Entrenamiento en Gestalt - Eduardo Carabelli - E-Book

Entrenamiento en Gestalt E-Book

Eduardo Carabelli

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Beschreibung

La Gestalt en el campo profesional a través del entrenamiento personal. Una completa compilación de técnicas utilizadas en la terapia gestáltica, para terapeutas, personas que trabajan en el campo de las relaciones humanas, formadores gestálticos, estudiantes o lectores interesados. Las bases teóricas del entrenamiento gestáltico: consignas lingüísticas, lo obvio y lo imaginario, la percepción, la responsabilidad y las polaridades de la conciencia. Coordinación de grupos, talleres y laboratorios; ejercicios para el aprendizaje y estrategias de abordaje clínico.

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Seitenzahl: 498

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Eduardo Carabelli

• Entrenamiento en Gestalt •

Manual para terapeutas y coordinadores sociales

Índice de contenido
Portada
Portadilla
Legales
Agradecimientos
Introducción
La Gestalt
La Formación en Gestalt
Introducción
La importancia del entrenamiento en Gestalt
Aspectos del entrenamiento gestáltico
Capítulo 1
Las Bases del Entrenamiento Gestáltico
La actitud del gestaltista
La comunicación gestáltica
Actitud de escucha
Formas gestálticas de expresión
La Psicología de la Forma
Dime qué percibes y te diré como existes
El PISH
El sentir
El contacto humano
El límite humano
Los patrones de conducta
¿Quién se encarga de mí?
Las exigencias y las responsabilidades
Cuadro de las exigencias/responsabilidades
La exigencia como polaridad
Las polaridades de mi conciencia
Niveles de integración de las polaridades
Capítulo 2
Las Técnicas de la Terapia Gestáltica
Introducción
Las Técnicas en la Terapia Gestáltica
Técnicas Supresivas
El restablecimiento del contacto
La conciencia de la responsabilidad
El desarrollo del autoapoyo
Técnicas Expresivas
I. Iniciar la expresión
II. Completar la expresión
III. Ser directo en la expresión
Técnicas de integración
1. Danza corporal de los opuestos
2. Actuación de roles
3. Diálogo de los opuestos
4. El cuento integrador
5. El encuentro en las artes plásticas
6. La integración onírica
La silla vacía
La actitud
Su historia
La técnica
Propuestas de trabajo
Momentos de un trabajo
La silla vacía en el ciclo de la experiencia
Tipos de cierre de los trabajos de silla vacía
Modelos de presentación
1. La clásica
2. Descubriendo al nuevo
3. El grupo presenta a los miembros
4. Lo doloroso y lo feliz
5. El juego de la selva
6. La estructura de mi mundo
7. Presentación teatral
8. Con el ovillo
9. La entrevista periodística
10. Reconocimiento corporal de los miembros
11. Lo que muestro y lo que no muestro de mí
12. Presentación en cruz
13. La personal
Ejercicios corporales complementarios
Conclusiones
Sueños
Clasificación de los sueños
El trabajo gestáltico de los sueños
Registro de los sueños
Fantasías dirigidas
Técnicas teatrales
Aplicación de las técnicas teatrales en la Terapia Gestáltica
El actor y el terapeuta gestáltico
Las Técnicas Corporales en la Terapia Gestáltica
Relación corporal del terapeuta con el paciente
Características de la relación corporal del terapeuta gestáltico
Condiciones del “toque profesional” del terapeuta gestáltico
La voz como toque
Cualidades de la voz de un coordinador de grupos
Intervenciones corporales en los trabajos personales o grupales
1. Técnicas de conflicto
2. Técnicas de continencia
3. Técnicas de descarga
4. Técnicas de despedidas
Expresión del coordinador
Recursos artísticos
La expresión escrita
La plástica
Materiales más usados en la expresión plástica
La escultura con arcilla o crealina
Trabajando con títeres
Trabajando con máscaras
Construcción de máscaras
Trabajando con la narración oral
Los cuentos
Las visualizaciones
Capítulo 3
El Entrenamiento
Grupo de Entrenamiento Clínico
Introducción
Coordinación de grupos
Niveles de movilización emocional
Integración de los tres niveles
Momentos de la coordinación
Clasificación básica de los grupos
Criterios para armar un grupo de terapia
Algunos factores para considerar como terapeutas grupales
La pareja coterapéutica
Consideraciones finales
La importancia de la psicoterapia
Terapia Gestáltica. Las estrategias de abordaje del terapeuta
Aspectos a observar
¿Quién origina tus respuestas? Abordaje a través del diálogo
¿Qué te falta todavía? Abordaje psicológico
¿En qué fase estás? Abordaje energético
¡Hagámoslo con el cuerpo! Abordaje corporal
Preparados…listos… ¡Acción! Abordaje psicodramático
¡Descubramos al artista! Abordaje artístico
¿Y si jugamos a…? Abordaje lúdico
¿Qué soñaste…? Abordaje onírico
Ejercicios de entrenamiento
Cuadro de exigencias y responsabilidades
Descubriendo mis animales
Ejercicios de polaridades
El títere y el titiritero
Ejercicio de presencia
Dar y recibir
Un ejemplo de fantasía dirigida: “Explorando lo peor de mí”
Encuentro de la distancia óptima
Ejercicio básico de entrenamiento clínico
Capítulo 4
Experiencias prolongadas
Talleres Gestálticos
Cómo armar un taller
Caldeamientos
Laboratorios
Encuentros
Capítulo 5
Más allá de la Gestalt
Nuestra esencia desconocida
La práctica de la meditación
La meditación con la naturaleza. Un ejemplo de meditación gestáltica
La mirada aceptativa/amorosa
¿Somos lo que sentimos?
Cómo trabajar con la mirada
Estructura de un trabajo
¿Socioterapia?
Epílogo
Aplicaciones del enfoque gestáltico
Bibliografía

Carabelli, Eduardo

Entrenamiento en gestalt / Eduardo Carabelli. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Del Nuevo Extremo, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-609-813-7

1. Psicología de la Gestalt. I. Título.

CDD 150.1982

© 2012, Dr. Eduardo Caravelli

© 2022, Editorial Del Nuevo Extremo S.A.

Charlone 1351 (C1427BYA) CABA, Argentina

Tel / Fax +54 11 4552-4115 / 4551-9445

e-mail: [email protected]

www.dnxlibros.com

Imagen editorial: Marta Cánovas

Corrección: Diana Gamarnik

Diseño de tapa: Sergio Manela

Diseño de interior: Marcela Rossi

Primera edición: abril de 2022

ISBN: 978-987-609-813-7

Primera edición en formato digital: abril de 2022

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

• Agradecimientos •

En mi corazón anida un profundo reconocimiento a dos maestros que tuve en mi formación profesional y personal. Mi querida Julia, la Dra. Julia Zwillinger, cuyas enseñanzas guiaron mis primeros pasos en Gestalt. Su genialidad me inspiró confianza en la autorregulación de los procesos y su cariño me fortaleció enormemente. Así también, fue muy importante la sabiduría y el afecto de Norberto, el Dr. Norberto Levy, alguien que me enseñó la autoasistencia psicológica y me abrió las puertas de su afecto, guiándome en momentos difíciles de mi vida y siendo un modelo de terapeuta. Seguramente que las enseñanzas de ambos impregnan el desarrollo de los principales conceptos del libro. Sería imposible si así no lo fuera.

También quiero agradecer a los colaboradores que aportaron su conocimiento en la conformación de Entrenamiento en Gestalt.

A María Celia Ayzaguer, quien aportó su maestría en las técnicas corporales y me acompaña como docente y amiga, desde hace muchos años, en un camino compartido. Igualmente a mi querida Marta López Pardo, quien, a través del teatro, hace que aflojemos nuestra rígida identidad y nos descubramos de nuevo. A Jorge Weisz, con su aporte en los caldeamientos y su creatividad. A Marina Kohan, quien colaboró, de una manera fundamental, en la redacción de los recursos artísticos.

A todos los profesores del CGSI, que me acompañan en la tarea formativa desde hace mucho tiempo y a los alumnos que han contribuido al aprendizaje conjunto. Entre ellos y nosotros hemos compartido infinidad de secretos y situaciones personales. A Marga Ferrari, con quien comparto el afecto cotidiano en la tarea. A Carla, con sus correcciones y aportes en el presente libro.

A Juan Carlos Kreimer, cuya ayuda fue indispensable para que esta obra fuera una realidad. Su amistad desinteresada y su sapiencia me dieron el soporte necesario para terminar de corregir detalles del manual.

A la Vida, por haber sido tan generosa y amorosa conmigo. A mi familia, que me acompaña en la cotidianeidad y me conoce tan profundamente. Su amor y paciencia fueron el alimento indispensable para mi perseverancia en la tarea.

Eduardo

• Introducción •

La Gestalt

Una alternativa de estos tiempos

El espíritu del enfoque gestáltico se basa en la actitud y en el grado de presencia del terapeuta o coordinador de un grupo. Cuando dicha actitud se expresa en una técnica precisa, gana potencia transformadora.

La riqueza de técnicas que trajo la terapia gestáltica sorprendió a los terapeutas que trabajaban exclusivamente con la palabra y con el discurso del paciente. El impacto de la técnica fue absorbido como una simple incorporación de recursos técnicos para movilizar a los pacientes y algunos psicoanalistas los incorporaron, pero sin cambiar el paradigma que los contextualizaba. Otros coordinadores de grupos utilizaron las técnicas como recetas o “simples ejercicios” que movilizaban emociones y eran, a veces, espectaculares. Este uso indiscriminado de las técnicas gestálticas polarizó una discusión entre la primacía de la actitud o de la técnica, de la conceptualización o de la experiencia. Esta separación ha polarizado a muchos terapeutas y la importancia de la técnica se vio relegada a un segundo plano, vista por algunos como antigestáltica.

Para mí, lo más antigestáltico es la “no-integración” de un sistema. En las bases de la Gestalt reside la integración de las polarizaciones que nuestra mente hace del mundo, creando realidades separadas. El pensar, el sentir, el vivenciar y el comprender la realidad son todas funciones complementarias que, como terapeuta gestáltico, necesito y no quiero perderme.

Aquellos gestaltistas que solo valoran la actitud y la experiencia de sus pacientes o alumnos se alejan de la riqueza que aporta nuestra mente cuando integra lo emocional con lo mental. Aquellos terapeutas o profesores que intelectualizan el aprendizaje o que se aferran a la técnica como estrategia de contacto profesional se pierden la vitalidad del proceso humano que está presente en cada encuentro.

He visto colegas míos trabajando desde la intuición, conectados con mucha profundidad con su sentir e ignorando técnicamente lo que estaban haciendo. Personalmente, me involucré con todas mis emociones en sesiones o laboratorios como paciente y como terapeuta, soltando por completo el entendimiento teórico o técnico de lo que estaba ante mis ojos. También me enamoré de la técnica y me puse tan pensante que me distancié de la empatía con el otro. Ambos caminos, por separado, me condujeron a captar en forma parcial la realidad y a perderme la cara oculta.

Uno de los puntos de apoyo que tenía muy claro cuando comencé mi tarea docente, hace más de una década, era la irrenunciable actitud de integrar las dos caras de la moneda: la profundidad de la actitud y la precisión de la técnica.

La principal problemática que atraviesa la enseñanza gestáltica es que nuestros alumnos vienen de un sistema educativo donde el desarrollo personal está separado del aprendizaje profesional. El aprendizaje pasa más por lo que escriben en el cuaderno de apuntes que por la transformación personal. Pedirles que vean dentro de ellos lo que están aprendiendo es un trabajo elemental. Así mismo, el docente se expone con lo que sabe y con lo que es. Se sienta en la ronda como uno más y se expone existencialmente cuando se abre al contacto de sus propias emociones con sus alumnos.

De nada sirve aprender el mecanismo de la introyección o de la retroflexión si no comenzamos a reconocer nuestras propias pautas introyectadas y la peculiar forma que tenemos para retroflectar nuestra energía. El grupo de aprendizaje gestáltico se transforma continuamente en un espacio de exploración vivencial, en un lugar de terapia o de aula que elabora los conceptos. El docente y los alumnos aprenden a ir y venir entre las emociones y la teoría. La persona que se entrena en Gestalt aprehende los conceptos teóricos en sus experiencias y en los libros. Los incorpora en su forma de ser como terapeuta. El entrenamiento es el momento de síntesis integradora entre lo que ve, lee, vivencia y practica.

La idea central de este libro es introducir la Gestalt en el campo profesional a través del entrenamiento personal.

Los terapeutas tendrán una recopilación de las técnicas que usamos en la terapia gestáltica.Las personas que trabajen en el campo de las relaciones humanas encontrarán material para usar en sus respectivas tareas.Los formadores gestálticos encontrarán una guía técnica para la enseñanza.Los estudiantes de Gestalt tendrán elementos para complementar su formación.

Comenzaremos con un capítulo dedicado a las bases teóricas del entrenamiento gestáltico: consignas lingüísticas, lo obvio y lo imaginario, la percepción, la responsabilidad y las polaridades de la conciencia. Luego, siguiendo la clasificación propuesta por el Dr. Claudio Naranjo, veremos las técnicas que habitualmente usamos en Gestalt. Nos detendremos en la técnica de la silla vacía y en el trabajo de los sueños. No es intención de este libro abarcar la totalidad de las mismas, sino aportar una descripción detallada de algunas de ellas, como las técnicas corporales, creativas o teatrales.

Más adelante nos centraremos en el entrenamiento en particular, la coordinación de grupos –desde el enfoque gestáltico– y algunas experiencias específicas como los talleres y los laboratorios. También veremos ejercicios útiles para el aprendizaje y el entrenamiento gestáltico. En los últimos capítulos exploraremos las estrategias de abordaje clínico que nos ofrece la terapia gestáltica y las aplicaciones del enfoque. Los laboratorios y talleres son alternativas de experimentar el enfoque gestáltico en tiempos breves e intensos. Al final, compartiremos algunos ejercicios de entrenamiento que realizamos en el CGSI y que pueden ser incorporados por otras instituciones o escuelas de Gestalt.

Espero que sea un libro útil y que se complemente con la gran variedad de bibliografía gestáltica existente hoy en día. La progresiva y lenta escritura del presente libro llevó más de 10 años. Al principio, fueron soportes para los temas no desarrollados en los autores tradicionales, a la hora de capacitar a los terapeutas. Luego fue el fruto de experiencias, carencias y desarrollos personales. Finalmente tomó su forma actual, que también es transitoria en el continuo devenir. Es muy probable que sigamos transformándolo después de publicado, ya que la vida no se detiene y el aprendizaje tampoco.

Los que hemos trabajado para que este libro sea posible aprendimos a corregir y a aceptar sus limitaciones. Es imposible agotar las múltiples direcciones que se van desplegando en cada paso, en cada tema, en cada técnica. También hemos aprendido a amar el proceso formativo de nuestros alumnos, sus descubrimientos y el nacimiento de sus recursos terapéuticos. Cuando ellos le agregan su estilo y su creatividad, la enseñanza se completa y alcanza el nivel personal que esperamos para cada uno de ellos.

He aprendido de mis maestros y de mis alumnos. De esta manera completo el círculo del aprendizaje del maestro/aprendiz. Uno junto al otro. Son mis dos partes que se necesitan mutuamente. Necesito estar entero para enseñar/aprender cuando estoy en una clase, ya sea como instructor o como alumno. La integración de estos aspectos es posible cuando descubrimos que son funciones intercambiables entre nosotros. No son roles fijos ni identidades cristalizadas.

Por eso, este libro está dirigido a todos: a los alumnos y a los profesores, ya que todos tenemos algo para enseñar y algo para aprender.

La Formación en Gestalt

Introducción

El término educación (del lat. educat o, -nis) es la acción y efecto de educar. También alude a la crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes. Es la instrucción por medio de la acción docente.

El término educar tiene una etimología doble pues procede tanto de educare como de educere, ambos términos latinos.

Educare significa criar, cuidar, alimentar y formar o instruir.

Educere significa sacar o extraer, avanzar, elevar.

Cabe preguntarnos qué estamos haciendo con nuestros alumnos. ¿Cómo les enseñamos? ¿Cómo les transferimos el conocimiento?

Si hacemos hincapié en educare, les daremos mucha información, les mostraremos cómo atendemos a nuestros pacientes, cómo coordinamos nuestros grupos y les daremos la mayor cantidad de herramientas que podamos, para que puedan sentirse con instrumentos. En cambio, si nos apoyamos en educere, los llevaremos a situaciones en las que puedan lograr su propio darse cuenta y descubrir sus propios recursos, sus propias técnicas y estrategias. Ambos aspectos son fundamentales y sería una pérdida dejar de contar con alguno de ellos.

Por último, el término educación está muy relacionado con el proceso primario de aprendizaje. En la educación incorporamos valores y pautas sociales profundamente arraigados en nuestra cultura. Por lo tanto, voy a usar el término formación para describir el proceso de educación no formal que realizamos con las personas que quieren aprender el enfoque gestáltico, manteniendo los conceptos básicos descriptos anteriormente.

La formación en Gestalt es tanto un dar como un recibir. El alumno recibe formación y descubre sus recursos a través de sus vivencias como participante en clases, talleres y laboratorios. Extrae de sí mismo y de su experiencia la sabiduría necesaria. Criar es acompañar a nuestros alumnos en el proceso de transformación personal que incluye la terapia personal como parte fundamental de la formación integral. Es proporcionar el apoyo necesario en los momentos difíciles. Avanzar y elevar aluden al grado de mejoramiento personal o profesional que cada alumno va logrando a través del tiempo

Enseñar/aprender: Dos caras de un mismo proceso integrado.

Es evidente que la enseñanza es un proceso interactivo en el que intervienen dos polos. Ninguno de ellos puede existir sin el otro. ¿Qué es un maestro sin su alumno?

La riqueza de dicho proceso depende del maestro, de su alumno y de la comunicación que se establezca entre ambos. Aunque uno de ellos sea maravilloso, no alcanzará si los otros dos están a desgano o ausentes.

Cuando el alumno no aprende, todo el proceso de enseñanza falla. Ese alumno estuvo desconectado de un maestro que también lo estuvo, que no percibió al alumno y se centró en su enseñar. Solo funcionan los acuerdos entre el que enseña y los que aprenden. Es decir, códigos de comunicación compartidos.

Para ello, cada polo debe desarrollar su opuesto en sí mismo para lograr la integración en cada polo. El maestro debe aprender a escuchar las necesidades de aprendizaje del alumno y este debe enseñarle al maestro sus necesidades y dificultades para que puedan entablar, entre ambos, un círculo virtuoso que culmine con el aprendizaje.

Cuando un profesor se centra en su tarea educadora y en la clase que da, cree que si transmite bien, el aprendizaje se dará por añadidura. “¡Si mejoro mi explicación, si doy más información, entonces aprenderán más!”.

Este es un enorme error.

Ningún maestro, por más inteligente que sea, puede garantizar el aprendizaje del alumno. El aprendizaje también depende de la capacidad de absorción y de ensayo que tenga el alumno.

Las brillantes exposiciones no producen mayores aprendizajes, solo grandes idealizaciones (en el mejor de los casos) de la sapiencia del disertante. Si no van acompañadas por el aprendizaje grupal, son exposiciones para el brillo personal.

La clase dada y los contenidos transmitidos no siempre coinciden con “lo aprendido”.

La mera repetición de contenidos no significa que el alumno los haya asimilado.

El aprendizaje que se realiza en el alumno es el foco de nuestra atención.

En resumen: el aprendizaje, desde el punto de vista gestáltico, es la síntesis que hace el educando de lo que le enseña su maestro, de la situación de aprendizaje y de la propia integración que él realice. Por este motivo, la enseñanza debe alternarse con evaluaciones de proceso y prácticas continuas para confirmar los aprendizajes realizados. Cuando salteamos esta etapa, nos ilusionamos creyendo que los alumnos aprendieron “todo lo que enseñamos”. El colmo del error sucede cuando el docente se enoja con los alumnos al ver que no aprendieron.

“¡Esto ya lo expliqué!”, dirá un profesor que no ve el aprendizaje realizado.

La respuesta está en la práctica, en el ensayo y en la aplicación de lo aprendido para que el profesor pueda captar lo que aprendieron y lo que les falta aprender. A ese proceso lo llamamos entrenamiento.

El ritmo de la enseñanza transmitida por el docente, a veces, es más rápido que la asimilación del aprendizaje real. Los alumnos necesitan pasar varias veces por el mismo tema desde distintos ángulos y asimilarlo progresivamente.

La importancia del entrenamiento en Gestalt

La formación debe ser un entrenamiento continuo y no una acumulación de conocimientos que el alumno no sabe cómo o cuándo usar. El aprendizaje en Gestalt es un desarrollo espiralado y no lineal. Necesitamos pasar varias veces por el mismo punto de aprendizaje para incorporarlo e integrarlo a nuestro saber. En caso contrario, repetimos lo que dicen los autores e intelectualizamos el aprendizaje. El entendimiento es una ilusión de que sabemos, en cambio el aprendizaje real se da cuando lo asimilamos y lo podemos llevar a la práctica.

El observar a nuestros maestros es una gran guía que tampoco alcanza si no lo ensayamos. Cuando idealizamos a nuestros modelos y lo comparamos con nuestro hacer, nos causamos autocríticas y desaliento.

El aprendizaje en Gestalt necesita de la integración de nuestras vivencias con la conceptualización que obtenemos de la bibliografía y de las clases teóricas. A esto debemos agregarle los momentos de práctica con ejercicios y dramatizaciones. Por último, todo este aprendizaje se integra en el entrenamiento. Vamos más allá del “como si” y trabajamos en el “en si” propiamente dicho.

El entrenamiento es la mejor posibilidad de aprendizaje que tiene el alumno, ya que es el momento de fijar los conocimientos aprendidos. Descubrir su posibilidad de hacerlo es aprender a conectarse con los recursos que está aplicando en el ensayo.

Por ejemplo: un alumno que está entrenando como “terapeuta”, que está frente a un “paciente” y le está dirigiendo un trabajo se enfrenta a sus propios límites. Lo que sabe y lo que no sabe. El entrenador está a su lado para acompañarlo y apoyarlo en los momentos necesarios. En ese despliegue se produce el verdadero aprendizaje, ya que integra la teoría, la práctica y sus propias emociones en el entrenamiento.

La experiencia es la creadora de surcos que se profundizan en cada corrección, en cada acierto y en cada modificación. El pasar por una situación varias veces va creando una sensación de familiaridad con la clínica que jamás será alcanzada por explicaciones o transferencia de la experiencia ajena. El ir y venir entre la teoría y la práctica debe ser continuo. Ver la teoría en la práctica y recordar la práctica cuando compartimos la teoría nos permite integrar las dos facetas del conocimiento: El saber y la posibilidad de aplicarlo. Cuando ambos se integran, el alumno siente que está aprendiendo y en ese aprendizaje se está transformando, pues él está incluido en la acción.

Algunas veces resulta más funcional compartir la teoría y luego aplicarla en un rol play. Otras veces, es más oportuno abrir una situación experimental y luego teorizar a partir de lo sucedido. La alternancia de estas dos formas da movilidad al aprendizaje y mantienen el interés del grupo.

En la preparación de una clase tenemos claro el objetivo pedagógico y el objetivo operativo. El objetivo pedagógico (OP) es aquel conocimiento que el alumno necesita alcanzar para comprender lo que estamos aprendiendo. La teoría, la técnica y las opiniones de diferentes autores. El objetivo operativo (OO) es el “saber hacer” que tiene que alcanzar un alumno. Este saber operativo es el nivel de capacitación instrumental que le servirá para operar en el mundo.

La comprensión de los conceptos, sin la práctica que le permita ensayar su interacción con otros, es muy frecuente en la formación que apunta al entendimiento. El alumno entiende y no sabe qué hacer con lo que sabe. Es muy frustrante. La mayoría de los psicólogos egresados de la universidad se sienten inseguros y con escasos recursos para ejercer la profesión. Luego del egreso necesitan un par de años para aprender “el oficio” en la especialidad que elijan.

En el aprendizaje gestáltico se hace tanto énfasis en la vivencia, que podemos correr el riesgo de olvidarnos de la conceptualización correspondiente. Ninguna parte de la formación es más importante que el resto. Por eso necesitamos capacitar desde diferentes ángulos.

Aspectos del entrenamiento gestáltico

El aprendizaje se produce en distintos momentos de la formación y a través de estrategias de abordaje que se integran y se complementan. El resultado lo veremos en la asimilación que cada alumno vaya haciendo. La posibilidad de atravesar estos momentos permite la visión de la terapia gestáltica desde diferentes ángulos. Todos ellos son complementarios y enriquecedores.

1. La teoría

2. La práctica

3. Las experiencias vivenciales

4. El docente muestra la aplicación de la técnica

5. Justificación técnica del trabajo

6. Entrenamiento clínico

7. Supervisión

8. La terapia personal

9. La evaluación

10. El aprendizaje del docente

La teoría

La Terapia Gestáltica tiene un fuerte sustento teórico publicado en 1951 en una obra de Fritz Perls junto con Paul Goodman y Ralph Hefferline. En ella, los autores presentan la cosmovisión holística, la noción de self y la relación del ser con su entorno.

Muchos otros autores han aportado posteriormente desarrollos teóricos y técnicos muy importantes. Todo este bagaje constituye una base sólida en la formación de un terapeuta gestáltico. La bibliografía de los autores de Terapia Gestáltica es muy amplia y desconocerlos nos encierra en una restringida posibilidad de comprensión. Los aportes de Joseph Zinker y los de Gary Yontef son muy diferentes a los de Perls o Goodman. Cada uno de ellos propone una mirada interesante y digna de ser leída. La teoría debe ser asimilada para poder incorporarla a la práctica y al entrenamiento. Sin ella, la vivencia se descontextualiza y se malinterpreta.

El aprendizaje espiralado permite que el alumno pase varias veces de la teoría a la práctica, del trabajo personal a la explicación técnica y de la vivencia a la síntesis teórica. El ir y venir entre estas instancias facilita la integración ya que, en cada oportunidad, el alumno va profundizando a través de los niveles de entrenamiento. Por ejemplo: en primer año, conocerá los mecanismos interruptores de contacto y los integrará en el ciclo de la experiencia, en segundo año, aprenderá la técnica para trabajarlos y en tercer año, los ejercitará clínicamente con otros compañeros. Luego, en el nivel del entrenamiento clínico logrará la integración al proceso terapéutico. El aprendizaje espiralado nos da la posibilidad de pasar varias veces por el mismo lugar en una profundidad cada vez mayor.

La práctica

El hacer es el movimiento que integra el conocimiento teórico con el movimiento del cuerpo. Nos permite verlo en acción, corregirlo y explorarlo desde diferentes ángulos. La capacidad de darse cuenta se incrementa notablemente y la memorización del aprendizaje es mucho mayor.

Los ejercicios grupales, en parejas o en tríadas, permiten la incorporación del aprendizaje en el nivel de la acción. Los juegos de roles son muy facilitadores de la recuperación de las proyecciones y permiten la exploración de aspectos desconocidos o rechazados. Las prácticas de ejercicios de percepción incorporan, de una manera muy sencilla, la mirada fenomenológica en los alumnos. La acción repetida de las técnicas nos posibilita la corrección necesaria del proceso de aprendizaje. Las técnicas supresivas y expresivas al igual que las integrativas necesitan ser practicadas intensamente para ser aprendidas.

A través de la práctica, el alumno comienza a ponerse en el lugar del terapeuta y desarrolla familiaridad con el trabajo corporal y vivencial. Atraviesa muchas veces el pánico de escena y se afloja de las tensiones de la exposición. La práctica puede ser el comienzo de una clase para luego ver la teoría correspondiente.

Las experiencias vivenciales

Es fundamental que la persona atraviese situaciones personales y un proceso de autotransformación. Para ello, necesita abrirse a experimentos consigo mismo y con otros. En este contacto interno se conocerá de una forma más íntima. En el contacto con otros descubrirá sus posibilidades de relación, podrá ensayar respuestas nuevas y descubrirá intensidades en el contacto de una manera muy rica.

Para que los alumnos experimenten estas posibilidades les proponemos situaciones movilizadoras de emociones enmarcadas en un clima que garantice que estas se expresen y la elaboración de las situaciones personales que se despierten. El aprendizaje incluye la posibilidad de abrirse al dolor, la rabia, la tristeza y la alegría. Perderle el miedo a las emociones intensas es una parte muy importante del entrenamiento. Las emociones propias y las ajenas nos abren a un mundo imposible de explicar con la teoría. Las experiencias vivenciales desarrollan una familiaridad con la naturaleza emocional humana que es imprescindible a la hora de trabajar como terapeutas o coordinadores grupales.

En las experiencias de contacto emocional integramos el aprendizaje de una forma personal y nos descubrimos con tantos puntos de encuentro con el otro que la conciencia de pertenencia al grupo se amplía notablemente.

El docente muestra la aplicación de las técnicas

Cuando los alumnos ven al docente dirigir un trabajo de silla vacía, realizar una fantasía dirigida, frustrar una manipulación o coordinar un grupo, aprenden observando una forma posible de instrumentar lo que están aprendiendo. También es útil ver a sus terapeutas en su terapia personal.

La observación es una parte importante de la formación pues permite que el docente pueda transmitir su presencia, su experiencia y su temple en cada uno de los trabajos que realice. Existen infinidad de detalles que surgen de la experiencia personal de cada terapeuta y que no son conceptualizables. Son transmisibles en la experiencia misma: la fuerza… la calidez… la confianza en la autorregulación… la presencia…

Por eso, es muy importante que los alumnos puedan observar diferentes profesores para que adviertan distintos estilos y las sutiles modalidades de cada docente como terapeuta. Observar es una fuente de aprendizaje, lo que no significa copiar. Es bueno tener un modelo de referencia para luego abandonarlo y encontrar el propio.

Justificación técnica del trabajo

Luego del trabajo realizado en la clase, y de compartir las emociones movilizadas en el grupo, hacemos los comentarios técnicos que surgen del despliegue efectuado. Comprender técnicamente lo que el docente llevó a cabo es de suma importancia para poder fijar el aprendizaje realizado en la observación. Es entender el sentido de la aplicación de las consignas o de las instrucciones que el docente/terapeuta le ha dado a su paciente/alumno.

Este espacio reflexivo permite las preguntas más concretas y las discusiones más teóricas que sean necesarias para aprender juntos. Si bien no todo es explicable, muchos detalles no entendibles durante el trabajo pueden ser comprendidos en esta instancia.

La intuición y la técnica son hermanas complementarias del proceso que se enriquecen mutuamente. La comprensión técnica no impide que el terapeuta sea sensible, intuitivo y capaz de confiar en su percepción.

Entrenamiento clínico

La fase de práctica más avanzada la constituye el entrenamiento clínico. La posibilidad de coordinar un trabajo personal o grupal con los propios compañeros es una de las formas más eficientes de integrar todo lo aprendido. En esta fase del entrenamiento los practicantes necesitan de todos los puntos anteriores, desde la teoría hasta el desarrollo personal, desde la técnica hasta su más profunda capacidad de empatía. Ya no trabajamos con dramatizaciones, sino con situaciones reales. El grupo de alumnos se transforma en un grupo de terapia y cualquiera de sus miembros puede ser paciente o terapeuta de otro compañero.

Llamamos también a este espacio “el equivocadero” para que todos puedan soltarse a explorarse como coordinadores y como terapeutas. El docente o supervisor que acompaña al joven terapeuta sostiene y complementa los trabajos personales que se desarrollen, cuidando la integridad psicofísica del “paciente” y favoreciendo el aprendizaje desde el acierto y desde el error también.

Es una etapa de asimilación del aprendizaje. La reiteración de los experimentos da confianza y fija las pautas aprendidas en los años anteriores. En esta instancia los terapeutas comprueban su capacidad de asistir a otros, de guiarlos en experiencias grupales y de contener las emociones movilizadas. Este espacio de entrenamiento puede durar años, ya que es un lugar de aprendizaje continuo y renovado.

La supervisión

Cuando el terapeuta comienza a atender en su propio consultorio o en una institución, necesita un espacio de reflexión para contener sus nuevas experiencias y compartirlas con un grupo de pares y con la experiencia de un supervisor.

La supervisión abarca dos miradas:

El proceso del paciente: el supervisor y el supervisado comparten los comentarios de la evolución de cada paciente, sus bloqueos y sus evitaciones. El supervisor opina, hace correcciones técnicas y acompaña el proceso de la dupla terapeuta/paciente. La experiencia del supervisor le permite orientar al terapeuta principiante en la práctica terapéutica con mayor profesionalidad y eficiencia.El proceso del terapeuta: aquí la supervisión se centra en los puntos ciegos del terapeuta, su reacción emocional frente a este paciente y las fantasías que se le despiertan, así como también posibles proyecciones, su capacidad de frustrar sus manipulaciones y cualquier dificultad emocional que tenga el terapeuta para acompañar el proceso de su paciente. Es un momento terapéutico para el terapeuta. Aquí es cuando “nos curamos con la sombras de nuestros pacientes”. Nos debemos enfrentar con aspectos nuestros que no queremos mirar o que no teníamos pensado contactar. La movilización emocional del terapeuta frente a su paciente tiene la posibilidad de ser contenida y explorada. La resolución de situaciones inconclusas que se movilizan en el terapeuta lo ayudan a acompañar mejor a su paciente.

La mirada “no crítica” del supervisor es muy importante para que el supervisado aprenda de sus errores y se anime a mostrarlos. Las supervisiones persecutorias son extremadamente intimidantes y solo producen estrés. Jamás facilitan el aprendizaje.

El contexto compasivo de la supervisión es la base para que el joven terapeuta le pierda el miedo a sus errores y mantenga su creatividad en los tratamientos que está comenzando a realizar.

La terapia personal

Es indudable que un terapeuta debe atravesar su propio proceso de terapia y trabajar en él mismo las interrupciones y las situaciones inconclusas que le impiden estar presente en el aquí y ahora. Todo proceso de formación debe ir acompañado por un tiempo de terapia personal. La experiencia sanadora es complementaria con lo que está aprendiendo en el entrenamiento.

El entrenamiento gestáltico está integrado al proceso de transformación personal. No hay terapeuta desconectado de su persona. “El ser es contagioso”, nos decía Perls. Para transmitir la actitud gestáltica es imprescindible el desarrollo personal del terapeuta.

La evaluación

Necesitamos comprobar el aprendizaje de los alumnos en forma permanente para ir confirmando lo que va ocurriendo en el proceso. La continua actualización de los aprendizajes le da seguridad al alumno y le permite al docente confirmar o hacer cambios para alcanzar los objetivos del aprendizaje.

Existen dos niveles de evaluación:

El nivel académico: lo que aprende y lo que no está aprendiendo el alumno. Los contenidos más importantes: ¿Fueron leídos? ¿Fueron asimilados? La lectura bibliográfica es un punto de partida tan importante como la experiencia personal. No debe ser soslayada. Los conceptos fundamentales de cada tema necesitan estar libres de malos entendidos y la claridad conceptual también aporta seguridad al alumno. Las evaluaciones no necesitan ser amenazantes o calificadoras de la persona. Pueden ser autoevaluaciones que le permitan al alumno darse cuenta de lo que sabe y de lo que tiene que reforzar. La formación es para el alumno y él es el responsable de su aprendizaje, sin embargo, debe demostrar –de alguna manera– que alcanzó el nivel de aprendizaje requerido, antes de progresar al nivel siguiente de formación. El nivel personal: el proceso de entrenamiento gestáltico debe ir acompañado por entrevistas periódicas. En ellas, los alumnos –junto con el asistente de la formación– evalúan dos aspectos del aprendizaje: el proceso de transformación personal y el aprendizaje técnico (si lo está pudiendo alcanzar). La integración grupal y el proceso personal de cada alumno deben ser observados durante la formación, en entrevistas personales y en clase. ¿Cómo está viviendo este momento? ¿Cómo evoluciona su relación con el grupo? Como el proceso de aprendizaje es emocional, es necesario acompañar muy de cerca las experiencias de los alumnos y los cambios que trae a sus vidas. La formación gestáltica es muy transformadora y necesita un acompañamiento de dichos procesos emocionales y existenciales. En las entrevistas se conversan las dificultades de integración, las necesidades académicas, o de terapia personal, los obstáculos en el aprendizaje o conflictos con la institución. Las entrevistas personales comienzan describiendo el momento vital actual, las expectativas y metas a lograr. Luego se hacen evaluaciones de proceso y de llegada a las metas, comparando los cambios ocurridos. Esas observaciones refuerzan la noción de que el entrenamiento gestáltico es un proceso integrador de las vivencias y el conocimiento adquirido. El alumno se siente más contenido y acompañado. Cuando esta contención no alcanza, le sugerimos que haga terapia y evaluamos –en posteriores entrevistas– la conveniencia de que siga el proceso de formación o lo abandone, en caso de que sea desorganizador de una estructura muy débil que necesita más tiempo de terapia antes de proseguir con el aprendizaje.

El aprendizaje del docente

Este factor de entrenamiento es también importante. El docente atraviesa distintas etapas. Se siente pendiente de sí mismo al principio, luego se descubre enseñando y finalmente se olvida de sí mismo y se centra en el aprendizaje de los alumnos.

El docente, con el paso de los años, aprende a enseñar a través de las clases. Es una tarea sensible y la experiencia es un talento a desarrollar. El docente debe aprender que lo que transmite puede diferir enormemente con lo que el grupo está aprendiendo. Por ello, tiene que estar muy perceptivo del nivel de aprendizaje que el grupo manifiesta. A partir de esta lectura, podrá implementar las prácticas que el grupo esté necesitando.

El docente aprende la materia que enseña, luego aprende a enseñar y finalmente se centra en lo que los alumnos están aprendiendo. Aquí debe estar nuestra atención.

• Capítulo 1 •

Las Bases del Entrenamiento Gestáltico

Este capítulo está destinado a desarrollar la comprensión de la actitud del gestaltista, basada en la presencia, el darse cuenta, el encuentro y la responsabilidad. En las siguientes páginas veremos las formas de comunicación que habitualmente proponemos en las experiencias gestálticas, la diferencia entre lo real y lo imaginario, el contacto, el despliegue de la responsabilidad como fuente de poder personal y el concepto básico de polaridades.

La actitud del gestaltista

La forma de estar en el contacto con los otros y con el entorno es una de las características más importante del enfoque gestáltico. La atención está enfocada en nuestra frontera de contacto con el mundo que nos rodea y en las respuestas que damos a dicho entorno.

La conciencia de nuestras percepciones y de las respuestas motoras que producimos nos permite relacionarnos en forma directa con la vida, con la menor cantidad de distorsiones que seamos capaces de construir. Establecemos una conexión sencilla, sensorial y directa con la situación actual y creamos la respuesta más acorde que podemos, para ajustarnos al vínculo entablado con la realidad.

La relación natural de contacto está influenciada por nuestra mente desde el primer momento en que establecemos en el vínculo con el entorno. Por eso, es muy importante que nos detengamos a reflexionar sobre las características de dicho vínculo y las múltiples interrupciones que solemos hacer. Dicho proceso de contacto fue descripto por Perls, Goodman y Hefferline en el libro Terapia Gestalt y ampliado por importantes gestaltistas como M. y E. Polster, J. Zinker y C. Naranjo entre otros.

Quisiera detenerme en algunas de las características de la actitud gestáltica para poder comprender la esencia del entrenamiento en Gestalt. La formación de un terapeuta o coordinador de grupos debe estar basada en el aprendizaje de la actitud gestáltica más allá de cualquier técnica, pues esta sin actitud es como un cuerpo sin espíritu. El desarrollo personal del gestaltista es el centro de su poder transformador y desde allí se vincula con el mundo. Si la esencia de su actitud se traduce a palabras y conceptos, se logra transmitir con claridad, y si esta actitud se ve reflejada en técnicas terapéuticas, se gana la posibilidad de canalizar dicho potencial en los grupos que coordinamos. Si las técnicas y herramientas dejan de reflejar su espíritu esencial, se vacían de contenido y pierden todo efecto transformador.

Es imprescindible comenzar la formación de los gestaltistas creando la actitud gestáltica, ya que luego estarán en condiciones de aprender las herramientas clínicas y de coordinación. La actualidad, la presencia y la responsabilidad son el tridente básico de la actitud gestáltica. Así lo reseña Claudio Naranjo en su libro La vieja y novísima Gestalt.

La actualidad

Despertamos a la conciencia a través del darse cuenta que experimentamos en el contacto con el entorno y con nosotros mismos y esta situación se da exclusivamente en una dimensión temporal: Solo en el presente nos desplegamos como seres existentes. Soltamos el pasado y suspendemos las fantasías que nos llevan al futuro, tanto sea en una imagen catastrófica o en una maravillosa.

El pasado no existe. Tenemos recuerdos de las situaciones vividas y esos recuerdos son las construcciones que estamos haciendo en este preciso momento. Dependen de la óptica con la que miremos y los significados que les demos a los hechos ocurridos ayer. Por eso, es muy diferente la autobiografía que podemos escribir en la juventud, en la adultez y en la vejez. Los mismos hechos ya no son los “mismos hechos”. ¡Han cambiado! Aquella madre o padre son comprendidos y mirados desde un lugar más compasivo.

Las relaciones e historias infantiles que quedaron inconclusas o las heridas que sufrimos y todavía duelen ¡hoy están abiertas! Y hoy mismo necesitan ser curadas. Si todavía soy ese niño resentido o culposo, lo soy en el presente, aunque mi edad cronológica sea adulta. Sigo siendo ese niño, en mi mente y todavía necesito cerrar alguna situación pendiente. ¡Hoy es el día en que puedo hacerlo!

El futuro será un ahora cuando lo estemos viviendo. Hoy, lo único que existe es la fantasía en mi mente que inventa una posibilidad que tal vez no ocurra. La anticipación nos conecta con la ansiedad y con el miedo. Necesitamos volver a percibir nuestro entorno y darnos cuenta de que estamos existiendo en un presente. En una actualidad única y que no debemos desaprovechar. ¡Es nuestra vida!

Estar en el “aquí y ahora” es mucho más que una simple frase repetida. No llegamos a esa condición con solo desearlo. Necesitamos desacondicionarnos y aprender a estar conscientes. O sea, desilusionarnos con el juego de la mente que hurga en el pasado y fantasea con lo que sucederá para resolver por anticipado lo que tal vez suceda. Vivir el presente es el camino y, para ello, debemos aprender a despegarnos del ruido de la mente y sentir nuestro cuerpo hasta que podamos habitarlo.

La memoria corporal existe en el presente. Es hoy el momento de percibirla, trabajarla y liberarla. La sensorialidad nos conecta con el entorno actual y cercano. El uso pleno de nuestros sentidos nos facilita estar presentes: percibiendo, captando, disfrutando o sufriendo la realidad que nos rodea, sin enjuiciarla ni interpretarla… solo captar y mantenernos abiertos al darse cuenta. Este enfoque fenomenológico nos permite captar al paciente de una forma más clara y cercana.

La presencia

La presencia es la actitud de contacto con el entorno y con nosotros mismos en la que estamos vivos, despiertos y sensibles. Estamos profundamente presentes cuando habitamos el momento siendo conscientes de lo que sucede y nos acontece. Entonces expresamos lo que necesitamos y suspendemos nuestras interpretaciones, juicios críticos y pensamientos acerca de la realidad.

Es el simple estar consciente,

Es ser lo que somos,

sin pretender nada más.

Estamos presentes cuando aceptamos nuestra experiencia sin oponernos ni pretendemos estar en otra situación vital. No renegamos de la vida que nos toca. Abrimos los ojos y la enfrentamos con nuestros recursos.

Chögyam Trungpa (1) enseñaba que el guerrero del corazón es aquel que tiene la valentía de estar presente, en contacto con sus sentimientos y consigo mismo. No es el que no tiene miedo, sino el que tiene la valentía de animarse a sentirlo. Además puede acercarse a sus partes más dolorosas, compasivamente, con cariño.

El estar presentes nos lleva a enfrentar la situación con el alma abierta, con toda nuestra atención y con nuestra capacidad de darnos cuenta a pleno.

La presencia es irradiante. Las personas que están presentes en la mirada, en el contacto, en la situación actual, irradian su presencia y esta es curativa en sí misma. No hacen falta las palabras, la presencia se puede sentir y transmitir. Muchas veces la presencia del terapeuta es mucho más poderosa que mil palabras. Es un estar profundo con el otro. Es un compartir único del aquí y ahora en un encuentro muy claro para todos. La existencia se hace más palpable y el tiempo deja de correr. Solo existe lo que está sucediendo y la presencia.

El entrenamiento de un gestaltista debe atravesar el aprendizaje del estar presente en tres momentos:

Cuando escucho al otroCuando me expresoCuando soy testigo u observador de un vínculo

Cuando escucho al otro

Necesito estar atento, sin interferir con mis ruidos, mis pensamientos o con desviaciones del contacto que interrumpan al otro o me alejen del estar presente. El silencio, a partir del aquietamiento (mental y corporal) es la base que apoya mi actitud de presencia. Estoy receptivo y abierto a la expresión del otro con todo mi ser. Suspendo mis juicios, mis interpretaciones y mis reacciones para escuchar sin interrumpirlo. Tan solo observo mis reacciones y las suelto para poder seguir estando presente.

Hay tres desviaciones o interrupciones muy comunes:

La posición del cuerpo

El estar demasiado lejos o invasivamente cerca (o tocando en forma innecesaria) interfiere en el contacto. También el estar tirados en el piso o desparramados en un sofá da señales de abandono y de descalificación del encuentro. El estar sentado con la espalda derecha y mirando al que se expresa nos coloca “frente a frente” en un contacto visual cómodo y a una distancia consensuada por ambos. Una postura digna de mi parte habla del lugar importante que le doy a mi escucha.

El desvío de la mirada

Las personas que escuchan mirando para otro lado, desviando la mirada frontal “cara a cara” o escribiendo mientras el paciente habla “solo”, disminuyen sensiblemente la sensación de presencia, desvitalizan el contacto y dejan “a solas” al que se está expresando. El contacto visual da apoyo, contiene y le permite al terapeuta ver la expresión del paciente. Estar frente a frente es una posibilidad de intimidad mayor y de presencia compartida.

La interrupción del silencio con comentarios

La ansiedad por aportar datos o información debe esperar al final del discurso, o ser mínima para que el que habla se pueda expresar sin interrupciones. Los terapeutas con “furor curandis” son altamente interruptores con su deseo desbordante de aportar. La presencia en la escucha necesita del silencio más que de comentarios. Los comentarios interruptores que hace el terapeuta son el reflejo de su murmullo interior. Su mente inquieta asocia, agrega y se anticipa. Aprender a acallar el ruido interior es vaciarnos de pensamientos y ahuecarnos para recibir la expresión del paciente. Él necesita expresarse y ser escuchado. El silencio contiene más que las palabras inoportunas.

Cuando me expreso

La presencia también está centrada en cada palabra que pronuncio. La velocidad del discurso no es la de la mente ansiosa que quiere decirlo todo ya. Es la que surge del escucharme en cada palabra que pronuncio y en captar las pausas que hago. Es hablar desde el contacto corporal, sintiendo la garganta que no se fuerza o el aire que respiro. Es también la percepción de quien me escucha y el silencio que nos envuelve. La presencia al hablar me permite darme cuenta de lo que siento al decir lo que estoy diciendo. Es ser uno con la consigna que damos, con la frase que emitimos. Es hablar menos y expresar más.

Cuando soy testigo u observador de un vínculo

Estar presente cuando una pareja se está comunicando es captar el vínculo que están desplegando. Es ver la peculiar manera de comunicación que tienen y acompañarla sin interferir. La presencia del testigo no transforma un diálogo en un triángulo. No invade ni se interpone. Está y acompaña. Valida y está con ellos.

Es la mirada conectada con el corazón. Es el aire que rodea y sostiene al diálogo hasta que llega el momento de intervenir.

En síntesis, la presencia se desarrolla en la medida en que soltamos nuestras teorías y estamos plenamente en contacto con el vacío que envuelve a la situación. Desde allí, sostenemos, escuchamos, miramos y nos expresamos. Estar presentes con el corazón abierto es la mayor abundancia que podemos brindar a nuestros pacientes.

La responsabilidad

Para el enfoque gestáltico, la responsabilidad es la fuente de poder personal que le permite al individuo vivir su propia vida, adueñándose completamente de sus acciones, corriendo riesgos y aprendiendo paso a paso.

La capacidad de producir “ajustes creativos” a las situaciones que nos tocan vivir es una posibilidad irrenunciable de toda persona. Cuando el paciente ha renunciado a dicho recurso, debemos trabajar con su interrupción para que pueda restituir su capacidad de autorregulación y recuperar el equilibrio perdido. La relación del individuo con el ambiente es continuamente cambiante y la persona necesita reacomodarse también continuamente, a través del darse cuenta y su respuesta motora. Las respuestas que damos sintetizan nuestra fuerza, nuestros valores y elecciones que hacemos. Su grado de adecuación guarda relación, además, con el nivel madurativo de cada individuo. La experiencia y sabiduría de la persona genera el tipo de respuesta que da a la situación.

La responsabilidad es la capacidad de respuesta creativa que cada persona es capaz de generar. Una expresión muy usada es el “hacerse cargo” de la elección que hacemos y en esto reside la responsabilidad, en esa elección que hacemos. Deberemos trabajar con los pacientes, sus mandatos, sus evitaciones y sus elecciones. Los temores que despierta la anomia (ausencia de reglas) serán parte del vacío fértil que atravesarán cuando abandonen un sistema reglado y se aventuren a un mundo personal de propias decisiones y riesgos.

El océano de la libertad requiere de la sabiduría del navegante para no perderse en la infinitud de las opciones.

A las tres condiciones básicas de la actitud gestáltica, podemos sumarle una visión hedonista que permite “saborear la vida”, estar profundamente conectados con el sentir en cada una de las situaciones vitales. La presencia sensorial en el contacto aumenta la intensidad de la vida.

Una mirada positiva de la realidad es la que rescata lo que existe por encima de lo que falta. Lo que existe, en el aquí y ahora, es el punto de apoyo para la experiencia vital. Preguntarme qué puedo hacer a partir de esta situación me coloca en un punto de potencia. Mi propia capacidad para aprovechar lo presente, en vez de añorar lo que no existe.

Contactarnos con lo obvio y diferenciarlo del mundo imaginario nos lleva a una aproximación fenomenológica del mundo, y el darse cuenta es el camino de descubrimiento que propone el enfoque. Lejos de la interpretación, el enjuiciamiento y la crítica o exigencia, nos acercamos a una vivencia clara de contacto con el entorno, descubriéndonos en cada situación.

La práctica de la meditación nos permite aprender a soltar el discurso verbal, las interpretaciones de la realidad y las historias que nos contamos “acerca de la realidad”. Quedarnos atentos y centrados en el presente, atendiendo al foco de nuestra conciencia, es un entrenamiento muy complementario para todo gestaltista.

El continuo de conciencia es otra práctica muy útil en la formación gestáltica. Es la posibilidad de estar alertas a lo nuevo que está sucediendo en este instante. Un sonido, una sensación corporal, un gesto de la persona que está cerca o una sensación de frío. Dejamos que la conciencia fluya libremente en la captación del cuerpo y del entorno, sin confundirnos con nuestros pensamientos y vamos relatando al grupo las percepciones que estamos teniendo.

En el aprendizaje de la actitud gestáltica, atravesamos cada una de estas características encarnándolas en nuestras propias situaciones personales, trabajándolas en terapia y viéndolas en cada tema que aprendemos. Un gestaltista necesita entrenarse continuamente en su práctica de vivir a pleno en el presente, atendiendo a su actitud y al contacto.

La comunicación gestáltica

La comunicación entre los seres humanos es un puente entre las experiencias personales que nos permite acercarnos y producir situaciones de encuentro. Tal preciado tesoro tiene muchas formas de expresión, que la enriquecen o la deforman.

Cuanto más auténtica sea la forma de expresión, más se conservará el valor expresivo del mensaje. Es decir, las deformaciones del lenguaje pueden encubrir nuestro mensaje y evitar el contacto.

“Si no soy preciso al escucharte, no te conoceré”

“Si no soy claro al expresarme, no me entenderás”

Además, cuando nos expresamos, nos escuchamos a nosotros mismos y nos damos información. Si esa información es incorrecta, nos confundimos y nos terminamos creyendo las historias que habitualmente nos contamos acerca de la realidad, de nosotros y de los otros.

Por todos estos motivos, en Gestalt proponemos comunicarnos de tal manera que profundicemos el contacto con nosotros y con el mundo, en el presente y haciéndonos cargo de lo que somos.

Actitud de escucha

Es un proceso delicioso, que muy a menudo se relega a una categoría secundaria, en comparación con la conducta más notoriamente activa de conversar. Según el consenso general, mientras uno escucha, cede el terreno al otro, solo hasta que llegue el turno de asumir otra vez el papel activo. Esta suspensión es en cierta medida inevitable, debido al carácter recíproco de hablar y escuchar. Si hablamos al mismo tiempo que la otra persona, no podemos continuar escuchándola.

¿Qué hacemos con nuestras ocurrencias mientras escuchamos?

Cuando no manejamos nuestra ansiedad, interrumpimos a nuestro interlocutor y hablamos hasta que el otro, desde su ansiedad, nos interrumpe a nosotros. Puedo optar entre manifestarlo y quedar con una versión incompleta de lo que está diciéndome o aguantarme. Si retengo la respuesta, dejo de escucharlo también.

Estamos educados para escuchar sin interrumpir, manteniéndonos en contacto con nuestra respuesta, sin percibir lo que nos estén diciendo. Mantenemos la apariencia de que estamos escuchando cuando en realidad estamos esperando la ocasión de hablar. Escuchar así no sirve.

El discurso del hablante es un estímulo para el escucha. Todo estímulo produce una resonancia. Tenemos que aprender a no desplegar nuestra resonancia intelectual “en el momento de la escucha”. Para ello debemos evitar las asociaciones de ideas, interpretaciones al que habla y lo que dice, y mantenernos receptivos al mensaje. Para que una persona despliegue su pensamiento, necesita cierto tiempo y se apoya en las primeras afirmaciones para producir otras de mayor completud. Este complejo proceso de pensamiento es sutil y fácilmente abortable. Una interrupción en la ilación de las ideas produce muchas veces que el desarrollo no sea completado. Se impide, así, el proceso de creatividad y expresión. Además, deja en el hablante una sensación de impotencia y frustración. Por lo tanto, la única posibilidad de verdadera escucha es la postergación de la respuesta y seguir escuchando, pues ello puede implicar una reelaboración de la respuesta. Esto se agrava en las conversaciones en las que al menos uno de los interlocutores tenga un punto de vista preestablecido o lleve al diálogo exigencias predeterminadas. Tal programa oculto impide siempre escuchar plenamente.

La selectividad se ejerce “sobre lo que se quiere o no decir” y “sobre lo que se quiere o no escuchar”. Así, el que se critica a sí mismo solo escuchará las críticas de los demás y apenas atenderá otras cosas. En cambio, para el que quiere oír opiniones favorables, toda crítica pasará inadvertida. La capacidad de contacto del individuo se limita en la medida en que estas selecciones predeterminadas interfieren en la audición directa. Es decir, cada uno escucha a su manera.

El escuchar es un verdadero estado de alerta. Una disciplina que difícilmente se alcanza con espontaneidad. Necesitamos tiempo y perfeccionamiento a través de la práctica constante. Es una habilidad que podemos desarrollar con un profundo respeto por el diálogo.

ESCUCHAMOS DESDE NUESTRO PROPIO SILENCIO.

Escuchar significa volvernos conscientes de todos los indicios que emite la otra persona; implica una apertura a la totalidad de la relación.

Escuchar significa que dejamos de estar pendiente de nosotros mismos, de los propios pensamientos, juicios, prejuicios, expectativas o fantasías, centrándonos en la otra persona tal cual como es. Es decir, debemos percibir al otro como es y no como quisiéramos que fuera.

NO SÓLO ESCUCHAMOS CON LOS OÍDOS

Escuchamos con la mirada y con el registro de los sentimientos

Es muy interesante ver cómo juegan las categorías temporales y espaciales en las relaciones humanas. Cuando estamos en actitud de escucha, podemos percibir:

1. Ubicación espacial      Simétrica/Asimétrica/Distancia

2. Mirada.

3. Gestos.

4. Voz (tono y resonancia)

5. Postura corporal.

La ubicación espacial del hablante revela su distancia o su cercanía con el que escucha. El significado de esta percepción estará determinado por el contexto.

La temporalidad está ligada a la frecuencia, a la duración y al momento, oportuno o no, en que se establezca la comunicación.

En estas categorías temporales y especiales la contextualización del mensaje forma parte de la actitud de escucha. Algunas veces la información no verbal contradice a la enunciada y esa contradicción resulta importante.

En todo mensaje hay:

Las respuestas a estas preguntas deben ser corroboradas en el discurso del hablante, a través de la obtención de mayor información. En ningún caso, las propias conjeturas deben ser confundidas con la realidad expuesta. Escuchar es mucho más fácil de lo que uno supone. Lo que pasa es que nos enamoramos de los supuestos y dejamos de confirmar lo obvio.

De ninguna manera, escuchar significa mantenerse en la pasividad. Implica una forma de participación en el diálogo, donde el oyente puede preguntar o interrumpir para circunscribir el relato del hablante. La interrupción a que nos referimos es meramente circunstancial o aclaratoria y en ningún momento debe significar una fractura del discurso del hablante. Por lo tanto, la participación del que escucha es un delicado equilibrio entre el permitir naturalmente el desarrollo del diálogo y las acotaciones pertinentes que faciliten el curso del mismo.

La selectividad de lo que se escucha merece una consideración en particular. Debemos diferenciar aquellos temas en los cuales queremos profundizar, y que por lo tanto estamos dispuestos a escuchar, de aquellos que por su contenido nos disgusten y hacemos “como que los escuchamos”. En esta segunda opción, negamos el mensaje recibido, pero no se lo aclaramos a nuestro interlocutor.

Escuchamos bien cuando salimos de nosotros mismos en busca de señales emitidas por el otro. Cuando nos interesamos, cuando más focalizamos la atención, mayor es lo que llegaremos a saber de la otra persona. Y el otro, al percibir nuestro interés, se abrirá más. La valorización de los afectos del otro produce su afianzamiento y, por lo tanto, estos se reciclan en un vínculo de ida y vuelta.

Evitamos de esta manera la homogeneización del otro con respecto a sus pares. Reconocemos sus diferencias: No lo confundimos. Sabemos de sus gustos y aversiones, de los diferentes matices en distintos ítems, y difícilmente reduciremos al otro a un estereotipo.

Siguiendo las enseñanzas de Carl Rogers, podemos afirmar que comprendemos a una persona cuando captamos empáticamente su manera de sentir y expresar las emociones. El otro puede abrirse a nuestra escucha y confiar en nosotros. Es improbable que alguien que ha comenzado su apertura continúe si el que escucha “le falla”, ya sea por falta de respeto, por divulgación de lo que ha sabido o por no ser tomado en serio. Una vez que el sentimiento de amenaza se ha establecido en una relación, es muy difícil superarlo.

Una relación es un bien valioso y por lo tanto, digno de un cuidado muy especial

Formas gestálticas de expresión

La escucha se completa cuando nos expresamos. Para comunicarnos utilizamos ciertas pautas lingüísticas que nos ayudan a conocernos y darnos a conocer. Vamos a ver las pautas lingüísticas más usadas en el enfoque gestáltico:

Yo, aquí y ahora

Para que el contacto sea posible, el punto inicial es la diferencia entre el organismo y el entorno, sin confluencia. Nos autoexpresamos en primera persona del singular (Yo) para favorecer la responsabilidad de nuestros procesos y evitar las proyecciones. Al asumir la responsabilidad de ser lo que soy, la expreso en “Yo”. Comunico la experiencia que estoy teniendo, lo que pienso o lo que quiero. No usamos el lenguaje impersonal: “nosotros”, “uno”, etc. Así no sabemos quién está hablando.

Animarse a confrontar es “hablar con...”, no “acerca de...”

No es pelear, sino poner “frente con frente”. Vamos a hacer encuentros reales, no imaginarios. Voy a elegir ser auténtico, decir lo que siento, de frente, o voy a callar. La supresión del “acercadeísmo” es muy importante en la generación del contacto sano. En una sesión, si la persona no está presente, la simbolizamos en un almohadón para dialogar con ella.

No generalizar

Es usar expresiones singulares que nos describan en nuestra existencia. “Todos”, “nadie”, “cualquiera”, “siempre”, “nunca” son expresiones inexactas y vagas que nos distancian de lo que estamos experimentando.

No juzgar

No etiquetamos a la experiencia de buena o mala. Tan solo es lo que es. La observamos y descubrimos lo que nos sucede frente a ella. Tampoco nos convertimos en jueces del otro. Describimos lo que nos está sucediendo en vez de calificarlo.

No interpretar

Interpretar es adjudicar significados. Es asegurar que puedo conocer las motivaciones más íntimas. Es confundir el imaginario con la percepción, creerlo y suplantar a la realidad por la fantasía. Diferenciamos lo obvio de lo imaginario, sentimos en función de lo obvio y expresamos lo que sentimos, adecuándolo al otro. La adjudicación de intenciones es una interpretación que acusa y causa mucho daño. “Eso lo hiciste porque…”.

Privilegiar la conciencia del presente sobre el pensar

La pauta clásica es “privilegiar el sentir sobre el pensar”. Personalmente creo que tanto el sentir como el pensar son dos funciones muy importantes que deben ser integradas.

Cuando la función de pensar se expande ilegítimamente, invade todos los campos de la conciencia y reemplaza a la percepción con imaginarios. También confunde ideas con registros emocionales y las llama sentimientos.

En Gestalt, privilegiamos el registro sensible para que el organismo se haga consciente de su “estar aquí y ahora”. Nadie pretende que dejemos de pensar, pero sí que prestemos mucha atención a la experiencia del presente.