El secreto de Edipo - Ricardo Laleff Ilieff - E-Book

El secreto de Edipo E-Book

Ricardo Laleff Ilieff

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Beschreibung

Resulta una ardua tarea pensar, en la teoría política, una temática tan pregnante como los vínculos, plurales como coherentes, entre la política y el secreto. Lejos de atribuir exclusivamente esta relación a la opacidad del mundo contemporáneo, Ricardo Laleff Ilieff toma a su cargo la constatación de que la política como secreto es un enigma del saber sobre el poder que se remonta a los tiempos antiguos y, a partir de allí, asola al inconsciente político de nuestro tiempo. Elevando, en un gesto tan elegante como brillante, la apuesta que supo desenterrar del fondo de los siglos, nuestro autor hace de la tragedia de Edipo Rey una suerte de arquetipo de toda relación entre el poder político y el secreto. Georg Simmel declaró, con elocuente lucidez, que el secreto enaltece la realidad.  De manera análoga, es posible sostener que este libro lleva esa apuesta hasta el final del juego que propone la propia tragedia griega. Si Edipo Rey es el modelo de la relación que, en Occidente, han tejido la política y el secreto, se torna necesario emprender una suerte de psico-política del tiempo histórico. En este punto, la figura de Jacques Lacan como pensador político es convocado a los meandros de la interpretación para develar una ontología del secreto donde lo invisible se torna visible a partir de un juego espejado de ausencias y presencias. Desfilan los personajes de la tragedia como símbolos de las distintas máscaras del secreto político, desde el propio Edipo hasta Creonte o Tiresias.  De esta manera, el saber de Edipo se erige en el conocimiento del secreto que custodia la ciencia política y es la clave que, desde la Antigüedad, interroga sin cesar el tiempo presente. Nuestro autor se mueve así entre las capas históricas con la guía de la figura de la abyección que se vuelve sobre nosotros para recordarnos que tal vez el secreto represente la ausencia de su objeto y el fetichismo de su fantasmática. La ontología lacaniana conlleva, entonces, una meditación renovada que resulta inescindible del problema del secreto: ¿en qué consiste hoy y cómo puede sopesarse la importancia del orden social en una visión progresista del mundo?

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Seitenzahl: 176

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Edición: Primera. Junio 2024

Lugar de edición: Barcelona, España / Buenos Aires, Argentina

ISBN: 978-84-19830-71-5

e-ISBN: 978-84-19830-72-2

Depósito legal: M-14078-2024

THEMA: QD [Philosophy]

BISAC: PHI000000 [Philosophy]

WGS: 520 [Humanities, art, music / Philosophy]

© 2024, Miño y Dávila srl / Miño y Dávila editores sl

Prohibida su reproducción total o parcial, incluyendo fotocopia, sin la autorización expresa de los editores.

Ilustración de portada: Papyrus Oxyrhynchus 1369 Bridwell Papyrus 4 Sophocles, Oedipus the King

Diseño: Gerardo Miño

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Página web: www.minoydavila.com

Mail producción: [email protected]

Mail administración: [email protected]

Dirección postal: Miño y Dávila s.r.l.

Tacuarí 540. (C1071AAL), Buenos Aires

Whatsapp (+54 9 11) 6226-7681

Índice de contenido
Prólogo
Introducción
Capítulo 1. El conocimiento de la obra
Capítulo 2. El saber del héroe
Capítulo 3. El medio-decir de la verdad
Capítulo 4. Tiresias
Capítulo 5. Creonte
Epílogo
Bibliografía

Agradecimiento(s)

Se dice que todo libro es colectivo, que no se hace en soledad. Eso no es del todo cierto. La escritura siempre es solitaria, aunque haya personas e instituciones que la posibiliten, que abriguen sus pensamientos y hasta colaboren en el financiamiento, diseño, encuadernación y posterior distribución y diseminación del ejemplar. En el caso particular de este ensayo, no son tantas y, sin embargo, representan algo más que una lista, por más larga o corta que sea. De modo que proveer aquí una terminaría siendo tan injusto como impersonal. Es mejor, por tanto, evitar el exceso de puntos y de comas que las caracterizan y no fragmentar lo que, en definitiva, termina operando como una línea, quizás oblicua, que logró proyectarse, por esos mismos apoyos, buscando un afuera.

Debo admitirlo: con estas palabras no hago más que confesar mi incapacidad para decir bien la bondad de otros, esto es, para poder estar a la altura de la bondad de otros. Hay deudas que son infinitas. Tiendo a creer que en ocasiones semejantes, cuando se pone tanto intentando decir algo, únicamente un dispositivo ficcional podría representarlo bien, dar cuenta de lo que realmente significa agradecer. Solo un artificio borgeano podría hacer de la enumeración el signo de la infinitud, proveer, incluso, un paisaje múltiple y simultáneo que reúna cada recoveco de compañía y estimulación. Me contento con pensar que aquellas y aquellos implicados saben de mi incalculable gratitud, cariño y respeto.

Sin ánimo de deshacer lo dicho, sino acaso buscando reafirmarlo, me permito señalar que en tiempos como los de este presente, en los que se ambiciona abatir las experiencias que hacen a una nación, dos instituciones pueden ser evocadas –y a través de ellas, otras–, pues estoy seguro de que son lo que llamamos –con tanto esfuerzo y obstinación– “comunidad”: el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un “cross” a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y “que los eunucos bufen”.El porvenir es triunfalmente nuestro.

Roberto Arlt, prólogo a Los lanzallamas

Se trata de ver cómo un escritor inventa su tradición, cómo la construye a partir del lugar desde el cual escribe y cómo lee desde ahí.Esa lectura es, por lo tanto, una guerra.

Ricardo Piglia, Las tres vanguardias. Saer, Puig, Walsh.

Prólogo

¿Cuál es el secreto que anima el uso político de los secretos? Esa es, precisamente, la pregunta que este libro busca dejar de lado para pensar la relación entre secreto y política.

En el año 2018 publiqué un artículo en el que esbocé los lineamientos principales de esta apuesta interpretativa. Allí me propuse leer Edipo rey revisando algunos de los estudios especializados en su trama1. Si bien sabía que esa estrategia implicaba intervenir con un gesto de marcado cuño contemporáneo, procuré ser fiel al carácter inagotable y múltiple de los mitos antiguos, ser respetuoso de su función en el mundo griego, conservando aquello que le dio vida a una expresión única como lo es la tragedia. Argumenté en aquellas páginas que la mencionada obra de Sófocles podía ser entendida como una pieza sobre el secreto, o mejor, como una pieza que interroga el vínculo entre secreto y política.

De este modo, emprendí una senda analítica bien distinta de aquellas que se han ocupado de requisar las diversas formas y modos de los arcanos a lo largo de los siglos2. Mi intención lejos estaba de registrar las variedades del secreto en el poder o enlistar sus justificaciones; pretendía, más bien, circunscribir su estatuto teórico-político. Es que si tal como se verifica en los testimonios de distintos pensadores de la Antigüedad hasta nuestros días, y en los estudios de diversos especialistas del ámbito de las humanidades y las ciencias sociales, existe una variedad para nada exigua de configuraciones políticas del secreto, ¿no valdría acaso la pena explorar lo que posibilitó desde entonces tal serie?

Al revisar esa suerte de trinidad que parece representar buena parte de los estudios contemporáneos sobre la vida del conocido gobernante de Tebas –es decir, el tipo de conocimiento que expone la historia, el saber que exhibe el protagonista y la configuración de poder que este detenta–, ofrecí como hipótesis de lectura que Edipo rey indica menos una relación técnica con el secreto que un vínculo sustancial, si se quiere primario. Sostuve que sus versos alumbran algo de lo político en tanto tal. Visto de este modo, la pluma de Sófocles no destaca la política del secreto –o una determinada política que se vale de la opacidad de los secretos–, sino la política en el secreto. Lo que significa que la política nace del secreto. Dicho así, el secreto se constituye como una rendija ontológica, e invierte su figuración técnica3.

Mi lectura sobre estos aspectos de la historia de Edipo ameritaba unas cuantas páginas adicionales de las que el formato de un artículo científico podía proveer. Los papers sirven para cifrar algunos interrogantes, señalarlos, y obsesionarse con deshilvanar algunos hilos que anuncian nuevos trabajos. Aunque el problema no era meramente cuantitativo, había quedado pendiente desplegar ciertas mediaciones que clarificaran la relación de la política con el secreto; establecer algunas precisiones que fueran más allá del modo singular en que el secreto aparece en la historia del parricida más famoso. Así, mi hipótesis excedía necesariamente el terreno del comentario o el ejercicio de requisar ciertas polémicas contemporáneas en torno a dichos versos. Mi libro intitulado Poderes de la abyección –publicado en 2022, pero escrito dos años antes– me permitió retomar con nuevos bríos este asunto. Quisiera ser sincero sobre el espíritu de este recorrido que he efectuado en los últimos años de mis investigaciones: el tópico del secreto fue, desde un comienzo, su verdadero catalizador; se encontraba en la base de una reflexión sobre los modos de ubicar cuestiones políticas que, más allá de sus sublimaciones, surcan aspectos de eso que llamamos “realidad”.

Así, en aquel primer libro de la saga, me ocupé de recorrer una serie de asuntos que jalonan al pensamiento contemporáneo –el “sacrificio”, la “guerra”, la “unidad”– desde una visión lacaniana. Si bien no considero que toda reflexión política deba precisar los rasgos de su matriz ontológica, sí creo que, para ser conducente, debe imponerse una posición acorde a sus premisas. Asumo con franca humildad que no he pretendido con ello adentrarme en la severa cuestión del método, solo remarcar una búsqueda en torno a los modos de leer la política y no solo su literatura específica –si es que esta existe–. Al apelar a los registros lacanianos de la experiencia –lo real, lo simbólico, lo imaginario– he querido remarcar que la teoría política debe atender a la singularidad de los discursos, debe comprender cómo se anudan estos elementos en la historia, cómo se construyen las narraciones que forjan y se forjan en las oquedades de lo simbólico. El secreto de Edipo es un libro confeccionado para continuar con esa empresa sobre lo que significa leer el mundo desde la teoría política. Desconozco hasta dónde o hasta cuándo será posible proseguirla con Lacan, pero creo poder afirmar que plantea una cadencia fructífera para la discusión.

Este libro puede ser tratado como el prolegómeno de aquel sobre la abyección, aun cuando, en muchos aspectos, signifique una clara continuación de este y una variación de aquel artículo de 2018. Como es evidente, no estoy en condiciones de imponer un orden correcto a la lectura. No hago sino con ello replicar el movimiento interno que creo reconocer en la saga, visualizando cierto bucle de reflexiones que se despliega en un vacío, buscando atender y repensar sus apoyos provenientes de diversos discursos sobre lo político. Dicho esto, me veo obligado a precisar –aunque de manera muy breve– un punto adicional. Quisiera definir la propia visión de Lacan sobre la ontología. No desconozco que entre sus lectores especializados existen marcadas y contradictorias posiciones al respecto. Como no pretendo aquí abordarlas todas, ni tampoco saldar un debate, solo especificaré en qué sentido considero factible encontrar en su obra una serie de precisiones útiles. Para ello es menester primero asumir un dato incontestable: Lacan se burlaba del pensamiento ontológico. ¿Cómo es posible, entonces, hablar de una “ontología lacaniana”? Comenzaré mi respuesta evocando el decir deAlfredoEidelsztein.

Paraestepsicoanalistaargentino, movidoporlaintencióndemostrarunalecturadeLacandistintadeladesuyernoyalbaceaJacques-AlainMiller, setrataderesaltarlasdiferenciasqueelcélebrepensadorintrodujoenrelaciónconlaobradeFreud. Dehecho, paraEidelsztein, entreambasfigurasdelpsicoanálisisexisteunaradicalseparación. MientrasqueFreuddespliegasusconsideracionesapartirdeunavisiónatravesadaporelbiologicismo –unavisiónquelollevaaremarcaralcuerpocomoescenariodelapulsión–, Lacanimpulsaunaclínicaqueimposibilitaafirmarunaverdadquenoseayaterrenodelosimbólicoy, porlotanto, unano-verdadounaverdadamedias. Demodoque, enlalecturadeEidelsztein, lapulsión, adiferenciadelocomentadoporFreud, seencontraríasiempreyaimbuidadelosimbólicoyajenaaunmagmanaturaloquímico.

Comoadelanté, estaperspectivaseoponeabiertamentealadeMiller, hegemónicaenelcampolacaniano. Inclusodiscutelaposibilidaddedistinguir, talcomoensayóLouisAlthusser (1967) sobrelaobradeKarlMarx, distintosperíodosdelaenseñanzadeLacan4. Comoessabido, paraMiller (2013) existeunLacanqueprimeroestuvopreocupadoporlo “imaginario”, luegoporlo “simbólico” y, finalmente, un “últimísimo” Lacanconcentradoenlo “real”. Eidelszteinentiendequeestapropuestaincurreenungraveerror, quenoessolodeordenepistemológico: alefectuarunaequivalenciaentrelorealyelcuerpoapartirdelanocióndejouissance, modificaladireccióndelacuraplanteadaporLacan. Así, paraelanalistaargentino, Millerproponeunaequivocadaconcepcióndelnudoprivilegiandounregistroporsobrelaideamismadeanudamiento. Enconsecuencia, loslacanianosqueseguíanporestascoordenadasnoharíanotracosaquereactivarelbiologicismopresenteenFreud, elcualLacanprocurócombatirallícuandoseanoticiódelosmúltiplesproblemaspresentesenlaobradelpadredelpsicoanálisis.

Enconsecuencia, enelLacandeEidelsztein, lajouissancenoprovienedeunadimensiónpre-simbólicaonatural, talcomoyomismohediscutidoenPoderesdelaabyecciónapelandoaJuliaKristevayJudithButler. Deserasí,ladimensiónclínicasolodeberíaelucidarunmodoparticulardehacerconlajouissance–unmododehaceraislado–, renunciandoaproblematizarelefectodelOtroysusdiscursos, loscualesgeneranpadecimientoseidentificacionesmortificantesparalossujetos. Setrataríadeunaterapiaqueconduciríaaunrayanoindividualismoy, sisequieretambién, aunnihilismoquedesanclaloindividualdelosocial5. LoquequisieraretenerdeestanovedosalecturasobreLacanesquepermitemostrarunaabsolutaprimacíadelanudamientoporsobrelarelevanciadealgúnregistroensolitario. AlenkaZupančič (2008), enuninteresantetrabajo, postulaalgosimilaralpronunciarsesobreunadimensiónanti-atomistaenLacan.

ParalaoriundadeEslovenia, losimbólicoseencuentrasiempreoperante, demaneraquenopuedeserobviadonidesconocidoelmalestarqueexisteenlajouissance,productodeloquenoandabienenlacultura. Sinembargo, adiferenciadelargentino, Zupančičnoencuentraenlanociónfreudianadelibido –antecedentedelanociónlacanianadejouissance–, unresabiobiologicista, muyporelcontrario; arguyequeconelpequeñoobjetoa, LacanpudotematizarloqueFreudnollegóapensaracabadamente. Esdecir, LacannohizosinocontinuarelproyectodeFreud.

Másalládeldebatesobreelespíritudelaobrafreudiana –cuestiónquenopretendoliquidaraquí–, lamenciónsobreeltipoderelaciónqueLacanentablóconFreudmuestraqueeneljuiciodeZupančičyaestáoperandoeldesplazamientoontológicodelnudoborromeo; estoes, eldesplazamientoqueheilustradoenelprimercapítulodePoderesdelaabyecciónalreferirmealanociónfreudianadeloominosoylalecturalacanianadeesteasuntodesdelaangustia. Parasermásclaros, enlalecturadeZupančičsobreelvínculoFreud-Lacanyaestáelgestorupturistadelfrancéscomopremisa, másalládesilapropiaZupančičlohayaononotado. Estos considerandos adentran el análisis en la posición que Lacan tenía sobre la ontología.

ElpensadornacidoenParíssupoburlarsedetalcuestiónendistintosseminariosqueimpartióalolargodesutrayectoria. Muestradeellosonsusinvencionesdeirónicosneologismos: “hontologie”(Lacan, 1997; 2012) –enunclarojuegodepalabrasconlosvocablosfranceses “ontologie” y “honte”, quesignifican “ontología” y “vergüenza”– y “ontotautologie”(Lacan, 2018) –queremitealtérmino “tautología”–. SiguiendoenestepuntoaAlainBadiou (2022), quisieraseñalarquelamordazcríticadeLacanalaontologíadebeserinscritaenelmarcodesuvisión “antifilosófica”. Estopermitiráretomar, unpocomásadelante, loexpresadoporelpropioEidelsztein, ypensarla “anti-ontología” lacanianacomounaontologíadenuevotipo.

ParaBadiou, Lacanasumióuntalante “antifilosófico” alpretenderestablecerunavisióncontrariaalametafísicatradicional; tradiciónque, porotrolado, élmismonodejabaderevisitar, buscandoromperconalgunosdesuspresupuestos. Enparticular, Lacancriticabaladisposicióndelosfilósofosaafirmarlaverdad, comoladelospsicoanalistasarechazarmedirseconlosavataresdeotrosdiscursos, entreellos, eldelafilosofía. Así, Lacanleseñalabaalosprimeroslaimposibilidaddeestablecerundecirsobrelaverdad, subrayandoladeudaquetodafilosofíateníaconelestatutodeloreal, mientrasquealossegundos –susalumnosycolegas– lesindicabalanecesidaddesituarcorrectamentequépremisasepistemológicasdebíanguiarlaprácticaanalítica. Enesemarco, Lacanapelóalamatemática –enespecialalaformulacióndematemas– afindeilustrarelproblemadelaverdad, quenoeraotroqueeldecircunscribiradecuadamentelainsistenciadelorealainscribirseantelaausenciadesentidoydeafirmaciónúltima –esdecir, lapropiaoquedaddelosimbólico–. Demodoque, paralavisiónlacaniana, “verdad” y “sentido” seanudanporaccionardelsaber; accionarqueesunaoperaciónquetaponaelvacío, talcomolohanhecholafilosofíay –comobiendijoMartinHeidegger– lateologíatiempoatrás, puesambosdiscursossehanocupadodepostularsecomoencarnacionesdel “discursoamo”6. Estapostura, decididamenteantifilosóficadeLacan, permiteexplicarsuconvencimientoacercadel “no-ser”.

ParaLacan, nosolonohay “verdad-toda”, sinotampocosujetoquepuedareencontrarseconella; muchomenosapelandoaunnúcleoíntimoorecónditodesentido. YesaquídondelaapuestadeEidelszteincobraparticularinterésparaestaspáginasqueversansobrelatragediadeEdipo. La “faltaenelser” queadvierteLacan, eslabalizaqueindicalaimposibilidaddecifrarlajouissanceenunelementonatural, corporalobiológico. Lajouissance, portanto,debeserentendidacomoíndicedeundecirqueesanterioralsujetoyenelqueelsujetoseinscribesingularmente. La “faltaenelser” explicaqueelseressinesencia, queesunserdelafalta, quesoloes-siendo-estando. Porlotanto, losimbólico –laley, lapalabra, elsignificante– nointervienecortandounmagmanatural, nooperareprimiendoalgoyadadoporelcuerpomaterno. Nosetrata, comohizocélebreFreud, deltraumaedípico. ParaLacan, nohaynadaquehayasidoprimero, entérminosontológicos, porellotodasuconcepcióngiraentornoalparlêtre–neologismoconformadoporlostérminos “parler” quesignifica “hablar” y “être” quesignifica “ser”– ynoentornoal “ser” oal “alma”. ¡Heaquí, pues, sudistanciadecisivaconlafilosofíaylaontologíaclásica!

Dichoestosecomprendemuybienporquélajouissancenoeslorealquecirculaenelcuerpoyaparececomosíntomadebidoalaintervencióndelosocial; esunadimensióntambiénsimbólicaquerevelalacarenciadesentidoy, portanto, unarelacióncomplejaconloreal, éxtima, anudadapordentroyposeedoradeunsupuestoafuera. Deacuerdo, entonces, almodoenqueseconcibanlosregistrosdelaexistenciaydeacuerdotambiénasisepartedelaideadenudo, sedesprenderáuntipoparticulardeclínicay, desdeya –yesestoloquemeinteresapensar– unmododeleerlapolítica, susconflictosydesavenencias, susintervenciones, administracionesypuestasenjaque.

Sonestaslasrazonesquemepermitenseñalarque, sibienLacanseoponíaalaontologíaporsuobsesiónafirmativasobreelser, sudenunciaydesacuerdoconlafilosofíalollevóaplantearunanuevavisiónalrespecto, quebienpuedeconsiderarseunaontología “negativa” (Stavrakakis, 2010) ouna “no-ontología”. Yesto, precisamente, emanadelaposiciónantifilosóficaquemevienlaobligacióndeaclararparaevitarciertotipodecríticasalmomentodepensarunaontologíalacanianadelapolítica.

Ahora bien, mi apuesta específica al elegir trabajar unaobra archiconocida de la Antigüedad, continúa con la clara preocupación manifestada en Poderes de la abyección sobre el decurso de la contemporaneidad política. Este gesto permite dar lugar a una reflexión ontológica sobre la política que se despliega en el infernal discurrir de la historia. De allí que no sea irrelevante postular que trataré de situar correctamente los versos de Edipo rey en su época y tener muy en cuenta que la obra no es solo un testimonio, sino todo un acervo para la actualidad. De modo que leeré el texto sofocleano asumiendo como posibles otras interpretaciones, pero discutiré aquellas que ofrecen un parecer demasiado cristalino sobre la relación entre saber-conocimiento-poder, sin adentrarse jamás en el problema del secreto7. Siguiendo aquí a Slavoj Žižek en su recuperación de los análisis de Marx sobre la mercancía y de Freud sobre los sueños, diré que el secreto de Edipo concierne ya no del “misterio tras la forma, sino del ‘misterio’” (2016: 40)8 de la forma, es decir, no de un núcleo oculto de sentido, sino de la forma en la que se presenta un sentido fundamental para un determinado orden. Y en ello mi lectura teórico-política de la pieza de Sófocles recibe cierta inspiración de la lectura lacaniana de “La carta robada” de Edgar Allan Poe; lectura que indica menos la importancia del contenido o de la presencia física que la estructuración de la escena de cierto discurso.

Por ello mismo, una interpretación como la que ofrezco no hace abstracción de las manifestaciones empíricas desde una ontología incólume; lo político solo es siendo, solo es política. Precisamente por esto, y tal como indicaré hacia los últimos dos capítulos del libro, lo enunciado por el adivino Tiresias –su vaticinio sobre la identidad del asesino de Layo– solo puede ser considerado verdadero si se lo asume como parte de una estructura discursiva que lo aloja como tal. De allí que sea importante subrayar cuestiones próximas al problema del semblante de la verdad, esto es, que aquello que se define como “atravesamiento” de lo imaginario no implica acceso alguno a un lugar recóndito, privilegiado, pues la realidad solo puede ser concebida como “estructura de ficción” (Lacan, 2013: 176).

Visto de este modo, la política termina siendo un tipo de velamiento del que no se puede escapar y en el que estamos condenados a operar debido a lo real y gracias a lo real. La motivación, entonces, debería recaer sobre los tejidos que posibilitan la historia y la praxis. Con los versos de Edipo rey mostraré que el denominado “atravesamiento del fantasma” del que un autor como Žižek hace gala a partir de la clínica psicoanalítica –en un cruce singular con el hegelianismo y el marxismo– obliga a establecer un “fantasma” nuevo; uno que se presente como único y necesario y, por tanto, que no puede dejar de estar preso de la misma fragilidad que posibilitó su emergencia9. En ese proceso, la experiencia de la falta es la que opera como una obligación que muestra los límites ontológicos y que se desliza, no sin observar grandes obstáculos, hacia los interrogantes de una política atenta a la posibilidad de gestar un mundo común10.