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En su libro La domadora de mamuts, la doctora María Bernarda nos dio todas las herramientas necesarias para entregar aquellos kilos que no nos pertenecen. Su método de Los cinco no negociables nos ayudó a entender que, bajo el correcto asesoramiento, es posible tener una relación saludable con la comida, en donde podemos disfrutarla sin remordimientos. No obstante, y porque es en medio de la adversidad donde podemos renacer, la crisis sanitaria llevó a la doctora María Bernarda a descubrir que, tal y como lo venía sospechando, nuestra relación con la comida es directamente proporcional a la forma en la que tramitamos nuestras emociones. A través del seguimiento a sus pacientes, pudo comprobar que el sobrepeso, muchas veces, ocurre cuando hay traumas o heridas no sanadas de la infancia. En el interior de estas páginas, ahondaremos en las cinco heridas más profundas que se pueden generar en los primeros años de vida, y que, muy probablemente, afectarán nuestra manera de relacionarnos con la comida: traición, rechazo, abandono, humillación e injusticia. Veremos, con testimonios reales de mujeres que han aprendido a domar sus mamuts, que para poder vencer el sobrepeso, es necesario reconocer y sanar las heridas del pasado. Entonces, una vez más, la doctora María Bernarda nos dará las herramientas que necesitamos para entregar esos kilos que no nos pertenecen.
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Seitenzahl: 209
Veröffentlichungsjahr: 2021
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EMOCIONES A LA CARTA
© 2021, María Bernarda Vergara
© 2021, Intermedio Editores S.A.S.
Primera edición, mayo de 2021
Investigación
Dra. María Bernarda Vergara
Diego Nicolás Salamanca
Juan Esteban Salamanca
María Alejandra Vargas
Edición
María Alejandra Mouthon - Diego Nicolás Salmanca
Equipo editorial Intermedio Editores
Concepto gráfico y producción
David Reyes Navarro
Ilustración
Leonardo Parra
Fotografía de portada de Dra. María Bernarda Vergara
Noé Herrera
Intermedio Editores S.A.S.
Avenida Calle 26 No. 68B - 70
www.eltiempo.com/intermedio
Bogotá, Colombia
ISBN978-958-757-979-6
Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso del editor.
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
Prólogo
Introducción:
Tiempo de creación
Capítulo 1:
Nuestro camino como cavernícolas
Capítulo 2:
La comida es la madre
Capítulo 3:
Tu cuerpo te habla de tus mamuts y tus decisiones
Capítulo 4:
Como te relacionas con la comida, te relaciones con la vida
Capítulo 5:
Una intención sin acción se vuelve ilusión
Capítulo 6:
El propósito de los mamuts en mi vida
Capítulo 7:
Si lo crees, lo creas
Referencias
Nuevamente, a mi esposo, Edgar, y a mi hija, Sara Luna, mi gran equipo a la hora de domar nuestros mamuts en este confinamiento. Este gran apoyo me llevó al nacimiento de este libro.
A Dios, que insiste en utilizarme como herramienta para su propósito.
A mis pacientes, las protagonistas de este libro, que con nombres distintos abrieron sus corazones para ponerle un límite al silencio.
A Gilberto y Conchita, mis padres, por su adn, que es la perfección que me constituye.
A mi equipo de investigación, Nicolás, Juan Esteban, Alejandra, por su impecable trabajo y compromiso.
A todos los pacientes que nos han confiado sus procesos por encima de la virtualidad.
A mis hermanas, que aportan y se involucran en el proyecto como si fuera propio.
Al Doctor Santiago Rojas por la poesía en su prólogo.
No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.
Jorge Bucay
“Caras vemos, corazones no sabemos”, reza el adagio popular tomado del pueblo aborigen mexicano totimehuacán, que originalmente se refería a nutrir una vida virtuosa con dos partes de una persona, la cara y el corazón, que, sin embargo, en nuestra acepción cotidiana traduce que no sabemos lo que en realidad hay en el interior de cada persona, a pesar de que podemos ver su rostro, más ahora incluso que vemos un poco menos por la mascarilla que lo cubre. Ahora bien, un ser humano se asemeja mucho a una muñeca matrioska, de origen ruso, hecha de madera con varios tamaños y que se guardan una dentro de la otra, como si fuera una sucesión infinita, pues al pequeño ser que empieza la vida desde el vientre materno y en su tierna infancia, se le “adicionan capas” durante su crecimiento, que sirven para encubrir su verdadera esencia, que al ser herida de diversas maneras, deja una huella permanente, hasta que un artista, más propio que ajeno, permita reparar el daño, sanando sus heridas, recobrando el gozo y disfrute saludable en la vida.
Ya la autora nos había llevado de su mano a reconciliarnos con la alimentación, mostrándonos que nos comportamos hacia la comida como lo hacemos con la vida, explorando de una manera muy interesante y útil la relación que existe entre el alimento y la gestión de las propias emociones. Todo esto en su obra La domadora de mamuts, para poder, desde la toma de conciencia, no cargar con un peso que no nos pertenece.
Ahora, avanza aún más para llegar al núcleo de nuestra matrioska, ese niño(a) interior, donde están nuestras heridas recibidas, que, al no ser gestionadas de una manera adecuada, se vuelven el patrón con el que se aborda la vida en todo momento, determinando la manera de comportarse y vivir en cada día, con todo lo que significa no haber logrado sanarlas.
Este libro nos regala, en época de caras ocultas, una visión al descubierto de los “corazones heridos” que todos tenemos, permitiendo una manera posible para que sanemos nuestras emociones, lo que nos llevará a disfrutar con salud integral nuestra propia vida. Así, entonces, el adagio popular cobrará su sentido original, y el rostro, junto al cuerpo, sano y virtuoso, reflejará en realidad un corazón emocional pleno y saludable.
SANTIAGO ROJAS POSADA M.D.
El 2020 significó un reto para todos. La llegada de una pandemia, totalmente inesperada, nos enfrentó a una situación sin precedentes y para la que la inmensa mayoría de nosotros no estaba preparada. No fue diferente para mí ni para mi clínica.
Apenas empezábamos a llevar a cabo la planeación que habíamos hecho para el año cuando nos vimos obligados, de un día para otro, a cerrar nuestras instalaciones, cancelar la agenda programada e irnos cada uno a su casa a esperar cómo iba a evolucionar la situación.
Esto ocurrió finalizando marzo. Y tras un mes de cuarentena, era claro que la situación no iba a volver a la normalidad pronto –aún me pregunto: ¿será que volveremos a la normalidad? Y ¿pronto?–.
En mi caso, tuve que gestionar mi propio proceso emocional. Al principio sentía algo de frustración, principalmente por ver a mi hija en su adolescencia sin la posibilidad de salir a interactuar y disfrutar con normalidad de su vida como todos queremos a esa edad. Pensar que se estaba viendo privada de la posibilidad de seguir desarrollando sus habilidades y sus dones, y que sus expectativas quedaban frenadas mientras sus sueños debían posponerse frente a una pantalla de computador, fue una situación retadora y dura para todos. Además, me enfrenté al desafío de adaptar mi quehacer a las nuevas condiciones. En principio no lo tenía muy claro, después pudimos generar una estrategia junto al equipo de trabajo. Pero al poco tiempo, una parte de las personas que conformaban el equipo no logró adaptarse y no siguieron con nosotros, lo que nos obligó a replantear gran parte de la idea inicial. Tuvimos que probar cosas nuevas que funcionaron y otras que no. Incluir gente nueva, explicar una y otra vez a nuestras pacientes cómo iba a funcionar la logística y pedirles y agradecer su paciencia, la cual siempre encontramos.
Todo esto mientras en el día a día pasaba por las situaciones normales de la convivencia, que como en cualquier casa no estaban libres de discusiones, enojos o disgustos, pero también de alegrías, risas y tiempo en familia; tener que extrañar al resto de mis familiares, pasar a celebrar los eventos personales por vía virtual o resignarme a que no iba a ser posible cumplir con la agenda que tenía programada para el año que incluía varios eventos importantes a nivel profesional.
Y no podía evitar sentir un poco de angustia cada vez que me imaginaba las dificultades por las que debían estar pasando mis pacientes. Fueron tantas situaciones vividas y tantos cambios tan repentinos, que sentí como si cada mañana me levantara y mis mamuts me estuvieran esperando con un menú de emociones variadísimo, preguntándome qué es lo que iba a consumir. Y teniendo todas las emociones a la carta entendí que era yo quien debía elegir y que la única forma de hacer que esas elecciones me acercaran a mi meta era tomando el control.
Para ese momento, me había mentalizado para encontrar la forma de poder hacer consulta en este nuevo contexto, pues sentía la responsabilidad de transmitir la información que tenía en mis manos a la mayor cantidad de personas posible. Este mes coincidió con el lanzamiento de mi primer libro La domadora de mamuts, lo que hizo que, además, una gran cantidad de personas empezaran a buscar la manera de verse conmigo en consulta.
De esta manera, convencida de que debía convertir esta situación en un tiempo de creación, logré, con el apoyo y compromiso de mi equipo de trabajo, generar una modalidad de atención virtual que, en perspectiva, no solo ha cumplido con el objetivo de seguir llevando la información que he puesto al alcance de mis pacientes en el método Los 5 no negociables© a quienes nos buscan, sino que, además, me ha permitido hacer uso de herramientas increíbles que hoy nos brinda la tecnología para poder llegar a una comunidad mucho más grande y que se compone de personas en todas partes del mundo, hispanohablantes y de las más variadas nacionalidades.
Al decidir lanzarme al mundo de la virtualidad, temía no lograr establecer una conexión con mis pacientes como en una consulta presencial. Hoy, después de haber avanzado en todos los sentidos desde aquel primer taller virtual en mayo, puedo decir que no solo logré establecer esa conexión, sino que gracias a mis pacientes, que a pesar de la distancia física que nos separa me abrieron sus corazones y me permitieron conocer en profundidad cada uno de sus casos, miedos y experiencias, he logrado recopilar y organizar la información que ya había venido identificando en mi consulta durante más de veinte años de forma presencial y en este año desde la virtualidad, y que ha servido como insumo para crear esta guía emocional, que estoy segura de que será el complemento perfecto en el proceso de cada una de las personas que la lea.
Entonces, Emociones a la carta es el resultado de haber estudiado con mi equipo de investigación una serie de comportamientos, reacciones y rasgos emocionales repetitivos que habíamos podido identificar en miles de pacientes que habían pasado por mi consulta y que nos dedicamos a profundizar y estudiar, a partir de los procesos de entrega de peso de las más de seiscientas personas que hicieron parte de nuestros talleres virtuales durante el 2020.
En este libro encontrarás un análisis explicativo de las emociones que cada cavernícola experimenta al tener que enfrentarse a sus mamuts y el origen de estas. Esto, por supuesto, respaldado desde la ciencia. Entonces, tras hacer una revisión juiciosa de las diferentes teorías que han abordado el estudio de las emociones, pudimos constatar que diferentes corrientes de la psicología han desarrollado todo tipo de estudios, análisis y teorías al respecto. Lo que buscamos a lo largo de los capítulos de este libro es apoyarnos tanto en esta revisión como en los hallazgos encontrados en nuestros más de seiscientos pacientes virtuales, para entregarte una guía sencilla y clara que te permita tener más herramientas en tu proceso de introspección y entender de dónde aparecieron las emociones que te genera tu relación con la comida.
Si estás leyendo este libro, es muy probable que ya tengas claro que cuando hablo de los “mamuts” me refiero a aquellas circunstancias, personas, experiencias o situaciones que interfieren con nuestras decisiones y en muchas ocasiones terminan avasallándonos. Este libro te va a permitir identificarlos, entender su origen y tener diferentes planes de acción, respaldados por herramientas concretas que te permitirán enfrentarlos, por complicados o dolorosos que sean.
Es decir, cada uno de los mamuts que se te presenta en tu proceso de entrega de peso, determina tu comportamiento y tus decisiones frente a la comida. Y como nos comportamos con la comida, nos comportamos con la vida, y la comida es la madre, como siempre digo. Por eso es tan fundamental entender el proceso emocional por el que pasamos cuando queremos entregar ese peso que no nos pertenece. Porque, como siempre he dicho, entregar los kilos, debe ser solo la consecuencia de generar un cambio en los hábitos mentales y las conexiones adecuadas para tener una relación sana con la comida: operarse el pensamiento.
Fue justamente el hecho de tener que cambiar abruptamente nuestra rutina al vernos obligados a estar en casa para salvaguardar nuestra salud y seguridad, lo que me hizo reflexionar y darme cuenta, a partir de las experiencias que me relataron a diario mis pacientes, y de las mías propias, de que al estar “encerrados” con nuestros mamuts, sin poder evadirlos con el afán del día a día como solíamos hacerlo, consumimos un coctel emocional en cada momento y es fundamental tener las herramientas para poder enfrentarlo.
No me refiero necesariamente a que las personas con quienes convivimos sean nuestros mamuts. Lo que quiero decir es que vernos obligados a desarrollar la vida en un mismo lugar y pasar de un importante grado de libertad a tener restricciones para todo lo que solíamos hacer, obligatoriamente nos confronta con todos los problemas, disgustos o frustraciones que habíamos estado evadiendo por el afán de cumplir con la rutina y seguir desenfrenadamente con las actividades que solíamos realizar. Además del sinnúmero de nuevos retos que significa tener que adaptarse al nuevo contexto. Esta transformación tan radical puede no resultar nada bien si no es gestionada adecuadamente. Por eso, al distinguir todo esto que te cuento, lo que hice fue empezar a tomar las acciones coherentes que me permitieran convertir este período en un tiempo de creación.
Ahora bien, además de la explicación psicológica, para poder entender las emociones es necesario también entender que la especie humana ha vivido un proceso histórico que la ha enfrentado a situaciones para las que no venía preparada.
Es decir que, tal cual como nos ocurrió a la gran mayoría de nosotros durante este contexto de pandemia, el proceso de nuestra cavernícola también tenía unas dinámicas que cambiaron de un momento a otro. Y al igual nosotros, ella también se encontró con un menú de emociones que la llevaron a tomar sus decisiones de una u otra manera.
Déjame contarte un poco de este proceso. En algún lugar entre África y Oriente Medio, hace unos 132 000 años, apareció el Homo sapiens sapiens o, para ponerlo en términos más sencillos, los primeros ancestros de nuestra cavernícola. Esto fue el resultado de la aparición de herramientas con filo que permitían desgarrar carne y dieron la posibilidad de incluir en la dieta las proteínas animales, llevando a que el cerebro se desarrollara hasta alcanzar un volumen cercano a 1,5 litros, que es muy similar al nuestro de hoy en día.
La verdad es que hay varias teorías sobre esos primeros miles de años desde que evolucionamos hasta este punto, pero sabemos que más o menos cuarenta mil años después comenzamos a viajar por el mundo. Nuestros antepasados salieron de África y a través del Medio Oriente emprendieron largas y complicadas migraciones que los llevaron hacia lo que hoy conocemos como Eurasia, esta es una zona que comprende varios países ubicados al sur de Europa y al occidente de Asia.
Hace unos 74 000 años ocurrió en Indonesia la erupción del Supervolcán que cambió el clima terrestre. La temperatura global disminuyó y convirtió a los territorios que hoy corresponden a Europa y China a ser prácticamente inhabitables por efecto de la glaciación. Este evento amenazó la especie casi hasta la extinción, pues se calcula que apenas sobrevivieron entre mil y dos mil individuos. Entre estos pocos sobrevivientes, estaba la familia de nuestra cavernícola. Y tal cual como nosotros entrando en la cuarentena, debieron enfrentarse a tener que decidir si ser superados por las dificultades o hacer de su nueva realidad una oportunidad de crecimiento e innovación. Entre otras decisiones, tuvieron que optar por migrar en busca de unas mejores condiciones. Es decir que, en nuestra naturaleza y nuestra genética, todos somos y siempre hemos sido migrantes, pues venimos de esos sobrevivientes. Migrar ante la adversidad es parte de nuestra esencia.
Definitivamente, la decisión fue innovar. Al verse en esta situación extrema, tuvieron que hacer uso de todos los avances tecnológicos que tenían a su disposición y aprovechar la herencia que traían de sus ancestros, incluyendo, no solo sus experiencias y conocimientos, sino también sus frustraciones y miedos, las cuales utilizaron para permitir la aparición de la creatividad por medio de expresiones como el arte. A partir de ese momento, fueron incluidas acciones que serían fundamentales para el recorrido de la cavernícola y su clan, como pensar, planear y comunicarse.
Las migraciones continuaron por varios miles de años y aquellos primeros grupos de humanos cada vez fueron llegando más lejos; para el año 40 000 a.C. ya habían ocupado los territorios a los que hoy conocemos como Inglaterra, China o incluso Rusia. Para ese momento sabemos que el alimento era algo escaso, la Tierra era bastante más fría que en la actualidad y en su mayoría estaba compuesta de extensas planicies e interminables desiertos. Aun así, nuestra cavernícola y su clan recurrían a la pesca, para la que empleaban huesos afilados, así como a la caza de algunos mamíferos; estas actividades se desarrollaban en grupo y el alimento obtenido se repartía entre todos. En esta etapa, se genera un vínculo que quedaría hasta nuestros días entre el alimento y la madre tierra. La cavernícola interiorizó que la comida es la madre y esa información sigue estando en nuestro adn y en nuestro cerebro cavernícola, que como te he contado antes en La domadora de mamuts, es quien gobierna todas las situaciones que amenazan nuestra supervivencia.
Igualmente, tuvieron que transcurrir varios miles de años para que nuestros antepasados llegaran por fin a nuestro hermoso continente; esto sucedió más o menos en el año 18 000 a.C., para ese momento el planeta seguía siendo muy frío y fue precisamente ese hecho el que permitió la generación de puentes de hielo naturales que conectaron a Norte América con Asia y Europa, permitiendo así que los migrantes llegaran a nuestro continente.
Estas extensas formaciones de hielo, producidas por las bajas temperaturas globales, se encontraban en todo el mundo y se les conoce como glaciales, es por esto que a este periodo se le conoce como la era glacial; cuando esta terminó, en el año 10 000 a.C. los grupos humanos por fin pudieron dejar de migrar y comenzaron a establecerse, es decir que, como especie, pasamos de ser nómadas a ser sedentarios –me surge una inquietud en este punto: desde esa época, al sentirnos en peligro ¿la decisión de la tribu es “quédate en casa”? ¿El sedentarismo quedó grabado en nuestro subconsciente como una herramienta de sobrevivencia?–, pues el fin de aquella era glacial trajo consigo un aumento general en la temperatura del planeta, lo que permitió la aparición de los bosques.
Pero no todo era felicidad por aquellos días, pues como consecuencia de los cambios en el clima y el exceso de caza en una misma zona, desaparecieron varias especies de animales, entre ellas nuestro querido mamut, que no estaría más en la tierra, pero persistiría en un lugar muy especial de ese cerebro más evolucionado de cada cavernícola, llamado hipocampo, que se estrenaba en ese momento y desde entonces sería donde almacenaríamos y procesaríamos los recuerdos y las emociones.
Aun así, las temperaturas más cálidas trajeron consigo nuevas especies, nuevas formas de caza y nuevas herramientas. En esa época nuestros antepasados inventaron utensilios para moler, pudiendo así incluir en su dieta ciertos frutos que antes no les era posible consumir; también aparecen las primeras siembras, pues el estar de manera permanente en un territorio determinado les permitió conocer los periodos de siembra y cosecha de diferentes alimentos, en especial cereales y algunos vegetales, pues al no tener unos buenos modales, nuestra cavernícola y su clan solían hacer un manejo de residuos inadecuado y, al cabo del tiempo, encontraban que esos residuos habían dado frutos. También habían aparecido herramientas como la lanza o el cuchillo que les permitían cazar y pescar con más facilidad.
A partir de ese momento, los diferentes clanes empezaron a establecerse en territorios determinados. Pero todos venimos de la misma fuente por más que en el camino nos hayamos separado físicamente. En el adn de cada uno de nosotros hay parte de esos pocos miles sobrevivientes que decidieron no dejarse superar por el gran mamut que tuvieron que enfrentar y tomar las acciones coherentes para sentar las bases de todo lo que ha venido después. Al establecerse en pequeñas aldeas, comenzaron a domesticar animales, siendo las cabras y ovejas las primeras especies. Esto permitía que la comunidad pudiera alimentarse sin necesidad de tener que ir a cazar, e incorporó los lácteos y otros derivados animales como huevos a la dieta de nuestra cavernícola. El sedentarismo también trajo consigo el perfeccionamiento en las técnicas agrícolas, fueron inventados los primeros sistemas de riego y se empezó a conocer que había tierras más adecuadas para sembrar uno u otro alimento.
Todos estos cambios, que sucedieron bastante más rápido de lo que había sucedido hasta entonces, se conocen como la revolución neolítica. Este periodo de la humanidad se caracteriza principalmente por el paso de la vida nómada a la sedentaria y todo lo que esto significó para la cavernícola y su familia como la especie que comenzaba a conquistar el planeta –vean ustedes todo lo que transforma el “quédate en casa”–. Estos primeros asentamientos se caracterizaban por ser sociedades donde no existía un sistema económico, los recursos y responsabilidades se repartían equitativamente de acuerdo con las necesidades y capacidades de cada integrante del grupo: los hombres se ocupaban de la caza y la pesca y las mujeres del cuidado de los niños y las labores agrícolas y de recolección.
A medida que pasó el tiempo, se hicieron cada vez más y más comunes, y más y más grandes los asentamientos. Esto generó que los territorios de caza y recolección comenzaran a limitarse y, entonces, aparecieron las primeras ciudades, que eran lugares donde se juntaban varios grupos que habían coincidido en un mismo territorio. Esto trajo consigo que las diferentes poblaciones se especializaran en oficios específicos, como las actividades agrícolas, agropecuarias o de pesca, lo que derivó en una primera y muy incipiente economía de trueque entre ciudades. Así acabó la economía colectiva y también la libertad sobre la tierra y, en ese momento, se terminó la paz de la cavernícola y su clan. En las ciudades se tuvieron que establecer gobiernos y mandatarios para organizar y controlar a los ciudadanos y así mismo comenzaron los problemas entre unos y otros por el territorio y los recursos. Es decir que nuestra cavernícola se vio obligada a pelear por la madre que la nutría; a pelear por la tierra. En algunas partes del mundo, incluso, se edificaron muros para proteger ciudades e impedir que invasores robaran o desestabilizaran la tranquilidad del lugar, y de esta forma fue como comenzó lo que a la cavernícola le vendieron como la civilización. Para entonces, incluso su nombre cambió y pasó a entenderse como un individuo de la sociedad.
En la actualidad, las dinámicas que la civilización le pone por delante constantemente a nuestra cavernícola, y el predominio de la competencia como práctica social, significan una dificultad permanente que también interfiere con el manejo de las emociones. En este sentido, nuestro equipo de investigación ha hecho una aproximación interdisciplinar a todos estos aspectos desde diferentes enfoques de las ciencias sociales (como la sociología, la psicología o la politología) para que, desde la consulta virtual ofrecida en Medicina para la Estética, en un principio, y ahora desde Emociones a la carta, tengas a tu disposición una serie de políticas y recomendaciones que te orienten y te permitan aprender a gestionar esa marea emocional que hoy se presenta como el más grande de tus mamuts.
Y lo que te quiero hacer ver con esta explicación es que, en muchas ocasiones, cuando el entorno nos pone por delante unas determinadas emociones, nuestras decisiones están más allá de nuestra voluntad o nuestra racionalidad y es nuestra cavernícola quien está al mando, con sus miedos, sus frustraciones, sus experiencias.
Una de las preguntas más recurrentes entre las pacientes que inician sus procesos de entrega de peso conmigo y los lectores de La Domadora de Mamuts es ¿cómo puedo identificar mis mamuts? Para esto, diría que no hay una respuesta, pues no a todos se nos manifiestan de las mismas formas, como digo todo el tiempo, cada paciente y cada caso es un universo único y diferente de todos los demás.
Sin embargo, sí estoy convencida de que la identificación de tus mamuts solo es posible en la medida que entiendes el origen de tus emociones. Cuando logras entender por qué cada situación te lleva a sentirte de una manera determinada, ya estás en el camino para identificar y domar tus mamuts. Recuerda que cada mamut viene a nuestra vida a dejarnos un aprendizaje. Su propósito es mostrarnos algo que necesitamos sanar, permitir o liberar; algo sobre nosotros mismos. Entonces, la ruta para empezar a entender nuestros mamuts es el conocimiento y el entendimiento propio. No te preocupes que todo esto lo verás más claro después de leer todo lo que nuestra cavernícola nos va a enseñar en los siguientes capítulos.
Soy una convencida de que la herencia que traemos en nuestros genes, determina cómo nos comportamos y explica por qué tomamos las decisiones y hacemos las elecciones de una u otra manera, frente a la comida, frente a la vida y en general en todos los aspectos.
A lo largo de los capítulos de este libro, hemos recopilado diferentes testimonios de pacientes que han llegado a mi consulta, que ilustran como las experiencias de nuestro pasado, de nuestros antepasados y en general de nuestro clan, impactan de forma contundente en nuestros procesos emocionales y de toma de decisiones. Estas historias son reales y agradezco a las protagonistas por abrirme su corazón, permitirme contarles sus casos y hacer un análisis a partir de ellos para buscar explicarles el origen de los mamuts que enfrentamos y cómo debemos combatirlos y gestionarlos. Sin embargo, los nombres de los personajes en cada uno de los testimonios han sido cambiados por nombres ficticios para garantizar la privacidad y reserva de las historias clínicas.
