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El plan B de mis pensamientos es una inmersión profunda en la mente de una enunciadora atrapada entre el arte y la herencia ancestral. Este relato nos transporta a un universo donde lo imaginario y lo real se entrelazan en un vaticinio continuo. Nos revela el valor de la vejez y la aspiración de que la sociedad la enaltezca. Ella siente y vive esta realidad en carne propia, guiada por espejismos y sabiduría ancestral, mientras intenta recorrer el camino del amor incondicional al prójimo. ¿Es esto locura? ¿O tal vez clarividencia? El desconcierto existencial genera una fatiga abrumadora, pero la calma llega cuando comprende que una misión difícil de dilucidar está en sus manos: la decisión de escuchar las voces de sus ancestros y actuar en consecuencia. Encarando los mandatos heredados, Flavia Ramirez se atreve a escuchar las memorias de sus antepasados, encontrando paz espiritual en el arte, y especialmente en la pintura de rostros. Este medio no solo le permite expresar sus deseos, sino también sus sueños premonitorios. A través de sus acciones y al aceptar su don, Flavia habilita un plan B para intervenir en situaciones que podrían derivar en sufrimiento o desolación. Con amor y aprendizaje, acompaña a los demás en su camino, ayudándolos a sobrellevar lo que está escrito y a aceptar lo inevitable. Este libro es un viaje al interior de la psique humana, una exploración de la conexión entre el pasado y el presente, y una reflexión sobre el poder del arte para transformar vidas.
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Seitenzahl: 85
Veröffentlichungsjahr: 2024
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EL PLANB DE MISPensamientos
EL PLANB DE MISPensamientos
AHÍ, DONDE LOS ÁNGELES SE CRUZAN CON MI ARTE
FLAVIA RAMIREZ
Ramirez, Flavia
El plan B de mis pensamientos : ahí donde los ángeles se cruzan con mi arte / Flavia Ramirez - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2024.
Archivo digital: Descarga
ISBN 978-631-6602-35-0
1. Arte. 2. Autobiografías. 3. Espiritualidad. I. Título.
CDD 133.901
© Tercero en discordia
Directora editorial: Ana Laura Gallardo
Coordinadora editorial: Ana Verónica Salas
Corrección: Gisela Mancuso
Maquetación: Daniela Galatro
Diseño de tapa: Rocío Deluca
Ilustración de tapa: Alejo Agustín Castillo
www.editorialted.com
@editorialted
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.
ISBN 978-631-6602-30-5
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Impreso en Argentina.
Al guardián de mis más profundos
pensamientos cohibidos…,
al motivador de mis propósitos,
y al principal compañero
de mi maravillosa vida,
mi esposo.
Leer este libro es...
Como si observaras un cuadro pintado por un gran artista de lo abstracto...donde se puede vislumbrar a la protagonista de la obra y su entorno...
Las sutiles líneas divisorias entre los sueños y la realidad se han difuminado, dando a la obra un halo de misterios y verdades.
Josefa Casas. Escritora argentina. Barcelona, España
Aún no tengo noción de cuándo comenzó; cuándo consideré, por primera vez, que me encontraba enjaulada íntimamente en este cuerpo: no vislumbro el momento exacto ni el sitio en el que me encontraba, menos aún la situación, pero sí recuerdo con exactitud que nada conformaba mi sensación de descontento a la hora de dar por cerrado un pensamiento, una conversación, un diálogo; siempre indagaba o, al menos, intentaba ver el otro lado de la realidad, o quizás, de esta ficción que me enmaraña constantemente, haciéndome creer que tengo algo por resolver, sin darme cuenta objetivamente de que el camino está marcado, trazado y que lo que deba ser así será.
Nací en 1976, aunque creo que poseo muchos años más; no es que me considere anciana; por el contrario, es por la mera razón de que empatizo con las almas viejas, añejas, esas con las que podés pasar horas interminables escuchando sus andanzas llenas de sensaciones, la mayoría inesperadas, las que, con el paso de la vida, acarrean sus mochilas colmadas de experiencias; de anécdotas; algunas, de sueños; otras, de necesidades; de perdón; de rencores; y de tantas emociones como existan en este universo en el que nos encontramos inmersos. En definitiva, puedo dedicar horas de mi vida a emprender largas escuchas con antecesores.
Tengo la certeza de que nada es al azar y, si estás detenido leyendo este libro es porque nuestras almas debían cruzarse, y entonces puedo creer que hablamos el mismo idioma, o coincidimos en pensamientos. Entonces, es desde este lugar que digo que amo profundamente sentir las pausas del diálogo con un anciano, esas que hacen para recordar en un sinfín de pensamientos, en algún lugar recóndito de su mente, quizás sin el año o la fecha perfecta, pero sí con algún detalle que les hace sentir que la vida se les ha escapado de las manos, como quien intenta tomar agua del río atrapándola entre sus dedos. El lagrimear de sus ojos, cuando ese recuerdo les toca el corazón. Cada vez que resueno con algún anciano tomo conciencia de lo corto que es el camino; de lo poco que lo valoramos; que somos seres bendecidos en un universo lleno de preguntas sin respuestas, pero con la certeza de que cada mañana que despertamos tenemos la gran oportunidad de renovarnos, de comenzar a transitar nuevamente: el pasado ya se desvaneció y es imposible modificarlo; el futuro es inexistente aún; pero sí tenemos el conocimiento de la estupenda posibilidad de respirar y decir que estamos vivos en el aquí y ahora y, a través de ello, modificar nuestro presente.
Bueno, y ahí estoy yo, confrontando pensamientos frente a todas estas almas que me observan, me hablan, me susurran, me confunden. Aquí estoy yo; aquí estuve y aquí estaré.
Obra en óleo sobre tela. Bastidor 40 cm x 60 cm. 2022. Flavia Ramirez.
Escondidas
A espaldas de la vida, como quien no quisiera avanzar,
acumulando mochilas, en su sinuoso transitar,
lentamente se aproxima, minuciosa en su actuar,
ahí se desliza ella, como la bruma del despertar.
Tiene la certeza en sus manos, el hilo de su telar
de que esto también pasará…
Fragmento literario. 2015. Flavia Ramirez
Mis padres, dos seres que hoy vibran en coordenadas dispares, que me criaron sin carecer de nada de lo que ellos creían necesario para subsistir, aunque algunas palabras más hubiesen sido solución para tantas preguntas, insatisfacciones y, sobre todo, para evitar tantas encrucijadas que sellarían a fuego mi niña interior.
Mi padre, un hombre enfatizado en el trabajo, nada hacía que él desligara su responsabilidad por la labor. Dedicado y perseverante, aunque escueto en palabras, de diálogo ameno, escaso en estudios, que sobrellevó su infancia luchando por las peripecias que le había deliberado la vida. Siempre notaba el cansancio en sus pupilas, miraba sus manos, marcadas por el arduo trabajo, bajo la lluvia, hiciera frío o calor. Sin importar que sucediera, él trabajaba. Fue sodero toda su vida. Creador de buenas historias, asador implacable, amiguero, buen padre, aunque negligente con su propio ser.
Solo bastaba con decir “papi” y él ya estaba dentro de mi universo, a su manera. Aún recuerdo vagamente mis sentimientos de culpa ante su esfuerzo por ofrecernos el mejor porvenir, y me detengo solo en agradecer todo lo que he heredado de él, pero doy por sentado que no soy él, y debo avanzar con mis mochilas, con mis encrucijadas, intentando dejar huella en mi transitar. He sido afortunada de tener su ejemplo, con todos sus defectos y virtudes.
Obra en óleo sobre tela, 1,30 m x 1,90 m. 2018. Flavia Ramirez.
Suaves miradas a lo lejos,
en cercanías del iris, la dureza,
de quien añora en silencio el bullicio,
de quien la felicidad predomina a medias.
…Suave mirada a lo lejos,
de quien esconde palabras susurradas,
de descendencia privilegiada
sin saberlo,
de niñez azotada en sus adentros.
Sufrimientos guarecidos…
Esperanzas añoradas…
Fragmento literario. 2010. Flavia Ramirez
Mi madre, uf, el mejor reflejo de mi mente; más tarde me daría cuenta de la herencia de comportamientos sucesivos, que marcarían mi transitar, aunque el temperamento no tiene un patrón claro de herencia, yo me encuentro más de una vez repitiendo frases o reaccionando ante determinadas situaciones de la misma manera que lo hubiera resuelto mi madre. Y es aquí cuando me detengo y soy consciente de la evolución que he alcanzado, estoy dispuesta a aprender de sus errores, y me repito una y otra vez que ella ha estado en mi camino para mostrarme lo malo que no quiero repetir, bajo ninguna circunstancia o, por lo menos, será la parte más importante por estudiar en mi comportamiento. Pero también sé, irreprochablemente, que honro su vida, honro su transitar cada amanecer.
Ella, mujer dura, inmutable, demasiado a mi entender, pero próspera, creativa, artesana del buen sabor, siempre sentía que daba a los ajenos mucho más de lo que recibía, no era recíproco… ¡Y merecía recibir!, ¡claro que lo merecía!; amaba como ella sabía amar, pero siempre mirando, con el rabillo del ojo, el más allá de la vida, sin resolver el presente, con augurios de certezas que aún no existen ni existieron. Su realidad nunca fue la nuestra, pero en su mundo creó un universo paralelo.
Indagué, investigué y analicé por años su comportamiento hacia mí, su rareza en el trato; algunas veces —varias, en realidad— creí no pertenecer al clan familiar; luego de extensas averiguaciones dentro y fuera de mi conciencia emocional, deduje que nada de lo que ella hacía era en contra de nadie, nada era en función de enervar a ningún integrante del seno familiar, sino que yo había sido concebida en un estado de conciencia emocional duro, tajante, en un contexto en el que su palabra no había sido tomada como válida, en el que su dolor, durante mi gestación, era de vacío y yo, desde el instante uno, venía a tomar un lugar que no me correspondía, estaba destinada a suplir un alma, tarea que creía debía realizar, pero la práctica solo me trajo sufrimiento.
Aun en la actualidad, todo lo no dicho, los secretos familiares, las relaciones y emociones no expresadas por mis padres han marcado mi desarrollo psico-emocional, y es aquí donde debo detenerme, porque mis sentidos ya traspasaban lo “normal” cuando decidí volver a este mundo bidimensional. Y llegué cargada de sentimientos que hoy justifico y entiendo, escuchando esas voces, sobre las que ya me detendré a contarles, pero que me acompañaron desde mi concepción.
Obra en óleo sobre tela. Bastidor 70 cm x 90 cm. 2022. Flavia Ramirez.
Entrañas
...Madre mía, sí me dueles,
si supieras lo que dueles,
cada mirada obsecuente,
cada palabra hiriente.
Soy el reflejo de tus dones,
pero sacrificio de tu amor.
Te honro, madre querida,
por mostrarme quién realmente sos,
nunca fuiste la elegida
y eso muchas veces te dolió,
siento vergüenza, madre mía…
No eres vos, soy yo.
Fragmento literario. 2013. Flavia Ramirez.
Ambos criaron a cuatro hijos, cada uno oveja negra en algún aspecto de nuestras vidas; íntegros de corazón, pero con parámetros disímiles con respecto a lo que está bien y a lo que está mal: habíamos tenido una construcción de moral y ética excesivos a mi parecer, que nos permitía discernir la diferencia de ambos términos, pero cada uno eligió vivir a su manera. Influenciados por las propias experiencias emocionales de nuestros padres, por sus deseos, ambiciones, frustración, así, con toda la carga emocional heredada, salimos a la vida afrontando lo que nos tocaba vivir.
