El sol no sale para todos - Gregory Clark - E-Book

El sol no sale para todos E-Book

Gregory Clark

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Beschreibung

Esta obra de Gregory Clark es un estudio por demás minucioso sobre movilidad social, pero esta vez, las medidas no son las convencionales en análisis contemporáneos sobre el tema. El autor echa mano de los apellidos para poner sobre la mesa lo que ha sucedido en países como Suecia, Inglaterra, Estados Unidos, China, Japón, Chile, India, entre otros. Las sociedades que aquí se analizan han sufrido transformaciones, han implementado políticas públicas en favor de las personas en pobreza; algunas han quitado privilegios a las familias de abolengo. Si bien ha sucedido todo para que cambien las tasas de movilidad social, los resultados no son prometedores. El que haya lugares en donde la calidad de vida sea mejor que en otros, no se traduce en mayor movilidad social. Si el esfuerzo se compensa poco, si las políticas públicas parecen no permear, si los cambios sociales no bastan… ¿Qué espacio queda para la movilidad? ¿Será que vivimos en una sociedad que ya es justa y no la vemos?

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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Apellidos e historia

de la movilidad social

El solno sale

para todos

Gregory Clark

Traducción

Sara E. García-Peláez Cruz

Consejo Directivo CEEY

Amparo Espinosa Rugarcía

Presidenta

Amparo Serrano Espinosa

Vice-Presidenta

Julio Serrano Espinosa

Secretario

Manuel Serrano Espinosa

Tesorero

Roberto Vélez Grajales

Director Ejecutivo

CEEY Editorial

© Centro de Estudios Espinosa Yglesias A. C.

Abasolo 152, Del Carmen, Coyoacán,

C.P. 04100. Ciudad de México

ISBN: 978-607-8036-60-8

Título original: The Son Also Rises. Surnames and the History of Social Mobility

Autor: Gregory Clark

Publicado por Princeton University Press, 2014

ISBN del título en inglés: 978-0-691-16254-6

¿Qué es el ceey?

El Centro de Estudios Espinosa Yglesias es una asociación civil sin fines de lucro, apartidista, establecida por la Fundación Espinosa Rugarcía, cuya misión es generar conocimiento especializado, transformarlo y difundirlo para impulsar políticas y acciones de envergadura que favorezcan la movilidad social en México y el bienestar socioeconómico en nuestro país.

Su objetivo es ser el referente en la conformación de las principales directrices de políticas y acciones para impulsar la movilidad social en México y el bienestar socioeconómico en el país y realizar investigación de alto nivel cuyos resultados se difundan, para informar e influir a la opinión pública y a los responsables del poder público con el fin de que tomen las mejores decisiones en favor de los mexicanos.

Contenidos

PresentaciónVI

PrólogoVII

Prefacio 1

CAPÍTULO 1. Introducción. Clases dominantes y subclases:Las leyes de la movilidad social6

Parte uno

Movilidad socialpor tiempo y lugar24

CAPÍTULO 2. Suecia. ¿Movilidad lograda?25

CAPÍTULO 3. Estados Unidos. Tierra de oportunidades53

CAPÍTULO 4. La Inglaterra medieval. Movilidad en la época feudal81

CAPÍTULO 5. La Inglaterra moderna. Las profundas raíces del presente101

CAPÍTULO 6. Una ley de movilidad social122

CAPÍTULO 7. Naturaleza frente acrianza144

Parte dosLa prueba de las leyes de la movilidad162

CAPÍTULO 8. India: Castas, endogamia y movilidad163

CAPÍTULO 9. China y Taiwán. La movilidad después de Mao190

CAPÍTULO 10. Japón y Corea. Homogeneidad social y movilidad208

CAPÍTULO 11. Chile. Movilidad entre oligarcas227

CAPÍTULO 12. La ley de movilidad social ydinámicas familiares242

CAPÍTULO 13. Protestantes, judíos, gitanos,musulmanes y coptos¿Excepciones a la ley de movilidad social?260

CAPÍTULO 14. Anomalías de la movilidad287

Parte TRESLa buena sociedad293

CAPÍTULO 15. Movilidad, ¿muy baja?Movilidad frente a desigualdad294

CAPÍTULO 16. Escapar de la movilidad descendente315

Apéndice 1:. La medición de la movilidad social324

Apéndice 2:Derivación de tasas de movilidad social a partir defrecuencias de apellidos334

Apéndice 3:Descubre el estatus del linaje de tu apellido340

Referencias360

Fuentes de figuras y tablas381

Presentación

Fue en 2005, 16 años atrás, que nos preguntamos por primera vez en la Fundación Espinosa Rugarcía (Fundación ESRU) y en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (ceey) cómo estaba la movilidad social en México. Para nuestra sorpresa, casi no había información al respecto. En ese momento, por ejemplo, aún no había datos nacionales sobre movilidad social intergeneracional.

Nos quedaba claro que esa situación tenía que cambiar. No era posible que abundara investigación sobre pobreza y desigualdad, y la movilidad social, un tema a la par de relevante en la esfera social, estuviese relativamente abandonado. A partir de entonces, con el apoyo incondicional de Amparo Espinosa Rugarcía, fundadora y presidenta del Patronato de la Fundación esru, acordamos dedicar gran parte de los esfuerzos del ceeya medir, investigar y promover este crucial indicador.

Bajo esta tesitura, hemos invitado a expertos en movilidad social de otros países a compartir sus perspectivas. En esta ocasión, presentamos la traducción del bien documentado y controvertido libro, The Son Also Rises (El sol no sale para todos), del reconocido historiador económico Gregory Clark. Su novedoso enfoque de rastrear apellidos específicos por generaciones en distintos países para medir la movilidad social de largo plazo alimenta una tesis que estimula tanto como inquieta.

Podremos o no coincidir con Clark tras la lectura de esta obra (su postura no necesariamente refleja la del ceey) pero estoy seguro de que nos hará reflexionar.

México, 7 de octubre de 2021

Julio Serrano Espinosa

Miembro del Consejo Directivo del ceey

Patrono Fundación esru

Prólogo

En el año 2016 el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (ceey) realizó una Cumbre sobre Movilidad Social. En esa oportunidad, contamos con la presencia de una serie de especialistas internacionales en la ma-teria. Entre ellos se encontraba el profesor Gregory Clark, historiador económico de la Universidad de California en Davis y autor de la obra que aquí se presenta. De hecho, el profesor Clark formó parte del panel de apertura del evento, en el que participó con otros tres distinguidos investigadores: Anders Björklund, Miles Corak y David B. Grusky.

La investigación sobre movilidad social del ceey, desde su inicio en el año 2005, siempre se ha sostenido sobre un pilar central, la Encuesta esrude movilidad social en México(esru-emovi). Desde un principio, supimos que una ruta segura para saber si en México las condiciones de origen de las personas son determinantes de sus logros de vida, era salir a campo y recabar información necesaria y de primera mano. Esto sucede en un país, México, que cuenta con una tradición exitosa de levantamiento de encuestas, pero que no resulta tan extensa en el tiempo como para poder abordar de manera convencional y sistemática el estudio de la movilidad social intergeneracional. Dicho lo anterior, el libro que aquí presentamos, en su edición en español, se constituye en un ejemplo de tantos que nos han ofrecido los historiadores económicos sobre cómo encontrar alternativas y soluciones ingeniosas ante la supuesta ausencia de datos.

Dadas las características de la información utilizada por parte del profesor Clark, de la obra resalta la posibilidad de realizar un análisis multigeneracional. En el caso de la investigación del ceey, en algún momento tuvimos que decantarnos por un modelo de encuesta. Las dos

prólogo

opciones que se pusieron sobre la mesa fueron un estudio longitudinal, que permitiera dar seguimiento a las personas y sus descendientes, o un corte transversal para dos generaciones que ofreciera la posibilidad de realizar una desagregación regional. Decidimos descartar la primera opción, que eventualmente permitiría realizar un análisis multigeneracional. Optamos por la segunda opción debido a la marcada heterogeneidad regional que caracteriza a México en términos socioeconómicos, y que se refuerza por la influencia de toda la serie de estudios internacionales, en particular, del caso norteamericano, que surgía de manera sistemática en la literatura de la materia. Algunos podrían señalar que una opción no descartaba la posibilidad de la otra, pero la planeación de ejercicios de este tipo nunca puede obviar un componente central: la sostenibilidad presupuestal del proyecto.

Dicho todo lo anterior, la decisión de publicar en español la presente obra se centra en dos razones principales. La primera tiene que ver con nuestro objetivo de colocar el tema de la movilidad social en el centro de la discusión y acción pública y privada en México. En ese sentido, consideramos que una aproximación y un estilo como el de la obra del profesor Clark puede abonar para alcanzar este objetivo. La segunda razón tiene que ver con la necesidad de invitar a las y los investigadores interesados en el caso mexicano a explorar posibilidades para replicar un análisis de este tipo. Sin duda hay que mencionar que parte de la argumentación en el libro por parte de Gregory Clark no ha estado exenta de polémica. Sin embargo, como en toda obra, la casa editorial no necesariamente suscribe todo lo que en ella se expresa.

Merece una mención aparte la selección del título del libro The Son Also Rises. Con uno tan sugerente en el original, que referencia directo a Ernest Hemingway (The Sun Also Rises) resultaba imposible mantener el juego de palabras en español. Definitivamente, Fiesta, como se ha traducido la obra de Hemingway, no se acercaba a un análisis de movilidad social. Mucho se discutió sobre el título. Se dejó descansar el tema hasta que la traducción y edición de la obra estuvieran finalizadas. La solución llegó pronto: El sol no sale para todos.

Quiero agradecer, en primer lugar, al profesor Gregory Clark por su permanente disposición y entusiasmo ante la posibilidad de que su libro fuera editado en español bajo nuestro sello editorial. También agradezco a Princeton University Presspor todas las facilidades otorgadas durante

prólogo

todo el proceso que les atañe. En particular, quiero agradecer a Sara García Peláez, coordinadora de ceeyEditorial, por su excelente trabajo en la traducción y edición de la obra. Además, agradezco al Dr. Irvin Rojas de la División de Economía del cide, por la revisión técnica del texto. A nivel institucional, agradezco el apoyo permanente de nuestro Consejo Directivo, encabezado por la Dra. Amparo Espinosa Rugarcía, a quien debemos la fundación del ceey. Del mismo Consejo Directivo, agradezco a Julio Serrano Espinosa, quien es el impulsor original y permanente de nuestros estudios y acciones en torno a la movilidad social.

No me queda más que reiterar el compromiso que desde hace 16 años el ceeyha adquirido con el estudio y promoción de la movilidad social. Como lo señala nuestro eslogan, promovemos la igualdad de oportunidades, esto, con el objetivo de que todas y todos los mexicanos puedan establecer metas altas y alcanzarlas. Estamos convencidos de que la divulgación de obras como la que aquí se presenta, dotan de contenido y sentido a esta misión.

Roberto Vélez Grajales

Director Ejecutivo del ceey

Este libro será controversial. Por ello, la primera tarea del presente prefacio es aclarar que, a pesar de la lista de colaboradores que apare-ce en la portadilla para las estimaciones de tasas de movilidad social en varias sociedades, este libro lo escribí yo a cabalidad. La interpretación de la evidencia a partir de estos estudios y la teoría de movilidad que presen-ta son, ambas, opiniones mías. Asimismo, no ha de responsabilizarse a nadie a quien agradezca en este libro por respaldar las conclusiones a las que llegué.

Quisiera, como segunda tarea, hacer notar que el espíritu y estilo del presente se siguen de Adiós a la caridad: breve historia económica del mundo, también de mi autoría.1La obra trata de mostrar que modelos extraordi-nariamente sencillos de movilidad social pueden predecir resultados de manera muy certera a través de toda una gama de sociedades e institu-ciones. Lo anterior es una afirmación basada en evidencia incompleta, y quizá esté equivocada. Sin embargo, aunque no sea del todo correcta en ciertos aspectos, espero que señale el camino hacia una mejor y más completa teoría de los mecanismos de la movilidad social. Incluso en un área tan cargada de aspiraciones y decepciones como la movilidad social, debe haber un espacio para la exploración y la conjetura.

Este trabajo comenzó con varias colaboraciones. La más extensa fue la de Neil Cummins, quien es a la par responsable de la mayoría del material

1A Farewell to Alms: A Brief Economic History of the World. El título de la obra recuerda al de Heminway: a A Farewell to Arms(Nota de la traductora).

Prefacio

prefacio

sobre Inglaterra en los capítulos 4 y 5. El capítulo sobre China y Taiwán se basa en el trabajo que Yu Hao elaboró para la defensa de su tesis docto-ral aquí en la Universidad de California, Davis, donde trazó los métodos necesarios para lidiar con la reducida cantidad de apellidos chinos Han. El capítulo en torno a Chile es un resumen de algunas de las disertacio-nes que Daniel Díaz Vidal ha llevado a cabo también en la Universidad de California, Davis. El capítulo de Japón se basa en una investigación de Tatsuya Ishii, misma que hizo para su tesis en esta Universidad. Zack Landes ayudó a obtener las estimaciones para el bengalí; lo que incluyó «ingeniárselas» para descargar los 2.2 millones de apellidos en el registro electoral de Calcuta. La tarea en sí misma la llevó a cabo de manera admi-rable Lincoln Atkinson. Daniel Marcin, de la Universidad de Michigan, me advirtió sobre la existencia de una lista de impuestos para los Estados Unidos publicada en los periódicos de 1824 y 1825. Gracias a él obtuvi-mos varias. Firas Abu-Sneneh, Wilfred Chow, Kuk Mo Jung, Ariel Marek y Kevin Williams, alumnos míos de la clase de Historia, trabajaron, como proyecto de clase, la movilidad social de los estudiantes de la Ivy Leaguede 1850 y años anteriores.2Con todos estos colaboradores estoy en deuda y les tengo una profunda gratitud. Esta obra no habría sido posible sin sus contribuciones.

El presente no ha sido un libro fácil de terminar. Obstáculo mayor sin duda fueron las limitaciones mismas de quien esto escribe. Patrones que pueden resultar a toda luz obvios en retrospectiva, inicialmente no se contemplaron o se desecharon. El propósito original del proyecto era solo ampliar las estimaciones convencionales de movilidad del mundo moderno al pasado lejano de países como Inglaterra e India. Así pues, en los estadios iniciales de la investigación, di una serie de pláticas más que optimistas de la velocidad y completitud de la movilidad social. Cuando confronté la evidencia de la increíble persistencia del estatus en quinien-tos años, imposible de ignorar, me vi forzado a abandonar esa confiadísi-ma garantía mía de que una de las alegrías de la economía capitalista era su movilidad social rápida y generalizada. Al haber esparcido mi desdén durante años con mis colegas sociólogos por esta obsesión suya con las

2La Liga Ivyo Ivy Leaguees como se conoce a un conjunto de universidades de los Es-tados Unidos, mismas que se caracterizan tanto por su excelencia académica, como por su elitismo. Las universidades que pertenecen a este círculo son: Brown, Columbia, Cornell, Datmouth College, Harvard, Pensilvania, Yale y Princeton (N.T.).

prefacio

ilusorias categorías como la clase, ahora tenía ya evidencia de que las oportunidades del individuo eran predecibles no solo a partir del estatus de sus padres, sino a partir del de sus tatara-tatarabuelos. De hecho, pa-rece haber un sustrato inevitablemente heredado, que tiene sospechosas semejanzas con una clase social, y que además, sirve como sustento en los resultados de todos los individuos. Este libro es el producto no de una aguda inteligencia, sino de volver, una y otra vez, sobre una conclusión que debió ser evidente a toda luz y para cualquiera que la viese.

Un segundo obstáculo fue la tremenda cantidad de datos que se nece-sitó para expandir el alcance del estudio original a un rango más amplio, tanto de países, como de periodos. Estoy muy agradecido por la beca que me otorgó el nsf(ses-0962351). Esta fue crucial para el financiamiento de este esfuerzo. También agradezco infinitamente a todos los asisten-tes de investigación que participaron en el proyecto gracias a este apo-yo: Douglas Campbell, Yu Hao, Xi He, Natalie Ho, Tatsuya Ishii, Max McComb, Calire Phan, Richard Scriven, Stephen Sun y Daniel Díaz Vidal en la UC Davis, y a Joseph Patrick Burke y Raphaelle Schwarzberg en Inglaterra. Las becas de todos los grupos de Historia Económica de la Universidad de California para Yu Hao y Daniel Díaz Vidal para ayudar a su investigación y una beca de investigación por parte de la Asociación de Historia Económica para Yu Hao fueron asimismo de invaluable ayuda. John Daniels y Jean Statford del Social Science Data Servicede la Universidad de California fueron generosos con su ayuda cuando hubo que organizar bases de datos. Ancestry.com fue también generoso al per-mitirnos a Neil Cummins y a mí un acceso especial a esas fantásticas bases de datos en línea con las que cuentan, que mucho abonaron a esta investigación.

De hecho, lo que disparó este proyecto fue una sugerencia de Nicholas Wade, un escritor científico del New York Times. La idea fue que los apellidos podrían usarse para probar una hipótesis del libro anterior, en cuanto a una reproducción más alta del éxito entre las clases socia-les más altas en la Inglaterra preindustrial. Me complace decir que, los apellidos, de hecho, confirman esa hipótesis. Al explorar ese terreno, sin embargo, me di cuenta de que los apellidos dicen mucho más de la naturaleza del mundo social.

Como ya mencioné, estoy en eterna deuda con Princeton University Press. Joel Mokyr, el editor de la serie, y dos revisores del manuscrito,

prefacio

Joe Ferrie y Cormac Ó Gráda, fueron extremadamente generosos con su tiempo y expertise. Pete Dougherty logró hacerse un tiempo dentro de su muy apretada agenda en la dirección de la imprenta para que el manus-crito llegase a su fin, lo que implicó pasar un día completo conmigo en Los Ángeles tratando de convertir un borrador incompleto y rudimenta-rio en un documento en toda la extensión de la palabra.

Peter Strupp y su equipo en Princeton Editorial Associates, también con unos tiempos de producción sumamente apretados, hicieron un trabajo estelar en el diseño del libro, en sus avances y también con el autor.

Como siempre, estoy en deuda con mis colegas en el departamento de Economía de la ucDavis, primero por proveerme de un ambiente intelec-tual muy estimulante y porque mis colegas escucharon, durante la hora dela comida, las interminables listas de apellidos extraños y una variedad de teorías a medio terminar acerca de la naturaleza del mundo social en el que vivimos. Colin Cameron contribuyó a la reflexión que condujo al modelo simple que sustenta este libro. Pontus Rendahl, mi excolega, fue llamado al servicio dado su conocimiento sobre las instituciones suecas.

Nunca terminaré de agradecer a Sam Bowles y a Herb Gintis. Gracias a la interacción con ellos en el Santa Fe Institutecomprendí el problema en la movilidad social. Para mí, estos dos académicos representan un ideal intelectual: son inquisitivos, aventureros, desasociados de modas académicas, siempre abiertos a nuevas ideas y retos, que ríen con el pasar de los años. Otro experto en movilidad social, Gary Solon, fue generoso con sus comentarios y sugerencias. Lo anterior, por supuesto, no implica que ellos avalen alguna de las conclusiones de este libro.

El resultado final de la presente obra más que se benefició de las críti-cas y comentarios a partir de lecturas y seminarios de las reuniones anua-les de la American Economic Associationen San Diego, de la Universidad Autónoma de Madrid, de la Universidad de Bilbao, de la California State Universityen East Bay, de las reuniones de la Cliometric Societyen Boulder, del Congreso Colombiano de Historia Económica en Bogotá, dela Cornell University; de la City Universityde Nueva York en Queens,de las reuniones en la Sociedad de Historia Económica de Cambridge, a la Universidad de Edinburgo, a la Sociedad Europea de Historia Económica de Londres, la conferencias de freshen Pisa, a la Universidad de George Mason, a la Universidad de Glasgow, a la Universidad de Harvard, a la conferencia inetde movilidad social en la Universidad de Chicago,

prefacio

al Congreso Internacional de Estudios Medievales en Kalamazoo; a la London School of Economics, al Instituto Murphy de la Tulane University, a la Northwestern University, a la Conferencia psidsobre movilidad so-cial multigeneracional en Ann Arbor, la Sociedad Escocesa de Economía, al Sound Economic History Workshopen Lund, la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton; al Tsinghua Summer Workshop for Quantitive History(Universidad de Tsinghua), a la Universidad de California, Davis, a la Anderson School of Managementen ucla, a la Universidad de California, Riverside, a la Booth School of Businessen la Universidad de Chicago, al Departamento de Economía de la Universidad de Chicago, a la Universidad de Copenhage; a la Universidad de Michigan, a la Universidad de Warwick y a la Universidad de Yale.

La ventaja de estudiar movilidad social —a pesar de la aridez, comple-jidad y oscuridad de la economía académica— es que se trata de un tema del que todos estamos informados por nuestra propia historia y expe-riencia. Así es que también me beneficié de discusiones fuera del ámbito económico con Anthony Clark, Gerry McCann, Felicity McCann, Patrick Kerr y Ana y Ernie Spencer.

Mi última y más grande de las deudas es con Mary McComb por razo-nes demasiado extensas como para referirlas aquí.

Café Mishka, Davis, octubre de 2013

La Figura 1.1 muestra a un niño en Govan, un distrito desfavorecido y triste de mi natal Glasgow en la década de los setenta, cuando yo era joven. ¿Será que los hijos, nietos y bisnietos del niño de la imagen se en-cuentran en la misma circunstancia que él? ¿En qué medida las oportuni-dades de un chico de clase media, con las mismas habilidades que el de la imagen, situado en la misma familia en Govan, se reducirían a causa de la pobreza de sus padres? La Figura 1.2, en contraste, muestra Richmond Drive, una calle por demás favorecida —donde yo nací—, en los suburbios de Glaswegian. ¿Hasta qué punto el estatus de los niños criados en esa calle se puede predecir a partir de esa fotografía? ¿Qué tanto cambiaría su suerte de haber crecido en Govan?

Estas preguntas han sido, por supuesto, motivo de extensas indaga-ciones a cargo de sociólogos y economistas.1Mucha gente cree que altas tasas de movilidad social son fundamentales para una buena sociedad. ¿Cómo justificamos las desigualdades de ingreso, riqueza, salud y longe-vidad, tan características de la economía capitalista, si no es porque algún ciudadano con el suficiente arrojo y dedicación tenga oportunidad de ob-tener grandes recompensas? ¿Por qué quienes se encuentran en la mitad inferior de la distribución del ingreso dentro de una democracia dudarían en extraer ilegalmente recursos de las esferas altas, si no hay manera de obtener algo a partir del sistema de mercado?

Una medida conveniente que podríamos usar para resumir la movili-dad intergeneracional es la correlación de ingreso, bienestar, educación,

1Una búsqueda online de libros y artículos con la frase movilidad social arrojó 244.000 resultados.

CAPÍTULO UNO

INTRODUCCIÓN

Clases dominantes y subclases:

Las leyes de la movilidad social

INTRODUCCIÓN

FIGURA 1.1 Niño jugando fútbol en Govan, Glasgow, Escocia, 2008.

FIGURA 1.2. Richmond Drive, Cambuslang, Glasgow.

CAPÍTULO UNO

estatus ocupacional e incluso longevidad entre padres e hijos. Esta co-rrelación varía de cero a uno. «Cero»representa movilidad social in-tergeneracional completa, sin correlación entre generaciones: bajo estas condiciones no podemos predecir nada acerca de los resultados de los niños con base en sus circunstancias de nacimiento. «Uno»representa completa inmovilidad con una perfecta correlación entre el estatus de los niños y el de sus padres. En otras palabras, podemos predecir el resultado de cada niño al momento de su nacimiento.2

Esta correlación intergeneracional está relacionada, y muy de cerca, con otro concepto importante, que es la tasa de regresión a la media(cal-culada como uno menos la correlación). Esta es la tasa promedio a la que las familias o grupos sociales que divergen de las circunstancias promedio de la sociedad se mueven hacia esa mediaen cada generación. Así, nos referimos a la correlación intergeneracional como tasa de persistenciade ciertas características. La correlación intergeneracional puede interpre-tarse como una medida de entropía social. Mientras más baja sea esta correlación, mayor será el grado de entropía social y más rápido habrá de disolverse una estructura particular de ventaja o desventaja dentro de cualquier sociedad.

La correlación intergeneracional asimismo tiene una interpretación intuitiva que resulta por demás conveniente. La correlación al cuadrado es la parte de la variación en el estatus social que se explica a partir de la herencia. Esta parte también se encontrará entre los valores cero y uno. Para fines prácticos, si la correlación es menor a 0.3, entonces el cuadra-do es de 0.09 o menos, lo que sugiere que casi ningún resultado para la presente generación puede predecirse con base en las circunstancias de los padres. En tal sociedad, cada generación «nace de nuevo»: el pasado tiene mínimo efecto sobre el presente. Así pues, la correlación interge-neracional indica el grado en el que nuestros accidentes de cuna, o de manera más precisa, nuestra concepción, determina nuestro destino.

Mucha gente cree, sea por experiencia propia o por la de familiares, amigos y conocidos, que vivimos en un mundo de lenta movilidad social. El rico engendra al rico; el pobre engendra al pobre. Entre el Old Etoniany el que vive en los barrios bajos, entre Govan y Richmond Drive, hay

2El Apéndice 1 explica estos conceptos con mayor detalle.

INTRODUCCIÓN

un mar de generaciones.3Sin embargo un centenar de años de investiga-ción a cargo de psicólogos, sociólogos y economistas parecen sugerir que esta creencia es una ficción. Estimaciones convencionales implican que la movilidad social es rápida y generalizada: el Old Etoniany el del barrio bajo son primos.

Estimaciones estándar sugieren que, en la actualidad, las tasas de mo-vilidad intergeneracional son altas. La Figura 1.3, por ejemplo, muestra las correlaciones intergeneracionales de ingreso estimadas para una va-riedad de países. Esa correlación oscila entre 0.15 y 0.65. Pero estas tasas implican que la herencia explica solo entre el 2 y el 40 % de la variación en el ingreso de los individuos para cualquier generación. La Figura 1.4 muestra el mismo patrón para los años de escolaridad, con correlaciones intergeneracionales implícitas que van del 0.3 al 0.56. Solo del 9 al 40 % de la variación en años de escolaridad se explica por herencia. La regre-sión a la media es muy fuerte y las sociedades tienen, al parecer, un alto nivel de entropía en su estructura social.

Si todos los factores que determinan las oportunidades en las vidas de la gente se resumen en el estatus de los padres, entonces estas tasas de persistencia implican que todas las ventajas y desventajas iniciales para las familias deberían desvanecerse en tres o cinco generaciones. En este caso, la correlación en cualquier medida de estatus social, como puede ser el ingreso entregeneraciones separadas por nperiodos, es la correla-ción intergeneracional elevada a la n potencia. Si la correlación interge-neracional del ingreso es 0.3, por ejemplo, entonces la correlación entre abuelos y nietos es de 0.32, ó0.09. Entre bisabuelos y bisnietos es de 0.032 ó0.027. En consecuencia, con las correlaciones intergeneracionales en el rango de 0.15 a 0.65, las correlaciones para las subsecuentes generaciones rápidamente se acercan a cero.

En la fotografía típica que se muestra en las figuras 1.3 y 1.4, las tasas de movilidad intergeneracional varían sustancialmente entre sociedades. En los países nórdicos, donde hay menor desigualdad de ingreso, esas tasas son altas. El grado de desigualdad de ingreso se representa a tra-vés del Coeficiente de Gini, que es cero si la igualdad es absoluta y uno cuando una sola persona dentro de una sociedad lo tiene todo y todos

3Old Etonianse refiere a gente de abolengo que asistió al llamado Eton College, un muy prestigioso colegio para hombres de la Gran Bretaña (N.T.).

CAPÍTULO UNO

FIGURA 1.3 Correlación e inequidad intergeneracional de ingreso.

FIGURA 1.4 Correlación de la inequidad intergeneracional de educación e ingreso.

INTRODUCCIÓN

los demás nada. Si mucha de la desigualdad en la sociedad moderna es consecuencia de la desigualdad en el acceso a capital, educación y rela-ciones sociales, entonces una buena sociedad tendría una menor tasa de herencia de estatus social y así, una correspondiente baja variación en ingreso y bienestar.

En la fotografía convencional las bajas tasas de movilidad social obser-vadas en Bretaña o en los Estados Unidos, representan un fracaso social. Las oportunidades de vida de los descendientes de ancestros de bajo o alto estrato se pueden igualar a costa de un bajo costo social. Los países nórdicos, después de todo, constituyen una de las regiones más ricas del mundo y son atractivas en muchas otras formas más allá de lo material: tienen alta esperanza de vida, bajas tasas de criminalidad, equidad de género, no hay corrupción y hay transparencia política.

Dentro de muchas sociedades, ciertos sectores de la población experi-mentan tasas de movilidad mucho más lentas que otros. En los Estados Unidos, por ejemplo, los negros, latinos, indígenas, y judíos presentan un movimiento mucho más lento, tanto descendente como ascendente hacia la media, de lo que se puede predecir a partir de la correlación intergenera-cional de 0.5 para ingreso y educación. Este hecho refuerza la idea de que, en estimaciones convencionales, las tasas de movilidad social son inferio-res a las óptimas. Miembros de las minorías más pobres, por ejemplo, pa-recen enfrentar barreras más grandes a la movilidad que las que enfrenta la mayoría de la población. Los grupos étnicos más ricos son capaces de con-servar sus ventajas sociales a través de conexiones, redes o acceso a bienes.

En las figuras 1.3 y 1.4, la asociación de mayores tasas de movilidad social en sociedades con mayores ingresos también sugiere que una de las ganancias de la Revolución Industrial fue el incremento de las tasas de movilidad social. El mundo se ha movido de una sociedad preindustrial con mucha inequidad —en la que los accidentes de cuna determinaban los destinos de las personas—, a una en la que el linaje y la herencia pesan menos en el destino de un individuo.

De nuevo, bajo estimaciones convencionales de movilidad, la trans-misión genética de talento no debe determinar el éxito social. La crianza domina a la naturaleza. Supongamos que la herencia genética importa mucho. Supongamos también que la elección de la pareja es selectiva en las sociedades: que los hombres de estratos altos se casan con mujeres de estratos altos. Bajo estas condiciones, hay una cota inferior para la

CAPÍTULO UNO

correlación intergeneracional observada en las economías con mercados funcionales. La muy baja correlación observada en los países nórdicos implica que la importancia de las familias y de la herencia en la determi-nación del éxito socioeconómico no debe ser más que una característica de las instituciones sociales.

Estas conclusiones, a partir de estimaciones académicas convenciona-les de tasas de movilidad social, se ajustan poco a la percepción popular. La gente que ve hacia atrás y mira a sus propios abuelos o que ve hacia adelante y mira a sus nietos, por lo general, no observa la desconexión en el estatus que estas estimaciones implican. Quienes observan a sus hermanos o a sus primos, ve mucha más correlación en el estatus de la implicada por las correlaciones intergeneracionales reportadas arriba.

Considérese, por ejemplo, el caso de la familia inglesa de los Pepys, que Samuel Pepys (1633-1703) hizo famosa. Él fue secretario del Ministerio de la Marina inglesa, miembro de Parlamento y distinguido columnista (Figura 1.5). Pepyssiempre ha sido un apellido poco usual, siempre al borde de la desaparición. En 1881 había 37 Pepysen Inglaterra, y para 2002 ya solo quedaban 18. Registros parroquiales de bautizos y matrimo-nios del siglo xviiindican que había alrededor de 40 Pepysen ese enton-ces. Los Pepysemergieron de la obscuridad en 1496, cuando uno de ellos se enfiló para entrar a la Universidad de Cambridge, y han prosperado desde entonces. Desde 1496, por lo menos 58 Pepys han ido a Oxford o a Cambridge. El más reciente ingresó en 1995. Para un apellido promedio, con una población de ese tamaño, el número de miembros que se espe-raría que fuesen a esas universidades sería de tres o cuatro. De los diecio-cho Pepysvivos hasta 2012, cuatro son doctores en medicina. Los nueve Pepys que murieron entre 2000 y 2012 han dejado herencias cercanas a las 416,000 libras, lo que equivale, en promedio, a más de cinco veces el valor de una herencia en Inglaterra para este periodo. Si las estimaciones estándar de movilidad son correctas, la probabilidad de que una familia como esta mantenga un estatus social alto por más de diecisiete genera-ciones es sumamente pequeña.4

4El Pepysmás famoso, Samuel, no contribuyó él mismo a este distinguido linaje, ya que no tuvo descendencia, o por lo menos no que se tenga conocimiento.

INTRODUCCIÓN

Pepysno es el único apellido inusual en mantener una sorprendente presencia y persistencia en las esferas más altas de la sociedad inglesa. El fenómeno, de hecho, es más que común. Sir Tomithy Berners-Lee, om-budsman, caballero del imperio británico, miembro de la Real Sociedad de Londres, miembro de la Academia Real de Ingeniería de la Gran Bretaña, miembro de la Sociedad Real de las Artes del Reino Unido y el creador del internet de banda ancha, es descendiente de una familia que ya era pro-minentemente rica a principios del siglo xixen Inglaterra. Pero más aún, el apellido Bernersproviene de un normando de rango cuyas pertenencias están enlistadas en el Domesday Bookde 1086.5Sir Peter Lytton Bazalgette, el productor del famoso show televisivo Big Brothery parte del Consejo de

5Se trata de un recuento catastral muy grande que data de 1086. El encargado de ha-cerlo fue Guillermo el Conquistador para saber las extensiones de las tierras y los recursos que tenía Inglaterra en ese entonces. Así se sabía la cantidad de impuestos a cobrar. La información fue recolectada a mano en dos libros enormes. Recaudar la información tomó cerca de un año. Guillermo murió sin verlo terminado (N.T.).

FIGURA 1.5 Samuel Pepysde John Hayls, 1666.

CAPÍTULO UNO

las Artes de Inglaterra, es descendiente de Louis Bazalgette, un inmigrante del siglo xviii, sastre del regente del príncipe —el Ralph Lauren de enton-ces— quien a su muerte, en 1830, dejó una considerable riqueza.6

Alan Rusbridger, editor del periódico The Guardian, el azote de la clase alta y los privilegios heredados, es descendiente de una familia que se hizo de una significativa riqueza y posición social en la época de la reina Victoria. Su tatarabuelo fue administrador de las tierras del duque deRichmond. El valor de su patrimonio personal al momento de su muerte, en 1850, era de 12,000 libras; suma considerable en ese tiempo, cuando cuatro de cada cinco personas moría con una riqueza menor a las cincolibras.

Al usar los apellidos para rastrear al rico y al pobre a través de varias generaciones en distintas sociedades —Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, India, Japón, Corea, China, Taiwán y Chile— el argumento de este libro es que nuestro intuitivo sentido común sobre una tasa muy lenta de movili-dad social intergeneracional está en lo cierto. Los apellidos resultaron ser un instrumento increíblemente poderoso para medir la movilidad social.7Lo que es más, estos revelan que hay una clara, contundente y consistente naturaleza social de movilidad intergeneracional que no se refleja en los estudios más modernos sobre el tema.

El problema no radica ni en los estudios ni en las estimaciones en sí mismas: lo que miden, lo mide correctamente. El tema surge cuando tratamos de usar estas estimaciones de tasas de movilidad social de carac-terísticas individuales para predecir lo que sucede durante largos lapsos con el estatus social general que tienen las familias. Las familias tienen capacidades sociales o habilidades que subyacen a medidas parciales de estatus, como lo es el ingreso, la educación y la ocupación. Estas medidas parciales están ligadas a estas capacidades sociales subyacentes, que no se observan de manera directa, sino solo con componentes sustanciales aleatorios. La aleatoriedad con la que el estatus subyacente produce as-

6Resulta irónico, que dada la reputación que tiene Big Brother, Sir Peter sea asimismo descendiente del hijo de Louis, Sir Joseph Bazalgette, el gran diseñador de moda de Ingla-terra del siglo xix.

7Dado el poder de los resultados que muestra este libro, sorprende que el uso sistemá-tico de apellidos para rastrear la movilidad social se haya usado tan poco en el pasado. El único autor que siguió esta línea de investigación fue Nathaniel Weyl, cuyo Geograghy of American Achievment(1989) echa mano de apellidos para medir el estatus de grupos con di-ferentes orígenes étnicos. Weyl fue un racista y lo que buscaba era, por este medio, mostrar la presunta superioridad de aquellos judíos y de los descendientes de la Europa del norte.

INTRODUCCIÓN

pectos particulares observables de estatus, crea la ilusión de una rápida movilidad social cuando se usan medidas convencionales.

Las tasas totales o subyacentes de movilidad social son mucho más bajas que las típicamente estimadas por sociólogos o economistas. En todas las sociedades, la correlación por medio de la cual construimos estimaciones de apellidos —Inglaterra medieval, Inglaterra moderna,Estados Unidos, India, Japón, Corea, China, Taiwán, Chile e incluso en la igualitaria Suecia— está entre 0.7 y 0.9; mucho más alta que la estimada convencionalmente. El estatus social se hereda tan fuerte como cualquier característica biológica, como la estatura. La Figura 1.6 compara estima-ciones convencionales de movilidad (por ingreso y años de educación) con las obtenidas por medio de apellidos.

Aunque estas tasas de movilidad intergeneracional son bajas, han bas-tado para evitar la formación de una clase permanente, sea dominante o baja. La movilidad es consistente a través de generaciones. Aunque haya tomado diez o quince generaciones, la movilidad social eventualmente borrará cualquier eco inicial de ventaja o carencia.

FIGURA 1.6 Estimaciones convencionales de persistencia de estatus contra estimacio-nes por apellidos.

CAPÍTULO UNO

De manera contraintuitiva, ni la llegada de la educación pública en la segunda mitad del siglo xix, ni la reducción del nepotismo en el gobierno, la educación, ni la iniciativa privada han logrado incrementar la movili-dad social. Tampoco hay señal alguna de que el crecimiento económico en tiempos modernos haya abonado en algo. La expansión del derecho al voto para grandes grupos en el siglo xixy el xxno ha surtido efecto, como tampoco lo ha hecho la introducción de impuestos redistributivos en el siglo xxen países como Estados Unidos, el Reino Unido y Suecia. En particular, una vez que medimos la movilidad social generalizada,no hay señal de que la desigualdad se vincule a las tasas de movilidad social. Por el contrario, esta parece ser una constante, independiente de la desigualdad.

Grupos que parecen persistir, ya sea en estratos altos o bajos, como los negros y los judíos en Estados Unidos, no son excepciones a la reglageneral de alta movilidad intergeneracional. Estos grupos experimentan, de hecho, las mismas tasas universales de baja movilidad intergeneracio-nal, como el resto de la población. Su visibilidad, combinada con una im-presión equivocada de rápida movilidad social en relación con la mayoría de la población, los hace ver como excepciones a la regla. Por el contrario, estos grupos son ejemplos claros de la regla de tasas bajas de movilidad social.

Algunos grupos, no obstante, parecen desafiar la regla de una lenta regresión a la media: los brahmanes de India, los judíos por mucha de su historia temprana y los coptos de Egipto son élites que han perdurado por un milenio o más. En contraste, los gitanos de Inglaterra (que ahora as-cienden a más de trescientas mil personas) han estado en el escaño más bajo de la escala social por más de 400 años. Pero estos casos son solo aparentes violaciones a la regla de regresión a la media: su estatus puede explicarse, ya sea por falta de matrimonios con personas de otros grupos, o por una migración selectiva hacia dentro y hacia fuera del grupo.

Estas estimaciones altas de correlación intergeneracional subyacenteimplican que del 50 al 70 % de la variación en el estatus social dentro de cada generación es predecible desde la concepción. Esta aseveración pue-de resultar problemática para más de uno. Si se puede predecir de manera tal, ¿el individuo está atrapado dentro del sistema social? ¿Será que este estado de las cosas implica que el chico de Govan debería también ren-

INTRODUCCIÓN

dirse ante la posibilidad de educarse, asegurarse financieramente y hallar ocupación que sea a la par satisfactoria y retadora?

La respuesta es que estos datos no implican que lo que sucede con la gente se deba solo a los antecedentes familiares. Quienes logran un esta-tus alto en cualquier sociedad, lo hacen por sus habilidades, su esfuerzoy su capacidad de resistir frente a los obstáculos y fallas. Nuestros hallaz-gos sugieren, de cualquier modo, que podemos predecir, en gran medida y con base en los antecedentes familiares, quién podría tener compulsión para luchar y el talento para prosperar.

Aunque los padres que estaban en la cima económica en cualquier generación en la Inglaterra preindustrial no aseguraban ningún beneficio perdurable para sus hijos, sí había un efecto particular y duradero. La frecuencia de la aparición de apellidos muestra que los ricos constituían una proporción creciente de la población en los años anteriores a 1800. En consecuencia, sus genes se hallan más ampliamente esparcidos de lo esperado entre la población inglesa del siglo xix. No obstante, después de 1880 el proceso se revirtió. La frecuencia con la que se hallan los ape-llidos, muestra que las familias ricas de 1880 tuvieron muchos menos descendientes que vivan al día de hoy. Sus genes han desaparecido de la población actual hasta épocas recientes.

Estos fenómenos son de hecho comunes en Europa occidental. Las diferentes correlaciones demográficas del estatus social antes de 1800 y después de 1880 muestran que, en el mundo moderno, la movilidad so-cial tiende a ser preponderantemente ascendente, mientras que, en el mundo preindustrial, solía ser descendente.

¿Por qué los resultados de nuestras medidas con base en apellidos difieren tanto de los que se obtienen en los estudios convencionales de movilidad social? Estudios recientes que solo abarcan una generación adolecen de algo que es clave. Asumamos lo siguiente: los diferentes as-pectos del estatus social en cada generación —ingreso, riqueza, educación, ocupación— están todos ligados a alguna competencia social fundamen-tal o estatus de las familias, con una desviación aleatoria. El componente aleatorio para cualquier aspecto de estatus existe por dos razones; la pri-mera es que hay un elemento de suerte en el estatus que los individuos al-canzan. A veces, la gente elige un campo laboral o una empresa exitosos. Simplemente corrieron con la suerte de ser admitidos en Harvard en vez de haber sido rechazados y nada más. La segunda razón es que la gente está

CAPÍTULO UNO

dispuesta a sacrificar ingreso por otros aspectos del estatus. Podrían elegir ser profesores de filosofía en lugar de ejecutivos financieros. Bill Gates, por ejemplo, es un desertor escolar: convencionalmente, esto lo marcaría como de un estatus relativamente bajo. Sin embargo, la razón por la que de-cidió abandonar su educación en Harvard fue para incrementar su riqueza—aspiración en la que tuvo un éxito por demás espectacular.

Ya que los estudios recientes son todos medida de un solo aspecto del estatus, estos sobreestiman la movilidad total. De hecho, sobreestiman también la movilidad en generaciones posteriores, incluso para cuestio-nes particulares de la movilidad social, como el ingreso. Sucede lo mismo con aspectos puntuales de la movilidad para grupos sociales, étnicos y religiosos como judíos, musulmanes, afroamericanos y latinos. La tasa de regresión a la media para estos grupos es mucho más lenta de lo que implicarían las estimaciones convencionales. Así es que, para casi todos los aspectos que nos interesan de la movilidad social, estas estimaciones no son útiles. Además, para familias que no solo tienen bajos niveles de ingreso, sino también baja educación, falta de capital, salud deteriorada y una historia de desempleo, la correlación intergeneracional del ingreso exagera considerablemente el ingreso probable para la siguiente genera-ción. Las estimaciones por apellidos son una herramienta apropiada para evaluar de nueva cuenta estas predicciones.

Estas diferencias también pueden explicarse al usar los conceptos bio-lógicos de genotipoy fenotipo, los cuales se introdujeron para lidiar con te-mas muy similares de regresión a la media en características biológicas a través de generaciones. El genotipo es la serie de genes que tiene un orga-nismo. Su fenotipo constituye todas sus características observables influi-das tanto por el genotipo como por el ambiente. Estudios convencionales de movilidad social miden solo la herencia de aspectos particulares del estatus del fenotipo. No obstante, las familias a su vez tienen un genotipo base, el cual se hereda con mucha mayor fidelidad. Las estimaciones de movilidad de apellidos reflejan el estatus de este genotipo.8

Aunque sorprenda, la movilidad social estimada con base en apellidos tiene una estructura muy simple. La misma correlación intergeneracional aplica para los extremos alto y bajo de la distribución de estatus. La mo-

8El término estatus de genotipono implica aquí que el estatus se transmita por los genes, solo que el carácter del proceso se asemeja a lo que sucede en la transmisión genética.

INTRODUCCIÓN

vilidad ascendente ocurre a la misma tasa que la descendente. La misma correlación aplica para todos los aspectos de la movilidad, reflejada en ingreso, riqueza, educación y longevidad. Y el proceso es de hecho un proceso de Markov, lo que significa que toda la información útil para predecir el estatus para la siguiente generación está autocontenida en la actual.9Si b es la tasa de persistencia en una generación, entonces la tasa de persistencia en ngeneraciones está dada por bn. De hecho, este libro sugiere una ley social con base en estas características: hay una constante universal de correlación intergeneracional de 0.75, en donde las desvia-ciones son raras y predecibles.

¿Cuál es el significado y explicación de estos resultados con base en apellidos, que sugieren una persistente, pero lenta movilidad social? Se trata de una pregunta polémica y difícil. Los estudios de movilidad social están plagados del supuesto de que, entre más movilidad social, mejor. La última sección de este libro considera las probables fuentes de movilidad y si el incremento de las tasas de movilidad intergeneracional de hecho produce una mejor sociedad.

Saber si una correlación intergeneracional de 0.75 representa un pro-blema social, o el mejor de todos los mundos posibles, requiere de una teoría de la fuente de esta persistencia. Si en general se crea por el entor-no en el que la gente pasa su infancia, entonces cualquier sociedad pro-ducirá un desajuste entre los talentos de los individuos y su posición so-cial. Pero si la persistencia se crea por una herencia de habilidad familiar inmutable, debemos concluir que no importa la estructura institucional que se tenga, las sociedades producirán constantemente paridad entre los talentos innatos y las posiciones sociales.

¿Qué tan importante es la genética para determinar la educación, ingreso, ocupación, salud, riqueza y longevidad? Los datos presentados en este libro no pueden responder esa pregunta. Lo que sí podemos, sin embargo, es preguntar si es posible descartar la genética como la fuente primaria de persistencia en el estatus a través de las generaciones. Una explicación genética tiene una serie de implicaciones empíricas que pode-mos probar con los datos que aquí presentamos.

Si la genética domina, entonces la tasa de persistencia debería ser la misma, tanto en la parte más baja como en la más alta de la jerarquía

9Estrictamente hablando, el proceso es de Markov de primer orden.

CAPÍTULO UNO

social. Sobre todo, grupos sociales endógamos —grupos cuyos miembros solo se casan entre ellos— serán absolutamente persistentes en su estatus, sea este alto o bajo. Grupos que son, en promedio, altos o bajos en la escala social, no podrán ni tener éxito ni fallar socialmente por ninguna cultura distintiva que adopten. En su lugar, su éxito o fracaso será no más que el resultado puro de la selección positiva o negativa dentro de una po-blación más amplia. Cuanto más distintivo sea su estatus social hoy, más reducida será la proporción que compartirán dentro de la descendencia de sus padres.

Si la genética es lo que más importa, entonces, y en su abrumadora mayoría, los resultados de los niños adoptados no estarán correlaciona-dos con los resultados de sus padres adoptivos, en cambio, sí lo estarán con los de sus padres biológicos. Y si la genética es lo más importante, entonces el único factor que determinará el estatus social es el de los padres. Abuelos, bisabuelos, tíos, tías y primos no jugarán rol alguno. En particular, si podemos medir sin sesgo la competencia del origen social de los padres, eso predecirá los resultados sociales del individuo. Si dos personas tienen padres con competencias sociales equivalentes, pero en un caso, los padres vienen de linaje distinguido, con un antecedente de riqueza y de conexiones sociales útiles, y en el otro, los padres son nuevos ricos sin conexiones tales, estas distinciones no harán realmente la dife-rencia en los resultados de los niños.

Otra implicación de una explicación genética de la persistencia del estatus es que el tamaño de la familia no tiene injerencia alguna en la de-terminación del resultado social de los niños. La idea de un intercambio entre cantidad y calidad en la vida familiar es una de las doctrinas sagra-das de la economía neoclásica, una que yace en el corazón de los intentos para explicar la llegada tan tardía del crecimiento económico moderno. Pero si la genética domina en la transmisión del estatus, por implicación, este intercambio es, o insignificante, o inexistente.

Por mucho, la movilidad social tiene características que no descartan la genética como la conexión dominante entre generaciones. El atribuir un rol importante a la genética ayuda a explicar uno de los rompecabezas de la movilidad social, que es la inhabilidad de las clases dominantes de defenderse para siempre de la movilidad descendente en lugares como Inglaterra, Suecia y los Estados Unidos. Si los determinantes principales del éxito económico y social son la riqueza, la educación y las conexio-

INTRODUCCIÓN

nes, entonces no hay explicación para la consistente tendencia del rico en regresar a la media de la sociedad, incluso a las lentas tasas que ob-servamos. Vemos, por ejemplo, que en los años 1880-1990 en Inglaterra, los ricos tenían consistentemente menos hijos que los pobres. Esto quizá les permitió invertir más tiempo y recursos en sus hijos y preservar su riqueza al dividirla entre menos descendientes. Con este comportamien-to, ¿por qué no se quedaron en la parte más alta de la sociedad? O, ¿por qué no se fueron mucho más arriba de la media? En contraste, en los años 1500-1800, los ricos tuvieron muchos más hijos que los pobres y en consecuencia dividieron más, su atención y su riqueza. No obstante, es-tos regímenes demográficos tan distintos tuvieron nula injerencia en las tasas de movilidad social en Inglaterra. Antes y después de la Revolución Industrial, no hubo cambio alguno en las tasas.

Solo si la genética es el elemento principal en la determinación del éxito económico, si la naturaleza sobrepasa a la crianza, hay ahí un meca-nismo que explica la regresión observada. Ese mecanismo es el matrimo-nio de los hijos de los linajes ricos y educados con los exitosos y móviles hijos de los linajes pobres y sin educación. Incluso cuando hay un empa-rejamiento altamente selectivo —porque esto se basa en el fenotipo social que se crea, en parte, por el azar— aquellos de talento innato más alto que el promedio tienden a casarse con quienes no tienen la misma habilidad y, de hecho, vuelven a la media. De manera similar, aquellos con talento innato por debajo de la media tienden a casarse con la no tan afortunada descendencia quienes tienen un talento promedio más alto.

Si la naturaleza, de hecho, domina sobre la crianza, hay una serie de implicaciones. La primera, significa que el mundo es un lugar mucho más justo de lo que intuimos. El talento innato, privilegio no heredado, es la principal fuente de éxito económico. La segunda, que las fuertes inversiones hechas por las clases altas en el cuidado y crianza de sus hijos no es una garantía para prevenir la movilidad descendente con el pasar del tiempo: los abogados millonarios de Manhattan quienes contratan cuidadores profesionales para sus bebés para asegurar su entrada en los jardines de niños de élite, no podrán prevenir la eventual regresión de sus hijos a la media. La tercera es que las intervenciones gubernamentales para incrementar la movilidad social no tendrán impacto alguno, a me-nos que incidan directamente sobre la tasa de matrimonios entre diversos niveles de jerarquía social y grupos étnicos. La cuarta es que el énfasis

CAPÍTULO UNO

entre las diferencias raciales, étnicas y religiosas permite la persistente estratificación social a través de las barreras que se crean para este tipo de matrimonios. Para que una sociedad pueda realmente incrementar la movilidad social en el largo plazo, debe lograr una homogeneidad cultural que maximice las tasas de matrimonios entre diferentes clases sociales.

¿Cuál es el significado de estos resultados para padres que son social-mente ambiciosos para con sus hijos? La implicación práctica es que, si deseas maximizar las oportunidades de tus hijos, necesitas poner aten-ción no al fenotipo social de tu pareja, sino a su correspondiente genotipode estatus. Este genotipo lo da el grupo social al que tu pareja en potencia pertenezca, así como fenotipo social de sus hermanos, padres, abuelos, primos, y así hasta el n-ésimogrado de relación. Una vez que hayas se-leccionado a tu pareja, ya está hecha la mayor parte del trabajo. Puedes, sin miramiento alguno, descuidar a tu descendencia y confiar en que los talentos innatos que les aseguraste los harán brillar sin importar las cir-cunstancias. Si esto de hecho ocurre, la teoría que aquí se conjetura sobre la fuente de la persistencia del estatus es correcta sin más.

Quiero enfatizar que este libro no es una lamentación. A pesar de las bajas tasas reportadas de movilidad social, a pesar de la importancia del linaje en la determinación de resultados y, a pesar de nuestra impericia para influir de manera significativa sobre las tasas existentes de movili-dad social, este libro celebra su completitud. He ahí el título The Son Also Rises. La evidencia del libro es que es probable que la posición social estédeterminada por las habilidades innatas heredadas. El mundo social es mucho más justo de lo que muchos piensan. Y la evidencia es que, al final, los descendientes de los ricos y pobres de hoy lograrán completa equidad en lo que respecta a su posición social esperada. Esta equidad puede tardar trescientosaños en manifestarse. Por lo tanto, en el gran esquema de las sociedades, ¿por qué son trescientos años de convergencia más significativos que un intervalo de treinta años?

Pero un corolario importante a los hallazgos de que los resultados de movilidad social son producto de la lotería de linaje es que no deberíamos crear estructuras sociales que magnifiquen las recompensas de una posi-ción social alta. La justificación ante las grandes inequidades observadas se justifica de manera frecuente con el argumento de que la recompensa es un estímulo que se requiere para el éxito. Pero vemos en los diversos escenarios estudiados en este libro, como el de la Figura 1.6, nula correla-

INTRODUCCIÓN

ción entre inequidad y las tasas subyacentes de movilidad social. Si la po-sición social es en mayor parte un producto de la herencia ciega de talen-to, combinada con una dosis de suerte, ¿por qué querríamos multiplicar las recompensas para los ganadores de la lotería? Las sociedades nórdicas parecen ofrecer un buen modelo de cómo minimizar las disparidades en los resultados de vida provenientes de una posición social heredada sin grandes costos económicos.

De la misma manera se debería enfatizar que en el libro, la concen-tración en la línea paterna de la herencia, que es una de las tantas líneas de descendencia una vez que observamos a través de varias generaciones, se debe a que, en las sociedades aquí estudiadas, los apellidos se here-daban, de manera abrumadora, a partir del padre. De ninguna manera representa una creencia de que la mujer no es importante: simplemente resulta que, todavía hasta las últimas generaciones, el estatus de la mujer reflejaba el de sus esposos. Sin embargo, no hay evidencia alguna de que, si midiéramos la persistencia de las tasas de estatus a través de la línea materna, observaríamos más movilidad. En el modesto número de casos donde observamos, por ejemplo, la correlación entre padres y yernos, esta es tan alta como lo es entre padres e hijos.10Resulta notable, sin embargo, que la emancipación de las mujeres en generaciones recientes no ha tenido influencia sobre las tasas de movilidad social. Las mujeres emancipadas buscan parejas de forma selectiva como lo hacían antes y transmiten su estatus a los hijos, tal y como se hacía en las sociedades patriarcales del pasado.

10Ver, por ejemplo, Olivetti y Paserman 2013.

Parte uno

Movilidad social

por tiempo y lugar

Al explorar movilidad social con base en apellidos, comenzamos con Suecia por dos razones. La primera es porque por medidas conven-cionales, la Suecia moderna tiene una movilidad económica y social muy superior a la del Reino Unido o a la de los Estados Unidos. Suecia, además, es representativa de un grupo de países nórdicos —Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia misma— que se cree que ha logrado baja inequi-dad, educación a gran escala y rápida movilidad social. En años recientes, a estas sociedades se las cita como el reproche al modelo económico que han seguido el Reino Unido y Estados Unidos. Ambos países tienen una mayor desigualdad y tasas de movilidad social, en apariencia,más bajas. Estos contrastes se evidencian en las figuras 1.3 y 1.4. Las rápidas tasas de movi-lidad social en los países nórdicos implican que una parte muy pequeña del ingreso actual de sus ciudadanos, así como su logro educativo, se pueden predecir a partir del ingreso o educación de sus padres. El mundo social nórdico renace con cada generación. Estas sociedades parecen ofrecer pro-funda igualdad de oportunidades para los hijos de los ricos y para los de los pobres, para los hijos de quienes se educaron y de quienes no.

Un estudio reciente de cuatro generaciones de familias en Malmö su-giere que las correlaciones intergeneracionales de ingreso y educación en Suecia se han conservado, a nivel moderno, durante por lo menos tres o cuatro generaciones. La generación inicial en el estudio de Malmö nació entre 1865 y 1912.1

1Lindahl et al. 2012, Tabla 5.

CAPÍTULO DOS

Suecia

¿Movilidad lograda?

CAPÍTULO DOS

Movilidad tal sugeriría que lo arreglos institucionales suecos —el apo-yo a la educación pública, por ejemplo, y los impuestos progresivos a la riqueza— juegan un rol vital en la determinación de tasas de movili-dad social. La implicación, como se discutió en el capítulo 1, es que las bajas tasas observadas de movilidad social en países como Inglaterra y los Estados Unidos representan un fracaso social. Las oportunidades de vida para los descendientes de ancestros de alto o bajo estatus se pueden equiparar con un bajo costo social. Suecia es, después de todo, una de las economías más ricas del mundo.

De cualquier manera, este capítulo muestra que las tasas de persis-tencia reportadas para estos países —a menos que se interpreten cuida-dosamente— conducen a una falsa interpretación de la realidad social nórdica. Con base en apellidos, las correlaciones intergeneracionales esti-madas para medir estatus, tales como educación y ocupación, son mucho más altas.2Y en la era moderna, estas son tan altas como lo eran en el siglo xix. Sin importar la movilidad de corto plazo a través de ingresos o educación, hay persistencia considerable de estatus —medida a través del ingreso, riqueza, educación y ocupación— que han durado por más de diez generaciones en Suecia.

El hallazgo de que la movilidad social es