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El núcleo duro dela leyenda negra del porfiriato lo constituye el relato sobre la esclavitud impuesta por la "casa divina" de Yucatán, en contra de los pueblos mayas, y el "exterminio" de los yaquis. Posteriormente comenzó a escribirse la epopeya de Salvador Alvarado, quien procedente del noroeste de la República, al mando del cañonero Tampico, logró derrocar aquel régimen oprobioso, llevando a cabo el experimento socialista más exitoso de tiempos de la Revolución. Sin embargo, de 1925 a 1935 la historia peninsular permanece entre las sombras. Esta investigación analiza la historia del Maximato en el sureste de México. Tras el magnicidio de Obregón y bajo la férula de Calles -durante la gubernatura de García Correa- la economía del sureste de México colapsó, arrastrada por el crack de 1929. A esto le siguió el retorno del exilio de los hijos de los grandes hacendados henequeneros (junto con sus capitales). La nueva política de "régimen posrevolucionario" desde 1924, aunada a la persecución del socialismo regional en el primer lustro de 1930, permitió retomar la reconstrucción de la posguerra y la recuperación económica mediante la apertura de un mercado de bienes de consumo de fabricación norteamericana. Contexto donde se inscribe la emergencia de la radiofusión comercial en el Golfo-Caribe mexicano.
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Seitenzahl: 191
Veröffentlichungsjahr: 2022
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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE LA CIUDAD DE MÉXICO
DIFUSIÓN CULTURAL Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA
RECTORA
Tania Hogla Rodríguez Mora
COORDINADOR DE DIFUSIÓN CULTURAL Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA
Fernando Félix y Valenzuela
RESPONSABLE DE PUBLICACIONES
José Ángel Leyva
Colección: Ciencias Sociales
El Maximato en Yucatán y los orígenes de la industria de la radio en el sureste de México, 1924-1934
Primera edición, 2021
D.R. © Daniela Andrade Gaxiola
D.R. © Universidad Autónoma de la Ciudad de México
Dr. García Diego, 168,
Colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc,
C.P. 06720, Ciudad de México
ISBN 978-607-8840-24-3 (ePub)
publicaciones.uacm.edu.mx
Esta obra se sometió al sistema de evaluación por pares doble ciego, su publicación fue aprobada por el Consejo Editorial de la UACM.
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, archivada o transmitida, en cualquier sistema —electrónico, mecánico, de fotorreproducción, de almacenamiento en memoria o cualquier otro—, sin hacerse acreedor a las sanciones establecidas en las leyes, salvo con el permiso expreso del titular del copyright. Las características tipográficas, de composición, diseño, formato, corrección son propiedad del editor.Hecho en México
Es más probable que una solución para los problemas del mundo surja en el campo de la industria que en cualquier otra parte. La industria representa el lugar de impacto sobre la comunidad, de aquellos progresos en las ciencias físicas aplicadas, que han revolucionado el marco natural del hombre.
Urwick y Brecht, 1970
En recuerdo de mi padre. Quien pasó los años más felices de su vida en el Sureste
Introducción
El propósito de esta investigación es comprender la coyuntura histórica de la que surgieron los medios electrónicos de comunicación en México, en este caso la radiodifusión, en particular enfocada en la península de Yucatán. Más específicamente, se trata del resultado de un análisis realizado sobre las condiciones de producción del discurso publicitario de la Casa Molina Font, principal empresa involucrada en el surgimiento de la radiodifusión peninsular entre las décadas de 1920 y 1930; lo que, parafraseando a Michel de Certeau, conllevó a reconocer el «espacio-temporal», el «lugar social», las «prácticas de grupo», las «formas de escritura», así como los «ámbitos de recepción»,1 implicados en la expansión de la industria estadounidense de la radio hacia el Golfo-Caribe y sobre todo, en el proceso de configuración del modelo de comunicación masiva prevaleciente en el sureste de México.
En suma, la vida pública en la península de Yucatán se transformó radicalmente entre 1924 y 1934, debido a que el restablecimiento del sistema capitalista prevaleciente durante el cambio de siglo XIX-XX, avanzó a costa del desmantelamiento del «socialismo regional» predominante entre 1915 y 1925. Dichas convulsiones políticas representaron el punto de partida para el desenvolvimiento de un régimen de «conciliación», autodenominado en su momento como «posrevolucionario» y que se manifestó en el reacomodo de los grupos de poder en aras de impulsar el desarrollo nacional a partir de una nueva visión sobre la economía, basada en el fomento de la empresa privada y orientada hacia la modernización de las comunicaciones. Todo ello como preámbulo al surgimiento de un mercado de consumo; cuya expresión más acabada fue la apertura de comunicaciones radiofónicas entre fines de 1920 y principios de 1930, lo que antecedió a la expansión de los intereses de la industria estadounidense hacia el sureste de México. Dicho proceso, implicó la integración de un nuevo ámbito empresarial de carácter regional, estrechamente vinculado a las corporaciones empresariales estadounidenses. Al mismo tiempo, comenzaron a gestarse nuevas formas de sociabilidad, fuertemente enraizadas en el American way of life. Finalmente, por contradictorio que parezca, consecuencia de este agudo proceso de transculturación, se generó una mayor integración de la sociedad peninsular a la realidad mexicana; y sobre todo, se incentivó la coalición del sector público y privado regional, en torno a la defensa de sus tradiciones —además de hispánicas, de origen maya—, fenómeno donde se inscribe el surgimiento de la industria de la radio en la península de Yucatán, así como la incorporación de los valores de la modernidad estadounidense en el transcurso cultural del sureste de México.
Originalmente, este trabajo fue realizado en Puerto Progreso, Yucatán, durante 2001-02 y se presentó como tesis de maestría dentro del posgrado en Historiografía de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, en 2003, bajo la supervisión de la doctora María Luna Argudín. Asimismo, formó parte del proyecto colectivo de investigación «El Golfo-Caribe y sus puertos» dirigido por la doctora Johanna von Grafenstein, en el Instituto Mora, bajo los auspicios del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Inicialmente, su objetivo parecía simple, puesto que se trataba de documentar los orígenes de los medios electrónicos de comunicación en la frontera marítima yucateca, mediante el análisis historiográfico —sobre las condiciones sociales de producción—, de los primeros contenidos radiofónicos de carácter público difundidos en el sureste de México. Sin embargo, considerando que la información disponible sobre este tema parecía escasa o inexistente en la ciudad de México, decidí trasladarme a Mérida: donde primero inicié un peregrinaje y luego un verdadero viacrucis, en busca de las fuentes de investigación que me permitieran cumplir, al menos con dignidad, los múltiples compromisos contraídos.2
Afortunadamente, con la invaluable ayuda de la señora Beatriz Heredia, bibliotecaria del Centro de Apoyo a la Investigación del Estado de Yucatán en Mérida —y gracias a la hospitalidad de la señora María de Jesús Moreno, quien me alojó en Progreso—, pude sobrellevar semanas y meses de búsquedas infructuosas, hasta que comencé a ubicar diversos materiales de gran importancia para mi investigación, como los trabajos de Carlos Puc Noh, Irving Berlin Villafaña y Jorge Martínez Lugo.3 No obstante sus innegables aportaciones a mi trabajo, los datos contenidos en estas investigaciones se referían por una parte, a los orígenes de las comunicaciones inalámbricas entre las décadas de 1910 y 1920 —como una actividad de uso militar y luego experimental—, y por otra parte, se trataba el apogeo de la radiodifusión pública y privada yucateca entre las décadas de 1930 y 1940. Desde esta perspectiva, las condiciones de gestación de la industria yucateca de la radio, principalmente entre las décadas de 1920 y 1930, aparecían en forma tangencial o simplemente se pasaban por alto.
En estas circunstancias, dirigí mi atención hacia la búsqueda de materiales archivísticos —tanto en el Archivo General de la Nación (AGN) como en el Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY)—, donde me enfrenté con la ausencia de catálogos e incluso de corpus debidamente organizados, lo que me impidió la ubicación de permisos, licencias o concesiones y mucho menos de listados de programación, guiones, etcétera. Mismo obstáculo que tuve que enfrentar cuando traté de consultar los archivos radiofónicos públicos y privados correspondientes al periodo de estudio, tanto en Ciudad de México como en Mérida, puesto que incluso hasta la fecha, no sólo la documentación, sino «los registros sonoros que conforman nuestro patrimonio [radiofónico] se encuentran diseminados en los más variados lugares y bajo la tutela de diferentes personas, quienes la mayoría de las veces no tienen los medios para preservarlos» o desconocen su valor histórico. Mientras que, por otra parte, «la falta de inventarios y de otras herramientas que nos permitan tener certeza de la ubicación, la cantidad y el estado en el que se encuentran los registros» representa uno de los obstáculos más serios que enfrentan su conservación y estudio.4
Por último, decidí recurrir a la memoria colectiva: siendo así que de acuerdo con testigos de la época, en el área de influencia de Mérida-Progreso el público comenzó a captar transmisiones radiofónicas —principalmente de carácter internacional—, desde mediados de los años veinte. A decir de mis informantes, su contenido era fundamentalmente música, eventos deportivos y actos políticos. Mientras que por otra parte, respecto a los horarios y programación, varios testimonios coincidieron en señalar que éstos solían consultarse a través de los periódicos. Indudablemente, ésta última observación fue el principal indicio que me permitió ubicar los acervos adecuados para el desarrollo de este estudio. Puesto que a través de una búsqueda hemerográfica exhaustiva, fue posible identificar entre las páginas del Diario de Yucatán el suplemento comercial «Última Hora: la Revista de las Familias», discurso periodístico que representa la primera campaña publicitaria de la RCA-Victor en la península de Yucatán y cuyos 16 ejemplares —fechados entre septiembre de 1929 y septiembre de 1930— constituyen una descripción pormenorizada sobre las actividades desarrolladas por la casa comercial Molina Font para fomentar el uso de radiorreceptores entre la población peninsular, lo que antecedió a su intervención en el establecimiento de la CYY y la XEFC, primeras estaciones de radiodifusión en el Sureste.
En México, la publicidad rara vez es utilizada como fuente para la historia y mucho menos suele ser objeto del análisis historiográfico. Sin embargo, la propaganda comercial es un discurso históricamente relevante porque por un lado, representa el principal medio de expresión del capitalismo industrial (originado a mediados del siglo XIX) y por otro lado, se trata del principal medio de difusión del consumismo, ideología dominante desde mediados del siglo XX:
[La cual se originó] …como una reacción de las clases dirigentes frente a la amenaza de las protestas proletarias por la degradación del trabajo bajo la reorganización del capitalismo monopólico; y a la vez, como reacción frente a la necesidad de un mercado masivo capaz de absorber la superabundancia de la producción masiva. En este sentido, su énfasis en la vida cotidiana como el ámbito de transformación resultó atinado: el trabajo, el hogar, los sueños, las estructuras de la conciencia fueron manipulándose para crear un nuevo esquema de valores. Dentro del cual, la liberación con respecto del trabajo fue proyectándose a partir de la desfiguración del ambiente y el acto del poder adquisitivo. Mientras que la promesa de excitación o gratificación fue situándose en la posesión (más que en la utilización) de la comodidad.5
Desde esta perspectiva, además de su importancia para el estudio sobre los orígenes de la radiodifusión peninsular, el suplemento comercial Última Hora y específicamente la campaña publicitaria utilizada para introducir el consumo de radiorreceptores RCA-Victor entre la población del sureste de México, constituye un discurso relevante en aras de comprender los fundamentos de la cultura de consumo en el Golfo-Caribe, durante la coyuntura de la crisis económica de 1929 y en el transcurso del proceso de modernización cultural, incentivado por la penetración de la «ingeniería comercial» estadounidense: lo que antecedió a la transformación de los medios electrónicos de comunicación —en este caso la radiodifusión—, como principal fuente de emisión de la ideología consumista, piedra de toque en la configuración de la hegemonía del capitalismo industrial estadounidense durante el siglo XX.
En síntesis, siguiendo los principios convencionales del análisis historiográfico, el discurso publicitario que es objeto de esta investigación fue analizado, primero que nada, considerando las circunstancias históricas espacio-temporales donde se produjo: el área de influencia del enclave urbano Mérida-Progreso durante la transición de la Revolución al Maximato, tema del primer capítulo del libro y que constituye un panorama detallado sobre una etapa poco estudiada en la historiografía contemporánea yucateca. Cuando el restablecimiento del sistema capitalista —tras el impasse socialista— estuvo acompañado por la reorganización y la reorientación de los grupos de poder hacia una política desarrollista y de conciliación de clases, lo que incluyó el retorno del exilio de los «modernos vástagos de la oligarquía henequenera» y la modernización de los intereses por ellos representados.
La segunda parte del texto, titulada «El Diario de Yucatán y los orígenes del mercado de consumo» se propone reconocer el «lugar social» de emisión de la campaña publicitaria que nos ocupa. Órgano de prensa inscrito en la tradición del periodismo moderno yucateco, y que en su primera época (1925-1931) se desenvolvió como el principal escenario de la opinión pública ilustrada en la Península, tanto como un «termómetro» de la vida económica del sureste de México. Desde esta perspectiva, se abordan las características del periodismo desarrollado por Carlos R. Menéndez y su equipo, así como su relación con las instancias gubernamentales y distintos grupos sociales, para efectos de comprender en su justa dimensión, las profundas transformaciones experimentadas en sus espacios publicitarios durante el periodo de estudio, a consecuencia de la intervención de las empresas vinculadas a las familias Molina y Montes, como representantes comerciales de prominentes corporaciones industriales estadounidenses.
Dentro del tercer apartado de esta investigación, titulado «El grupo molinista y las corporaciones estadounidenses», se propone comprender las «prácticas de grupo» vinculadas al desarrollo de las redes empresariales tejidas por los «modernos vástagos de la oligarquía henequenera» —atendiendo a la articulación de sus intereses con los objetivos de las principales firmas industriales de la costa este de los Estados Unidos—, durante sus primeras incursiones por el control de la economía peninsular: inicialmente la industria eléctrica, de bienes de capital, el sector inmobiliario y de bienes de consumo. Como también, se abordan las características del modelo empresarial representado por la Casa Comercial Molina Font, desde su establecimiento como un taller de ebanistería, mediando su afianzamiento como importadora y distribuidora regional de electrodomésticos, hasta su transformación en principal promotora de la industria de los medios de comunicación —en este caso radiodifusión y cinematografía—, en el sureste de México.
En el cuarto capítulo, se aborda el problema de las «formas de escritura» representadas en la primera campaña publicitaria de la RCA-Victor en la frontera marítima yucateca. Primero, mediante el análisis del discurso de presentación del «Radio y la Radio-Electrola RE-45», el cual fue un instrumento de comunicación que se ostentaba como símbolo de una renovada modernidad —el American way of life—, encabezada por las corporaciones industriales estadounidenses, y cuyo propósito —mediante la acumulación de conocimientos y recursos— era facilitar la vida cotidiana del mayor número de personas mediante su acceso al uso de nuevas tecnologías, en este caso los mass-media. Mientras que en segundo lugar, y siguiendo el hilo conductor de la misma campaña publicitaria, se aborda el problema de la configuración de una nueva forma de ciudadanía, entendida como «audiencia», fuertemente vinculada a la restauración del orden social pre-revolucionario y que implicó múltiples conflictos en la vida privada y las relaciones interpersonales —mediante el abandonando del peso de la costumbre y la inercia de la realidad local— en aras de incorporarse al transcurso de una nueva forma de realidad, identificada como de carácter «mundial».
Por último, en el quinto capítulo se presenta una crónica sobre «los primeros momentos de la industria de la radio en la frontera marítima yucateca». Esto es, respecto al problema los «ámbitos de recepción», primero que nada se alude a los orígenes y desarrollo de las comunicaciones inalámbricas en la península de Yucatán hasta 1920-1930. En segundo lugar, es evidente que durante la crisis económica internacional, el departamento musical de la Casa Molina Font —a nombre de la RCA-Victor— logró consolidar un monopolio sobre la compra-venta de equipos radiofonográficos en el sureste de México, lo que le permitió incursionar en la comercialización de estaciones emisoras y posteriormente en la distribución de equipos para la reproducción de cine sonoro. Es importante subrayar que el establecimiento de comunicaciones radiofónicas regulares a nivel nacional y posteriormente, su interconexión respecto a las principales emisoras de radio en los Estados Unidos (a través de La Habana), trajo como consecuencia un agudo proceso de transculturación. En este contexto se inscribe la articulación de los intereses gubernamentales y de la iniciativa privada para promover el desarrollo de la radiodifusión regional —tanto pública como privada—, dinámica donde el departamento musical de la Casa Molina Font jugó un papel preponderante, el cual puede considerarse como los orígenes de la CYY «La voz del Mayab», luego XEY, la primera estación pública fundada a iniciativa del gobierno del Estado, antecedente de la Cadena Raza; del mismo modo, es importante subrayar la labor del ingeniero Julio Molina Font —junto con el grupo de radioexperimentadores de Yucatán—, quien logró consolidar la XEFC «La voz de Yucatán», primera estación comercial en el sureste de México y antecedente histórico de la Organización Radio Peninsular.
A pesar del arduo trabajo de investigación desarrollado para la publicación de este libro, e incluso considerando la cantidad de detalles que se ofrecen sobre el día a día de la frontera marítima yucateca durante los dorados años veinte, cabe la posibilidad de que su lectura siembre innumerables dudas y puede ser que existan muchos hilos sueltos e incluso profundos vacíos de información. Ojalá que esto sea así y ello represente un incentivo para continuar abriendo rutas de análisis sobre la historia contemporánea de México, en este caso acerca del sureste de México y concretamente sobre la articulación y desenvolvimiento de la realidad local, regional y nacional, como parte de las dinámicas —siempre complejas y cambiantes— de las relaciones internacionales y los procesos culturales de carácter mundial.
1 Michel de Certeau, La escritura de la historia, pp. 67-68.
2Convencionalmente, la historiografía se ha entendido como una disciplina ocupada en reconocer las condiciones de producción del conocimiento histórico. Sin embargo, uno de los objetivos del posgrado en Historiografía de México de la UAM-A es demostrar la pertinencia de los procedimientos del análisis historiográfico para desarrollar el análisis de las condiciones de producción de cualquier clase de discurso. En palabras de Michel de Certeau: «Todo sistema de pensamiento se refiere a lugares sociales, económicos, culturales, etcétera». Mientras que los discursos a través de los cuales se transmite dicho sistema de pensamiento suelen estar formados por «la combinación de un lugar social», «determinadas prácticas de grupo» y «una forma de escritura en particular». Desde esta perspectiva, cualquier vestigio del pasado es susceptible de ser sometido a una crítica de fuentes o bien, a un proceso de interpretación concentrado en analizar su historicidad, así como las múltiples circunstancias que coadyuvaron en su emisión, difusión y recepción en un momento determinado. Eventualmente, el resultado de esta operación historiográfica permite acceder a un mayor conocimiento sobre las dinámicas históricas donde ocurre la producción y reproducción de los discursos. Pero, sobre todo, en el caso de los procesos históricos que carecen de fuentes suficientes para la investigación, representa una alternativa inmejorable que permite arrojar luz sobre actores y circunstancias que en otro caso, permanecerían sepultados en la oscuridad de los tiempos.
3 Irvin Berlin y Carlos Puc, «La otra caja de Pandora: origen y evolución», en Revista de la Universidad de Yucatán, núm. 157, abril-junio de 1986, pp. 51-55, Carlos Puc Noh, Historia de la Radiotelefonía en Yucatán, Mérida, inédito, 1980, y Jorge Martínez Lugo, Radio y televisión en el sureste de México: una historia de regionalización.
4Véase Fonoteca Nacional, «Recepción de Archivos» en www.fonotecanacional.gob.mx/index.php/servicios/recepcionde-archivos, enero 10 de 2018.
5 Terry Smith, Making the Modern, Chicago, p. 179.
Espacio-temporal La sociedad peninsular de la Revolución al Maximato
A mediados de los años veinte, la ciudad de Mérida albergaba 100 mil habitantes y su área de influencia abarcaba los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, cuya población podría calcularse alrededor del medio millón de personas. En este sentido, la capital del Sureste figuraba en el quinto lugar nacional entre las principales ciudades mexicanas después del Distrito Federal, Guadalajara, Monterrey y Puebla.1 Sin embargo, desde el punto de vista geopolítico, la región se encontraba aislada por tierra del resto del país, e incluso del continente, salvo por las rutas de arriería que continuaron atravesando la zona hasta mediados del siglo XX; ya que los pantanos y la sierra entre Tabasco, Chiapas y Guatemala obstaculizaban las comunicaciones terrestres hacia el resto de México y América Central, de manera que la Península de Yucatán tendió a comportarse como un territorio insular y en sus confines tuvo lugar una agitada vida marítima, a través de Puerto Progreso, vinculada principalmente a los litorales del Golfo-Caribe.
Lámina 1. Frontera marítima yucatecaFuente: Secretaría de Comunicaciones y Transportes
En su interior, la sociedad peninsular se encontraba vertebrada por una extensa red de instalaciones eléctricas, ferroviarias, telegráficas y telefónicas establecidas desde principios del siglo XX, las cuales, partiendo de la ciudad de Mérida, se dirigían a Puerto Progreso y Sisal, el puerto de Campeche, Frontera, Tabasco (hoy Palenque, Chiapas y Petén, Guatemala), la ciudad de Valladolid y el puerto de Payo Obispo (hoy Chetumal). Hacia el exterior, el Sureste se comunicaba a través de Progreso con Veracruz, que era la entrada a la ciudad de México, y Tampico (vinculado a Monterrey). Como también, mediante La Habana, Nuevo Orleans y Cartagena, se sostuvo tráfico de altura con el resto de los muelles del Atlántico estadounidense, procedentes del Asia a través del Canal de Panamá o bien desde Sudamérica mediante Buenos Aires. Finalmente, a través de Nueva York podía embarcarse con destino a Barcelona, Marsella, Génova, Hamburgo, Liverpool, etcétera.2
El interinato de José María Iturralde Traconis
Desde el segundo lustro de 1920, la mayor parte de los territorios colindantes al Golfo-Caribe resintieron la ocupación de tropas estadounidenses y la imposición de gobiernos dirigidos desde los Estados Unidos. En este contexto, el régimen revolucionario en México y particularmente las regiones fronterizas del oriente de la República, experimentaron profundas transformaciones, relacionadas con la inestabilidad política y los cambios culturales generados como efecto del imperialismo económico estadounidense sobre Centroamérica.3 Desde esta perspectiva, se comprende el aumento de la inconformidad entre los sectores revolucionarios en México contra el acercamiento del gobierno del general Álvaro Obregón, respecto de los intereses estadounidenses, a raíz de los Tratados de Bucareli, conflicto que se transformó en una insurrección generalizada durante la sucesión presidencial de 1924, cuando la imposición de la candidatura presidencial del general Plutarco Elías Calles detonó la llamada rebelión delahuertista (autodenominada «anti-imposicionista»), y cuyo fracaso —además del magnicidio de Obregón en 1928—, trajo como consecuencia la disolución del Ejército Revolucionario, así como la imposición de Calles como jefe máximo del régimen posrevolucionario en México hasta 1934.4
Así las cosas, bajo la presidencia de Elías Calles (1924-1928), el régimen revolucionario yucateco sufrió una profunda crisis, lo que implicó el desmantelamiento del gobierno y el Partido Socialista del Sureste (PSS). A este respecto, los primeros saldos del «movimiento anti-imposicionista» en Yucatán fueron el asesinato del exgobernador Salvador Alvarado y el fusilamiento del gobernador en funciones Felipe Carrillo Puerto (principales representantes del socialismo regional). Mientras que por otra parte, en el transcurso de la «rebelión delahuertista» se paralizaron las exportaciones de henequén, fue removida la burocracia del PSS y se incrementó considerablemente la persecución y disolución de las asociaciones proletarias regionales.5
De acuerdo con sus atribuciones constitucionales y en sustitución de Carrillo Puerto, el Congreso del Estado nombró como gobernador interino a Miguel Cantón (representante de la facción «radical» del PSS
