Expósita - Pura López Colomé - E-Book

Expósita E-Book

Pura López Colomé

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Beschreibung

Expósita abraza, desde una voz poética precisa y cuidadosa, la brevedad de la vida, su fragilidad y la sensación de abandono. Los poemas de Pura López Colomé acercan su oído a la condición delicada del mundo, al día a día y al objeto que, aunque común, se transforma en memoria y recuerdo del ser humano.

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Seitenzahl: 47

Veröffentlichungsjahr: 2024

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 EXPÓSITA

  Expósita

PURA LÓPEZ COLOMÉ

POESÍA  FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición, 2024[Primera edición en libro electrónico, 2024]

Distribución mundial

D. R. © 2024, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México

Comentarios: [email protected] Tel.: 55-5227-4672

Diseño de portada: León Muñoz Santini Diseño de portada: Neri Ugalde

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito del titular de los derechos.

ISBN 978-607-16-8469-1 (rústica)ISBN 978-607-16-8492-9 (ePub)ISBN 978-607-16-8504-9 (mobi)

Hecho en México - Made in Mexico

ÍNDICE

   

De un hilillo pende

El erizo. Su música

El cuadro de honor

Restos áridos

Dónde estás: y el chaleco gritando

La paradoja conduce

Un minuto de

Jaculatoria

Ánfora

Murmullos

Tetera alta, metálica

Una paloma insólita

POR ARTE DE MAGIA

Veliz, bulto o maleta, lo mismo da

En diálogo / en di algo

Travesaño / a través del año

Ese día

Psoriasis

El infinito

Capitán

Al borde del estanque

Altos vuelos

No tengo con quién

El carnaval en peligro

Alma de cristo: ¿que qué?

Insuficiencia respiratoria

Había una vez

   DE UN HILILLO PENDE

 

la Verdad que dice Sombra…1

 

… como la savia

que por el tallo asciende,

vibra en su timbre

y se enciende;

apaga eso

que estaba de más

esa carga de la vida;

igual, cantando

en otro sentido,

pende la hebra al aire

de una bella telaraña rota,

previo reflejo del cosmos.

Sutil bordado

de viuda negra

llorando.

Sus

lágrimas

minúsculas

resbalaban

perfectas

como el rocío,

mientras las notas

reverberantes

se disolvían sin querer,

óvalos pálidos

en uno de tantos lechos;

y la sangre, ay, la sangre

—sorda al desprendimiento

del otro hilillo flotante—

seguía su cauce

con espesa lentitud

trasladando,

sustanciando

la poderosa intención

de ancho río subcutáneo.

Demasiado peso,

demasiada pena

para un cuerpo común y corriente

cuyas redes interiores

habían soltado ya

tanta banalidad, tal indelicadeza.

 

Y yo instalada en el recuerdo de

la fuerza que por el verde tallo

mientras la viuda retenía

su misterio,

encerrado a piedra y lodo:

alguien a las dos

nos observaba

desde otra esfera

a punto de articular

el engañoso “aliento”

que me diría al oído:

será primavera

cuando esta luz

nos atraviese.

 

[Me soñé despierta, vigilando tu respiración pausada, tu sonrisa involuntaria con los ojos cerrados. De la nada, comenzabas a hablar. No entendía bien tus frases. Un remolino de palabras, sílabas sueltas, algo en torno a un tejido protector… un olvido de emisiones inconexas, eco vaporizando el ritmo de inhalación y exhalación. Me acerqué y aspiré el dulce aire frío. Principiaba el ciclo, según el calendario.]

 

Misterio encarna

la boca,

el burdo músculo interior

cuyo nombre confunde

lengua

con multiplicación

babélica y deseosa.

Ella permite también

cantar a coro

uno con uno,

en acrobacia

sobre un hilillo

de voz.

Que ahora lanzo a los cuatro vientos

suplicando al buen entendedor

al buen pastor

al buen misterio

a buen puerto llegar

a la buena de Dios

a buena hora,

que cure

este dolor

anónimo,

que nos toque la piel,

nos toque en suerte,

nos arranque

los acordes

que anuncien

el fin

dando fin

a esta falta atroz

de compasión.

 

[Sin la menor sombra de duda y comenzando por la sombra, la palabra, profeta en su tierra, se cierne sobre esta tierra adolorida. Un recuerdo aislado, sumergido en la emoción adolescente, ahora me grita que la elegía de W. H. en memoria de W. B. concentraba todas las respuestas. Me pone los cabellos de punta. Recuerdo haber leído ese llanto atronador, dejándome penetrar por su verdad sin religión: “la poesía no hace que algo ocurra”, haberlo sentido en carne propia: no revive a mis muertos, sí deja en su lugar un canto fúnebre. Ese verso, tan manoseado, lleva después, en las frases contiguas, el relámpago, la tangible profecía, esa que nadie cita ni recita, en la que muy pocos reparan: “sobrevive en el valle de su decir … fluye hacia el sur, entre granjas desoladas, rebosantes de congoja, pueblos toscos en los que creemos y morimos; sobrevive, una manera de ocurrir, una boca”. En efecto, la poesía no hace nada (como se dice de un animal que parece violento y agresivo, pero también sabe llorar, echar cataratas de ternura por los lagrimales). No hace “nada”, (su decir) no hace daño. Solamente hace creer, hace mirar, hace pensar, hace llorar. Esta vox clamantis vaticinó lo que sí seguirá vivo. Nos iremos yendo uno por uno, de diez en diez, de cien en cien, de mil en mil, este afónico concierto de las almas. Nos iremos yendo. Con todo y lengua. W. B. “desapareció en pleno invierno”, según el calendario. Como mis sueños. O mis recuerdos.]

 

Mientras las cuerdas

vocales

sean

 

Primavera

Mientras los hilos

asciendan

por el tallo de la flor

 

Verano

Mientras la miniatura

de estas vidas

alcance y conmocione

 

Otoño

Mientras llega el invierno.

Mientras se vaya yendo.

1 Paráfrasis de Paul Celan.

   EL ERIZO. SU MÚSICA

 

A ratos canta; otros, susurra,

y otros más pintarrajea el espacio

un color

predestinado.

 

Se deja atrapar,

pero desaparece

muy, muy rápido.

No dura.

Mentira con antifaz,

negro terciopelo que acaricia

y envuelve y quiere anochecer.

No terminar.

Ni renacer.