Error en campos brillantes - Rocío López Trejo - E-Book

Error en campos brillantes E-Book

Rocío López Trejo

0,0

Beschreibung

Error en campos brillantes es el relato íntimo y transformador de un viaje inesperado. Cuando el cáncer irrumpió en la vida de Rocío, no solo desafió su cuerpo, sino también su manera de habitar el mundo. Este libro no es un manual de superación ni una lección sobre cómo atravesar la enfermedad: es el testimonio sincero de alguien que decidió escucharse, despojarse de certezas y abrazar la metamorfosis.  Con una prosa luminosa y sin concesiones, la autora nos sumerge en sus miedos, revelaciones y pequeños milagros, compartiendo el vértigo y la belleza de un proceso que la llevó a renacer. Porque, en ocasiones, la vida nos desarma para mostrarnos lo esencial.  Este es un libro sobre la vulnerabilidad, la fuerza inesperada y la posibilidad de descubrir que, a veces, el error no es un obstáculo, sino la señal de que algo profundo debe transformarse. Y en ese error, si sabemos mirarlo, puede estar la clave para desplegar las alas. 

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 134

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Error en Campos brillantes

Rocío López Trejo

Error en campos brillantes

© de los textos: Rocío López Trejo, 2025

© de esta edición: Editorial Tequisté, 2025

Corrección: M. Fernanda Karageorgiu

Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo

Ilustraciones de interior: Macrovector / aA

1ª edición: marzo de 2025

ISBN: 978-987-8958-97-2

Editorial Tequisté:

[email protected]

www.tequiste.com

Instagram: @tequiste

YouTube: @tequiste

WhatsApp:

AR +54 9 11 6154 5552

ES +34 657 20 65 99

Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, auditiva, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.

LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

------

López Trejo, Rocío

Error en campos brillantes : el alma habla, el cuerpo expresa : historia de una transformación / Rocío López Trejo. - 1a ed. - Pilar : Tequisté. TXT, 2025.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8958-97-2

1. Superación Personal. I. Título.

CDD 158.1

A María José. Tu mirada amorosa y tu voz genuina y valiente me acompañaron hasta tus últimos días.

Agradecimientos

Gracias al cáncer. Sí, en primer lugar quiero agradecer a esas células mías que se volvieron locas, que perdieron su identidad, reflejándome lo que tal vez estaba sucediendo en una escala mayor. Gracias por la oportunidad que me dieron de atravesar un túnel oscuro, en el que no cabía otra opción que mirar hacia dentro y descubrir aquello que deseaba ser revelado.

Gracias, Mori, por tu presencia amorosa e incondicional. Gracias por cada cura, por cada instante en el que, desbordadas mis emociones, te sentabas a mi lado “simplemente” a estar. Gracias por acompañarme sin tener certeza de qué hacer, pero seguro de que todo pasaba por estar ahí.

Gracias, papá, por presenciar el dolor de una hija con entereza y confianza, sin juicios ni consuelos fáciles. Gracias por tus deliciosas comidas, en aquellos días y cada vez que nos juntamos. Gracias por hacerme creer en mi fuerza interior.

Gracias, mamá, por el regalo que tu alma maestra le hizo a mi personaje terrenal. Gracias por encarnar la enfermedad de una manera tan radical que, tratando torpemente de ayudarte, me permitió indagar y descubrir nuevas formas de enfocar la salud. Gracias porque verte hundirte poco a poco en tu pozo de desesperanza me ayudó a mí a no hacerlo cuando me quedé atrapada en el mío. Fue duro acompañarte en ese proceso, mamá, pero ahora lo siento como el más perfecto de los regalos. Gracias, por supuesto, por tu sonrisa, la luz de tus ojos, tu humor contagioso, tu sensibilidad artística y tu amor a las letras, que heredé con la naturalidad con la que se hereda un gesto.

Gracias, David, por ser el hermano mayor a la hora de atreverte y mostrar tu creatividad al mundo. Siguiendo tu ejemplo, hoy estoy aquí. Gracias por ser mi compañero de juegos, confidencias… de vida.

Gracias, Leo, por tratarme de escritor a escritora antes incluso de haber leído nada mío. Gracias por mantener inquebrantable tu confianza en que escribiría mi libro. Tu impulso ha sido vital para conseguirlo.

Gracias a todos lo que me habéis animado con vuestros comentarios y vuestro apoyo a lo largo del camino, un largo, largo camino desde que surgió el deseo de escribir un libro hasta hoy, que por fin ha tomado la forma de este libro. Gracias, Eddie, Che, Sonia, Quique, Cecilia, María Jesús, Laura O., María Àngels, Araceli, Lu Alcina y tantos otros…

Gracias a los amigos de siempre, porque son casa, son hogar, son lugar al que volver y sitio del que nunca te fuiste. Gracias, Charo, Fátima, Rubén, Fer, María Luisa, Nuri, Alf, David y todos los demás amigos que os sabéis reconocer en estas palabras. Gracias, Marvin: a ti, además de por todo y por tanto, por tu paciencia y tus consejos con la cura de la quemadura incidental, por tus palabras de calma, por serenarme siempre.

Gracias, Blu, hermana-amiga, que me abrazaste en los días más oscuros y, con tu cariño inquebrantable, me enseñaste a aceptarme imperfecta, asustada, perdida. Gracias por aquel día en el Mercado de Motores, tiempo después, en que lloraste de alegría conmigo viéndome cantar junto a mi coro, con el alma llena de tanta dicha como tristeza la anegó meses antes.

Gracias, cómo no, a mi coro Rocking It, a todos y cada uno de vosotros que vibráis conmigo en cada ensayo, en cada actuación, sintiendo el poder sanador de la música.

Gracias a los “corazones plenos”, empezando por Raúl Miranda. Qué fortuna estar en tu lista de distribución y recibir los audios de esa panda de locos maravillosos que hablan de amor sin cortapisas y de SER humanos, y de caerse y levantarse, y de llorar juntos. Y que se abrazan como si no hubiese un mañana. Gracias a Ana Winiya, mi amiga virtual hasta ayer mismo en que nos fundimos en un abrazo largo y profundo. Tú, que sin conocerme, me abriste las puertas de tu corazón y reconociste el mío como un viejo amigo.

Gracias a las personas del mundo sanitario que supieron tratar con infinita comprensión y delicadeza al animalillo asustado que se asomaba a la consulta, a la sala de pruebas, etc.

Gracias a Carol, Manoli, Pilar, Elena, Lala, Héctor, Ramón, compañeros en esto de atravesar un proceso oncológico. Me encanta sentir que formamos parte, no de un grupo de víctimas de nada, sino de un círculo de personas que aprovechamos una circunstancia retadora de la vida para llorar, sí, para desgarrarnos por dentro un ratito, quizás, pero también y sobre todo, para enamorarnos más de la vida y de nosotros mismos. Y gracias a Carolina, Pilar y todas las mujeres que, habiendo recorrido este camino antes que yo, me ayudasteis con vuestras recomendaciones, experiencia y ánimos. Me resultaba asombroso veros tan luminosas y pensar que vosotras también habíais sentido ese miedo paralizante en algún momento.

Gracias también a todos los que contribuyeron a mejorar mi escritura y, cómo no, a anclarme en mi poder creativo, descubriendo mi propia voz: los Artistas con Propósito, liderados por Inés Lolago, las Pioneras de Teje tu Proyecto, con Carmen Zamudio como anfitriona, Berna Wang y su delicioso acompañamiento…

Gracias a los integrantes de “Acércate al cielo” porque, en gran manera, contribuyeron a poner “la primera piedra” de esta historia. Gracias porque me habéis insuflado un ánimo tremendo para que, esta vez sí, hubiera un inicio… y un fin.

Gracias a Luis, por el título.

Gracias a Marisa y a Cristina por leer el manuscrito y regalarme su mirada, para hacerlo evolucionar, con tanto respeto, con tanto amor. Soy una privilegiada de teneros cerca. Me maravillan nuestras conversaciones.

Gracias a Irene y a Paula, las únicas personitas que tuvieron el poder mágico de disolver mis miedos y mi ansiedad en liviandad y alegría, en esos ratitos en que estábamos juntas. Ojalá la vida me depare muchas oportunidades de “titear” y rebosar felicidad como me pasa siempre a vuestro lado.

Gracias, gracias, gracias a tantos que es imposible nombraros, pero vosotros ya lo sabéis. A los que me inspiráis cada día: los primos y toda la familia, los amigos, los compañeros de trabajo (si es que es posible establecer distinción). Sara, a ti, específicamente tengo que nombrarte que para eso eres “la boss”. Jajaja, que no, que no es por eso. Te agradezco el apoyo constante que has sido para mí cuando estaba “deconstruida” como un Lego en manos de un niño de dos años. Gracias por conversar conmigo y ayudarme a soltar mi autoexigencia. Pilar: gracias por hacerme “parar la maquinaria”, amiga. Vero: gracias por mirarme con esos ojos buenos, bellos, dulces, tan llenos de amor y luz. Gracias a todos, compañeros, es tan bonito sentir nuestra conexión y el amor que ponemos en lo que hacemos.

Y gracias, cómo no, a ti, que tienes entre tus manos estas páginas. Gracias por tu confianza, por tu acogida, por tu tiempo. Y gracias por perdonar que a los escritores noveles se nos vaya la mano en el capítulo de agradecimientos. Pero tú lo entiendes, ¿verdad? ¿Cómo no vamos a estar agradecidos, si esto es un milagro continuo?

En Madrid, a 24 de noviembre de 2024

Prólogo Por R. M. Carús

Hay libros que sanan. No me refiero aquí a las obras científicas que estudian el desequilibrio del cuerpo o de la mente y encuentran maneras de reestablecerlo, sino a aquellos en los que el autor relata la experiencia propia de la enfermedad y explica cómo le ha servido para encontrar un camino nuevo y más significativo en su vida.

Estás a punto de comenzar uno de esos libros, y uno que va mucho más allá. Porque —según me consta— este, además de haber tenido la capacidad de sanar a su autora, tiene también, en mi opinión, la de ayudar en su proceso de curación a quien lo lea.

Eso es posible, por un lado, porque Rocío no intenta convencer a nadie. No alecciona sobre cómo debe vivirse la enfermedad, sino simplemente relata la manera en que ella la ha utilizado para transformarse. De este modo, el lector no se sentirá obligado a recorrer el mismo camino como si solo hubiera uno, sino que encontrará inspiración para sanar el propio.

Por otro, gracias a la manera en que la autora refiere los miedos, esperanzas y deseos surgidos durante su dolencia, ya que deja entrever con claridad que, esencialmente, esas emociones son comunes a cada uno de nosotros. Así, quien lea este libro se verá reconocido en ellas, y al saber cómo un semejante las ha manejado durante un accidente íntimo le será más fácil encontrar maneras de afrontar el suyo.

Finalmente, porque es profundamente sincera. No oculta los momentos dolorosos del proceso ni los dulcifica. Tampoco se guarda los luminosos, porque no se siente extraña al afirmar que en su caso los ha habido y que han sido esenciales en su curación.

Todo ello hace que esta sea una lectura honda y al mismo tiempo placentera, cercana y viva. Una lectura en que alguien relata cómo un tumor le salvó la vida.

Ojalá en ella encuentres luz y camino.

Prólogo de la autora

Echo un vistazo a la estantería y cierto libro1 me llama la atención. Lo saco y lo abro por una página cualquiera:

—Sandra, cuéntale al mundo tu historia. —Me miró con profundidad, tan sincera y amorosamente.

—Kitty, te prometo que le contaré al mundo mi historia.

Ya no recuerdo quién era Kitty ni el argumento del libro, que nunca llegué a terminar de leer, pero ha sido abrirlo y ese mensaje me ha llegado al alma. O, tal vez, ha salido directamente de ella para encontrar su espejo en esa frase.

Escribe tu historia, me dice esa página abierta al azar de un libro, abierto también por pura casualidad hoy, en pleno confinamiento, tras años durmiendo en la estantería.

Escribe el libro que llevas dentro, me dice Juan, que tiene la capacidad de acceder a una sabiduría que va más allá de lo evidente. Escribe, eres escritora, me dice Leo. ¿Cómo vas con tu libro?, me preguntan Mar, Laura, María Jesús…

Y ya no sé qué responder. No sé a qué más excusas agarrarme. En realidad, son excusas muy sólidas, muy bien armadas y argumentadas. Cualquier tribunal fallaría a mi favor.

Pero el único tribunal que me importa (más allá de la parada de metro en la que me bajo para ir a abrazar a mis sobrinas) es el de mi corazón. Y a este no le valen excusas. Porque si no, haría tiempo que se habría callado, que habría sosegado el grito intermitente, la pregunta latente, la invitación constante: Escribe, por favor, escribe.

Y yo respondo: pero ¿qué? No tengo una historia que contar, ¿qué voy a contar que no esté ya escrito?, ¿qué puedo añadir yo? Solo tengo una historia, la mía, ¿eso queréis que cuente?, ¿eso?

Abril 2020

1 A Journey into the Light, de Sandra Phillips

ERROR_EN_CAMPOS_BRILLANTES

Fue durante una comida de reencuentro de antiguos voluntarios “telefónicos”. La conversación se ramificaba, iba y venía, errática, como suele ocurrir cuando hay grupos grandes. No recuerdo gran cosa más allá del momento en que algo hizo que Luis se acordara precisamente de aquello: del mensaje que, en tiempos remotos, aparecía en ocasiones en la pantalla de su ordenador: “ERROR_EN_CAMPOS_BRILLANTES”. Nunca llegó a averiguar qué significaba pero le parecía una expresión verdaderamente hermosa. En algún momento, habría que escribir un libro con semejante título, decía.

Yo pensé lo mismo. Y, años después —muchos años después— aquí estamos.

Sigo sin saber cómo afectaba a un ordenador un error como ese, ni siquiera si existió realmente o fue una licencia informático-literaria que se tomó Luis aquel día, pero para mí ese mensaje tiene un profundo significado.

Somos campos brillantes, somos campos de energía que podemos llegar a emanar una luz, incluso evidente por los sentidos. Como cuando decimos que una persona “tiene luz”, y es que la tiene, tiene una luz y un brillo únicos. Lo tenemos todos cuando estamos realmente conectados con nuestra esencia, que a su vez se conecta con la Esencia Universal, convirtiéndonos en campos verdaderamente brillantes.

Pero, a veces, en este manifestarnos en el tiempo y el espacio, en la forma, recurrimos a distintos programas para movernos en la dualidad. Y en esos programas, a menudo, se instalan pequeños errores, o grandes, depende de lo que hagamos con ellos. Y ese error, cuando aparece, nos impide avanzar. Y no es algo negativo, es el mensaje perfecto que necesitamos para darnos cuenta de que hay algo que revisar ahí. Por lo tanto, lo malo no es recibir un mensaje de error, el error no es más que la señal de que hay un bloqueo a la correcta manifestación de nuestro Ser. Lo malo es no hacerle caso, fingir que no lo vemos, o interpretarlo como una desgracia que no queda otra que echarse a la espalda.

Recibir un mensaje de error puede ser lo más luminoso del mundo, la perfecta funcionalidad de la disfunción. El error es nuestro aliado, cuando nos lleva a una mirada hacia dentro y a un viaje de transformación que, a veces, no es más que soltar lo que no era nuestro y conectarnos con lo que siempre lo fue.

Esta es la historia de uno de esos viajes, el mío. El error tuvo forma de enfermedad, pero podía haber tomado cualquier otra forma.

Afortunadamente, me di cuenta enseguida de que “el problema” no era la enfermedad sino la actitud vital que me había llevado hasta ahí. Eso no le quitó intensidad ni dolor al viaje, pero sí le dio un sentido.

Ojalá, si en alguna ocasión aparece en tu pantalla vital un mensaje de ERROR_EN_CAMPOS_BRILLANTES, recuerdes, lo primero, que eres un campo brillante y, después, que es una bendición tener un aviso tal, si así deseas verlo.

Mi viaje, como el de la mayoría de los héroes que se embarcan en uno, guarda un gran parecido con la metamorfosis de la mariposa.

Aprendí no hace mucho algo más sobre esta metamorfosis gracias a uno de los regalos que esta experiencia me ha proporcionado, el Coaching Profundo de la mano de Mónica Larrabeiti. Y descubrí que la oruga se dedica a comer y comer hojas la mayor parte de su tiempo. Luego, un día, le llega la llamada interior para posarse en una rama y comenzar a tejer en torno a sí un capullo en el que se obrará la transformación.

Leon VanderPol describe el proceso en su libro Un movimiento en el Ser: