Esquizofrenia y genética - Jay Joseph - E-Book

Esquizofrenia y genética E-Book

Jay Joseph

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Desde hace generaciones, existe la creencia de que la esquizofrenia tiene causas genéticas. Pese a que esta tesis continúa siendo la base del tratamiento, lo cierto es que nunca ha sido demostrada de forma satisfactoria. La mayoría de pacientes diagnosticados no tenían padres con este trastorno. Recientemente han surgido, además, numerosos estudios que vinculan la esquizofrenia con las vivencias traumáticas en la infancia y con factores sociales como la pobreza, el racismo o el estrés migratorio. En este contexto, el psicólogo Jay Joseph se centra en las deficiencias metodológicas y las suposiciones cuestionables de estudios previos de esquizofrenia sobre familias, gemelos y adopción. El autor pone bajo el microscopio los influyentes estudios de adopción daneses y estadounidenses de las décadas de 1960 y 1990, llevando a los lectores a un viaje a través de estudios masivamente defectuosos, sesgados y con confusión ambiental que se han presentado en libros de texto estándar de una manera engañosa. En este libro, Jay Joseph presenta una evaluación crítica actualizada, minuciosamente documentada y muy necesaria de la investigación genética de la esquizofrenia. Sus hallazgos tienen importantes implicaciones para la psiquiatría, la genética del comportamiento y las ciencias sociales y del comportamiento en general.

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Seitenzahl: 433

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Jay Joseph

ESQUIZOFRENIA Y GENÉTICA

EL FINAL DE UNA ILUSIÓN

Traducción de Ricardo García Pérez

Herder

Título original: Schizophrenia and Genetics. The end of an Illusion

Traducción: Ricardo García Pérez

Diseño de la cubierta: Gabriel Nunes

Edición digital: José Toribio Barba

© 2021, Jay Joseph

© 2021, Herder Editorial, S.L., Barcelona

ISBN DIGITAL: 978-84-254-4688-7

1.ª edición digital, 2021

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)

Herder

www.herdereditorial.com

Índice
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA. IDEOLOGÍA GENETISTA Y CIENCIA: DESENFOQUES Y SESGOS QUE ES PRECISO CORREGIR
PREFACIO
1. INTRODUCCIÓN
• Conceptos de «esquizofrenia» discrepantes
• Evidencias que sustentan las causas ambientales
• Los problemas de las explicaciones genéticas de la esquizofrenia
– La mayoría de las personas diagnosticadas no tiene ningún antecedente familiar de psicosis
– Las bajas tasas de reproducción
– ¿Es la «esquizofrenia» un trastorno válido que se pueda identificar de forma fiable?
• Las afirmaciones de que se trata de una enfermedad genética y cerebral no se refuerzan mutuamente
2. LA «MALDICIÓN DE LA NO REPLICACIÓN» DE LA INVESTIGACIÓN GENÉTICA MOLECULAR DE LA ESQUIZOFRENIA
• «Encontrar y perder» los genes de la esquizofrenia
– Las afirmaciones de descubrimientos genéticos realizadas por expertos acreditados
– El «estanque de los genes» de la esquizofrenia está vacío
– La APA se contradice
– Los nuevos métodos de la genética molecular no van a descubrir genes si estos no existen
• La «heredabilidad» de la esquizofrenia está «desaparecida»
– La heredabilidad: «Uno de los términos más engañosos de la historia de la ciencia»
– «La variación se explica mediante» no es lo mismo que «fuerza»
3. LOS ESTUDIOS DE ESQUIZOFRENIA CON FAMILIAS
• «Se da en la familia» ≠ Genético
• Ernst Rüdin y la «Escuela de Múnich» de genética psiquiátrica
• El estudio de Kallmann
• Conclusión
4. LOS ESTUDIOS DE ESQUIZOFRENIA CON GEMELOS
• El método de los gemelos y sus supuestos
• El supuesto de la igualdad de entornos de gemelos (MZ) y mellizos (DZ): el talón de Aquiles del método de los gemelos
– Dos argumentos en defensa del EEA que fallan
– Las tasas de concordancia de mellizos (DZ) del mismo sexo frente a la de los de diferente sexo
– Las tasas de concordancia entre mellizos (DZ) frente a las de simples hermanos
– Una «catedral» de los estudios de gemelos
– El ganador de un premio Pulitzer equivoca los hechos fundamentales
• Otros diseños de estudios con gemelos
– El diseño de la descendencia de parejas de gemelos (MZ) discordantes
– Los gemelos criados por separado
• Conclusión: se deben rechazar de plano las interpretaciones genéticas de los estudios sobre esquizofrenia con gemelos
5. LOS ESTUDIOS DE ESQUIZOFRENIA CON INDIVIDUOS ADOPTADOS
• ¿Separación absoluta de los genes y el entorno?
– Niños abandonados
– Entorno prenatal
– Restricción del rango y representatividad
• Sesgo y engaño en la investigación del comportamiento
– P-Hacking, HARKing y dragado de datos
– El registro previo de la investigación
• Los estudios individuales
– El estudio estadounidense de Oregón de Heston
– Los estudios dano-estadounidenses dirigidos por Kety
– El estudio dano-estadounidense dirigido por Rosenthal
– El estudio dano-estadounidense dirigido por Wender
– El estudio finlandés dirigido por Tienari
– El estudio sueco dirigido por Lichtenstein
• Principales fuentes de problemas en los estudios dano-estadounidenses con individuos adoptados
– El concepto de «espectro de la esquizofrenia»
– Las tasas de diagnóstico del grupo de casos deben ser significativamente superiores a las de la población general
– El diagnóstico de «personalidad inadecuada»
– Los diagnósticos «indeterminados» del estudio de Copenhague dirigido por Kety
– Criterios diagnósticos homófobos y no psicóticos
– Ningún aumento significativo de la esquizofrenia crónica B1 en 1968 o 1971
– Las entrevistas y «pseudoentrevistas» del estudio de 1975 dirigido por Kety
– La esquizofrenia crónica B1 en el estudio de 1975 dirigido por Kety
– La necesidad de «ensanchar el concepto de trastorno esquizofrénico más de lo que nunca antes habría sido razonablemente concebible»
– Fronteras diagnósticas «necesariamente vagas»
– La inclusión arbitraria de la «esquizofrenia límite» en el espectro
– La exclusión arbitraria de la «esquizofrenia aguda» del espectro
– La elevada tasa de diagnósticos del espectro entre los familiares biológicos del grupo de controles
– La interrupción del apego: el uso de niños adoptados separados de sus padres tardíamente y entregados en adopción a otra familia tardíamente
– Violación del supuesto estadístico de la independencia entre observaciones
– Contabilizar la «depresión maníaca» como un trastorno del espectro de la esquizofrenia
– Los estudios dirigidos por Kety: cambiar el diseño de la investigación después de obtener los resultados
– El estudio dirigido por Rosenthal: dar por sentado el fundamento genético de la esquizofrenia en el proceso de ponerlo a prueba
– Los diagnósticos de hermanastros biológicos (de padre o madre) no eran consistentes con las predicciones genéticas
– La «convincente» comparación entre hermanastros de padre biológico no era estadísticamente significativa
– Los resultados definitivos del estudio dirigido por Rosenthal: Negativos
– Inconsistencias en el recuento y diagnóstico de familiares
– Fuentes de problemas en el estudio de adopciones cruzadas de 1974
– Los diagnósticos «indeterminados» del estudio provincial dirigido por Kety
– Reducción del grupo de controles en el estudio provincial dirigido por Kety
– Otras fuentes de problemas adicionales del estudio provincial de 1994 dirigido por Kety
• Resumen de la crítica a los estudios dano-estadounidenses con niños adoptados
• La asignación selectiva: el talón de Aquiles de la investigación de la esquizofrenia con niños adoptados
– Dinamarca
– Oregón
– Finlandia y Suecia
– Conclusión
• Las descripciones engañosas de la investigación de la esquizofrenia con individuos adoptados que aparecen en los manuales
– Citar estudios inexistentes para defender la genética
– Descripciones incorrectas de los grupos de comparación utilizados en los estudios dirigidos por Kety
– Un antiguo presidente de la APA se equivoca
• La investigación de la esquizofrenia con individuos adoptados: resumen y conclusiones
6. ESQUIZOFRENIA Y GENÉTICA: CONCLUSIONES GENERALES
AGRADECIMIENTOS

Para G. G., mi mejor amigo y fuente de inspiración

IDEOLOGÍA GENETISTA Y CIENCIA: DESENFOQUES Y SESGOS QUE ES PRECISO CORREGIR

Jorge L. Tizón

En 1990 se encontraron repetidos experimentos y observaciones fallidos en la investigación espacial con uno de los instrumentos más costosos enviados hasta entonces por el hombre al espacio: el telescopio espacial Hubble*(Hubble Space Telescope, HST). El Hubble es uno de los telescopios más renombrados de la astronomía moderna: con una masa de 11 toneladas, orbita alrededor del planeta Tierra a 593 kilómetros sobre el nivel del mar. Había sido puesto en órbita el 24 de abril de 1990 en la misión STS-31 como un proyecto conjunto de la NASA y de la Agencia Espacial Europea, inaugurando el programa de Grandes Observatorios. El coste del Hubble ascendió (en aquel mismo año) a 2 800 millones de dólares estadounidenses.

Pronto se supo que los errores de tan carísimo instrumento se debían a algo tan elemental y negligente como un fallo en el pulido del espejo primario del telescopio, lo que producía aberraciones esféricas. Tuvieron que pasar tres años para que un transbordador tripulado (STS-6112), en otra costosísima misión, pudiera instalar un sistema de corrección óptica capaz de corregir el defecto del espejo primario.

El hecho de que una serie de experimentos y observaciones que iban a durar decenios pudiera ser alterada por un defecto inicial de fabricación no controlado me sirvió hace años para poder criticar el enfoque parcial y sesgado que, desde el nacimiento de la «medicina basada en la evidencia», se ha utilizado contra la psicoterapia como conjunto de técnicas terapéuticas o para investigar de manera inadecuada en psicoterapia.1-3 Solo más de medio siglo después de los primeros «estudios» de Hans Eysenck se pudo comenzar a corregir esos «errores de perspectiva» iniciales, habiéndose realizado ya múltiples investigaciones, revisiones, revisiones sistemáticas y metaanálisis sobre la validez de diversas psicoterapias en los cuidados integrales de todos los trastornos mentales y, por supuesto, de las psicosis. 1-7

Recuerdo aquí esa historia de la ingeniería y la astrofísica porque en el campo de la genética de las psicosis y, en general, en el de la genética y la psicopatología tropezamos de nuevo con un misterioso «defecto de fábrica» que desviaba todas las investigaciones y que, posiblemente, se debiera a un «defecto de refracción» de la lente… de los investigadores. Por un lado, todos los resultados parecían refutar la influencia del ambiente, la crianza y las relaciones en las psicosis y, correlativamente, probar que la psicoterapia es menos efectiva que las técnicas biológicas, como los psicofármacos.* Pero, al mismo tiempo, centenares —si no miles— de resultados «demostraban» la vinculación de la genética y la psicopatología, cuando no incluso misteriosos «desequilibrios electroquímicos del cerebro».

El ámbito de la genética y la genómica de las psicosis ha sido uno de los más investigados (y financiados) a lo largo de más de un siglo. Poco importa la realidad de los magros resultados de tales estudios, generosamente sufragados, al contrario de los que intentaban aclarar otros factores de riesgo de las psicosis, tales como los psicosociales, sociales, culturales, etc. 8-12 A pesar de los repetidos fracasos a la hora de encontrar un gen y/o un «marcador biológico» de la esquizofrenia, el gen sigue mostrándose esquivo y los «marcadores biológicos» parecen un espejismo variable según el tiempo, la cultura, la escuela de los investigadores…* Hace unos años se llegó a predecir una proteína de la piel del plátano como marcador biológico, mientras que, no hace mucho, asistimos a una explosión de pruebas (e inversiones) para poner a punto la inhibición del prepulso (PPI), así como diversos artilugios basados en la RMC para llegar a lograr un «marcador biológico de la esquizofrenia». El asunto resulta especialmente llamativo puesto que, salvo excepciones, en los casos crónicos suele bastar con hablar durante una hora con un paciente, sus familiares y allegados para obtener ya una serie de «marcadores relacionales» sobre los cuales estar atentos y ser cuidadosos en lo sucesivo.

Pero el campo de la genética de la esquizofrenia —y, en general, el de la genética de la psicopatología— se ha convertido en uno de los ámbitos científicos, ideológicos y políticos más controvertidos, aunque a menudo se dé por «resuelto», como, por ejemplo, cada vez que se acepta como realidad empírica la metáfora de las «enfermedades mentales» en lugar de «trastornos mentales» o «sufrimiento psicológico». Esa controversia ha sido particularmente enconada en el caso de la «esquizofrenia»,** probablemente el «grupo diagnóstico» más estudiado por la genética, junto con los de los TBP (trastorno bipolar), los TEA (trastorno del espectro del autismo) y, en la actualidad, los TDHA (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).

Por eso, desde el origen de la colección 3P (Psicopatología y Psicoterapia de las Psicosis) le hemos dedicado una cierta atención al tema; por ejemplo, con los textos de John Read,4,5 Richard P. Bentall,12 Donald Pfaff13 o los míos propios.14,15 Y hoy nos alegramos en especial de poder publicar un trabajo como el de Jay Joseph, centrado directamente en el tema y particularmente incisivo y profundo.

El libro de Joseph, un investigador que lleva años escribiendo sobre estos asuntos, nos parecía crucial para resumir las cautelas con las que todo clínico en salud mental, todo trabajador comunitario y, en general, la población debería aproximarse al ámbito de la genética de la esquizofrenia y las psicosis. Los clínicos e investigadores de orientación psicoanalítica, relacional o, en general, psicológica están hoy de enhorabuena: después de más de un siglo de ser relegados y tratados como ignorantes por parte de la «psiquiatría oficial», hemos visto cómo nuestras aportaciones (a menudo tan solo clínicas y, por lo tanto, con poco valor probatorio) o nuestras intuiciones etiológicas sobre el papel de las Experiencias Relacionales Adversas (ERA) en las psicosis son ampliamente reconocidas…16-19,5 Y ello a pesar de los numerosos errores y simplificaciones cometidas también por las perspectivas psicologistas (que no psicológicas) y sociologistas (que no sociológicas) a lo largo de esos decenios, tales como las de la «madre esquizofrenógena», la locura como creación, la «pulsión de muerte» en las psicosis, la metanoia, etc.

Hoy en día disponemos de numerosos estudios que vinculan las psicosis y otros trastornos, e incluso enfermedades somáticas,20,21 con las adversidades infantiles, como haber experimentado acoso escolar, violencia emocional, incesto, abandono, pérdida de progenitores, violencia física o abusos sexuales... Se trata de hallazgos conocidos en la actualidad por el personal clínico que trabaja con sujetos diagnosticados de trastornos psicóticos. En varios volúmenes de esta colección4,5,12 se muestran asimismo evidencias que relacionan los trastornos psicóticos con factores sociales como la pobreza, el racismo, el estrés migratorio o la vida en grandes núcleos urbanos.12,22-27

Sin embargo, hace unos años los estudios y comunicaciones clínicas divergentes con el dogma biologista no eran tenidos en cuenta, salvo por los clínicos de la propia «escuela» u orientación, apenas recibían algún tipo de reconocimiento público y, por lo tanto, tampoco financiación de ningún tipo. Todo lo contrario que los estudios dedicados «a la caza del gen de la esquizofrenia», que a lo largo de más de un siglo han captado una parte significativa de la investigación en ese ámbito y han implicado un enorme despilfarro económico que, con toda seguridad, hay que cifrar como poco en centenares de millones de euros; y, además, han supuesto una retracción de esos fondos para otras investigaciones de distinta orientación, cuyos resultados podrían ser utilizados de manera más directa en la prevención y el cuidado integral de las psicosis —al menos, más que los delicuescentes resultados de la búsqueda del «gen escapista».

Pseudoconceptos o nociones (ideológicas)

A lo largo de las páginas que siguen, el lector y el estudioso van a encontrar acerados y bien documentados análisis de los errores, omisiones y falsedades que contienen esas decenas o centenares de estudios, todos ellos costosísimos en financiación, en sufrimientos y en trabajos para investigadores e investigados (un tema, por cierto, que se ha analizado poco es la posible yatrogenia psicosocial de tales estudios). A lo largo de las páginas que siguen, el lector y el estudioso pueden ponerse al día y profundizar en los protocolos, las metodologías y los datos de los trabajos más citados sobre el tema y en cómo, al contrario de lo que a menudo afirman sus autores, se desmonta toda una serie de mitos geneticistas: el primero, el de la «heredabilidad» de la esquizofrenia, comenzando por el propio concepto de «heredabilidad», un término torticero donde los haya.* También tendrá cumplida información sobre lo vacío que sigue estando el estanque en el que se iban a acumular los genes de la esquizofrenia, incluso en los tiempos de la genómica molecular y el genoma humano (que tampoco ha logrado aportar el famoso gen o el material genético tan buscado). Puestos a aplicar potentes metodologías estadísticas, no estaría de más una revisión sistemática y un metaanálisis de los efectos producidos sobre nuestros conocimientos por esa pléyade de estudios a los que han dedicado millones de horas los profesionales, pacientes y familiares.

Otro pseudoconcepto (o concepto convertido en pseudoconcepto) concierne a la familiaridad de la esquizofrenia, el dato de que su prevalencia sea mayor en determinados grupos familiares. En sí mismo constituye una información discutible, pero lo que lo convierte en pseudoconcepto es que su amplitud conceptual o su «penumbra asociativa y semántica» lo lleve a confundir lo «familiar» con lo «genético». En su dura disección de los estudios con gemelos y con niños y/o gemelos adoptados, la fuente «probatoria» fundamental hasta hoy de las investigaciones sobre genética de las psicosis, es donde Jay Joseph muestra a fondo todos sus años de estudios críticos relacionados con el tema, que intenta compilar y ampliar en este volumen. Se trata de unas páginas imprescindibles para cualquier investigador sobre psicopatología y, casi me atrevería a decir, también para todo estudioso de los hechos sociales. Sus reflexiones en torno al p-hacking, el HARKing** y el dragado de datos, como métodos de alterar las investigaciones, son especialmente aceradas… y complejas. Del afilado bisturí de Joseph no se salvan ni los estudios clásicos más citados en los trabajos científicos de índole internacional: los estudios dano-estadounidenses de Seymour S. Kety, David Rosenthal y Paul H. Wender y los estudios escandinavos de Pekka Tienari y Paul Litchtenstein o el propio Kety.

Algunas decisiones arriesgadas desde el punto de vista clínico

Después de trabajar durante decenios en programas y servicios de salud mental en ambientes desfavorecidos, y de más de dos décadas intentando ayudar a los equipos que cuidan a niños, adultos y familias sometidos a medidas de justicia o sociales, uno no puede sino ser, solo con eso, profundamente crítico con gran parte de los estudios analizados. Para un clínico con cierta experiencia en este campo, resulta evidente cómo muchos de tales trabajos no lograron controlar la influencia de factores de confusión potenciales tan relevantes como el entorno prenatal y los cuidados del embarazo, el parto y el puerperio, el momento de la separación de la madre y el padre biológicos, los meses o años padecidos hasta la adopción, las separaciones y adopciones tardías o repetidas, la no representatividad poblacional de los progenitores biológicos y/o de los padres adoptivos (los padres adoptantes son siempre seleccionados, de una forma u otra y, por tanto, no representan la población general), las circunstancias relacionales adversas vividas por cada niño y cada control…8,16-21 En definitiva, los estudios con gemelos y adoptados no han proporcionado datos que puedan ayudar a diferenciar los efectos de las Experiencias Relacionales Adversas16,17 y el propio abandono como una de ellas, con respecto a la «carga genética» de esos niños y familias, aunque el análisis de esas investigaciones puede aportarnos interesantes reflexiones, como, por ejemplo, la que Joseph señala en varias ocasiones en su libro: ¿esos niños deberían calificarse como «adoptados» o como «abandonados» (o bien, como preferiríamos matizar, como «abandonados y adoptados posteriormente»)?

Decir eso no significa que despreciemos el enorme trabajo realizado para intentar esas discriminaciones por parte de los equipos investigadores. Solo que, precisamente por eso, tal vez lo más coherente desde el punto de vista científico sería admitir que decenios de penosas y costosas investigaciones no han podido crear métodos analíticos suficientemente potentes como para no replantearse ya —hace años— ese paradigma metodológico o incluso ese programa de investigación.28 Aunque eso no deba significar, ni mucho menos, abandonar la investigación sobre genética de las psicosis y de otros trastornos mentales.

Parece que en este ámbito los investigadores y sus estudios han estado a menudo «investigando dentro de burbujas autocomplacientes» … sin percibir la propia burbuja de autocomplacencia y los sesgos autoconfirmatorios. Por ejemplo, en el capítulo diagnóstico de los estudios de adopción, en una y otra ocasión los investigadores utilizaron unos criterios diagnósticos reconocidamente «vagos» de «esquizofrenia» (llegando a incluir supuestos diagnósticos como el de «personalidad inadecuada», «esquizofrenia límite indeterminada» o «depresión maníaca» y empleando a veces la orientación sexual gay como un indicador del mismo); cambiaron las definiciones y los grupos de comparación después de recoger y revisar los datos (p-hacking), a menudo dentro del estudio o de sus diferentes grupos y momentos; eliminaron diagnósticos del espectro realizando comparaciones «convincentes» entre el grupo de casos y el grupo de controles para obtener resultados estadísticamente significativos; cayeron en aparatosas circularidades y tautologías al partir de aprioris genetistas; alteraron supuestos estadísticos básicos de la investigación, como la descripción adecuada de las metodologías diagnósticas utilizadas; aportaron muy poca información sobre las historias de vida de los niños adoptados; usaron métodos arbitrarios para contabilizar diagnósticos y familiares; rompieron frecuentemente la aleatoriedad de los grupos y el trabajo «a ciegas»; utilizaron métodos imprecisos para determinar si los hermanos eran gemelos (MZ) o mellizos (DZ); a menudo dieron por sentado que, como consecuencia de la genética, las parejas de gemelos (MZ) viven en un entorno parental más parecido que el que experimentan las parejas de mellizos (DZ); se sirvieron de sujetos cuya información era muy incompleta; emplearon fórmulas artificiosas para corregir las desviaciones del factor edad; usaron muestras reducidas o no representativas, o bien poblaciones de muestra que estaban sesgadas en favor de la concordancia (por ejemplo, población de hospitales psiquiátricos); despreciaron hallazgos contradictorios con sus propios sesgos, tales como la elevada tasa de diagnósticos entre los familiares del «grupo control»; despreciaron o no valoraron el peso de variables psicológicas fundamentales (como las características ambientales psicosociales, las ERA o, como hoy diríamos, las rupturas del apego),* etc, etc., etc. Casi todas esas insuficiencias o violaciones de la metodología, fehacientes incluso en los estudios más famosos o cuidadosos, apoyaban el «sesgo genetista del investigador» y, entre otros, de la AIA-EEA (Asunción de la Igualdad Ambiental-Equal Environment Assumption),** entre las familias adoptantes y de procedencia o entre las familias en las que se desarrollaban los hermanos estudiados.

Un poco de memoria histórica nunca viene mal

En cuanto a los estudios de adopción de uno de los hermanos por otras familias, es notable el empeño de los diversos equipos de investigación genetista por mantener, en contra de todo criterio, la AIA.

La realidad clínica y psicosocial es bien diferente: cualquiera que haya trabajado en este campo conoce la imposibilidad de establecer grupos control comparables entre las familias que renuncian a un hijo (y, además, mellizo o gemelo) y las de los niños adoptados (abandonados), entre otra razones, porque hace ya decenios que en todos los países se intenta que los padres adoptivos sean preseleccionados (con mayor o menor acierto y profundidad) para evitar psicopatología, y resulta que suelen ser de clase social superior a los padres biológicos.

Pero para los que desconozcan o infravaloren estos extremos, un poco de historia y de «memoria histórica» no vendría mal. Por ejemplo, la mayoría de los niños abandonados y adoptados contabilizados en los más afamados estudios habían sufrido esas experiencias en la primera mitad del siglo XX en Dinamarca, Estados Unidos (Oregón) y Finlandia. En realidad, lo irónico es recordar que el registro psiquiátrico que hizo posible que se realizaran los estudios dano-estadounidenses con niños adoptados se creó para apoyar programas eugenésicos y decisiones de asignación para adopciones influidas por la eugenesia. En Oregón, la esterilización forzosa de las personas «locas» y demás «indeseables desde el punto de vista eugenésico» se apoyó en una ley de 1917, por la que se creaba un Consejo de Eugenesia del Estado cuya misión era autorizar dicha esterilización de «todos los faltos de inteligencia, locos, epilépticos, delincuentes habituales, degenerados morales y pervertidos sexuales» porque podían engendrar descendencia «inferior». Una ley similar se aprobó en 1935 en el Parlamento finés. La posterior Ley de Castración finlandesa es de 1950, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y derrotados los nazis. Permitía castrar a los delincuentes, los retrasados mentales y los «enfermos mentales permanentes», y no fue abolida ¡hasta 1970! En 1929, Dinamarca se había convertido en la primera nación europea en aprobar una ley de esterilización de inspiración eugenésica, que estuvo en vigor hasta bien entrada la década de 1960. Suecia también cuenta con una larga historia de eugenesia y esterilización eugenésica obligatoria.

Una consecuencia patente es que las muestras tanto de niños como de familias recogidas por gran parte de esos estudios estaban gravemente alteradas por las propias consecuencias de la ideología geneticista. No solo los nazis emplearon esos cientificismos delirantes para eliminar disidentes, «artistas degenerados», homosexuales, gitanos, judíos, pacientes psiquiátricos y «ratas eslavas», sino que esa ideología llegó a ser ampliamente popular o incluso cultural e ideológicamente dominante en varios países «desarrollados e instruidos». Es un buen momento para recordar cómo molestos investigadores como Sven F. Kellerhoff30 han probado que en algunas de las páginas más disparatadas o racistas de la biblia del nazismo (Mi lucha) Adolf Hitler plagió párrafos y párrafos… del magnate norteamericano Henry Ford, dueño de la empresa Ford.

Otro ámbito para la reflexión: el concepto de «esquizofrenia»

Por afinados y poderosos que sean nuestros medios, métodos y técnicas, si investigamos la genética de una entelequia, lo más probable es que obtengamos resultados nulos. Ese es un defecto de base de gran parte de los estudios sobre la genética y genómica de las psicosis, ya que parten de un concepto de «esquizofrenia» no solo poco válido y fiable, sino también previamente sesgado hacia lo biológico-fenomenológico, con lo cual, en realidad, investigan bien una entelequia, bien una tautología, o bien delicuescentes combinaciones de ambas.

Por un lado, como ya hemos mencionado en repetidas ocasiones en los libros de la colección 3P, el concepto de «esquizofrenia» —e incluso el de «psicosis»— es hoy un término sumamente discutido y discutible. No hay una definición de «esquizofrenia» —ni siquiera de «psicosis»— adecuada y consistente; por ejemplo, entre la que llegó a hacer el NIMH (National Institute of Mental Health )anterior a Thomas R. Insel33,34 y la de nuestros equipos en los mismos años14,15 las diferencias son abismales; entre otras cosas, porque la validez y la fiabilidad de todos los conceptos de «esquizofrenia» han sido y son ampliamente cuestionadas.

Como he recordado en otros lugares,14,15,20,35 para el NIMH norteamericano la esquizofrenia fue, durante años «una enfermedad genética del cerebro, crónica y de mal pronóstico, la más devastadora que se conoce». Sin embargo, en otros lugares hemos mantenido14,15 que, desde nuestra comprensión y aproximación, la «esquizofrenia» no es una, ni es enfermedad, ni puede decirse que sea una «enfermedad genética», ni afecta fundamentalmente al cerebro, ni está claro que sea tan crónica y de tan mal pronóstico y, desde luego, no es el trastorno mental más devastador que se conoce: basta con recordar que existen el autismo y los trastornos generalizados del desarrollo en la infancia. También en estos ámbitos se puede y se debe aplicar una mirada relacional y, por tanto, biopsicosocial.

Desde esa perspectiva, las psicosis, la «ruptura psicótica» y, en particular, las hoy llamadas «esquizofrenias» se caracterizarían por al menos cuatro elementos: 1) fragilidad y distorsiones graves en la integración del self, la personalidad y la identidad; 2) mala integración de la relación personalidad-figuras de apego-realidad externa; 3) distorsiones emocionales y cognitivas consecutivas graves y llamativas (confusión, delusiones, alucinaciones…); 4) dominancia mental y relacional de lo que hemos llamado la organización simbiótico-adhesiva,35 un entramado vulnerable que se descompensa con la «ruptura psicótica» (los «primeros episodios»).

Por eso hoy en día pensamos que un desarrollo tan complejo como algunos de los cuadros denominados «esquizofrenia», cuando se hace claramente diagnosticable con los estereotipos habituales, corresponde a una «psicosis desintegrativa pospuberal» que ha sido mal tratada y maltratada durante años. Sería el resultado de graves factores de riesgo biológicos, psicológicos y/o sociales acumulados y poco cuidados a lo largo del desarrollo, de no utilizar adecuadamente los factores de protección, así como de las repercusiones de malos cuidados sociales y tratamientos unidimensionales o incluso yatrogénicos durante años. Como solemos decir como provocación al pensamiento, «se necesita un largo y esforzado trabajo para crear una psicosis», pues es una tarea que debe vencer a la tendencia a la integración inter e intrapersonal preprogramadas en la especie.13,32,35,36

Algo peor aún es si, para ampliar las muestras, recurrimos a pseudoconceptos y artilugios tales como el de «espectro de la esquizofrenia»* y pseudodiagnósticos como los que antes hemos recordado. Probar la genética de tales entelequias o, meramente, probar la existencia de esas entelequias se torna una labor harto esforzada. Como señalaba irónicamente Theodore Lidz,37 «diferenciar entre un “esquizofrénico latente definitivo” y un “esquizofrénico latente indeterminado” [dos pseudodiagnósticos de algunos de estos estudios], es una hazaña bastante memorable».

Hasta Allen Frances, antiguo «jefe de tareas» del DSM-IV (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders [Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales]), ha llegado a afirmar38 que no hay análisis de laboratorio alguno que sirva para detectar la esquizofrenia (ni ningún otro trastorno psiquiátrico) y que la «enfermedad» se diagnostica sobre la base de los antecedentes familiares y personales, el comportamiento, la valoración personal del propio individuo y las informaciones aportadas por terceros. Es decir, que hasta un reconocido redactor del DSM, tras observar decenios de investigaciones erróneas o sesgadas, parecería decantarse por una perspectiva de las psicosis que podríamos tildar de «relacional»: la psicosis, como todos los trastornos mentales, se vive y se expresa en las relaciones y debe estudiarse también en el ámbito relacional (amén de en otros ámbitos, claro está).35,39

En resumen: como Joseph ilustra con profusión de muestras, hasta hoy los estudios genéticos de las psicosis han aportado muy poco a nuestro conocimiento de las mismas, salvo una monumental distracción de fondos y riqueza investigadora. En último extremo, desde un punto de vista hipotético, la esquizofrenia y las psicosis podrían ser consideradas incluso como «enfermedades del cerebro» y, sin embargo, no tener ningún tipo de base genética.

A pesar de todo, es casi seguro que, con otras vías y metodologías, tarde o temprano aparecerán factores genómicos más o menos influyentes en el desarrollo de esos intentos adaptativos fallidos que hoy llamamos «esquizofrenia» y «psicosis».35 ¿Cómo no iban a desempeñar un papel la genética y la genómica en esos trastornos tan graves si lo hacen en los rasgos de personalidad, temperamento y comportamientos clave, así como en multitud de rasgos fenotípicos? ¿Como no iban a desempeñar un papel en la más grave desintegración de la tendencia integrativa, genéticamente preprogramada en la especie, que es lo que suponen las psicosis? Y esto tanto si se entiende la esquizofrenia como un sinónimo de «psicosis» como si se entiende como el resultado de una psicosis mal tratada: el síndrome biopsicosocial que podemos observar en los pacientes con psicosis más aislados, encapsulados y deteriorados (los que, aún hoy, impregnan la noción popular de «esquizofrenia» e incluso la de los investigadores y los clínicos biologistas).

No hace muchos años, me pidió hora para la consulta una compañera, médica internista, joven y con gran futuro profesional… No me decía que fuera urgente, pero lo hacía con un llanto tan convulso y comunicativo que procuré darle una visita preferente. Me sorprendía que pudiera encontrarse en una crisis emocional, pues mi opinión sobre sus capacidades emocionales, cognitivas y sociales era muy favorable.

Desde que entró en el despacho, e incluso antes de sentarse, y entre llantos pudo comunicarme su duelo, su «dolencia»: «Acaban de diagnosticar de esquizofrenia a mi hermano… Y yo estoy embarazada. Llevábamos tiempo buscándolo… Y como la esquizofrenia es genética, ya sabes, ¿qué voy a hacer ahora con mi embarazo?».

Ha sido uno de los casos en los cuales he visto más diáfano (en la clínica) el enorme poder (dañino) de la ideología genetista.

No fue difícil contener a la atribulada doctora, aunque cambiar las asunciones que le habían sido insufladas a lo largo de la formación no era el tema fundamental al que dedicamos nuestro escaso tiempo. Una vez bloqueado el doble impacto (el diagnóstico de su hermano, que realmente había sufrido un aparatoso episodio agudo de psicosis, y el duelo por un supuesto embarazo con daño genético), la doctora siguió adelante con su embarazo y hoy es madre de dos hijos: la mayor, la «potencial esquizofrénica», es una despierta y alegre muchacha que, con toda seguridad, acabará pronto sus estudios superiores y en la que es notable su interés por la vida y una autoexigencia igualmente destacable.

En sentido contrario, he recordado en otro lugar14 el caso de María José: padece una psicosis de larga evolución, de la cual llegó a tener tres episodios agudos en la tercera década de la vida. Su padre sufría un grave trastorno de personalidad y posibles elementos psicóticos no suficientemente aclarados, dada su prematura muerte; su madre, una depresión grave recidivante; su marido, del que se separó tras el nacimiento de sus hijos, como poco un trastorno por inestabilidad emocional (TIEL)…*Y ella se hallaba embarazada de gemelos. El pronóstico era más que incierto, por lo que dedicamos nuestras mejores posibilidades de ayudar a esa madre, sus dos hijos y la abuela mediante grupos de embarazo y puerperio, psicoterapia y farmacología de la paciente, entrevistas familiares, seguimiento cercano del desarrollo de los hijos, orientaciones sociolaborales, etc.

Casi treinta años después, María José sigue padeciendo una psicosis que la perturba especialmente algunas semanas cada año, continúa con su farmacoterapia a dosis mínimas y con visitas psicoterapéuticas entre trimestrales y mensuales, pues se han ido a vivir a otra comunidad autónoma. Ejerce como técnica superior autónoma y, con ello, ha podido subvenir al desarrollo de sus hijos, dos enormes muchachotes que han completado cuatro carreras universitarias (entre los dos) y que antes de terminar la universidad tienen ya sustanciosas ofertas de trabajo, dadas sus capacidades cognitivas, su formación y sus habilidades relacionales.

Una tercera muestra para reflexionar: como ya he sugerido en otros lugares, si investigadores, clínicos, profesores y profesionales se creyeran realmente la ideología genetista que defienden, estarían interesadísimos en seguir, investigar y cuidar el futuro de los hijos de todos los pacientes con psicosis con los que contactan en sus servicios. ¿Es esa la realidad de nuestros servicios clínicos?*

¿Investigación biológica sobre la esquizofrenia y los trastornos mentales? ¿Cómo no? El problema es dedicar ingentes fondos —la mayor parte de los mismos— a investigaciones lastradas de entrada por el biologismo como error epistemológico y por el sectarismo y la disociación como errores ideológicos, clínicos y pragmáticos. Porque el genetismo, más que cualquier otro error epistemológico reduccionista, ha mostrado toda la potencia teórica, metateórica e ideológica que puede poseer un reduccionismo epistemológico40 a través de sus relevantes e históricas consecuencias teóricas, técnicas y prácticas.

Posiblemente, el desarrollo del «Proyecto del Genoma Humano» y las perspectivas genómicas y de biología molecular acabarán aportando datos y conocimientos reales sobre los factores de riesgo genómicos de los trastornos mentales. De momento, los resultados son magros41,42 y lo seguirán siendo a menos que se parta de modelos, hipótesis, conceptos y diagnósticos menos sesgados de entrada por el biologismo, que llevan a investigar no hipótesis científicas sino entelequias y tautologías.

El libro que el lector tiene entre sus manos, un resumen de las investigaciones de Joseph, nos lleva a entender las bases metodológicas de las razones por las que gran parte de esos centenares de trabajos, durante más de un siglo, ha resultado baldía, un desierto científico… salvo para el estudio de la sociología de la ciencia. Y es que se trata de un buen tema para investigar la influencia de la ideología y el poder económico en la determinación de los paradigmas o programas de investigación28,48,49 dominantes en las sociedades tecnológicas de nuestros días.

Genetismo y aparatos ideológicos de Estado

Otra reflexión en el mismo sentido, que también documenta Joseph abundantemente, es la siguiente: el genetismo como ideología, al igual que toda ideología, ha utilizado en una y otra ocasión los «aparatos ideológicos de Estado» para la difusión de sus nociones (que no conceptos). Y mucho más en este caso, pues ese error teórico y epistemológico resulta clave para el desarrollo de las ideologías sectarias, chovinistas y racistas. Naturalmente, no nos referimos ahora a los extremos homicidas del uso de la ideología genetista para esterilizar y/o asesinar a centenares de miles de pacientes psiquiátricos, sino al uso de otros aparatos menos abiertamente ideológicos como pueden ser las universidades, los institutos de investigación como el CSIC o el NIMH,*las sociedades científicas y profesionales, los medios de comunicación… De hecho, cualquier revisión somera de los textos utilizados en la formación de médicos, enfermeras, psiquiatras e incluso de psicólogos y trabadores sociales podría confirmar el amplio apoyo que recibe la ideología genetista en la comunicación, lo que, salvo en afortunados reductos resistentes, da como resultado:

Que las nociones ideológicas sobre la base genética de varios trastornos mentales se tomen como datos científicos.Que raramente se incluyan los estudios críticos con tal ideología pseudocientífica.Que solo en los últimos años hayan comenzado a incluirse algunos de los estudios y metaanálisis que probarían la importancia de las ERA y el medio psicosocial y social para con el desarrollo de las psicosis (y de otros trastornos mentales).Que la pragmática de los grandes hospitales y los servicios de psiquiatría dominantes siga aún más anclada en esos mitos ideológicos que los trabajos científicos y los manuales.Que en el período comprendido entre 1997 y 2007, por ejemplo, Kenneth S. Kendler, Stephen V. Faraone y Michael Rutter fueran tres de los cinco autores psiquiátricos más influyentes, según el índice de citación de sus artículos. Todos ellos eran partidarios de la línea genetista. Que gran parte de los eventos científicos a los que «se invita» a los profesionales presentes y futuros estén patrocinados por la industria farmacéutica y de biotecnología, partidarios «naturales» de los mitos genetistas y biologistas.40,44,45Que la opinión publicada, la opinión pública, las audiencias televisivas y las redes sociales informatizadas estén inundadas ideológica y culturalmente por esos mitos.46Que, por consiguiente, a la población, a la opinión pública, se le haya contado y se le siga contando una historia muy diferente a la del fracaso generalizado en «la caza del gen escapista».

El resultado de la utilización masiva de los «aparatos ideológicos de Estado» es que estas investigaciones han recibido grandes apoyos, gracias a fenómenos ya descritos por la sociología y la historia social de la ciencia conocidos como el «fenómeno Darsee», el «efecto Utah» y similares.*

En el caso de la ideología genetista, el apoyo ha sido aún mayor por cuanto el genetismo y versiones simplificadas de la teoría de la evolución han estado en la base de las ideologías totalitarias y, en general, de la derecha ideológica del siglo XX. En un mundo más democrático, los manuales y sistemas de formación se reescribirían dando cuenta del fracaso de tales investigaciones y, tal vez, se comentarían en un apartado dedicado a la «mala praxis» (científica). En nuestro mundo aún no es así y, además, la ideología genetista goza de amplio predicamento tanto en la cultura popular como en los medios de propaganda de masas.46

Los equipos de investigación, los financiadores y la industria farmacéutica y de biotecnología son bien conscientes del optimismo que genera la publicación de descubrimientos y datos científicos; mucho más en el caso de la ideología genetista, que parece proporcionar explicaciones sencillas a hechos sumamente complejos y biopsicosociales, como son los trastornos mentales. Explicaciones que, además, contribuyen a que nadie pueda sentirse responsable ni deba promover o apoyar cambios sociales, económicos o familiares; al fin y al cabo, «es la genética. ¡Qué le vamos a hacer! Es la genética». De ahí que los supuestos medios de información, en estos ámbitos como en otros, se encuentren abonados a la ideología genetista-biologista.39,40,46 También en la ciencia, como en otros fenómenos humanos, siempre hay quien ofrece soluciones sencillas para problemas complejos… Claro está: suelen resultar falsas o ineficaces.

Pero, en general, los investigadores, los laboratorios y las universidades son conscientes de que las declaraciones públicas sobre un descubrimiento, el optimismo y la emoción solidaria que promueven, atraen más fondos para la investigación y reportan más prestigio que las declaraciones públicas de fracasos, decepciones y frustración. Habitualmente, los medios informativos siguen esa pauta sin más. Puro «efecto Utah».

¿Qué ocurriría si se aplicaran metodologías de control de calidad a las investigaciones, a cargo de agencias independientes? Es algo que, en los últimos años, se ha impuesto a la asistencia pública. Aparte de la carga burocrática que esto puede suponer, llama la atención que ese control de la calidad y de la «aplicabilidad» de tales investigaciones mediante agencias independientes ni tan siquiera se haga respecto de la financiación pública de las investigaciones…*

En un sentido similar, en ocasiones he propuesto una investigación que ustedes mismos pueden convertir en un «trabajo de campo» en sus propios servicios, universidades, claustros de profesores, consejos de redacción y, en particular, en los grupos y equipos de investigación que comulgan más o menos inconscientemente con el mito ideológico genetista: pregunten ustedes si esos profesionales saben lo que fue la «Aktion T4». Y si, por casualidad, alguien les responde, pídanle que explique qué repercusiones tuvo esa «operación bélica» con respecto a los pacientes mentales… Llevo años construyendo y reformando la tabla que adjunto, cuyas versiones anteriores he ido publicando para la ilustración de lo que venimos diciendo. En mi opinión, esa encuesta, seguida del estudio de estos datos, debería constituir un momento obligatorio de la formación de cualquier especialista en psiquiatría o psicología clínica, y mucho más en el caso de los investigadores.**

Tabla 1. Algunos datos significativos acerca de la participación de la ideología psiquiátrica genetista en las tropelías de los nazis [derivada de ref. 39]

Año

Abuso

Cuantificación

Observaciones

1934-1939

Esterilización de «enfermos mentales» reales o supuestos.

350000 (0,5 % de la población).

Contabilizados los alemanes, aunque se hizo en numerosos países, muchos de ellos de los «aliados».

1938-1942

Un equipo dirigido por psiquiatras selecciona a gitanos alemanes para su esterilización y posterior internamiento en campos de concentración.

20000

De ellos, son asesinados en Auschwitz varios miles (¿17000?).

El Porraimos (genocidio gitano) se desarrolla en toda la Europa conquistada por los nazis.

Entre 220000 y 500000 gitanos asesinados.

Y hay historiadores que hablan de 500000 a 1,5 millones.

1940-1941

Tras ser evaluados como «incurables» por un equipo de psiquiatras, se asesina con gas a «enfermos mentales» alemanes mediante equipos de exterminio dirigidos por psiquiatras (10 de ellos, profesores universitarios: de Crinis, Heyde, Mauz, Nitsche, Panse, Pohlisch, Reisch, Schneider, Villinger y Zucker).

70000

(el ritmo aumentó con la guerra: se necesitaban las camas e instalaciones de los manicomios para los soldados heridos).

«Los escritores de X» apodó el pueblo a los que decidían sobre las listas quienes eran «prescindibles» (y cobraban por ello).

1941-1945

Los pacientes mentales que sobrevivieron a esa suerte de genocidio mueren en las instituciones psiquiátricas por hambre, infecciones o tratamientos inadecuados o aventurados.

Fallece el 80 % de los sobrevivientes.

«Lastre humano», «conchas vacías»,

«vidas que no merecen vivirse».

1940-1944

Florecimiento de la investigación anatomo-patológica a expensas del asesinato de enfermos concretos (participación de figuras relevantes como Carl Schneider, Hans Heinze y Julius Hallervorden, aparte de notorios «asesinos en serie» como «el Ángel de la muerte», Josef Mengele, médico y antropólogo).

Bajo nivel técnico-empírico y nula ética en tales investigaciones.

Buena parte de los experimentos tenían un fundamento bélico: buscaban técnicas para recomponer cuanto antes a los soldados heridos.

1934-1945

Ceca de 5000 niños son asesinados hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en programas de eutanasia con la participación obligada de los pediatras.

Los métodos para dar muerte eran el CO2, la inanición o la sobredosis de barbitúricos.

1944

De 52000 médicos registrados en Alemania,

8500 eran judíos (16 %).

El 44 % de todos los médicos se afilió al Partido Nazi.

El 7 % de todos los miembros de las SS eran médicos.

Al menos 200 médicos participaron directamente en investigaciones criminales.

La mayoría de los médicos judíos de los países dominados fue expulsada, exterminada o desterrada, como Freud y Balint.

Y la medicina alemana era de las más técnicamente avanzadas del mundo.

1940-1941

Equipos similares asesinan con gas a los pacientes mentales y judíos no alemanes (Polonia, URSS...).

Prácticamente, la totalidad de los pacientes de los territorios ocupados.

No hay que olvidar que 40000 mueren de hambre bajo el régimen de Vichy (un tema muy marginado en Francia).

1941

Los psiquiatras «escritores de X» intentan que se apruebe una ley para protegerse; una ley que determine que «puede acabarse con la vida de un enfermo que necesitaría cuidados de por vida, mediante medidas médicas y sin su conocimiento».

1941

El primer comandante de Treblinka, dedicado al exterminio de judíos, fue un psiquiatra: Irmfried Eberl.

1941-1945

Numerosos asesinos de las Einsatzgruppen sufren crisis nerviosas; los psiquiatras los tratan para que vuelvan a su «trabajo».

Hay casos descritos.

Dos decenios después, algunos psiquiatras soviéticos comenzarían a «diagnosticar» a los disidentes políticos de «delirio esquizofrénico humanitario».

1946

Gran parte de los psiquiatras implicados en asesinatos de pacientes son puestos en libertad y continúan ejerciendo la profesión.

Siempre

Ciencia, delirio e ideología son productos humanos no del todo contrapuestos: se pueden usar hipótesis científicas para crear delirios y para sostener ideologías.

No se puede ni se debe culpar a los investigadores de la genética de los trastornos mentales de semejantes genocidios, desde luego… Pero una buena forma de ser críticos con las propias concepciones es conocer los extremos a los que pueden llegar. Como expresaría gráficamente Francisco de Goya y Lucientes: «El sueño de la razón produce monstruos».

Una «práctica de campo» en sentido contrario, con repercusiones gnoseológicas mucho más vivenciales y prácticas, y que suelo recomendar, consiste en que todo investigador o clínico en el ámbito de las psicosis y los trastornos infantiles pudiera pasar unos días de su vida en un CRAE (Centro Residencial de Acción Educativa), un orfanato, un centro de menores o un centro de acogida o urgencia para «menores en situación de alto riesgo»: las desgarradoras vivencias emocionales que todos podemos vivir en esas situaciones supondrían la mejor vacuna contra deformaciones ideológicas, reduccionismos epistemológicos y simplismos teóricos, técnicos y prácticos.

En todo caso, hemos de contemplar la perspectiva histórica de la urgencia con la que la psiquiatría y la medicina biologista oficiales, al terminar la Segunda Guerra Mundial, necesitaban una revitalización del campo de la genética psiquiátrica. Había que sacarlas del declive y el descrédito en el que habían quedado sumidas tras las tropelías que los nazis y el imperio nipón practicaron en todo el mundo al aplicar las teorías eugenésicas. Unas «teorías» directamente basadas en la ideología genetista de los trastornos mentales y en delirios o deliremos pseudocientíficos dominantes en varios países (y no solo entre los nazis).

Ideología y ciencia

¿Cómo equipos bien dotados a todos los niveles, incluido el intelectual, formados alrededor de afamados profesores e investigadores, han podido caer a lo largo de más de un siglo en tales sesgos científicos (entre otros, el «sesgo confirmatorio»)? ¿Cómo han podido caer en una y otra ocasión en sesgos epistemológicos y teóricos repetidos, en sesgos político-ideológicos de racismo, autoritarismo y apoyos ciegos a los poderes establecidos, incluso antidemocráticos, o en negacionismos comparables con los de la ultraderecha europea y española? ¿Por qué se sigue financiando tan generosamente un ámbito que no ha proporcionado más que fracasos y que a menudo ha representado un motivo para el descrédito de los estudios genéticos? ¿Por qué potentes grupos de investigadores pueden cometer tal cúmulo de errores, con frecuencia agravados con disociaciones conscientes, parcialidades, ocultamientos y falsedades?

Hace decenios que sabemos que la pobreza, la marginación, la soledad, el desempleo, el apego inseguro, las perturbaciones familiares, la baja autoestima, la violencia, etc., desempeñan un papel importante como factores de riesgo de las psicosis. Tanto esos como otros muchos datos sobre los factores de riesgo psicológicos y psicosociales de la psicosis (cf. tabla 2) son hoy conocidos.4,5,13,14,8-11 Sería hora de invertir el reparto de fondos y conceder la importancia debida a las diversas líneas de investigación si de verdad queremos reducir el impacto del trastorno mental en nuestros conciudadanos y en nuestras sociedades. ¿Cómo es que numerosos equipos, el mainstream de la investigación en psiquiatría, han podido permanecer en esa ceguera —una desviación monumental que nos recuerda a la que intentó difundir durante años la industria tabaquera, «investigando» una supuesta predisposición genética al cáncer de pulmón (que existe), en vez de la investigar y tomar medidas porque «fumar produce cáncer»—?

En resumen: como recuerda la tabla adjunta, el dogma biologista de la incidencia y prevalencia similares de la «esquizofrenia» en diversos ambientes y poblaciones ya no resulta mantenible.

Tabla 2. Situaciones en las que se sabe que la prevalencia de la esquizofrenia es mayor [derivada de ref. 50]

Entre los inmigrantes extracomunitarios (en Europa).Entre los sobrevivientes y descendientes de una catástrofe natural o social,Entre los hijos de embarazadas sometidas a graves duelos o conflictos durante el embarazo.Entre los niños y adolescentes sometidos a tutela legal (repercusiones en la misma infancia o en la adultez).Entre los adolescentes y adultos con enfermedades y lesiones tempranas del SNC.Entre los descendientes de las familias gravemente disfuncionales.Entre los adolescentes y adultos que han sido «niños raros y aislados».Entre las clases y los grupos sociales explotados o marginados.Entre las personas y los grupos socialmente aislados, que no poseen «red social».Entre los habitantes de los barrios centrales en degradación y las periferias de las grandes urbes y megaurbes.Entre los «sin techo».Entre diversas «tribus urbanas».Entre los internados en cárceles.Entre caribeños inmigrados con respecto a los no inmigrados.Entre los habitantes de los países tecnológicamente «desarrollados» en comparación con los de los países «en vías de desarrollo».

Las investigaciones para el desarrollo del LISMEN,8-11 un cuestionario para la recogida de factores de riesgo, contienen una lista más completa de los factores de riesgo para los trastornos mentales graves.

Como médicos, como «neurocientíficos» o, más sencillamente, como profesionales, no podemos apuntar motivaciones conspiranoicas o beneficios económicos y de estatus como únicas razones (los efectos «Darsee» y «Utah»). Es cierto que los estudios sobre genética proporcionan prestigio médico, reconocimientos por parte de las ciencias biológicas, poder o influencia académica y social, pero eso no basta para explicar que numerosos investigadores, durante tanto tiempo y a costa de tan gran derroche de medios, se hayan equivocado así de crasamente. Sería una visión maniquea que, además, se contradice con la indudable necesidad de los estudios genéticos y genómicos en torno a todas las realidades humanas y, desde luego, también en psicología y psicopatología, como algunos defendemos. Y mucho más con el renovado interés por el dilema que han deparado los recientes trabajos de epigenómica.2,20,21,14,35,39

Si ampliamos un poco el foco, podríamos observar la proliferación de ideas genetistas en la investigación, lo que nos lleva a afirmar que el genetismo sigue siendo una ideología relevante hoy en día, incluso en nuestras sociedades europeas; y no solo en psicopatología, desde luego. Eso ha llevado a que se hayan postulado una y otra vez factores genéticos para la homosexualidad o las tendencias trans, así como para la propensión a la soledad o a llorar más de la cuenta, para la participación en elecciones presidenciales de Estados Unidos, para usar armas de fuego, para el empleo de tarjetas de crédito de manera inadecuada, para ser «cristiano renacido», para las preferencias entre el té y el café, para la conducta masturbatoria, para explicar la frecuencia del orgasmo femenino… Toda una serie de estudios que deberían ser publicados y difundidos por prestigiosas revistas internacionales tipo La codorniz o El Jueves, la revista de humor que sale los miércoles.

No queda más remedio que pensar y reflexionar sobre el poder de la ideología… también en los ámbitos científicos. Y la ideología genetista, que no la ciencia genética, es eso: una ideología (o un componente de ideologías más amplias).

Como es sabido, la ideología fue una disciplina filosófica inicialmente dedicada al análisis de las ideas y las sensaciones. Pero desde los siglos XVIII y XIX, en particular tras la utilización del término por parte de Napoléon y el marxismo, adquirió un rango e importancia en las discusiones filosóficas que en el último decenio había decaído, tal vez por el triunfo aplastante de una ideología: la «librecambista», mal llamada «neoliberal».

Se suele entender por «ideología» un conjunto de creencias que nos permiten poseer una identidad como individuos y como grupos dentro de las complejas sociedades modernas. Conforme estas se han ido complejizando, la necesidad de recurrir a ideologías identificadoras-diferenciadoras se ha hecho más potente… y más desesperada. Sentimos como algo urgente utilizar y hacer pública una o varias identidades, ya que resultan inmediata y continuamente erosionadas en las «sociedades líquidas» de nuestros días.51-53

Asimismo, se suele entender que la base de la conformación de una ideología es un conjunto de creencias, para hacer hincapié en que no se trata de datos científicos o teorías científicas. Una ideología incluye una serie de mitos, amalgamados con conceptos y con unas concepciones filosóficas sobre el papel del ser humano en el mundo, en la sociedad, en la naturaleza; sobre las características más destacadas o valorables del ser humano; sobre las razas, los grupos, las relaciones, las naciones, la política, la guerra, etc. El discurso ideológico toma forma mediante creencias, nociones y mitos, a diferencia del discurso filosófico, basado en categorías e hipótesis filosóficas, y a diferencia también del conocimiento científico, basado en datos, teorías, modelos e hipótesis científicos. Así, la unidad básica del discurso científico sería el concepto, la del discurso filosófico la categoría y la del discurso ideológico la noción (ideológica).

Pero desde una perspectiva poskuhniana de la ciencia,44,54 esa separación tajante entre los tres campos ha dejado de ser tan clara. En ese sentido, toda ideología moderna incluye elementos científicos (o su negación), se apoya en determinadas categorías filosóficas y suele dar lugar a prácticas sociales más o menos ajustadas a los conocimientos (científicos). Lo cual significa que lo que determina nuestra conciencia (de nosotros mismos, de nuestras relaciones y del mundo) y nuestra práctica sobre el mundo no son tanto los conocimientos y datos científicos, sino nuestra ideología. Y esta resulta conformada no tanto por nuestras cogniciones científicas, sino por nuestras vivencias y por la interiorización de la situación que ocupamos en las relaciones emocionales, laborales, de clase y grupo social, es decir, por las relaciones de producción, reproducción e intercambio sociales.

La ideología genetista es un excelente objeto de estudio que atestigua lo que venimos hablando: incluye, desde luego, datos e hipótesis científicas, si bien entremezcladas con mitos, sesgos cognitivos y necesidades de poder. Cuando una ideología está consolidada y es introyectada, plantea grandes posibilidades para la reducción de la disonancia cognitiva (y/o para la proyección e identificación proyectiva). Nos ayuda mentalmente a mantener nuestro lugar en el mundo y nuestra manera de afrontar sus conflictos fundamentales. Asimismo, incluye componentes o categorías filosóficas (sobre la religión, la espiritualidad, el lugar del ser humano en el universo, etc.). En algunos casos, la ideología genetista ha sido sumamente útil (y por tanto, utilizada) para determinadas ideologías políticas (casi siempre conservadoras), pues defiende una visión ideológica y filosófica de un mundo incambiable y esencialmente «creado por Dios» o, al menos, no necesitado de cambios.53

Sin embargo, en algunos casos, la necesidad de esa ideología en determinados sujetos o grupos54,55 puede provocar además auténticos delirios o delusiones, individuales o colectivas, como el racismo, la superioridad de los blancos sobre los negros o de la «raza» aria sobre las demás; o acerca de la inferioridad de las «razas» judía, gitana o eslava; o incluso de las nociones (ideológicas, que no científicas) de «raza» y «nación».