Gritos y murmullos del cuerpo - Gerard Sakisik - E-Book

Gritos y murmullos del cuerpo E-Book

Gerard Sakisik

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Beschreibung

¿Realmente conocemos el proceso por el cual se establece una enfermedad? ¿Qué pasaría si escuchando a nuestros cuerpos pudiéramos frenar los primeros síntomas de una enfermedad? Gérard Saksik y Christian Flèche demuestran con precisión que el estrés sufrido provoca cambios en el organismo desde el inicio de la enfermedad. Nuestro cuerpo biológico tiene su propio lenguaje y produce signos precursores, emocionales, físicos y psíquicos, llamados 'pródromos'. Escuchémoslos y evitaremos enfermarnos. Los autores explican con detalle cómo detectar estos signos lo antes posible y su causa; una vez eliminada la causa, 'los pródromos' se extinguen gradualmente y se facilita la curación. Descubre el estudio de las diferentes etapas de la enfermedad y las herramientas prácticas que apoyan el análisis que hacen los autores. Podrás trabajar nociones de descodificación biológica, gestión de las emociones y del estrés. onócete a ti mismo para preservar tu salud.

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Seitenzahl: 221

Veröffentlichungsjahr: 2021

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GÉRARD SAKSIK y CHRISTIAN FLÈCHE

Gritos y murmullos del cuerpo

La prevención de las enfermedades

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Los editores no han comprobado la eficacia ni el resultado de las recetas, productos, fórmulas técnicas, ejercicios o similares contenidos en este libro. Instan a los lectores a consultar al médico o especialista de la salud ante cualquier duda que surja. No asumen, por lo tanto, responsabilidad alguna en cuanto a su utilización ni realizan asesoramiento al respecto.

Colección Salud y Vida natural

GRITOS Y MURMULLOS DEL CUERPO

Gérard Saksik y Christian Flèche

1.ª edición en versión digital: junio de 2021

Título original: Cris et murmures du corps

Traducción: Susana Cantero

Corrección: Elena Morilla

Diseño de cubierta: TsEdi, Teleservicios Editoriales, S. L.

Maquetación ebook: leerendigital.com

© 2019, éditions Le Souffe d’Or Derechos negociados a través de Abiali Afidi Ag.

(Reservados todos los derechos)

© 2021, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-9111-748-3

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Índice

 

Portada

Gritos y murmullos del cuerpo

Créditos

Prefacio. Salud y prevención

Tu cuerpo enfermo: ¿maestro o tirano?

Capítulo 1. La prevención mediante la comprensión del ingreso en la enfermedad

Capítulo 2. La prevención mediante la toma de conciencia de los indicios que anuncian la enfermedad

Capítulo 3. La prevención mediante el conocimiento de la expresión simbólica del cuerpo

Capítulo 4. La prevención mediante ejercicios prácticos y protocolos

Conclusión

El misterio de lo vivo

Bibliografía

Agradecimientos

Prefacio

Salud y prevención

La salud depende de numerosos factores, y yo, en este libro, he puesto mi interés de modo más específico en las causas psíquicas de las enfermedades. En efecto, el hecho de ser profesional paramédico me ha puesto a diario en contacto con el sufrimiento humano. A veces he acertado a atenuar ese sufrimiento con los tratamientos que he aplicado, y mediante la PREVENCIÓN he intentado impedirlo. Por compasión natural, y siendo así que no puedo permanecer insensible, la prevención me ha hecho soñar siempre con un mundo más justo y más feliz.

El sentido de este libro nació de varias constataciones:

1. Después de haber escuchado, acompañado y atendido durante mi carrera profesional a miles de personas que padecían enfermedades más o menos graves, constaté lo siguiente:

Entre la aparición de los síntomas propios de la enfermedad diagnosticada y «el inicio del estrés» ligado al conflicto que es el desencadenante de aquella, transcurre «cierto lapso de tiempo». Tiempo durante el cual todas las personas presentan signos emocionales, físicos, psíquicos, comportamentales y neurovegetativos bastante similares y que prefiguran la eclosión del mismo tipo de enfermedad: esto son los pródromos. Este tiempo «de incubación de los síntomas», este tiempo de los pródromos, no es totalmente silencioso, pero sí es discreto. Puede durar desde unos días a unos meses o unos años. Así pues, la pregunta importante que nos tenemos que hacer es: ¿no podría aprovecharse ese tiempo para intervenir de manera útil antes de que aparezca la enfermedad?

ESQUEMA LÍNEA DE TIEMPO

CHOC _____ PRÓDROMOS _____ TRATAMIENTO PREVENTIVO

_____ SÍNTOMA _____ TRATAMIENTO CURATIVO

Desgraciadamente, este período de estrés es como una «zona ciega» para la mayor parte de los profesionales de la salud, e incluso para la mayoría de los futuros enfermos. Se lo coloca en el cajón de sastre de un estrés global e indiferenciado. Ahora bien, si miramos de más cerca, observamos que ese estrés no es uniforme ni inocente. Además, suele tener un sentido muy preciso a pesar de la diversidad de sus manifestaciones. Es un lenguaje de signos que hay que desen­criptar. Estos signos desorientan al observador por su diversidad y su labilidad. Ello no obstante, esas manifestaciones emocionales, biológicas y comportamentales son totalmente espontáneas y emergen de nuestro ser biológico. Manifiestan las reacciones de nuestro inconsciente, el cual, «como mediante un sueño despierto de los órganos», quiere expresar algo.

2. Este libro es un testimonio de mi recorrido profesional, pero también es un reto, porque no hay, o hay poquísimos, trabajos escritos en este sentido. La mayoría, quizá el 95 %, tratan de las enfermedades ya declaradas, de los estreses ya somatizados, y el 5 % restante tratan de la prevención. Todo transcurre «como si las cosas feas», con un poco de suerte, no tuvieran que llegar. «Ojos que no ven, corazón que no siente». Sin novedad, señora baronesa…

Nos cuesta dormir, tenemos algún dolorcillo leve, algún que otro trastorno digestivo, y nos decimos: «¡Ya se me pasará! Esto no es nada, si yo estoy bien, los problemas a mí no me afectan, eso es para los demás. Yo soy robusto». Y tampoco establecemos, o poquísimo, el vínculo entre ese algo discreto que se produce hoy y lo que podría llegarnos un día.

El no querer ver venir el problema es «hacer el avestruz». ¿Para qué modificar nuestros pensamientos, comportamientos o creencias mientras no estemos enfermos? ¡Eso es demasiado duro y tenemos otras cosas que hacer, más urgentes o más entretenidas! ¿Acaso no se dice en Occidente que solo se cuida a las personas cuando caen enfermas, mientras que en Oriente (sobre todo en China) se cuida a la gente que goza de buena salud con el fin de que no caigan enfermos?

La «no salud» cuesta miles de millones de euros a la comunidad y al Estado, que constantemente está en déficit presupuestario del ministerio de Sanidad. Para los políticos, esto debería ser una prioridad nacional. Soñando un poco, se podrían incluso modificar los presupuestos de sanidad para implantar, por ejemplo, la devolución del coste de las clases de gimnasia, o de yoga, o de las actividades deportivas, ¡que en sí mismas contienen un programa de prevención natural de las enfermedades!

Este método en principio es experimental y, como cualquier teoría, debe comprobarse mediante la experiencia y la observación, y debe ser reproductible para ser avalado. Su intención es científica, aunque las reacciones emocionales dependen enteramente de la persona que está viviendo la situación estresante que sea. Lo que sí es seguro y constante es nuestra estructura biológica, que existe desde hace milenios y que perdurará seguramente así durante miles o millones de años. Salvo, claro está, si sobrevienen modificaciones debidas a la emergencia de nuevas ciencias como la genética, la física cuántica, etc.

Nuestro código biológico tiene, en efecto, sus leyes, sus exigencias, sus imperativos y sus exactitudes impresionantes, como, por ejemplo, la replicación idéntica de una célula; no podemos sino admirar el trabajo de la naturaleza cuando constatamos que en cada mitosis celular se produce la copia de casi tres mil millones de informaciones diversas, y además ¡nuestro cuerpo realiza sin equivocarse las copias de varios millones o miles de millones de células al día!

Ahora bien, nuestras reacciones emocionales son un puro producto biológico, una creación espontánea de nuestro inconsciente cuando este se encuentra en situación de simple estrés o frente a un gran peligro. El profesor Edmond Jacobson, de la Universidad de Chicago, nos habla, en este caso, de una respuesta «evaluación-adaptación-supervivencia» del organismo. Ciertas luces testigo se ponen en rojo para evaluar la importancia de la amenaza. Es como una gesticulación interior de nuestros órganos, una efervescencia de moléculas, un lenguaje primigenio del cuerpo antes de las palabras. Un lenguaje para expresar y acompañar el sentido de nuestro resentir[01] conflictual. Ciertos órganos del cuerpo se colocan en formación de batalla para hacer frente a los estresores, y cada uno da su parecer según su especificidad anatómica y su genio propio. Ahora bien, cada tejido, cada órgano está dotado de una inteligencia o de una «forma-pensamiento» sustentada por su función fisiológica, su estructura y su bioquímica. Actúa para sí mismo y para el todo (ejemplo; las células del pie se replican siempre para hacer pie y al mismo tiempo para que el resto del cuerpo pueda andar).

Cada célula que se siente interpelada comunica su «forma-pensamiento» –igual que una buena empleada comunica la información de la que dispone– al resto del cerebro, el cual, al modo de un director de empresa y como buen estratega, la evaluará tomando en consideración los demás pareceres que van llegando hasta él, para tomar la decisión de su resentir global frente al desafío que plantea ese estrés.

Por todas estas razones, nuestras reacciones emocionales no son fruto del azar, ni generaciones espontáneas producidas a semejanza de los microbios en la época de Pasteur. No: responden a cierta lógica de supervivencia de nuestro ser interior, arcaico y moderno a la vez y cuyas leyes nosotros tan solo descubrimos y describimos aquí con una finalidad de prevención.

Así pues, en los capítulos siguientes vamos a abordar varios temas:

1. Los orígenes del estrés y la comprensión de los mecanismos de activación de la enfermedad.

2. La prevención mediante la toma de conciencia de los primeros signos que anuncian una futura enfermedad, los «pródromos».

3. La expresión simbólica del cuerpo, para una lectura y una comprensión más atinadas de la localización de los síntomas.

4. Protocolos para la gestión y la prevención de los diferentes tipos de estrés.

Estas primeras informaciones nos van a guiar para saber qué parte del cuerpo podrá ser la diana biológica preferente del malestar que estamos viviendo actualmente. De modo que, siempre a título de prevención, se propondrán varios consejos con el fin de manejar ese estrés.

En el caso de una enfermedad ya declarada, ni que decir tiene que es imperativo procurarse asiduamente los tratamientos médicos habituales. En ningún caso se debe abandonar un tratamiento sin pedirle opinión al médico. La identificación –muchas veces– y la disminución posterior del estrés que puede darse en ciertas enfermedades solamente será un complemento útil del tratamiento médico si respetamos esta condición.

Esta nueva luz arrojada sobre las consecuencias posibles de nuestros actos nos conduce a una visión más moral y más respetuosa del otro. ¿Podremos albergar la esperanza de que algún día, en una sociedad más tolerante, veremos emerger un bienestar individual para cada uno y, a la vez, una felicidad colectiva?

¡Buena lectura!

Gérard Saksik

[01]. Recordamos que resentir es un término acuñado en Descodificación Biológica que en absoluto tiene que ver con las nociones de «rencor», «resentimiento» o «estar resentido», sino que designa una emoción vivida por la persona en un momento conflictivo, olvidada o silenciada después, y que aflora de nuevo (de ahí el prefijo re-sentir) cuando la persona vive una nueva situación conflictiva que despierta esa misma emoción. (N. de la T.)

Tu cuerpo enfermo:

¿maestro o tirano?

Sobre las enfermedades ya está dicho todo. O casi. Bueno, sobre la superficie de las cosas; sobre la descripción exterior. Si nos raspa o nos hace cosquillas. Si la tos es seca o productiva. Si el frío, las corrientes de aire y los sucesos externos amplifican o disminuyen las cosas.

Pero ¿qué es lo que realmente se ha dicho sobre el interior del ser humano? ¿Del hombre, de la mujer, de aquel o aquella que expresa ese síntoma?

Los médicos de antaño realizaron sus estudios a partir de cadáveres. Así comprendieron la anatomía. Hay una gran diferencia entre un cadáver y nosotros: la vida. Y ¿qué es la vida? La vida es: sentir, resentir, moverse y conmoverse, tener deseos, tener proyectos. Tener una historia. Tener experiencias.

* * *

Nada está dicho sobre las enfermedades. O tan poco. Todo está por descubrir. Todo está por decir. No sobre la enfermedad, sino sobre el enfermo.

Este libro tiene de original que se sitúa antes de la enfermedad y antes del síntoma; antes de los síndromes. Justo un poquito antes existen lo que nosotros llamamos los pródromos; los signos precursores. Todas esas minucias a las que no hacemos caso. Todas esas lucecitas intermitentes del salpicadero de nuestra consciencia, o de nuestra preconsciencia.

Los pródromos se muestran en todos los ámbitos.

El campesino mira a poniente antes de irse a cenar y sabe qué tiempo hará al día siguiente. El ganadero mira el ganado, conoce a sus animales y prevé que tal hembra va a parir, por ejemplo, o a caer enferma, y lo ve en que muestra un comportamiento particular. El labriego observa sus tierras, sus árboles, el profesor a sus alumnos, el albañil las paredes… y a través de detalles que no ve nadie más: una ligera fisura, sequedad en el muro de carga, moho, sabe lo que va a ocurrirle a esa casa si nadie hace nada. Y eso puede suceder dentro de un mes o de un año. El mecánico mira el estado de tus neumáticos, escucha tu motor…

Pero tú: ¿te escuchas? ¿Te conoces? ¿Estás atento a esas fisuras de tus muros interiores, a esos ruidos de tu motor emocional? ¿A ese desgaste, a ese color particular que aparece al declinar el día en tu cielo mental o sentimental? Pues no; eso lo descuidamos. Pensamos: «¡Ya se me pasará! ¡Qué importancia va a tener!», no es más que una leve diarrea, o unas deposiciones apenas blandas, o demasiado duras, no son más que picores, o una febrícula, un dolor desacostumbrado en la cabeza, una dificultad para conciliar el sueño o un despertarte muchas veces, un descenso o un aumento del apetito. Un nerviosismo que no te conocías.

Todo esto son pródromos, son fisuras. Y todo esto quiere atraer nuestra atención.

Sí, nuestro cuerpo biológico tiene su propio lenguaje para decirse. Y nosotros te vamos a invitar a ese aprendizaje, a modo de reeducación, de reencuentro con uno mismo. No se trata, ni mucho menos, de volvernos egocéntricos. Ombliguistas. Narcisistas. Nada más lejos. Se trata de estar presente, lúcido, de ser consciente, atento, amante.

Si te sientes cosillas en el estómago, sabes que tienes hambre y vas a comer; eso no es ser narcisista. Si tienes presión en la pelvis, sabes que tienes orina en la vejiga y necesidad de orinar. O de defecar. Eso no es ser narcisista. Es estar vivo y desear seguir estándolo.

Pero si te niegas a comer, o a irte a acostar, o a defecar, ¿qué ocurrirá? Aumentará la sensación, el malestar, la inanición, la debilidad, la intoxicación; sobrevendrán problemas reales y serás tú quien los sufra.

Así que bienvenido a este encuentro particular. Este encuentro contigo, en la escuela de tu cuerpo. Puedes ser alumno suyo, con el fin de convertirte en dueño y maestro de tu propia vida.

El cuerpo: hazte rápidamente discípulo suyo, con el fin de no convertirte en su esclavo.

Sana antes de estar enfermo.

Christian Flèche

Capítulo 1

La prevención

mediante la comprensión

del ingreso en la enfermedad

Metáfora de la prevención

Un perro entra en una urbanización en la que se encuentran tres grandes casas.

La primera casa tiene la puerta de entrada cerrada y la puerta de salida cerrada. La segunda tiene la puerta de entrada abierta y la puerta de salida abierta. La tercera casa tiene la puerta de entrada abierta y la puerta de salida cerrada.

El perro está furioso. Se acerca a las casas. Da vueltas alrededor de la primera, pero no puede entrar porque la puerta de entrada está cerrada. Después, encuentra la segunda casa; entra y vuelve a salir inmediatamente sin causar desperfectos, o muy pocos. Una vez llegado a la tercera, entra pero ya no puede salir, y ahí sí causa muchos daños.

Esta es la metáfora del drama, de la enfermedad y de la prevención.

En el ejemplo de la primera casa, cuyas puertas de entrada y de salida están cerradas, se produce un evento, pero en mi interior no tiene agarre; no entra en mí, no me procura ninguna emoción. Yo soy espectador de eso. Así que no tengo nada que liberar, nada que sacar, puesto que nada ha entrado.

En la segunda casa, las puertas de entrada y de salida están abiertas. Yo vivo un drama, me impacta lo que ocurre. El perro hace algunos desperfectos en el interior, tira algún jarrón, vuelca alguna silla. Pero sale, es decir: yo me expreso. Digo, de una u otra manera, lo que siento. Hablo de esa violencia, hablo del perro, del comportamiento del otro, hablo de lo que eso produce en mí. Así esa energía puede salir, y a eso se debe que la enfermedad sea realmente mínima.

La tercera casa es la peor, es ella la que crea el choc, la enfermedad, porque no se expresa nada. Todo queda impreso. Nada sale fuera, todo se queda dentro. De modo que el suceso está en mí, se queda en mí y continúa estando en mí. La emoción es movimiento, energía: esto continúa haciendo desperfectos, quizá en una sola habitación, quizá en toda la casa, pero afuera no sale nada. Desde el exterior, pueden oírse gritos, alaridos, ladridos, estropicios.

Así que… ¡escoge!

¡Limpiar es bueno!

¡¡¡No ensuciar es mejor!!!

*

¡Recibir asistencia es bueno!

¡¡¡No caer enfermo es mejor!!!

¡Tener respuestas es bueno!

¡¡¡dejar de hacerse preguntas es mejor!!!

¡Encontrar es bueno!

¡¡¡dejar de buscar es mejor!!!

¡Reconciliarse es bueno!

¡¡¡dejar de enfadarse es mejor!!!

¡¡¡…!!!

* * *

La enfermedad nos dice más que la enfermedad

¡La salud interesa más o menos a todo el mundo! Para el confort propio y para disfrutar de la vida. Para uno mismo y sus allegados. Pero igualmente por otras razones. Por lo que la enfermedad nos dice de nosotros. «Si estoy enfermo es que he pecado, es que soy un inconsciente, que tengo un problema de antes, que como mal, que mi cama está mal orientada, esto me viene de mis antepasados, de mis vidas anteriores, de los extraterrestres… Así que tengo que cambiar algo en mi vida, mi alimentación, mi psiquismo, mi consciencia, etc.».

La enfermedad nos dice más que la enfermedad. Como prueba de ello tomo las sanaciones operadas por Jesucristo, o por otros místicos, que establecen un vínculo entre enfermedad y extravío, alejamiento del plan de Dios, de la vida que hay en nosotros. «Ve, tu fe te ha salvado; no peques más», le dice Cristo al enfermo curado.

Hay, dicen los místicos, en cada uno de nosotros, un lugar sin conflicto, sin idea del mal. Ni siquiera la noción misma de problema, de sufrimiento, puede existir en él. ¡En ese lugar, en ese espacio de conciencia, eso simplemente no tiene sentido alguno!

Todo en ese lugar es perfecto, está justo en su sitio. ¿Cómo acceder a él? Y sobre todo: ¿cómo hacemos para no ser conscientes de eso, de esa absoluta perfección, y residir en ella?

Sí, la salud interesa a la mayoría de nosotros. Entonces ¿por qué la perdemos? ¿Es que no basta nuestra voluntad? Entonces, ¿qué ocurre sin que nosotros lo sepamos y qué nos hace bascular y caer en la enfermedad, la patología, la minusvalía, la muerte?

Nuestra inadvertencia sin más, nuestra ignorancia, como si fuéramos andando de día, con los ojos cerrados, por el borde de un acantilado.

Y, si abriéramos los ojos, ¿qué veríamos? Lo real, nada más, eso a lo que nos pasamos los días y las noches enteros dando vueltas sin cesar por trozos: el mundo real.

Y cómo necesitamos estar es con los ojos abiertos, y muy abiertos, para descubrir los nuevos caminos de las enfermedades evitadas, los nuevos senderos de la salud y de la prevención. Y vamos a constatar que son numerosos. Son posibles en diferentes etapas de nuestro día a día.

No te vamos a decir que cambies tu alimentación o la posición de la cama, o tu higiene de vida en general. Otros libros lo hacen con acierto, y eso a nosotros no nos interesa. Porque la pregunta formulada no es: ¿qué comes? Sino ¿quién come lo que tú comes? («No es lo que entra por tu boca lo que te mancilla, sino lo que sale de ella», nos enseña Cristo). El objeto de nuestro libro no es saber cómo está dispuesta tu casa, sino ¿quién vive en ella? La respuesta es rica en consecuencias. En efecto, como tú sabes, dos personas comen la misma comida, una la tolera, la otra no. Una desarrolla una alergia al gluten, y la otra no… ¿Cuál es la diferencia? Aquel que come.

La pregunta que hay que hacerse es:

¿quién come?

¿Quién lee lo que estás leyendo tú

en este momento?

Un condensado de historias, de experiencias vividas, de aprendizajes, de emociones.

Durante un concierto, una noche, David Crosby presenta su nueva canción: «Si vosotros hubierais vivido mi vida, seríais vosotros los que habríais escrito esta canción y la estaríais cantando aquí». Si vosotros hubierais vivido mi vida, seríais vosotros los que habríais escrito este libro, y si yo hubiera tenido vuestra historia, actuaría exactamente igual que vosotros y tendría vuestras enfermedades. Porque:

Lo que somos es lo que una vez fuimos. Más que actuar, reaccio­namos.

Conjugamos el pasado en presente.

Vamos a ver de más cerca lo que somos en nuestra memoria emocional, biológica…

Educación y aprendizaje

«Hay que estar educado e informado para ser libre».

John Fitzgerald Kennedy

Cuando comprendemos aquello que dispara, favorece o provoca una enfermedad, podemos actuar sobre ello, de manera preventiva. Profundamente. En la raíz del mal. Ese es el papel que tiene todo aprendizaje: hacernos conscientes para cambiar nuestros comportamientos, nuestros automatismos.

1 Conscientes de lo que provoca la enfermedad: el choc conflictivo;

2. Conscientes de lo que favorece su aparición: inhibición, creencias;

3. Conscientes de lo que la mantiene en el tiempo: rechazo o represión de las emociones.

Podemos actuar en cada una de las etapas del ingreso en la enfermedad, porque:

…todo enfermo es un sano

que se ignora

* * *

Cuando ignoramos la causa de un problema, solo podemos actuar sobre el problema, o sea sobre la consecuencia. Por ejemplo: la casa está fría, me abrigo y enciendo la chimenea; el niño muestra fracaso escolar, le pongo clases particulares.

Si conozco la causa de un problema, actúo sobre ella. La casa está fría porque está mal aislada, así que refuerzo el aislamiento térmico. El niño no aprende porque duerme mal: le doy infusiones relajantes; pero duerme mal porque tiene ansiedad, en efecto sus padres amenazan con separarse. Entonces me tomo el tiempo necesario para escucharle y después para tomar en consideración sus emociones y sus necesidades.

Así, conociendo la causa de las enfermedades, podemos actuar sobre el origen de las enfermedades y ser más preventivos. El conocer los criterios por los que el estrés se hace corpóreo, como el aislamiento afectivo, abre nuevas perspectivas de acompañamiento del paciente, en este caso permitiéndole que se exprese profunda y emocionalmente.

¡Di, habla, expresa lo que es fuente de tu mal, su origen, su CAUSA![02]

Mecanismos de instalación de las enfermedades

¿Cómo explicar el afloramiento de una enfermedad? ¿Por qué instala nuestra biología una enfermedad que algún día podría matarnos? ¿Por qué determinadas emociones provocan la reacción de ciertos órganos y no de otros? Entonces, ¿qué emoción es la que he gestionado mal y me ha puesto enfermo?

Para contestar a todas estas preguntas, iremos de lo más simple a lo más complejo.

Cada hombre, que es por esencia y por nacimiento fruto de la naturaleza y de la vida, se irá descubriendo poco a poco a sí mismo y, con el paso del tiempo, tendrá que aprender a vivir con aquello que ha recibido en herencia desde su concepción. Resumiendo en extremo, diremos que hemos recibido un cuerpo compuesto de órganos y un cerebro encargado de gestionar y pilotar el conjunto. Este cerebro posee una capacidad de memoria fantástica, porque atesora datos y aprendizajes que vienen del pasado más remoto, desde nuestros antepasados más lejanos hasta nuestros padres. Además, almacenará nuestras propias experiencias pasadas, presentes y futuras, vividas y sentidas consciente o inconscientemente, como lo demuestra magistralmente Philippe Petit en su libro Notre corps n’est que mémoire. L’évolution, un savoir-faire pour se soigner,[03] de la editorial. Lanore. En efecto, en la célula fecundada en el momento de nuestra concepción, nuestros padres nos transmiten una inmensa biblioteca correspondiente a millones de libros que relatan con un lenguaje, con un código biológico, cierta memoria de la evolución de la humanidad.

Para la biología del hombre, que viene haciendo su viaje desde hace varios millones de años, en caso de estrés o de amenaza para su existencia, lo único que cuenta es la supervivencia. Y la supervivencia es el cuerpo quien la permite, su adaptación al exterior, su flexibilidad.

¿No dice acaso Henri Laborit en su libro L’Homme et la ville,[04] editado en Flammarion: «La vida tiene su finalidad en sí misma, que es mantener su estructura»? Cada vez que el hombre se ha encontrado en situación de peligro, por reflejo innato se ha visto obligado a elegir entre diferentes soluciones. H. Laborit describe tres: atacar, huir o paralizarse. La parálisis es un síntoma, y yo pienso que podemos añadirle todos los demás síntomas y todas las enfermedades. Otros autores adjuntan la astucia, la mentira y la manipulación. La pregunta que se plantea es: ¿qué hacer en caso de estrés?

–el ataque y el enfrentamiento como solución práctica;

–la huida y el abandono como solución de evitación;

–la astucia, la imaginación y todos los mecanismos de defensa conscientes o inconscientes como solución de superación;

–un síntoma leve o una enfermedad considerados solución por el cerebro dentro del espacio biológico cuyo control posee él.

En efecto, si no es posible ninguna de las tres primeras soluciones, surge una angustia que se intensifica cada vez más y puede transformarse en síntoma o enfermedad.

La ganancia permitida por la enfermedad es para la persona, en ese caso, de tres órdenes:

–Disminución de la angustia y del estrés. Una tensión intensa, física y psíquica que se prolongase podría acabar con las capacidades de resistencia de la persona debilitada por el cansancio. En fase de agotamiento, los gestos dejan de ser precisos, los pensamientos son más confusos y pueden multiplicarse errores que pueden acarrear la muerte por distracción.

–Ganancia de tiempo solucionando el problema hasta ese momento irresoluble.

–Ganancia de vida.

Simplificando más, podríamos decir que poseemos un cerebro situado entre dos mundos y que sirve a estos de intérprete, de traductor, de codificador y descodificador. Este cerebro se encuentra:

–entre el mundo exterior: la realidad, el universo, la tierra, la naturaleza y sus recursos, nuestra familia y todos los demás;