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El ruido del tiempo del cineasta argentino Rubén Guzmán compone un conjunto de imágenes, textos, análisis de la poética del autor y guion que nos trae el silencio de la altura de la Puna argentina y de un espacio desconocido de la Patagonia. En esos espacios y en el libro vibran lo ausente y lo que existe. Se invita a lectores y lectoras a detenerse en fotogramas, textos y a través de la visión en las pantallas percibir colores y formas, remisiones al paisaje, a la tierra y costumbres antiguas, que muestran lo sagrado junto con los despojos que el colonialismo implica. Este libro presenta una ausencia, la película El ruido del tiempo. Presencia ausente que va manifestándose línea a línea, fotograma a fotograma. Esta paradoja —a través de las lecturas, textos críticos, guion e imágenes— permite experimentar, disfrutar y, luego, cuando se vea la película, abrir plenamente las múltiples capas de significación con las que se interpreta el film. El antropólogo noruego Arnd Schneider en su escrito, dice a lectores/espectadores de qué trata a película, cuál es la fábula, cuáles son los personajes, quienes son sus referentes históricos. Traza el conflicto, marca las diferencias de culturas, saberes y prácticas de la antropología, qué era frecuente a principios del siglo XX y lo que aún está vigente en este siglo XXI. Ana Lía Gabrieloni desbroza el film-ensayo y nos da claves de la poética de Guzmán. Marca procedimientos artísticos, señala formas del trabajo audiovisual, describe su profundidad conceptual y reflexiona sobre la teoría y ética del arte. Analiza la materialidad de la representación fílmica, nos enfrenta a lo real en la presencia del archivo y del paisaje; moviéndose entre las significaciones, que conceptualiza. Rubén Guzmán comparte sus notas sobre la película y el guion. Este libro inaugura otra apuesta de nuestro catálogo editorial. Bosquemadura E-DITORIAL DE ARTE desea que se generen experiencias que iluminen en las pantallas la dimensión humana del arte.
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Seitenzahl: 108
Veröffentlichungsjahr: 2023
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el ruido del tiempo
Rubén Guzmán
el ruido del tiempo
Rubén Guzmán
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El cine ante la mala muerte, espectros y rituales…
Adriana Musitano
Este libro presenta una ausencia: la película El ruido del tiempo, de Rubén Guzmán, y es sobre esta película de lo que trata el libro. Presencia au-sente que va manifestándose línea a línea, fotograma a fotograma. Esta paradoja —a través de las lecturas, textos críticos, guion e imágenes— permite experimentar, disfrutar y, luego, cuando se vea la película, abrir plenamente las múltiples capas de significación con las que se interpreta el filme.
El antropólogo noruego Arnd Schneidertoma la película y, en su escrito, dice a lectores/espectadores de qué trata, cuál es la fábula, cuáles son los personajes, quiénes son sus referentes históricos; traza el conflicto; mar-ca las diferencias de culturas, saberes y prácticas de la antropología: qué era frecuente a principios del siglo XX y lo que aún está vigente en este XXI. Nos suma, con perspectiva decolonial, a un debate abierto que anali-za no solo el conflicto entre los dos personajes, sino que también incluye a investigadores, a la propia disciplina y al modo en que se acumula en los museos lo que se exhumó/saqueó de las sociedades originarias.
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Nos informa el antropólogo noruego que Boman y Carpanchay, los prota-gonistas situados en la Puna, son muertos en devenir, sea por sus propias acciones o las de otros. Este derribo espectral —por mala muerte, errores y crímenes— une pasado y presente y, según Schneider, es evidente que necesita reparaciones.
Ana Lía Gabrieloniabre la superficie de El ruido del tiempo, desbroza el film-ensayo y nos da una y otra y otras claves de la poética de Guzmán. Marca procedimientos, señala formas del trabajo audiovisual, describe con sutileza la profundidad conceptual y reflexiona sobre la teoría y ética del arte. Analiza la materialidad de la representación, nos enfrenta a lo real en la presencia del archivo y del paisaje; moviéndose entre la hetero-geneidad de significaciones, las conceptualiza y señala la cámara lúcidadel artista. Deja ver cómo, mediante la composición mitopoiética de las imá-genes, nos lleva al deslumbramiento y, a la vez que piensa, nos hace pen-sar: la crítica afirma que se deja ver la “esperanza”, detrás del escepticismo.
La película, desde la ética, interroga acerca de qué funciones asignamos al arte en tiempos como los que vivimos. Rubén Guzmán da las respuestas: una, mediante el entramado de poesía, imagen y pensamiento que inte-rrelaciona de manera sutil a los espectros, esos seres en infeliz derribo, con nuestro presente. Y otra, acercando lejanías y ensoñaciones en paisa-jes prodigiosos que su cámara registra y luego mixtura. Gabrieloni mar-ca tanto esos “paisajes de visualidad extraordinaria” como la perspicacia,
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inteligencia y finura que se acoplan al escepticismo para entregar una obra caracola. Reverberan, en esta la historia, fragmentos de obras de ciertos cineastas y, desde la melancolía, suenan las palabras en el silencio, plasmando ciertas formas de hacer arte y pensar la vida. En esta cita, la investigadora sostiene sobre el film-ensayo (Gabrieloni, 2023):
La figura en el tapiz que se dibuja en el filme es un paisaje intermedio entre la interioridad de un individuo que lo contempla y la exterioridad de la naturaleza contemplada (…) Un paisaje oscilante entre el caos del primero y la indiferencia de la segunda.
En las conversaciones del equipo de edición de Bosquemadura, resonó una tercera afirmación: la capacidad plástica e imaginativa que hace de El ruido del tiempouna obra experimental en la que las etiquetas —aquellas vaciadas por los usos banales del documental, la ficción, lo real…— toman otras significancias, a la vez que las palabras que intercambian los perso-najes operan en lectores/espectadores como las piedras de las apachetas en la Puna: son un homenaje a la tierra, una experiencia junto a los anti-guos, frente a la vida y a la muerte.
Este libro trae el silencio de la altura en la que vibran lo ausente y lo que existe.
Córdoba, otoño de 2023
UNA PLUMA BLANCA
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El filme como restitución metafísica en la Puna argentina:El ruido del tiempo, de Rubén Guzmán
Arnd Schneider
El ruido del tiempo, dirigida por Rubén Guzmán (Argentina, 2022, 64’), nos lleva de viaje por la Puna, el altiplano andino del noroeste argentino. Este ensayo experimental, al borde de lo fantástico y lo místico, trata sobre las incursiones del arqueólogo y antropólogo sueco-argentino Eric Boman (1867-1924) en territorio indígena.1La historia está narrada y representada a partir de sus escritos, algunos de los cuales son hoy claras expresiones de superioridad, en una línea de investigación racista. Otros, marcados por su propia incertidumbre, se mezclan de forma poética con los dichos de escritores y filósofos. En el filme, Boman (interpretado por Itamar Hatarvi) tiene que retornar como fantasma a la región donde cumplió su labor, la Puna, abrumado en alguna medida por los acontecimientos de esa existencia anterior como investigador. Con el paso del tiempo, el fan-tasma de Boman (que habla sueco, su idioma natal) se encuentra con otro fantasma, Pedro Carpanchay (interpretado por Walter Ábalos, quien ha-bla quechua), su guía indígena en la vida “real”, ahora es otra alma perdida que desafía la investigación y sesgadas interpretaciones sobre los pueblos
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indígenas, a la vez que le exige un entierro justo para librarse de ese des-tino sin rumbo.
El filme no es una mera condena o denuncia de las investigaciones an-tropológicas de principios del siglo XX, sino una indagación poética de múltiples sustratos en las intromisiones de una mente y un cuerpo euro-peos en una realidad otra, la realidad indígena que, a su vez, los absorbe al reaparecer adoptando la forma del fantasma de Carpanchay, quien final-mente exige un reentierro que, esencialmente, es una restitución. Aquí, la restitución tiene lugar en un sentido figurativo, ficticio y póstumo —al estilo de las errancias espectrales en la arquitectura piranesiana de un paisaje de la memoria cuya belleza es hipnótica—,2que incluye el surreal espejismo de una iglesia sueca en medio de la vasta extensión de un salar típico de la Puna argentina y boliviana, seguido de una fachada interior semejante a un espejo (61’20’’ – 61’30’’), y escenas de la infancia de Boman en Suecia, donde el alma del inquieto caminante solo alcanza la redención al encontrarse con otra alma errante, a la que proporciona reposo.
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Boman, en el Salar
En El ruido del tiempo, la restitución —en cuanto expiación y reparación por las acciones de Boman— transcurre en el plano fantástico del mundo de los espíritus. Sin embargo, lo que la restitución implica en estemundo se evidencia en el siguiente diálogo crucial entre Boman y su guía indígena, Carpanchay:
Carpanchay: Go back to the mountain and bury me.
Boman: I usually do the opposite (48’).
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[Carpanchay: Que vayamos juntos al cañadón donde caí y que me entierre.
Boman: Suelo hacer lo contrario].
Los términos del diálogo son claros, en la medida en que las prácticas de Boman habían consistido precisamente en lo opuesto de un entierro, es decir, en arrebatar a la tierra los artefactos de pueblos indígenas, así como sus restos humanos, para terminar almacenándolos y clasificándolos en museos de la Argentina y de Europa (como por ejemplo, los museos sue-cos de la Cultura Mundial, que incluyen el Museo de la Cultura Mundial en Gotemburgo, el Museo Etnográfico en Estocolmo, el Museo del Quai Branly y los museos etnográficos que lo precedieron en París).3Sin embar-go, lo que Carpanchay está pidiéndole a Boman —en ese preciso momen-to— no es la devolución material de los artefactos a la tierra, sino el retorno de sus espíritus o sus almas (en el sentido de “ánima”) que, precisamente, motiva la aparición del fantasma de Carpanchay (quien, dicho con otros términos, representa a todas las almas de los restos humanos y de los ob-jetos culturales). Para muchas sociedades no occidentales, como las que habitan la Puna, el medioambiente está animado e imbuido de una agen-cia espiritual, así como de creencias religiosas, y mucho más los objetos y pertenencias de los ancestros y, especialmente, los restos humanos.4Por esta razón, el hecho de excavar —en realidad, desenterrar— artefactos y restos, tanto si hubiesen sido enterrados deliberadamente como si “sim-plemente” hubiesen sido convertidos en ruinas y escombros por efecto
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del paso del tiempo,5conlleva una intromisión grave y perturbación de los sitios de reposo espiritual. Tal profanación de los lugares sagrados, al per-turbar el suelo y proceder con tareas de limpieza y remoción de la tierra, deberá redimirse en el mundo espiritual (tal como lo expresa el mensaje de la película). Solo cuando el fantasma de Carpanchay descanse en paz, también Boman al fin alcanzará la paz. Por lo tanto, en primera instancia, primero es necesario obtener un “reentierro” en el mundo espiritual para que luego —según interpreto que el filme sugiere— ocurra un retorno físico al sitio original u otros sitios apropiados para su descanso, de acuer-do con cómo se negocie con las poblaciones locales y según sus términos. Por ejemplo, uno de estos lugares puede ser el museo en la región al que tengan acceso y del cual sean actores clave, o bien otros sitios que estas poblaciones designen para realizar el entierro adecuado.
La película no explica ni problematiza explícitamente ese escenario, pero es posible vislumbrar una futura redención y, desde ya, devolución y reen-tierro de los restos humanos y los artefactos culturales, si eso fuera lo que quieren los pueblos indígenas, es decir, lo que quieren los descendientes de esos pueblos en cuyos territorios tuvo lugar la primera excavación de Boman. En una escena crucial hacia el final, el filme deja en claro que un reenterramiento debe funcionar en un plano espiritual, motivo por el que el fantasma de Boman tiene que enterrar a Carpanchay.
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Carpanchay: Now keep your promise. Bury me!
Boman: Wait! Perhaps you could help me to stop wandering. It’s unbearable!
Carpanchay: You deserve it! The Ancients got you. Because you desecra-ted and plundered our sacred sites. That’s why you came back and walk wandering in torment (55’00–55’30’).
[Carpanchay: Ahora cumpla con su promesa.
Boman: Espere. Tal vez usted pueda ayudarme...
Carpanchay: ¡Entiérreme!
Boman: … a dejar de vagar. ¡Es insoportable!
Carpanchay: Merecido lo tiene. Lo pillaron los antiguos.
Por venir a profanar, a saquear nuestros sitios sagrados.
Por eso volvió y anda penando por acá].
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Eric Boman y Pedro Carpanchay
En un sentido más amplio, abogar por una restitución espiritual y, en úl-tima instancia, material, también significa restituir la autoridad de la “in-terpretación ancestral”; y en esto también consiste el proyecto decolonial. Es en un contexto semejante que películas como El ruido del tiempopueden contribuir significativamente al debate sobre la restitución (y ofrecer una respuesta a la pregunta “¿Puede el cine restituir?”, planteada en mi recien-te libro Expanded Visions[Visiones expandidas].6
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La cuestión de qué hacer con colecciones como las reunidas por Boman es algo que muchos museos y colecciones de todo el mundo tendrán que considerar a partir de ahora trabajando en conjunto con las comunidades y los descendientes de comunidades de cuyos territorios proceden los ob-jetos. Prácticas que hoy en día son cada vez más comunes, en colabora-ción con cada población local, incluyen establecer la procedencia y, con el tiempo, la restitución de los artefactos, algo que la arqueología decolonial más reciente propone también en la Argentina y otros lugares de América Latina.7Así pues, la tarea consistiría, en colaboración con la población del lugar y los descendientes de cuyos territorios fueron extraídos los arte-factos coleccionados por Boman y otros miembros de las expediciones en las cuales participó, devolver los resultados así como los artefactos a los “pueblos originarios” (que es como se los llama en Argentina).
El ruido del tiempoofrece una propuesta inicial en el camino de la restitución, sin tono condenatorio, abre el diálogo entre Boman y Carpanchay sugirien-do un camino espiritual para redimirse por las acciones llevadas a cabo en el marco de las expediciones de las que Boman participó. En consecuencia, este nuevo espacio destinado al diálogo podría alojar futuras conversacio-nes y negociaciones entre quienes poseen las colecciones de Boman en la Argentina y en el extranjero (en Suecia, Francia y otros), y los pueblos de las regiones donde fueron extraídos los restos humanos y
