Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Entre todos me acabaréis matando. Me llamo Marta y hoy es el día de mi muerte. Así empieza esta aventura poética de intriga y suspense. Marta se da cuenta de que tiene que morir para volver a nacer. Tras una vida de mentiras, engaños y mala suerte… Marta desde el más allá te cuenta toda su vida, con la cual todos nos sentiremos identificados por sus problemas. Mientras la poesía metafórica nos abraza tendremos que ir descubriendo si se trata de un suicidio, un asesinato e incluso si tú mismo o tú misma tienes algo que ver con la muerte de Marta.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 71
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Anthony Ibáñez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-020-3
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
PRÓLOGO
Me llamo Marta y hoy, 8 de octubre de 2022, he muerto.
No me he suicidado... Me han matado, o... ¿me he matado? Vamos a descubrirlo...
He muerto al vivir tanto por tantos y tan poco por mí... Hoy te contaré mi muerte, pero también te quiero contar el día que nací. Que es hoy...
Un día descubrí que no hacía falta asesinar a alguien para acabar con una vida.
Con mis cincuenta y cuatro años he conocido el desamor, la traición y los problemas en la escuela.
Problemas en las relaciones familiares...
Trastornos de la alimentación...
Bullying...
Acoso por Internet, consumo de sustancias…
Embarazos no deseados, la pérdida, la mentira, el abuso, la deslealtad, la ansiedad, la depresión... Hoy me libero de todo.
Hoy, viendo mi funeral, he descubierto la falsedad que hay en cada uno de nosotros.
Si hubiese muerto en realidad sería un shock para la gente, pero no habría sorprendido a nadie.
CAPÍTULO 1. NACEMOS COMO MORIMOS
Eso dicen... Naces solo y mueres solo. O como mucho te acompañan dos o tres personas...
De modo, ¿qué sentido tiene que me preocupe por personas que realmente no van a estar a lo largo de los días a mi lado?
De lado me van a dejar... Lo sé. Desde fuera se ven muchas familias que nada más nacer el bebé que tanto esperan, ya están rotas, y otras que simplemente quieren formar una y no tienen la oportunidad. Qué egoísmo, ¿no?
Y lo maravilloso que es verte en los brazos de mamá mientras escuchas su corazón sin darte cuenta, y la sonrisa imborrable de papá al ver que has llegado al mundo para cambiarlo todo.
Tomar la decisión de tener un hijo es saber que a partir de ahora tu vida entera caminará siempre fuera de tu corazón.
Con razón me da miedo morir... Y eso que en ningún momento decidí llegar aquí.
No decidí vivir, pero mis padres me dieron una oportunidad, aunque yo no la he sabido valorar.
Siempre echando balones fuera. Echando la culpa a mis padres por todo... Una misma muchas veces nunca sabe reconocer sus fallos por orgullo y ese falso amor propio.
Pero, ¿realmente ha sido mi culpa?
¿Papá y mamá eran buenos realmente?
¿Por qué nacemos como morimos si cuando vivimos nos olvidamos de a qué hemos venido?
Y mi pregunta es... ¿A qué he venido?
¿Te acostumbras a conseguir lo que NO amas y acabas sin saber que quieres amar?
Lo único que sé es que los que realmente me amaban y no tenían precio han estado, y los que para mí valían todo el dinero del mundo me han vendido.
Veo mi muerte desde el limbo habiendo buscado tanto el Olimpo.
Ahora que veo mi tumba desde el cielo más oscuro doy gracias a los que ya se han ido, y pido perdón a los que ni siquiera han venido.
CAPÍTULO 2. CADA UNO CON SU MOCHILA. (Me presento y me despido)
Nueve meses dentro de ti... Unas cuarenta y dos semanas aguantando con amor y fuerza.
No podías ir a trabajar y papá luchaba por las dos.
A las dos de la madrugada lloraba. Papá y mamá me cuidaban.
Me pusisteis un nombre que simbolizaba vuestro amor...
Marta.
Quién me iba a decir a mí que ahora os estaría viendo desde lo más alto mientras los dos estáis delante de mi ataúd...
Un cajón de madera y un adiós a una era. A los que no sabían ni siquiera quién yo era y le decían a mi madre: «Lo siento por lo de tu hija, era muy buena», mientras están esperando fuera del tanatorio para charlar sobre la vida con alguien que ha ido a mi funeral y de paso a echarse unas risas en vez de lloros.
Mamá suspira en una esquina con los ojos cerrados recordando cuando tenía cinco años. Me recordaba que al volver del cole tenía que colgar en el perchero de la entrada de casa la mochila...
Papá no lo asimila... Nadie es capaz de asumir una pérdida cuando ni siquiera te enseñan a despedirte en la vida de aquello que no te quieres despedir nunca.
Parece mentira que lo que empezó con dos personas, una noticia inesperada y un test de embarazo ahora lo tenga que separar una lágrima y un abrazo...
Desde aquí arriba se ven muchas historias, muchos zapatos juzgados y muchas mochilas rotas. Hijos luchando por herencias de padres, pero no luchando por cuidar a sus padres cuando estos envejecen.
La vida dura tanto que se vuelve corta. Los días pasan tan rápido que se hacen eternos...
Hoy te contaré mi vida entera.
Hoy quiero que nos conozcamos tú y yo...
Recuerda que yo estoy muerta, pero tú no. Recuerda que yo te veo, pero tú a mí no...
Recuerda que yo sé la mochila que ahora mismo soportas en tu espalda, pero los demás posiblemente no.
Me aconsejaron tan mal que entre todos y por mi culpa acabé o acabaron con esta vida.
Igual para curar las penas te dan consejos vacíos o te invitan a un tequila... La cara contraria de la moneda te dirá que todo pasará y que mejor te tomes una tila.
¡Mamá! No quiero que llores más. Desde aquí te cuidaré para que por fin puedas estar tranquila... Aunque a muchos se les olvide tarde o temprano que, a partir de ahora, cargarás la pena sobre tu espalda, llamada «mochila».
CAPÍTULO 3. A LOS TRECE
Martes 13 y con trece años empecé ese año de tormenta.
El año de cambios, el año que separa la delgada línea entre ser niño y empezar a hacerte «mayor».
Eres una esponja, aunque nadie se lo crea... Por tener quince años nadie te tiene en cuenta.
Por tener catorce nadie cree en tus problemas. Sigues siendo esa sombra invisible que solo te acuerdas de ella cuando el sol está en contra.
Amigos que te fallan y otros que te salvan.
Aunque yo soy más de tener un enemigo que me ataque, que un falso amigo que me abrace.
Cuando tengas treinta contarás tus traumas pasados y esos oídos ingenuos ya se encargarán de volver a pisotearlos. Y con cuarenta te seguirán atormentando y te tacharán de víctima.
Después tomarás ese café amargo a las siete de la tarde con esas amigas hablando libremente y defendiendo el amarse a uno mismo y de lo importante que es la autoestima.
Grima... me causa el ver cada día cómo por tener dieciséis años eres solo una cría.
Y que con dieciocho ya tengas que tomar tus propias iniciativas.
Ahora hablaremos de las amistades, amores, rumores e inseguridades del día a día...
Pero para ponerte en contexto no perdido quiero resaltar que esto no es una poesía. Es la vida de cada ser humano que te encuentras por la calle con la mirada perdida.
Vive tu vida y no la mía... Eso pensé yo antes de quitarme la vida, según decían.
Aún siguen pensando que me quité la vida. Aún siguen creyendo que me mataron a sangre fría.
Y yo, a pesar de estar muerta, sigo creyendo en amores y amistades de película. Queridos necios y necias que me habéis venido con tonterías, quiero que sepáis que no hay peor verdugo que mentir a quien te quería.
A nadie le importa que a tus trece años no estés preparada para enfrentarte a la monotonía sabiendo que a los ojos de la gente seguirás siendo una niña que no sabe nada de la vida.
Querida vida...
Te he llorado cada día en el silencio que me abisma y no avisa... Te dedico lo que me dedico o dedicaría si algún día me vuelvo a acordar de mí misma.
Querida yo...
Nadie te advertía que ibas a vivir esta ruina. Nadie te aconsejó como debía. Nadie te dijo que de nada vale que te toque la lotería si vives por fuera con una sonrisa, pero por dentro estás podrida.
CAPÍTULO 4. A LOS QUE YA SE FUERON
Yo también me he tragado esas palabras de oro.
No es justo que riamos juntos, pero llore solo.
Esta frase me la decía mi abuelo cuando tenía problemas con mis amigos.
La verdad es que nunca supe valorar tus consejos hasta que te fuiste de mi lado, abuelo.
