Fórmula on - Belén Ramírez - E-Book

Fórmula on E-Book

Belén Ramírez

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Beschreibung

Fórmula on te ofrece prácticas muy sencillas, pero ante todo efectivas, para recargar tus niveles diarios de energía física, mental y emocional. Elige la rutina que se adapte mejor a tus horarios, obligaciones y capacidades, y llévala a cabo diaria o semanalmente. En muy poco tiempo notarás la diferencia y empezarás a sentir que cada día eres la mejor versión de ti mismo. ¿Acaso hay un proyecto más apasionante o una mejor inversión que puedas hacer en ti mismo?

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Seitenzahl: 208

Veröffentlichungsjahr: 2022

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En esta Era de Humanización y Conocimiento en la que desarrollar habilidades para gestionar nuestro tiempo, relaciones y energía se convierte en uno de los pilares principales para cuidar de nuestra salud y bienestar, Belén desarrolla de forma excelente y muy cercana las claves principales para aprender a optimizar, generar, mantener y cuidar nuestra energía física, mental y emocional. Comparte de forma sencilla diferentes métodos y ejercicios prácticos para vivir una vida plena ejerciendo el autocuidado inteligente.

Laura Rojas-Marcos, Ph.D. Doctora en Psicología Clínica y de la Salud

La energía mental, física y anímica es un bien precioso que nos permite afrontar la vida de un modo más saludable, lúcido y coherente. La prisa sin pausa en la que anda metida la sociedad actual produce no pocas fugas de energía, con sus consiguientes consecuencias que desembocan en decisiones precipitadas, ansiedad y deterioro generalizado de la salud. Por eso este libro de Belén Ramírez es tan necesario. A través de sus páginas se pueden seguir las propuestas de sus ejercicios prácticos y posibles, aptos para todas las edades y estilos de vida del lector.

Alejandra Vallejo-Nágera, Lic. en Psicología, conferenciante, articulista, escritora y profesora

Fórmula On

Diseña tu Plan de Activación Energético para rendir más y vivir mejor

Belén Ramírez

Primera edición en esta colección: septiembre de 2022

© Belén Ramírez, 2022

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2022

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99

www.plataformaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-19271-21-1

Diseño de cubierta: Nacho Ramírez

Diseño y realización de cubierta: Grafime Digital S.L.

Fotocomposición: Grafime Digital S.L.

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Índice

Introducción: El hámster en la ruedaPrimera parte: Carga tu cuerpo1. La nariz está para algo: inhala… exhala…2. Para no levantarte como la niña de El exorcista3. No corras solo la cortina de tu habitación4. ¡Ojo con lo que te echas a la boca!5. ¡Ponte recto!Segunda parte: Enchufa tu mente6. Deja lo de rumiar para las vacas7. «Ichigo Ichie» o cómo saborear el momento8. ¿Por cuánto venderías tus ojos?Tercera parte: Pon tus emociones en el polo positivo9. La soledad mata10. Más fitoncidas y menos hormigón11. Baladas y heavy metal12. Si no puedes reír cómprate un lápizCuarta parte: Conéctate a un propósito13. ¡Reilusiónate!14. Diseña tu propio Plan de Activación EnergéticoNotasAgradecimientos

A Guancho, mi mayor fuente de energía a lo largo de toda una vida plena.

A mi abuela, por todo.

Introducción:El hámster en la rueda

Jueves 31 de enero de 2019, 21:25

El taxi se detiene bajo un enorme cartel azul eléctrico en el que un personaje mítico de orejas puntiagudas invita a disfrutar del último espectáculo del Circo del Sol. Salgo volando del coche con el portátil y la maleta en una mano y un paquete de galletas a medio comer en la otra. La quinta reunión del día se ha alargado mucho, soy la última persona en entrar en el recinto y probablemente la única que abre el ordenador para enviar un informe mientras salen a la pista los primeros acróbatas. Mi sobrino Pablo me tira del brazo. Es su primera vez y quiere compartir su asombro especialmente conmigo. Con los ojos tan abiertos como solo los puede abrir un niño de siete años, irradia ilusión. Está completamente abducido por la atmósfera mágica de criaturas fantásticas que sabe crear como nadie la compañía canadiense. Envío el documento, cierro el ordenador y lo meto en su funda aplastando los restos del paquete de galletas que había sido mi almuerzo. Silencio el móvil, no sin antes revisar el WhatsApp. Le queda poca batería. Como al ordenador. Como a mí. Mi corazón late acelerado y un pensamiento martillea mi cabeza: «no tengo tiempo para disfrutar de esto, debería estar trabajando», lo que aumenta mi estrés y enfado conmigo misma. Es la exclamación de sorpresa de Pablo la que me ayuda a tomar conciencia del error que estoy cometiendo: no estoy disfrutando ni de los niños ni de la función porque mi cabeza está en otro sitio. ¿Qué me está pasando?

Esa noche no pegué ojo. ¿Por qué era incapaz últimamente de saborear los buenos momentos? ¿Por qué los viernes prefería irme a dormir temprano a cualquier plan de cena con los amigos? ¿Cómo puedo estar irascible si me encanta mi trabajo? ¿Desde cuándo me duele el estómago? ¿Se me habrá olvidado incluir algún dato importante en el último informe que he enviado?

A las cinco de la mañana se me encendió la bombilla: estaba completamente exhausta física, mental y emocionalmente y no hacía nada para remediarlo. Al contrario, como un hámster en una jaula, le daba vueltas y más vueltas a la rueda, sin apenas fuerzas porque yo puedo, porque tengo que hacerlo…

Iba tan acelerada que ni siquiera me había detenido en los últimos años a tomar conciencia de cómo me sentía o de si mi día a día tenía sentido. ¿Cómo es que no me había dado cuenta de que mi cuerpo llevaba tiempo encendiendo las luces de emergencia –cansancio, insomnio, desmotivación, falta de concentración– para avisarme de que mi nivel de energía bajaba en picado? ¿Cuántas veces, por no haber estado atenta a esas señales, pude haber cometido un error importante en el trabajo o hacer daño a un ser querido con un comentario fuera de tono? ¿Habré puesto en riesgo mi salud tropezando tantas veces en la misma piedra? ¿Cómo he podido estar tan ciega?

Con las primeras luces de la mañana un pensamiento cruzó mi cabeza, «lo que necesito son unas vacaciones para desconectar. A la vuelta llegaré más descansada, con mejor estado de ánimo, la mente más concentrada y mucha más determinación. ¡Lista para ofrecer un desempeño óptimo!». Por suerte, inmediatamente me dio por analizar cuánto tiempo me solía durar esa energía postvacacional… Apenas un mes. Después, sin darme cuenta, volvía a meterme en la rueda del hámster gastando batería como si no hubiese un mañana y olvidándome de recargarla diariamente.

Resulta curioso que a lo largo de la vida invirtamos miles de horas en adquirir conocimientos y entrenar habilidades, pero muy poco o nada en reflexionar acerca de lo que disminuye o aumenta nuestros niveles de energía. ¿Podemos ser más eficientes gestionando correctamente nuestra batería? ¿Puede el cuerpo humano comportarse como uno de esos coches híbridos que recarga energía con su propio movimiento? Tiene sentido que, del mismo modo que en el gimnasio los entrenadores son capaces de optimizar el rendimiento de los deportistas alternado entrenamientos y descansos, se pueda gestionar mejor la carga de la batería personal de cada uno.

Decidí en ese momento que tenía que diseñar un Plan de Activación Energético que recogiese rutinas que me llenasen de energía. Pero eso sí, como me conozco, tendrían que ser acciones que encajasen en mi día a día sin estresar mi agenda aún más, ¡y que me resultaran apetecibles! Solo así podría llegar a convertirlas en hábitos que mantuvieran mi energía de forma sostenida.

Dicho y hecho, ese mismo día comencé a leer artículos científicos para encontrar herramientas que me ayudasen a seguir dándolo todo en mi día a día pero sin sufrir tanto desgaste. Descubrí pistas sencillas, técnicas basadas en la ciencia, que nos ayudan a elevar y mantener los niveles diarios de energía mejorando nuestro bienestar y rendimiento. Me di cuenta de que, al igual que en el espectáculo del Circo del Sol, no se trataba de magia sino de un entrenamiento sistemático basado en un método científico.

La gestión de tu propia energía no es algo esotérico, ni una cuestión de fe, ni una serie de consejos propios de un libro de autoayuda. No. Las claves y técnicas que se recomiendan en este libro se apoyan y se basan en la ciencia. En decenas de estudios y ensayos publicados en las más prestigiosas revistas científicas en materias que van desde la neurofísica a la psicología, de la nutrición a la cardiología y la neumología, estudios de bioquímica, del sueño, de farmacia y de anatomía, pero también de económicas, ingeniería industrial y sociología empresarial, sin desdeñar las enseñanzas clásicas de disciplinas milenarias orientales como el yoga o la meditación.

Leonardo da Vinci fue el primero en señalar que el cuerpo humano era la máquina perfecta. Quinientos años después consideramos que, para que una máquina sea perfecta, debe ser eficiente, y esa eficiencia pasa por el uso óptimo y eficaz de la energía. Desde un Fórmula Uno hasta los cohetes de Space X de Elon Musk, una bicicleta eléctrica o el ebook en el que puedes estar leyendo estas líneas, minimizar el consumo energético o encontrar formas para recargar energía mientras se realizan las tareas asignadas es una de nuestras obsesiones en este momento crucial de tantos cambios de paradigma.

¿Por qué, entonces, el cuerpo humano, la máquina perfecta, iba ser menos?

Este libro ha sido mi motor en la búsqueda de esa eficiencia, y reúne numerosas técnicas demostradas por la ciencia y puestas en práctica personalmente en ese nuevo Plan de Activación Energético. A medida que iba leyendo aplicaba diferentes palancas para recargarme tanto a nivel físico como mental y emocional. Amigos y familiares se iban uniendo al plan practicando rutinas nuevas para ellos, tomando conciencia de cómo se sentían en cada momento y compartiendo sus experiencias en las cenas de los viernes a las que, por cierto, volví con energías renovadas.

«He observado que cuando hago deporte me siento mucho más animado a lo largo del día y noto la mente más ágil» comentó Diego una noche. «Mira que echo horas en el trabajo, pues cuando llego a casa y me pongo a trabajar en el proyecto de la ONG me cunde como si acabara de empezar el día», nos confesó Yolanda. «¡Me pasa lo mismo cuando me pongo con la investigación sobre la energía!», les respondí tomando conciencia de la vitalidad que sentía al dedicar parte de mi tiempo a un propósito que me ilusionaba.

Seis viernes después Diana y Antonio nos contaron sus experiencias con los ritmos ultradianos. Llevaban semanas observando los picos y valles de energía que cualquier mortal experimenta a lo largo de la jornada laboral.1 Prestaron atención a las señales que aparecían al finalizar cada ciclo de concentración, claridad y energía mental. Se dieron cuenta de que pasados entre noventa y ciento veinte minutos la mente comenzaba a distraerse, el cuerpo pedía movimiento y el ritmo de trabajo se ralentizaba; entonces hacían una pausa de recuperación de diez a quince minutos (no hacía falta más) para resetear el cerebro, evitar la fatiga y seguir rindiendo. Algunos descansos los utilizaban para moverse y otros para escuchar tres o cuatro canciones, charlar con alguien o llevar a cabo cualquier actividad agradable y completamente diferente a la que estaban realizando. Comprobaron de primera mano las conclusiones a las que habían llegado los expertos en el tema:2 practicar diferentes actividades de recuperación en esos periodos cortos recarga más energía que dedicar una hora a una única actividad. Habían desarrollado resiliencia frente al estrés3 y conseguido ser más productivos y eficientes, haciendo más con menos4, y sin caer en el agotamiento.5

Las experiencias de cada uno nos ayudaron a darnos cuenta de que, para sentirnos más vivos, desbloquear todo nuestro potencial y mejorar nuestro desempeño a lo largo de los días, las semanas y los meses bastaba hacer unos pequeños cambios en cuanto a la forma de respirar, dormir, manejar los pensamientos, gestionar eficazmente el tiempo…

Sea lo que sea a lo que te dedicas, las acciones aquí propuestas te ayudarán, sin duda, a recargar la batería a todos los niveles para sentirte más fuerte físicamente, más centrado mentalmente, más feliz y realizado.

No hay una forma única de abordar la lectura de este libro. Puedes leerlo de forma clásica, desde el principio hasta el final, o bien puedes empezar escogiendo el capítulo que recoja las herramientas de recarga de energía que menos utilizas en tu día a día.

Con los primeros cinco capítulos aprenderás a usar tu cuerpo para llenarte de energía física, mental y emocional a través de tu cuerpo mediante cuatro palancas fundamentales: respiración, sueño, ejercicio físico y nutrición.* Practicando determinadas técnicas de respiración conseguirás calmar la mente y controlar tus emociones tóxicas. Siguiendo ciertas pautas de higiene del sueño afrontarás los retos diarios con la mente alerta, pero emocionalmente tranquilo. Sabiendo cómo, cuándo y cuánto moverte dispondrás de vitalidad a lo largo de la jornada.6 Y alimentándote adecuadamente aumentarás tu productividad.

Los capítulos 6, 7 y 8 te enseñarán a gestionar de forma efectiva tu mente para disparar tus niveles de energía. Descubrirás trucos para mantener a raya tus pensamientos negativos –esos que te bloquean y te impiden disfrutar–. Encontrarás prácticas que te ayudarán a centrar tu atención. Y te sorprenderás con ejercicios sencillos que mejorarán tu sistema inmunitario, tus relaciones y hasta la imagen que tienes de ti mismo.

Los capítulos 9 al 12 te mostrarán herramientas capaces de elevar rápidamente tu energía emocional e influir en tu rendimiento y en tu bienestar general. Descubrirás que cosas tan sencillas como pasar tiempo en buena compañía te protege contra enfermedades crónicas y mentales, o que el tacto fomenta la motivación y te previene contra los resfriados. Que dar un paseo bajo los árboles activa la mente sin cansarla y bloquea las emociones tóxicas, y que el diseño biofílico en tu lugar de trabajo aumenta la productividad. También encontrarás pistas para crear una lista musical que mejore tu concentración y tu rendimiento físico. Descifrarás las claves ocultas de la postura corporal para que influya positivamente en tu trayectoria profesional, en tus conquistas sociales y hasta en tus niveles hormonales, y te asombrarás al conocer el poder que encierra una simple sonrisa: desde mitigar los efectos del estrés a favorecer la memoria, la atención y el aprendizaje, hasta quemar calorías.

Con el capítulo 13 tomarás conciencia de si realmente haces lo que quieres y quieres lo que haces; si sabes cuál es ese para qué que hace que tu vida sea significativa y te ayuda a sacar fuerzas de flaqueza cuando estás agotado; y si no lo tienes no te preocupes, te mostraré los pasos necesarios para descubrirlo.

El último capítulo te ayudará a descifrar cual es tu fórmula ON.

¿Qué necesitas para sacarle todo el partido a estas páginas? Solo ganas de sentirte bien para poder dar lo mejor de ti en el trabajo, en casa, en tus ratos de ocio… siempre. ¡Ah!, y constancia en la aplicación de aquellas rutinas que elijas llevar a cabo.

Llevo más de veinte años cobrando en clase un euro a quien llega tarde, a quien le suena el móvil o a quien pillo despistado (por supuesto yo pago el doble si hago lo mismo, con el consiguiente regocijo del personal). Por simple que parezca, es un método que me funciona a la perfección para lograr mi objetivo: que nadie desvíe la atención. ¿Por qué no lo intentas? Pide a personas de tu entorno que te cobren un euro si no cumples con los objetivos que vas a marcarte con la lectura de este libro (spoiler: no tendrán piedad, te van a sangrar).

Primera parte:Carga tu cuerpo

1.La nariz está para algo: inhala… exhala…

Respire profundamente para llevar su mente a casa con su cuerpo.

THICH NHAT HANH

¿Del 0 al 10 cómo de bien crees que respiras? Si eres de los que ronca, contienes la respiración a menudo, respiras rápido o lo haces por la boca ve quitándote puntos.

Nuestra fuente principal de energía es la respiración. Un adulto promedio puede resistir unos cuarenta días sin comer, entre tres y cinco días sin beber, unos ocho o diez días sin dormir y tan solo dos minutos sin respirar (salvo que seas croata, te llames Budimir Buda Šobat y tengas el récord en veinticuatro minutos y treinta y tres segundos).

La respiración está conectada con tu cuerpo, tus pensamientos y tus emociones, tanto que incide poderosamente en tu salud física, mental y emocional.

Mientras que algunas maneras de respirar logran disminuir la presión arterial y hacen desaparecer los dolores de cabeza, otras son tan nocivas que te acercan al Sueño Eterno; mientras unas fortalecen el cerebro ayudando incluso a remitir la depresión otras contribuyen a la muerte de neuronas.1

Cuando respiramos mal nos esforzamos por obtener oxígeno y presionamos a nuestro cuerpo para trabajar más de la cuenta. Resultado: perdemos energía.

Inhalar por la boca –parece ser que cerca del 50 % de las personas lo hace– activa el sistema nervioso aumentando nuestra ansiedad, provocando que nos sintamos más irritados y que nos cansemos más rápido (tenlo en cuenta al hacer deporte).

Cuando estamos bajo presión o tenemos pensamientos estresantes, el miedo –o estrés– provocado por esos pensamientos desencadena una respiración más rápida, con exhalaciones cortas, que activan el sistema nervioso simpático aumentando ese estrés y haciéndonos sentir cada vez más ansiosos y tensos.

¿Te has pillado alguna vez conteniendo la respiración mientras ejecutas una tarea que te resulta difícil? A mí me pasa cada vez que pruebo a hacer una postura nueva de yoga; me concentro mucho en intentar que me salga (cosa improbable en la mayoría de las ocasiones), sin darme cuenta contengo la respiración y luego aspiro enormes bocanadas de aire. ¡Mal! Hiperventilo, pierdo energía y, en consecuencia, me siento agotada, mareada y enfadada.

Obsérvate la próxima vez que estés revisando la bandeja de entrada de tu correo electrónico: más de 50 mensajes y la mitad apremiantes; eliges el más urgente e importante, lees y contestas; el siguiente viene escrito en un tono muy negativo, te agobias, te enfadas, respondes, prestas atención a una publicidad que acaba de llegarte, pinchas el siguiente… Si te fijas notarás que tu respiración se ha vuelto superficial, respiras más rápido de lo normal, estás hiperventilando, o incluso has contenido la respiración durante unos treinta segundos. Este fenómeno se ha denominado Apnea del correo electrónico, una afección que, según estimaciones, padece un 80 % de las personas para las que el correo electrónico es una herramienta fundamental en su día a día.2 La retención de la respiración y la hiperventilación alteran el equilibrio entre oxígeno (O2), dióxido de carbono (CO2) y óxido nítrico (NO) del cuerpo y prepararan el camino a las afecciones relacionadas con el estrés –ten en cuenta que el óxido nítrico está asociado a los procesos de memoria y aprendizaje, entre otros3–.

¿Tu respiración es exclusivamente torácica, inclinas el cuello hacia delante y tienes dolores de espalda y de cabeza? Si es así, muy probablemente estés respirando mal. ¡Hay que hacer algo de inmediato!

Neumólogos, otorrinos, odontólogos y científicos de medio planeta han demostrado que respirar correctamente es una herramienta de lo más eficaz para el alivio a corto plazo y el beneficio a largo plazo de nuestra salud; por eso es tan importante aprender a usar la respiración.

Debemos saber que es crucial inhalar y exhalar de manera correcta. Inhalando nos cargamos rápidamente de energía y exhalando por completo mantendremos un nivel alto de energía. Ten en cuenta que en cada exhalación expulsamos tensiones y más toxinas (CO2) de las que eliminamos a través de los riñones, por lo que si no exhalamos del todo esas toxinas se quedarán dentro de los pulmones pudiéndonos provocar infecciones indeseadas.

¿Te has dado cuenta de que cada emoción tiene un tipo de respiración? Cuando experimentamos alegría por un suceso concreto ponemos más énfasis en la inhalación; con la tristeza lo ponemos en la exhalación; cuando de repente algo nos asusta se nos corta la respiración…

Si prestas atención a tu respiración serás consciente de qué emoción estás experimentando en cada momento, y en el caso de que sea alguna tóxica, te ayudará a tranquilizarte si aprendes a ralentizarla. Recuerda algún momento de tu vida en el que la ira se apoderó de ti, como aquel día en el que tu jefe te acusó de algo que no era cierto o cuando pillaste a tu hija en una mentira gorda. Seguramente recuerdes con claridad dónde estabas, qué te dijeron y lo que respondiste, pero lo que quizás no recuerdas es que respirabas de manera rápida y entrecortada y, a consecuencia de ello, se te aceleró el corazón, tus músculos se tensaron y tu cuerpo se calentó. Probablemente el enfado te duró varias horas, pero podrías haberlo acortado si en ese momento hubieses cambiado tu patrón de respiración a un ritmo más lento, alargándolo y activando el sistema nervioso parasimpático, que te habría puesto en modo calma y relajación. Una vez apagada la respuesta fisiológica al estrés, tus pensamientos («se ha pensado que no me entero de nada», «aquí soy el último mono»…) y tus emociones tóxicas (orgullo, rabia, frustración…) se habrían desvanecido y tú habrías dejado de perder energía para comenzar a elevarla de nuevo. Ya sabes:

Si quieres cambiar tus pensamientos negativos y tus emociones tóxicas, ¡respira!

Si te acostumbras a respirar por la nariz lenta y rítmicamente (5,5 segundos para cada inhalación y otros 5,5 en cada exhalación), de forma ligera, inhalando menos cantidad de aire de la que exhalas, no solo disfrutarás de una buena cantidad de energía, sino que activarás la respuesta antiestrés –la respiración lenta tiene un efecto relajante capaz de calmar el cuerpo y la mente– y potenciarás tu resistencia atlética. Pero llegar a dominar esta respiración perfecta requiere práctica y constancia y, como sabemos que para generar un hábito nuevo es fundamental encontrar un motivo suficiente, ahí va uno: la respiración es el timón de tu cerebro, si la controlas lo llevarás a donde quieras en pocos minutos.

Y ya no vale la excusa de es que tengo poca capacidad pulmonar porque siempre estamos a tiempo de agrandar nuestros pulmones y, si no me crees, lee las historias de personas que practican el buceo libre. Para tu tranquilidad –por si no te apetece mucho practicar esta actividad–, basta con montar en bicicleta o caminar regularmente para aumentar el tamaño de tus pulmones hasta un 15 %. ¡Hazlo! Los científicos han llegado a la conclusión de que la capacidad pulmonar es el mayor indicador de esperanza de vida (más aún que la genética, el ejercicio diario y la dieta saludable).

Probablemente ahora estés observando tu respiración; ¿es lenta y profunda o rápida y superficial?, ¿la estás conteniendo? No te preocupes, siempre estás a tiempo de aprender a respirar correctamente para vivir más y mejor.

Leí hace tiempo que practicar habitualmente Sudarshan Kriya4 –técnicas de respiración yogui con diferentes ritmos de respiración cíclica, que van desde lentos y calmantes hasta rápidos y estimulantes– era muy beneficioso para aumentar la energía, calmar la mente, reducir el estrés, la ansiedad, la depresión, el trastorno de estrés postraumático y el abuso de sustancias, y para mejorar la función inmunitaria y la calidad del sueño, entre otras cosas.5 Decidí que tenía que aprender estas técnicas para poder compartirlas con mis clientes y, tras analizar una buena cantidad de opciones me decidí por The Art of Living, una organización sin fines de lucro, colaboradora de Naciones Unidas, que ha formado a millones de personas en ciento cincuenta y cuatro países y cuyas técnicas de respiración han sido avaladas por más de cien estudios independientes que concluyen que el cortisol –la hormona del estrés– se reduce en más de un 50 %, el sistema inmune mejora en más de un 33 % y en un 218 % el sueño se vuelve más profundo y reparador –con estas referencias se supone que saben muy bien lo que hacen–. A los diez minutos de empezar la clase, me di cuenta de que no sabía respirar correctamente y, al finalizar los tres días de curso, ya notaba los beneficios de la práctica (quienes me conocen saben que no soy muy crédula respecto a determinadas cosas pero esto está contrastado científicamente y he comprobado los resultados de primera mano).

Lo primero que aprendí fue a controlar la respiración con un conjunto de técnicas de Pranayama. Tenía que inhalar en cuatro tiempos, retener el aire otros cuatro, exhalar en seis y volver a retener en dos tiempos*. Practiqué sentada en una silla la respiración abdominal, torácica y clavicular (en 4-4-6-2), cerrando la garganta al exhalar y consiguiendo, por fin, hacer correctamente la respiración Ujjayi, que suena como Darth Vader (señal de que lo estaba haciendo bien).

Para mí fue como pulsar el botón de encendido de la energía elevándola inmediatamente y dándome, no únicamente un chute de vitalidad, sino una tremenda sensación de relajación física, mental y emocional –mis músculos dejaron de estar en tensión, mi cabeza dejó de rumiar y la emoción que me envolvió fue de absoluta serenidad–. Durante los veintiún días siguientes de práctica personal percibí, además, un notable aumento de mi energía mental: me concentraba más profundamente y por más tiempo, mi rendimiento intelectual aumentó y noté mi memoria más ágil. ¡Y lo mejor de todo es que los efectos son duraderos!

Me enseñaron también la respiración Bhastrika (o Respiración del Fuelle