Fenomenología del desarrollo infantil - Jesica Buffone - E-Book

Fenomenología del desarrollo infantil E-Book

Jesica Buffone

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Beschreibung

¿De qué forma comienza a organizarse el cuerpo del bebé para conocer su entorno? ¿Qué rol cumplen los otros, los objetos y el movimiento en el desarrollo del esquema corporal? La importancia del estudio de la infancia dentro de la fenomenología de Merleau-Ponty radica en la voluntad de desentrañar la génesis misma de nuestra percepción. En diálogo con los trabajos Jean Piaget y Henri Wallon, Merleau-Ponty analiza el desarrollo infantil desde una perspectiva que considera las condiciones materiales que rodean al niño y los lazos que establecen con sus cuidadores, como elementos definitorios de su ser en el mundo. La infancia presenta el vaivén vivo del sentido, de la organización de un cuerpo que nace y se enraíza en el de los otros.  Esta perspectiva constituye, a la vez, una crítica de la actitud positivista en el estudio del niño, que intenta describir la infancia sin considerar al cuerpo como una construcción intercorporal e intersubjetiva, desconociendo las condiciones materiales que sostienen y explican la génesis de nuestra ligazón con el mundo. Resituar a los niños en la historia y comprenderlos a partir de ella evita visiones reduccionistas y adultocéntricas que presentan a la infancia como un período sin valía propia, como el pasaje obligado hacia la meta del desarrollo (el pensamiento adulto).  El abordaje que Merleau-Ponty realiza de la infancia es un tema poco tratado de su filosofía. Por ello esta obra de Jesica Buffone constituye un aporte novedoso y original, pues extrae las múltiples posibilidades que la teoría corporal de la percepción pone en juego.

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Seitenzahl: 280

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Índice de contenido
Prólogo
Introducción
Primera parte. El desarrollo infantil desde una perspectiva fenomenológica
Capítulo 1. Merleau-Ponty y el estudio de la infancia: un derrotero con implicancias éticas y metodológicas
1. Introducción. El pensamiento “bárbaro” de los niños como la expresión misma del mundo
2. La significación filosófica de la infancia
3. El niño como sujeto histórico
4. ¿Cómo comprender una experiencia que ya no habito?
Capítulo 2. Comprender la historia para comprender el cuerpo: un diálogo con Henri Wallon
1. Introducción
2. Distintos enfoques del desarrollo infantil: el culturalismo, el mecanicismo y el idealismo
3. La unión indisoluble entre el niño y la sociedad: Wallon y la construcción dialéctica del cuerpo
4. El desarrollo infantil en clave dialéctico-fenomenológica
Segunda parte. “¿Cuándo nacemos?” Institución y aperturidad en el comienzo de la experiencia
Capítulo 3. Los límites difusos del nacimiento: la apertura de un nuevo registro de significación
1. Introducción
2. La institución: apertura de un curso de experiencia y un pasado que no deja de ser
4. El nacimiento: institución personal e institución de una comunidad
Capítulo 4. Sobre el origen intersubjetivo del cuerpo vivido: el complejo de Edipo según Merleau-Ponty
1. Introducción
2. El Edipo: una aproximación fenomenológica
3. Una relectura del Edipo en clave corporeizada, histórica e intersubjetiva
Tercera parte. El esquema corporal: vivir en la colectividad anónima de mundo
Capítulo 5. El esquema corporal: más allá de la fisiología, más cerca de la historia
1. Introducción. El esquema corporal: una nueva forma de entender la relación con el entorno
2. Un análisis de los antecedentes de la noción fenomenológica de esquema corporal
3. El esquema corporal en la teoría de Maurice Merleau-Ponty
4. ¿Esquema corporal o imagen corporal? La pertinencia de su distinción en el seno de la teoría merleau-pontiana
Capítulo 6. Los inicios de la organización corporal: propiocepción, parificación e imaginación en la génesis del cuerpo
1. Introducción
2. La propiocepción en los inicios de la organización corporal
3. Parificación (accouplement) e imaginación: las dinámicas inherentes a la organización del esquema corporal
4. El esquema corporal en medio de la promiscuidad del mundo: sobre la implicación fundante con el cuerpo de los otros
Capítulo 7. Construyendo la manera de “ir hacia” el mundo: un análisis de la noción de arco intencional
1. El arco intencional en la comprensión de los lazos intersubjetivos
2. El caso Schneider: el desmoronamiento del suelo existencial
3. Ser con los otros como ser significante
Cuarta parte. Ser con y desde los otros como una parte irrecusable de mí mismo
Capítulo 8. La dimensión estética del cuerpo: el estilo motriz en el conocimiento de los otros
1. “¿Qué ves cuando me ves?”: el mundo como significación
2. El estilo motriz: encontrar a los otros en nosotros mismos, encontrarme en el cuerpo del otro
3. Percibir al otro como un acto expresivo
4. Sobre el origen corporal de la comunidad
Capítulo 9. El cuerpo de la comunidad: Hábitos, objetos y normatividad en la organización del esquema corporal
1. Introducción
2. El cuerpo habitual: sobre la plasticidad de los límites de nuestro cuerpo
3. Los objetos como disciplinadores del cuerpo
4. El cuerpo normado
Palabras finales. “Volver a las cosas mismas” como un imperativo ético de la investigación
1. Sobre los duraznos y otros eventos instituyentes
3. ¿Cómo comprender lo que siempre está en movimiento?
Referencias bibliográficas

 

 

Fenomenología del desarrollo infantil: Merleau-Ponty y la génesis del cuerpo

 

 

Este libro pertenece a la colección

POST-VISIÓN

Director de Colección

Jorge Luis Roggero

(Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires)

Secretaría

Matías Ignacio Pizzi

(Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires)

Comité Académico Internacional

Natalie Depraz (Universidad de Rouen, Francia)

Miguel García-Baró López (Universidad de Comillas, España)

Christina M. Gschwandtner (Universidad Fordham, EE. UU.)

Patricio Mena Malet (Universidad de La Frontera, Chile)

Rosemary Rizo-Patrón de Lerner (Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú)

Roberto Walton (Universidad de Buenos Aires, Argentina)

Antonio Zirión Quijano (Universidad Nacional Autónoma de México, México)

 

 

Buffone, Jesica

Fenomenología del desarrollo infantil : Merleau-Ponty y la génesis del cuerpo / Jesica Buffone. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : SB, 2023.

ISBN Jesica Buffone. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : SB, 2023. Libro digital, EPUB - (Post-visión / Jorge Roggero)

1. Fenomenología. 2. Infancia. 3. Desarrollo del Niño. I. Título.

CDD 142.7

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8918-94-5

 

 

© Jésica Buffone, 2023

© Sb editorial, 2023

Piedras 113, 4º 8 • C1070AAC • Ciu­dad Autónoma de Bue­nos Ai­res

Tel.: (+54) (11) 2153-0851 • WhatsApp: +54 9 11 3012-7592

www.editorialsb.com • [email protected]­m.ar

 

 

1ª edi­ción, mayo de 2023

Director: Andrés C. Telesca ([email protected])

Director de colección: Jorge Luis Roggero ([email protected])

Di­se­ño de cu­bier­ta e in­te­rior: Ce­ci­lia Ric­ci ([email protected])

Imagen de cubierta: “Louise amamantando a su hijo”, de María Cassatt (1844-1926), 1898. (Fundación Rau pour le Tiers Monde, Zúrich, Suiza).

 

 

A mi abuela Lidia, a Elena y a mi hermana Paula, protagonistas de los recuerdos más lindos de mi infancia.

A Ulises y Margarita, por abrirme a nuevos sentidos, por dejarme habitar mundos más coloridos. Por acercarme, desde un escorzo más entrañable,

a la niña que alguna vez fui.

Prólogo

 

 

Graciela Ralón

 

 

Un libro sobre la infancia escrito desde una perspectiva fenomenológica nos hace retroceder hacia lo más profundo de nosotros para volver a descubrir el mundo en el que hemos sido acogidos, mundo que, como señala la autora, es un entrelazo; esto es, un entretejido en el que confluyen, principalmente, diferentes tipos de experiencias pre-personales e impersonales. Jesica Buffone nos interpela a “cuidar el ámbito del puro entrelazo, aquel santuario de la culturalización incipiente, aún no cristalizada. Tal vez desde allí, en el inicio de nosotros mismos, en el comienzo de la historia, en un ámbito ajeno a las intrigas que el saberse otro apareja, podamos contemplar el acto mismo en el que un sentido es relanzado desde el tiempo vivido para abrir nuevos relatos dadores de sentido”. En ese entretejido, cada hilo que sacamos moviliza las múltiples significaciones de una historia que se inicia, pura aperturidad. El niño es ese lugar “donde lo deseado, lo temido o lo anhelado por quienes lo reciben se entrelaza con un nuevo curso de experiencia, que le otorgará a todo ello un sentido novedoso”.

Es importante destacar que el tema de la infancia en la teoría de Merleau-Ponty no ha sido lo suficientemente explorado por los especialistas que se dedican a su pensamiento. Y este es el motivo por el cual el libro de Jesica Buffone resulta un aporte novedoso y original, pues extrae las múltiples posibilidades y matices que la teoría corporal de la percepción pone en juego a través de una implicación efectiva entre nuestro cuerpo y las circunstancias socio-históricas que lo envuelven; y que se manifiesta en la adquisición de habitualidades perceptivas como mediadas por los objetos y por los otros.

Dos cuestiones centrales que subyacen al pensamiento de Merleau-Ponty (y que adquieren relevancia en los primeros años de vida de un sujeto) son presentadas a lo largo del libro como el horizonte desde el cual la infancia emerge como “experiencia originaria”. En primer lugar, el rechazo de la dicotomía natural o biológico-cultural se encamina a mostrar que la vida del niño emerge a partir de un intermundo en el que han sedimentado las experiencias de un nosotros anónimo e impersonal, pero que está presente desde un primer momento en el emerger de la vida. En segundo lugar, “los pensamientos bárbaros” de los primeros años remiten a esta “experiencia primigenia”, de tal manera que el niño pertenece a la “región salvaje” donde se originan todas las culturas.

Por otra parte, la autora presenta la experiencia infantil asemejándola a la experiencia artística, en el sentido en que cada obra (como cada vida) instituye un inicio y retoma, por ejemplo, el pasado de la pintura llevándolo más lejos. Lo sensible, en sus múltiples expresiones, olores, aromas, colores, sonidos se entrelaza para expresar lo infalible. “El niño es”, afirma Jesica, “ese movimiento salvaje, indomable, que al igual que el arte, nos resguarda de la mirada universal del cientificismo, el cual borra, con su ímpetu de uniformidad, la riqueza de un entorno que suscita distintas (y hasta opuestas) miradas”. Al igual que el artista, siente la necesidad de pintar el aroma de una tela o su textura para expresar el mundo desde una mirada “ingenua y enquistada en nuestra experiencia”. Jesica encuentra la necesidad de volver a ese mundo de la infancia desde una mirada fenomenológica sin prejuicios.

Considero sumamente significativas las implicancias éticas que la autora indaga en la interpretación de la infancia. Con suma agudeza, la autora tiene presente que, cualquier abordaje de la infancia que no tenga en cuenta el cuerpo como construcción intercorporal e intersubjetiva, corre el peligro de desconocer las condiciones materiales que explican la génesis de la ligazón con el mundo y se cae fácilmente en una postura cientificista y positivista frente a la cual se toma posición en la conclusión En donde se interpreta a la infancia como “un volver a las cosas mismas”, un regreso hacia lo más prístino de la existencia. Por otra parte, en palabras de la autora: “resituar a los niños en la historia y comprenderlos a partir de ella, nos aleja de visiones reduccionistas y adultocéntricas que describen a la infancia como un período sin valía propia, como el pasaje obligado hacia la meta del desarrollo: el pensamiento adulto”. Por eso, el objetivo de Jesica no solo es organizar y exponer el análisis que Merleau-Ponty realiza en torno a la infancia, sino repensar la dimensión ética y metodológica que la traspasa. En este sentido, al resituar al niño en la historia y comprenderlo en el entrelazo mundo-cosas-otros, se está en presencia de un “acto de justicia epistémica”.

Asimismo, nacimiento, institución y experiencia artística se entrelazan para dar lugar a una interpretación de la infancia como un acontecimiento singular que abre una historia. A partir del análisis de la distinción entre embarazo y gestación,1 la autora piensa los límites de nuestra existencia. La gestación implica un proceso que continúa fuera del vientre de la persona gestante. “El diálogo e intercambio corporal toma otra forma: una nueva manera de ser cuerpo con el otro tiene lugar y un estilo de percepción novedoso aparece con ello”. Es así como el nacimiento es, dentro de la filosofía de Maurice Merleau-Ponty, al igual que la pintura, un evento instituyente, ya que con él se abre un nuevo curso de experiencia y, por ende, surge también la posibilidad del advenimiento de formas originales de relacionarnos con el entorno. Esta comparación con la pintura hace pensar que, como la historia de la pintura es un nacimiento continuado, nuestra historia es una retoma de aquellos acontecimientos matrices. Así, Merleau-Ponty nos dice que las elecciones en el caso del pintor son trabajo, más precisamente “las elecciones son las huellas de un trabajo de germinación”, “cada elección rehace la pintura heredándola”. Elección, en el caso del pintor, significa “tocar una de las nervaduras del mundo pictórico dado, hacer de ella el principio de un tipo de expresión, que a su vez sufrirá el mismo devenir”.2 En este sentido, la autora afirma que la experiencia del nacimiento “es considerada como un evento dador de sentido, que excede al sujeto que adviene al mundo de la vida y resignifica todo un curso de vivencias”. Merleau-Ponty expresa de manera magistral esta experiencia: “En la casa en donde nace un niño, todos los objetos cambian de sentido, se ponen a esperar de él un trato indeterminado aún, alguien más, alguien diferente está ahí, una nueva historia, breve o larga, acaba de fundarse, un nuevo registro, de abrirse”.3 Así, el acontecimiento del nacimiento no es solo el comienzo fechado de una vida, sino la apertura de una experiencia perceptiva que no cesará de continuarse. De ahí la importancia de la relación del nacimiento con la noción de institución: con el nacimiento se instituye una historia que nunca dejará de decir... “Un evento instituyente es una experiencia que se instala en nuestra vida con todo el peso de un acontecimiento dador de sentido”. Como caracteriza la filósofa Dastur, “en cada nuevo acontecimiento hay una repetición del protoacontecimiento del nacimiento. Es como si volviéramos a experimentar, en un nuevo acontecimiento, la novedad radical de lo que sucede por “primera vez”, así como la imposibilidad de coincidir con el acontecimiento mismo, que en su repentina aparición desconecta el pasado del futuro”.4

Jesica Buffone nos ofrece con su descripción de la infancia la posibilidad de volver a esta “primera vez”, que permanece en los recuerdos como los de Elena o su abuela y que se continúa a través de las vivencias de sus hijos, Ulises y Margarita.

Quisiera terminar con estas palabras de Jesica que nos interpelan y nos incitan a una lectura del libro, escrito con un estilo amical, que invita a su lectura.

En un estilo proustiano al que Merleau-Ponty nos ha habituado, ella nos dice:

“cada vez la encuentro más (refiriéndose a su abuela) en las cosas que hago, en la forma en la que me muevo, en como estrujo el delantal que era de ella mientras cocino, en la forma en la que me río, en mis ganas de viajar todo el tiempo. También, en el ojo que entrené con sus ojos de costurera para elegir las telas más caras porque, la verdad, es que siempre son las más lindas. Cada vez que me acerco a oler una tela nueva, la encuentro ahí, en mis manos. En esa forma de recuerdo que una encuentra en el propio cuerpo”.

1 Esta distinción es tomada por la autora de Calmels, D. (2009). Del sostén a la transgresión. El cuerpo en la crianza. Biblos.

2 Merleau-Ponty, M. (2012). La institución. La pasividad: Notas de cursos en el Collège de France (1954-1955). (trad. de Mariana Larison). Anthropos, p. 60.

3 Merleau-Ponty, M. (1984 [1945]). Fenomenología de la percepción. (trad. J. Cabanes). Planeta-Agostini, p. 416.

4 Dastur, F. (2000). Phenomenology of the Event: Waiting and Surprise. Hypatia. Special Issue: Contemporary French Women Philosophers. 15 (4), 178-189, p. 186.

Introducción

¿Por qué filosofar sobre la infancia?1 Hacia una comprensión de la génesis de nosotros mismos

Con el cogito empieza la lucha de las conciencias en la que cada una, como Hegel dice, persigue la muerte de la otra. Para que la lucha pueda empezar, para que cada consciencia pueda sospechar las presencias ajenas que niega, es necesario que tengan un terreno común y que recuerden su coexistencia tranquila en el mundo del niño

Maurice Merleau-Ponty, Fenomenología de la percepción.

Hablar de infancia(s) nos obliga a hablar de cambios intempestivos, de entrelazo, de movimiento, de calma y confusión; hablamos de caos y serenidad, de ser a partir de un otro que es parte de nosotros mismos; hablar de infancia es hablar de revolución.

Así como la pintura impresionista viene a expresar el movimiento mismo del cuerpo en su facticidad, la infancia viene a dar cuenta de aquello que abandonamos y sobre lo cual no podremos volver. Una mirada casi desnuda, mundana, pero a la vez onírica. Nuestra infancia es, incluso, la infancia de otros, la infancia de muchos. La niñez que vivimos no es sino un tiempo ya inaccesible para nosotros. Hemos vivido otros tiempos, otros relatos, otros cuerpos y no podremos volver allí más que impregnados de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que planeamos ser. Debemos cuidar el ámbito del puro entrelazo, aquel santuario de la culturalización incipiente, aún no cristalizada. Tal vez desde allí, en el inicio de nosotros mismos, en el comienzo de la historia, en un ámbito ajeno a las intrigas que el sabernos otros apareja, podamos contemplar el acto mismo en el que un sentido es relanzado desde el tiempo vivido para abrir nuevos relatos dadores de sentido. En la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty, el niño es ese lugar donde se entrelazan múltiples significaciones; donde lo deseado, lo temido o anhelado por quienes lo reciben se entrelaza con un nuevo curso de experiencia, que le otorgará a todo ello un sentido novedoso. El niño es el comienzo, el estado inicial de una dinámica de sedimentación que luego se replicará en la historia misma. Es la expresión encarnada, viva, que nos muestra el entrelazo que trabamos con los otros y del que rehuimos constantemente; es el tiempo que se expresa a sí mismo y que encuentra en el espacio aún sin articular, sin mediación de las representaciones convencionales, un sitio donde refugiarse. El niño es ese movimiento salvaje, indomable que, al igual que el arte, nos resguarda de la mirada universal del cientificismo que borra, con su ímpetu de uniformidad, la riqueza de un entorno (que suscita distintas, e incluso opuestas, miradas). En el deseo de pintar el aroma de un limón y la acidez de su sabor, de volver a ese mundo desde una mirada ingenua y enquistada en nuestra experiencia, es que podemos encontrar la necesidad misma de un análisis fenomenológico de la infancia.

Dentro de la descripción del mundo que realiza Merleau-Ponty, el niño y el artista (como figuras irreverentes que enriquecen la manera de referirnos a nuestro entorno) vienen a rescatar los colores que se desprenden de un aroma, los distintos matices de una melodía, el tiempo que se escurre en un paisaje. En Fenomenología de la percepción (1984) la infancia es la imagen de la aperturidad plena, del “ir hacia” propio de todo sujeto; es la potencia significante. La armonía en la que viven los niños en la primera infancia (al estar sumidos en el sincretismo de un esquema corporal aún colectivo) hace de este periodo un ideal de convivialidad, una figura cuasi política que se diluye con la llegada a la adolescencia. El niño es potencia y, ante todo, el reducto de un pensamiento salvaje que la edad adulta no hace más que olvidar y que se empeña, con la entrada al pensamiento racional, en destruir. En la experiencia infantil queda al descubierto ese contacto prístino con el mundo, la percepción de sentidos que van más allá de los usos convencionales de las cosas o de las formas estandarizadas de comprender nuestro entorno. De esta forma, la importancia del estudio de la infancia dentro de la fenomenología merleau-pontiana radica, en primer lugar, en la voluntad del filósofo de desentrañar la génesis misma de nuestra percepción. A partir del diálogo con los trabajos de teóricos como Jean Piaget y Henri Wallon, Merleau-Ponty analiza el desarrollo infantil desde una perspectiva fenomenológica, entendiendo las condiciones materiales que rodean al niño y los lazos que establecen con sus cuidadores como elementos definitorios de su ser en el mundo. La infancia le ofrece al filósofo un escenario aún en movimiento, en donde los valores y normas que circulan en una sociedad no se han cristalizado en formas estandarizadas de comprender el entorno. Entonces, las cosas suscitan muchas posibilidades de comportamiento; el mundo ofrece significaciones dispersas, las cuales se irán instalando como las formas “esperables” de lidiar con él. La infancia presenta el vaivén vivo del sentido, de la organización de un cuerpo que nace y se enraíza en el de los otros. Merleau-Ponty instalará allí su mirada crítica, pues comprende que la infancia es una experiencia que se le escurre en el mismo momento en que desea asirla y que cualquier intento por cristalizarla bajo definiciones estáticas desconoce este movimiento que le es propio.

Al mismo tiempo, el estudio de la infancia representa una afirmación de la crítica que el filósofo le realiza a la actitud positivista en el estudio del niño; Merleau-Ponty exhorta a los investigadores a comprender al sujeto de forma situada, considerando los lazos intersubjetivos y materiales que lo atraviesan. De esta manera, el análisis que realiza sobre los niños nos lleva a repensar las dimensiones éticas de la investigación en torno al desarrollo: describir la infancia sin considerar al cuerpo como una construcción intercorporal e intersubjetiva es desconocer las condiciones materiales que sostienen y explican la génesis de nuestra ligazón con el mundo. Resituar a los niños en la historia y comprenderlos a partir de ella nos aleja de visiones reduccionistas y adultocéntricas que describen a la infancia como un período sin valía propia, como el pasaje obligado hacia la meta del desarrollo (el pensamiento adulto). Es por ello que, a la luz de la mirada fenomenológica, las formas en las que cargamos, mecemos o cantamos a nuestros hijos revisten una significación política y comunitaria, en tanto forman parte de un proceso complejo de subjetivación en el que el cuerpo es el centro. Resituar al niño en la historia, comprenderlo como un ser atravesado por los otros y por las cosas es un acto de justicia epistémica.

Este libro tiene como objetivo no solo organizar y exponer el análisis que Merleau-Ponty realiza en torno a la infancia, sino también recuperar de su filosofía la dimensión ética y metodológica que la traspasa. ¿En qué medida el estudio de la infancia puede acercarnos a preguntas (y respuestas) que conciernen al estudio filosófico de la subjetividad? ¿Por qué, en tanto filósofos y filósofas, estudiamos este período? El abordaje del fenomenólogo francés sobre algunos temas centrales de la infancia (la organización del esquema corporal, el rol de los otros en el proceso de subjetivación o la representación del tiempo vivido) nos acerca a la génesis misma de la forma en la que nos aproximamos al mundo y a las cosas para resignificarlas. Su análisis de los primeros años de vida nos ofrece una mirada intersubjetiva, intercorporal e histórica del desarrollo, lo que explica, desde una perspectiva fenomenológica, la forma en la que un individuo se sitúa como instituido e instituyente frente a las condiciones materiales y existenciales que lo acogen. En la obra de Merleau-Ponty (al igual que en la de Piaget) la experiencia infantil es analizada para comprender la manera en la que percibimos y conocemos el mundo a lo largo de la vida; y así echar luz sobre la forma en la que nos trabamos en una relación carnal con las cosas y con los otros. En la experiencia infantil se despliega la génesis de nuestro ser en el mundo y es ese proceso el que aquí se intentará desentrañar, a partir de un estudio crítico de la filosofía de Maurice Merleau-Ponty.

En la primera parte del libro, analizo el significado filosófico que posee dentro de su obra el estudio de la infancia. En el capítulo 1, se presenta un recorrido por las características que el autor le adjudica al pensamiento infantil, exponiendo las dificultades que afronta un investigador al estudiar una experiencia que ya no le es propia. Principalmente, a partir del análisis de Psychologie et pédagogie de l’enfant. Cours de Sorbonne (1949-1952) (2001) y Fenomenología de la percepción (1984) se ahonda en las distintas significaciones que la infancia posee en la obra del fenomenólogo, con el objetivo de sistematizar una definición histórica y fenomenológica de este período del desarrollo. En el capítulo 2, se expone un análisis de la reapropiación que efectúa Merleau-Ponty de la dinámica histórica propia del marxismo como paradigma explicativo del desarrollo infantil. En primer lugar, se realiza un recorrido por la teoría dialéctica del desarrollo infantil concebida por Henri Wallon, según la cual lo biológico y lo social se entrelazan en la definición misma del desarrollo del bebé. En segundo lugar, se muestra la propuesta en torno al desarrollo infantil, elaborada por el fenomenólogo, en donde las dicotomías cuerpo/conciencia, naturaleza/cultura e individuo/sociedad, comienzan a disolverse en un planteo en donde la estructura misma del comportamiento será el objeto principal de análisis. A partir de la resignificación del concepto gestáltico de campo como situación histórica, la teoría desarrollada por el autor en torno a este tema considerará las relaciones en las que el niño está inmerso y el medio que lo acoge, como factores inherentes al estudio de la inteligencia y de la percepción en la primera infancia. De esta forma, el autor nos pone frente a una nueva manera de concebir el desarrollo, es decir, una nueva manera de entender al sujeto en el mundo de la vida.

En la segunda parte, el nacimiento y el complejo de Edipo son analizados a la luz del concepto de institución. En el capítulo 3, la experiencia del nacimiento es considerada como un evento dador de sentido, que excede al sujeto que adviene al mundo de la vida y resignifica todo un curso de vivencias. ¿Cuándo nacemos realmente? ¿Nacemos en el momento mismo en el que salimos del vientre de la persona gestante o el nacimiento es un acontecimiento que se extiende más allá del momento que es señalado como tal? El nacimiento (como el enamoramiento o el complejo de Edipo) es una experiencia intersubjetiva que subvierte el sentido de los sujetos implicados, abriendo un nuevo registro de significación. En el capítulo 4 se presenta el análisis crítico que realiza Merleau-Ponty del complejo de Edipo. El polimorfismo infantil, la raigambre histórica de los lugares instituidos en una comunidad, el enfoque histórico y dialéctico del desarrollo y la premaduración serán algunos de los rasgos a partir de los cuales el autor analiza este complejo. En este marco, el Edipo se presenta como una dinámica instituyente en la medida en que abre al niño por vez primera a una nueva sociabilidad, a partir de la cual sus hábitos perceptivos comenzarán a reelaborarse. Así, su historia personal y la herencia filogenética se entrelazan para resignificarse mutuamente. La descripción que Merleau-Ponty realiza de este complejo y la crítica a la concepción universalista del psicoanálisis presentan en sí mismas un enfoque fenomenológico del desarrollo, del que se desprenden, por un lado, lineamientos teóricos relevantes para el estudio situado, corporal y no reduccionista de la experiencia infantil y, por otro lado, una redefinición del sujeto y del esquema corporal en términos eminentemente intersubjetivos.

En la tercera parte, se explora la organización corporal en la primera infancia, desde la redefinición del cuerpo como esquema. En el capítulo 5 se abordan los antecedentes de los que se nutre Merleau-Ponty para construir su caracterización de la corporalidad como cuerpo vivido intersubjetivamente. Allí, se abordan aspectos problemáticos de la definición misma del cuerpo como constructo libidinal, sociológico, dinámico e intersubjetivo, siendo la puerta de entrada hacia la problematización del cuerpo entendido como objeto. En el capítulo se analiza la descripción que el fenomenólogo realiza del cuerpo en Fenomenología de la percepción, donde sostiene que la corporalidad no puede ser cotejada meramente en términos objetivos. Allí, se ahonda en la descripción del cuerpo como una “obra de arte”, haciendo hincapié en la significación estética y cognitiva del concepto de estilo, característica de nuestro esquema corporal que no solo nos permite aprender movimientos y comportamientos a partir de la percepción de un estilo análogo al nuestro, sino que también posibilita el encuentro con los otros. En el capítulo 7 se analiza el rol de la propiocepción, el emparejamiento postural y la imaginación en la organización del cuerpo propio en el niño. El análisis que Merleau-Ponty realiza del esquema corporal y del descubrimiento del otro en Fenomenología de la Percepción (1984) y Psychologie et pédagogie de l’enfant. Cours de Sorbonne (1949-1952)(2001) presenta a la sensibilidad propioceptiva como un mecanismo que posibilita y da origen al accouplement o emparejamiento. Esta dinámica concibe el acceso a los demás como una operación de mutua identificación con otras subjetividades, la cual tiene lugar a partir de las sensaciones que posee el bebé sobre los estados de su cuerpo y sobre sus capacidades. Cuando el bebé entra en relación con otra persona y el adulto realiza acciones intencionalmente dirigidas a él, el niño identifica comportamientos (como el mordisco, en el ejemplo ofrecido por el autor) para luego localizar en su cuerpo el sitio donde esa función se realiza (el bebé siente su boca como el lugar “destinado” a morder). Así, el bebé irá estructurando su propio cuerpo a partir de una función que parte de sí mismo, en donde el otro como individualidad aislada y diferente a la suya (y no meramente como una “función”) irá apareciendo como correlato de su organización motriz, espacial y perceptiva. De esta forma, el análisis de la propiocepción, como puerta de entrada a la organización corporal, da cuenta de la apertura de nuestro esquema desde las primeras semanas de vida, haciendo de la acción y de los otros una parte constitutiva de la subjetividad aun cuando esta no ha logrado organizarse.

La cuarta parte del libro se centra en el rol de los otros y de la comunidad como portadores y transmisores de hábitos y formas específicas de ser en el mundo. En el capítulo 8, se explora la génesis de lo que Merleau-Ponty denomina arco intencional en la infancia, considerándolo como una función de paulatino desarrollo. Este término, definido como los lazos que el sujeto tiende hacia su entorno, es una función cambiante y, al mismo tiempo, del orden de lo construido (y que es pasible de ser modificada, disuelta o transformada) en tanto siempre estamos atravesados por un mundo que nos interroga y que instaura nuevos significados. Por otra parte, el esquema será la unidad fundante que me vincula con los otros y que configura mi “ir hacia” las cosas. Así, el esquema corporal y el arco intencional serán dos caras de una misma moneda que determinarán mi ser en el mundo. El primero, como el nacimiento mismo del entrelazo con los otros y que hará del cuerpo un constructo traspasado por el medio, pasible de reanudar las significaciones que la experiencia ofrece; el segundo, como función que nace y se fortalece a partir de la unidad que el cuerpo posee con los otros que lo rodean, lo cual determinará la aproximación que tenga hacia el pasado, hacia el futuro y hacia su propio cuerpo. En el capítulo 9, se analiza la forma en la que Merleau-Ponty entiende los hábitos motrices, para dilucidar a partir de allí el rol de los objetos en la formación de determinadas conductas. Aquí el concepto de hábito motriz es presentado como una noción eminentemente normativa, en la que se puede observar la injerencia de los otros y de los objetos en el aprendizaje de ciertos comportamientos ligados a los valores o estilo de una comunidad. En este capítulo, se abrirá la pregunta en torno a las posibilidades que poseemos en medio de una comunidad de romper con los hábitos perceptuales imperantes y dar paso a nuevas formas de resignificar la experiencia.

1 Al decir infancia me referiré, de aquí en más, a las infancias, a las distintas niñeces que pujan por hacerse un lugar en el entramado de la historia y que son invisibilizadas sistemáticamente. Cuando hable de infancia, allí estarán contenidas, ya que este término será entendido desde la complejidad misma que reviste nombrar con una sola palabra aquello que no se puede abarcar siquiera con miles. Asimismo, con el fin de seguir en la línea de los textos trabajados, se ha utilizado el término niño para particularizar cada caso, pero sin desconocer que es solo una decisión relativa a la uniformidad de estilo y que de ninguna manera este término incluye per se a las niñas y a les niñes a quienes también refiero.

 

 

Primera parte

 

 

El desarrollo infantil desde una perspectiva fenomenológica

En la filosofía de Merleau-Ponty, la infancia es una forma de mirar el mundo. En ese vuelco casi espontáneo hacia la recuperación de los movimientos libres, de la mirada sorprendida, de la armónica sincronía con la piel de los otros, el niño aparece no sólo como el sujeto a ser estudiado por la psicología (escurridizo, complejo, opaco a la mirada del adulto), sino también como una imagen cuasi metafórica de la génesis del acto perceptual mismo, el estadio prístino e ideal de la organización corporal de un sujeto que parece llegar a este mundo provisto de unas pocas herramientas que determinan, ante todo, su aperturidad. En la fenomenología merleau-pontiana, la infancia es también una figura cuasi literaria, poética, que nos sitúa en los inicios de la dinámica misma de ser arrojados al mundo. El niño es la imagen de ese terreno pleno de sosiego, donde todas las miradas se cruzan para no tocarse. Reflejo del plexo de posibilidades que se abren en el acto de la percepción, es el mundo mismo, ya que caben en él todas las posibilidades de ser que aún no se han realizado. El niño es apertura infinita, es la coexistencia pacífica de muchas miradas. La infancia es ese espacio al que nunca podremos volver y que miramos con extrañeza; la actitud fenomenológica por antonomasia que solo podrá ser recuperada en la vida adulta a partir de la trabajosa tarea de ponernos al costado de nosotros mismos.

 

 

Capítulo 1

 

 

Merleau-Ponty y el estudio de la infancia: un derrotero con implicancias éticas y metodológicas

1. Introducción. El pensamiento “bárbaro” de los niños como la expresión misma del mundo