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¿Por qué será que a las mujeres nos cuesta tanto dar el pecho? Iniciar las primeras tomas sin dolor es todo un desafío y lograr mantener la lactancia en el tiempo, una verdadera odisea. ¿Pero cómo es posible que algo que es tan natural, tan propio de los mamíferos cueste tanto en las mujeres? La influencer y Consultora Internacional de Lactancia, autora del sitio "Leche Bendita", ofrece en este libro ser un apoyo en aquella mujer que está por iniciar su lactancia y quiere aprender a hacerlo. Porque sí, la lactancia debe ser aprendida.
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Seitenzahl: 167
Veröffentlichungsjahr: 2023
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I.S.B.N.: 978-956-12-3682-0
I.S.B.N. digital: 978-956-12-3707-0
1ª edición: marzo de 2023.
© 2022 por María Jesús Alarcón Riesco.
Inscripción Nº 2022-A-7260. Santiago de Chile.
© 2022 de la presente edición porEmpresa Editora Zig-Zag S.A.
Derechos exclusivos para todos los países.
Editado por Empresa Editora Zig-Zag S.A.
Los Conquistadores 1700, piso 10, Providencia.
Santiago de Chile.
Teléfono (56-2) 2810 7400
[email protected] / www.zigzag.cl
Diseño Editorial e Ilustraciones: Magdalena Pérez.
El presente libro no puede ser reproducido ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación, CD-Rom, fotocopia, microfilmación u otra forma de reproducción, sin la autorización escrita de su editor.
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
CONTENIDO
Prólogo
Una invitación
Capítulo 1
UN POCO DE CONTEXTO
Antes de la fórmula láctea
El punto de inflexión
Perfecta para cada especie
Mi abuela no tuvo leche, mi mamá tampoco, ¿yo tampoco tendré?
Si amamantar es algo natural, ¿por qué me cuesta tanto?
Capítulo 2
HOLA, SOY TU GLÁNDULA MAMARIA
El órgano de la supervivencia
De qué estoy hecha
Sobre mi desarrollo
Hagamos un zoom
A demanda del consumidor
Mi relación con tu cerebro y tus hormonas
Algunas dudas comunes
Capítulo 3
EL PECHO POR FUERA
Areola y pezón: Dos piezas claves para la lactancia
Capítulo 4
TU LECHE, ÚNICA E IRREPETIBLE
Cambia, todo cambia
Cambios a lo largo de la toma
Cambios de la leche según la edad de tu guagua
Cambios de la leche durante el día
Cada gota cuenta
Tu leche, su mejor escudo
Las bacterias buenas
Alergia alimentaria e intolerancia a la lactosa
Algunas preguntas comunes
Capítulo 5
JUNTOS POR PRIMERA VEZ
La hora de oro
Gatear para mamar
Capítulo 6
EL ACOPLE, LA CLAVE DEL ÉXITO
Mirando aprendo
Las 7 claves de un acople correcto
Cuando el acople no es el correcto
¿Debo dar de uno o dos pechos?
Capítulo 7
POSICIONES PARA AMAMANTAR
La postura de la madre
Posiciones para mamar
Capítulo 8
COSAS DE GUAGUAS
Nueve meses dentro, nueve meses afuera
¿Cómo reconocer cuando mi guagua tiene hambre?
¡Ayuda! Me duele amamantar
¿Cómo sé si tomó lo suficiente?
Las cacas del lactante
No puedo darle pecho porque se duerme
Mi guagua no sube de peso
Los chanchitos
Me usa de chupete
Mi guagua llora en el pecho
Huelga de lactancia
Las crisis de lactancia
Los odiados cólicos
La hora poto
Mi guagua me muerde
Ni agua, ni infusiones
A comer se ha dicho
Capítulo 9
POR QUÉ NO ME SIENTO TAN FELIZ
Tristeza después del parto
Depresión posparto
No me gusta amamantar
Estoy muy estresada y mi leche no sale
Capítulo 10
PROBLEMAS EN LOS PECHOS
Siento que mis pechos van a explotar: la “bajada” de la leche
Pechos grandes, boca chica
Tengo heridas en los pezones
Tengo el pecho congestionado
¿Será que tengo mastitis?
Tengo un punto blanco en el pezón
Nódulo de leche
Pechos blandos, ¿poca leche?
Pezones planos o invertidos
Otros dolores en el pecho
Capítulo 11
YO, MAMÁ LACTANTE
Embarazo y lactancia: no es lo mismo estar adentro que afuera
Lo que debe comer una madre que amamanta
¿Hay algún alimento prohibido?
Medicamentos y lactancia
Alcohol y lactancia
Marihuana y lactancia
Tabaco y lactancia
Tratamientos de belleza
Dar leche también te beneficia
Otras preguntas comunes
Capítulo 12
CUÁNDO SÍ Y CUÁNDO NO
Chupete
Mamadera
Pezonera
Cojín de lactancia
La mamadera pirata
Protectores de lactancia
Formadores de pezón
Collares de lactancia
Recolector
Capítulo 13
TU LECHE EN OTRO ENVASE
Sobre la extracción de leche
Escoger un extractor
La leche extraída
Formas de ofrecer la leche
Capítulo 14
FERTILIDAD Y SEXUALIDAD
La lactancia como método anticonceptivo
El regreso de la menstruación
Sexo y lactancia
Estoy embarazada, ¿debo destetar?
Lactancia compartida
El rol del padre en la lactancia
Capítulo 15
Y COLORÍN COLORADO…
¿Hasta cuándo?
Este cuento se ha acabado
Un destete respetuoso
Algunos consejos para destetar
Plan pasito a pasito
Ritual de despedida
REFERENCIAS
Para aprender más de lactancia materna
Algunas de mis fuentes
PRÓLOGO
La lactancia es una etapa de la vida que permanece en nuestro recuerdo por siempre. Algunas la tuvimos difícil y nos da pena y rabia no haber recibido información y apoyo para que fuera exitosa, fácil y placentera. Por el contrario, las que logramos amamantar, lo recordamos con emoción, placer y cariño.
La leche materna ofrece al lactante múltiples beneficios durante la infancia y otros muchos que persisten hasta la edad adulta. Además de ser el mejor alimento, es un tejido vivo que protege el crecimiento y desarrollo del niño o niña, y lo coloniza con el microbioma que lo acompañará toda su vida. Por su parte, el acto de amamantar estimula en la madre hormonas que protegen su salud y favorecen la maternidad.
Desgraciadamente, los profesionales de la salud no siempre han aprendido sobre lactancia en la universidad y, como consecuencia, muchas veces sus prácticas interfieren con el éxito de esta, en lugar de apoyarla. Es por esta razón que las familias necesitan de libros como El poder de tu leche, ojalá antes del parto, para facilitar la lactancia.
Pocas veces me he encontrado con un libro de lactancia tan completo, útil y simple para las madres. Creo que María Jesús nos muestra de una manera muy clara por qué amamantar, explicándonos cómo se produce la leche, cómo prevenir y solucionar los problemas habituales y cuándo es necesario pedir la ayuda de un experto.
Además de madre experimentada, estudiosa y con evidencia actualizada, tiene la capacidad de transmitirlo de forma simple y amena, como buena periodista.
Este libro será uno de los mejores regalos que pueda recibir una nueva o futura madre. Estoy segura de que les pasará como a mí: cuando lo abran, no van a poder soltarlo.
Dra. Verónica Valdés
Pediatra y médico familiar, especialista en lactancia.
Consultora de UNICEF en temas de salud infantil y lactancia para el Cono Sur entre 2000 y 2008.
Past-president del Comité de Lactancia de la Sociedad Chilena de Pediatría.
UNA INVITACIÓN
Bastan solo dos rayitas en un test de embarazo para comenzar a soñar; desde el tipo de parto que queremos hasta el modelo de coche que usará nuestra guagua.
Sin embargo, en esta lista casi interminable de preparativos, muy pocas veces está la lactancia materna. Y no me refiero a escoger el sacaleches o los protectores absorbentes, sino a instruirse en el tema, a leer, aprender, preguntar y, por sobre todo, mirar… Observar cómo otras mujeres dan leche a sus hijas e hijos.
¿Cómo? ¿No era cosa de poner a la guagua en el pecho y listo? Resulta que en los humanos amamantar es un acto cultural y, por lo tanto, debemos aprender a hacerlo. Hace más de un siglo, esta práctica era tan cotidiana que las mujeres no necesitaban libros sobre el tema. Cuando la cultura de la lactancia se perdió y fue reemplazada por la fórmula, nos llenamos de mitos y desinformación.
En estas páginas no pretendo convencerte de que la leche materna es el mejor alimento que puede recibir un recién nacido (aunque así lo pienso), ni tampoco hacerte sentir mal si has escogido otra forma de alimentación. Cada mujer es libre de decidir, y cada madre sabe lo que es mejor para su hija o hijo.
Pero si has escogido la lactancia materna o al menos quieres intentarlo, en este libro encontrarás compañía, consejos y respuestas a las decenas de preguntas que las mujeres nos hacemos en esta etapa de la maternidad que, te advierto, es toda una aventura.
¡Vamos!
La autora
ANTES DE LA FÓRMULA LÁCTEA
Hoy vemos la lactancia materna como una opción más en la alimentación de nuestros hijos. Probablemente es algo que te gustaría hacer –y por eso tu interés en este libro– o al menos quisieras intentarlo. Pero tienes la tranquilidad de que si no te resulta amamantar o no quieres hacerlo, bastará con ir a cualquier farmacia o supermercado y comprar una fórmula láctea.
Si eliges darle fórmula a tu guagua, podrás encontrar una gran oferta de productos, de todos los precios y variedades posibles: sin lactosa, de proteína de soya, de hidrolizados proteicos, monoméricas, antiestreñimiento, anticólico, antirreflujo, antirregurgitación, día/noche, para el lactante prematuro o para el tratamiento dietético de errores congénitos del metabolismo. En fin, muchas opciones y todas con frases prometedoras que te harán dudar de la calidad de tu leche. Es común escuchar a mamás decir: “Tengo miedo de que mi leche le haga daño, por eso preferí darle relleno” o “el pediatra me dijo que la fórmula lo hace engordar más que mi leche”.
En torno a la lactancia se han dicho y se han pensado muchas cosas diferentes, y una de ellas es que ser capaz de amamantar es una suerte de condición física, casi genética; que la producción de leche es algo con lo que se nace y punto. No hay nada que la madre pueda hacer para cambiarla. Naciste rubia o morena, alta o baja, con o sin leche. Hay casos de mujeres que sí tienen leche, pero de mala calidad, así que tampoco sirve. Y hay otras que tienen buena leche y abundante, pero dura solo unos meses. ¡Menos mal que existe la fórmula!
Pero, ¿entonces cómo las mujeres alimentaban a sus hijos antes de que se inventara este alimento en tarro? Porque sí, la fórmula láctea es una invención del humano, específicamente de un señor llamado Justus von Liebig, quien en 1865 creó la primera leche para guaguas.
Pues bien, los hijos de aquellas mujeres tomaban leche materna. La gran mayoría, leche de sus propias madres, y las que no podían dar leche –que eran las menos– contrataban o conseguían el apoyo de otras mujeres, también madres, para que amamantaran a sus hijos. Eran conocidas como “nodrizas”, y fue un oficio muy requerido a lo largo de la historia, ya que era sabido que cualquier intento por alimentar a una guagua con leche que no fuera humana, era una condena de muerte casi segura.
En Chile, la figura de la nodriza estuvo presente desde antes de la ocupación española para alimentar a hijos de madres con enfermedades que se pensaban contagiosas, o que morían. Luego, durante la Colonia y hasta fines del siglo XIX, misteriosamente, la falta de leche siempre fue “un problema” de las clases adineradas, quienes tenían la opción de pagar por una nodriza; no así de la mayoría de las mujeres campesinas. Se pensaba que por una cuestión de raza, estas últimas tenían más leche y de mejor calidad. A nadie se le ocurrió pensar que las mujeres que tenían la opción de pagar amamantaban menos, y por eso tenían poca leche; y no al revés.
EL PUNTO DE INFLEXIÓN
A finales del siglo XIX y comienzos del XX podemos decir que hubo un quiebre en cuanto a la lactancia materna en Chile, cuestión que se replicó en la mayoría de los países de Occidente. La Revolución Industrial creó un contexto urbano de hacinamiento y pobreza, donde la mujer, antes campesina y labradora con su hijo siempre a cuestas, ahora debía salir a la ciudad para trabajar y dejar a su recién nacido a cargo de otra persona, por lo que continuar con la lactancia era imposible. Por otro lado, las mujeres de la clase más acomodada –que eran las menos– no solían amamantar o lo hacían por periodos muy cortos, y en su reemplazo, contrataban nodrizas con la excusa –o creencia– de que lo suyo era un problema genético.
Al no poder amamantar a sus hijos, las mujeres se vieron en la obligación de buscar alternativas en la leche de otros animales, lo que resultó en un brutal fracaso. Por ser lo más accesible, la leche de vaca se convirtió en la favorita para reemplazar a la materna. El problema era que si bien la diluían en agua de arroz y cebada, su composición era demasiado pesada para ser tolerada por un recién nacido. Por otra parte, las malas condiciones de higiene en las que se extraía, almacenaba y conservaba, hacían de este producto una amenaza letal para el lactante. En 1909, el doctor chileno Roberto del Río afirmaba que la alta mortalidad infantil constituía una seria amenaza para la conservación y progreso de la raza. Y, como ejemplo, relataba que en 1903 por cada mil niños en el país, 365 morían antes del año, siendo las enfermedades gastrointestinales la principal causa. ¡Más de un tercio de la población infantil moría por mala alimentación, una verdadera brutalidad! Los niños de Chile estaban pagando los costos del progreso con su propia vida.
Es en medio de esta tormenta perfecta, en la que las mujeres no estaban amamantando a sus guaguas y la mortalidad infantil batía récords históricos, que llega a Chile lo que hace algunos años ya había entrado con fuerza en el mercado europeo: la fórmula.
Esta nació para salvar miles de vidas que se perdían producto de una alimentación precaria, pero pronto se transformó en una industria gigantesca alrededor del mundo, de la mano de médicos y organizaciones de salud que la
promovían como una solución a la mortalidad infantil. En un par de décadas, la leche pasó de ser algo propio de las madres, a un producto más de consumo de la canasta familiar.
La lactancia, así como el parto y la crianza, fueron medicalizados. Aquel legado que por siglos se transmitió de mujer a mujer, pasó a ser un área más de la ciencia abordada por médicos; quienes, además, en su mayoría, eran hombres que poco o nada sabían de lactancia.
Las salas de maternidad se convirtieron en un pabellón más dentro de los hospitales, y el manejo hacia las madres y sus hijos recién nacidos atentaba contra todo intento de lactancia. Las guaguas al nacer eran separadas por horas de sus madres, tiempo en el cual se les daba suero glucosado en reemplazo del calostro, y luego fórmula. Aun cuando estas madres eran “animadas” a amamantar, se les enseñaba a hacerlo de manera errónea, destinándolas al fracaso.
Imagina que llevas años escribiendo con máquina de escribir, y de pronto, te pasan un computador, pero con el mismo instructivo. Si intentas seguirlo al pie de la letra, es altamente probable que no te resulte, que dañes el computador y debas volver a la máquina de escribir. En la lactancia ocurre algo similar. Durante más de un siglo las madres alimentaron con leche artificial a sus guaguas guiadas por médicos que decían cuánta leche dar, cada cuánto tiempo y cómo hacerlo. Cuando estas mujeres querían amamantar, las instrucciones para hacerlo eran las mismas. El resultado, ya conocido.
PERFECTA PARA CADA ESPECIE
Entre los mamíferos no es común ver a una cría mamando de otras especies; ni tampoco que una hembra amamante a quien no es su cría.
La leche materna es perfecta porque sus componentes se adaptan a las características de cada especie. Por ejemplo, entre más rápido es el crecimiento de la cría, mayor el número de proteínas en la leche. El humano tarda entre 90 y 140 días en duplicar su peso de nacimiento, mientras que el ternero lo hace en 50. Por esto, la leche de vaca tiene el triple de proteínas y minerales que la humana, lo que la hace intolerable para una guagua recién nacida.
Aunque siempre hemos intentado utilizar leches de otros animales, esto explica por qué, en general, no ha habido buenos resultados. Las leches más utilizadas han sido la de vaca, cabra, oveja y burra. Esta última suele ser la más fácil de tolerar para los humanos, pero no contiene todos los nutrientes óptimos para un recién nacido. Nosotros necesitamos las propiedades de nuestra leche materna porque somos distintos al resto de los otros animales, nos desarrollamos de diferente manera dentro del útero y lo seguimos haciendo fuera de este por un largo tiempo.
MI ABUELA NO TUVO LECHE, MI MAMÁ TAMPOCO, ¿YO TAMPOCO TENDRÉ?
Hoy es común escuchar que nuestras mamás o abuelas no tuvieron leche, sobre todo si vivían en la ciudad. Pero ya sabemos que esto no es algo que se hereda, ni menos una maldición que cae sobre algunas familias. Simplemente obedece a la falta de conocimiento y de cultura de la lactancia materna. Más del 95% de las hipogalactias (escasez de leche) ocurridas en el último siglo y medio no se debieron a una incapacidad física, sino a no comprender cómo funciona la lactancia, a creer que se debe ofrecer igual que la fórmula, con horarios y tiempos de duración.
La mujer que intenta amamantar y está teniendo problemas le pide ayuda a su mamá, pero resulta que ella no pudo amamantar porque “no tenía leche”, y su madre “tampoco tuvo”. Podrías escuchar de ellas que “somos de familia de pechos pequeños, por eso nunca hemos tenido mucha leche” o bien “a pesar de que tenemos pechos grandes en la familia, no somos lecheras”.
Así que no te asustes si tu hermana, mamá o abuela no han tenido leche, ya que lo único que se hereda en esto es la falta de información y los errores que se cometieron en cada caso. A pesar del gran lazo que las puede unir y de lo fantásticos que pueden ser sus consejos en todos los ámbitos de la vida, en lo que a la lactancia respecta, intenta también informarte por otras fuentes y conversar con mujeres que sí han podido hacerlo.
SI AMAMANTAR ES ALGO NATURAL, ¿POR QUÉ ME CUESTA TANTO?
Si somos mamíferos y mamar es un acto natural, ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo? ¿Por qué tenemos que aprender a dar pecho y no podemos hacerlo solo por instinto como lo hacen los perros o las ballenas? Estos animales maman de manera instintiva en cualquier parte del mundo y de seguro sus madres no tienen idea de cómo funcionan sus glándulas mamarias.
Si bien en la mayoría de los mamíferos amamantar es algo natural, en unos pocos –algunos primates y en los humanos– no lo es. En la lactancia humana existen componentes instintivos que provienen mayormente del recién nacido (reflejos de búsqueda o de succión-deglución), pero estos no son suficiente para poder amamantar con éxito. No, al menos, tras más de un siglo sin lactancia natural.
Todavía existen lugares en el mundo donde la lactancia es parte de la cultura familiar, algo que se practica en comunidad y que se traspasa de generación en generación. Pero ¡qué difícil es hacerlo para quienes vivimos en una sociedad donde no vemos a nadie amamantando! Es más, en la mayor parte de Occidente, el acto de dar leche aún es visto como algo “sucio” o, en el mejor de los casos, como algo “demasiado íntimo” para hacerlo público.
Es por esta razón que si estás embarazada o piensas estarlo luego, te recomiendo que busques a amigas, familiares o gente de confianza que te deje mirar mientras amamantan a sus guaguas, que te cuenten cómo lo han hecho y cuáles han sido sus mayores dificultades. También puedes aprovechar la tecnología y ver videos por internet… mientras más veas, más natural y fácil se te hará.
Es cierto que para amamantar la mujer no necesita conocer la ciencia que hay detrás de la fabricación de leche, ni cómo se compone su glándula mamaria, ni cuál es la mejor posición para hacerlo. Sin embargo, en estos tiempos y debido a que hemos perdido el legado femenino de la lactancia, se hace preciso conocer ciertas cosas para comprender mejor cómo funciona, y que así fluya de la mejor manera. Es sobre “estas cosas” de las que te hablaré en este libro.
EL ÓRGANO DE LA SUPERVIVENCIA
Nosotras, las glándulas mamarias, existimos desde hace más de 200 millones de años, y gracias a la leche que producimos se alimentan las más de 5 mil especies de mamíferos que habitan la tierra. Todos los mamíferos toman leche de sus madres, incluidos los humanos.
