Guía esencial de los ángeles - Daniel Mitchell - E-Book

Guía esencial de los ángeles E-Book

Daniel Mitchell

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Desde siempre, la humanidad se ha sentido atraída por los Ángeles, seres sutiles y luminosos a medio camino entre Dios y los hombres, capaces de proporcionar alivio en momentos difíciles o angustiosos. Este libro, fruto de una minuciosa investigación, ofrece un exhaustivo retrato detallado y atractivo sobre la dinastía angélica, su origen y su historia. ¿Cuál es el origen de los Ángeles? ¿Cuáles son sus moradas? ¿Quiénes son los Ángeles caídos? ¿Existen demonios femeninos?

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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Guía esencialde los Ángeles

Guía esencialde los Ángeles

Daniel Mitchell

© 2022, Daniel Mitchell

© 2022, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona

Diseño de cubierta: Regina Richling

Diseño interior: Grafime

Fotografías de cubierta: Shutterstock

Imágenes de interior: Wikimedia Commons

ISBN: 978-84-9917-694-9

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»

Índice

Introducción

1. La hueste angélica

La Tríada superior: Serafines, Querubines y Tronos

El orden más elevado: los Serafines

Querubines al este del Edén

Los Tronos, Ángeles de múltiples ojos

La segunda Tríada: Dominaciones,

Virtudes y Potestades

Quienes regulan las obligaciones de los ángeles:

las Dominaciones

Virtudes, Ángeles refulgentes

Potestades o Energías

La tercera Tríada: Principados, Arcángeles y Ángeles

Principados: Protectores de la religión

Arcángeles: Los siete magníficos

Ángeles: Los mensajeros divinos

2. Las moradas de los Ángeles

Los Siete Cielos

Los Siete mundos terrenales

3. Encuentros con los ángeles

Relatos de primera mano

Sucesos angélicos misteriosos

Simbolismo alquímico

El relato cristiano

Espíritu y fuego

La edad de oro de la angelología

4. Seres resplandecientes

La llegada de un grupo de seres misteriosos

La leyenda de Kharsag

Orígenes de los Ángeles

El Juicio Final

Dominicos frente a franciscanos

5. Los Ángeles del Infierno

La caída de los Ángeles rebeldes

¿Ángeles rebelados?

Siete leyendas sobre la caída de los Ángeles

Ángeles caídos

Los príncipes del Infierno

Demonios

Diablos

Los Hijos de Dios

Los Siete Príncipes del Infierno

Los demonios femeninos

Los Arcángeles del Infierno

Duques del Infierno

Sospechosos habituales

6. Los Ángeles de la Cábala

Epílogo

Bibliografía

Introducción

El Ángel es uno de esos artículos de fe tan inconmovibles como nuestra creencia en la existencia de Dios, de un átomo, o de la mala suerte del número 13. Una de cada diez canciones populares invoca de alguna manera a los Ángeles. Los Ángeles aparecen en las postales de Navidad, en las invitaciones de boda, y abundan en forma de «souvenirs», joyas y baratijas religiosas o semirreligiosas. Todos los museos están llenos de pinturas y esculturas de estos seres alados, y los artistas y escritores siguen representándolos hoy en día.

A lo largo de la historia, las religiones, tanto las primitivas como las más desarrolladas, han alimentado la creencia en seres, poderes y principios espirituales, que actúan como mediadores entre el reino único y trascendental de lo sagrado y el mundo profano y dual del espacio y el tiempo. Estas convicciones van desde la creencia en el poder de los antepasados, espíritus de la naturaleza o seres fantásticos procedentes del «más allá», hasta los seres espirituales denominados Ángeles por las cuatro «Religiones Occidentales del Libro».

El término Ángel deriva de una traducción griega del original hebreo mal’akh, que antiguamente quería decir la «Cara Oculta de Dios», pero más tarde pasó a significar «mensajero». Esta derivación puede brindar una clave de por qué experimentamos cierta incertidumbre cuando intentamos describir la naturaleza de un Ángel, puesto que «mensajero» implica más una función o estatus en el seno de la jerarquía cósmica que una esencia.

La importancia básica de los Ángeles no radica en quiénes o qué son, sino más bien en lo que hacen. Su naturaleza inherente no puede separarse de su relación con el Creador, el Dios o el Origen Absoluto.

Este libro no se limita a las huestes bondadosas del Cielo, sino que incluye además a los Ángeles rebeldes guiados por Lucifer, en una época llamado «Lucero del Alba» y el «Portador de la Luz». Estos títulos que se dan al Príncipe de las Tinieblas muestran la dificultad de descubrir en qué bando se sitúa cada Ángel en concreto, en el de Dios o en el del Diablo.

Cualquier persona que cultive su espiritualidad habrá tenido la sensación de que una presencia sutil parece acompañarla en determinados momentos de su vida. Una presencia capaz de proporcionar alivio en momentos difíciles o angustiosos. Este relato lúcido sobre estos seres silentes que acompañan, protegen y aman a la gente ayudará a los lectores a entablar relación con su ángel y les proporcionará las herramientas necesarias para ponerse en contacto con ellos a través de oraciones e invocaciones.

1. La hueste angélica

Las imágenes de la hueste angélica conocidas desde la época del Renacimiento y el Barroco son las únicas que han llegado hasta nosotros, casi intactas, gracias a la cultura de la devoción popular. Es fascinante descubrir que la imagen del Ángel apenas si ha sido alterada a partir de entonces, como si el tiempo no hubiese afectado a la juventud dorada de la especie. Los Ángeles son, sin duda, el resultado híbrido de un extraordinario programa hebreo de entrecruzamiento original de seres sobrenaturales egipcios, sumerios, babilonios y persas. Esta interacción genética de ideas originó la apariencia corpórea de los mensajeros alados de Dios que conocemos en la actualidad. Hacia el siglo I de nuestra era, esta creación esencialmente judía fue adoptada, casi en su totalidad, por la nueva religión, y seis siglos más tarde, por los musulmanes.

Desde entonces, esa forma angélica básica no ha experimentado modificaciones fundamentales. En cierto modo, esta antología de Saber Angélico es algo así como un museo cerrado al paso del tiempo, una rara colección de cosas antiguas y preciosas. Sin embargo, un auténtico joyero no implica necesariamente un ordenamiento o clasificación. Es simplemente un lugar para exhibir las joyas trabajadas de un saber que abarca un período histórico de más de cuatro mil años.

La Tríada superior: Serafines, Querubines y Tronos

El conjunto de la jerarquía de los Ángeles puede describirse mejor diciendo que se trata de una vasta esfera sin fin de seres que rodean a un punto central incognoscible, al que se denomina Dios. El Centro Divino es definido como una emanación de pensamiento puro de la vibración más elevada, cuyos sutiles rayos parecen cambiar de frecuencia a medida que se alejan del centro. Cuando las vibraciones disminuyen su velocidad, en un primer momento se convierten en una región orbital de luz pura. Cuando esta luz disminuye su intensidad alejándose más de la fuente, comienza a condensarse en materia. Así, la imagen aparecería como un inmenso Sol rodeado por una corteza delgada de materia oscura. La primera tríada de presencias angélicas se conoce como los Serafines, los Querubines y los Tronos, que se hallan reunidos en torno a un núcleo central de pureza. Un Serafín vibra en la frecuencia angélica más elevada; el Querubín, en el siguiente anillo que orbita alrededor de la fuente, tiene una velocidad de vibración algo menor, mientras que los Tronos del tercer anillo marcan el punto en el cual comienza a aparecer la materia.

El orden más elevado: los Serafines

Los Serafines son reconocidos generalmente como representantes del orden más elevado de los Servidores Angélicos de Dios. Es lo que ellos cantan sin cesar en hebreo en el Trisagio –Kadosh, Kadosh, Kadosh («Santo, Santo, Santo es el Señor de las Huestes, la tierra está llena de Su Gloria»)–, mientras rodean el Trono. Una hermosa explicación de esta actividad aparentemente monótona es que, en realidad, se trata de una canción de creación, una canción de celebración. Es la vibración primordial del Amor. Es una esfera creativa, en la que resuena la Vida. Los Serafines están en comunión directa con Dios y, como tales, son seres de luz y pensamiento puros que resuenan con el Fuego del Amor. No obstante, cuando se aparecen a los humanos en su forma angélica, lo hacen como seres de seis alas y cuatro cabezas. El profeta Isaías vio a los Ángeles fulgurantes encima del Trono de Dios: «Cada Ángel tenía seis alas: dos les cubrían el rostro, dos les cubrían los pies y dos eran utilizadas para volar».

El Serafín Mahasiah

Se trata de un Serafín que ayuda a cambiar los errores que cometemos, antes incluso de que los hechos se materialicen y traigan malas consecuencias. Este Serafín tiene el don de dominar la filosofía, la teología y las artes liberales. Se puede invocar para atraer la paz y la armonía con los seres que nos rodean.

Las flamantes serpientes voladoras del rayo

Conocidos popularmente como las «flameantes serpientes voladoras del rayo que «rugen como leones» cuando se despiertan, a los Serafines se les identifica más con la serpiente o el dragón que con cualquier otro orden angélico. En realidad, su nombre sugiere una combinación del término hebreo rapha, que significa «sanador», «médico» o «cirujano», y ser, que quiere decir «ser superior» o «Ángel custodio». Durante mucho tiempo, la Serpiente o dragón ha sido un símbolo de las artes curativas, sagrado hasta Esculapio. Dos serpientes se enroscan alrededor del legendario «caduceo», nuestro actual símbolo de la profesión médica, que apareció originalmente como una vara en la mano del dios indoeuropeo universal Hermes.

Más tarde, se descubrirá que el griego Hermes era idéntico a la deidad egipcia Tot, al dios romano Mercurio y, ulteriormente, al Arcángel Miguel, que también fue un Serafín. La imagen de serpiente de este orden angélico simboliza el rejuvenecimiento por medio de su capacidad para mudar su piel y reaparecer en una forma refulgente y juvenil, como vemos en el mito del fénix flameante. Según Enoc, sólo existieron cuatro Serafines, que correspondían a las cuatro alas o direcciones. Esto coincide con su imagen dotada de cuatro cabezas. Más tarde, los comentaristas rectificaron esto, para significar que fueron cuatro príncipes importantes que gobernaban a los Serafines. Se dice que su jefe era Metatrón o Satanás, en tanto que los demás eran Kemuel, Nataniel y Gabriel.

El poderoso Metatrón

Incluso en este breve relato de la presencia angélica más elevada, las ambigüedades se revelan a través de las grietas. Si bien la fila de los seis órdenes de Arcángeles por debajo de los Serafines aparece en los anillos de la esfera más externos, más materiales, algunos Príncipes Serafines dominantes del núcleo más interior han sido llamados Arcángeles, y un candidato probable no es otro que el enemigo mayor: Satán. Para aumentar la confusión teológica, Metatrón, quien también es denominado como el líder de los flameantes Ángeles Serpiente, en algunos círculos esotéricos es conocido como Satán, Príncipe de las Tinieblas, o ese «viejo dragón». En su forma seráfica más inofensiva, se sostiene que Metatrón es el más poderoso de todas las jerarquías celestiales, ocupándose específicamente del bienestar y sustento de la especie humana. Es famoso por poseer no seis, sino seis veces seis alas, es decir, treinta y seis alas en total, e innumerables ojos. Este tipo de paradoja celestial también es muy común, pero habiendo advertido al lector de la confusión potencial, en adelante trataremos de enumerar tales atributos ambivalentes sin introducir comentarios.

Elemiah

Elemiah tiene como misión apoyar al prójimo para que pueda edificar su sendero y reconstruir todo lo que haga. También da claridad a la persona frente a lo oscuro, lo que está escondido. Para invocarlo hay que hacerlo desde el amor y la sinceridad. .

Querubines al este del Edén

Tanto en la cultura judaica como en la cristiana, se decía que Dios ha situado al «este del Edén a los Querubines y a la Espada Invencible para custodiar el camino hacia el Árbol de la Vida». Aunque en este famoso pasaje ellos son los primeros Ángeles que se encuentran en la Biblia, en realidad los Querubines son los últimos en llegar a la jerarquía celestial.

No obstante haber logrado su propósito de asegurarse el segundo lugar en torno al Trono del Todopoderoso, por esa época Dionisio redactó su obra fundamental. La palabra hebrea era Kerub, traducida por algunos eruditos como «el que intercede», y por otros como «conocimiento». Los primitivos Karibu fueron los terribles y monstruosos guardianes de templos y palacios en Sumer y Babilonia. Durante su cautiverio en Babilonia, los hebreos debieron de haber llegado a familiarizarse con estas fabulosas bestias multiformes y aladas que se encontraban en las entradas de los lugares sagrados.

Similares espíritus tutelares fantásticos fueron encontrados en todo Oriente Próximo, y deidades aladas con cabeza de águila custodiaban ya un Árbol de la Vida Eterna asirio. Fue un paso simple para el anonadado escriba hebreo apropiarse del Árbol y su custodio, trasplantándolos al Jardín del Edén judío. Hacia la época en que Teodoro, el obispo cristiano de Heraclea, habla de los Querubines como de unas «bestias que podrían aterrorizar a Adán desde la entrada del Paraíso», la transformación es completa. Eso en cuanto a su genealogía histórica. En la forma hebrea original tienen cuatro alas y cuatro caras, siendo representados con frecuencia como los Portadores del Trono de Dios y como Sus aurigas. En el Salmo 18, Dios es conducido por un Querubín, aunque el carruaje parece haber sido un Ángel del orden contiguo inferior, denominado Trono u Ofanin.

Nosotros somos afortunados al tener uno de los relatos más espectaculares de un Querubín a partir de un encuentro con uno de ellos en el río Chebar. El profeta hebreo Ezequiel observó muy de cerca a cuatro Querubines, todos ellos con cuatro caras y cuatro alas. En las Revelaciones, Juan de Patmos insiste en que los querubines tenían seis alas y muchos ojos, pero en el ardor y conmoción del Apocalipsis puede ser perdonado de su arrebato al identificar un Serafín por error. A fin de reivindicar el antiguo papel del Querubín como espíritu guardián, pueden mencionarse las dos esculturas doradas que protegen el Arca de la Alianza. Como ya se vio cuando los Serafines entonaban incesantemente el Trisagio, las vibraciones producidas por ese «Santo, Santo, Santo» dieron origen al Fuego del Amor. En contraste, la vibración sutil que emana de los Querubines es la del Conocimiento y la Sabiduría. Cómo tales seres magníficos e imponentes quedaron reducidos al tamaño de los pequeños y gordinflones niños alados que revolotean hermosamente en los ángulos de los cielorrasos barrocos sigue siendo uno de los misterios de la existencia.

Los nombres de los querubines son:

Haziel: Su nombre significa Dios Adorable, y se le suele invocar para solicitar alguna gracia divina y misericordia.

Aladiah: Su nombre significa Dios Propicio y se le invoca para solicitar la sanación de alguna enfermedad.

Laoviah: Su nombre se define como el Dios Exaltado y Elogiado, y se le invoca para solicitar ayuda en la consolidación de algún proyecto o para alcanzar alguna victoria.

Hahahiah: Su nombre es Dios Refugio y se acude a él para solicitar protección y ayuda para los más necesitados.

Yezablel: Su nombre significa Dios Glorificado y se le invoca para pedirle fidelidad, tanto en el amor como en la amistad.

Mebahel: Su nombre significa Dios Conservador y se le invoca para pedir protección y justicia.

Hariel: Su nombre se define como Dios Creador, y se suele acudir a él para pedir refuerzo espiritual e inspiración divina.

Hekamiah: Su nombre se define como Dios que establece el Universo, y se le invoca para pedirle defensa y coraje ante los enemigos.

Los Tronos, Ángeles de múltiples ojos

En la cultura Merkabah judía, estos Ángeles son descritos como las grandes «ruedas» o los de «múltiples ojos». El término hebreo Galgal tiene el doble significado de «rueda» y «pupila del ojo». Curiosamente, mientras los Querubines parecen ser los aurigas de Dios, los Ofanines parecen ser los carruajes.

Sin duda, el relato más detallado de su aspecto procede de Ezequiel (1:13-19): «Y su aspecto era como de candentes brasas de fuego. Algo así como el aspecto de antorchas que estuviesen moviéndose de un lado a otro entre los seres vivientes, y el fuego era luminoso, y del fuego salían rayos… Como me mantuve contemplando aquellas figuras vivientes, ¡ciertamente lo recuerdo! Había una rueda sobre la Tierra junto a ellas, cerca de sus cuatro caras. En cuanto a la apariencia de las ruedas y de su estructura, era como el resplandor del crisólito; y los cuatro tenían un parecido, y su aspecto y su estructura eran como cuando una rueda resulta estar en el centro de otra rueda… y en lo que respecta a sus aros, tenían tal altura que provocaban espanto; y sus aros estaban llenos de ojos alrededor de los cuatro, y cuando los seres vivientes caminasen, las ruedas avanzarían junto a ellos, y cuando los seres vivientes se elevasen de la tierra, las ruedas se elevarían».

Encontramos imágenes de Elijah, quien nació en un torbellino luminoso, y de Enoc, que llama a estos Ángeles los «de las brasas ardientes». Las descripciones de los Tronos han cautivado la imaginación de muchos entusiastas de los ovnis, pues las hallan muy cercanas a las observaciones de los encuentros actuales con las denominadas naves espaciales venidas de fuera. De todas las formas angélicas, las «ruedas» son ciertamente las más enigmáticas. Quizá se deba al simple hecho de que representan imágenes parecidas a nuestra propia tecnología, si bien al mismo tiempo fueron descritas en una era en que incluso la rueda en sí misma era alta tecnología.

Se dice que los Tronos residen indistintamente en los cielos tercero o cuarto. Puede haberse suscitado alguna confusión debido a que los límites tienen ciertas propiedades muy extrañas. Hasta ahora hemos estado explorando el universo inmaterial de los Serafines y los Querubines que habitan las esferas más internas en torno al núcleo central. Se dijo que ambos principios angélicos expresan Su Voluntad Divina como olas de creatividad, que fluyen constantemente. Pero aún siguen siendo insustanciales, o, con mayor precisión, manifestaciones inmateriales de aquellas fuerzas creativas. No obstante, los Ofanines habitan una región del Cielo que comienza a adoptar forma y sustancia según sabemos. Es en este punto que el Cielo se encuentra con la Tierra y asume la sustancia de la carne, quedando así expuesto a la posibilidad de corrupción. Rudolph Steiner llega a decir que, en un gesto de amor, los Ofanines ofrendaron la sustancia que sirvió de base para nuestra existencia material.

Habitualmente se cree que el Príncipe gobernante de este orden es Rafael. De acuerdo con los escritos rabínicos, todos los patriarcas hebreos al llegar al cielo se convertían prestamente en Ángeles de este orden. Incomprensiblemente, los teólogos cristianos no suscriben esta opinión.

Los nombres de los Tronos

El príncipe de los Tronos es Auriel que tiene el don de la creatividad y observar el futuro. También existen otros ocho Ángeles conocidos dentro del grupo de Tronos. En concreto, son: Caliel, Ieiael, Melahel, Nelchael, Pahaliah, Leuviah, Haheuiah, Lauviah. El color de los Tronos es el amarillo y el índigo y se les ofrendan flores y perfumes lavanda. Su día es el sábado. Su campo de acción está situado entre el cielo y la tierra por lo que se relacionan directamente con las acciones de los hombres. Por esta razón llevan un registro de todos los karmas y de todo aquello ocurrido en todos los tiempos. Tienen autoridad sobre cualquier división que exista en el mundo.

La segunda Tríada: Dominaciones, Virtudes y Potestades

El segundo grupo de los tres órdenes está compuesto por las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades. El tema de una unificación última con «Dios, el Origen» compendia todo el empeño de los Ángeles de la Segunda Tríada. Debido a esto, existe una constante tensión dual que surge entre las polaridades del bien y el mal, la materia y el espíritu, lo superior y lo inferior. Todos los Órdenes dentro de la Tríada pugnan por equilibrar o reconciliar a tales oponentes y, al hacerlo, todos son proclives al riesgo de corrupción.

Quienes regulan las obligaciones de los ángeles: las Dominaciones

Descritos indistintamente como Dominaciones, Señores, Kuriotetes, o por la cultura hebrea como los Hasmal (Hamshallim), este orden, según Dionisio, «regula las obligaciones de los Ángeles». Otros eruditos sostienen que las Dominaciones son cauces de misericordia, que viven dentro del segundo cielo. Supuestamente, toda esta esfera sagrada tiene las letras celestiales del Nombre Sagrado suspendidas en su reino. Se dice que los Señores gobernantes son Zadkiel, Hasmal, Yahriel y Muriel. Hasmal, o Chasmal, es conocido como el «Ángel que habla con pasión».

Características de las Dominaciones

Las Dominaciones reflejan la Majestad y Soberanía del amor de Dios, la libertad.Ayudan a no perder el ánimo.Rechazan todo lo que es vanidad, para seguir contemplando la verdad de Dios.Buscan traer libertad para escoger el amor y el llamado a la Sanidad.Estos Ángeles realzan la belleza, la educación, la música, el arte, la sabiduría, el amor. Queriendo dar todo lo bueno para nosotros.Son Ángeles sanadores.Son los encargados de transmitir conocimientos y técnicas, transforman lo enfermo en sano.Son seres celestiales, que gobiernan las labores de los Ángeles inferiores a ellos.Ayudan a lograr el dominio sobre las pasiones.

Virtudes, Ángeles refulgentes

Conocidos indistintamente como Malakim, Dunamis o Tarshishim, estos Ángeles de gracia conceden bendiciones procedentes de las alturas, normalmente en forma de milagros. Con mayor frecuencia, son asociados a los héroes y a los que luchan por el bien. Se dice que infunden coraje cuando más se necesita. Aparecían en la Ascensión de Cristo, donde dos de ellas lo escoltaron hasta el Cielo. En el Libro de Adán y Eva está registrado que dos Virtudes actuaron como comadronas en el nacimiento de Caín. Conocidos como «los Refulgentes o Resplandecientes», se dice que sus príncipes gobernantes son Miguel, Gabriel, Rafael, Bariel, Tarshish y, antes de la gran rebelión, Satanel.

Características de los Ángeles Virtudes

Trabajan con la sabiduría para guiar por el buen camino.Son fuertes y capaces de poder transmitir fortaleza a quien lo necesite.Son seres celestiales cargados de energía.Tienen gracia y valor para cumplir el plan divino de Dios. Entre los nombres de estos Ángeles están: Uzziel, Analiel, Barbiel, Hahahel, Mikael, Veuliah, Yelaiah, Sealiah, Ariel, Asaliah y Mihael.

Potestades o Energías

Llamados indistintamente Energías, Potencias y Autoridades, se supone que fueron los primeros Ángeles creados por Dios. Las Potestades habitan la peligrosa región limítrofe entre los cielos primero y segundo. Dionisio da fe de ellos resistiendo los esfuerzos de los Demonios por apoderarse del Mundo. Aparecen para actuar como una especie de guardia fronteriza que patrulla los Senderos Celestiales atentos a la infiltración diabólica. Obviamente, estas patrullas son un asunto arriesgado y san Pablo advirtió severamente a sus diversas congregaciones que las Potestades pueden ser tanto el bien como el mal. En la Epístola a los Romanos 13:1, se revelaba que «el Alma está sometida a las Potestades», y es en sus esfuerzos por mantener un equilibrio dentro de nuestras almas, que algunas son conocidas por llegar a estar excesivamente identificadas con el lado oscuro de los seres humanos, por lo que son proclives a pecar. Aun así, las Potestades encuentran su verdadera vocación en equilibrar o reconciliar a los opuestos.

Como jefe del Orden, Camael se hace merecedor de un análisis minucioso, pues ejemplifica el camino fluctuante entre el bien y el mal, que es una característica acentuada de todo el Orden. Su nombre significa «el que ve a Dios» y el Magus sugiere que es uno de los siete Ángeles preferidos, que se alzan ante la Presencia de Dios. Alguien dice que fue Chamuel quien luchó con Jacob y quien más tarde se apareció a Jesús en el jardín de Getsemaní. Pero en su forma más oscura, Camael es identificado como un Señor del Infierno, que se aparece con el cuerpo de un leopardo, y en los círculos esotéricos es conocido como el gobernante del diabólico planeta de la guerra, Marte. Incluso los druidas, poco conocidos por su interés en la Hueste Angélica, tienen a Camael como su Dios de la Guerra. Él manda a 144.000 Ángeles de Destrucción, Castigo, Venganza y Muerte. Si éstos están al servicio de Dios o del Diablo sigue siendo incierto. Al igual que Kemuel, este príncipe actúa como mediador entre los devotos de Israel y las Jerarquías de los Siete Cielos.

De acuerdo con una leyenda, era Camael quien fue maldecido por Moisés cuando trató de impedir que el Legislador recibiese la Torá de Dios. Esta aparente contradicción de motivos brinda la clave más importante del principal atractivo de las Potestades. En la cultura cristiana, el alma es considerada el gran campo de batalla de las fuerzas del bien y del mal. El estar a cargo de nuestras almas da a las Potestades un territorio fascinante, muy amplio y a me nudo antojadizo. Su exigente tarea es la de transformar la dualidad de nuestro discernimiento cotidiano en una unidad con la Fuente Divina. En términos esotéricos, son los guías espirituales que ayudan a aquéllos que han dejado el cuerpo y han perdido su camino en el plano astral. Si el difunto está desequilibrado por la experiencia, sus temores pueden magnificarse en tal medida que llegan a convertirse en locura, y es el guía espiritual quien le ayuda en ese momento.

Nombres de los Ángeles Potestades

Podemos identificar los nombres asignados a las entidades más antiguas y sus cualidades y manifestaciones:

Menadel: Esta Potestad se relaciona con la energía del trabajo como la capacidad de accionar y de mantenernos en movimiento.

Rehael: Este ángel Potestad se relaciona con la Sumisión filial, esto es, con la obediencia entre padre e hijos. Maneja las energías de la humildad y del respeto que mantienen las relaciones longevas y efectivas.

Aniel: Es una Potestad de liberación, capaz de transmitir la energía que libera al hombre de sus ataduras.

Chavakiah: Se trata de un espíritu compasivo, una moradora de las energías relacionadas con la reconciliación. Su carácter es combativo, ya que apoya en las batallas que buscan unificar los pueblos o los grupos.

Lehahiah: Esta Potencia celestial se relaciona con las energías de la dominación y la obediencia. Se relaciona con aquellos que por voluntad se encuentran sumisos en sus relaciones ya sea con sus jefes o familia.

Iehuiah: Este ángel Potencia mora en las energías que nos ayudan a mantenernos firmes y poder completar las tareas que se nos son encomendadas.

Haamiah: Esta Potestad se encarga de la conexión espiritual en los cultos o reuniones religiosas. Tiene como función evitar que cualquier ente maligno interfiera allí donde se mueven las energías celestiales.

La tercera Tríada: Principados, Arcángeles y Ángeles

La tercera tríada de Principados, Arcángeles y Ángeles está firmemente enraizada dentro del reino del primer cielo, así como con sus límites con nuestro universo temporal y material. Esto quiere decir que los tres órdenes son los más expuestos y vulnerables a cualquier corrupción de la carne. También podría explicar el hecho de que los Ángeles individuales procedentes de estos órdenes son más conocidos por nosotros debido, simplemente, a que se nos asemejan más.

Principados: Protectores de la religión

Originalmente, los Principados eran considerados como un orden que estaba a cargo de las naciones y de las grandes ciudades de la tierra. Más tarde, estos límites se expandieron, pero, al hacerlo, las fronteras se volvieron más imprecisas. Los Principados extendieron su dominio y se convirtieron en los protectores de la religión (un encargo difícil, si se hallan implicadas las cuatro religiones principales), tendiendo a adoptar un punto de vista más bien ortodoxo del bien y del mal. Dicho esto, debe añadirse que un aspirante para el puesto de jefe de los Principados es Nisrock. En principio es considerado una deidad asiria, por lo menos en los escritos esotéricos, siendo el cocinero jefe de los Príncipes Demonios del Infierno. Un candidato a jefe más probable es Anael, a quien se denomina uno de los siete Ángeles de creación, lo cual podría explicar su asociación con la sexualidad humana. También es gobernador del segundo cielo, estando obligado a controlar todos los reinos y líderes de la tierra, extendiendo su dominio hasta abarcar la Luna. Otro príncipe es Hamiel, de quien se dice que ha transportado a Enoc al Cielo, si bien es más conocido como la deidad caldea Istar. Se afirma que el gran Príncipe de la Fuerza, Cervill, ayudó a David en su esfuerzo por matar a Goliat.

¿Quiénes son los Principados?

Los Principados ayudan al dominio de Dios sobre toda la naturaleza. También favorecen el equilibrio con todo lo relacionado con la política, lo militar y el aspecto comercial. Tienen a su cargo impartir la justicia divina. Se encargan de guardar las naciones, ocupando un lugar de mayor autoridad sobre los pueblos, líderes espirituales. Asimismo a cada uno de los grupos creados con fines positivos. Además protegen a los seres que son buenos de los ataques de los espíritus malos. Algunos de los principados son: Anael, Cerviel y Rekiel.

Los nombres de los Principados

Anael: El ángel Anael o Haniel, cuyo nombre significa “la gracia de Dios” o “la dicha de Dios” es también conocido como el Ángel del Amor. Es el ángel que guía a las personas a crecer en gracia, alegría y amor propio.

Cerviel: El ángel Cerviel es el Ángel del coraje, de la fortaleza, es quien estaba con Daniel en el foso de los leones. La presencia de este ángel infunde valor y permite alcanzar la victoria contra todo pronóstico.

Rekiel: A los Rekiel se le invoca cuando una persona se encuentra en un lugar lleno de envidia y energía contraria o negativa. También en el plano amoroso puede lograr la protección del vínculo afectivo.

Arcángeles: Los siete magníficos

La mayoría de la gente puede nombrar por lo menos dos o tres Arcángeles. De todos los órdenes angélicos, éste tiene, justificablemente, el mayor derecho a la fama. Los siete Ángeles que se alzan ante el Señor en las Revelaciones son representados habitualmente como los Arcángeles. El Corán islámico sólo reconoce cuatro y, en realidad, no menciona más que a dos: Jibril (Gabriel) y Miguel. Mientras que las fuentes cristianas y judías están de acuerdo en el número de siete, existe un debate profano acerca de quiénes podrían ser en realidad. No obstante, cuatro nombres que aparecen con regularidad matemática son: Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel. Los otros tres candidatos son seleccionados tradicionalmente entre Metatrón, Remiel, Sariel, Anael, Ragüel y Raziel. Dionisio nos dice que los Arcángeles son «mensajeros que llevan los Decretos Divinos». Están considerados como los intercesores más importantes entre Dios y los humanos, y son ellos quienes comandan las legiones del Cielo en su constante batalla con los Hijos de las Tinieblas.

El Arcángel Miguel

Su nombre significa «el que es como Dios». En la mayor parte de la cultura cristiana, él es «el Máximo». De hecho, él y Gabriel son los dos únicos que se mencionan realmente en el Antiguo Testamento, excepto Rafael, quien se presenta a sí mismo en el católico Libro de Tobías. En sus orígenes, Miguel fue una deidad caldea, pero desde aquellos antiguos días sus proezas han cautivado la imaginación popular mucho más que cualquier otro Ángel. Muchas de sus hazañas también se atribuyen a los demás Arcángeles. Que esto ocurriese da una idea de la popularidad de Miguel.

En un relato se decía que en una sola noche, y con una mano, aniquiló a ciento ochenta y cinco mil hombres del ejército del rey asirio Senaquerib, quien amenazó Jerusalén en el año 701 a.C. Se dice que fue Miguel quien detuvo la mano de Abraham cuando éste estaba a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Según la tradición judía, es Miguel quien se apareció a Moisés en medio de una zarza ardiente, volviendo a aparecerse en el episodio del entierro, donde se disputa con Satán la posesión del cuerpo del viejo patriarca. Es Miguel quien descenderá del cielo con «la llave del abismo y una gran cadena en la mano» y quien atará al dragón satánico durante mil años (Revelación 20:1).