El poder de la edad - Mónica Manso - E-Book

El poder de la edad E-Book

Mónica Manso

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UN LIBRO FEMENINO Y PROAGING QUE INVITA A REINVENTAR EL PROCESO DE ENVEJECER. Las mujeres maduras estamos reivindicando el poder de nuestra edad. Desde nuestra experiencia, nuestra serenidad y nuestro espíritu conciliador, podemos ser el motor que cambia el mundo. Pero aún queda mucho camino por recorrer. La nueva mujer mayor del siglo XXI debe vencer los estereotipos, la invisibilidad y el culto a la juventud para hacerse oír y expresar toda su sabiduría.  Este libro te invita a ver de otra manera el proceso de envejecer. Con él transformarás el miedo o la resignación por cumplir años en curiosidad y emoción por todo lo bueno que está por venir. Además, te ayudará a tomar las riendas de tu salud, con los consiguientes reajustes del estilo de vida, para poder llegar vitales, con un cuerpo fuerte y una mente abierta, a la madurez.  ¡Bienvenida a tu nuevo comienzo!

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Seitenzahl: 294

Veröffentlichungsjahr: 2024

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NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en

«Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente

aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas,

hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente

sobre su propia salud, y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo

con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso,

ser un sustituto de la consulta médica personal.

Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos

y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor

pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error

u omisión que se haya podido producir.

© del texto: Mónica Manso, 2024.

© de esta edición: RBA Libros y Publicaciones, S.L.U., 2024.

Av. Diagonal, 189-08018 Barcelona

www.rbalibros.com

Primera edición: septiembre de 2024

REF.:OBDO377

ISBN:978-84-9118-326-6

REALIZACIÓN DE LA VERSIÓN DIGITAL•EL TALLER DEL LLIBRE

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito

del editor cualquier forma de reproducción, distribución,

comunicación pública o transformación de esta obra, que será

sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse

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si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra

(www.conlicencia.com; 917021970/932720447).

Todos los derechos reservados.

ASÍ EMPEZÓ TODO

Querida Mujer Sabia,

Te doy la bienvenida a El poder de la edad, un libro que nace de mi curiosidad y necesidad de comprender en profundidad el proceso que nos lleva a madurar y a envejecer como mujeres a partir de la segunda mitad de nuestra vida.

Este libro es el fruto de mi anhelo por vislumbrar el futuro y trazar una guía para este viaje con la que podamos orientarnos, sentirnos más seguras y disfrutar plenamente de nuestra madurez femenina. A lo largo de la investigación, he encontrado tanta inspiración y esperanza que anhelo compartirla contigo.

Si ya me conoces o has seguido mi trayectoria, sabrás que en septiembre de 2021 publiqué mi segundo libro, La menopausia consciente, que ahora va por su tercera edición. Lo escribí con el mismo doble propósito: investigar para mi propio camino y ofrecerte una visión positiva de lo que significa cruzar esta etapa tan significativa en la vida de una mujer.

La menopausia llegó a mi vida a los cuarenta y siete años y, desde entonces, he acogido esta etapa con alegría, aceptación y entusiasmo. La recepción positiva de mi libro, acompañada de los cálidos testimonios que me llegaban de tantas lectoras, fue un refuerzo maravilloso. Todo iba viento en popa y con un rumbo claro e interesante hasta que cumplí cincuenta y tres. En ese momento experimenté un cambio profundo, y me sumergí en lo que muchos llaman «la noche oscura del alma», un período de crisis, depresión y desconexión del impulso vital.

Por mi experiencia personal y profesional sé que muchas de nosotras pasamos por situaciones similares al atravesar la menopausia. El rango entre las fluctuaciones del estado de ánimo y la depresión está lleno de matices y es probable que te hayas encontrado en alguno de ellos. Este es un momento en el que las heridas personales emergen para ser vistas y sanadas, y dedicaré un espacio importante en este libro para explorar cómo enfrentarlas y comprenderlas en tu posmenopausia.

En el corazón de este viaje a las profundidades del alma, me encontré cara a cara con un temor muy personal: el miedo a envejecer. Me asustaba no ser capaz de enfrentar las inevitables realidades de la segunda mitad de la vida: mi propio envejecimiento, la pérdida de seres queridos como mis padres o de mi fiel gato Mango, la incertidumbre sobre la salud de mi pierna y la posible pérdida de autonomía (tengo un grado de discapacidad del 46 %), o la angustiante idea de quedarme sin recursos económicos… Fue entonces cuando me di cuenta de que no sabía nada sobre el proceso de envejecer, que no tenía referencias ni había una hoja de ruta a la que acogerme. Se ponía mucho énfasis en la menopausia, pero, y después, ¿qué? ¿Cómo se anda el camino de la posmenopausia?, ¿con qué recursos?, ¿cómo se puede hacer frente a todos los miedos? Y lo más importante: ¿hay alguna manera de disfrutar el proceso?

Envejecer es un tema tan humano y tan universal que en algún momento u otro se nos pueden presentar estas cuestiones. Así que, con estas preguntas y temores vagando por mi mente, un día me llegó la claridad: escribiré un libro que explore el envejecimiento en positivo desde la perspectiva femenina, una continuación de La menopausia consciente. Este proyecto no solo me ayudaría a mí, sino que también ofrecería guía y apoyo a muchas mujeres que comparten estas inquietudes.

Así es como todo comenzó..., reflexionando sobre «envejecer», una palabra tan tabú como «menopausia», incluso más. En inglés, aging suena chic y está de moda pero, en nuestro idioma, las opciones son limitadas. «Madurar» suena insuficiente, y «hacerse mayor» no hace justicia al proceso. Se me ocurrió que «ganar en edad» tenía una connotación más amable, también «llegar al ecuador de nuestras vidas». Así que iré usando estos términos alternativamente a lo largo del libro, siempre con la intención de reflejar la riqueza de sumar años de experiencia a partir de la segunda mitad de la vida.

Este libro se centra en la perspectiva femenina, abordando la complejidad de ser mujer más allá de la menopausia y los desafíos únicos que se nos presentan. Con casi dos décadas de especialización en el acompañamiento al alma femenina, y por el mundo en el que vivimos, es claro para mí que envejecer como mujer es una experiencia distinta a la de los hombres, y esto merece una reflexión profunda.

Este no es un libro antiaging (antiedad), todo lo contrario, es un libro proaging (proedad). Mi objetivo es que puedas reinventar y reimaginar el proceso de envejecer, cambiar el enfoque y transformar el miedo o la resignación por cumplir años en una curiosidad y emoción por todo lo nuevo que está por venir y descubrir.

Juntas desmontaremos los mitos sobre el envejecimiento y desecharemos las creencias limitantes para abrazar verdaderamente el poder de nuestra edad. Te puede parecer todo un reto, pero te aseguro que merece la pena. Diversos estudios realizados por la investigadora Becca Levy confirmaron que las personas con percepciones positivas sobre el envejecimiento viven de media siete años más que aquellas que no las tienen. ¿Te lo puedes creer? Este será un tema clave que exploraremos a fondo.

Imagina este libro como el GPS que te orientará en la segunda mitad de tu vida, guiándote a través de lo desconocido y ayudándote a convertirte en una Mujer Sabia y llena de propósito. Te brindaré información esencial sobre longevidad para sentar las bases de tu salud física, mental, emocional y espiritual, que te permitirán mantener la vitalidad y un corazón joven. Asimismo, encontrarás pequeños ejercicios de reflexión. Te invito a anotar las respuestas en tu «libreta de viaje» a medida que avanzas con la lectura. Esto te ayudará a enriquecer este viaje de autoconocimiento y redefinición de tu juventud interior.

Este libro es también un lugar para sanar el pasado, abrazar el presente y expandir tu identidad. Es un momento para ti, para reflexionar sobre quién eres ahora y quién podrías llegar a ser, liberándote de las expectativas culturales y sintonizando con los deseos más profundos de tu alma.

Mi mayor esperanza es que veas que la edad no es un límite, sino un puente hacia la vida que verdaderamente deseas.

No dejes que nadie te diga que tu tiempo ha pasado. No eres demasiado mayor para perseguir tus sueños, y nunca es tarde para comenzar. Recita conmigo:

«Estoy lista para asumir el poder de mi edad y ser la mujer madura que mi alma anhela».

«Soy más sabia ahora y confío plenamente en mí para tomar las decisiones que guiarán mi camino».

Bienvenida a tu nuevo comienzo.

Mónica Manso

PRIMERA ETAPA

DESMONTAR LOS ESTEREOTIPOS Y ABRAZAR EL PODER DE LA EDAD

 

Me gusta cómo me veo. Me gusta cómo me

siento. Me gusta mi energía. Tengo sabiduría.

Tengo perspectiva y puedo decirte que

envejecer puede ser increíble.

SUZANNE SOMERS

MÁS ALLÁ DE LA MENOPAUSIA, UN NUEVO COMIENZO

Quiero comenzar nuestra primera etapa de este viaje continuando con el diálogo que inicié en mi libro anterior, La menopausia consciente. En él abordé el viaje psicoemocional que va desde el climaterio hasta los primeros años posteriores a la menopausia, ofreciendo herramientas para realizar este camino con confianza y positividad. Pero ¿qué ocurre después? ¿Qué esperar cuando el ciclo menstrual se retira y comenzamos a caminar por la senda de la mujer sin reglas? ¿Cómo podemos desmontar todos los estereotipos y abrazar el poder de la edad?

Cuando estamos llegando a la menopausia, por lo general, toda nuestra atención se centra en los síntomas y en cómo nos afectan. Para muchas mujeres es como una especie de tsunami que revoluciona el cuerpo y la vida, y que parece no tener fin. Se trata de un período de transición que requiere paciencia y tiempo para ajustarnos a este cambio trascendental.

Si observamos nuestra vida desde la perspectiva de las etapas vitales femeninas (menarquía, maternidad, climaterio, menopausia), nos damos cuenta de que lo que llamamos comúnmente «menopausia» es solo un día, aquel en el que se cumple un año sin menstruación. A pesar de la importancia que le otorgamos, en realidad es solo un instante en la vida de la mujer. Lo trascendental, lo verdaderamente significativo ocurre después, en la etapa de madurez que viene con la posmenopausia.

Vendría a ser algo similar a cómo la crianza define la maternidad. Mi experiencia como doula durante más de una década, acompañando embarazos, partos y maternidades, me ha enseñado que, aunque el parto es un día muy importante, la crianza es un viaje para toda la vida que transforma profundamente nuestra identidad como mujeres y madres. En la menopausia ocurre un fenómeno similar: al cruzar este umbral, nos embarcamos en un viaje hacia la sabiduría femenina, un proceso que se desarrollará durante toda la segunda mitad de nuestra vida.

Cada etapa vital femenina, cada umbral que cruzamos, y cada transición, conlleva una transformación de nuestra identidad. Esta transformación sucede en lo profundo y empieza con un duelo por la etapa que estamos dejando atrás, para luego adentrarnos en un período de transición, llamado también «espacio liminal», que nos sitúa en un territorio desconocido de nuestra identidad donde el camino que seguir parece nebuloso. Es un estado de transformación en el que el pasado ya no define quiénes somos, pero el futuro de quiénes seremos aún es una incógnita.

Este espacio liminal puede ser un desafío marcado por la incomodidad, incluso a veces por la tristeza o el dolor, pero es, en esencia, la antesala a la metamorfosis en la que emergemos como mujeres renovadas. Como la crisálida cuando se convierte en mariposa. Se corresponde a lo que conocemos como la etapa de climaterio, que abarca aproximadamente 5-6 años antes de la menopausia y unos 7-8 después. Durante este largo proceso, vamos ascendiendo a una nueva etapa de madurez, subiendo un escalón en la consciencia femenina.

Este tema es, a menudo, obviado en nuestras conversaciones entre amigas porque tendemos a concentrar toda nuestra atención y temores en la menopausia y en sus síntomas, descuidando así los procesos profundos que se gestan en nuestro interior. Nuestro cuerpo físico experimenta cambios visibles, pero hay otros más sutiles y menos evidentes, como los emocionales, mentales y espirituales, que se desenvuelven silenciosamente y que, para una inmensa mayoría de mujeres, son inconscientes, precisamente por la falta de información que existe al respecto.

Recuerdo haber compartido en mis redes sociales un post que resonó profundamente en muchas mujeres. Ilustré un iceberg, donde la punta visible estaba etiquetada como «síntomas», y bajo la superficie, en la parte oculta, escribí los conceptos «necesidad de poner límites», «duelos no sanados», «sueños no cumplidos», «miedo a envejecer», «necesidad de tiempo propio», «tabú de la invisibilidad», «mensajes negativos de la sociedad» y «falta de referencias y referentes culturales».

Si nos limitamos a enfocarnos solo en los síntomas físicos, la posmenopausia y la madurez pueden parecernos una montaña insuperable. Esta visión centrada exclusivamente en lo corporal nos impide ver los movimientos emocionales, de identidad y, en un nivel más profundo, del alma o del Ser.

Todo está interconectado: los síntomas con las emociones, la nutrición, el estilo de vida, el autocuidado, las relaciones, los límites que establecemos, la atención a nuestro cuerpo, la disciplina para incorporar nuevos hábitos, la necesidad de deshacernos de lo que ya no nos sirve, nuestra mochila emocional... Nada está aislado.

Entonces, ¿cómo podemos ver la etapa de la posmenopausia de manera positiva si solo nos enfocamos en los síntomas? Sería imposible. Necesitamos ampliar nuestra perspectiva. La menopausia es un portal, un rito de iniciación hacia una etapa de sabiduría y madurez en la que es importante escucharnos y respetarnos a nosotras mismas, aprender a ser pacientes, abrazarnos en momentos de oscuridad y celebrar con las mujeres de nuestro círculo íntimo los gozos de la vida.

Puede sonar poético, y quizá pienses que no es tan fácil llegar a ese estado. Te comprendo perfectamente. No estás sola en este sentir. Cada una de nosotras recorre un viaje único y personal, influenciado por nuestra historia de vida y por el nivel de consciencia y trabajo personal que hemos desarrollado hasta hoy.

Mi consulta se ha convertido en un espacio donde la complejidad y la riqueza de lo femenino se manifiestan en todo su esplendor, reflejando las diversas experiencias de las mujeres en este particular momento histórico que nos ha tocado vivir. Aquí me encuentro con mujeres en la mediana edad que, a menudo, llegan sintiéndose desorientadas, confusas, invisibles y también minusvaloradas. Algunas aún se aferran al pasado, cargando pesadas mochilas emocionales llenas de culpa y resentimiento. Otras se hallan en ese delicado tiempo liminal, con cierta tristeza por lo que dejan atrás e incertidumbre sobre lo que está por venir, a menudo sin guía para orientarse.

En la mediana edad, no es raro enfrentarse a sentimientos de arrepentimiento por haber elegido ciertos caminos en la vida, aquellos que en su momento parecían los correctos, pero que tal vez no se desarrollaron como esperábamos. A veces, surge envidia o vergüenza al comparar nuestro recorrido con el de otras mujeres, un fenómeno que las redes sociales tienden a intensificar con su constante invitación a compararnos.

En ocasiones, emerge también una sensación de pérdida de propósito, originada en ese cambio de identidad y en el espacio liminal del que hablamos anteriormente.

Asimismo, recibo a mujeres que viven una gran contradicción en su vida profesional: por un lado, sienten el impulso de cambiar y seguir el llamado de su corazón hacia lo que han anhelado durante tanto tiempo; por otro, aparece el miedo a abandonar la seguridad de un trabajo conocido y la incertidumbre acerca de una futura pensión. Esta última, una preocupación que, sinceramente, comparto (y que nos lleva a preguntarnos si no seremos la última generación en recibirla).

Y hay quienes acuden a consulta porque no aceptan el paso del tiempo en su apariencia externa, influenciadas por una cultura antienvejecimiento que nos ha repetido durante décadas que nuestra apariencia está ligada a nuestro valor.

En el ecuador de nuestras vidas, a menudo, nos encontramos manejando múltiples roles y responsabilidades: mantener nuestros empleos, intentar no perder la cordura con nuestros hijos adolescentes, o incluso preadolescentes (las maternidades tardías son cada vez más habituales), cuidar de nuestros padres ancianos, tratar de mantener nuestras relaciones de pareja a flote a pesar de nuestra montaña rusa emocional, lidiar con los síntomas de la menopausia y, además, aprender las bases de un nuevo estilo de vida que se ajuste a esta nueva etapa vital.

Después de años acompañando el alma femenina, algo de lo que estoy convencida es de que cada transición en nuestras etapas vitales exige nuevas habilidades y estrategias distintas de aquellas que nos sirvieron en el pasado. Esto se debe a que nos enfrentamos a desafíos completamente diferentes que a veces ni imaginamos, lo cual nos impulsa a expandir nuestras capacidades.

Este libro se centra precisamente en eso: aprender a expandir tus capacidades para que puedas vivir la experiencia de avanzar en edad de manera relajada y empoderada, que trascienda el tabú de la menopausia y el del paso del tiempo.

Al investigar para escribir este libro, leí unas reflexiones de Lydia Bronte que encendieron en mí una chispa de alegría y reflexión. Bronte señala que hemos añadido 15 años a nuestra esperanza de vida, pero no al final, sino en medio de ella. Esta idea fue para mí una revelación, pues cambia completamente la perspectiva: significa que tenemos la oportunidad de disfrutar y aprovechar mucho más la segunda mitad de nuestras vidas. ¡Es como una nueva juventud en la edad madura! ¿No te parece algo maravilloso?

Todo esto forma parte del nuevo comienzo más allá de la menopausia. Hay mucho camino por recorrer y es sumamente prometedor. Vamos juntas a desvelar el poder de la edad.

EL IMPACTO DEL EDADISMO Y LA CULTURA ANTIAGING EN LA MUJER

Cuando exploramos el significado de «anti» en el diccionario, encontramos términos como «opuesto» o «contrario». Así, la palabra «antienvejecimiento» nos sugiere una oposición al proceso natural de envejecer. Esta terminología, tan arraigada en el mundo del marketing, nos ha sido presentada de manera tan seductora y glamurosa que hemos empezado a ver el proceso de avanzar en edad como algo que evitar, creyendo que la única manera de ser felices reside en detener el tiempo.

Nuestro miedo a envejecer no es casual, sino el resultado de la constante presión mediática y de una industria antienvejecimiento muy lucrativa que nos bombardea constantemente con soluciones milagrosas para combatir el paso del tiempo. Casi sin darnos cuenta, esta cultura nos ha llevado a buscar formas de revertir lo que es, en esencia, un proceso completamente natural. Es como si nos viéramos empujadas a oponernos a nuestro propio proceso de envejecimiento.

Se nos impone un ideal de belleza inalcanzable, donde cualquier señal de madurez debe ser ocultada, como si los cambios naturales de nuestro cuerpo fueran algo que esconder. ¿No te parece una locura querer borrar cada línea de expresión que simbólicamente es un mapa de nuestra historia de vida?

Hoy en día, no son solo las mujeres de mediana edad las que caen en esta trampa, sino también las más jóvenes. Basta con echar un vistazo a plataformas como Instagram o TikTok para ver a infinidad de chicas hablando sobre maquillaje y productos de belleza, y utilizando filtros buscando un rostro «perfecto». Es una carrera contra el tiempo que comienza incluso antes de que el proceso de envejecimiento se haga presente.

Desde niñas, nos inculcan que la juventud es sinónimo de belleza y valor, y que envejecer es sinónimo de declive y pérdida. Esta programación cultural hace que aceptar nuestra edad se convierta en un desafío monumental.

El marketing antiedad, que es una industria multimillonaria, se alimenta de nuestras inseguridades, vendiéndonos la idea de que salud es igual a juventud y que pasar el ecuador de la vida y bienestar son incompatibles. Trabajan sin descanso para asegurarse de que no nos aceptemos a nosotras mismas, convenciéndonos de que la felicidad se encuentra en el espejo y en el gasto excesivo en productos antienvejecimiento.

Pero sabemos que esto es solo un espejismo. La verdadera intención es amplificar nuestra sensación de carencia para impedirnos alcanzar una sensación de plenitud interior, manteniéndonos en una constante búsqueda de mejora exterior. Es importante darte cuenta y salir de esa rueda de hámster; de lo contrario, te perderás en ella y te costará reencontrarte.

Para romper este ciclo, es necesario prestar atención a quién permites influir en tus percepciones a través de las redes sociales, la televisión o las revistas de moda. Es hora de dejar de seguir aquellas cuentas, mujeres o colectivos que no te aportan positividad, y sustituirlas por aquellas que reflejen y celebren la etapa de vida en la que te encuentras, incluyendo aquellas que abordan el tema con humor y ligereza (al final del libro te sugiero algunas cuentas inspiradoras en Instagram). Sabrás que has encontrado un buen lugar cuando dejes de comparar tu vida con las de ellas.

Espero que, poco a poco, puedas ir integrando la importancia de reevaluar tu percepción sobre la madurez y el avance del tiempo. Un estudio de la Universidad de Harvard realizado en 2016 reveló que la percepción negativa del envejecimiento puede impactar en nuestra salud tanto física como mentalmente. Las personas con una actitud positiva hacia su propia vejez tendían a tener mejor salud y bienestar, incluso años después, demostrando así la importancia significativa de nuestra actitud hacia el envejecimiento en nuestra calidad de vida.

El edadismo

¿Alguna vez habías oído la palabra «edadismo»? Confieso que, hasta que comencé a profundizar en este libro, era un término desconocido para mí. Descubrí su significado al traducir del inglés ageism, que significa discriminación por edad.

Desde que me familiaricé con el término, he seguido numerosas cuentas en Instagram que lideran el movimiento antiageism o proaging y leído artículos al respecto. Incluso firmas de moda como Zara, al momento de escribir estas líneas, han contratado a Ángela Molina como modelo para su última campaña, apostando por la diversidad y combatiendo el edadismo. Loewe también lo ha hecho con la actriz Maggie Smith y Balmain ha incluido en su pasarela 2024-2025 a modelos mayores, también llamadas modelos golden o timeless, manifestando abiertamente que la moda no tiene ni edad ni límites.

El término «edadismo», acuñado por Robert Butler en 1969, se refiere a la discriminación y a los prejuicios basados en la edad, tan arraigados en nuestra cultura que apenas nos damos cuenta. No solo afecta a las personas maduras o mayores, también lo sufren las jóvenes, por ejemplo, en el ámbito laboral, cuando se enfrentan a él por primera vez y sin experiencia.

Hoy en día muchas organizaciones públicas y privadas cuentan con departamentos de inclusión que abordan cuestiones trascendentales como el racismo o el género pero, cuando se trata de la edad, todavía estamos lejos de llegar a poner la cuestión en el punto de mira. Comprender el edadismo es vital para empoderarnos, cambiar la narrativa y construir un mundo más inclusivo.

ESPACIO PARA LA REFLEXIÓN

¿Qué efectos crees que estos prejuicios pueden tener en ti, en nosotras y en la sociedad?

Aunque la lucha por los derechos de la mujer ha logrado grandes avances, el edadismo sigue siendo un tema poco abordado. Incluso cuando creemos que no discriminamos por edad, a menudo encontramos prejuicios inconscientes, especialmente hacia nosotras mismas.

Por ello, el primer paso es reconocer a la edadista que hay en ti. Cuántas veces he oído en mi consulta a mujeres que dicen «ya soy demasiado mayor para...», «no me atrevo a vestir como realmente me gustaría porque a mi edad...», «tengo ganas de hacer un viaje sola, pero qué va a pensar de mí mi familia...», «quiero hacerme un tatuaje, pero con el cuerpo tan cambiado no me veo...» o «a esta edad es muy difícil encontrar pareja...».

El edadismo está en todas partes: en las instituciones, en nuestras relaciones y en nosotras mismas. Por ejemplo, en el entorno laboral, se asume a menudo que las personas mayores son menos hábiles con la tecnología, lo que las excluye de oportunidades de desarrollo profesional. Y en el caso de las mujeres, con la llegada de la menopausia, se presupone que tenemos menos claridad mental y, por lo tanto, somos menos productivas. En la familia, se tiende a sobreproteger a las personas adultas mayores, restando valor a su autonomía e independencia.

Estos estereotipos reducen nuestra capacidad de apreciar la diversidad y riqueza de experiencias en la vejez, lo que afecta en cómo las personas maduras y mayores somos percibidas y tratadas en diversos aspectos de la vida.

Además, muchos de estos sesgos están anticuados y ya dejan de tener fundamento. La investigadora Becca Levy explora y describe el impacto que pueden tener muchas de estas creencias y la necesidad de desafiarlas: «En todos los casos encontré información que no solo contradecía el estereotipo negativo, sino que también resaltaba una fortaleza que viene con el envejecimiento».

Si tomamos como ejemplo el estereotipo de que las personas se vuelven menos creativas a medida que envejecen, Levy encontró muchos ejemplos de lo contrario, de que nos volvemos más creativas con la edad.

La sociedad nos suele decir que la creatividad alcanza un punto máximo en mediana edad y, si para entonces no hemos hecho un descubrimiento revolucionario o escrito una novela o pintado una obra, ya no hay opción, porque entonces ya seremos demasiado mayores.

Pero basta con investigar un poco para encontrar infinidad de ejemplos. Margaret Atwood publicó la secuela de El cuento de la criada a los ochenta y un años. La actriz Judi Dench consiguió su primer Oscar a los 64 años. La bioquímica Jennifer Anne Doudna recibió el Nobel de Química a los 56 años. La poetisa japonesa Toyo Shibata publicó su primera obra a los 99 años; la tituló Kujikenaide (la traducción sería «No te desanimes»). Además de ser muy simbólico y evocador, ¡vendió más de un millón y medio de ejemplares!

Y es que la sabiduría, la nostalgia, el anhelo del alma y la conciencia de la mortalidad en la edad madura son aspectos muy movilizadores tanto para escritoras como para compositoras, investigadoras o artistas, y en general para toda aquella mujer que desee y tenga la valentía de explorar su creatividad.

Además, volviendo con Becca Levy, a través de sus investigaciones, también rompe con el estereotipo de que nuestras capacidades cognitivas empeoran al cumplir años. Parece que hay algunas habilidades como los tiempos de reacción que tienden a disminuir, pero otras siguen siendo buenas e, incluso, mejoran.

Pero la cosa no acaba aquí, pues al parecer ganar en edad también tiene sus beneficios: nos volvemos más agradables y con más capacidad de regular nuestras emociones. Forma parte de un fenómeno conocido como «la paradoja del envejecimiento», mediante el cual, según Levy, las personas mayores «tienden a reportar mayor felicidad y satisfacción con la vida en comparación con las más jóvenes».

Todas estas creencias tan arraigadas socialmente también impactan en la salud y en el bienestar de las personas; la doctora Levy lo ha documentado muy bien. Cuanto más positivos son tus pensamientos, menores niveles de estrés, por lo tanto mejor salud, ¡incluso asegura que te protegen contra la demencia!

Se estima que la discriminación por edad puede ser hoy en día más fuerte que el sexismo o el racismo, con serias consecuencias: provoca estrés cardiovascular, riesgo de exclusión social y limitaciones en el acceso al mercado laboral y al mundo digital.

El edadismo también puede mermar nuestra autoestima y privarnos de aportar nuestra sabiduría y contribuciones valiosas a la sociedad, lo que puede llevar a sentimientos de invisibilidad y minusvaloración y, más las mujeres, que lo sufrimos por partida doble, por la edad y por la menopausia.

Por todo ello, es necesario reconocer y cuestionar los mitos y estereotipos sobre la edad que hemos heredado e interiorizado a lo largo de nuestras vidas. Ya existen movimientos proaging muy fuertes en Estados Unidos que van en contra del edadismo y que promueven su desaparición. La revista de estilo The Pro-Age Woman es uno de ellos.

¿Por dónde puedes empezar a desafiar todo este statu quo? A continuación, te comparto algunas prácticas.

PRÁCTICAS PARA VENCER AL EDADISMO

— Empieza por reconocer y desafiar a tu edadista interna. Y, cuando sientas que te bloquea, simplemente toma un respiro, obsérvala y recuerda que no es quien tú eres, sino solo un producto de la presión cultural. Entonces puedes decidir si obedecerla o tomar una decisión diferente. Exploraremos esto más a fondo en el capítulo 5.

— Infórmate y aprende sobre este tema. Al conocer sus manifestaciones y sus efectos, estarás más preparada para identificarlo y combatirlo en tu vida cotidiana. Esto es algo que ya estás empezando a hacer leyendo este libro. Lee también el estudio de la Universidad de Harvard que aborda cómo una actitud positiva hacia el envejecimiento puede influir en una vida más larga y saludable. Encontrarás el enlace al final del libro.

— Celebra la diversidad de edades. Cada etapa de la vida tiene su propia belleza y valor. Ha llegado el momento de redefinir la idea de envejecer y valorar toda tu experiencia acumulada y la sabiduría que has adquirido a lo largo de los años.

— Cambia tu narrativa en torno al envejecimiento e involucra a tus amigas en ello. Las mujeres debemos unirnos para contar historias de sabiduría y éxito en cualquier etapa vital. Es más fácil desafiar los estereotipos juntas que en soledad.

— Inicia un movimiento activista proedad en tu barrio, pueblo o ciudad. Todo grano de arena aportado es importante para fomentar un cambio positivo, más inclusivo, justo y duradero en la sociedad, no solo para nosotras, sino también para las generaciones venideras. Cambiar la narrativa sobre el envejecimiento está en tu mano, en nuestras manos. Juntas, podemos transformar la percepción general y crear un mundo donde la belleza y la sabiduría no tengan límite de edad.

— Celebra la vida. Alégrate porque estás sana y respiras cada día. Ábrete a contemplar la visión del poder de la edad como un viaje interior cuyo objetivo es la evolución de tu alma.

LA EDAD ES SOLO UN NÚMERO

Cuando atravesamos el umbral de la madurez y pensamos en nuestra edad, a menudo lo hacemos de forma negativa. A la mayoría de nosotras nos preocupa cumplir años; sin embargo, es importante recordar que la edad es solo un número, no es una medida de nuestro valor ni mucho menos de nuestra capacidad o nuestro potencial.

Tu fecha de cumpleaños no es un veredicto de cuánto tiempo vivirás ni de la calidad con la que lo harás. Comprender esto es vital para poder redefinir tu enfoque sobre el envejecimiento. Por ello, hay dos conceptos importantes que tienes que tener en cuenta para abrazar el poder de la edad: la relatividad del tiempo y la epigenética.

El tiempo es relativo

Reflexiona por un momento en cómo te relacionas con el tiempo. Seguramente has vivido momentos en los que, según lo que estabas haciendo o sintiendo, el tiempo parecía transformarse.

Cuando nos encontramos inmersas en una actividad que disfrutamos mucho o que nos apasiona, el tiempo, literalmente, vuela. Nos sumergimos en el flujo de la experiencia y las horas se sienten como minutos. Puede ser una charla animada con amigas, la práctica de un hobby que amas o la realización de un proyecto creativo.

Por otro lado, seguro que también has experimentado situaciones estresantes o, por lo contrario, aburridas o monótonas, donde una hora puede parecerte una eternidad.

Esta percepción subjetiva del tiempo que se expande o se contrae forma parte de nuestra experiencia humana y nos muestra cómo no solo nuestra mente y emociones influyen en la forma en que lo percibimos, sino que también tiene que ver con la cultura a la que pertenecemos.

A lo largo y ancho del mundo, diferentes culturas han desarrollado sus propias percepciones del tiempo, reflejando su cosmovisión y estilo de vida. Muchas de las tribus indígenas, tanto las actuales como las ya desaparecidas, no ven el tiempo de manera lineal, donde el pasado está detrás y el futuro delante. Sus visiones del mundo están ligadas a la naturaleza y sus ciclos, y observan los cambios de las estaciones, los ciclos de la luna y otros fenómenos naturales para orientar sus vidas y guiar sus rituales. Es una conexión profunda que en nuestras modernas sociedades occidentales hemos perdido.

Hay algunos ejemplos alrededor del mundo que todavía prevalecen:

Los navajos (Diné). Una de las tribus indígenas más grandes de América del Norte. Son conocidos por su profunda espiritualidad y la importancia de la relación con la tierra y los elementos naturales.Los kogui de Colombia. Esta tribu vive en la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia. Mantienen una profunda conexión con la tierra, y se ven a sí mismos como guardianes del mundo natural. Los yanomami de la Amazonía. Ubicados entre Venezuela y Brasil, viven de forma muy tradicional con un enfoque en la comunidad y la vida en armonía con la selva. Tienen una estructura social donde el chamanismo desempeña un papel central.Los maoríes de Nueva Zelanda. Tienen una rica cultura espiritual y tradiciones que enfatizan el respeto por los ancestros y la tierra.

Ninguna de estas tribus se preocupa excesivamente por el futuro ni por el pasado, sino que hallan sabiduría en vivir en armonía con la naturaleza y con el aquí y el ahora. En esta visión, la edad no es central, ya que ni siquiera registran su cumpleaños; lo importante es el rol que desempeñan en la tribu y cómo este rol evoluciona con los años, transformándose en las sabias y los sabios de la comunidad.

En contraste, en nuestras sociedades modernas, especialmente en Occidente, percibimos el tiempo como lineal y orientado al futuro. Vivimos en nuestra mente, enfocadas en la planificación, la productividad y el progreso constante. Valoramos la puntualidad y nos esforzamos por cumplir horarios y plazos. ¿Te suena? Una carrera sin fin que nos desconecta completamente de nosotras mismas, de nuestro ritmo natural y, por supuesto, también del cíclico. En este contexto, la edad se convierte en un número que nos recuerda constantemente un tic-tac, un declive, un fin.

Reflexionar sobre estas diferencias nos ayuda a entender que el tiempo es un fenómeno complejo y rico en matices, que se vive de manera distinta según la cultura y el contexto.

Tomar conciencia de esto te ayudará a enfocarte en el presente, a disfrutar más de cada momento y a conectarte de manera más íntima con tus ciclos internos y los de la naturaleza, lo que te abrirá una nueva perspectiva para salir de la incomodidad que te puede generar el cumplir años.

La epigenética: la clave para relativizar tu edad

Existen múltiples factores que influyen en cómo envejecemos. Uno de ellos es nuestro componente genético, esa huella única que la naturaleza ha utilizado para moldearnos. Se trata de los genes heredados de tus padres, abuelos y antepasados. Pero, contrariamente a lo que venimos pensando o la medicina convencional nos dice, los genes no lo son todo. Aunque algunos estudios vinculan la longevidad a nuestra herencia genética, la epigenética revela que nuestras decisiones, entorno y actitud pueden activar o desactivar ciertos genes, y así ejercer una influencia tan poderosa en nuestra longevidad como la genética misma.

Desde el momento en que llegamos a este mundo, nuestro entorno comienza a moldear nuestro desarrollo, tanto como lo hacen nuestros genes. Crecer en un ambiente estresante, por ejemplo, afecta tus genes de manera diferente que hacerlo en un entorno tranquilo y seguro. Las experiencias que vives, los lugares donde habitas y las decisiones que tomas pueden modificar la expresión de tus genes. Y no solo eso, sino que los genes alterados por tu estilo de vida pueden transmitirse a futuras generaciones, influenciando el código genético de tus descendientes.

Un estudio de la Universidad de California mostró cómo una modificación epigenética común puede transmitirse no solo de padres a hijos, sino también a la siguiente generación. Este fenómeno se conoce como herencia epigenética transgeneracional y, aunque la comprensión completa de estos mecanismos y su impacto siguen siendo un área activa de investigación, sugiere que la salud y el desarrollo de una persona podrían verse influenciados por las experiencias de sus padres y abuelos.

Cuando tuve conocimiento de esta información, me pareció que teníamos delante una gran responsabilidad como mujeres habitantes de esta época, cultura y generación. No solo por nosotras, sino también por las próximas generaciones. Es esencial reajustar nuestro estilo de vida una vez que cruzamos el umbral de la menopausia y convertirnos en defensoras de nuestro propio bienestar.

Los pilares fundamentales —nutrición, hidratación, ejercicio y descanso— son innegociables y forman la base del compromiso contigo misma para relativizar tu edad cronológica, prolongar tu edad biológica y, por consiguiente, potenciar tu longevidad (y la de tus descendientes, si los tienes).

Si reflexionas sobre estos conceptos y permites que esta información y sabiduría calen en ti, estarás iniciando un cambio en tus creencias sobre la edad. Este cambio es esencial para continuar leyendo este libro y para abordar el proceso de envejecer de una manera positiva y empoderada en la segunda mitad de tu vida.