El océano como paisaje - Mónica Ramírez Bernal - E-Book

El océano como paisaje E-Book

Mónica Ramírez Bernal

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Beschreibung

El océano como paisaje: Pageant of the Pacific (Esplendor del Pacífico) es un estudio sobre los mapas murales que Miguel Covarrubias haría para la Golden Gate International Exhibition de 1939. Como señala la autora, Mónica Ramírez, el discurso oficial de este evento cultural y político afirmaba su propia creación como una forma de celebrar la novedosa tecnología utilizada en la construcción del emblemático puente. Desde una perspectiva mucho más amplia, se trataba sobre todo de situar a la ciudad de San Francisco como el centro de una expansión por parte de los Estados Unidos hacia el Pacífico. En este sentido, la construcción del Golden Gate y el evento que lo impulsa se pueden pensar como prácticas espaciales que apuntan a construir nuevos ordenes geopolíticos motivados por aspiraciones imperiales. Ahí no se agotan las posibles lecturas de esas imágenes creadas por cartógrafos, pintores y dibujantes que transfieren en ellas su capacidad de observación, su experiencia como viajeros en contacto con una diversidad física y cultural revelada en los mapas.

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Seitenzahl: 137

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Instituto de Geografía Universidad Nacional Autónoma de México

Colección: Geografía para el siglo XXI

Una vista del “tiempo cerrado” del océano Pacífico, desde San Francisco, tal como lo pudo imaginar Joseph Conrad en sus viajes marinos. (Foto: Mónica Ramírez Bernal. Archivo de campo, junio de 2015).

¡Ver! ¡Ver! Ese es el anhelo del marinero, como lo es del resto de la ciega humanidad. Tener la senda despejada ante sí es la aspiración de todo ser humano a lo largo de nuestra encapotada y borrascosa existencia. Yo he oído a un hombre reservado, taciturno, sin nervios de ninguna clase, estallar violentamente después de tres días de dificultosa navegación con tiempo cerrado de sudoeste: “¡Por Dios que ojalá lográramos ver algo!”.

—Joseph Conrad, El espejo del mar, 2012 [1906].

Contenido
Agradecimientos
Presentación
Introducción
Capítulo 1. Pacific House: la Isla Laguna
Capítulo 2. El esplendor del Pacífico. Cartografía y arte
Capítulo 3. Las ilustraciones como modelos a escala
Capítulo 4. El trazo de mapas del océano Pacífico
Conclusiones
Fuentes consultadas
Aviso legal

Agradecimientos

Gran parte de las ideas que conforman este libro lo debo a las lecturas, comentarios y correcciones de Rita Eder, quien ha sido una guía fundamental en el proceso siempre interminable de convertirse en una investigadora. Además de ser mi tutora en muchas facetas, gracias a su invitación a formar parte del Proyecto Covarrubias he encontrado a los compañeros y el espacio ideal para pensar en nuevas e inesperadas maneras de aproximarse a la obra de este artista. La investigación que sustentó la redacción de este libro fue realizada gracias al Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica papiit de la unam (Clave in402416; título: Miguel Covarrubias y el arte del Pacífico: hacía una historia de contactos y difusión).

Agradezco a Hugo Arciniega cuyos consejos e invaluables lecciones me dan siempre la confianza necesaria para seguir trabajando. A Fausto Ramírez por su lectura atenta, sus comentarios siempre eruditos y la generosidad de sus enseñanzas. Gracias a ellos, y a mi formación en el Posgrado en Historia del Arte de la unam, he podido encauzar las ideas que se presentan en este libro.

Debo un agradecimiento especial a María Elena Rico Covarrubias, cuya generosidad y amable disposición han hecho posible que este libro exista como lo había imaginado. A Jonathan Hernández y María Paisano del Archivo Miguel Covarrubias en la Universidad de las Américas Puebla, quienes me proporcionaron las imágenes que conforman la columna vertebral de este libro. A Catalina Corcuera y Adriana Garrido del Archivo Casa Luis Barragán cuya colección de mapas de Miguel Covarrubias tuve el privilegio de consultar y registrar. A Lauren Kroiz por recibirme en la Universidad de California Berkeley y por brindarme todas las facilidades para llevar a cabo una exitosa estancia en los archivos de esta Universidad.

Me gustaría reconocer el apoyo del Instituto de Geografía de la unam, en especial de sus autoridades y editores, por recibir esta propuesta con tanto entusiasmo. Este libro se inserta en el marco del programa académico por el 75 aniversario de la fundación de esta dependencia universitaria. Gracias a esta oportunidad el presente trabajo tiene ahora la posibilidad de encontrar nuevos lectores y horizontes dentro de la Universidad.

Presentación

Rita Eder

Instituto de Investigaciones Estéticas

Universidad Nacional Autónoma de México

El océano como paisaje: Pageant of the Pacific (Esplendor del Pacífico) es un estudio sobre los mapas murales que Miguel Covarrubias haría para la Golden Gate International Exhibition de 1939. Como señala la autora, Mónica Ramírez, el discurso oficial de este evento cultural y político afirmaba su propia creación como una forma de celebrar la novedosa tecnología utilizada en la construcción del emblemático puente. Desde una perspectiva mucho más amplia, se trataba sobre todo de situar a la ciudad de San Francisco como el centro de una expansión por parte de los Estados Unidos hacia el Pacífico. En este sentido, la construcción del Golden Gate y el evento que lo impulsa se pueden pensar como prácticas espaciales que apuntan a construir nuevos ordenes geopolíticos motivados por aspiraciones imperiales. Ahí no se agotan las posibles lecturas de esas imágenes creadas por cartógrafos, pintores y dibujantes que transfieren en ellas su capacidad de observación, su experiencia como viajeros en contacto con una diversidad física y cultural revelada en los mapas.

El interés de Covarrubias por el Pacífico se manifestó al emprender el viaje a Bali al inicio de los años treinta con su esposa, la bailarina y fotógrafa Rosa Rolando, recorrido que harán en un barco carguero que los llevaría por gran parte de Asia, particularmente China, donde dejaría una importante huella como dibujante.

Para ese tiempo Covarrubias, con apenas 27 años, era un caricaturista consagrado que trabajaba para la revista neoyorkina Vanity Fair y The New Yorker. Su estancia en Bali y el libro que escribiría sobre la isla lo posicionarían como antropólogo, escritor y también geógrafo.

Esta coyuntura, escribir un exitoso libro sobre una isla ubicada en los Mares del Sur, le valdría ser comisionado para realizar una serie de mapas de gran tamaño para transmitir al público la idea del Gran Pacífico y sus cuatro ejes fundamentales: Asia, Australia, América del Norte y América del Sur.

Los mapas fueron comisionados como referencias a la diversidad de los grupos humanos, su economía y artes, los medios de transporte, las construcciones vernáculas, además de la flora y la fauna. La novedad de esos mapas consistió en un planteamiento visual con contenido geopolítico que eliminaba a Europa y el océano Atlántico y ponía en el centro el Gran Pacífico y todas aquellas tierras cuyo paisaje central era ese océano. La idea principal fue marcar la diversidad y al mismo tiempo señalar los posibles puntos de contacto entre culturas fuera del esquema Occidental.

En su texto, Mónica Ramírez profundiza en el tema de los mapas como imágenes construidas que revelan una concepción geográfica relacionada con una visión del mundo de distintas épocas. El poner al Pacífico en el centro, eliminando a África y Europa, según su análisis, fue una manera de dar autonomía al área del Pacífico y convertirla en una región independiente del resto del mundo, especialmente de Europa. Esto abriría las puertas a nuevas relaciones comerciales y la oportunidad para reivindicar por razones diversas a los pueblos originarios de las Américas y Oceanía y las antiguas culturas de Asia. Mónica Ramírez describe e interpreta cada uno de estos mapas y su realización en forma y escala, resalta la indudable capacidad de Covarrubias de englobar en pocos trazos las características fundamentales de la naturaleza, el medioambiente, la tecnología y las artes; este último elemento de suma importancia ya que los organizadores intelectuales de la feria aspiraban a resaltar la idea de áreas culturales (Kroeber) y la capacidad de los pueblos originarios (D’Harnoncourt) de crear arte y terminar con la división entre artes y artesanía.

El trabajo que aquí presenta Mónica Ramírez es un paso importante en el conocimiento de Miguel Covarrubias al proponer nuevos acercamientos en torno a la relevancia de la espacialidad y el análisis del mapa como imagen cultural. Asentada en una cuidadosa y amplia investigación, estructura la propuesta de estos mapas como signos de las conexiones entre culturas. En última instancia, se trata de señalar la aspiración de un cambio de eje frente a la cultura europea que posiciona al Pacífico como el lugar donde se podrán generar y estudiar nuevas relaciones y otros modos de vida.

Introducción

En las siguientes páginas ofrezco un análisis de la serie de mapas murales que el artista mexicano Miguel Covarrubias realizó para decorar los muros de Pacific House, el edificio temático de la “Golden Gate International Exposition” (1939-1940, San Francisco, California). Pageant of the Pacific fue el tema elegido para representar a la feria y también es el nombre con el que se conoce a la serie de los mapas. Regularmente este título se traduce al español como “Esplendor del Pacífico”, sin embargo, consideramos que el nombre original en inglés es más congruente con la idea que Covarrubias tenía en mente al realizar los mapas murales. Es decir, por medio de su obra, el artista presentó la imagen de una serie de culturas que desfilaban con cierta sincronía alrededor del inmenso océano Pacífico. Representar en cada uno de los mapas una serie de rasgos culturales servía también para argumentar que los grupos indígenas americanos y los asiáticos compartían una historia en común.1

Miguel Covarrubias cruzó por primera vez el océano Pacífico en 1930. Acompañado de su esposa Rosa Rolando, abordó en la ciudad de Nueva York el buque Cingalese Prince cuya ruta regular consistía en dirigirse primero hacia el sur para cruzar el Canal de Panamá. Una vez sorteado este trecho quedaba por delante un largo viaje de seis semanas por las aguas del océano más grande del mundo. Herman Melville, quien pasó no seis semanas sino seis meses en un viaje similar, describe con una sentida angustia la experiencia de un viajero que se enfrenta a la inmensidad del Pacífico: “¡Seis meses en el mar! Si, lector, como lo escucha, seis meses sin avistar tierra; cruzando detrás del cachalote debajo del sol abrasador del Ecuador y lanzado a las olas del encrespado Pacífico –el cielo arriba, el mar alrededor y nada más”.2

El destino final del buque en el que viajaba Covarrubias era el Mar de China, pero el del artista era la isla de Bali. Covarrubias pasó dos temporadas en este lugar y como producto de su estancia escribió Island of Bali (1937). El libro, que incluía ilustraciones y mapas hechos por el artista, atrajo a los lectores estadounidenses y ganó para su autor una gran fama. Esta fue la primera experiencia en la que el artista consiguió explorar su faceta como antropólogo y etnógrafo, en una isla representativa de la región que en las tradiciones cartográficas de siglos anteriores sería conocida como “Mares del Sur.”3 Aunque Covarrubias consideraba que el objetivo de su libro “está limitado a un intento de presentar una vista a vuelo de pájaro de la vida y la cultura balinesa” (1937, p. xxv), lo cierto es que de esta manera el especialista mexicano se insertaba en una tendencia característica de la antropología de su tiempo, que consideraba que el registro de estas culturas era una actividad apremiante. En sus propias palabras: “el único fin de este libro es reunir en un solo volumen todo lo que pueda ser obtenido, de la experiencia personal de un artista no científico, de una cultura viva que está destinada a desaparecer bajo el ataque despiadado y violento de la estandarización y el comercio moderno” (1937, p. xxv).

De regreso de su primera estancia en Bali, Covarrubias se detuvo en París y visitó la “Exposition Internationale Coloniale” que se celebró en 1931, en el bosque de Vincennes. La premisa de esta exposición era montar pabellones de aquellas regiones que fueran colonias de algunos de los principales países europeos, especialmente las francesas. La finalidad era mostrar al público una visión idealizada de la influencia que las colonias habían ejercido en la vida europea. Aquí, Covarrubias se reencontró con un grupo de cantantes y bailarines que dirigía el príncipe de Ubud, una de las más importantes regiones de Bali. Como parte del pabellón de las entonces llamadas Indias Orientales neerlandesas, el grupo de artistas balineses mostró por primera vez a un público europeo una puesta en escena del famoso teatro balinés. Pero Covarrubias manifestó una resistencia al burdo exotismo y a la manera un tanto artificiosa con la que eran presentados los artistas balineses en este evento:

Los balineses pertenecen a su ambiente de la misma manera en la que un colibrí o una orquídea pertenecen a la selva centroamericana, o un trabajador metalúrgico al paisaje de Pittsburg. Era deprimente ver a nuestros amigos balineses trasplantados en la feria de París. Ahí, en la mitad del verano, tenían frío y eran miserables, temblando debajo de gruesos abrigos o envueltos en mantas como indios pieles rojas. Pero se transformaron en balineses bellos y normales tan pronto regresaron de su infeliz experiencia (Covarrubias, 1937, p. 11).

Unos años más tarde, al final de la década de los treinta, se celebraría en San Francisco una feria internacional para conmemorar la construcción de dos grandes puentes que conectarían a las diversas regiones de la gran bahía: el Golden Gate Bridge y el San Francisco Bay Bridge. El historiador Robert W. Rydell, quien ha dedicado muchos libros al análisis de las ferias internacionales, tanto europeas como de los Estados Unidos, no dudó en colocar a la de San Francisco dentro de la categoría denominada por él como “Coloniale Moderne”. Rydell rastrea el origen de esta tendencia en las ferias coloniales que los países europeos habían organizado para apoyar sus políticas imperiales: “Diseñadas para renovar el apoyo doméstico de las políticas imperiales nacionales, estas exposiciones ayudaron a engendrar una característica determinante, aunque a veces olvidada, de la modernidad: la sensibilidad coloniale moderne” (Rydell, 1993, p. 61). Precisamente la “Exposition Internationale Coloniale” de París fue para el historiador un caso paradigmático dentro de este tipo de ferias, cuyas características generales, propone, habrían resurgido en la feria de San Francisco.

Por este motivo, la primera sección de este libro está destinada a situar la creación de los mapas dentro del contexto de la “Golden Gate International Exposition” (ggie). De acuerdo con Rydell, los organizadores estadounidenses tenían como objetivo la promoción de la idea de un imperio que pudiera extenderse desde el oeste de su territorio por todo el océano Pacífico; el centro de este imperio moderno, pensaron, podría ser la ciudad de San Francisco. Pero es importante destacar que uno de los rasgos distintivos de la ggie es que nace a partir de una concepción de un imaginario geográfico. Es decir, a partir de presupuestos que hacían referencia a un espacio geográfico se ideó un conjunto de imágenes que buscaban promover la idea del Área del Pacífico como una región independiente del resto de mundo, especialmente de Europa. Una de las imágenes más recurrentes dentro de este programa fue el diseño de un mapamundi que tuviera en el centro de la representación al océano Pacífico. Pageant of the Pacific, la serie de mapas diseñados por Covarrubias para la ocasión fue la representación más contundente de esta idea. Por lo tanto, uno de los objetivos de este libro es explorar los motivos por los cuales los miembros organizadores eligieron precisamente un mapa como una de las imágenes principales para representar a la feria.

En términos generales, los mapas son imágenes que representan territorios y como tales han sido objeto de estudio de los historiadores del arte; sin embargo, son imágenes de una naturaleza distinta. Pero primero valdría la pena preguntarse ¿qué es un mapa y por qué su estudio es relevante para la disciplina de la historia del arte? En busca de estas respuestas, el geógrafo John Brian Harley, en el libro La Nueva Naturaleza de los Mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía, sostiene que: “Los mapas son un lenguaje gráfico que se debe decodificar. Son una construcción de la realidad, imágenes cargadas de intenciones y consecuencias que se pueden estudiar en las sociedades de su tiempo” (Harley, 2005 p. 62). Si pensamos que los mapas son un lenguaje gráfico no debe de pasarse por alto el hecho, bastante relevante, de que estos, así como la pintura, han precedido en muchas culturas al surgimiento del lenguaje escrito. Esta cualidad dota a los mapas de una elocuencia particular, uno de los motivos por los cuales son especialmente efectivos para transmitir las visiones del mundo de quienes los realizan. En este sentido, para exponer cuál sería la importancia histórica del mapa, el geógrafo apunta también que: “Como mediadores entre el mundo mental interno y el mundo físico externo, los mapas son herramientas fundamentales para ayudar a la mente humana a darle sentido al universo en varias escalas” (Harley, 1987, p. 1). Es decir, aunque los mapas adquieren formas de una variedad tal que una definición no podría abarcarlos a todos, podemos aventurar que son artefactos visuales con los cuales el hombre ordena el mundo que lo rodea. Este ordenamiento no puede ser separado del mundo interno de aquellos que dibujan los mapas, pero tampoco de la sociedad que los observa y configura su visión a partir de ellos.