Ensayo político sobre la isla de Cuba - Alejandro de Humboldt - E-Book

Ensayo político sobre la isla de Cuba E-Book

Alejandro de Humboldt

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Beschreibung

Ensayo político sobre la isla de Cuba, de Alejandro de Humboldt, es para la historiografía cubana un segundo descubrimiento de la isla. Humboldt afirma en esta obra que buena parte de las costas cubanas no han sido recogidas en mapas precisos. Demuestra, además que por entonces se desconocían las profundidades de sus aguas y las coordenadas geográficas necesitaban ser corregidas. La aproximación de Humboldt a Cuba no es solo de carácter estrictamente científico, no solo se interesa por su fauna, su flora o su geología. Nuestro autor va un paso más allá y analiza también las condiciones socioeconómicas y los factores que pueden contribuir al esplendor o la decadencia de la isla: En los países donde se han ejecutado grandes operaciones geodésicas, el trazar y redactar un mapa se reduce a una operación gráfica de suma sencillez, y cesan las combinaciones, cuando por una serie no interrumpida de triángulos se han determinado con exactitud las relaciones de distancia y de situación. La geografía de la América dista mucho de aquel estado de perfección, en que no se marcha a tientas y en que no es difícil la elección entre materiales de un valor muy desigual. Una gran parte de las costas (en el norte de Cuba, en Choco, en Guatemala y en México, desde Tehuantepec hasta San Blas) no han sido todavía reconocidas cuidadosamente. Algunas posiciones astronómicas sin conexión pueden únicamente guiar al geógrafo en el interior de las tierras. Cuando tales puntos, suficientemente comparados, se agrupan por sistemas y se reúnen por medio de líneas cronométricas, la certidumbre es mucho mayor, pero para evitar en adelante el inconveniente de variaciones parciales que se intenten acerca de puntos que dependen unos de otros, es indispensable exponer en el análisis de cada mapa la clase de elementos que han servido de base para hacerlo. Así es como en los trabajos que hice en la América meridional, los llanos de Venezuela, el Orinoco, el Casiquiare y el Río Negro forman un solo sistema de oposiciones unido por la transposición del tiempo a Cumaná y a Caracas, cuya posición se funda en observaciones astronómicas absolutas. Ensayo político sobre la isla de Cuba es también libro clave en el análisis de la esclavitud en el Caribe en la primera mitad del siglo XIX.

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Seitenzahl: 443

Veröffentlichungsjahr: 2010

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Alejandro de Humboldt

Ensayo político sobre la isla de Cuba

Barcelona 2020

Linkgua-digital.com

Créditos

Título original: Ensayo político sobre la isla de Cuba.

© 2020, Red ediciones S.L.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard

ISBN rústica: 978-84-9007-779-5.

ISBN ebook: 978-84-9007-477-0.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Presentación 9

La vida 9

Análisis raciocinado del mapa de la isla de Cuba 11

Capítulo I. Consideraciones generales acerca del aspecto físico de la isla de Cuba 29

Capítulo II. Extensión. División territorial. Clima 49

Capítulo III. Población 84

Capítulo IV. la agricultura 120

Azúcar 121

Café 148

Tabaco 151

Otros productos 153

Cera 154

Capítulo V. Comercio 156

Capítulo VI. Hacienda 173

Capítulo VII. De la esclavitud 180

Capítulo VIII. Viaje al valle de Güines, al Batabanó y al puerto de la Trinidad, y a los Jardines y Jardinillos del rey y de la reina 195

Libros a la carta 225

Presentación

La vida

Alejandro de Humboldt nació en Berlín, 14 de septiembre de 1769 y falleció en la misma ciudad el 6 de mayo de 1859. Fue naturalista, geólogo, mineralogista, astrónomo, explorador, sismólogo, vulcanista, y demógrafo.

Apasionado por la botánica, la geología y la mineralogía, tras estudiar en la Escuela de Minas de Freiberg y trabajar en un departamento minero del gobierno prusiano, en 1799 recibió permiso para embarcarse rumbo a las colonias españolas de América del Sur y Centroamérica.

Entre 1804 y 1827 se estableció en París, donde se dedicó a la recopilación, ordenación y publicación del material recogido en su expedición, contenido en treinta volúmenes que llevan por título Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.

Humboldt está considerado como uno de los últimos grandes ilustrados, con una vasta cultura enciclopédica, cuya obra abarcaba campos tan dispares como los de las ciencias naturales, la geografía, la geología y la física.

Bolívar solía decir de Humboldt: «Descubridor científico del Nuevo Mundo cuyo estudio ha dado a América algo mejor que todos los Conquistadores juntos».

Análisis raciocinado del mapa de la isla de Cuba

En los países donde se han ejecutado grandes operaciones geodésicas, el trazar y redactar un mapa se reduce a una operación gráfica de suma sencillez, y cesan las combinaciones, cuando por una serie no interrumpida de triángulos se han determinado con exactitud las relaciones de distancia y de situación. La geografía de la América dista mucho de aquel estado de perfección, en que no se marcha a tientas y en que no es difícil la elección entre materiales de un valor muy desigual. Una gran parte de las costas (en el norte de Cuba, en Choco, en Guatemala y en México, desde Tehuantepec hasta San Blas) no han sido todavía reconocidas cuidadosamente. Algunas posiciones astronómicas sin conexión pueden únicamente guiar al geógrafo en el interior de las tierras. Cuando tales puntos, suficientemente comparados, se agrupan por sistemas y se reúnen por medio de líneas cronométricas, la certidumbre es mucho mayor, pero para evitar en adelante el inconveniente de variaciones parciales que se intenten acerca de puntos que dependen unos de otros, es indispensable exponer en el análisis de cada mapa la clase de elementos que han servido de base para hacerlo. Así es como en los trabajos que hice en la América meridional, los llanos de Venezuela, el Orinoco, el Casiquiare y el Río Negro forman un solo sistema de oposiciones unido por la transposición del tiempo a Cumaná y a Caracas, cuya posición se funda en observaciones astronómicas absolutas.1 Más al oeste he unido en un segundo sistema el río Magdalena, la loma de Bogotá, Popayán, Pasto, Quito, el río de las Amazonas y el bajo Perú, desde los 10º 25’ de latitud norte hasta los 12º 2’ de latitud sur. Este último grupo de posiciones, que termina por un lado en Cartagena de Indias y por otro en el Callao de Lima, se han unido modernamente al primero por una línea cronométrica dirigida del oeste al este. Los señores Roulin, Rivero y Boussingault han observado la hora de Bogotá a la embocadura del río Meta que se halla cerca de 6’ en arco al este de la aldea india de Cariben, en marzo de 1824; y hallaron la diferencia de meridiano de aquella embocadura, respecto del de Bogotá, de 0h 26’ 7”, siendo así que mis observaciones2 hechas sobre una roca llamada Piedra de la Paciencia, que se levanta en medio de la Boca del Meta, en abril de 1800, y en Santa Fe de Bogotá, en julio y septiembre de 1801, señalan la diferencia de longitud 0h 25’ 58”. Véase pues, a Cumaná o el delta del Orinoco unidos por una serie de operaciones en el interior de las tierras, a las costas del mar del sur, cerca de Callao en el Perú.

He citado este ejemplo que presenta una línea cronométrica de 640 leguas de largo, y en la cual muchos puntos intermedios están fundados en observaciones absolutas, para probar cómo podrían los gobiernos libres de América, con solo emplear medios astronómicos, procurarse, en poco tiempo y a poca costa, un bosquejo de los mapas de su vasto territorio, y cito este ejemplo particularmente, para recordar la necesidad de un análisis raciocinado de los trabajos que se han intentado hasta aquí. No se puede, ni perfeccionar lo que se ha bosquejado, rectificando los puntos intermediarios, ni dar a conocer los espacios que todavía no se han llenado suficientemente, sin poner a los geógrafos en estado de apreciar por sí mismos el grado de certidumbre a que se habían lisonjeado llegar. La publicación de estos análisis es especialmente indispensable para los progresos de la geografía astronómica, cuando se han hecho en los nuevos mapas grandes variaciones de posición y de configuración, y cuando otras variaciones futuras nos expondrían a graves errores, si no se conociese con exactitud la conexión o dependencia relativa de un cierto número de posiciones.

Para la formación del mapa de la isla de Cuba me he servido de observaciones astronómicas de los más hábiles navegantes españoles, y de las que yo tuve ocasión de hacer al oeste del puerto de la Trinidad, en el Cabo San Antonio, en La Habana, entre esta ciudad y el Batabanó, en los Jardines y Jardinillos, desde la punta de Matahambre hasta la boca del río Guarabo. El conjunto de mis observaciones se publicó muy por menor en el Recueil d’Observations astronomiques... En el mapa de la isla de Cuba, trabajado en el año 1819 y publicado en 1820, se ven puestos hacia el sur el puerto de Batabanó y los cayos Flamenco, Piedras y Diego Pérez, el puerto de la Trinidad y el cabo Cruz, en sus verdaderas posiciones; pero la latitud de la costa septentrional de la isla de Pinos3 y toda la configuración de la costa meridional de Cuba, desde el cabo San Antonio hasta el extremo oriental de los cayos de las Doce Leguas, estaban en aquel mapa tan equivocadas, como en los demás, por otra parte bien dignos de elogio, publicados hasta entonces por el Depósito Hidrográfico de Madrid. En 1821, fue cuando se publicaron las rectificaciones importantes de la costa meridional de Cuba, hechas en 1793, por el teniente de navío don Ventura Barcaiztegui, y en 1804, por el capitán de fragata don José del Río. En la segunda impresión de mi mapa de la isla de Cuba (de 1826), se han adoptado estas rectificaciones entre punta de la Llana y el cabo San Antonio, y también (exceptuando la posición de la Trinidad) entre la cabeza del este de los Jardinillos y Cabo de Cruz. La parte intermedia, desde longitud 83º 30’ hasta 86º 20’, entre la laguna de Cortés, la isla de Pinos y la ensenada de Cochinos, está copiada de un borrón que mi sabio amigo Felipe Bauzá, antiguo director del Depósito Hidrográfico de Madrid, ha tenido a bien hacer para mí en el mes de mayo de 1825, durante mi estancia en Londres. Al remitirme este borrón el compañero infatigable de la expedición de Malaspina, me dice que ha combinado y reunido mis graduaciones con las hechas por el señor del Río, y que trabaja en finalizar un gran mapa de la isla de Cuba en cuatro pliegos, para el cual ha examinado de nuevo el conjunto de materiales que posee. El nombre del señor Bauzá es fiador de la excelencia de su obra.

La historia de la geografía de la isla de Cuba ha tenido las mismas vicisitudes que la geografía de las demás Antillas y de las costas orientales del Nuevo Continente. Se empezó colocando todos los puntos demasiado al oeste. Cristóbal Colón4 dedujo de lo que llamaba las reglas de la astronomía, que el cabo San Antonio se hallaba a los 75º al oeste del meridiano de Cádiz. Este error de 3 1/2º se aumentó todavía con 4º en el mapamundi del célebre piloto mayor Pedro de Medina,5 publicado en 1576. El Cuarterón de Bartolomé de la Rosa, conservado en el depósito de mapas de Madrid, coloca todavía, en 1755, La Habana a los 79º 14’ al oeste del meridiano de Cádiz, y hay error de 3º 9’, aunque ya, en 1729, Casini6 había deducido de las observaciones de eclipse de Luna y de satélites de Júpiter hechas en La Habana por don Marco Antonio de Gamboa, desde 1715 a 1725, la verdadera longitud de aquella capital con un error menor de 45” de tiempo. El señor Oltmanns ha discutido7 con mucha sagacidad y calculado de nuevo, según las tablas de Burg y de Triesnecker, las observaciones de Gamboa, y ha deducido el resultado medio de 5h 38’ 57”. La verdadera longitud del Morro de La Habana es de 5h 38’ 49”; conformidad bien de admirar en este género de observaciones. Si el Cuarterón de don Bartolomé de la Rosa está equivocado en las longitudes absolutas, y coloca de nuevo La Habana a 3 1/4º demasiado al oeste, presenta por el contrario, como lo observa el señor Espinosa, las longitudes relativas con una rara exactitud. Las diferencias de los meridianos del Morro de La Habana, de Punta de Guanos y de Cayo Largo, a la entrada del canal de Bahama, están exactas en él; pero esta exactitud en las situaciones, tan importantes para los buques que quieren evitar, al desembocar, los encalladeros de la Florida y del Placer de los Roques (Salt Keis), se advierte ya, aun en los antiguos mapas manuscritos del capitán Francisco de Seijas y Lobera8 hechos en 1692.

Don Vicente Doz, de vuelta de su viaje a California, donde con el abate Chappe, había observado el paso de Venus, se detuvo en la isla de Cuba, y determinó la longitud de La Habana a 85º 7’, cometiendo el error de más de un medio grado. Una longitud del todo semejante (85º 10’) se adoptó en el célebre Mapa y plano del seno mexicano de don José de San Martín Suárez, hecho, en 1778, conforme a los dictámenes de una reunión de pilotos en La Habana. Este mapa, que durante mucho tiempo ha sido demasiado general, ha causado un gran número de naufragios.

Desde los años 1792 y 1795, ha empezado una nueva era para la geografía de la isla de Cuba y de todas las costas del canal de las Antillas. Los trabajos de Barcaiztegui, la Rigada, Churruca, Ferrer, del Río, Cevallos y Robredo se sucedieron rectificando el circuito de las costas; y gracias a los cálculos y sabias discusiones de los señores Ferrer9 y Oltmanns,10 La Habana es uno de los puertos de la América, cuya posición astronómica está mejor determinada. Don Ventura de Barcaiztegui, desde 1790 a 1794, graduó el litoral entre Santiago de Cuba y punta Maternillos a la entrada oriental del Canal Viejo de Bahama. Los trabajos de don José del Río (1802 a 1804) abrazan la costa meridional entre el cabo San Antonio y el cabo de Cruz. Lo poco que conocemos, desde 1792, del Canal Viejo se debe al celo del capitán de correos don Juan Enrique de la Rigada.11 Pero en esta parte, entre punta Maternillos y el puerto de Matanzas, como más al oeste, entre Bahía Honda y el cabo San Antonio, queda todavía mucho que hacer por medios astronómicos; porque las posiciones en longitud son allí del todo inciertas, y por desgracia esta incertidumbre comprende un espacio de 135 leguas marítimas.

En cuanto al interior de la isla de Cuba es una tierra desconocida, a excepción del triángulo entre Bahía Honda, Matanzas y el Surgidero del Batabanó. En este triángulo he determinado yo astronómicamente las posiciones del fondeadero, junto a la villa de San Antonio de los Baños, de Río Blanco, del almirante, de Antonio de Beitia, de la aldea de Managua y de San Antonio de Bareto. Al este de los Güines me serví, para trazar el interior de la isla, de dos borrones de grandes puntos trabajados en La Habana misma, en 1803 y 1805; pero estos dos borrones se contradicen con demasiada frecuencia. La forma general de la isla de Cuba depende de la posición precisa del cabo San Antonio de La Habana, del Batabanó, del cabo Cruz y de la punta Maysí. La Habana y el Batabanó determinan el minimun de lo ancho de la isla, que es de 8 1/3 leguas marítimas, siendo así que los antiguos mapas (aun los del Depósito, publicados en 1799) le atribuyen 16 leguas. Por grandes que sean las imperfecciones de mi mapa para el interior de Cuba, a lo menos es el primero que presenta los contornos trazados conforme al conjunto de las posiciones astronómicas, cuyo conocimiento debemos a los trabajos de los navegantes españoles. Los nombres de todas las ciudades y villas están indicados en él, pero sin que se pueda de modo alguno responder de la exactitud de sus distancias respectivas. Estas indicaciones son importantes para los que se consagran a las investigaciones estadísticas acerca del repartimiento desigual de la población. Lo largo de los nombres, su composición y semejanza (San Felipe y Santiago de Bejucal, Santiago de las Vegas o Compostela, San Antonio Abad o de los Baños) han causado mucha confusión en los antiguos mapas. Habiendo indicado los orígenes de que me he valido, me limitaré a un corto número de indicaciones parciales.

Habana. El cronómetro me había señalado para la traslación del tiempo de Nueva Barcelona al Morro de La Habana, pero después de 26 días de navegación con mar gruesa, 5h 38’ 40”, suponiendo a Nueva Barcelona 4h 28’ 19,2”. Ocho eclipses de los satélites de Júpiter que yo observé, juntamente con don Dionisio Galiano, y otras muchas más observaciones del señor Robredo, han dado al señor Oltmanns el resultado definitivo de 5h 38’ 52,5”, u 84º 43’ 7,5”.12 Después de mi vuelta a Europa, particularmente desde 1806 hasta 1812, observaron en La Habana, don José Joaquín de Ferrer y don Antonio Robredo, un número mucho mayor de ocultaciones de estrellas que las observadas hasta ahora para sitio alguno de América. En una memoria que el señor Ferrer entregó a su paso por París (en junio de 1814) al señor Aragó, y que se ha publicado en Connaissance des Temps para el año 1817, fijó el Morro a los 84º 42’ 44”, pero este navegante español, cuya muerte prematura han sentido todos los amigos de las ciencias, en otra memoria manuscrita más moderna, confiada al señor Bauzá, se fija en los 84º 42’ 19”, suponiendo a Cádiz a los 8º 37’ 45” al oeste de París. En la Recueil d’Observations astr... el señor Oltmanns y yo para la diferencia de meridianos del Morro de La Habana y de Veracruz 13º 45’ 52”. El hemos señalado al señor Bauzá, que ha examinado de nuevo las posiciones de La Habana, de Veracruz y de Puerto Rico,13 halla 13º 45’ 40,5”, lo que discorda de nuestro resultado menos de un segundo de tiempo. Diferencia meridiana entre el Morro de La Habana y el Fuerte Real de la Martinica en la expedición de la Bayadére, según el señor Givry, 21º 21’ 26”.

Bahía Honda. El Potrero de Madrazo, que es el punto más meridional de la bahía, se halla, según Ferrer14 a la latitud de 22º 56’ 7”, longitud 0º 49’ 26” al oeste del Morro de La Habana. El señor Bauzá, fundado en esta observación, pone la embocadura de la bahía, entre el Morillo y punto de Pescadores, a los 85º 31’ 11”, suponiendo al Morro de La Habana a los 84º 42’ 19”.

Cabo San Antonio. Mi cronómetro ha señalado en el surgidero 87º 17’ 22”, y yo pongo el cabo a los 2º 34’ 15” al oeste del Morro de La Habana. El señor Espinosa, en las Memorias del Depósito Hidrográfico de Madrid, se había fijado en los 87º 8’ 41”; pero como coloca el Morro de La Habana un poco más al oeste que yo,15 es preciso atenerse a las diferencias de meridianos que resultan, según las Memorias, de 2º 24’ 27”. Sin embargo, el señor del Río16 había encontrado también 78º 39’ 0” Cz., u 87º 16’ 45” P.; lo que solo discorda de mi resultado 37” en arco. El capitán Monteath halla 87º 19’ 23”; pero este resultado parece que depende de la longitud de Puerto Real en la Jamaica, la que los navegantes ingleses no fijan de un modo uniforme.17 Batabanó. El original español del mapa de don José del Río18 presenta latitud 22º 42’ 30”, longitud 84º 43’ 15”. El señor Espinosa había indicado en la tabla de las posiciones, latitud 22º 43’ 10”. El señor Oltmanns ha deducido de las operaciones geodésicas del señor Le Maur, la latitud de 22º 43’ 19”, longitud 84º 45’ 56”. El señor Bauzá, después de diferentes combinaciones, se ha fijado en la latitud 22º 43’ 34”, longitud 84º 46’ 23”.

Tetas de Managua. Habiendo hecho observaciones, al norte y al sur de las Tetas, en la aldea de Managua y en San Antonio de Bareto,19 suponía yo la Teta oriental a 22º 57’ 38”. Importa observar bien las operaciones trigonométricas de Don Pedro de Silva, que me comunicó el señor Robredo, y de las que parece resultar una latitud más boreal; pero estas operaciones dependen de las posiciones absolutas del campanario de Guanabacoa y del mirador del Marqués del Real Socorro.20 Trinidad. He examinado la latitud de esta ciudad durante mi segunda estancia en La Habana,21 y no he seguido la posición del nuevo mapa español trazado conforme a las observaciones del señor Del Río, que señalan 21º 42’ 40”. Tres estrellas observadas en circunstancias que no eran igualmente favorables me señalaron, en la única noche en que pude hacer observaciones en la Trinidad, 21º 48’ 20”. Ya Gamboa y el señor de Puysegur habían hallado, el uno 21º 46’ 35” y el otro 21º 47’ 15”. Al volver de los Jardinillos de la isla de los Pinos, he obtenido yo por la traslación del tiempo de La Habana, para la diferencia de la longitud del Morro de La Habana y del pueblo de la Trinidad, a la Popa, 2º 22’. Esta longitud coincide22 con la del mapa especial del señor Del Río, que señala 82º 23’ 45”. El puerto de Casilda es de 3’ 30” más al sur de la ciudad, pero en su meridiano. El señor Del Río, según sus notas manuscritas, pone la boca de Guaurabo (punta sur) a la latitud de 21º 42’ 24”, longitud 73º 49’ 45” Cz.

Cabo de Cruz. He seguido la posición del señor Ferrer, latitud 19º 47’16”, longitud 4º 38’ 29” al este del Morro de La Habana. El señor Del Río:23 latitud 19º 49’ 27”, longitud 80º 3’ 27”.

Morro de Santiago de Cuba. El señor Oltmanns, al referir las observaciones de don Ciriaco Cevallos en la posición de Puerto Rico, halla 78º 21’ 42”. El señor Bauzá adopta para el Morro de Santiago, 78º 16’ 41”, y para el puerto de Guantánamo, 77º 35’ 36”. Mi mapa pone este último a 77º 38’.

Punta de Maisí. Esta es también una posición que depende cronométricamente de la de Puerto Rico. Se han suscitado nuevas dudas acerca de la longitud de este último punto, la que se creía fijada con una extrema exactitud. El señor Von Zach24 la encuentra aun incierta de 5’ a 6’ en arco. Los resultados discordan de esta cantidad, según que se confundan o separen observaciones de un valor muy desigual. El señor Bauzá, suponiendo al Morro de Puerto Rico 59º 50’ 44,5” Cz., obtiene para la Punta de Maisí 76º 26’ P.

Excelentes cronómetros de don José Luyando han señalado para Punta de Maternillos, latitud 21º 39’ 40”, longitud 70º 46’ 23”, al oeste de Cádiz, y para los tres puntos siguientes: Punta de Mangles, 19º 52’ 33”; Cayo de Moa, 21º 17’ 10”; Cayo de Guinchos, 18º 2’ 9”, al este del castillo de San Juan de Ulua, que yo coloco longitud 98º 29’. Añadiré también, conforme a la graduación original de las observaciones de don José del Río: Boca del río San Juan,25 Punta No, latitud 21º 48’ 18”, longitud 74º 3’ 5” Cz.; Boca de Jagua, latitud 22º 1’ 7”, longitud 74º 18’; Punta Matahambre, extremidad No, latitud 22º 21’ 34”, longitud 75º 53’ 29”; Cayo Flamenco, latitud 22º 1’ 0”, longitud 75º 20’ 8”; Cayo de don Cristóbal, el más meridional,26 Punta del Sur, latitud 22º 50’ 3”, longitud 75º 35’ 30”; Piedras de Diego Pérez, latitud 22º 1’ 39”, longitud 75º 18’ 15”; Cayo de Piedras (no se debe confundir con otro cayo del mismo nombre cerca de Boca Grande, al este de Cayo Bretón),27 latitud 21º 57’ 39”, longitud 74º 49’ 48”.

El cabo SE de isla Anguila, según el capitán Du Mayne, que ha enriquecido mucho la geografía de las Antillas, está: latitud 23º 29’ 30”, longitud 79º 27’ 0” Gr., u 81º 47’ 15” P.; pero el señor Bauzá prefiere 81º 45’ 19”.

He quedado muy en duda acerca de la verdadera posición de la villa del Príncipe (Camagüey), en que Gamboa observó las alturas meridianas de muchas estrellas y (el 15 de agosto de 1714) una inmersión del primer satélite de Júpiter. El señor Oltmanns halla, para la latitud que parece ser muy segura, 21º 26’ 34”; pero, adoptando la longitud de 80º 39’ 30”, la villa del Príncipe casi coincidiría con el meridiano de Sabana la Mar; cerca de la Punta de Judas, al este del punto en donde, según los mapas manuscritos que me han enviado de La Habana, he situado yo a Morón. Este modo de fijar la relación de la villa del Príncipe con la costa septentrional, me parece muy aventurado en el estado actual de la geografía del Canal Viejo de Bahamas. Es harto cierto que hay grandes errores de longitud al oeste de Punta Maternillos; pero si llegan o no a un grado, lo ignoramos todavía. Los señores Ferrer y Luyando han reconocido ya un error de 28’ en arco en el Cayo de Guinchos. El señor Bauzá me dice que en el mapa manuscrito levantado por orden del Conde de Jaruco (el cual es muy defectuoso por las distancias y la configuración de la costa), la ciudad de Santa María de Puerto Príncipe está situada S 36º O de la Silla de Cayo Romano, a distancia de 54 millas; pero ¿cómo poner de acuerdo una posición tan occidental con el mapa manuscrito de don Francisco María Celi, en el que la ciudad de Puerto Príncipe se pone apenas 0º 16’ al oeste de la embocadura del río Máximo, y al mismo tiempo en el meridiano28 de Cayo Confites? En la segunda edición del mapa de Cuba he suprimido yo el nombre de Puerto Príncipe tomado del mapa de Jefferis. Sin embargo, es cierto (y lo indica el plan manuscrito de Celi) que había en otro tiempo, al este de Punta Curiana, entre las embocaduras del río Caunao y de río Jigüey, un sitio habitado que se llamaba Embarcadero del Príncipe.

La villa de Sancti Spíritus se halla, según las buenas observaciones de latitud de Gamboa, a los 21º 57’ 37”. Un solo eclipse de satélite hace oscilar la longitud entre los meridianos de 81º 47’ y 82º 9”.

Los Caimanes. He examinado en otro paraje29 la posición de estos islotes que andan vagando mucho tiempo ha en nuestros mapas hidrográficos. Los hermosos mapas del Depósito de Madrid han señalado, en diferentes épocas, al cabo NE del Gran Caimán (de 1799 a 1804) 82º 58’; 83º 40” (en 1809), y de nuevo, 82º 59’ (en 1821). Esta última posición, indicada en el mapa de Barcaiztegui y de Del Río, es idéntica con la que a mí me pareció poder deducir de algunas alturas de Sol tomadas en tiempo de marejada, a 12 millas de distancia, cuando los pilotos decían hallarse, según las demarcaciones de la brújula, en el meridiano del centro de la isla. El horizonte estaba malo y nebuloso, y sin embargo los ángulos horarios estaban harto de acuerdo para no dejar duda de 12” de tiempo acerca de la longitud del navío. ¿Puede, por ventura, admitirse un desarreglo considerable en la marcha del cronómetro de Luis Berthoud, cuando, seis días después, el mismo reloj ha señalado con mucha exactitud la longitud del cabo San Antonio (87º 17’ 22”)? Es más probable que yo no me hallaba frente al centro del Gran Caimán y que el juego de las atracciones magnéticas causó graves errores en la demarcación con la brújula. He aquí otros datos: Mapa de Purdy, según las observaciones del capitán Livingston (1823), al cabo SO del Gran Caimán, 83º 52’; al cabo NE, 83º 24’; mapa de la costa meridional de Cuba, edición del Depósito francés de la marina, publicado en 1824, y rectificado por el capitán Rousin, quien, juntamente con el sabio hidrógrafo señor Givry, ha perfeccionado tanto la geografía del Brasil, cabo No, 83º 46’ (latitud 19º 24’); mapa del capitán Du Mayne, cabo No, 83º 49’ 15” (lat. 19º 22’ 30”); cabo SO, 83º 47’ (latitud 19º 14’). Esta última posición es la que se ha adoptado en la segunda edición del mapa de la isla de Cuba. El señor Sabine refiere el lugar de sus observaciones acerca de la intensidad de las fuerzas magnéticas30 a la latitud 19º 25’, y a la longitud 83º 25’ 15”.

El mapa de Del Río señala, para la longitud No del Caimán Chico occidental 82º 25’; pero el señor Bauzá adopta 82º 2’ (latitud 19º 44’). Yo hallé que el cabo oriental del Caymambrac o Caimán Chico oriental, uniendo aquel punto cronométricamente a Trinidad de Cuba,31 después de 36 horas de navegación, estaba a 82º 7’ 37”. La traslación de tiempo de Puerto Rico había dado al señor Cevallos 81º 59’ 36”, suponiendo la Aguadilla 0º 59’ 54” al oeste del Morro de Puerto Rico, y a éste, según el señor Oltmanns, a los 68º 33’ 80”. Tantas dudas acerca del Gran Caimán y los dos Chicos, que los navegantes confunden algunas veces, no se resolverán definitivamente sino cuando un mismo observador, con el auxilio de muchos cronómetros, haya examinado sucesivamente los tres islotes y determinado el largo de ellos y sus distancias respectivas32 refiriéndolos al meridiano del cabo San Antonio.

Tomando este mismo cabo por base de todas las operaciones hechas en la costa meridional de la isla de Cuba, se puede examinar el grado de discordancia real que presentan los resultados de diferentes observadores. Por ejemplo, el capitán de fragata don José del Río no señala, en las notas manuscritas, la longitud del Morro de La Habana; pero reduciendo los Jardinillos al cabo San Antonio, que coloca a unos 37” en arco más al este que yo, se reconoce que este navegante supone los cayos generalmente de 4’, algunas veces aun de 6’ a 9’ más al este que yo.

Diferencia de los meridianos del cabo San Antonio y de Cayo

Del Río

Humboldt

Flamenco

Piedras de Diego Pérez

Cayo de Piedras

3º 18’ 52”

3º 20’ 45”

3º 49’ 12”

3º 13’ 50”

3º 14’ 20”

3º 40’ 10”

Más al este, las diferencias se hacen menores repentinamente, porque hallamos la diferencia de longitud del cabo San Antonio y de

Del Río

Humboldt

Río San Juan

4º 35’ 55”

4º 36’ 33”

Boca de Jagua

Ciudad de Trinidad

4º 21’ 0”

4º 53’ 0”

3º 23’ 0”

4º 56’ 15”

33

Dudo que el cabo San Antonio se haya reunido al cabo de Cruz por una triangulación continua; y la incertidumbre de los ángulos horarios tomados sobre el horizonte del mar, en el uso de los cronómetros, puede complicarse con la incertidumbre que resulta de la marcha desigual de los relojes. Lo que me inclinaría a creer que el error está quizás menos de mi parte, es el acuerdo bastante grande entre mis longitudes de los Jardinillos y las que publicó el señor Espinosa.34 La diferencia media solo es de 12” a 15” de tiempo.

Nombres de los sitios

Longitud al este

Latitud boreal del Batabanó

Espinosa

Del Río

Espinosa

Humboldt

Cayo Flamenco Cayo de Don Cristóbal Piedras de Diego Pérez Cayo de Piedras Punta Matahambre

22º 2’ 30” 22º 12’ 4” 22º 0’ 40” 21º 56’ 40” 22º 18’ 5”

22º 1’ 0” 0º 22º 5’ 30” 22º 1’ 39” 21º 57’ 39” 22º 21’ 34”

46’ 11” 0º 0º 25’ 11” 0º 46’ 41” 1º 8’ 46” 0º 0’ 11”

42’ 24” 0º 24’ 56” 0º 42’ 54” 1º 8’ 44” 0º 6’ 56”

En cuanto a las latitudes de los Jardinillos, que no son las mismas en los manuscritos del señor Del Río y en la tabla del señor Espinosa, debo recordar aquí que yo ninguna he determinado en tierra, sino que solo son aproximativas y sacadas de las alturas meridianas tomadas anteriormente.

Estado de las posiciones geográficas de la isla de Cuba, determinadas por las observaciones astronómicas

Nombres de los sitios

Latitud boreal

Longitudes al oeste de París

Nombres de los observadores y advertencias

Habana, fanal del Morro

23º 9’ 24,3”

84º 43’ 7,5”

Robredo, Ferrer, Galiano, Humboldt (resultado definitivo del señor Oltmanns en 1808).

Ferrer en 1817, no pasó de 84º 42’ 44”, y posteriormente, de 84º 42’ 19” en vista de 21 ocultaciones de estrellas.

Teta oriental de Managua

22º 58’ 3”

84º 40’ 0”

Le Maur, Ferrer, Humboldt.

Managua, aldea

22º 58’ 48”

84º 37’ 34”

Humboldt, long Incierta, lat. Segura a 10” o 12” con corta diferencia.

San Antonio de Bareto

22º 56’ 34”

Río Blanco

22º 51’ 24”

84º 31’ 15”

Humboldt

El almirante

22º 57’ 36”

84º 36’ 7”

Humboldt

San Antonio de Beitia

22º 53’ 25”

84º 39’ 13”

Humboldt

El Fondeadero

22º 51’ 34”

84º 54’ 30”

Humboldt

(cerca de la ciudad de San Antonio de los Baños), Humboldt

Los Güines

22º 50’ 27”

Le Maur

Ingenio de Seibabo

22º 52’ 15”

Le Maur

San Antonio de los Baños

22º 53’ 31”

Le Maur

Madruga, aldea

22º 55’ 0”

84º 12’ 23”

Ferrer

Cafetal de San Rafael

22º 57’ 16”

84º 9’ 28”

Ferrer

Mesa del Mariel

22º 57’ 24”

85º 0’ 20”

Ferrer (la medianía de Guanajay)

Torreón del Mariel

85º 3’ 14”

Ferrer

Matanzas, ciudad

23º 02’ 28”

83º 57’ 59”

Ferrer

Pan de Matanzas

23º 1’ 55”

84º 2’ 49”

Ferrer

Punta de Guanos

23º 9’ 27”

84º 1’ 07”

Ferrer

Madrazo

22º 56’ 07”

85º 32’ 33”

Ferrrer (punto más meridional de bahía Honda)

Morrillo de Bahía

85º 31’ 15”

Ferrer

Honda

22º 59’ 0”

Nos hemos limitado, en el estado de las posiciones de la isla de Cuba, a un número muy corto, porque las más importantes se han examinado en las páginas anteriores. Como casi todas dependen de la determinación exacta del meridiano de La Habana (el del Morro), se ha entendido a los 23” en arco, en que el señor Ferrer (según una memoria publicada en 1814) y a los 48” en arco en que el señor Bauzá (según una memoria de Ferrer formada poco antes de su muerte) colocan el meridiano más al este que Oltmanns. Si yo he indicado el resultado antiguo de este escritor en el estado de las posiciones, es únicamente para conservar más armonía entre los otros puntos y los estados insertos en mi Recueil d’Observations astronomiques... Por otra parte, solo se trata de diferencias de longitudes entre el Morro y los otros puntos (los cabos, los cayos, etc.) y acerca de éstos, una duda de 3” de tiempo se pierde entre varias lecturas. Excluyendo los eclipses de Sol, de los cuales los del 21 de febrero de 1803 y del 16 junio de 1806 señalan una longitud muy occidental, y no atendiendo sino a las solas ocultaciones (son dieciséis publicadas por el señor Ferrer hasta 1814), hallo para el Morro de La Habana 84º 42’ 18,5”. De estas dieciséis ocultaciones, las diez no se apartan más de 1” de tiempo en un resultado medio.

Estado de las posiciones geográficas de la isla de Cuba, determinadas por las observaciones astronómicas (cont.)

Nombres de los sitios

Latitud boreal

Longitudes al oeste de París

Nombres de los observadores y advertencias

Pan de Guaijabón

22º 47’ 31”

85º 44’ 36”

Ferrer

Cabo San Antonio

21º 49’ 54”

87º 17’ 22”

Humboldt

Batabanó

22º 43’ 19”

84º 45’ 56”

Le Maur

Cayo de Don Cristóbal

22º 10’ 0”

84º 21’ 0”

Humboldt

Cayo Flamenco

22º 0’ 0”

84º 3’ 32”

Humboldt

Las Piedras de Diego Pérez

21º 58’ 10”

84º 03’ 2”

Humboldt. Las latitudes en los Jardines y Jardinillos no se han observado en tierra, sino inferido de observaciones hechas fuera de los cayos

Cayo de Piedras

21º 56’ 40”

83º 37’ 12”

Boca de Jagua, punta Occidental

22º 1’ 7”

85º 4’ 22”

Boca del río San Juan, punta del norte

21º 48’ 18”

82º 40’ 50”

Del Río, Humboldt

Trinidad, ciudad

21º 47’ 20”

82º 21’ 7”

Gamboa, Puységur,

Humboldt (lat. contestada)

Cabo de Cruz

19º 47’ 16”

80º 3’ 52”

Santiago de Cuba (Morro)

19º 57’ 29”

78º 16’ 41”

Cevallos, Bauzá

Puerto de Guantánamo

77º 35’ 36”

Bauzá

Cabo Bueno

20º 06’ 10”

76º 33’ 32”

Ferrer

Cabo Maisí

20º 16’ 40”

76º 30’ 25”

Ferrer (Bauzá, long. 76º 26’)

Cayo de Moa

77º 12’ 0”

Luyando

Punta de Mulas

21º 4’ 35”

77º 56’ 32”

Ferrer

Punta Maternillos

21º 39’ 40”

79º 24’ 15”

Luyando

Cayo de Guinchos

80º 27’ 0”

Luyando, en el canal Viejo de Bahamas

Cayo Verde

22º 05’ 06”

79º 59’ 32”

Ferrer

Cayo de Lobos

22º 24’ 50”

79º 55’ 43”

Ferrer

Cayo Confites

21º 11’ 44”

80º 3’ 45”

Ferrer

Cayo Santa María

22º 39’ 24”

81º 16’ 50”

Ferrer

Santa María de Puerto

Gamboa, Oltmanns

Príncipe, ciudad

21º 26’ 34”

Sancti Spíritus, ciudad

21º 57’ 36”

Oltmanns

Isla Anguila, cabo SE

23º 29’ 30”

81º 45’ 19”

Du Mayne

Parece que si los estados de las posiciones presentasen en general los límites extremos, entre los cuales en el estado actual de nuestros conocimientos oscila cada longitud, serían más útiles a los navegantes y a los geógrafos. No es fácil sacar un resultado de observaciones de valor desigual, y en este método, que exigiría el uso del cálculo de las probabilidades, los geógrafos solo siguen un sistema de tentativas. De un mismo número de ocultaciones de estrellas, que oscilan alrededor de una longitud media de 2” a 8” de tiempo, se pueden sacar resultados muy diferentes, según que se tome la media de todas las observaciones, o que sean excluidas algunas. Aun es más difícil de resolver el problema, cuando se cotejan entre los límites de los errores de un corto número de ocultaciones, de eclipses de Sol, o del paso de algún planeta, y los límites de los errores de un número muy grande de satélites, de pasos de la Luna al meridiano o de distancias lunares. Las longitudes extremas entre que oscila cada sitio se deben considerar como máximos y mínimos de las temperaturas del año. Estos límites deben recordar que, según los actuales conocimientos en geografía astronómica, es sumamente probable que un pasaje (por ejemplo, el puerto de Cartagena) no está situado ni más al este que 77º 47’ 50”, ni más al oeste que 77º 51’ 15”. Como las observaciones, cuyos resultados se acercan más a los límites extremos, no presentan un grado igual de certeza, la longitud que hoy debe considerarse como la más probable, no es de modo alguno la media de las longitudes extremas.

Eclipses de Sol, satélites de Júpiter y distancias de la Luna.

Voyage de Humboldt et Bonpland. Recueil d’observations astronomiques d’operations trigonometriques et des mesures barometriques, París, 1810

Compárese John Purdy, The Colombian Navigator; or, sailing directory for the American coasts and the West-Indies, Londres, HR Laurie, 1823, pág. 175.

En el mes de junio de 1494, el almirante observó también un eclipse de Luna en la costa meridional de Santo Domingo; en septiembre de 1494, cerca de Adamanda (hoy isleta de Saona), un poco al oeste de cabo Engaño. Halló la diferencia con el meridiano de Cádiz de 5h 23’, lo que denota un error de longitud de 8º 45”, Antonio de Herrera y Tordesillas, Historia de las Indias occidentales, Década I, págs. 56 y 58).

Este mapamundi señala, latitud de Londres 58°, diferencia de los meridianos de cabo San Antonio y de Temixtitlan (México) 18°, error 4°. La verdadera longitud de México, según fue reconocida, en 1778, por Velásquez y Gama, y se confirmó por don Dionisio Galiano, en 1791, y por mí, en 1803, es de 6h 45’ 42”. Si el señor Navarrete, cuyos talentos literarios y vasta erudición yo aprecio, hubiera leído el análisis raciocinado de mi atlas de la Nueva España (Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, 1827), no habría censurado a un viajero extranjero del modo que se ve en la Correspondance astronomique, geographique, hydrographique, et statistique, del Barón de Zach, tomo XIII, pág. 56; no hubiera recurrido a los eclipses de Luna observados por el jesuita Sánchez, en 1584, y se habría convencido, que al publicar el resultado de mis observaciones de satélites, de distancias lunares, de azimut y de traslación de tiempo, dije inmediatamente que mi difunto amigo don Dionisio Galiano había hallado antes que yo para la longitud de México 6h 45’ 49”, aunque el mapa del golfo de México publicado por el Depósito Hidrográfico de Madrid, en 1799, y una nota comunicada por el señor Espinosa, al tiempo de partir yo para Cumaná, indicaban 6h 52’ 8”. Yo he sido también el primero (Recueil d’Observations astr...) en publicar las observaciones mexicanas de la expedición de Malaspina. (Para señalar con más brevedad los meridianos por los que se cuentan las longitudes en esta memoria, me serviré en adelante, lo mismo que en las observaciones termométricas, de simples iniciales: Gr., Cz., y P. indicarán los meridianos Greenwich, Cádiz y París.)

Mémoires de l’Ácadémie pour 1729, pág. 412.

Recueil d’Observations astr...

Josef Espinosa y Tello, Memorias sobre las observaciones astronómicas hechas por los españoles en distintos lugares del globo, los cuales han servido de fundamento para las cartas de marea, Dirección de los Trabajos Hidrográficos de Madrid, Madrid, Imprenta Real, 1809, tomo I, pág. 93, tomo II, pág. 45.

Connaissance des Temps pour 1817, págs. 318 y 337; Transactions of the American Philosophical Society (Filadelfia) v. VI, pág. 107.

Recueil d’observations astronomiques, d’opérations trigonométriques et de mesures barométriques, faites pendant le cours d’un voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent, depuis 1799 jusqu’en 1804, rédigées et calculées d’après les Tables les plus exactes, par Jabbo Oltmanns; ouvrage auquel on a joint des recherches historiques sur la position de plusieurs points importants pour les navigateurs et pour les géographes, 2 vol., París, F. Schoell, Treuttel y Wurtz, 1808 y años subsiguientes., donde se halla el Etat actuel de la Geographie de I’Ile de Cuba, en 1809, por el señor Oltmanns, pág. 81.

Nueva carta del canal de Bahama, 1805, según las observaciones de don Dionisio Galiano en el navío San Fulgencio (1799); de don Mariano Isasbirivil, en la goleta Isabel (1798); de don Francisco Montes, en el navío Ángel (1799), y de don Tomás Ugarte en el navío San Lorenzo (1794). Las situaciones y las diferencias de longitud entre Matanzas, Cayo de Sal (al extremo occidental del Placer de los Roques), Bajo Nicolao, Cayo de Piedras, la Cruz del Padre y el Mégano oriental son de la mayor importancia para la seguridad de la navegación. También he tenido presente, particularmente para la primera edición de mi mapa, los antiguos trabajos del Depósito de Madrid; Seno Mejicano, 1799 (corregido en 1805), carta de una parte de las islas Antillas, 1799 (corregida en 1805); carta de la isla de Santo Domingo y parte oriental del Canal Viejo de Bahama, 1802.

Recueil d’Observations astr...

Sobre la situación geográfica de La Habana, de Veracruz y Puerto Rico, 1826 (manuscrito).

Connaissance des Temps..., 1817, págs. 301-335.

Las Memorias... colocaron al Morro primeramente a 76º 0’ Cz.; después, como resultado más exacto, a 76º 6’ 29” Cz., José Francisco de Espinosa y Tello de Portugal, Memorias sobre las observaciones astronómicas hechas por los españoles en distintos lugares del globo, los cuales han servido de fundamento para las cartas de marea, Dirección de los Trabajos Hidrográficos de Madrid, Madrid, Imprenta Real, 1809, tomo II, págs. 67-91.

Resultados de las observaciones originales comunicadas por el señor Bauzá, que coloca el cabo de San Antonio, 87º 17’ 22”.

El señor Oltmanns, por el paso de Mercurio y de las alturas lunares, 79º 5’ 30”; el señor Bauzá, 79º 3’ 23”; Du Mayne y Sabine, por distancias lunares, 79º 13’ 30”.

La edición francesa, publicada en el Depósito de la Marina Real: latitud 22º 44’, longitud 84º 42’.

Relations historiques du voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent.

Recueil d’Observations astr..., tomo II, pág. 567. La Teta oriental, según Ferrer, latitud 22º 58’ 18,5”, longitud al occidente del Morro 0º 2’ 48”; según del Río, latitud 22º 0’; mapa del Depósito francés, latitud 22º 1”.

Recueil d’Observations astr..., tomo II, pág. 72.

Josef Espinosa y Tello, Memorias sobre las observaciones astronómicas... (tomo II, pág. 64): Trinidad, pueblo, longitud 82º 23’ 31”, mi cronómetro, 82º 21’ 7”.

Continúo citando las observaciones originales de este oficial, que me ha comunicado el señor Bauzá.

Correspondance astronomique..., tomo XIII, pág. 128. El Morro de Puerto Rico, según los cálculos de la ocultación de Aldebarán, de 21 de octubre de 1793, hechas en 1816 por don José Sánchez Cerquero (hoy Director del Observatorio de la ciudad de San Fernando) resulta ser 68° 27’ 15”; según Ferrer (Connaissance des Temps... 1817, pág. 322), 68° 28’ 3”; según el señor Bauzá, 68° 28’ 29”; el Barón de Zach, 68° 31’ 3”. Los cálculos de la sola ocultación de Aldebarán habían dado al señor Oltmanns (Recueil d’Observations astronomique..., tomo II, pág. 125) 68° 35’ 15”; la media de la ocultación de las distancias lunares y de las determinaciones cronométricas es la de 68° 32’ 30” pero Oltmanns prefiere 68° 33’ 30”. Puerto Rico oscila, por consiguiente, entre 68° 28’ y 68° 34’, y su posición es harto menos incierta que la de La Habana, de Veracruz, de Cumaná y de Cartagena. Suponiendo a Puerto Rico 59° 50’ 44,5” Cz, halla Bauzá en fuerza de investigaciones laboriosas, para la diferencia de longitud del Morro de La Habana y de Puerto Rico, 16° 12’ 16,5”; para la diferencia de Veracruz y de Puerto Rico, 30° 0’.

Relation historique..., tomo II, pág. 478. En cuya obra he dado una relación de todos los surgideros de la isla de Cuba, págs. 384-385.

Este cayo no es ciertamente el mismo, cuya latitud determina aproximadamente a 22º 10’ (Observ. astr., tomo II, pág. 110).

Yo he hallado latitud 21º 56’ 40”, pero longitud 1º 8’ 44” al oeste del Batabanó. Es preciso tener presente que las longitudes absolutas todas se fundan en las del Batabanó, que yo coloco a 84º 45’ 56”; el señor Del Río, a 84º 43’ 15”.

El plano muy circunstanciado de Celi, levantado con brújula, figura a 17 leguas al oeste de la villa del Príncipe, una serranía de piedra imán. Atracciones magnéticas pueden haber alterado mucho los resultados de las graduaciones.

Compárese mi Recueil d’Observations astr..., Introducción, pág. 43, tomo II, pág. 114; Relation historique..., tomo II, pág. 329; Memorias sobre las observaciones astronómicas..., tomo II, pág. 66.

Edward Sabine. An Account of Experiments to Determine the Figure of the Earth, by Means of the Pendulum Vibrating Seconds in Different Latitudes; as well as on Various Other Subjects of Philosophical Inquiry, John Murray, Londres, 1825, pág. 401.

Recueil d’Observations astr..., tomo II, pág. 112.

Ya William Dampier solo juzgó de 15 leguas marítimas el intervalo entre el Caimán Chico occidental y el Caimán Grande (Voyages and Descriptions..., Edición 1696, tomo II, parte 1.ª, pág. 30).

Carta del río Guaurabo levantada, en 1803, por el capitán de fragata don José del Río.

Véase la Introducción de mi Recueil d’Observations astronomiques..., tomo I, Introducción, pág. 46.

Capítulo I. Consideraciones generales acerca del aspecto físico de la isla de Cuba

La importancia política de la isla de Cuba no consiste únicamente en la extensión de su superficie, aunque es una mitad mayor que la de Haití, ni en la admirable fertilidad de su suelo, ni en sus establecimientos de marina militar y la naturaleza de una población compuesta de tres quintas partes de hombres libres, sino que aun es más considerable por las ventajas que ofrece la posición geográfica de La Habana. La parte septentrional del mar de las Antillas, conocida con el nombre de golfo de México, forma una cuenca circular de más de 250 leguas de diámetro, una especie de mediterráneo con dos salidas, cuyas costas, desde la punta de la Florida hasta el cabo Catoche de Yucatán, pertenece exclusivamente en la actualidad a las confederaciones de los Estados Mexicanos y de la América del Norte. La isla de Cuba, o por mejor decir, su litoral, entre el cabo San Antonio y la ciudad de Matanzas, colocada en el desembocadero del Canal Viejo, cierra el golfo de México, al sudeste, no dejando a la corriente oceánica conocida con el nombre de Corriente del Golfo, más aberturas que, hacia el sur, un estrecho entre el cabo San Antonio y el cabo Catoche; hacia el norte, el canal de Bahamas, entre Bahía Honda y los encalladeros de la Florida. Cerca de la salida septentrional, precisamente donde se cruzan, por decirlo así, varias grandes rutas para el comercio de los pueblos, es donde se halla situado el hermoso puerto de La Habana, fortificado por la naturaleza y a la vez por numerosas obras de arte. Las flotas que salen de aquel puerto, construidas en parte de cedro y de caoba de la isla de Cuba, pueden combatir en la entrada del mediterráneo mexicano, y amenazar las costas opuestas, lo mismo que las que salen de Cádiz pueden dominar el océano cerca de las Columnas de Hércules (Gibraltar). El golfo de México, el Canal Viejo y el Canal de Bahamas tienen su comunicación por el meridiano de La Habana. La dirección opuesta de las corrientes, y las violentas agitaciones de la atmósfera a la entrada del invierno particularmente, dan a estos parajes, en el límite extremo de la zona equinoccial, un carácter particular.

No solamente es la isla de Cuba la mayor de las Antillas (casi tan grande como la Inglaterra propiamente dicha, sin comprender el país de Gales), sino que por su configuración estrecha y larga posee tantas costas, que está contigua al mismo tiempo con Haití, la Jamaica, la provincia más meridional de los Estados Unidos (la Florida) y la provincia más oriental de la Confederación Mexicana (el Yucatán). Esta circunstancia merece ser considerada con la mayor atención; porque unos países que comunican, con solo una navegación de diez a doce días, tal como la Jamaica, Haití, Cuba y las partes meridionales de los Estados Unidos (desde la Luisiana hasta la Virginia), cuentan cerca de dos millones ochocientos mil africanos. Desde que Santo Domingo, las Floridas y la Nueva España se han separado de la metrópoli, la isla de Cuba no se asemeja a los países con quienes confina, sino por el culto, la lengua y las costumbres, que son las mismas; cuyos países estuvieron, durante muchos siglos, sujetos a las mismas leyes.

La Florida forma el último eslabón de aquella larga cadena de repúblicas, cuyo extremo septentrional toca al fondo del río San Lorenzo, y se extiende desde la región de las palmeras a la de los inviernos más rigurosos. El habitante de la Nueva Inglaterra considera como un peligro público para ella el aumento progresivo de la población negra, la preponderancia de los estados esclavistas y su predilección por el cultivo de géneros coloniales: desea, por consiguiente, que no se pase el estrecho de la Florida, que es el límite actual de la gran confederación americana, sino con el objeto de un comercio libre, que se establezca sobre la igualdad de derechos. Es cierto que teme cualquier suceso que haga caer La Habana en poder de una potencia europea más temible que la española; pero también lo es que apetece no menos el que queden rotos para siempre los vínculos que unían antes la Luisiana, Pensacola y San Agustín de la Florida, a la isla de Cuba.

La vecindad de la Florida ha sido siempre de poca importancia para el comercio de La Habana, a causa de la suma esterilidad del suelo, y la falta de habitantes y de cultivo; pero no es así respecto de las costas de México, que prolongándose en semicírculo desde los puertos muy frecuentados de Tampico, de Veracruz y de Alvarado hasta el cabo Catoche, llegan casi hasta la parte occidental de la isla de Cuba por la península de Yucatán. El comercio entre La Habana y el puerto de Campeche es muy activo, y se aumenta a pesar la nueva situación de México, porque el comercio de contrabando, con una costa más distante, como las de Caracas o de Colombia, emplea solo un corto número de buques. La provisión de carne salada (tasajo), necesaria para la alimentación de los esclavos, se saca de Buenos Aires y de las llanuras de Mérida en tiempos tan difíciles, con menos peligro que de las de Cumaná, de Barcelona y de Caracas. Es sabido que la isla de Cuba y el archipiélago de las Filipinas han tomado durante siglos, de las arcas de Nueva España, los auxilios necesarios para la administración interior, para la conservación de las fortificaciones, de los arsenales y de los astilleros (situados de atención marítima). El puerto militar de la Nueva España ha sido La Habana, según tenemos expuesto en otra obra,35 y recibía anualmente del tesoro de México, hasta 1808, más de un mil ochocientos pesos fuertes. Durante mucho tiempo estaban acostumbrados en el mismo Madrid a considerar la isla de Cuba y el archipiélago de las Filipinas como dependencias de México, situadas a distancias bien diferentes, al este y al oeste de Veracruz y de Acapulco; pero unidas a la metrópoli mexicana, que entonces era colonia de la Europa, por todos los vínculos de comercio, de asistencia mutua y de los más antiguos afectos. El aumento de su propia riqueza ha hecho poco a poco no necesarios los auxilios que la isla de Cuba acostumbraba tomar del tesoro de México. De todas las posesiones españolas, ella es la que más ha prosperado; y el puerto de La Habana, desde los disturbios de Santo Domingo, ha subido al nivel de las plazas de primer orden del mundo comerciante. Una concurrencia feliz de circunstancias políticas, la moderación de los funcionarios de la corona, la conducta de los habitantes, que son agudos, prudentes y muy ocupados de sus intereses, han conservado a La Habana el goce continuado de la libertad de intercambio con el extranjero. La renta de las aduanas ha crecido tan portentosamente, que la isla de Cuba no solo puede cubrir sus propios gastos, sino que durante la guerra entre la metrópoli y las colonias del continente ha suministrado cantidades considerables a los restos del ejército que había combatido en Venezuela, a la guarnición del castillo de San Juan de Ulua y a los armamentos marítimos muy costosos, y las más veces inútiles, que se han hecho.