiéndose un poco molesta y se sentó en su escritorio. La oficina estaba casi vacía. La mayoría de los reporteros estaban fuera, tratando de reunir suficiente material para que su estación de noticias local siguiera siendo considerada valiosa para los peces gordos. Sólo quedaba otra persona, Noa María, que trabajaba en su escritorio junto a la ventana.