Enrique Dussel - Jorge Zuñiga - E-Book

Enrique Dussel E-Book

Jorge Zúñiga

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Beschreibung

Este libro, que aborda su figura desde sus aspectos biográficos, filosóficos, históricos y políticos, es fundamental para introducirse en el pensamiento de uno de los fundadores de la «filosofía de la liberación», movimiento surgido en Argentina en la década de 1970 como crítica al colonialismo, que vertebra una trayectoria intelectual de más de 50 años en los ámbitos de la reflexión latinoamericana.

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Seitenzahl: 246

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Jorge Zúñiga M.

Enrique Dussel

Retratos de una filosofíade la liberación

Herder

Diseño de la cubierta: Toni Cabré

Edición digital: José Toribio Barba

© 2022, Jorge Zúñiga M.

© 2022, Herder Editorial, S.L., Barcelona

ISBN EPUB: 978-84-254-4898-0

1.ª edición digital, 2022

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)

Herder

www.herdereditorial.com

ÍNDICE

PRÓLOGORicardo Espinoza Lolas

INTRODUCCIÓN

MENDOZA, EUROPA Y MEDIO ORIENTE

EL RETORNO A ARGENTINA Y LOS INICIOS DE LA FILOSOFÍA DE LA LIBERACIÓN

PARA UNA ÉTICA DE LA LIBERACIÓN LATINOAMERICANA (1973)

1975. COMIENZA EL EXILIO EN MÉXICO

FILOSOFÍA DE LA LIBERACIÓN (1977). LA FORMULACIÓN DE UN PROGRAMA

POLÍTICA DE LA LIBERACIÓN (1979)

MARX. UNA INTERPRETACIÓN HETERODOXA Y LATINOAMERICANA

INTERMMEZO. COLONIALIDAD, EUROCENTRISMO Y TRANSMODERNIDAD

ÉTICA DE LA LIBERACIÓN EN LA EDAD DE LA GLOBALIZACIÓN Y LA EXCLUSIÓN (1998). DE UNA ÉTICA-CRÍTICA FENOMENOLÓGICA A UNA ÉTICA-CRÍTICA DEÓNTICA Y EL DIÁLOGO FILOSÓFICO NORTE-SUR

POLÍTICA DE LA LIBERACIÓN. EL PASO DESPUÉS DE LA ÉTICA DE 1998 QUE SE CONVIRTIÓ EN RETO

EL RODEO HACIA EL TERCER TOMO DE POLÍTICA DE LA LIBERACIÓN

14 TESIS DE ÉTICA. REENCAUZANDO EL TOMO III DE LA POLÍTICA DE LA LIBERACIÓN

EL TOMO III DE POLÍTICA DE LA LIBERACIÓN. UN TRABAJO DE INVESTIGACIÓN Y ESCRITURA COLECTIVO

TEORÍA Y PRAXIS. EL COMPAÑERO DUSSEL

¿AGOTAMIENTO DE LA FILOSOFÍA DE LA LIBERACIÓN?

BIBLIOGRAFÍA

EPÍLOGOEnrique Dussel

APÉNDICE 1 NOTA BIOGRÁFICA SOBRE ENRIQUE DUSSEL

APÉNDICE 2 OBRAS DE ENRIQUE DUSSEL3

INFORMACIÓN ADICIONAL

A Enrique Dussel, mi Maestro, con eterno agradecimiento

PRÓLOGORicardo Espinoza Lolas

La filosofía de la liberación es el contradiscurso de la modernidad en crisis y, al mismo tiempo, es transmoderna. La filosofía moderna eurocéntrica desde el ego conquiro (yo conquisto, protohistoria del ego cogito), situando a los otros pueblos, a las otras culturas, y con ello a sus mujeres y sus hijos, los dominó dentro de sus propias fronteras como cosas o útiles manipulables bajo el imperio de la razón instrumental. La ontología los coloca como entes interpretables, como ideas conocidas, como mediaciones o posibilidades internas al horizonte de comprensión del ser […]. Esa ontología eurocéntrica no surge de la nada. Surge de la experiencia práctica de dominación sobre otros pueblos, de la opresión cultural sobre otros mundos. Antes que un ego cogito hay un ego conquiro (el «yo conquisto» es el fundamento práctico del «yo pienso»). El centro se impuso sobre la periferia desde hace cinco siglos. Pero ¿hasta cuándo? ¿No habrá llegado a su fin la preponderancia geopolítica del centro? ¿Podemos vislumbrar un proceso de liberación creciente del mundo periférico? Para ello deberíamos ir más allá de la modernidad, pero no en el sentido de un posmodernismo nihilista. Nuestro camino es otro, porque hemos sido y somos la «otra-cara» de la modernidad. Se trata de un proyecto «transmoderno», «metamoderno», que debe asumir el núcleo racional moderno, pero debe saber criticarlo superándolo. E. DUSSEL, Filosofía de la liberación

Este epígrafe expresa todo lo que ha hecho el filósofo Enrique Dussel a lo largo de tantos años y décadas, a saber, crear, ni más ni menos, una filosofía de la liberación junto a otros grandes pensadores de América Latina (Augusto Salazar Bondy, Leopoldo Zea, etc.). Y, por tanto, en nuestra colección «Rostros de la filosofía iberoamericana y del Caribe» debía estar Dussel con un volumen que lo mostrará en lo esencial de su gran y variada obra y, a la vez, con las proyecciones que nos permite esta obra para leer el presente y transformarlo; no solo el presente de todos los que habitan América Latina, sino el que nos acontece a todos como humanos de estos tiempos de capitalismo y modernidad que se resiste obstinadamente a dejarnos, y en el que el otro todavía no tiene cabida en y por sí mismo. Por esto su obra se vuelve vital para nosotros y hoy son los jóvenes los que están llamados a realizar las tareas que ha generado dicho pensamiento liberador. El mismo Dussel en el epílogo de este libro nos dice cuál es la tarea de su obra para estos tiempos: «La tarea solo ha comenzado. Una escuela de filosofía de la liberación en ciernes tendrá mucha materia para ser pensada crítica y filosóficamente en el próximo y mediano plazo. Tarea de los que hoy son jóvenes» (p. 196). Uno de esos jóvenes brillantes es el autor del libro, Jorge Zúñiga, filósofo mexicano, pero ya con una larga trayectoria, y que en estos tiempos es como el alter ego de Dussel; no solo tienen una bellísima relación maestro-discípulo, sino que de verdad son grandes amigos y se conocen al milímetro, en el gesto, en la sonrisa, en el silencio, en el compromiso ético-político. Esto es muy importante destacar, porque el volumen que usted tiene en las manos no solo tiene la aprobación del mismo Dussel, sino que en cierta forma fue escrito por ambos; es un escrito a cuatro manos. El maestro Dussel ha estado totalmente imbricado en la elaboración misma de su texto porque sabe de la importancia de tener un monográfico dedicado a su pensamiento en estos momentos de su vida, con ochenta y siete años, y además un monográfico publicado en esta colección con el prestigio internacional que tiene la Editorial Herder, lo cual nos da un tremendo orgullo a todos. Este es un libro no solo leído por Dussel, sino comentado con él en la intimidad, revisado con él, con notas del texto mismo que pasan por Dussel y sus vivencias personales, y por eso tenemos también al final ese importante epílogo como un gran colofón, y a la vez lo deja como una obra necesaria para dar cuenta de la obra del maestro y de lo que se debiera hacer de ahora en adelante. Entonces tenemos un libro «acerca» de Dussel con el mismo Dussel dentro de libro, es decir, un libro reduplicativamente: Dussel. ¿Y por qué esto es tan importante? Por lo dicho al inicio de este prólogo, a saber, el filósofo argentino-mexicano es creador de una filosofía, desde América Latina, y eso por sí mismo es algo que merece toda nuestra atención y admiración (él no es un filósofo reproductivo del establishment académico); no solo los europeos hacen filosofía, sino que los humanos en distintas partes pueden generar una reflexión crítica y conceptual que busque no solo mostrar la realidad de cada uno de nosotros (una realidad siempre situada materialmente), sino también enriquecerla y volverla en el mejor de los «mundos posibles», en donde cada uno pueda ser considerado en su diferencia, en su otredad, en donde cada uno tiene voz para expresar el mundo en el que quiere habitar. El mundo de Dussel es el Sur global («como la fuente creadora del plusvalor del colonialismo») (p. 101, N. 19), pero abierto a todos los otros mundos que se dan hoy en día.

Dussel es como nuestro Habermas (o Habermas es, para los europeos, nuestro Dussel); además, el filósofo no se queda únicamente en el asunto americano (algo que a veces suele suceder con otros pensadores de la región), sino que como todo buen filósofo de tomo y lomo disputa el universal, esto es, lo que son las cosas sin más y en ello lo humano mismo. Y se lo disputa a Hegel, Schelling, Marx, Adorno, Heidegger, Lévinas, Habermas, Honneth… o sea, es un pensador que al realizar un proyecto «transmoderno», pues es eso la filosofía de la liberación, no solo da cabida a lo americano, sino que todos los humanos en distintas partes de este pequeño planeta son asumidos dentro del filosofar de Dussel. Su filosofía es literalmente una filosofía de la «liberación», porque formalmente nos libera. ¿Y de qué nos libera? Nos libera de unas cadenas que llevamos y a veces no nos damos cuenta de que las llevamos a cuestas (o no queremos darnos cuenta), esto es, son las cadenas que emplean algunos para decirnos (y determinarnos) que somos inferiores a ellos; por tanto, que existen unos de primera y otros de segunda, unos para ser señores y otros para ser esclavos. Y así, con estas cadenas, muchos somos considerados periferia respecto del centro, de algún centro, de algún yo céntrico. Hay muchas formas de ser periferia, por ejemplo, como americanos, africanos, palestinos, pobres, mujeres, LGTBQIA+, pueblos nativos, algunos pueblos europeos no imperialistas, todas las formas de ser «Sur» (respecto de un Norte hegemónico), etc. Es decir, todos somos periferia respecto de algún centro, porque lo propio de lo humano es ser diferente, pues el centro no sabe qué hacer con la diferencia, solo sabe esclavizarla de alguna manera y hacerla trabajar para sí. La «transmodernidad» de Dussel es liberación de los múltiples pueblos oprimidos que se entretejen en este pequeño planeta capitalizado por los mismos de siempre, y que ya no son solo los europeos, sino que en la actualidad son, especialmente, los estadounidenses, los chinos, etc., y su modo ideológico altamente capitalista, militarizado y empresarial para colonizarnos, en donde el otro ha sido cancelado.

Para mostrar este proyecto de «trans-modernidad», de «trans-centralidad», de «trans-yo», de «trans-narcisismo», etc., y que, por tanto, se nos vuelve en una filosofía teórica-práctica, porque nos libera del yugo del yo narciso imperialista que nos esclaviza, Jorge Zúñiga nos ofrece un libro que como una Scheherazade, como un rapsoda, nos lleva por los vericuetos mismo del pensamiento de Dussel y de su vida a lo largo de décadas, de Argentina a Israel pasando por Europa y México, y tantos lugares por donde ha caminado y pen­sado el filósofo de la liberación: el mismo Dussel se ha ido liberando de sus cadenas periféricas a lo largo de la vida. Esto lo explica muy bien Zúñiga en este libro y nos hace ver que una filosofía es ética y a la vez transformadora (lo mejor de Marx y Lévinas dentro de Dussel): «Si una ética filosófica o una filosofía política no piensa las bases prácticas normativas y políticas para salir de los niveles de exclusión y empobrecimiento inéditos que vivimos hoy en día, están destinadas a ser, en el mejor de los casos, relatos solo acumulados en una biblioteca» (p. 188). Y por lo mismo este libro no pretende ser otro libro de biblioteca (que se quedará cubierto de polvo en una estantería), sino que se lee de forma apasionado y mientras vamos de la mano fina de Zúñiga, observando el filosofar vital de Dussel, vamos, a una, en un proceso de lectura que nos transforma a nosotros desde ser meros lectores a pasivos a agentes reales de cambio.

El libro de Zúñiga se nos vuelve un bello atlas para no perdernos en la inmensa galaxia Dussel, su obra es muy extensa y traducida a múltiples idiomas (lo verán en el apéndice 1). Y en este atlas acontece Dussel radicalmente, podemos ver al filósofo por medio de hitos vitales muy importantes que nos permiten leerlo desde dentro y entender lo que buscaba con su teorización y a la vez lo que disputa contra otras filosofías. Y en lo que hace Zúñiga tampoco cae en una céntrica interpretación del maestro, no nos quiere dar una lectura acabada y totalitaria del pensador de la libertad; esto sería totalmente contradictorio con Dussel y su filosofar. El joven filósofo, fiel al maestro, nos deja al final del libro ad portas para poder leerlo y generar en nosotros mismo un camino de liberación, esto es, liberarnos de ese yo que siempre nos pesa, nos atormenta y nos esclaviza. Un yo que nos impide vivir con y el otro, incluso con el Otro que somos cada uno.

El libro está escrito, como señalé, a través de múltiples hitos materiales en la vida de Dussel, a lo largo de los años y va mostrando cómo se va construyendo su filosofía de la liberación y los matices que va adquiriendo por medio de esos hitos. En ello podemos ver las influencias del autor, los conceptos que va tomando de ciertos sistemas filosóficos, teológicos, éticos, etc., cómo los modifica, los actualiza, los hace estallar desde dentro, para lograr esa liberación de todas las periferias. Y este hacer de Dussel con los conceptos acontece en la medida misma que va viviendo, y siendo actor del mismo devenir histórico, de lo más complejo que ha pasado al final del siglo XX y en este inicio del siglo XXI, a saber, los regímenes totalitarios administrados por el capitalismo más voraz jamás existido y que pretende dominar y esclavizar al humano. Por eso su filosofía es una ética: «La ética de la liberación no quiere aparecer como novedad. Querría aparecer como una puesta al día de una tradición milenaria, pisoteada por el cinismo del capitalismo globalizador, que se pretende el máximo exponente de la ciencia y la razón, siendo en verdad una decadencia ética, irracional e insensible al dolor de las víctimas».1

Los invito a leer este libro que nos permite entender nuestra vida precaria de la mano maestra de Dussel y así poder ver que sí tenemos la posibilidad de transformarla, de transformar nuestras regiones, nuestro Sur, cualquiera que este sea, y superar estos tiempos de servidumbre y de eliminación del otro, porque ese «odio al otro» que hoy se vocifera en múltiples lugares atenta contra lo más propio de nosotros, esto es, nuestra libertad. Estamos ante un Dussel, en esta colección de Herder, muy bien leído, en su sangre y en su cuerpo, por Jorge Zúñiga, a la altura de una historia que nos demanda que la cambiemos. Y esto se agradece de verdad porque no es común tener un libro con estas características y con el mismo Dussel presente en él desde el inicio hasta el final. Un final siempre abierto y que depende de usted, mi querido lector.

Concón, 29 de enero de 2022

1E. Dussel, Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión, Madrid, Trotta, 1998, p. 635.

INTRODUCCIÓN

Uno de los filósofos latinoamericanos más conocidos en nuestro ámbito, cuyo impacto ha sido preponderante tanto dentro como fuera de América Latina, cuyos planteamientos y tesis, siempre ancladas en la realidad histórica mundial contemporánea, han sido refutadas y elogiadas en igual medida y cuya obra ha sido traducida al alemán, coreano, francés, inglés, italiano, mandarín, neerlandés y portugués, es Enrique Dussel. Su pensamiento y producción científica confluyen en la preocupación constante por expresar teóricamente una praxis de la liberación de los pueblos excluidos por el sistema-mundo-capitalista-neocolonial, en particular la de los pueblos latinoamericanos.

Y es que alguien que se pronuncia sobre el presente que nos aqueja siempre será más controvertido que aquel que habla de la filosofía muerta, de los filósofos clásicos con los que ya no podemos dialogar. Se trata de un filósofo que no debe ser apartado de los debates contemporáneos de la filosofía práctica y de la historia de América Latina, uno que no debe resultar indiferente a quienes tengan como objetivo la transformación de las relaciones de dominación.

Si bien lo anterior enmarca los esfuerzos teóricos desarrollados durante más de cincuenta años de trayectoria académica y de vinculación con los movimientos sociales, estudiantiles y populares, es necesario considerar que tras todo ese entramado subyace una serie de líneas teóricas que chocan con las tesis y posiciones habituales de la enseñanza de la filosofía tradicional: la filosofía que aún se imparte en la mayoría de las academias filosóficas, comenzando por el aparente hecho histórico de que la filosofía nació —por un «milagro»— en Grecia, desplazándose a Roma, para alcanzar la Edad Media y seguir madurando en la modernidad europea con René Descartes, Emmanuel Kant y G.W.F. Hegel. Este desplazamiento lineal que hoy en día se mantiene en los libros de historia de la filosofía, así como en las introducciones a la filosofía práctica y teórica, choca con un muro cuando se contrasta con las llamativas tesis que Dussel ha fijado a lo largo de su obra, desde El humanismo semita1 hasta Política de la liberación. Historial mundial y crítica.2

Esto es de especial relevancia, pues consideramos adecuado que para adentrarse en la obra de Dussel, la ruta de acceso más adecuada no son sus obras vinculadas directamente a la filosofía, sino aquellas sobre la historia de la filosofía y la historia universal. Comenzar por aquí ayuda a entender de forma más viva su pensamiento, sin eludir las abstracciones presentes en ella, propias de la filosofía, pero sin entenderlas al margen de la lectura histórica y geopolítica con la cual Dussel lee la filosofía europea y de los pueblos excluidos por la modernidad. Asimismo, esto nos ayudará a entender aquellos conceptos, categorías e ideas fundamentales de su filosofía y pensamiento, tales como «exterioridad», «vida», «crítica», «método ana-léctico», «eurocentrismo», «ética-crítica», «moral vigente», así como sus diálogos y debates representativos como aquellos con Karl-Otto Apel y Franz Hinkelammert, principalmente.

Este libro, pensado como una introducción y a la vez síntesis de la filosofía de Enrique Dussel, destacado filósofo argentino-mexicano del último cuarto del siglo XX y del primero del XXI, Trata de entrelazar cuatro elementos esenciales para entender su pensamiento: biografía, historia, filosofía y praxis política, todos ellos necesarios como referente para componer el marco completo de esta filosofía claramente vinculada a una articulación consistente entre teoría y praxis, aunque desde una perspectiva radicalmente diferente al marxismo y al pragmatismo estadounidense, las dos escuelas filosóficas que más han aportado a la vinculación entre teoría y praxis. Cabe destacar que la producción teórica de Enrique Dussel abarca más de setenta libros publicados, cuyo contenido varía entre filosofía, historia (de la filosofía, de la Iglesia en América Latina, y otros temas relacionados), política y teología. Dadas las características de este volumen, está claro que no se puede abordar toda su obra, mucho menos interpretaciones in extenso de ella; no obstante, sí presenta una síntesis que permite acercarnos al planteamiento general de este autor. Así pues, resulta evidente que no podremos hacer referencia detallada, ni siquiera superficial en algunos momentos, de cada uno de los libros o de las tesis que componen la producción teórica e histórica de Enrique Dussel.

Quisiéramos mencionar, por último, que el subtítulo del libro, «Retratos de una filosofía de la liberación», pretende reflejar nuestra intención de mostrar instantes teóricos e históricos de una trayectoria del autor que ya supera los cincuenta años. En ese sentido, los capítulos que integran este libro buscan sintetizar los momentos biográficos, históricos, políticos y teóricos más representativos para aproximarnos a la filosofía de Enrique Dussel. Por supuesto, esto no impide que a lo largo de este volumen se hagan referencias constantes a temáticas paralelas y obras relacionadas con las comentadas, así como una serie de datos e información que ayuda a entender el contexto del cual se trata en cada capítulo. Este recurso de síntesis permite que, al unir los retratos presentados, se pueda obtener la historia completa de la filosofía del autor, desde sus primeras aportaciones hasta las más recientes. Al final del volumen, el lector encontrará un apéndice que relaciona la obra publicada de este filósofo contemporáneo; estamos seguros de que les resultará útil a quienes estén interesados en profundizar en ella.3

Enrique Dussel es hoy el más destacado de una generación de filósofas y filósofos argentinos y latinoamericanos4 que escogieron como tema de reflexión incesante la liberación de las relaciones de dominación y la conformación de una filosofía latinoamericana. Tanto él como muchos otros y otras no ha dejado de expresar, desde la década de 1970, su propio acento, de exponer problemáticas y líneas de investigación que desde diferentes partes del mundo siguen abriendo el camino para el desarrollo de la filosofía en América Latina.5

Estamos, pues, frente a un autor que representa una de las muchas maduraciones de una generación, de un locus epistémico y de una historia compartida; en suma, de un movimiento colectivo.6

1 E. Dussel, El humanismo semita. Estructuras intencionales radicales del pueblo de Israel y otros semitas, Buenos Aires, Eudeba, 1969.

2 Id., Política de la liberación, t. 1. Historia mundial y crítica, Madrid, Trotta, 2007.

3 Cf. www.enriquedussel.com para una completa relación de las obras publicadas por el autor.

4 Adriana Arpini, en un trabajo reciente, ha hecho un repaso de las mujeres que formaron parte del movimiento filosófico de la liberación. Reunidas en la Revista de Filosofía Latinoamericana, publicada en Argentina entre 1975 y1979, expresaban sus propias inquietudes del momento. Cf. A. Arpini, «Mujer y filosofía en el surgimiento de la filosofía latinoamericana de la liberación (1969-1979). La Revista de Filosofía Latinoamericana», en Estudios de filosofía práctica e historia de las ideas 21 (2019), pp. 1-34.

5 Ciertamente, la filosofía de la liberación de Dussel, que ha trascendido las fronteras de América Latina, es una de las filosofías latinoamericanas más comentadas, debatidas y explicadas en otros continentes.

6 Este acento en la colectividad y pluralidad del movimiento filosófico de la liberación se quedado manifiesto en trabajos anteriores. Cf. N. Solís Bello et al., «La filosofía de la liberación», en E. Dussel, E. Mendieta, y C. Bohórquez (eds.), El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y «latino» (1300-2000). Historia, corrientes, temas, filósofos, México, crefal-Siglo xxi, 2009, pp. 399-417.

MENDOZA, EUROPA Y MEDIO ORIENTE

Así como David Hume despertó a Kant del sueño metafísico, se podría decir que Leopoldo Zea despertó a Enrique Dussel del sueño eurocéntrico. No es, por otra parte, posible entender la filosofía de Dussel al margen de tres procesos históricos que motivaron su inicio, desarrollo y fortalecimiento: el proceso histórico, cultural y político de América Latina, las teorías filosóficas del siglo XX y aquel suscitado en el seno de su natal Argentina.

En el tránsito histórico por el siglo XX, América Latina experimentó revoluciones contra las élites criollas surgidas en el periodo independiente (México, Cuba, Nicaragua),1 y ya no procesos de liberación de la dominación española, portuguesa o inglesa, como en el siglo XIX, que estuvieron acompañados por diferentes movimientos filosóficos que buscaban las raíces latinoamericanas y su filosofía. A esto se suma la hegemonía geopolítica que Estados Unidos ganó en la región mediante el uso de instrumentos políticos y militares, esto último acentuado con la ola de golpes de Estado militares en Sudamérica.

No se trata ciertamente de una ruptura entre procesos históricos de diferentes épocas y momentos, sino de la continuidad en el proceso político de liberación de las colonias periféricas de América Latina. Si en el siglo XIX Latinoamérica buscó romper con el colonialismo extranjero, en el siglo XX sus naciones lucharon por transformar las relaciones de dominación derivadas de la emancipación colonial del siglo anterior, llamando a una rebelión contra las élites que se hicieron con el poder institucional de los Estados independientes, además de una relación de dominación geopolítica y económica por parte de Estados Unidos, principalmente después de la Segunda Guerra Mundial.

Si el proceso histórico latinoamericano del siglo XIX estuvo acompañado por filósofos independentistas y de la emancipación, como Servando Teresa de Mier, José María Morelos y Pavón, Simón Rodríguez, Simón Bolívar, José Cipriano de la Luz y Caballero,2 Juan Bautista Alberdi, entre otros, el comienzo del siglo XX estuvo marcado por filósofos como José Ingenieros, José Vasconcelos, José Gaos, José Carlos Mariátegui y Leopoldo Zea, con quienes comienza a consolidarse la problemática y formularse la pregunta acerca del pensamiento latinoamericano, siendo el filósofo mexicano Leopoldo Zea quien bebe de estos planteamientos y amplía el horizonte de estas problemáticas, llevándolas al debate de la conformación de la filosofía latinoamericana.3

Esta generación de filósofos de la primera mitad del siglo XX es el antecedente de aquella que promoverá la discusión sobre si existe una filosofía en América, diálogo en gran medida impulsado por la publicación de ¿Existe una filosofía de nuestra América?,4obra tan pequeña como provocadora de Augusto Salazar Bondy. A esta generación, que será seguida por Leopoldo Zea, Francisco Miró-Quesada, Luis Villoro, entre muchos otros, pertenece Enrique Dussel, cuya elaboración conceptual y teórica de su filosofía de la liberación responde en gran medida al reto que lanzaba Salazar Bondy en forma de pregunta, pues en su libro defendía que, dada la colonialidad de América, no se podía hablar de una filosofía auténtica o propiamente latinoamericana.

De estos filósofos, que además promovieron debates ulteriores en torno a la cuestión de la filosofía latinoamericana, fue Leopoldo Zea, con América como conciencia5 y América en la historia,6 quien representó una revelación para el joven Enrique Dussel. Así lo relata él mismo durante la década de 1960, cuando se encontraba en la Universidad de la Sorbona:

Mi primer descubrimiento filosófico fue la fenomenología, gracias a la lectura atenta de Merleau-Ponty, de La fenomenología de la percepción, y del Husserl traducido por Paul Ricœur al francés. Pero, al mismo tiempo, descubrí al personalismo-fenomenológico del mismo Ricœur. Ahora eran Historia y Verdad, y su obra de ese año 1961: La simbólica del mal. Todo esto me permitió comenzar a cambiar mi horizonte categorial. Una transformación difícil, dura, exigente, novedosa. Procedía de una posición filosófica tradicional. El proyecto latinoamericano que iba tomando forma exigía otra formación teórica. En ese momento, en París, meditaba lo que indicaba el filósofo mexicano Leopoldo Zea en su obra América en la historia (1957), en el sentido de que América Latina estaba fuera de la historia. Era necesario, desde nuestra pobreza colonial, encontrar un lugar en la Historia Mundial, descubrir nuestro ser oculto, reconstruir la historia de otra manera para «encontrarnos un espacio propio».7

Este testimonio indica las dos influencias que marcarán al joven Dussel: por una parte, la fenomenología (francesa y alemana), como se verá reflejado en Para una ética de la liberación latinoamericana;8 por otra, la incesante problemática desarrollada por Leopoldo Zea sobre América Latina y su lugar en la historia, así como la tarea de encontrar y desarrollar una filosofía latinoamericana.9 Esta será, sin embargo, una de las primeras estaciones en el camino de Dussel, pues en esa búsqueda incesante cobrará relevancia su experiencia como estudiante en Europa, lo que irá constituyendo el ethos filosófico que comenzará a desarrollar de forma sistemática en su filosofía de la liberación.10

Proveniente de Mendoza, provincia alejada de Buenos Aires y colindante con Chile,11 Dussel viajó a Madrid para cursar su doctorado en Filosofía en la Universidad Complutense. Este proyecto académico representó un período de diez años fuera de Argentina, primero en Francia, donde cursó una licenciatura en Teología en el Instituto Católico, y un segundo doctorado, esta vez en Historia, en la Universidad de la Sorbona, para después pasar dos años entre Israel, Nazaret y Alemania. Durante la larga estancia en Europa, Dussel experimentó vivencias existenciales que se verán reflejadas tanto en su obra filosófica como de historia de la filosofía y de las civilizaciones milenarias. Sobre su estadía en Madrid, relata:

Deseaba con pasión ir a Europa, y yendo hacia ella había tropezado, descubierto, para siempre, el mundo periférico que había estado antes fuera de mi horizonte teórico y práctico. Barcelona, el puerto, el tren de Madrid, el Colegio Guadalupe donde vivían doscientos estudiantes de todos los países latinoamericanos. Ahora América Latina tenía rostros diversos, nombres, vidas, amistades. En Madrid terminé de descubrir América Latina y se desarrolló una experiencia no sospechada con anticipación: no era europeo […], sino latinoamericano.12

¿Por qué se descubría Dussel como latinoamericano en Madrid? Hijo de padre con ancestros alemanes y de madre de familia italiana, ambos originarios de Buenos Aires, creció en la provincia de Mendoza, lejos de la capital. Creció y se educó en una zona pobre, provinciana: «Soy entonces provinciano, “de tierra adentro” (en Brasil: sertanejo), de andar descalzo o a caballo; alguien que ama la tierra, el polvo, el agua de los canales, la sombra de los árboles, la gente, lo campesinos».13 Durante su vida en Mendoza y en Buenos Aires, Dussel no había tenido contacto cercano con los rostros de la Patria Grande, América Latina. Su encuentro con los hermanos y hermanas latinoamericanas lo experimentará en Madrid, como él lo relata. Pero también será en Madrid donde se descubrirá existencialmente como latinoamericano, aunque sus padres eran descendientes de familias de Europa «central». Frente al ego europeo, Dussel descubre su latinoamericaneidad.

De hecho, descubrirse latinoamericano en Europa, descubrir los diferentes rostros de la Patria Grande, como la llamaría Simón Bolívar, se da junto con su viaje a Jerusalén. Allí vivenciará el Otro de Europa, ya no latinoamericano sino semita que, aunque constitutiva de Europa, se trata de una cultura relegada en la historia de la modernidad helenocéntrica a un estadio premoderno, como paso necesario pero no suficiente de la madurez de Europa. Sin embargo, el periodo que Dussel pasó en Jerusalén será decisivo en su historia vital y filosófica, pues su motivación era la búsqueda de los orígenes latinoamericanos o, al menos, uno que marcó a América Latina: el cristianismo heredado por la intervención militar de la corona española en Amerindia y su continuación pedagógico-cultural por parte de los primeros franciscanos llegados a Tenochtitlán, nombre del entonces centro del valle de México.14

De regreso en Israel, invitado por Paul Gauthier, sacerdote francés que conoció en su primer viaje a ese país de Medio Oriente, Dussel vivió y trabajó de carpintero en Nazaret, ciudad en la que también encontró al Otro expresado en la pobreza, la opresión y la miseria. El Otro ya no solo era América Latina, sino también la comunidad árabe, en la que vivenció otro modo de ser:

La vida en comunidad entre los compañeros árabes junto a Paul Gauthier, abrió mi mente, mi espíritu, mi carne, a un proyecto nuevamente insospechado. Ahora no era solo América Latina; ahora eran los «pobres» (obsesión de Paul Gauthier), los oprimidos, los miserables de mi continente lejano.15