Generación invisible - Tomás Balmaceda - E-Book

Generación invisible E-Book

Tomás Balmaceda

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Beschreibung

Si creciste entre libros de papel, cuadernos, blocs de nota, lapiceras y lápices. Si sabés el prefacio de la Constitución nacional y la lista de las preposiciones de memoria. Si te comunicaste por carta, teléfono de línea, beeper, SMS, chat de Blackberry y mensaje de WhatsApp. Si sabés qué significa revelar una foto. Si enviaste un fax. Si fuiste al videoclub de tu barrio a alquilar el DVD de Matrix. Si recordás como si fuera ayer cuando llegó la primera computadora a tu casa o cuando viste el primer teléfono celular que tomaba fotos. Si grabaste un mensaje personalizado en tu contestador automático. Si recordás al menos diez mundiales. Si creciste creyendo que solo había dos géneros. Si creciste con la orden de no hablar ni aceptar nada de extraños. Si creíste que eras el único gay del mundo. Si te impactó la muerte de Lady Di aunque nunca pisaste Inglaterra y si recordás qué era el jarrón de Cóppola. Si no te da miedo hablar por teléfono y preferís llamar a alguien para resolver rápido alguna cuestión. Si vas a un recital y sacás dos o tres fotos pero luego guardás el teléfono. Si algunas de tus cosas favoritas no son digitales y se pueden tocar.   Si algo o todo de esto te identifica, te damos la bienvenida. Sos parte de la Generación Invisible.   La Generación Invisible está compuesta por personas que hoy tienen entre 45 y 65 años, un sector de la sociedad que ha sido históricamente silenciado y que vive en la tensión entre dos generaciones de mayor peso específico y poblacional en el planeta, los baby boomers y los millennials. En un contexto en el que se vuelve imperioso reorganizar y repensar nuestras ideas sobre el envejecimiento, este libro busca ser un llamado a la acción para aquellos invisibles que sientan que no son escuchados ni tenidos en cuenta. Los invisibles aún tenemos la chance de escribir nuestro propio futuro… solo hay que ponerse en acción.

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Seitenzahl: 198

Veröffentlichungsjahr: 2022

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GENERACIÓN INVISIBLE

MIRIAM DE PAOLI x TOMÁS BALMACEDA

GENERACIÓN INVISIBLE

NI JÓVENES NI VIEJOS: CÓMO Y CUÁNDO PERDIMOS EL LIDERAZGO

Índice de contenido
Portada
Portadilla
Legales
Introducción
¿Y vos cuántos años tenés?
Un cruce de caminos
Sobre este libro
Algunas aclaraciones
Nuestra oportunidad de brillar
CAPÍTULO I El tabú de envejecer
“Ok, boomer”
Edadismo
Edadismo internalizado
Juventud y vejez
Edadismo y discriminación
Salir del clóset del envejecimiento
CAPÍTULO II La era de los unicornios generacionales
La guerra en curso
Las cinco generaciones
¿Tiene aún sentido seguir hablando de generaciones?
Más allá de las generaciones
Somos unicornios generacionales
CAPÍTULO III La Generación Invisible
Crecer siendo invisible
Despejando la X
La generación sándwich
¿Nos robaron nuestro momento de la historia?
Cómo ser invisible con propósito
Llegó la hora de visibilizarnos
CAPÍTULO IV Orgullo de ser invisible
Ser invisible hoy
La familia elegida y las nuevas formas de amar
Trabajar y estudiar sin fecha de vencimiento
La Generación Invisible y el dinero
Viajar, entretenerse y divertirse
Invisiblemente digitales
CAPÍTULO V Envejecer en el futuro
Adiós al anhelo de la vejez exitosa
Nuestro histórico vínculo con el envejecimiento
La sociedad que viene
Envejecer en nuestro hogar
Las personas del futuro
¿Sin enfermedades ni muertes?
Un mundo con más y más personas
Repensar el paso del tiempo
El antídoto contra el edadismo
Agradecimientos
Bibliografía consultada

Balmaceda, Tomás

Generación invisible / Tomás Balmaceda ; Miriam De Paoli. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-950-556-918-2

1. Ensayo. I. De Paoli, Miriam. II. Título.

CDD 305.2

© 2022, Tomás Balmaceda y Miriam De Paoli

© 2022, RCP S.A.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.

ISBN 978-950-556-918-2

Primera edición en formato digital: noviembre de 2022

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Diseño de tapa e interior: Pablo Alarcón | Cerúleo

No debemos inmolarnos en el altar de la nada.

MARÍA ELENA IGLESIAS

Si creciste entre libros de papel, cuadernos, blocs de nota, lapiceras y lápices. Si sabés el prefacio de la Constitución Nacional y la lista de las preposiciones de memoria. Si podés hacer una multiplicación o división sin recurrir a la calculadora del celular. Si alguna vez compraste una estampilla. Si recordás el olor a la tinta del diario del domingo. Si te comunicaste por carta, teléfono de línea, beeper, SMS, chat de Blackberry y mensaje de WhatsApp. Si sabés qué significa revelar una foto. Si viajaste a otras partes del mundo primero con la Encarta 95 y luego por avión. Si durante mucho tiempo la única pileta que frecuentaste fue una pelopincho. Si recordás la lista completa de temas de El amor después del amor en el orden correcto y el brillo del papel del libro del interior del cassette o el CD. Si tomaste blue curaçao y tragos llamados Séptimo Regimiento o Destornillador. Si cuando pensás en fumar, primero se te viene a la cabeza el tabaco y después la marihuana. Si recordás los auriculares gigantes con cable y una ficha de plug-in más grande aún. Si tomaste colectivos y los pagaste con dinero en efectivo. Si enviaste un fax. Si fuiste al videoclub de tu barrio a alquilar el DVD de Matrix. Si en tu casa tenés una caja de herramientas y una caja de cables de aparatos que ya no usás pero guardás “por las dudas”. Si les pusiste stickers de papel a fotos de papel para “ponerle onda”. Si recordás como si fuera ayer cuando llegó la primera computadora a tu casa o cuando viste el primer teléfono celular que tomaba fotos. Si andabas en bicicleta sin casco. Si grabaste un mensaje personalizado en tu contestador automático. Si recordás al menos diez mundiales. Si tu primera selfie fue siendo adulto. Si recordás lo que se siente desplegar un mapa de papel en una ciudad que no conocés o si viajaste con la Guía-T en la mochila. Si recibiste clases de computación en el colegio. Si ibas caminando, en bici o en colectivo a la escuela sin miedo. Si solo te ponías protector solar en la playa o en un club en verano. Si supiste qué era el SIDA antes incluso de tener tu primera relación sexual. Si en tu infancia trepabas los árboles. Si compraste nervioso preservativos en un kiosko y todavía hoy te sonrojás al ponerlos en el carrito del supermercado. Si cuando escuchás hablar del “lado B” de algo recordás los lados de un vinilo. Si creciste creyendo que solo había dos géneros. Si creciste con la orden de no hablar ni aceptar nada de extraños. Si esperaste en el auto, con puertas y ventanillas cerradas, que tu mamá termine de hacer un trámite. Si creíste que eras el único gay del mundo. Si te impactó la muerte de Lady Di aunque nunca pisaste Inglaterra y si recordás qué era el jarrón de Cóppola. Si no te da miedo hablar por teléfono y preferís llamar a alguien para resolver rápido alguna cuestión. Si tus padres te perdieron en un supermercado o en la playa. Si vas a un recital y sacás dos o tres fotos pero luego guardás el teléfono. Si algunas de tus cosas favoritas no son digitales y se pueden tocar.

Si algo o todo de esto te identifica, te damos la bienvenida. Sos parte de la Generación Invisible.

INTRODUCCIÓN

“El encanto de la historia y su enigmática lección consiste en que, de época en época, nada cambia y, sin embargo,todo es completamente diferente”

ALDOUS HUXLEY

¿Y VOS CUÁNTOS AÑOS TENÉS?

Es un momento que conocemos muy bien: luego de que le revelamos nuestra edad a alguien —ya sea en un encuentro de trabajo, en una cita romántica o incluso en una conversación ocasional de ascensor— esperamos con ansiedad la reacción que eso genera. El menú de opciones es harto conocido, pero va desde un tímido “pensé que eras más joven” al “creí que tenías muchos más años”, pasando por el “¡ah! ¡somos de la misma generación!”, “se nota que tenés buena genética” y el “¡pero no parecés de tu edad!”. A partir de allí, de acuerdo con la respuesta conocida, se genera una pequeña rutina que puede incluir la falsa modestia (“¡No digas tonterías! Me veo fatal”), el genuino orgullo (“Hago gimnasia dos veces por semana”, “Tengo una rutina de skincare buenísima”) o las justificaciones insólitas (“Me veo diferente con otra ropa”, “Este corte de pelo no me favorece”). Sea como sea, la cantidad de años que tenemos es un tema de conversación frecuente entre amigos, familiares y desconocidos. Es lo primero que preguntamos cuando un amigo nos cuenta que se puso de novio y una idea frecuente cuando estamos en el cine viendo una película con la actriz o el actor del momento. Todas las personas parecen habilitadas a hacer comentarios sobre nuestra edad, la apariencia que tenemos y las expectativas que tienen al respecto (“no sabía que alguien tan joven podía estar en este puesto”, “es raro ver a alguien de tu edad en un sitio así”, “qué valioso que alguien de tu generación sienta que puede aportar algo”…). Hemos naturalizado de manera tan profunda nuestros preconceptos e ideas acerca de la edad que comenzamos a creer que no solo así son efectivamente las cosas sino que también así deben ser las cosas.

Sin embargo, la manera en la que pensamos la edad y el envejecimiento es profundamente cultural. Se trata de una construcción que hunde tan hondo sus raíces en la historia que parecía destinada a consolidarse como el único marco posible y que, de tan cercano y familiar, incluso nos parece el natural. En los últimos tiempos, este marco conceptual comenzó a mostrar sus fisuras porque la manera en la que estamos viviendo el paso del tiempo está transformándose radicalmente. Como si fuera una tormenta en medio de un huracán, nuestra relación con la edad está cambiando a la vez que la segunda década del siglo XXI modifica muchos otros espacios, incluyendo las identidades personales, los movimientos políticos, las economías y el mundo del trabajo. Nuestras vidas son ahora mucho más extensas, y eso debería celebrarse como un indicador del progreso de la humanidad, como la oportunidad de poder contar con cada vez más personas adultas educadas, experimentadas y saludables de más edad. No obstante, eso no ocurre: la globalización no solo está excluyendo a estas personas, sino que está contribuyendo activamente a la narrativa de que estamos viviendo un escenario catastrófico de fatídico envejecimiento. Lo cierto es que las instituciones más tradicionales que nos rodean —como el mundo del trabajo, de la educación o el entretenimiento— nacieron cuando las vidas eran más cortas y han quedado, en ocasiones, obsoletas. Pero esto no quiere decir que estamos frente a una tragedia inevitable, sino que es necesario replantear sus bases y tratar de ayudar a que nuestra cultura y espíritu se pongan al día con lo que hoy la ciencia puede lograr. La revolución de la longevidad, veremos, nace de hechos y datos concretos, pero solo puede comprenderse profundamente en la intersección con otras realidades que se modifican a nuestro alrededor. Y por eso se vuelve imperioso reorganizar y repensar nuestras ideas sobre el envejecimiento. Este es el objetivo de nuestro libro.

Cuando se caigan los velos de cómo pensamos el paso del tiempo, podremos entonces volver a pensar el verdadero significado que tiene haber nacido en tal o cual momento histórico y descubrir que nuestra edad dice muy poco de quiénes somos. Y que las actitudes que hemos adoptado acríticamente sobre los demás y sobre nosotros mismos a partir de la percepción del paso del tiempo no solo limita nuestra capacidad de desarrollarnos y vincularnos, sino que tiene consecuencias tangibles y peligrosas sobre la salud, la economía y la justicia social, echando sombras sobre diferentes ámbitos de la vida.

Si bien pondremos en duda la utilidad misma del concepto de “generación” para pensar la nueva longevidad, sí adoptaremos una perspectiva generacional, esto es, una mirada a largo plazo para poder entender desde el presente cómo debemos actuar para asegurarles un futuro más equitativo y justo a las personas que vendrán. Somos testigos de comportamientos que, aunque individuales, nos muestran transformaciones profundas en la manera en la que vemos la sociedad, como la desaparición de la idea de que a los 65 años hay una transformación cualitativa en nuestras vidas con el retiro laboral y la jubilación; nuevos estándares de belleza que rompen la hegemonía de la juventud eterna; nuevas formas de familia más allá de los lazos de sangre y la creciente aparición de identidades que desafían el clásico binarismo “hombre-mujer”, entre otros.

Nuestro análisis generacional mostrará los enormes desafíos sociales, económicos y tecnológicos a los que nos enfrentamos, que aparecen a la par de nuevas actitudes, creencias y comportamientos de personas que ya no tienen un modelo de envejecimiento en el que inspirarse.

UN CRUCE DE CAMINOS

Este libro es parte de una investigación más amplia y profunda que comenzó cuando Layla Vallias escuchó a su padre, Marcos, decir que se sentía “una trema”, un signo muy parecido a lo que en español conocemos como diéresis y se representa con dos puntitos sobre una vocal. La trema es una marca diacrítica utilizada para señalar la independencia de esta vocal en relación con una vocal anterior, constituyendo a veces una vocal propia y distinta. El padre de Layla creció en un momento en el que la trema se enseñaba en los colegios y se utilizaba en los textos escritos. Sin embargo, cuando en 1990 se implementó el Acuerdo de Ortografía de la Lengua Portuguesa, que buscaba unificar la ortografía del portugués en todos los países de habla oficial, la trema dejó de ser necesaria y hoy las nuevas generaciones solo la conocen por los nombres propios de origen extranjero. Por eso, cuando llegó el momento de jubilarse, Marcos sintió que su destino era parecido: volverse un objeto obsoleto del pasado, sin razón de ser. Este desánimo llevó a su hija a investigar sobre esa generación y así nació primero “Amo Minha Idade”, una plataforma de contenido colaborativo sobre longevidad, que creció y evolucionó en Hype60+, un estudio de análisis de la economía plateada de Brasil.

Miriam De Paoli nunca se sintió una trema, pero las conoció: nació en Brasil y se desarrolló en el mundo de las comunicaciones y la enseñanza en varios países de América Latina. Instalada desde hace más de dos décadas en Argentina, su vida tuvo un antes y un después cuando una serie de síntomas físicos la llevaron por distintos diagnósticos médicos preocupantes hasta que descubrió que lo que tenía no era nada inusual: simplemente estaba atravesando el climaterio a una edad más temprana de la esperable. Pero la medicina y la sociedad le daban la espalda a esta etapa crucial de la vida de las personas con útero. Así nació No Pausa, un comunidad que se propuso difundir información acerca de la menopausia y el climaterio en toda América Latina. Lo que comenzó como una historia personal hoy es una startup pionera en todo el mundo.

La búsqueda de información sobre la segunda mitad de la vida de las personas hizo que los caminos de Layla y Miriam se cruzaran. Y en un café Miriam se lo contó a Tomás, su amigo. Tomás Balmaceda estudió filosofía y desde una lente analítica siempre se interesó por aquellas zonas menos recorridas por las ideas o la comunicación. Frustrado porque se sentía muy diferente a la manera en la que siempre había imaginado que iba atravesar los 40 años, escuchó de Miriam unas palabras mágicas: “Es que vos y yo somos parte de una generación invisible, la atención parece siempre puesta en los millennials y los baby boomers”. Así nació uno de los conceptos rectores de Tsunami LATAM.

Tsunami LATAM es el estudio sobre longevidad más grande del mundo, realizado por un grupo latinoamericano e interdisciplinario liderado por Miriam y Layla y formado por un gran equipo que incluye, entre otras personas, a Tomás, Livia Hollerbach y Natalia Puentes-Montoya. Con más de veintitrés mil entrevistados de siete países, Tsunami LATAM marcó un hito en el estudio global de la longevidad y su impacto fue tan profundo que este libro es solo una de sus numerosas ramificaciones. Mucha de la información dura que encontrarás en estas páginas surge de allí y quienes quieran consultarlo pueden hacerlo de forma gratuita en generacioninvisible.org

SOBRE ESTE LIBRO

Comenzaremos esta investigación sobre la nueva longevidad pensando en el edadismo, la manera en la que nuestras actitudes y comportamientos hacia los demás cambian a partir de la edad que percibimos de la otra persona. Se trata de una forma de discriminación y opresión muy concreta pero rara vez trabajada en profundidad y que tiene características únicas. Cuando se considera la juventud como un valor absoluto positivo por encima de otros momentos de la vida, se desprenden una serie de conductas que calan hondo en la manera de comprendernos a nosotros mismos, a los demás y que moldea a la sociedad.

Este edadismo también está en la base de uno de nuestros pasatiempos favoritos: enfrentar a generaciones entre sí en aspectos menores y hasta insólitos. A lo largo de todo el libro quedará claro que hay grandes diferencias en la manera en la que los distintos grupos de personas sentimos y percibimos la realidad. Pero esto no implica que tenga que existir una batalla entre ellos. Mucho menos una batalla entre dos generaciones que invisibiliza a la nuestra. Pero no debe sorprender que en la base de este supuesto enfrentamiento están los estereotipos generacionales arraigados en nuestra cultura que nos dicen que las personas mayores son conservadoras y retrógradas y que los más jóvenes son irresponsables y perezosos. Colocarnos los lentes del edadismo nos permitirá descubrir cómo los sesgos de edad atraviesan la manera de pensar de los demás y hacen que le temamos a nuestro propio proceso de envejecimiento.

En el segundo capítulo, relativizaremos el peso que la herramienta conceptual “generación” puede tener a la hora de analizar la sociedad porque los efectos del privilegio y la opresión no se distribuyen uniformemente entre todos los individuos y grupos, así como tampoco los intereses son exclusivos de una porción determinada de la sociedad. Por eso ofreceremos un análisis generacional basado en tres distintos tipos de efectos —de ciclo de vida, de período y de cohorte— que afectan con distinto tono a diferentes grupos. Pertenecer a una generación implica, de mínima, compartir el momento de nuestro nacimiento con otras personas. Y si bien no hay dudas de que los eventos, las circunstancias y los avances políticos, sociales, económicos y tecnológicos de una época pueden tener un efecto profundo en la personalidad de nuestros colegas de generación, eso es solo una mirada con respeto a una cohorte generacional, que brinda pistas sobre tendencias a actuar y pensar de maneras específicas. Pero también hay que analizar la diferencia de perspectivas de un evento según la edad en el que se encuentra un grupo durante su ciclo de vida a la vez que hay eventos sociales de hondo impacto independientemente de la edad, como guerras o crisis económicas globales. Todo esto estará analizado, además, a partir de las fuerzas que nos forman como individuos y sociedades, entendidas como vectores de privilegio y opresión que, al entrecruzarse de maneras diferentes, dan lugar a configuraciones únicas. La clave de nuestro análisis será la interseccionalidad.

Con expectativas de vida más longevas y avances tecnológicos que permiten potenciarnos y evolucionar, descubriremos que somos unicornios generacionales, una categoría creada por Miriam para referirse a las características casi mitológicas de nuestra generación: estamos aprendiendo a envejecer mientras lo hacemos porque no tenemos en quiénes reflejarnos. Nuestros padres no se parecen a nosotros a nuestra edad, pero nuestros hijos también nos desconciertan.

Esto nos llevará, en el tercer capítulo, a presentar la Generación Invisible, el foco de nuestro análisis. Y aunque el primer acercamiento nos mostrará que hablamos del grupo formado por personas que hoy tienen entre 45 y 65 años, no se trata de límites definitorios sino que su caracterización mostrará una pintura más compleja e interesante de un sector de la sociedad que ha sido históricamente silenciado y que hoy lucha por cobrar el protagonismo que merece.

La Generación Invisible es, en un sentido profundo, una generación sándwich, que, por un lado, vive en la tensión entre dos generaciones de mayor peso específico y poblacional en el planeta, los baby boomers y los millennials. Y, en esa tensión, también está en el medio de sus reclamos y necesidades. En muchos casos somos personas que aún mantenemos a nuestros hijos mientras nuestros padres también requieren de nuestra atención. ¿Nos robaron nuestro momento de la historia?

El cuarto capítulo de este libro nos permitirá adentrarnos en el análisis de la Generación Invisible en cuatro pilares que nos parecen fundamentales: la manera en la que vivimos nuestros vínculos familiares, sociales y afectivos; el abordaje que tenemos acerca del mundo del trabajo y la educación junto con el lugar que ocupa en nuestra vida; nuestro vínculo con la tan mentada jubilación y con el desarrollo de nuestras finanzas personales y finalmente un recorrido por las formas de entretenimiento de los invisibles.

Este ensayo cierra con una mirada hacia el futuro. Si es posible quitarnos el velo del edadismo y desenmascarar el mito de “la vejez exitosa”…, ¿cómo podría ser cumplir años cuando las personas vivan más de un siglo? A través del diseño de futuro trataremos de imaginar las oportunidades y los desafíos que nos podrían traer las ciudades y las casas en un futuro en el que quizá no existan enfermedades ni muertes.

ALGUNAS ACLARACIONES

Y antes de que comiences con la lectura, unos breves comentarios sobre las próximas líneas. Este ensayo es el producto de muchas lecturas, reflexiones y discusiones. Vas a encontrar en él muchas ideas e impresiones con las que podrás estar de acuerdo o no, pero que buscan interpelarte y hacer visible los prejuicios edadistas con los que vivimos a diario. Puede ser el punto de partida para que comiences tu propio recorrido en desandar muchas visiones erróneas y estigmas que rodean la edad. No es un camino fácil y nosotros mismos estamos enfrentándonos a diario con nuestras propias limitaciones y creencias.

Generación Invisible busca ser, también, un llamado a la acción para aquellas personas que tengan entre 45 y 65 años y sientan que no son escuchadas ni tenidas en cuenta. Estas páginas son mucho más que un manifiesto, pero intentamos dejar muchas semillas de las que pueden germinar, en terreno fértil, conversaciones intergeneracionales reveladoras, cambios en planes de negocios y maneras de ver el trabajo, estímulos para tener nuevos vínculos y relaciones, planes de acción para modificar las injusticias y, por qué no, renovadas ganas de concretar sueños.

Este texto es verdaderamente colectivo: además de ideas de otros autores y especialistas (cuyos textos están destacados en la sección de bibliografía), aparecen las voces de una treintena de invisibles que generosamente compartieron sus impresiones con nosotros para poder dar cuenta de las propias experiencias y de los contrastes que surgen de ellas.

Una última aclaración: a lo largo del texto usaremos “los invisibles” para hacer referencia a los miembros de nuestra generación aunque sabemos que lo correcto sería hablar de “las invisibles”, “los invisibles” y “les invisibles”. Pero elegimos hablar de “los invisibles” por una cuestión estilística y porque, después de todo, nuestra generación mantuvo por años un binarismo torpe del que fuimos anoticiados por las personas más jóvenes.

NUESTRA OPORTUNIDAD DE BRILLAR

El escritor Matthew Hennessey dice que los que tenemos más de 40 años recordamos al actor Christopher Reeve por dos cosas: por haber interpretado en el cine nada menos que a Superman, quizá con la interpretación más icónica de todas, y porque en 1995 cayó de un caballo y quedó imposibilitado de mover su cuerpo. Fue el 27 de mayo de ese año cuando el actor, que era una estrella consolidada en Hollywood, participó junto a otros 300 jinetes de una prueba de obstáculos en la pequeña localidad de Culpeper, en Virginia, Estados Unidos. Cuando se aproximaba a un salto de triple barra, su caballo purasangre Buck se detuvo en seco y Reeve cayó de cabeza al otro lado de la barrera. Y todo lo que sucedió después estuvo marcado por un maldito centímetro: si el actor hubiera caído un centímetro más a la izquierda, habría muerto en el acto, si lo hubiera hecho hacia la derecha, lo más probable es que no hubiera tenido más que unos pocos dolores. Pero terminó paralizado del cuello para abajo y murió menos de diez años después.

Cuando sucedió el accidente, Reeve estaba en un momento complejo en lo profesional: luego de cuatro películas como el superhéroe más famoso del mundo, era difícil para el público verlo de otra manera. Y lo había intentado por muchas vías sin éxito hasta que llegó Lo que queda del día, una película dramática en la que comparte cartel con Anthony Hopkins y Emma Thompson. Allí, en el papel de un congresista estadounidense que visitaba el Reino Unido poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, pudo demostrar que era mucho más que el último hijo de Krypton y sacó a relucir toda su formación teatral clásica de su juventud.

En una entrevista que le dio al periodista Larry King en 1996, un melancólico Reeve confesó que encontraba muy amargo que su accidente hubiera ocurrido justo cuando sentía que finalmente estaba a punto de liberarse del Hombre de Acero y que podía mostrar que podía encarnar a más cosas que un superhéroe. Él había sentido que su carrera estaba a punto de dar un giro lejos de los papeles que requerían actuar y no solamente ser Superman. “Estaba a punto de mostrar lo que yo podía ser…”

Las oportunidades de reinventarse, de cambiar y de mostrar de lo que somos capaces no son muchas y pocas veces no son dolorosas. Los invisibles aún tenemos la chance de escribir nuestro propio futuro… solo hay que ponerse en acción.