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El oráculo de las diosas se ha convertido en libro guía para personas interesadas y profesionales de los más diversos ámbitos que lo ocupan como texto de cabecera. Su lectura y profundización es una herramienta que devela el protagonismo de lo femenino en el planeta. Desde su publicación ampliada en 2013 se han efectuado numerosas ediciones y reimpresiones que han podido llegar a diferentes latitudes. Siempre acompañadas por las cartas hermosamente pintadas por la artista chilena Ana Taulis. Veintiocho deidades que nos permiten invocarlas y sentirlas como presencias reales y poderosas en nuestras vidas. ¿Por qué ha sido un texto fundamental y qué encuentran mujeres y hombres en sus páginas? Las divinidades aquí reseñadas representan una síntesis de los arquetipos más importantes de la historia de la humanidad y de sus diferentes cosmovisiones. En ellas subyace un denominador común: la multiplicidad y la diversidad del quehacer femenino. Estos arquetipos sirven de espejo donde las personas se encuentran descritas y retratadas, lo que les permite experimentar y reconocer en ellos el antiguo significado de imágenes simbólicas e iluminar nuevos senderos en sus vidas. Mi propósito como autora es ayudar a la gestión de lo esencial, apoyar la búsqueda del autodescubrimiento de los seres. Cuando nos transformamos de adentro hacia fuera nuestra aura se amplía y ayudamos a sanar el mundo. Nos viene la inteligencia del alma. Edición Ebook no incluye el mazo de cartas.
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Seitenzahl: 356
Veröffentlichungsjahr: 2022
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SELOWSKY, SILVIA
El oráculo de las diosasEl despertar de lo femenino
Santiago, Chile: Catalonia, 2022
288 p.; 15 x 23 cm
ISBN: 978-956-324-922-4
SALUD, RELACIONES Y DESARROLLO PERSONAL
V (THEMA)
Diseño de portada: Amalia Ruiz
Ilustración de portada: diosa Gaia
Ilustraciones arquetipos femeninos: Ana Taulis (óleos 21x29cm)
Retoque digital: Valentina Hevia
Diagramación interior: Salgó Ltda.
Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco
Editorial Catalonia apoya la protección del derecho de autor y el copyright, ya que estimulan la creación y la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, y son una manifestación de la libertad de expresión. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar el derecho de autor y copyright, al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo ayuda a los autores y permite que se continúen publicando los libros de su interés. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información. Si necesita hacerlo, tome contacto con Editorial Catalonia o con SADEL (Sociedad de Derechos de las Letras de Chile, http://www.sadel.cl).
Primera edición Catalonia: marzo, 2022
ISBN: 978-956-324-922-4
ISBN digital: 978-956-324-923-1
RPI: 142.893
© Silvia Selowsky, 2022
© Editorial Catalonia Ltda., 2022
Santa Isabel 1235, Providencia
Santiago de Chile
www.catalonia.cl - @catalonialibros
Dedicatoria
A mis abuelos Adolf y Margarete, Heinrich y Gertrudis.
A mis padres, Herbert y Ruth, a los amores vividos, a mi hija Viviana y a Rodrigo, su esposo, a mis nietos, a toda mi familia, a mis compañeros de ruta y a los participantes del movimiento de la Diosa: los hijos e hijas de la Tierra, aquí y en todo el planeta.
Índice general
Prólogo
Presentación
Introducción
1. Vivir la vida en símbolos
Comienzos de lo matrístico
Deidades múltiples
El despertar
Teoría de la pérdida
Tradiciones ancestrales
El mito del origen
Los diferentes arquetipos
“Ella cambia todo lo que toca”
2. El oráculo de las diosas
Esquemas de funcionamiento
Selección de las divinidades
Su nombre: una Diosa
3. Las 28 diosas
4. Consultas y mapas de diagnóstico
Sentido de la interpretación
5. Formación de un altar
6. Técnicas para entrar en contacto con la Madre Cósmica
Los elementos y el aura
Nuestro santuario
Los chakras: centros de energía
7. Oraciones universales a la Diosa
LAS DIOSAS
Diosa Primigenia
1. Gaia
Diosas Vírgenes e Incorruptas
2. Artemisa
3. Atenea
4. Vesta
Diosas Vulnerables y Emocionales
5. Hera
6. Démeter
7. Perséfone
Diosa Alquímica
8. Afrodita
Diosas de Gran Fortaleza Personal
9. Isis
10. Freya
11. Pachamama
12. Hilandera
13. Oya
14. Coatlicue
15. Amaterasu
Diosas de la Sanación
16. Birgit
17. Flora
18. Yemanyá
19. Oshún
Diosas de las Sombras
20. Hécate
21. Inana
22. Lilith
23. Kali
24. Sekhmet
25. Pelé
Diosas de la Compasión
26. Kuan Yin
27. Tara
Diosa de la Buena Suerte
28. Lakshmi
Bibliografía
Prólogo
El manuscrito de Silvia Selowsky llegó a mis manos en medio de acontecimientos personales que clamaban a una Diosa Madre. Necesitaba abrazo, inspiración y fuerza. Me encontraba recurriendo a la Madre de nuestra cultura, la Virgen María. Rezaba el rosario día y noche. Recogía los frutos de tranquilidad y luz que el rosario infaliblemente me brinda, sin embargo, como siempre, mi devoción se debilitaba con alegatos múltiples sobre la imagen unívoca y tan ajena a mi realidad de la mujer invocada en esas oraciones.
En ese momento tan especial, el libro de Silvia colocó en mi altar a veintiocho diosas diferentes. El cielo se me pobló de colores y mi oración se dirigió renovada a la fuente de energía femenina de todas ellas, diversas, cercanas, maravillosas.
El modelo de mujer de mi cultura religiosa es pobre e incomprensible para una de carne y hueso como yo. Siempre he pensado que esa feminidad representa una proyección idealizada de los varones religiosos y no un modelo posible para las mujeres y madres que habitan este mundo.
Por eso el trabajo de Silvia Selowsky me pareció importante y constructor de identidad. Nos permite salir de la limitación del modelo único de ser mujer y reconocernos como portadoras de energías múltiples, creadoras, fuertes, multicolores. Al leer sobre las diosas se produce un enriquecimiento inmediato de nuestra psiquis.
Silvia nos invita a agregar en nuestros altares a potencias como Démeter, Afrodita, la Pachamama, las Taras del Tibet, Perséfone, Atenea y muchas más. Nos propone interactuar con ellas, invocarlas, sentirlas como presencias reales y poderosas en nuestras vidas. Ellas nos aportan belleza, danza, emoción, libertad, inteligencia, sexualidad, expresión artística, sanación, y tantas otras cualidades de la energía femenina que acostumbramos a sepultar por mandatos culturales castradores de nuestro potencial.
La otra propuesta de Silvia Selowsky es hacer el contacto con las diosas mediante un oráculo. Me parece una idea fantástica. Nos propone un juego de sabiduría. Podemos averiguar la energía de qué diosa necesitamos para enfrentar ese problema que nos está preocupando. Más adelante será otro problema y otro más. Así nos iremos familiarizando con la riqueza y la variedad de nuestro potencial psíquico representado por las respuestas de las diosas.
Bienvenido este nuevo oráculo. Desde que Lola Hoffmann me introdujo a esa fuente de sabiduría, mi vida se facilitó enormemente. Desde entonces me pregunto: ¿Cómo lo harán las gentes que enfrentan las dificultades del vivir sin recurrir a ellos? ¡De cuántos errores me he salvado consultando!
La obra de Silvia transmite también una enorme fe en que no estamos abandonados a nuestros propios recursos en esta pasada por el mundo, sino que contamos con una pléyade de ayudas invisibles atentas a nuestra sola convocatoria. En esta época tan confundida y seca de espiritualidad, esa es la mejor noticia de todas.
Delia Vergara Larraín
Creadora, Fundadora y Directora Revista Paula. Chile
Presentación
Y, finalmente, todo se armó y se plasmó en un rompecabezas circular. Este manual es el resultado de una larga travesía, de una intensa búsqueda del misterio íntimo de vivir y ser mujer. Introducirse en el océano calmo y mutable, soñador, inconstante y de facetas múltiples del arquetipo femenino es una tarea fascinante, compleja y asombrosa que, por supuesto, nunca termina.
Entrego este libro a hombres y mujeres, en forma de un juego oracular para acercarse, de diversas maneras, a las diosas que han existido desde la Antigüedad hasta ahora. Las llevamos como impronta en la capacidad creadora, la germinación y la fecundidad, el amor y el agradecimiento a la Tierra, la protección fundamental necesarias como cobijo para la continuidad de la vida y el desarrollo sustentable.
Ha sido muy interesante y entretenido forjar este material con el intento de incluir todas las miradas posibles; la diversidad y lo multifacético me han cautivado desde siempre. La elección de una u otra diosa, de acuerdo a la propia intuición, así como el aplicar y recrear la información disponible ha sido esclarecedor: un desafío vivencial para que ellas fueran representativas y espejos certeros de uno mismo, al tiempo que de otras antropologías y civilizaciones.
El texto fue un embarazo lento, que se desarrolló en forma natural y bastante simultánea, con los talleres sobre El Despertar de las Diosas. Prácticamente, todas las experiencias que se sugieren, las hemos experimentado. Quise compartir mis hondas vivencias de cambio con las mujeres de nuestra época. Esta es una invitación a contactarse con la energía de la gran diosa universal, la que genera una nueva cosmovisión individual y cada vez más comunitaria, en la cual se integra lo femenino. Ahora, este es un parto colectivo de todos: darnos cuenta que cada uno, cada una, somos la diosa.
Mediante este texto con cartas ilustradas se gestó, a través de la escritura, un producto decantado, testigo de los múltiples encuentros con mis hermanos y hermanas de camino. Compañeros de ruta en tantos amaneceres y crepúsculos, en terapias corporales y de grupo y, en meditaciones dinámicas, en el tai chi y el chi-kung, en el yoga, el reiki, las flores de Bach y otras, en el estudio y vivencia de los oráculos y conocimientos ancestrales, en manifestaciones del arte y la cultura. Pioneros. Somos las diosas, los dioses y las divinidades de carne y hueso. Somos los que estamos pariendo el lado femenino del planeta desde hace unas décadas aquí en Chile. Cada uno de los seres abiertos al femenino es una transmisión viviente de la belleza de la Diosa a través de su persona. Nos caracteriza el interés por nuestra propia evolución y, por consiguiente, la del planeta. Es nuestra contribución el encontrar nuestro sentido y misión y el vivir de acuerdo a ellos. La mía, más fundamental, es servir a la divinidad dándola a conocer a través de símbolos, enseñando a comprender su inocencia y el experimentar con ella. Una vez que se inició la senda mística no existe pie atrás. Un paso lleva a otro paso.
La magia y lo oculto. Los amores. Llorar y reírse con ganas, sobre todo de uno mismo. Aromas, hechizos, agüitas de plantas medicinales. Calderos humeantes que semejan vientres mágicos para quemar inciensos y hierbas. Abundancia y luminosidad. La alegría del ser mujer, la coquetería, los romances, las pasiones, la ira. Compartir espacios de felicidad, de alegría vital, de despertar místico, viajes y vivencias espirituales, además de los procesos ineludibles de indignación, dolor, resentimientos, apatía e indolencia.
Todo cambia de un segundo a otro en esta nueva era. Ese también es el lado femenino: flexible, variable y creador en los instantes, el aquí y ahora; ocurrente, ingenioso, sabio. Le encanta compartir en círculo y entrar al laberinto. Las deidades nos confrontan con lo que necesitamos observar de nosotros mismos.
Me siento hermana de muchas mujeres aquí y allende la cordillera, los mares y los continentes. En todas partes se recrean estos círculos que nos sanan: celebraciones a la Luna, equinoccios y solsticios, ceremonias ancestrales, los inipis (rucos de sudor) y temazcales, las caminatas por el fuego y las medicinas sagradas. Las aperturas a otras cosmogonías, la universalidad de todo y del Todo. La psicología transpersonal, la medicina china, el budismo, el hinduismo, el sufismo, la astrología, el Tarot, la Cábala, el eneagrama, la numerología, los grupos de autoconocimiento como la Escuela Arica de Oscar Ichazo, la Escuela SAT, Seekers After Truth, Buscadores de la Verdad de Claudio Naranjo, el Centro de Gestalt Anchimalén de Nana Schnake, las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger, la Biodanza creada por el chileno Rolando Toro, las bendiciones del útero difundidas por la inglesa Miranda Gray, y los caminos de las culturas ancestrales indígenas son algunos de estos sistemas que conectan con la interioridad. Convergen en las espirales evolutivas del viaje de individuación.
Esta guía pretende ser un incentivo a este movimiento del femenino consciente, ecológico y espiritual. Un apoyo y una invitación a participar de alguna de las técnicas, circuitos y procesos de transmutación que se describen o en las cosmovisiones sugeridas.
Las deidades ayudan y estimulan, en distintos períodos de la vida, en especial en los cambios importantes. La conexión con ellas permite comprender y aceptar el día a día y, sobre todo, desarrolla la confianza absoluta en la chispa divina. La actuación de la Diosa se reconoce en los acontecimientos que atravesamos. La sincronicidad es una manera de responder. Es un anónimo directo de la divinidad. Hay que saber ver y escuchar con todas las antenas y ventanas abiertas.
Se necesitaba imágenes visuales de las diosas recreadas; por ello, comencé la búsqueda de una artista plástica que captara la esencia de cada arquetipo y lo ilustrara. Quise acercar las deidades a las personas para facilitar la percepción y el contacto con el amplio espectro femenino. Debía ser un ilustrador sutil y delicado, mas con cierta madurez en el vivir. Así, encontré a Ana María Taulis, pintora de su taller, sensitiva, una revelación cuya fuerza y sinceridad se unen en pinturas al óleo con una transmisión expresiva y viva. Refleja los contrastes femeninos con creatividad y la sensibilidad típicas de un ser de signo de agua, Piscis.
Agradezco a los amores vividos, a mi hija y su pareja, a mis nietos, nieta, a mi familia, a mis amigos y hermanos de caminos, a mis maestros y sanadores, a mis alumnos, a mis colegas, periodistas, terapeutas y comunicadores, a las sincronías y los encuentros, a las investigadoras y escritoras de los círculos de las diosas. Gracias a cada uno de ellos. Gracias a todos ellos me atrevo a releerme una y mil veces, a encontrar las coherencias, a expresarme, a cometer errores, a asumirme, a hacer mías las iniciativas para la evolución. A estar en espacios de gratitud y confianza con la divinidad, ahora y por siempre...
¡Que tu guía sea la Diosa!
Introducción
1. Vivir la vida en símbolos
El propósito general de este texto es facilitar la autoexploración interior, aceptando que la conexión con el centro del ser, el viaje hacia lo esencial, se realiza desde muchas facetas, espacios, arquetipos y espejos, variados y verdaderos, de distintas cosmovisiones que cohabitan el planeta desde tiempos inmemoriales. La importancia del conocimiento de los símbolos radica en que a través de ellos se contacta la esencia del ser que, reconoce estas imágenes arquetípicas de las diferentes culturas y las asemeja a una individual, primordial y propia. Son puertas para el individuo que fluyen directamente emanando de los manantiales más profundos de la psique.
En su libro El hombre y sus símbolos, el eminente psiquiatra e investigador suizo, Carl Gustav Jung, define la expresión “arquetipos esenciales” como imágenes, motivos, signos, que aparecen en todas las mitologías, folklore, sueños y fantasías de todos los pueblos desde sus comienzos y desde siempre en la historia de la humanidad.
Las imágenes son la base de todos los idiomas. Cuando se van descifrando los mensajes, los múltiples dibujos, jeroglíficos y signos guardados se establece un lazo, una unión, una conexión, un sentido de comprensión y alegría. A su vez, cuando este eco, esta percepción intuitiva e instintiva sucede, se producen calma y tranquilidad, una llegada a puerto. Echamos raíces en la confianza, las copas se abren y el agua se desliza, mejora la circulación y la fluidez, nos empapa la emotividad sutil y el atisbo concreto del espíritu.
Existe una universalidad en los arquetipos: son las pinturas del alma. El símbolo es una especie de madre en su concha de caracol que habla todas las lenguas, de las profundidades de las cuales surge la fuente esencial de la cual extraemos comprensión y contacto con ese, con este, el inasible... Es el viaje con un destino personal para cada ser, que es su camino de individuación, su originalidad única, sus descubrimientos vivos y vivenciales que lo llevan a la verdad propia y, a la vez, universal.
Uno de los símbolos más clásicos es el círculo, la redondez del círculo, de la rueda, de las formas laberínticas, de las elipses caracoleadas que van conduciendo hacia el centro cubierto de múltiples capas delgadas, como las de una cebolla. Las espirales aluden a la misma memoria básica de lo que se repite y que va ascendiendo por los senderos de la evolución.
El déjà vu, lo ya vivido, es otra vivencia sincrónica y de confianza que surge con la compañía y el reconocimiento de los símbolos. Su lenguaje, la interacción con ellos y su mitología nos arroja claves que nos ayudan a decantar y comprender y percibir lo recóndito, lo intangible. Son golpeteos que nos tocan en el alma y nos comunican con lo esencial.
En el texto Los círculos de piedra, de la antropóloga Joan Dahr Lambert, que, consiste en la recreación de millones de años hasta unos 30 mil años atrás, se pone énfasis en el encuentro de sitios de poder que surgen a la vera de la naturaleza y del paisaje. Allí, los lugares más sagrados de la comunidad y en los cuales se buscaba el contacto y se oraba a la divinidad, eran circulares: era donde se asumían sus mensajes y enseñanzas. Nuestros antepasados encontraron estos monumentos en parajes escogidos, como centros de reunión y transmisión de la energía primordial de la Madre Creadora.
Llegamos a antiquísimos arcanos (como flores, círculos, signos y mandalas) por medio de las artes, la música, la poesía, el cine, la danza, la sexualidad, los sueños, la creación, los inventos, la religiosidad, el chamanismo, el trance, la meditación, las medicinas sagradas, las terapias corporales, los proverbios, las analogías, las asociaciones, las conexiones, las conversaciones, las palabras, la memoria. Las ideas e imágenes que de ellos surgen son escenas que describen las tendencias del desarrollo humano.
Existen tantas búsquedas como seres humanos; cada uno llega a la integración y autorrealización a través de sus propias vivencias y elecciones –conscientes e inconscientes– en la evolución de su vida. El arquetipo está presente en todos los pueblos, en todas las culturas, en todas las épocas de la historia; es una parte de la memoria colectiva de la humanidad y emerge cada vez que el hombre necesita verdaderamente tomar contacto con él. Si se piensa en el ser primitivo, lo más seguro es que sus primeras inquietudes por el origen se dirigieran al firmamento estrellado, para que la Luna y el Sol le proporcionaran algunas respuestas. Los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra ampliaron esa información, las cuatro estaciones incrementaron su conocimiento... los cuatro puntos cardinales, y así, sucesivamente.
La astronomía nació temprano en la historia del hombre, cuando él se preguntó por el movimiento de los astros en la bóveda celeste. El nómade de las tribus alzó su mirada al cielo y a sus múltiples destellos luminosos. Los planetas y las estrellas le entregaron información: lo oscuro y lo claro, la noche y el día, el frío y el calor, las nubes y la lluvia, el tiempo de sembrar, de cosechar, de guardarse.
Así como de la astronomía, existen también vestigios concretos de la aplicación de la astrología en imágenes del Zodíaco, 3800 años a.C., en Sumeria y Babilonia.
Los planetas recibieron nombres de dioses y de diosas que ayudaban a “identificar los arquetipos del alma que dan forma a nuestra personalidad, intereses, atracción amorosa, sueños y ensueños –asevera Gonzalo Pérez, psicólogo y astrólogo chileno–. Entre los personajes de este Olimpo del alma se distribuyen nuestros talentos, vocaciones, energías y espontáneas afinidades, algunos en luz, otros en sombra. Atracciones y rechazos de nuestra vida emocional”.
Las preguntas por el ser y el origen están en todas las cosmovisiones y la mayor parte de ellas encuentra su respuesta, a través de energías sutiles e invisibles, en primera instancia, en las propias personas. Por ejemplo, el Tarot, cuyo origen se atribuye a culturas tan disímiles como la Atlántida, Egipto o los gitanos, es otra señal de sabiduría ancestral, o el I Ching y las Runas, que son oráculos de la cultura china y nórdica, respectivamente. Existen también otras expresiones –reveladas en los sueños, en la oración, a través de guías, arcángeles, maestros, psiquiatras y psicólogos, chamanes, sanadores, terapeutas holísticos– todas ellas, en sus acepciones, inquietudes y revelaciones, son distintas a lo material, conocido y perceptible a los cinco sentidos. Todas intentan conectar más con el misterio de la vida.
Los oráculos manifiestan la necesidad y el interés del ser humano por unirse con la divinidad, recibir sus mensajes e integrarlos en el día a día. Las palabras orar y oráculo tienen un mismo principio, es que ambos son una manera de dirigirse a la deidad. Incluso el término “oráculo” se vincula en su origen a Ra, el dios Sol de Egipto. Por su parte, el vocablo Tarot se configura, en español, en rueda, rota, tora, orar, ra. Entre los griegos y romanos se lo definía como el lugar o el medio a través del cual se consultaba a las deidades, como el oráculo de Delfos (que en latín se traduce como “anuncio divino”). Otro significado que se le otorga es el de revelación y contacto con los dioses y con un ser humano de alta sabiduría y conocimiento.
En el fondo, los oráculos facilitan la conversación con unx mismx.
Comienzos de lo matrístico
Después de la primera guerra mundial se impulsó el sufragismo de las mujeres en forma muy activa, en especial en Inglaterra y de allí, se extendió rapidamente a los diferentes países y regiones. Fue un símbolo concreto de la lucha de las mujeres por el ingreso –en igualdad de condiciones– a los distintos campos que les estaban vedados como el trabajo, la educación, la participación política; es decir, los derechos plenos y obviamente, el derecho a votar.
El sufragismo es muy anterior al feminismo. La perspectiva y el enfoque de género fue bastante posterior en los movimientos femeninos. Se ubica más bien en los años 1970-1980 del siglo pasado y se produjo al alero de las discusiones en conferencias internacionales sobre la mujer, de la ONU.
Existía una cosmovisión ancestral matrística que se descubre día a día, de variadas maneras, a través de la historia y la arqueología en investigaciones actuales permanentes en Europa y Asia, que nos revelan otra organización de convivencia de hombres y mujeres sobre el planeta.
En esta era en que se produce un advenimiento de lo femenino en todo el mundo, en que se habla de un feminismo consciente, de un femenino o feminismo divino y de un feminismo espiritual, persisten –con extraordinaria pujanza– los arquetipos clásicos de la Diosa y se validan las imágenes de greda y piedra que datan de entre 35 mil y 20 mil años atrás.
Uno de los vestigios más concretos de la cultura matrística es la Venus de Willendorf, encontrada en Europa en el año 1908, muy cerca de Viena, Austria. Es una pequeña figurilla de arcilla de unos diez u once centímetros de tamaño, guardada en la actualidad en el museo de esa ciudad. Su fecha de origen tiene dos versiones: la primera la sitúa cerca de hace 20 mil años, mientras otros afirman que es de hace 33 mil o 35 mil años. También existe la imagen de la Madre Tierra en Laussel, Francia, de unos 25 mil años atrás. Las formas voluminosas de ambas figuras, sus vientres, caderas, pechos amplios y generosos, con sus vulvas destacadas, las expresan como la fecundidad de la Madre Tierra, creadora, dadora y quitadora de la vida. Incluso, la ausencia en ambas de rostro alude a este poder de partogénesis –un modo común de procreación en las plantas, algunos insectos, ranas y peces–, nutridor y regenerador de la mujer. Es una de sus características, repetida desde siempre, que remite a su fuerza primigenia, fuente de la creación y de la vida.
Estas figuras ampulosas son las más fieles representaciones de la diosa primaria. Su cuerpo es la tierra misma de la cual emanan todos sus esplendores, en los más diversos aspectos y formas, conectados con los ciclos y estaciones de producción de la tierra. Es el principio femenino que simboliza el milagro de la vida. Es el culto a la fertilidad –al nacimiento, la vida y la muerte–, la principal religión de la diosa.
Deidades múltiples
La matriz reproductora, el dar a luz junto al ánimo de protección y el laberinto como imagen de la totalidad son características fundamentales del femenino. Aunque la Diosa es una, se la concibe en innumerables formas. Todas las divinidades que irradian de su ser son fracciones de su poder y otras son emanaciones parciales. La Diosa es una sola y, al mismo tiempo, muchas. Cuando todas sus manifestaciones se reúnen representan el pleno poder del arquetipo. Su veneración era monoteísta y politeísta a la vez, puesto que era el principio. Esta Diosa vive a través de muchas emociones en nosotras y aprendemos a lo largo de nuestras vidas a encontrarnos y experimentarnos en espacios desconcertantes, disímiles e inesperados.
Encontrar tu divinidad interior es contactar tu ser más alto, verdadero y valioso. Honrar la energía de la Diosa, guiarte por esa fuerza instintiva e intuitiva, te ayuda a descubrirte y a ser auténtica.
El retorno de los rituales femeninos con el culto a la Madre Tierra y a los reinos vegetal y mineral nos vuelven a conectar con ritos antiquísimos en los cuales existían valores solidarios y en los que la mujer ejercía el rol de recolectora, protectora de las aguas, guía y madre nutricia de la comunidad.
Uno de los propósitos de este texto es dar a conocer los diversos atributos de las diosas, aceptando la sensibilidad, turbulencia y hasta ambigüedad que proviene de las relaciones con la Luna, sus ciclos, la matriz reproductora –cueva íntima, caverna oscura de sangre– y de la consiguiente influencia de sus hormonas.
Este culto a la Madre ha sido representado a través de variadas figuras: imágenes dando a luz, otras descabezadas o con cabezas de pájaro, que aluden a una proyección chamánica de la divinidad. Asimismo, se han encontrado dibujos con serpientes que indican el aspecto regenerativo y de transformación de la deidad, de cambio, de muerte y de aceptación de sus diversas fases.
Los ofidios, junto a las palomas y los árboles, fueron símbolos sagrados asociados a la Gran Diosa. Otros signos abstractos de nuestros antepasados la expresan a través de las imágenes laberínticas, las espirales, los triángulos –simples y dobles– símbolos de la vulva, los puntos y los discos con una especie de semilla en el centro, líneas paralelas y en zigzag. Las alas y las mariposas son signos del poder de vuelo de la Diosa y de la claridad con la que nos conduce hacia la evolución.
El despertar
Más de 30 mil miniaturas en greda, mármol, hueso, cobre y oro, además de enormes cantidades de dibujos y representaciones de ella en cuevas, vasos rituales, altares, pinturas en los muros de templos y santuarios, encontrados en más de tres mil sitios de excavaciones, evidencian la importancia del culto a la Diosa en la Antigüedad, la Europa antigua y prepatriarcal. Existen dibujos de mujeres danzando en pinturas de cavernas africanas y europeas que datan de la Edad de Piedra. En cada cultura donde se reverencia a la Diosa, las mujeres bailan en éxtasis la celebración de la energía sagrada del cuerpo. Otras imágenes que indican su fertilidad se encontraron entre los caldeos, griegos, escandinavos, celtas, hindúes y chinos, que la representan tanto como deidades lunares como de la tierra.
Anatolia, Turquía, Hungría, Francia, Alemania, Checoslovaquia, Polonia, Rumania, Bulgaria, Ucrania, Rusia son sitios que proveen de informaciones históricas nuevas y en los cuales se han realizado investigaciones arqueológicas que las confirman. Además, se han encontrado estatuas precolombinas e imágenes de adoración a la Diosa en América. Por ejemplo, la Venus de la cultura valdivia, en Ecuador.
Todas las excavaciones en las cuales durante los últimos años participan mujeres, ya sean investigadoras, historiadoras, mitologistas, antropólogas, arqueólogas, sanadoras, escritoras y representantes de los movimientos feministas, conducen a una nueva visión de la historia. Esta recrea a una sociedad de valores solidarios, antiguerreros, en los cuales primaban los intereses de protección y crecimiento de la naturaleza, así como de igualdad entre todos los seres humanos. El impulso de la ecología también lleva a reencontrar estos valores y por ello, estos movimientos han sido muy relevantes en Estados Unidos, Canadá, Europa y en muchos países.
De cierta manera, todos estos testigos y expresiones de otra realidad llevan, aún no en gran escala, mas cada vez con mayor fundamentación, a una reinterpretación de la historia de la Humanidad. Esto lo señalan los textos de Riane Eisler El cáliz y la espada y El placer sagrado, en dos tomos; de la escultora e historiadora Merlin Stone, When God Was a Woman y el libro de varias autoras, editado por Sello Azul, Del cielo a la tierra. Una antología feminista. A estas se agrega el Tarot Madre Paz, con su correspondiente libro homónimo de la escritora y sanadora Vicky Noble. Los escritos de la inglesa Kathy Jones, de la norteamericana Starhawk y muchos otros textos, oráculos y numerosas actividades, confirman la renovación del culto a la Diosa en el mundo.
La principal estudiosa de los yacimientos encontrados fue la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, fallecida en 1994, cuyas obras El lenguaje de las diosas y Civilizaciones de los dioses y las diosas de la Antigua Europa, entre otras veinte (amén de 200 artículos publicados y profusamente ilustrados), comienzan a influir en el análisis de la participación femenina en los orígenes del ser humano y, por consiguiente, en la apreciación de su rol en la historia de la Humanidad, tanto en Europa, como en el Cercano y Medio Oriente.
Por otra parte, los estudios históricos que se llevan a cabo en muchas culturas señalan la importancia de la Diosa Sol, existente en las visiones antropológicas de Japón, India, China, Sri Lanka y otros.
Teoría de la pérdida
La investigadora Marija Gimbutas descubrió y describió la relación sagrada entre la vida y la naturaleza que existía en las épocas prepatriarcales. El detalle de sus estudios y la reproducción visual de los numerosos objetos, con las consiguientes interpretaciones de todos los hallazgos inducen a percibir las diferencias entre el sistema matrístico de la Europa antigua y el sistema patriarcal indoeuropeo. La estudiosa sostiene que en la Europa neolítica, entre el año 6.500 y 3.000 a.C., existió una civilización de la Diosa que era matrística, de valores igualitarios, pacífica, muy artística y adoradora de la deidad. Luego, esta cultura fue invadida por los indoeuropeos patriarcales que llegaron a caballo y vinieron desde Rusia en tres oleadas: cerca del 4.400 a.C., 3.500 a.C y 3.000 a.C., con lo que la pacífica civilización de la Diosa fue absorbida, subordinada y parcialmente destruida.
Para darnos cuenta de la relevancia de los descubrimientos de Gimbutas –escribe la teóloga norteamericana Mary Judith Ress en la revista Conspirando en 1997, editada en Chile con distribución en América Latina-debemos antes admitir la orientación antinaturaleza y anticuerpo en la filosofía y espiritualidad occidental, que se encuentra intensificada y codificada en el pensamiento griego clásico. Es muy probable que la resistencia a los descubrimientos de Marija Gimbutas radique en la adhesión que muchos aún tienen al paradigma de una civilización construida de acuerdo a los intereses del género, la raza y la clase prevaleciente, en una jerarquía de dominación/subordinación.
Tradiciones ancestrales
Las culturas antiguas afirmaban que la creación estuvo a cargo de lo femenino. La Gran Madre Universal, la Gran Diosa, la Diosa Gaia, sería la generadora de los universos, la procreadora de la Tierra. Es la fuente de donde proviene todo. Más de diez mil nombres describen a las diosas y sacerdotisas de todos los tiempos, geografías y culturas de la humanidad. Son las expresiones vivas de las abuelas, las madres, las hermanas, las hijas, de la Gran Matriz Cósmica, de la Luna Madre del Universo Cósmico, de Todo lo que Es, de la Madre Naturaleza, de la Madre Tierra.
La mitología es un vehículo para la comprensión de las formas que actúan en nuestra personalidad y que delinean los modelos psicológicos que nos influyen. Por ello, la mirada a las diosas de las diversas culturas nos devela aspectos intrínsecos de nuestro ser que se han transmitido de generación en generación y que forman parte del inconsciente colectivo y de la historia sobre el planeta. Conocer los mitos que explican a las diosas y las hacen sentir, conectarse con sus ilustraciones, pulsa acordes escondidos de nuestro ser, alimenta el alma y nos habla en un nivel muy antiguo, mágico y misterioso. Despierta infinitas potencialidades y legitima la interioridad del ser femenino.
Los círculos existen desde siempre en la Humanidad: las hermanas de la tribu, mujeres dando a luz, compañeras de sanación, guardianas de los templos, de los enfermos, de los ancianos. Desde yerbateras a videntes, sanadoras y médicas, las mujeres realizan tareas que tienen que ver con la diversidad, que es uno de sus atributos más nobles y fundamentales.
A determinados aspectos de la Diosa Madre se les permitió sobrevivir en la forma domesticada de María, madre de Dios. Por su parte, algunas vírgenes negras de antiguos santuarios son testimonios de la Gran Diosa.
En la antigua Gran Bretaña las Diosa era una sola que se expresaba a través de muchas, afirma Kathy Jones –investigadora inglesa y una de las organizadoras de las Conferencias de la Diosa que se efectúan en Glastonbury– en su libro La antigua diosa en Gran Bretaña. Ella era el gran vacío, el comienzo de todas las cosas; la Fuente de la Vida, la Creatrix, la Continuadora y la Destructora de todo lo que existe. Ella era la Matriz, la Gran Madre, la Tejedora del hilo de la vida y del Destino... Todas las almas nacían de su útero sagrado, vivían un espacio de tiempo en su cuerpo en la tierra y retornaban a su tumba, útero. Ella era la madre de las estrellas en los cielos y de toda la naturaleza. Ella era el Árbol de la Vida. Era la doncella, la madre y la sabia: la virgen, la amante y la puta. Estaban en ella el sagrado grial de la inmortalidad, el cáliz del amor y el caldero de la transformación, reflejando y representando su triple naturaleza. Ella era el tres, el nueve y las l9 hermanas, damas, doncellas, madres, hadas, sabias, que se expresaban a sí mismas a través de los ciclos y la continuidad de sus estaciones.
El mito del origen
La Luna, por su parte, es el centro de los misterios femeninos y la primera representación de la mujer a través de los siglos de la historia y las civilizaciones. Se dice que es la morada subterránea de la Diosa. Las primeras representaciones gráficas de la Luna se efectuaron en piedras, las que con el tiempo fueron resaltando características más humanas. La versión del origen de la Luna explicaba sus atributos, además de la identidad de la Tierra. Según este mito, instalado tanto en el mundo antiguo como en el nuevo, la fuente original de la Tierra y la Luna era un huevo cósmico que explotó en dos partes, quedando una en el cielo como la segunda y convirtiéndose la otra en la primera. Este primer huevo del mundo era la matriz de la que surgió todo. Ambas partes del huevo llevan una doble vida, como Tierra y como Luna, y se llaman Tierra y Mujer.
La Luna creciente hace presente los inicios de la siembra, la doncella, la virgen. La Luna llena es la expresión máxima del potencial, claridad y plenitud de la mujer, es la adulta, la asumida belleza de la Diosa en su globalidad. La Luna decreciente tiene que ver con energías y preparaciones distintas que se transforman en sabiduría e integración; la Luna menguante es el tiempo del estudio y la aplicación de la experiencia.
La Luna negra, como su nombre lo indica, representa los instantes de oscuridad, anteriores a los comienzos del nuevo ciclo, que dura entre 28 y 29 días. Durante este, la Luna vive diversas fases y transita por los doce signos del zodíaco. Su relación significativa y a la vez, de transición cuando pasa por cada uno de ellos, la investiga y desarrolla la astrología, disciplina que analiza su influencia en el ánimo, en los ciclos y en la personalidad de los seres humanos. Las fases de la Luna son reveladoras de espacios inconscientes, psíquicos, oníricos y de cómo los seres funcionan en forma intuitiva e instintiva.
Los diferentes arquetipos
Invito a que nos reconectemos con los modelos de las Diosas que viven en cada una, valorando nuestros lados tan diversos y singulares: el salvaje e instintivo; el ancestral, primitivo y permanente; el escondido y misterioso; el ambiguo y lunático, junto al protector y maternal, abundante y generoso; el vulnerable junto al fortalecido; el sutil junto al intenso; el drama y el humor. Cada diosa proyecta un algo, una faceta que tiene que ver contigo, conmigo, con nosotras, con nosotros.
La función de la Diosa y las sacerdotisas es la capacidad sagrada de contener y proteger, de transmitir, de servir de puente, de recibir para poder dar.
Convoco a incorporar todas nuestras caras, a interactuar y relacionarse escuchando lo más intuitivo e instintivo, lo más honesto de cada una: las nostalgias ininteligibles y la fortaleza enraizadas profunda y sólidamente en la tierra. En estos tiempos, urge la necesidad de asumir estos roles para crear el otro polo del patriarcado, gestando la protección concreta terrenal, integrando ambas realidades: lo femenino y lo masculino en la conciencia, el Yin y el Yang, el oriente y el occidente, la religión y la ciencia, los opuestos y complementarios.
Los símbolos de las diosas resultan universales y permanentes. El hecho de que correspondan a significados semejantes en diferentes culturas nos evidencia que brotan de las profundidades de la psique humana, donde duermen las verdades que son de validez permanente, afirma Jean Shinoda Bolen, psiquiatra californiana de origen japonés, autora de Las diosas dentro de cada mujer.
El número de imágenes que se repiten en culturas separadas por miles de kilómetros y hasta por miles de años es asombroso y habla del eterno femenino que existe desde siempre. Por ello, aunque estamos situadas en diferentes continentes, muchas mujeres nos hallamos en la misma sintonía... Toda la información forma parte de nuestro ADN.
En su ensayo, Shinoda Bolen indica:
Pasamos por los arquetipos y símbolos más clásicos, como son las diosas –sagradas y profanas–, vírgenes, madres, esposas, amantes, bellas, justicieras, protectoras, sensitivas, sabias, comunicadoras, urdidoras de redes. Diosas vírgenes, vulnerables y alquímicas, como formas principales (...) La perspectiva junguiana me ha hecho consciente de que las mujeres están influidas por poderosas fuerzas internas, o arquetipos, que pueden ser personificadas por las diosas antiguas. Y la perspectiva feminista me ha proporcionado una comprensión de cómo las fuerzas externas o estereotipos –los papeles a los que la sociedad espera que la mujer se adapte– refuerzan algunos patrones de diosas y reprimen otros.
Las figuras de poder y audacia, liderazgo, sexualidad, amor, misterio, belleza, sabiduría, discernimiento, construcción y destrucción, fuerza, dualidad, seducción, invención, sensibilidad, etc., son descritas en el libro Goddessess Oracle, de la autora norteamericana Amy Sophia Marashinsky, la que presenta a 52 divinidades de múltiples matices y diferentes culturas.
En su libro La diosa en nosotras, la argentina Ethel Morgan describe a la creadora por excelencia y la proyecta en una propuesta interesante que recoge muchos arquetipos, sintetizándolos en la creadora y en otras nueve expresiones: la que da energía, la que limita, la que protege, la que inicia en los misterios del amor y la entrega, la desafiante, la que libera, la que conecta, la que nutre y la que potencia.
Otra forma de contemplar la presencia de la diosa es la brujería –sostiene Patricia Monaghan, autora nortemericana, en su prólogo al Calendario Llewellyn de las Diosas–, que es una de las muchas religiones que reconoce la divinidad en la forma femenina y también en su forma masculina (...) Algunas brujas eligen a las diosas que representan su raza o herencia; otras a las que rigen áreas de la vida como el amor y el dinero. No existe un modo único de adorarlas, sino muchos distintos rituales y cánticos para invocarlas a formar parte de nuestras vidas (...) Los rituales de la hechicería permiten que estas partes se manifiesten. Ya sea que la Diosa esté dentro de nosotros o fuera, es real, y espera venir junto a cualquier brujo o bruja que la invoque.
Una quinta experienciación de lo femenino la recoge Toni Wolf, discípula de Jung, que propone un esquema de cuatro arquetipos fundamentales basado en la forma de relacionarse de las mujeres: la Madre, la Hetera, la Amazona y la Sibila que, corresponden a las dadoras, amantes, guerreras y sabias.
“Ella cambia todo lo que toca”
Las brujas eran las descendientes de las antiguas sacerdotisas paganas adoradoras de una deidad creativa femenina. Representaban el tercer aspecto de la Trinidad Sagrada Femenina: la anciana sabia. Eran temidas y rechazadas por sus habilidades de profetisas, comadronas y curanderas, valientes e indómitas.
Este arquetipo corresponde al “sabor de lo salvaje”, descrito por Clarisa Pinkola Estés, en Mujeres que corren con los lobos. “Cuentan por ahí que dentro de cada mujer existe una criatura silvestre natural, una poderosa fuerza dotada de instinto e intuición original, de creatividad apasionada y de ‘saber eterno’. Su nombre es mujer salvaje y, al igual que la vida silvestre, es una especie amenazada”, sintetiza Luz María Villarroel en su artículo “La mujer salvaje”, en Conspirando Nº 14, de diciembre de 1995. En diferentes culturas se la conoce por distintos nombres. En México, ella es la Loba y la Huesera; en Guatemala, entre muchas, es la Hermana de la Niebla. En el Tíbet se la llama Dakini, la fuerza danzante al interior de cada mujer.
En los últimos tiempos, todo el acontecer económico, social, político, profesional y particularmente de los valores de la sociedad se abre a lo matrístico. Libros sobre la temática, secciones y programas especializados, reportajes, muestran que el retorno de la Diosa es de interés en todos sus ámbitos. Hay espacios y lenguajes que sustentan las nuevas conversaciones sobre la pareja, la familia, los roles innovadores tanto para hombres como para mujeres en una integración de lo antiguo y lo contemporáneo, de lo femenino y lo masculino para llegar a un balance más justo.
Otro aspecto de lo mismo es el resurgimiento del interés por las culturas aborígenes: el chamanismo, la mujer medicina, la machi de los mapuches de Chile y Argentina y la Pachamama en nuestra América morena, las que ejercen un rol de poder, sanador y holístico al incorporar las propiedades de las plantas, las friegas, la alimentación y los sueños. Incluso, ahora actúan en los medios urbanos y de una manera muy incorporada, a través de su participación en hospitales, centros médicos, tanto de medicina oriental como indígena. En la actualidad, existen farmacias y establecimientos donde expenden remedios.
Todas estas son claves para recuperar la autoestima femenina a través de la conexión con lo nativo, con lo animal, con el cuerpo, con el parto natural, la sangre, la menstruación. Por ejemplo, a esta última, llamada Luna en las culturas andinas, desde siempre se la ha relacionado con los ciclos de este satélite, e incluso los calendarios antiguos proceden de esa conexión. En las sociedades de antes, durante su menstruación las mujeres se alejaban temporalmente y habitaban un estado de soledad, más bien dicho de conexión con su ser para recuperar sus energías, pues está probado que en ese período la mujer está más cerca de su esencia. Todos los sentimientos y sensaciones que están normalmente bloqueados del consciente se reconocen sin resistencias en ese período. Se recomienda pasar el segundo día de la menstruación conectadas con la Luna, ojalá unas tres horas. Carmen Vicente, la “pachamama” ecuatoriana que visita Europa y América Latina frecuentemente, expandiendo su sabiduría a través de ritos arcaicos, entrega esta oración:
Yo estoy conmigo escuchando este flujo de mi vagina. ¿Qué es depositar la sangre a través de esta herida sagrada? De la vida sale a la naturaleza este flujo rojo, la semilla sale a la tierra. Es un parto chiquito. Pongo en la planta el grano de sangre del río rojo, luna carmesí.
Las diez mil y más heroínas y diosas de toda la humanidad irradian múltiples energías más allá de los matices culturales y etnias diversas, y algunas son más desarrolladas, conocidas y aceptadas que otras. Las cosmovisiones se entrelazan desde muchas visiones y realidades.
“Ella cambia todo lo que toca y todo lo que ella toca, cambia”, es un cántico que recitan las mujeres aborígenes de Estados Unidos. Se canta en las asambleas de mujeres, como parte del ritual de invocación de la Diosa. Se llama a los espíritus guardianes, a los guías de los cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra que corresponden de este modo en el hemisferio sur. Este rito se utiliza tanto para abrir los círculos, como para cerrarlos con el agradecimiento a sus presencias. Asimismo, se invocan las cuatro direcciones: este, norte, oeste y sur. Y se agrega, al padre cielo, el gran espíritu hacia lo alto, la pachamama, la energía nutricia de la tierra hacia los suelos y la energía del corazón hacia el cuerpo de los participantes.
