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¿Qué es lo que suena? ¿Qué es lo que soy? En clave de soy surge como una combinación de notas que me han ayudado a descubrir los caminos del sendero de mi vida. Te invito a interpretar tu propia partitura con cada una de esas notas. Descubre los acordes con los que bailar las páginas de este libro. No vas a encontrar soluciones definitivas ni fórmulas mágicas, pero puede que adoptes el ritmo, la escala y el tono que pongan en equilibrio la melodía que resuena desde dentro. Déjate seducir por la música inscrita en tu pentagrama. Quizá veas cómo tu vida pasa del desconcierto al más grandioso concierto. ¿Afinamos los instrumentos?
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Seitenzahl: 74
Veröffentlichungsjahr: 2023
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En clave de soy
Amelia Carro
© Amelia Carro
© En clave de soy
Diseño de la cubierta: Escriña Diseño Gráfico
Fotografía de la autora: Ana Carro
Ilustraciones: Sofía Carro
Marzo 2023
ISBN papel: 978-84-685-7435-6
ISBN ePub: 978-84-685-7436-3
Depósito legal: M-8848-2023
Editado por Bubok Publishing S.L.
Tel: 912904490
Paseo de las Delicias, 23
28045 Madrid
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Dedicado a las personas que supieron pronunciar Ayeya de forma adecuada, en el lugar correcto y en el momento preciso en que necesitaba escuchar mi nombre.
Índice
Prólogo
Nota de la autora
1. Ayeya
2. Germinar
3. Casilla de salida
4. Presencia
5. Engendro
6. El arquitecto
7. Cateto
8. Peregrino
9. El verbo etéreo
10. Flotar
11. Capicúa
12. Con lo suficiente
13. El equipaje
14. Niebla
15. Erosiones
16. Cubiertos
17. Artista
18. Huecos
19. Pétalos
20. Miradas
21. Mi irrealidad
22. Dolor de nombre
23. Opera
24. Vivir se escribe sin hache
25. Perdida
26. Sinvivir
27. Azar
28. Deshojada
29. Sin rastro
30. Mi huella
31. Conversa
32. Desnutrida
33. Segundo ojal
34. Aurora
35. Presente continuo
36. Desdoblada
37. Encajas
38. Vi(vi)endo
39. Escoltar
40. Crecer
41. Cumpleaños
42. Aprisa
43. Alba
44. Pasillos
45. Caminos
46. Encargos
47. Inerte
48. Linaje
49. Constelación
50. Enlace
Enclave
Sobre mí
Prólogo
Me es grato escribir unas palabras a modo de prólogo al libro En clave de Soy, una obra de Amelia Carro Hevia —Rukmini, esposa de Krishna en la mitología hindú—.
Nacida en el bello pueblo marinero de Candás, en Asturias, diligente y disciplinada médica de cuerpos y corazones unidos como éxtasis gozoso del aire con los pulmones.
Le deseo que, atravesando el desierto, que es camino hacia la tierra prometida del «conócete a ti mismo», la inscripción en el pórtico del templo de Apolo en Delfos, cada idea, cada inspiración, cada latido, lo conserve, lo alimente y lo amplifique en su servicio a todos los seres y al plan divino.
¡OM SHANTI!
Que seas siempre feliz.
Sri Madhavacharia Yogui Dasa
Maestro y fundador de la Escuela de Yoga Sanatana Dharma
Druvacharia
Director médico
Ashram Sanatana Dharma
Nota de la autora
Muchas gracias por interesarte en mi obra. Si estás leyendo estas líneas es porque buscas algo más allá de lo cotidiano, de lo tangible, de lo común. Algo que suene, o resuene, tanto en tu cabeza como en tu corazón.
Te doy la bienvenida a un universo llamado Ayeya. En este espacio, y en el tiempo que dediques a viajar por las páginas de este libro, conocerás un poquito más de mi cosmos individual.
Acompañarme en mi viaje puede ser «tu viaje» porque en la esencia de todo ser humano está la búsqueda del bienestar; un movimiento perpetuo que, desde dentro, nos impulsa a perseguir el equilibrio en lo físico, en lo emocional, en lo mental. ¡En espiral!
Mi movimiento está redactado «En clave de Soy». No es un lenguaje abstracto, jeroglífico o encriptado. Es la forma en la que el papel se va tiñendo de emociones, sentimientos, pensamientos, flexiones, reflexiones, torsiones y alguna que otra voltereta a lo largo del sendero evolutivo de Ayeya. Un camino interior que, quizá, te resulte familiar.
No he tratado de enumerar mi (extensa) colección de fracasos o aciertos para resolverlos con pistas o fórmulas mágicas que te lleven hacia tu éxito. Porque ¿qué es el éxito?, ¿es algo más pleno que el equilibrio? Si yo soy una nómada en búsqueda de mi equilibrio, ¿cómo voy a saber dónde está el tuyo?
Resultaría atrevido y osado pensar que, sin conocerte, pueda ayudarte a transitar por la vida. Sin embargo, me aventuro a que las líneas de Ayeya sirvan de trazo para que tú elabores tus propios bocetos, dibujes nuevos planos y compongas las partituras con las que bailar tu mejor canción.
Verás que no se trata de una novela, un ensayo, un poemario ni un libro de autoayuda. Si tuviera que encasillarlo en un género, sería el de la «automoción»: Ayeya trata de rescatarte del automatismo, de esa forma de merodear por el mundo sin más rumbo que el forjado por la inercia; de permanecer inmóvil o de avanzar sin sentido.
Ayeya te provocará con cada línea. A veces con un tono nostálgico, otras con una sacudida. Con ello, tomarás tu rumbo, asirás con fuerza el timón de tus emociones y seguirás adelante con ilusión y motivación. ¿Lo entiendes ahora?
Del automatismo (de automatarse) a la automoción (de automoverse: controlar tus propias mociones y emociones).
Las piezas que componen En clave Soy son una alternancia de relatos, poemas y aforismos. Este engranaje brota de forma natural a medida que Ayeya va experimentando su proceso de transformación interna. Los relatos están dotados de acordes autobiográficos que, al ser ensamblados en su partitura emocional, representan una buena dosis de autoficción. Quizá el personaje de Ayeya tenga algo que ver contigo. O con el personaje que te has creado para sobrevivir en este mundo.
Me encantará conocer el efecto que produce en ti este particular concierto vital. ¡O desconcierto! Los poemas y aforismos son más metafóricos y ágiles de leer, pero no por eso más ligeros de digerir. Una palabra entonada en un momento concreto puede generar un impacto ensordecedor. No tengas prisa. No los engullas. Respeta los espacios entre líneas igual que se respetan los silencios entre notas. Es la diferencia entre la música y el ruido. Date permiso para que Ayeya te transforme, te inspire, te pique y repique.
Aunque me veo tentada a explicar el porqué de cada uno de ellos, me he resistido a hacerlo. No quiero que Ayeya sea una interferencia en el rumbo hacia tu armonía. No obstante, sí te deja complementos y suplementos emocionales que puedan nutrir tu curiosidad, si es que llega a despertarla.
Algunos capítulos tienen enlaces a textos, audios o vídeos (mediante códigos QR) en los que, si te apetece, puedes profundizar. Puede que no desees hacerlo en una primera lectura. No es necesario. Deja que el flujo de las notas sea natural, hacia adelante o hacia atrás. Incluso en espiral. Como la vida, estas páginas te brindan un viaje en el que puedes hacer escalas. Escalas para parar e indagar un poco más. Escalas para escalar por un camino material o por el espectro musical.
Ese espectro musical es el que subyace en lo más recóndito de En clave de Soy. Venimos con una partitura con la que cantar y bailar nuestras vidas. Notas escritas en los genes que se van expresando y orquestando con cada acorde.
Parece que todo está determinado y, sin embargo, con Ayeya sentirás que es posible cambiar y entonar versiones diferentes y mejoradas de tu sinfonía. Habrá momentos que suenen en mi menor (encogidos ante el mundo, creemos que somos menos que nada. Que somos nadie). Otras veces, por el contrario, vibramos y retumbamos en yo sostenido (anclados en la forma más tirana de nuestro ego, desafinada y desafiante. Disonante).
¿Te atreves a explorar tu escala musical? Si es así, continúa leyendo, sintiendo, vibrando y escuchando la voz que, con Ayeya, surge de estas páginas.
Y si lo consideras, te animo a que este concierto no sea solo mío. Abandona tu asiento de espectador y coge tus instrumentos. Podemos pasar de una forma vocal a una instrumental en la que lo emocional, vivencial o espiritual generarán nuevas formas de alcanzar el bienestar. Al final del libro te dejo las formas de contactar conmigo y compartir tus sensaciones.
Gracias por atreverte a emprender una búsqueda hacia tu equilibrio más musical. Gracias por confiar en Ayeya.
https://youtu.be/CdTZkz5wBJo
1. Ayeya
Érase una vez una niña dispuesta a comprar su primer helado. Un acto importante en el marco de los cinco años que acababa de cumplir. Le habían concedido la confianza de hacerlo sola. Todo un guiño a su responsabilidad y a su madurez. La consideraban lo suficientemente mayor como para dirigirse sola a la heladería con su moneda de veinticinco pesetas. Pero, al tiempo, seguía siendo lo suficientemente pequeña como para necesitar supervisión al cruzar la carretera hasta la plaza del pueblo.
Aguardó la cola con educación y paciencia. Observaba atenta cómo la crema de helado caía con delicadeza dibujando espirales
