Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
¡Ah, las chapiadoras…! Esas mujeres que te hacen rendirte a sus encantos; esas que te sonríen fabulosamente siempre y cuando, a cambio, las dejes exprimir tu billetera; esas que te idolatran a cambio de que pagues por todos sus lujos… Si estás cansado de sentir que debes pagar por compañía, estas páginas llenas de humor negro te ayudarán a descubrir los secretos y mañas de las chapiadoras o gold diggers… para que no sigas cayendo en las redes de quienes te quieren usar solo por conveniencia económica. Con esta lectura podrás encaminar tu independencia emocional basada en el amor propio, así como tu despertar espiritual y el cultivo de tus valores personales. *** ¿Qué tan manipulable eres ante la sugestión social? ¡Despierta del estado de idiotez y reconoce las mañas de las chapiadoras, aprende a quererte y atrae a quienes sí te valoran! ¡Conviértete en un inchapiable!
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 301
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
EL MANUAL DEL INCHAPIABLE
Hugo E. Gracia Matos
© Hugo E. Gracia Matos
© El manual del inchapiable
Mayo 2024
ISBN papel: 978-84-685-8137-8 ISBN ePub: 978-84-685-8136-1
Depósito legal: M-12092-2024
SafeCreative: 2405067891888
Editado por Bubok Publishing S.L.
Tel: 912904490
Paseo de las Delicias, 23
28045 Madrid
Reservados todos los derechos. Salvo excepción prevista por la ley, no se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos conlleva sanciones legales y puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
Índice
PRÓLOGO
CONVERSACION CON MANCEBO (a)
LOS ORIGENES DE LA CHAPIADORA DE HOY
¿QUIEN ES EL CHOPO?
CONVERSACION CON MANCEBO (b)
LOS MODELOS A SEGUIR
EL MARKETING SEXUAL
EL SINDROME DEL MERECEDOR
PROTAGONISTAS DEL CHAPEO EN RD
ACONDICIONAMIENTO SOCIAL Y CANONES
CONDICION NATURAL DE LA MUJER
RAZAS Y RACISMO EN RD
LOS CUATRO TIPOS DE HOMBRES
TIPOS DE CHAPIADORAS
LUCES Y SOMBRAS(El juego del poder)
DESMONTANDO EL ROBO
PASANDO BALANCE
MEDITACION PARA SUPERAR A UNA PERSONA
LAS CHAPI CARRERAS U OFICIOS
CONVERSACION CON MANCEBO (continuación)
UN DIA CUALQUIERA
CONTRASTES DE POBREZA Y RIQUEZA MENTAL
EL INCHAPIABLE
LA INTEGRIDAD DEL HOMBRE
DEGENERACION (Las puertas del infierno)
MI MENSAJE A LAS MUJERES
MI MENSAJE A LOS HOMBRES
MI MENSAJE A LA SOCIEDAD EN GENERAL
MI MENSAJE AL SATANÁS DEL SISTEMA
ACLARACIONES
PREÁMBULO
DICCIONARIO DEL LENGUAJE COLOQUIAL DESECHABLE (LCD)
PRÓLOGO
Como es costumbre, la mayoría de los dominicanos sólo leemos si es sobre chismes, chistes, morbo o controversia. Este libro está lleno de contenido coloquial, aunque también de reflexiones. El fenómeno “chapeo” es un tema que es pan de nuestro cada día en nuestra desenfrenada sociedad. Algo que sólo aceptamos como un hecho sin jamás estudiar el fenómeno o razón de ser.
Para la comunidad internacional que no entienda el término “chapiadora” es lo mismo que una “gold digger”. Lo que pasa es que al decir gold digger sólo imaginamos una chica que se le lanza a un tipo que anda en un Lamborghini. Aquí en República Dominicana (en lo adelante RD) la chapiadora* puede ser hasta la que plagosea* por una recarga telefónica.
Para hablar sobre la transformación social de hoy día hay que señalar al hombre que acondiciona su entorno mientras que su mismo entorno lo acondiciona cíclicamente. Esto funciona de la misma manera que un árbol alimenta con sus hojas, flores y frutos al suelo que lo alimenta a él, y así recíprocamente. Para decirlo de forma más áspera; la chapiadora* no existe por sí sola, es sólo fruto de una condición y conducta en el hombre.
Aunque en apariencia, el tema central es la chapiadora* y el status de inchapiable*, la misión principal de este libro es un llamado a la conciencia social. A raíz de un problema, que se está volviendo muy grave por la simple razón de que es invisible, pues no aparenta ser un problema, mientras en realidad es la raíz de casi todos nuestros males. El problema no es el chapeo, eso es sólo un síntoma y aun así uno leve. Por lo que es inevitable codearnos con las causas y efectos en el clima de nuestro sistema social para tener una idea de por qué estamos como estamos.
Es demasiado claro que no sólo existe la chapiadora*, sino también el chapiador. Pero no me desgastaré por pura semántica a deternerme a enfrascar ambos sexos en una misma expresión, además que por la mayoría es que se habla y to’ el mundo va a entendé. #
Advierto al extranjero que abra este libro, que podría perderse en la jerga dominicana. Por tanto, una palabra en jerga o de mi invención estará seguida de un asterisco, (*) cuando menos, en su primera aparición. Ya que serían definidas, no haría falta el uso de las comillas para dichas palabras. Estas serían definidas al final, en un diccionario del lenguaje coloquial desechable (LCD).
También, los textos que contengan palabras recortadas como; “to” en lugar de “todo” y “entendé” en lugar de “entender” tendrán un signo de número al final (#), para con esto señalar que contiene palabras recortadas que pueden ser definidas en un glosario de estas también al final, siempre que no haya sido necesario definirlas en el diccionario.
Me gustaba mucho hablar con un amigo que es toda una sensación y mi autochapiable* favorito, aunque me desgastaba el hecho de que no absorbiera ni un solo consejo. Por eso nunca entendí para qué los pedía entonces. Le pedí en su momento, para otro uso distinto a este, pero que terminó siendo este, registrar algunos de nuestros temas de debates que iré repartiendo a lo largo de este libro cargado de chercha, humor negro, encojonamiento* social y amplias reflexiones. Obviamente, para proteger la vergüenza de mi antes frecuentado amigo, omitiré su nombre real y en este escrito se llamará Mancebo. Por “man” de hombre y “cebo” lo que se usa para atraer animales en la caza, ya que su vida giró en torno a atraer chapiadoras*.
También pediré disculpas por adelantado a las colombianas y venezolanas por parecer que generalizo, al hacer ciertas referencias. Pero es claro que al hacerlo, sólo me refiero a las que vinieron a chapiar y prostituirse.
CONVERSACION CON MANCEBO (a)
H –Dime a ver Mancebo, ¿vamos al gym o te quedas?
M –Pérate loco, que toy’ mal. #
H –¿Pero mal de qué? ¿Tienes diarrea? o algo así suenas.
M –No loco, una tipa anoche que me dijo muchísimas cosas feas y me dejó con el “anafe prendío” aquí en mi casa anoche. Entonces me fui en coraje y me metí casi to’ el whisky que trajimos. Y tú supite*, que ni leche tengo pa’ la resaca. #
H –Pero barájamela al paso a ver si entiendo la historia. O sea, dime las cosas en orden, como si toy’ viendo la película en vez de leyéndote. ¿Una tipa de qué o de dónde, y por qué terminó en tu casa diciéndote aquello?
M –Na’ loco, yo salí anoche a un bar tipo rooftop que se pone bueno en la zona oriental. Habían unas clases de malas* ahí que taban del diablo loco. #
H –Antes de que tú sigas Mancebo, ¿tú no eras el que se quedó sin ni uno ayer después de pagar la semana de alquiler del carro?
M –Pero pérate que ahí iba a llegar, yo le metí una cotorra* al dueño y de las dos semanas que se me juntaron le pagué una. Es que también uno ta’ vivo mano, hay que salí. Y na’… lo que yo hice fue que primero compré un whisky en el drink, obviamente lo dejé en el carro. Entonces me metí al sitio y aunque taba full contao’ pa’ comprar tragos, le mandé a dos que andaban juntas, luego me senté con ellas y me fui en cotorra con la mía. Como lo que me alcanzaba a comprarles era una botella, la fui preparando pa’ irnos antes de que se acabara, a sabiendas de que también tenía una botella clavá* en el carro pa’ seguir chupando y que la tipa se ponga loquísima, tú sabes. Pero cuando vio que era un Dewar’s me dijo “yo no bebo eso, tú me viste bebiendo Double Black”, pero le dije que creía que había en la casa y normal. #
H –Ok, tú me dices que la tipa andaba con una amiga. ¿Cómo la convenciste de salir? ¿Se separaron?
M –Sí, primero fuimos a llevar a la amiga. Tú sabes, a las mujeres así hay que hablarles pilas* de mentiras pa’ que crean que van a guisá*. Yo le enseñé las fotos de cuando vivía en Miami y tenía la jeepeta y le dije que yo vengo a veces, que mi papá es un empresario chino muy rico y que no quiero irme solo a Dubai, que yo espero que ella termine siendo mi novia y vaya conmigo.
H –Pero… ¿y cuál era el plan de continuidad de esa movie? No me digas que después de decirle todo eso tú la llevaste a tu casa, Mancebo.
M –¿Y pa’ dónde más loco? Aunque yo le dije que como yo no vivo aquí unos amigos míos me prestan su suite. Pero desde que ella vio que doblé a Ciudad Juan Bosch como que se le apagó el jacho. Cuando llegamos al apartamento, ella apenas dio un paso a mi habitación y me dijo que iba al baño. Se me hizo raro que duró como siete minutos, y cuando salió fue como una pedrá* pa’ la puerta y yo le caí atrás y le hice su lío. Fue que pidió un Uber cuando estaba en el baño. Pero le hice un show que el edificio entero y el de al lao’ se despertaron, a esa azarosa. Después que le compro un Double Black viene a dejarme así y a voceame que maldito baboso, que paquetero, que si no me da vergüenza hablar tanta pupú*, que un cuero* no me lo da ni yo pagándole por baboso. Entonces yo me quillé* y la manotié* y le despegué la peluca (extensiones) y bajaron los vecinos de arriba y me calmaron, fueron muy gente. El Uber se apeó y era grande y áspero, pero yo hubiera subido a buscar el bate si no fuera por los vecinos. #
H –Coño Mancebo, pero el residencial hasta comió palomitas con ese show que protagonizaste. ¡Eso estuvo fuerte sin ir al gimnasio compadre!
M –Cállate, que hoy tengo una vergüenza que voy a salir es con la cabeza tapá como los talibanes. Entonces jodío sin la semana del carro na’, que le dije al dueño que se la doy el lunes. #
H –¡Carajo! pero pídele esos seis mil prestados a tu hermana.
M –¿Seis mil? ¿Y yo no te dije que lo cambié por un Honda Accord? Ya yo no tengo el Sonata, ahora tengo un Accord y por este pago once mil.
H –Pérate, pérate, pérate… ¡pero que co-jo-nes tú tienes Mancebo! ¿Tú me estás diciendo que para hacer Uber entregaste el Sonata que es de gas y paga seis mil, a cambio de un Accord pagando once mil? Eso que aparte de que es de gasolina, se la bebe sin compasión. ¿Como por qué demonios tú hiciste eso? #
M –Ah loco, es que yo taba cansao’ de que en el Sonata no me mirara ninguna jeva* o me miraran como con asquito. #
H –La verdad es que lo que te falta de tamaño lo tienes de idiota. Tú te has dao’ más grande que Fefita1, tú no cambias.
M –Hahaha loco, pero no seas tan duro conmigo. Además, como dices tú, yo no tengo cara de semáforo pa’ cambiar.
1. Manuela Cabrera Tavares. Personaje icónico del merengue típico en República Dominicana. Mujer destacada por su alegría contagiosa, autodenominada Fefita La Grande. De edad avanzada y espíritu joven.
LOS ORIGENES DE LA CHAPIADORA DE HOY
La palabra “origen” puede parecer demasiado amplia, porque el chapeo o intercambio son más viejos que el hielo, si a ver vamos. Incluso la palabra “cuero” es utilizada desde la post colonización, porque tanto mujeres libres como esclavas mandadas por sus amos, se disponían a pagar con su cuerpo a los navegantes por porciones de cuero traídas por los navíos mercantiles, así como también entre los dueños de las vacas y la peletería cuando el cuero era un bien preciado. Y aun así estamos hablando de “orita” en el antiguo oficio de la prostitución. Empiezo por aquí porque tengo que ser brutalmente claro con que el chapeo no es más que prostitución sin monto fijo y que valida la estafa emocional. Es diferente intentar casarse o relacionarse con un hombre bien posicionado que jugar todos los frentes posibles a un tiempo.
El chapeo “tradicional” siempre ha existido, la diferencia del chapeo moderno es que sobresale por la abundancia, la agresividad, la normalización y el descaro con que se practica. Pero, es imperante primero explicar los componentes de la descomposición social, que implosionó desde varios ángulos a un tiempo, para entender como creció esa embromienda*.
No hubo un mejor brote de dinero del narcotráfico en RD que a partir del año 2001, ni tanto chopo* sin capacidades metido cobrando dinero en los puestos del gobierno. Estos y otros elementos iniciaron “el cruce social”.
Siempre ha visto la existencia del capo, el pelotero, y el típico hombre maduro super realizado. Estos últimos, siendo los que más típicamente mudaban y mantenían a una jeva con to’ los power, cuando aún el chapeo era una profesión más aislada y de minorías en RD.
Las colombianas son las pioneras de lo que llamaremos “chapeo directo” en la isla, desde que hubo una migración masiva, con su récord anterior entre 1999 y 2001. Aquellas damas; bellas, codiciadas y venidas de ciudades donde ya estaba acelerada la pérdida del pudor, fueron las protagonistas del ya cerrado Doll House.
Todos sabemos cómo funciona esto; viene una que le va bien, le manda dinero a la familia y por ahí mismo todo el mundo quiere ser él y la que está para mandar. La misma vaina por la que todavía nos queremos ir a “Nueva Yol”, por la idea de ser pobre allá, pero “semi rico” ausente aquí, por la diferencia de valor de divisas.
Volviendo a las pioneras del chapeo directo... Las colombianas que causaron tanta sensación como las modelos 911, no duraron mucho en encontrar “dueño” en RD, porque no sólo son hermosas, estaban hechas de los tres golpes (tetas, lipo y nalgas) y ya tenían décadas entrenadas para ser las acompañantes y aspirantes a ser la amante oficial de los capos colombianos, estos que llenaban con su opulenta presencia los burdeles o las pedían por delivery en sus interminables fiestas.
Incluso las colombianas que se la buscaban en el malecón terminaron siendo “recogidas” de la calle, cosa que les causa dolor aun hoy día y más con la llegada de las venezolanas, a las dominicanas “buscaneras” del Malecón. Por si no lo sabían, se han formalizado hasta con carnet en algo llamado MODEMU (Movimiento de Mujeres) y por si algunos no lo saben, una ex trabajadora del malecón que no ha estudiado más que Urología, (sarcasmo) es diputada en este país de las maravillas.
¿Pero y cómo consiguieron tantos “compradores” en un país supuestamente pobre? Lo que pasa es que ahora no sólo están los peloteros, capos y viejos empresarios. En creciente desde el 1996, también sobra todo político y funcionario corrupto, o los hijos de estos que viven de su patrimonio robado al estado. A esos, por facilidad, es a los que menos les duele explotar el país a cambio de un cromo*. Hay muchas, de hecho, en puestos creados o no merecidos en las oficinas públicas, ganando sueldos de neurocirujano y son fáciles de detectar por su cuerpazo, su soberbia, pero especialmente por su incapacidad.
O un ejemplo más preciso aun: Cierto abogado fue procurador general de la república, sólo porque a cierta figura del poder ejecutivo le gustaba mucho su hermana.
Ahora vamos a enfocarnos en 2002, varias cosas surgieron juntas desde diferentes direcciones. Llegó de manera abrumadora el reguetón de Tego Calderón, imponiendo su ritmo gracias al negocio de lavado tan serio que hay detrás de ese nicho de la promoción artística. No hay nada más fácil de condicionar por exposición que las masas interesadas en ser masas o “parte de algo”.
El entonces denominado jevito*, al que ahora le llamarían popi*, ya fuera un clase media o alta o simplemente un pobre que no quería comportarse como uno; antes del efecto Tego Calderón, tildaba de chopo*, campesino y charli* al que se atreviera a tararear un reguetón o un rap, desde su fundación tomada del reggae jamaiquino y el hip hop Neoyorquino. Pero como se lo sonaron quieran o no en los sitios que frecuentaban, pasaron a estar convencidos de que ahora les gusta.
La suma de la exposición y la repetición de este género bien financiado les compró el criterio, como a toda oveja del sistema. El dinero de los que pagaban por viralizar ese sonido era demasiado. Vamos a sumarle que también todo el chopo* con cuarto* andaba en el medio ejerciendo o fingiendo la opulencia. He aquí el inicio del cruce social.
Antes, en RD, cada clase social estaba cada cual en su lado. Para una persona clase alta o media alta ver a una persona de clase más humilde, hubiera tenido que ir a los lugares que estos frecuentaban, cosa que no hacían. Tal vez, sólo en los sitios de disfrute público, hasta que surgió el boom de Plaza Central, pero igual no se mezclaban, al menos, con una ligera excepción de los jevitos*. Estos, aunque vivieran en barrios, podían ser un tanto más educados en el vestir, hablar y actuar. Porque eran pobres que querían parecer ricos y europeos cuando todos querían ser Enrique Bunbury, o las chicas sanamente desacatadas querían ser Gloria Trevi. Por eso podían camuflarse un poco mejor entre la clase media alta.
Para evitar herir la sensibilidad de las personas equivocadas, antes de continuar debo definir a cabalidad que es un chopo* ya que no es algo que esté en el diccionario y dicho término puede hacerse más o menos subjetivo.
¿QUIEN ES EL CHOPO?
No sé qué tantas personas existen con la idea de que “chopo” es sinónimo de “pobre”. No se trata de eso, las personas más cultas que he conocido son humildes y de barrio, pero eligieron ser instruidos, tener manejo y sentido común.
Aunque esté claro que la mayoría de los chopos pertenecen o vienen de las clases bajas del estrato social, ser chopo más bien es una conducta, una que exige respeto pero que no respeta. Este es el primer y más notable rasgo de la chopería, la falta de respeto e indolencia que van de la mano con una indeseable pobreza cultural, mas una bruteza elegida y portada con orgullo.
Lo más lamentable es que el azote del chopo ha llegado incluso a las esferas gubernamentales. Aunque no debería sorprendernos en un país donde no se tienen los puestos en las oficinas del estado por capacidades ni por méritos, sino por nepotismo y favores políticos. Todos los órganos del estado fueron teñidos por el chopo, su indolencia, su corrupción y su incompetencia. Aunque no lo crean, esta es la caja de pandora y la raíz de casi todo nuestro retraso como país, en efecto dominó.
El chopo es la encarnación de la mediocridad, es decir, el que quiere tener más y tenerlo ahora, aunque haga menos, sepa menos y se esfuerce menos. Lo peor es que ven a algunos lograrlo en un sistema con las compensaciones y los méritos totalmente desproporcionados y por eso son sus ídolos.
Los chopos de las esferas políticas y funciones del estado han oscurecido la sociedad, y han descuartizado la conciencia social, permitiendo que cosas que no deberían de suceder sucedan porque sólo están pensando en hacer de todo una “mafia”.
Hasta con las mascarillas donadas por china hubo mafia millonaria en medio del COVID-19, que las vendieron y bastante caras. Estos sólo pensarán en hacer lo que necesita el pueblo si detrás de eso les genera negocios, más tarde hablaremos de ello como el efecto Calígula… aun así, tocan bombos y platillos y quieren que los aplaudan cuando de mil cosas pendientes hacen una, y que es simplemente su trabajo. Pero nos quieren hacer pensar que es como si nos están regalando algo.
El chopo es mismo que lleno de soberbia se pasa un semáforo en rojo o detiene el tránsito de una vía completa, porque entiende que los demás tienen que aguantarse para este recoger a alguien o comprar algo. El que quiere que la ley funcione sólo siempre y cuando sea a favor suyo, pero que entiende que este sí puede violar la ley, el derecho y la paz de los demás. Y ¡ay! si se les diera aunque sea una gota de poder, se andarían llevando el mundo por delante con el famoso “cuidao’, que tú no sabe’ quién soy yo”. #
Es el mismo guagüero* o patanista* que seguiremos viendo llevándose el mundo por delante y tirándosenos encima abierta y amenazantemente a los demás vehículos, por la ley paleolítica del más grande. Francamente no me gusta vocearles “animal”, porque eso sería una ofensa a los animales. En el zoológico, incluso en la jungla hay jerarquía y armonía, porque los depredadores sólo depredan porque es necesario, y sólo cuando es necesario.
A los chopos no les importa a cuantas personas tengan que joder, ni cuantos cráneos tengan que pisar para lograr sus objetivos individuales, sin duda, lo harían siempre que pudieran. Y podría apostar con quien sea que la sofocante cantidad de chopos que ejercen la chopería*, existen más que por falta de libros, por falta de consecuencias.
El chopo es el mismo que deja una paella sin camarones y deja el arroz casi vacío en el buffete de un hotel, porque sostiene la idea de “yo toy’ pagando mi’ cuarto”. Como si pagar debe hacer que las reglas y los modales para este sean una excepción. #
Con una necesidad exagerada e imperante de impresionar a los demás por medio de cosas de valor, o echavaineo* sin importar su alcance. Lo evidente en sus prioridades, es que lo primero es, lo que los demás puedan ver, para con esto conseguir adulación, respeto y aprobación. Lo cual denota desde la psicología más básica una increíblemente baja autoestima, por lo que necesitará el bulto*, el aparataje y siempre cosas externas para afianzar su valor, ya que en su interior duda tener algún valor intrínseco en su persona.
Cuando el chopo es de muy escasos recursos y no se le podría dar bien el echavaineo* con ciertas cosas, entonces, la manera de percibir algún tipo de respeto y adulación es la dedicación a ser un “macho alfa” de barrio. Este es mejor conocido en nuestra jerga coloquial desechable como; un tíguere ratatá*, el que “anda duro”, así como el biberón*, malocorista*, el que anda Chuky* o el que es “rabia”. Donde los logros de esta persona es hacer los cuentos de los bobos* que armó, y donde el más rankiao* o psicópata es el que más hizo, el que más atracó*, el que más problemas dio, el que aplomeó* a fulanito, etcétera.
Esos malocoristas* son los que les gustan a las muchachitas que deciden no salir del mismo círculo y casarse con la cultura del bajo mundo barrial. Para mí no hay mejor ilustración de ese hecho que el video de mi estimado Carasaf2, titulado “Pobre Chamaquita”. Me ahorra el 80% de la explicación para quienes no hayan visto eso de cerca. Lo pueden buscar en Youtube.
Al chopo no le interesa ser una persona pensante, más bien a quien intente sostener una conversación inteligente, por corta que sea con este, su respuesta muy posiblemente sería “ya”, que es como la traducción de “no te entiendo, pero ta’ bien, pa’ que te calles”. Aunque, aclaremos que no toda persona que confundió la sencillez con la ignorancia es un chopo. Hay mucha gente muy poco instruida que son ciudadanos tranquilos y ejemplares.
Para cerrar con broche de oro me gustaría agregar, que si hay una vaina en este mundo que me dé más alergia que un chopo, sólo pueden ser dos chopos o más.
Podría escribir mil páginas y faltaría, sólo sobre el chopo. Así que eso será material para mi próximo libro “El Anti-chopo”.
2. Carasaf Sánchez. Humorista y cantautor dominicano de género urbano y bachata. Como cantautor del género urbano, marca la diferencia utilizando el género para dar mensajes sobre nuestra realidad social.
CONVERSACION CON MANCEBO (b)
M –Dime a ve’ loco. (texto de Whatsapp)
H –Aquí bregando con una dieta, ¿qué hubo?
M –Aquí en baja, que yo no sé en verdad por qué es que nunca encuentro una novia como tu ex, que se vea bien y que no sea ventajista ni chapiadora.
H –Bueno, la respuesta a eso puede ser más o menos larga. Pero, ¿por qué lo dices?
M –Oh, la mujer mía en Miami se me mudó y se llevó tó’. De lo que me dijo que me iba a mandar, nada más me mandó una televisión y unas ropas con mi hermana.
H –Como siempre te digo, Mancebo… barájamela despacio. ¿Tú estabas con ella en la actualidad?
M –Vivíamos estando mal casi to’ el tiempo, pero ella me decía que me amaba.
H –Voy a entender con eso que desde que te deportaron tienen entonces una relación a distancia. ¿Cierto? Pero donde quiero llegar es a saber si tú tenías planes de volver a Miami, no sé cómo si ya no tienes visa, o si ella tenía planes de venir a vivir contigo.
M –En verdad eso es lo complicado del tema, las veces que he querido hablar sobre eso ella me deja como en el aire, que si yo no me acuerdo que ella tiene un trabajo y una hija y cosas que me dan a entender que no puede venir.
H –Entiendo, creo que tu verdadero problema es no aceptar que ustedes ya no van a estar juntos, a menos que ella entienda que en RD va a estar mejor que en Miami, y eso no va a pasar, porque tú no tienes cómo ni con qué. Es lo que entiendo que trata de decirte sin ser muy dura contigo.
M –Loco, en el fondo lo sé. Por eso es que te digo que me gustaría tener una mujer que me ame, que no le importe que yo esté en una habitación prestada aquí y venga a estar conmigo. Tú que eres bueno hablando de eso, aunque eres duro conmigo, dime, ¿por qué yo no encuentro una mujer buena? Una que no sea chapiadora, o que no sea una de la calle que termine queriendo volver a su vida de la calle.
H –¿Empezando por el principio? La urgencia que tienes de proyectar que eres cosas que esas quieren sin esfuerzo, y tú bien sabes que eso es porque quieres atraer esa clase de mujeres. En tu chip como que hay algo que entiende que si una mujer no tiene al menos cinco distintivos de chapiadora, no te ponen tan rápido. Hay decenas de modelos de chicas de buena apariencia, pero entonces si tú no ves; la extravagancia de pestañas, un estilo de vida que anuncia que merecen andar en un yipetón* como el que tenías, y una hechura* que sólo denota que tienen desesperación por vivir de su cuerpo y de adulación, a ti no te dan la misma nota*… eso sólo definiendo tu gusto.
Ahora pasamos a la idea que vendes de ti, Mancebo. Tus redes sociales parecen de un dealer de alta gama, porque salen más vehículos de lujo que tu cara. Eso siendo sólo lo que más se nota, porque hay que contar también los bimblines* y demás distintivos que venden la idea de la vida de video de reguetonero. Usas la típica vestimenta de todo bregador* viajero coronao* o de todos los que quieren emularlos, y en tu perfil la vida es una discoteca y una fiesta eterna donde hay Moët y todos los menesteres que son con mucha intención de atraer a las “bendecidas”.
M –Hahaha loco, ¡me stalkiaste bien! Pero de esas chapiadoras, alguna debe poder enamorarse de verdad en el camino, ¿tú no crees?
H –Si esa es la idea que manejas, tú ta’ jodón Mancebo. ¿Cómo tú puedes venderte como Angus y esperar que te compre un vegetariano? Ese cambio de parecer que estarías esperando en una mujer, vendría asemejándose como que ella entre al salón a alisarse el pelo, pero que convencida por ti, salga con la cabeza raspada. Es más… que se enamore en el camino no es imposible, pero tienes que estar claro de cómo te ve una mujer; si te ve como un hombre o si te ve como un proveedor.
Una mujer sólo puede admirarte como hombre si tienes un poder sobre ella, no sólo ella sobre ti, cosa que sólo pasaría con un hombre con carácter, uno que sepa decirle que no o que sepa ponerle condiciones sin morir en el intento. Eso no pasaría con alguien que es sólo el proveedor de sus caprichos, y menos cuando no haya con qué cumplirlos.
Estoy casi seguro de que has escuchado el cliché “fulanito que era tan bueno y tan mala que le salió” y por el otro lado “perencejo que es un maldito y de ese es que está afixiá*.
Eso es porque pasan a sentir que cuando le das todo, no es porque eres bueno, sino porque ella se lo merece y punto. Y déjame decirte que la persona que se cree merecedora, en consecuencia, es malagradecida. Súmale a eso el vicio humano de “lo obtenido y lo por obtener”.
M –¿Cómo así? ¿Lo es siempre?
H –Bueno Mancebo, si tú tienes una empresa y me das trabajo, ¿yo te voy a dar las gracias todos los meses después del pago?... te ahorro la respuesta. Incluso cuando me pagues 60K, cuando por lo que hago sólo merezco 15K, cosa que sobrevaloraste tú solito, yo no te voy a dar las gracias todos los meses, ni lo haré nunca. Porque entiendo que eso es lo que me toca y que a ti te toca dármelos todos los meses, es así de simple.
El hombre que necesitó tanta parafernalia para atraer a una mujer es porque le falta la confianza en sí mismo, tanto que termina disfrazándose de todo lo que él cree que ella desea. Ni el yipetón, ni la Moët, ni siquiera lo que le transfieras a su cuenta van a afectar a su libido, aunque claro que estará feliz, pero que ame esa felicidad causada por placeres que puedas pagarle, nunca significará que te ame a ti. Eso te quedará muy claro cuando no puedas patrocinarle los “momentos felices”. Por ejemplo, y perdón que sea tan duro, ¿dónde está ese amor que tu ex te juraba mientras andaban en yate en Miami Beach?
M –Lo fuerte es que tienes razón. Pero, ¿cómo me olvido de ella? Yo no me puedo imaginar otra vida que no sea con ella.
H –Olvidarla no es una palabra que me gusta usar, a menos que te caigas de cabeza y quedes con amnesia, cosa que aun así, no se pueden seleccionar cuales recuerdos vas a perder. Lo que sí tienes que hacer es cambiar el ángulo desde donde ves e idealizas a esa persona en tu cabeza. El primer error, muy común por cierto, Mancebo, es la posesión. Cuando dices “MI mujer” estas afirmando que es tuya. Peor todavía ahora, que ni están física ni moralmente juntos. Lo seguro es que nadie es nuestro, ni siquiera los hijos al final. Pero si quieres, Mancebo, y si crees que lo vas a aplicar, te puedo dar algunas técnicas, para hacer algo equivalente a eso que le llamas “olvidarla”.
Me gustaría empezar por la más difícil. Para ahorrarte la pregunta de por qué, es porque es la manera más radical. Tienes que destruirte y rehacerte.
M –¿Destruirme y rehacerme?
H –Sí, a mí me sirvió incluso a mis 8 años de edad, luego a mis 16, también a mis 27. No supe cómo llamarle, pero ya luego me dediqué a comprender ese principio.
M –¿Qué es aquello en lo que voy a destruirme y rehacerme?
H –La impresión Mancebo… la impresión. Me explico, todo cuanto nos rodea; lugares, situaciones, personas, olores, cosas, son etiquetado por nosotros, y no lo vemos como son, sino como somos. Vivimos bajo la trampa del juicio y del bien y el mal, de la asociación o de la mala información. Así como valoramos cosas y personas por lo que esperamos de estas.
M –Pero ta’ claro lo que es bueno y lo que es malo, lo bueno te conviene y lo malo no te conviene.
H –Sí… aunque intento ir un poco más allá, detrás del telón. Un ejemplo demasiado básico, pero que se entiende; la lujuria. Cuando ves una tipa que se está rajando de buena, ¿qué sientes?... te ahorro la respuesta. Y si a la misma tipa la ve un transexual, ¿qué siente?... sólo te aseguro que no siente tu misma necesidad viendo exactamente el mismo cuerpo. Tal vez la necesidad que sentiría el susodicho sería poder lucir como ella, no la que tendrías tú de comértela viva.
Sólo intento explicarte con esto, que ese poder tan inmenso que parece tener la dama del cuerpazo en realidad no es de ella, sino tuyo. El poder de la impresión viene de adentro, aunque lo que impresione se vea afuera, funciona como un espejo del alma. Si te surgen dudas en cuanto a este principio, sólo imagina que ese cromo* es tu hermana o tu madre y cuéntame si no sientes un cambio en lo que su figura te hace sentir.
Necesito explicarte el significado de algunas palabras que tendremos que utilizar a fondo, para luego decirte cómo puedes reprogramar lo que sientes por una persona. ¿Estás listo?
M –Dale.
H –Empecemos por romper la ilusión del bien y el mal. Si te digo que por ejemplo, un talibán está totalmente convencido de que está haciendo algo bueno revistiéndose de explosivos y estrellando un avión lleno de gente inocente, ¿qué me dices? … otra vez te ahorro la respuesta. Hay otra cosa de por medio, que no tiene que ver con lo que real e intrínsecamente nos hace bien o nos hace mal, y es la programación.
Me encanta este ejemplo; el “cuerno”, por ser algo por lo que casi todos quieren morir y matar. El dolor moral que viene de ese tipo de evento no sucede por otra cosa que por programación, estigma que viene desde las religiones Abrahámicas y de la idea de que la mujer es una pertenencia, mas el peligro insospechado de sexualizar la emoción.
¿Quieres un ejemplo más claro sobre el efecto de la programación? En los países de medio oriente donde es permitida la poliginia, ¿crees que las mujeres se sienten mal porque el esposo tenga más esposas incluso en la misma casa? Todo lo contrario; las reciben como hermanas, se sienten acompañadas. ¿Por qué es eso? Simplemente porque les enseñaron que eso es bueno y es correcto. Este ejemplo deja claro que el “dolor” moral es completamente psicológico. Pero te aseguro, que alguien robarte tu dinero o darte una trompá* en un ojo, habla el mismo idioma y la misma realidad donde sea; aquí, en Egipto o hasta en Marte. Si no lo crees cojamos un cohete pa’ yo meterte una en cada ojo, a ver si te va a causar dolor o risa. Con toda esta premisa, la palabra que queremos resaltar es PROGRAMACION.
En la psicología hay un principio llamado “sistema de creencias”. Para cambiar tus patrones de pensamientos, es como que van a la caja de lo que crees, para ver que creencias te sabotean u obstruyen y luego así cambiarlas. A mí me resulta aun más interesante ir a ver por qué lo creíste.
Muchos eventos no son ni buenos ni malos, sino neutros, pero nosotros lo teñimos con una impresión que viene de manera casi inevitable, según como nuestros padres y nuestra sociedad nos dijeron que era, y constituyen una ley psicológica, no una ley real. Real es que si te golpeo un ojo te viene un moretón, o que, si te tiras de mi terraza en el quinto piso, tendrán que recogerte con palas. Ni siquiera es real que te enfades en automático si te insulto, sólo es real el enfado si tú aceptas que el insulto te afecte.
M –¿Lo que tú me estas queriendo decir es que eso no es na’, que otro se acueste con mi mujer?
H –Ese no es el punto, sino que ese dolor que sientes como hombre, la sensación de pérdida, de impotencia, al imaginar a otro tocándola, no existen sino gracias a la programación y a la segunda palabra que quiero enfatizar. Esa palabra es impresión.
La programación es la idea, la impresión es cómo te sientes con la idea. Entonces, cuando te llenas de ideas sobre una persona y lo que esperas de la misma, es una auto programación que inevitablemente te lleva a una impresión.
