Guía práctica para salir de la Matrix - Armando Ríos Piter - E-Book

Guía práctica para salir de la Matrix E-Book

Armando Ríos Piter

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Beschreibung

En la época actual, con la rapidez mediática que nos envuelve y absorbe, todo ser humano se estremece cuando se enfrenta a la pregunta fundamental: ¿cuál es el sentido de mi existencia? De una manera inteligente y original, Armando Ríos Piter, en esta Guía práctica para salir de la Matrix, trata de encontrar un camino distinto de ese automatismo en que estamos sumidos y que limita al ser humano en el desarrollo de todo su potencial: el hombre no puede crecer si no es capaz de entender su propia naturaleza, si no se conoce a fondo, si ignora toda la herencia de sabiduría que poseemos y que no aparecerá en una ojeada en las apps de moda. Es muy fácil hallarnos angustiados y vulnerables en este mundo moderno; sin embargo, las respuestas a esa incertidumbre están dentro de nosotros mismos: emociones, pensamientos y sentimientos no están a merced del destino, porque a través de nuestra consciencia e inteligencia podemos hallar una conexión con la energía cósmica que siempre está fluyendo en nuestro interior. Las recomendaciones, reflexiones y ejercicios que el autor ha recopilado conforman una guía para fortalecerse física, mental y emocionalmente. Nos encontramos ante la posibilidad de hallar un camino que nos lleve a la prosperidad, la salud y el bienestar que anhelamos.

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Seitenzahl: 370

Veröffentlichungsjahr: 2026

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Introducción

El presente libro es la articulación de un conjunto de reflexiones personales. No pretende ser un documento concluyente, mucho menos un tratado académico. Los temas que aquí se tratan son el resultado de un andar íntimo. Es el encadenamiento de ideas y argumentos, la mezcla de cosas disímbolas que al conjugarlas me hacen sentido, un “caleidoscopio” de instrumentos que la vida me ha entregado y a los que trato de darles algún orden. Presentarlos de manera conjunta ha significado un reto, ese desafío que implica tratar de presentar un entendimiento individual de manera coherente e hilvanada, sin mayor interés que el compartir aquello que me ha resultado útil y beneficioso.

Tras casi 25 años de participación en la vida pública, como funcionario estatal y federal, como legislador, como activista, “opinador” o académico, con avances y retrocesos, fracasos y victorias, llantos y euforias, los caminos caprichosos de mi andar por más de 5 décadas me han llevado a buscar nuevos horizontes en torno al aprendizaje cotidiano que significa “estar vivo”, en torno a desaprender lo aprendido y a valorar lo desaprendido.

Más allá de una profesión, como en mi caso ha sido la política, estoy convencido de que llega un momento en que nos quitamos el disfraz del personaje que nos ha tocado edificar y nos vemos desnudos frente al espejo. Los errores y las virtudes se ven con mayor nitidez si a determinada edad decidimos hablarnos de frente, detenidamente, sin compasiones ni distorsiones vagas, de una manera honesta e incluso humilde.

¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es mi verdadero propósito en la vida? ¿Cuáles son mis miedos? ¿Qué es lo que hago para enfrentarlos? Más aún, ¿qué es lo que diariamente dicto para ocultarlos y mantenerme atado a ellos? ¿Qué beneficios tiene resolverlos? Todas estas son preguntas que, de manera creciente y progresiva, han ocupado mi mente en los últimos años. Después de haber tomado una de las decisiones más importantes en mi vida en mi entidad natal, comencé a cuestionarme cuál debía ser la nueva ruta a seguir. Entre miles de dudas y cuestionamientos he logrado encontrar algunas respuestas. Por ello decidí armar este texto, el cual es una sumatoria de reflexiones, lecturas, orientaciones, conferencias, charlas, pódcast, herramientas todas que han hecho sentido en esta última etapa, para entender de manera diferente mi forma de actuar, mi manera de conducirme, de comprender la realidad que construyo y que constituye mi entorno.

Por ningún motivo pretendo decir que lo que aquí se presenta es una ruta acabada, mucho menos dar la impresión que, incoherentemente, buscan aquellos que se asumen como “coaches”, “gurús”, “guías” y cuanta fantochería abunda en estos días. Simplemente quiero ofrecer el impreciso e incompleto rompecabezas que hasta el día de hoy he logrado armar en mi camino personal.

A estas alturas estoy convencido de que la liberación y la prosperidad, la salud y la sanidad, la abundancia y la felicidad que tanto pregoné durante la primera etapa de mi vida, esas que tanto anhelamos los seres humanos, tienen más que ver con el yo interno que con el entorno externo. También pienso que, cuando esto se logra, así como aplica para los individuos cuando estos interactúan, lo mismo ocurre para las familias, las organizaciones, las sociedades y la humanidad en su conjunto.

Para quienes hoy tienen en sus manos este texto, de corazón espero les sea útil. Deseo que alguna cita, alguna fuente, alguna frase les ayude. Conmigo así ha sido: por eso busqué reunirlas y transcribirlas. En estos tiempos de enorme complejidad, y seguramente por mi formación social, me gustaría que fueran la pauta para una “sistematización” más amplia, para configurar una metodología compartida, para armar un plan en el que millones de personas podamos ver la vida desde una perspectiva distinta, desde una comprensión diferente de lo que somos, de lo que son los que nos rodean y especialmente de lo que podemos hacer juntos. Me mueve la idea de que hay una ruta que todos podemos seguir para alcanzar “superpoderes” que nos liberen y ayuden a construir la realidad que tanto deseamos.

No vivimos una era de cambios como algunos piensan, vivimos un cambio de era. Nos ha tocado presenciar ese comienzo, cuyas dinámicas, lenguajes, símbolos y estructuras están por descubrirse. Debido al cambio tecnológico, las personas hoy tienen nuevas formas de informarse, comunicarse y organizarse. El antiguo plano vertical que describía la articulación y orden de prácticamente todas las formas de organización social, cede terreno día con día a modelos, propuestas y expresiones horizontales.

En este contexto, el cambio se vuelve caótico y surgen los miedos ante el desvanecimiento progresivo de lo conocido. Lo antiguo muere día con día, producto de que algo nuevo ha nacido. La incertidumbre se adueña de nuestras vidas. Ante el universo infinito de información que entra desde la primera hora de la mañana, la duda estremecedora se multiplica al millar. ¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira? ¿Quién tiene razón? ¿Quién miente? Las #FakeNews surgen como un simple concepto para explicar un complejo fenómeno de dimensiones inimaginables. Incertidumbre permanente.

Al mismo tiempo que la información se acelera y se ensancha en grados exponenciales, la interconexión entre los seres humanos se multiplica en igual medida. La comunicación entre personas remonta territorios nacionales, regímenes políticos y credos. La red se traduce en una sofisticada maraña de tejidos que van y vienen entre nodos de familias y comunidades. Estamos más comunicados que nunca, pero como nos lo recuerda “The Sound of Silence” de Simon y Garfunkel, hoy más que nunca nos oímos sin escuchar, nos hablamos sin dialogar. La polarización de la que tanto se quejan los politólogos, que buscan entender los sociólogos, que afecta las predicciones de economistas y financieros, representa un problema antropológico que sufrimos todos.

Encerrados en “cámaras de eco”, en las comunidades digitales, los famosos “chats” y, en dimensiones mayores, en las redes sociales, la comunicación se ha vuelto un campo de batalla continuo. La paz y la armonía que imperan en las islas digitales donde convivimos, se transforman en temibles campos de concentración para el que piensa diferente. Los bloques de los que están a favor y los que están en contra de casi cualquier cosa crecen como olas de un mar atormentado. Dos grandes bandos en prácticamente todo, los rojos y los azules sin oxígeno suficiente para morados intermedios. Paradójicamente, una sociedad mejor conectada y comunicada es una sociedad más dividida y confrontada.

Pero frente a estos desafíos y contrariedades, también vivimos atisbos de esperanza. Un futuro prometedor aparece en cada espacio. Cuando surge alguna causa que, por su legitimidad, rebasa el orden establecido, exhibe las contradicciones prevalecientes y revienta con fuerza y energía. Desde hace siglos sabemos que una sociedad más informada y comunicada tiene mejores herramientas para construir su destino. De esta forma, las nuevas tecnologías han abierto la página de un nuevo capítulo para la humanidad. Mayor información y comunicación hoy significan también la oportunidad para una nueva organización.

Los ejemplos están presentes cada vez más. Desde el #MeToo global, con la voz de mujeres lastimadas por el abuso masculino sistemático, exhibiendo centenas de casos que reclaman un #YaBasta, modificando valoraciones sociales e incluso arquetipos institucionales, hasta los paros nacionales de #UnDíaSinMujeres en México, que demuestra cómo lo digital se concretiza en acciones físicas contundentes.

Sirvan estas reflexiones para insistir en que estamos ante el inicio de una nueva era; por ello la incertidumbre e incluso el miedo a lo desconocido. Ante el cambio, como siempre, se abren retos y se desnudan riesgos. Al mismo tiempo, se descubren oportunidades y se reencuentran fortalezas. La pregunta es clara: ¿estamos preparados como humanidad para construir una mejor circunstancia en torno a nuestro presente y futuro? Es sumamente difícil tener una respuesta clara ante la dimensión de esa pregunta, especialmente cuando implica entre 7 y 8 mil millones de almas, cada una con un universo interno diferente.

Debo decir que los meses de confinamiento provocados por la pandemia del Covid-19 me obligaron a redimensionar esa pregunta y buscar una respuesta en el único plano en el que esta me podría ser más factible. ¿Estoy preparado para esto? ¿Cómo puedo lidiar con esta incertidumbre? ¿Qué puedo hacer? Dado que es difícil encontrar las respuestas en el entorno, dado que la confusión y el malestar son colectivos, traté de orientarme hacia lo más básico, pero no por ello lo menos complicado: buscar dentro de mí mismo.

Ese es el origen y motivo de este libro: buscar una ruta, entender, tomar conciencia, compartir. Es esta última palabra la que más me motiva, compartir lo que he encontrado. Aunque el paso entre el conocimiento teórico al ejemplo práctico es abismal, por el momento estoy convencido de que vale la pena compartir lo que hasta ahora he aprendido.

A partir de la búsqueda interna, vale la pena aterrizar el #YoSoy. El propósito de vida, pero también las fisuras, los complejos, rencores y taras que se construyen en nuestro interior con el pasar del tiempo. Comprender que uno se aleja o se acerca de la razón fundamental por la que existimos, a partir de nuestras experiencias y decisiones es crucial. La vida es una sumatoria de vivencias y procesos que transcurren entre la succión y la expansión. Las fisuras personales nos alejan de nuestro propósito de vida; la conciencia y el aprendizaje nos acercan y regresan nuevamente al porqué de nuestra existencia.

Los seres humanos pasamos años y años, a lo largo de nuestras vidas, en este debate interno, en esta confrontación entre succión y expansión. Olvidamos al niño que fuimos, el que reía y lloraba por las cosas más simples, el emocionado por aprender las cosas sencillas y complejas del universo, el que en sus sueños de infancia recordaba con claridad la razón de su estancia en este tiempo y espacio. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que lo trascendente no es recordar con nostalgia a ese niño interior, sino entender el proceso en que este se hizo hombre o mujer, valorar la experiencia para después contemplar nuevamente su esencia y regresar a ella con la madurez adquirida.

Honestamente, resulta más fácil identificar los aspectos teóricos de esta descripción que ponerlos en práctica, pero esa es la ruta.

Las fisuras generan adicciones. Algo que nos lastimó, que nos generó miedo, deja una huella de dolor que queremos curar a toda costa. Recurrentemente, encontramos mecanismos para olvidarlo. Con el paso del tiempo, esos mecanismos se vuelven parte de nuestro actuar cotidiano, de nuestra forma de vida. Lo cierto es que el dolor sigue ahí, aunque no lo recordemos. Se adentra y entierra en lo más profundo. Lo cubrimos con capas y capas de supuesta fortaleza, pero en realidad ahí está. Nos hace reaccionar con enojo, con furia cuando algo nos lo recuerda. Se ha convertido en un elemento distorsionante de nuestra vida que cubrimos con algún tipo de adicción. Nos volvemos adictos al reconocimiento de los demás, cuando en algún momento alguien se burló de nosotros. Nos convertimos en viciosos de aquello que cubre superficialmente alguna carencia que tuvimos.

Lo interesante es que resolver estos problemas no es solo un proceso personal. En realidad, se trata también de un proceso colectivo. Son los referentes que nos rodean los que nos permiten dinamizar este proceso. Cuando nos encontramos con alguien, cuando intercambiamos experiencias y, especialmente, cuando identificamos compatibilidad en las fisuras que nos atormentan, es más fácil liberarnos de ellas. Es el intercambio el que nos da valor frente al miedo. Es encontrar en alguien más que no estamos solos. Es lo que nos permite entender la incertidumbre, dimensionarla, convivir con ella y difuminarla. Es entender el tamaño de nuestros zapatos, pero también ponernos en los zapatos del otro.

Haber escuchado a amigos entrañables hablar sobre el alcoholismo, sobre el diálogo y la empatía personal frente al que sufre de la misma enfermedad como mecanismo de cura, me ha mostrado que el verdadero paso para consolidar el #YoSoy es el #NosotrosSomos. Debo reconocer que la idea de que existe una organización como #AlcohólicosAnónimos, que ha sido históricamente exitosa en el cumplimiento de este objetivo, junto con su referente previo en los #GruposOxford, me genera una gran ilusión y confianza de que podremos construir un modelo práctico y no simplemente teórico para enfrentar la incertidumbre que significa este cambio de era.

La autoconciencia se convierte en una dinámica colectiva que no solo nos permite identificar de manera más rápida la manera de regresar al propósito de vida, sino que nos ayuda a reconocer mecanismos que nos permiten trabajar en equipo para lograrlo. La responsabilidad y la decisión son personales, pero la forma de alcanzar el objetivo llega a ser más enriquecedora cuando se hace de la mano de otros. Así, el #YoSoy se convierte en un #NosotrosSomos que le da fortaleza y armonía al #NosotrosHacemos.

El presente libro busca explorar esta ruta como algo genérico, como algo que seguramente tendrá infinitas formas de expresión e ilimitadas fórmulas de solución. No obstante, busca delinear un camino: 1) identificar el propósito; 2) entender las fisuras, así como las adicciones que nos han provocado. Hacerlo de la mano de otras personas y “espejearnos” en ellas para agilizar la dinámica; 3) tomar consciencia y decidir regresar al propósito. Trabajarlo con compañeros y compañeras, con los cuales se retroalimente y engrandezca la experiencia. Ese es el objetivo de los tres primeros capítulos.

Por mi formación personal y experiencia de vida, intuyo que el cambio de era del que he hablado, provocado por el cambio tecnológico, dará sustento a nuevos ordenamientos sociales, a nuevas etapas de desarrollo institucional. Entonces la pregunta nuevamente es: ¿estamos preparados como humanidad? ¿Será este cambio de era el momento para un verdadero despertar de la raza humana? Tengo fe y confianza de que así será, basado en una transformación profunda de la persona, su empatía con los demás al ponerse en los zapatos del otro y el consenso para enfrentar juntos los retos que se presenten.

La ruta planteada en el presente libro es la primera parte de una propuesta más amplia. La senda descrita entre el #YoSoy, #NosotrosSomos y #NosotrosHacemos, tiene pendientes aún dos complementos. Por un lado, el cambio personal y grupal deberá tener un referente similar en las organizaciones que hoy definen nuestra vida cotidiana en sociedad (empresas, bancos, cooperativas, sindicatos, partidos, etcétera). El cambio tecnológico implica que la #Hipertransparencia que hoy progresivamente generan las redes sociales conlleva la necesidad de que ocurran dinámicas similares a las descritas en el presente texto. A manera de ejemplo: si hoy una empresa es atacada en redes sociales de maltrato a sus trabajadores o acoso sexual (lo que ocurre cada vez más), antes que preocuparse por la comunicación en la red, deberá preocuparse por voltear a ver a su interior y revisar con honestidad si lo que se dice de ella es cierto o no.

De la misma forma en que una persona revisa su propósito bajo la búsqueda del #YoSoy, lo puede hacer una empresa, al analizar sus procesos, sus reglamentos internos, sus códigos de comportamiento cotidiano entre trabajadores, directores y ejecutivos. De la misma manera en que una persona se analiza y construye a partir del #NosotrosSomos junto con otras personas, una empresa puede hacerlo frente a sus clientes, revisar la manera en la que cumple con lo que les promete, tomar consciencia sobre los bienes y servicios que les entrega. Es el #NosotrosHacemos el que nos da la clave también para entender la manera en que hoy una empresa no puede entenderse como algo ajeno a su comunidad. Así, el interior de la organización es consonante con lo que es al exterior con sus clientes y lo que ambos significan en la comunidad. No existe ningún tipo de diferencia o separación.

Por último, está la identificación de una nueva sociedad, con sus nuevos consensos, dinámicas e instituciones. Sirva este espacio simplemente para delinear que las nuevas lógicas de comportamiento habrán de apegarse a nuevos principios. Estos principios son concordantes con aquello que ha transformado la tecnología. A la vez, lo son con aquellos elementos del cambio de consciencia. Estos principios son: verdad, diálogo y colaboración. Son los pilares sobre los que habrá de descansar la nueva congregación social, la llamada #SociedadHorizontal.

Información

#YoSoy

Transparencia y verdad

Comunicación

#NosotrosSomos

Diálogo y consenso

Organización

#NosotrosHacemos

Compasión y colaboración

El presente libro invita al lector a adentrarse en nuevas dinámicas personales y grupales que transformarán su vida. Entender que la #SaludEmocional es el camino a la felicidad plena, tiene que ver con generar nuevos hábitos que le permitan a quien tiene en sus manos el presente texto reencontrarse con su propósito de vida, enfrentar y borrar las adicciones que el paso de la vida le ha generado, utilizar la consciencia e inteligencia humanas como herramientas para conectar nuevamente con los elementos esenciales del universo.

Esta investigación no busca imponer un camino único a seguir, por el contrario, pretende brindar al lector una primera base de elementos que siembren la inquietud sobre cómo es que los seres humanos nos perdemos en la inmensidad de los miedos y preocupaciones, pero al mismo tiempo están siempre a nuestro alcance todas las herramientas para reencontrarnos con el objetivo fundamental de nuestras vidas y ser felices.

Más allá de la soberbia que en ocasiones permea en algunos libros que intentan proponer una verdad absoluta, la información aquí contenida pretende ofrecer un conjunto de ideas, conocimientos, teorías y ejercicios que me han ayudado a tener una visión distinta de las cosas, de la vida, principalmente de la razón por la cual estamos aquí, la cual constituye el principio, ruta y fin de ser felices.

Todos tenemos un propósito. Nuestro nacimiento y muerte definen el punto de llegada y de partida. En medio de ambos puntos, la vida es un viaje. El camino se define por subidas y bajadas. Entre los picos y los valles de ese recorrido, encontramos curvas pronunciadas y espirales, brechas sinuosas y zigzagueantes, autopistas de alta velocidad y empedrados que aletargan el paso. Somos nosotros los que decidimos cómo transitar entre ambos puntos, aunque lo cierto es que vivir en nuestro propósito se convierte en el trayecto más eficiente para recorrer dicho camino.

Uno de los principales problemas que tenemos los humanos es que, conforme pasan los años, perdemos la noción sobre cuál es ese propósito. A muchos nos pasa que nuestro yo consciente va olvidando poco a poco cuál es nuestro objetivo de vida. De niños solemos hablar de aquello que nos gusta, lo que nos ilusiona y hace felices. Nuestra vocación más profunda se manifiesta en los sueños que nos hacen sentir realizados. No obstante, conforme pasa el tiempo, la vida y los tropiezos van desgastando esa idea.

El primer capítulo nos detalla que todos los que habitamos la tierra tenemos un propósito; de pronto lo olvidamos, pero permanece en nuestro corazón. Continuamos el camino, nos alejamos de él, pero podemos regresar. Fluir con la aventura implica aprender. En ello radica la felicidad.

En lugar de aprender de los fracasos, el entorno social que se encarga de presionarnos genera miedos y culpas y nos va alejando de aquello para lo que nacimos y experimentamos en la vida. La inercia, los traumas y un sinfín de procesos adversos se encargan de borrar de nuestras mentes aquello que nos realiza y nos hace felices. De esta forma, tomamos rutas que hacen más complejo el viaje. Tomamos supuestos “atajos” que en realidad nos distraen y complican nuestro andar.

De esta forma, conforme avanzamos, los miedos, las culpas y los resentimientos distraen nuestro camino. Poco a poco nos alejamos de aquello que es nuestro propósito. Con el paso del tiempo terminamos alejados de lo que en principio nos motivaba a vivir. Entramos a la inercia como si fuera un camino congestionado, con cientos y miles de vehículos estancados, apabullados por la monotonía del tráfico.

El gran reto es regresar a la línea original que está trazada para nosotros. Aquella que algunas personas creen que “acordamos” incluso antes de nacer, cuando nuestras almas decidieron encarnar para iniciar el viaje aquí en la tierra. Regresar a nuestro propósito. Esta es la batalla de nuestras vidas, esa es la verdadera escuela, es en la que realmente podemos destacar o reprobar el año, hasta que aprendamos la lección.

Los “atajos” son distractores. Una forma de engañarnos para evitar pasar por los lugares complejos. Son la fórmula para evitar aquello que nos preocupa, que nos duele, que nos da temor. Desafortunadamente, nuestro apego a ellos nos convierte en adictos de lo que nos aleja del propósito. Las adicciones se convierten en una falsa verdad que nos distrae de aquello que realmente significa nuestro objetivo en la vida.

Por difícil que resulte identificar cuál es nuestro propósito, cabe señalar que ese es el principal objetivo en el laberinto de la vida. Cada una de las caídas, cada uno de los errores, cada uno de los miedos, una vez que son superados, nos acercan a entender mejor cuál es la razón de nuestra existencia. Levantarse, entender y aprender son la verdadera forma de evolucionar. Cuando esto ocurre, nuestro yo interno se reencuentra con su razón de ser, nos convertimos en el eje que define y construye la realidad que nos rodea. En este recorrido, nos damos cuenta de que la vida no solo se trata de nosotros, sino de que el propósito se relaciona principalmente con el servicio a los demás. Al mismo tiempo que reconectamos con nuestro yo interno, notamos que somos parte de algo superior, que estamos conectados con el universo y comprendemos nuestra unicidad con lo divino.

El segundo capítulo establece que la vida está llena de incertidumbre. No tener el control genera preocupación y angustia, esta situación nos aleja de nuestro propósito. Cuando un hecho de nuestra vida nos genera una fisura, dejamos de vivir en el ahora. La culpa nos ancla al pasado, mientras que el miedo nos tiene ocupados en el futuro. Para cubrir nuestras heridas, nos volvemos adictos a aquello que nos da una falsa certidumbre. Nos adentramos en una vida llena de espejismos, donde nos volvemos adictos a falsas certidumbres que succionan nuestra energía.

El tercer capítulo plantea que la consciencia es el conocimiento que tiene una persona sobre sí misma. Sentir lo que otros sienten, acercarnos a otros que tienen la condición de compartir sus problemas es la única ruta para regresar y mantenerse en el propósito, sin condiciones de jefatura ni jerarquía, en una condición de igualdad humana.

La convivencia con otras personas es fundamental para tener consciencia de uno mismo. La inteligencia es la facultad humana que nos permite aprender, entender, razonar y tomar decisiones. Estas son las herramientas para reconocer las fisuras que tenemos con plena transparencia y humildad. La comunicación con nosotros mismos y el diálogo con los demás son indispensables para curar nuestras heridas y reencontrarnos con nuestro propósito. El reto de esta era es evitar el falso camino de la inteligencia artificial, que tan solo es un distractor.

Podemos crear la realidad que nos rodea. Alinear nuestra mente con el corazón para producir el mundo que queremos. Son la consciencia y nuestra inteligencia en sus múltiples dimensiones las que nos permiten tomar la decisión de pensar en aquello que es realmente trascendente, evitar los malos pensamientos y, especialmente, visualizar aquello que verdaderamente queremos. Es la disciplina de utilizar nuestra inteligencia consciente la que nos permite hacer a un lado las preocupaciones y concentrarnos en el presente.

Debemos enfocarnos en reencontrar a nuestro niño interior. Identificar nuestro propósito, apegarnos a él, ubicar las fisuras que se han generado a lo largo de nuestras vidas y emplear nuestra inteligencia consciente para enfrentarlas, corregirlas y resolverlas. Esta dinámica nos permitirá regresar continuamente a nuestro objetivo esencial. Establecer un orden en nuestras vidas para hacer esta revisión interna nos permite tener un entendimiento progresivo del viaje de aprendizaje en el que estamos inmersos. Es también la condición necesaria para comprender que somos mucho más que simple materia.

El acercamiento a algo superior, sin entenderlo como algo necesariamente religioso, implica adentrarse en un mundo que tiene múltiples explicaciones y escuelas de interpretación. En el caso del presente libro, se propone una explicación simple: “Todo es energía” y, como tal, es posible entender que somos parte del universo. Es la física cuántica la que nos permite tener una noción más clara de esta afirmación y alinear el entendimiento de nuestras vidas con otros razonamientos sobre el tiempo y el espacio.

La interacción con otros, mediante el diálogo sensible y profundo, es lo que nos permite entender que no estamos solos, que no somos los únicos que tienen problemas y es gracias a la empatía con los demás, a ponernos en los zapatos del otro, que podemos ver con mucha mayor claridad hacia nuestro interior. El vínculo con nosotros mismos a través del silencio y con todo lo que nos rodea mediante el diálogo son la base de la inteligencia consciente que nos permite reencontrarnos con nuestro propósito de vida y retomar el camino original.

El vínculo que establecemos con las demás personas y con nuestro entorno es parte fundamental de la conciencia que nos ayuda a volver al propósito de vida. De esta forma, la inteligencia humana, especialmente la emocional, mediante el diálogo con nosotros mismos a través del silencio y con nuestros semejantes, nos permite retornar de manera acelerada a la ruta original. Esa ruta que constituye nuestro propósito original de vida: eliminar los espejismos que nos generan las adicciones, evitar ser succionados por los entornos negativos y volvernos seres preparados para servir.

El cuarto capítulo establece que “Todo es vibración”. Somos parte del mundo cuántico, donde la realidad se desdobla en múltiples realidades. Imaginar, sentir, vibrar. La vibración de las imágenes de nuestro cerebro se sintoniza con los sentimientos del corazón. La glándula pineal nos conecta con el universo. La vibración de la energía evidencia que las personas y el universo somos uno mismo. Alinear los conceptos de nuestro cerebro con los sentimientos de nuestro corazón nos permite visualizar cambios en nuestro mundo y atraerlos.

La comprensión de nuestra conexión con todo lo que nos rodea, nuestra sincronización con el universo, a partir del principio de vibración compartida, es la base para vivir en abundancia, crear, generar las sincronizaciones con todo lo que nos rodea. Por ser parte de la energía creadora, somos capaces de crear la realidad que vivimos.

El quinto capítulo establece que existe un campo de energía que conecta toda la creación. Las leyes universales definen el funcionamiento del universo. Son la guía espiritual interna para ser conscientes del poder que llevamos dentro. La consciencia crea. Visualizar es alinear nuestro corazón y cerebro utilizando la glándula pineal para crear la realidad. El agradecimiento, el perdón y el desapego nos permiten estar en paz y equilibrio para atraer el mundo que imaginamos y sentimos.

A lo largo de nuestras vidas, hemos hecho una programación de nuestro acontecer diario. Son los hábitos los que definen cómo nos comportamos cotidianamente. Es por ello que cambiar de hábitos nos puede llevar a lograr la transformación que deseamos si empezamos desde dentro de nosotros y lo compartimos con los demás.

El sexto capítulo nos orienta en torno a saber qué podemos modificar del comportamiento que tenemos por costumbre. Hacernos el hábito de regresar al propósito, reconocer nuestras fisuras, alejarnos del miedo y las adicciones, tomar consciencia, usar todas nuestras inteligencias, reconocer que somos energía, compenetrarnos con las leyes universales, crear el mundo que deseamos, cambiar nuestras vidas.

Salir de la Matrix implica que cada persona tiene un camino propio; cada receta y ruta deben entenderse como parte de un todo integral, profundo y complejo. Tal y como ocurre con buscar el centro de una cebolla, los elementos de exploración personal requieren paciencia. La revisión continua de los problemas personales, la introspección, el uso de la energía son elementos de una espiral continua que se adentra progresivamente en nuestra historia personal. Las páginas que aquí se ofrecen buscan proporcionar una orientación que permita al lector sanar las heridas centrales limitantes en nuestro “niño interior”; practicar la consciencia en el tiempo presente, alejados de las distorsiones que genera la culpa ligada al pasado y el miedo proyectado en el futuro; fomentar la aceptación y la gratitud, en la que medie tanto perdonar como ser perdonado; conectarnos con la sabiduría y especialmente con la memoria emocional de nuestro corazón, por encima de los atavíos y encadenamientos de la mente egoica; reencontrarnos con la emoción de nuestra alma con coraje, desapego, verdad y amor incondicional.

En síntesis, espero fervientemente que la lectura de este libro y los capítulos que lo componen nos den algunos indicios para:

Identificar cuál es nuestro propósito en la vida: estar en equilibrio. Tomar conciencia del espejismo que nos provoca la succión-adicción: estar en desequilibrio. Entender y aprender, perdonar y emplear el vínculo para retomar el propósito que tenemos: regresar al equilibrio. Mantenernos en equilibrio para crear la realidad: fe y confianza(imagen y emoción) para trasladar el mundo cuántico a nuestra realidad dimensional. Agradecimiento, perdón y desapego: cumplir las leyes universales para emplear el poder humano en plenitud. Cambiar de hábitos: lograr liberación, prosperidad, salud, sanidad, abundancia y felicidad a partir de un compromiso diario con uno mismo.

CAPÍTULO I

El Propósito

Todos tenemos un propósito.

De pronto lo olvidamos, pero permanece en nuestro corazón,en nuestra memoria más profunda.

Continuamos el camino.

Nos alejamos de él,pero siempre podemos regresar.

Fluir con la aventura implica tropezar, entender, aprender.

En ello radica la evolución, en ese camino se vive la felicidad, no al final, sino durante el trayecto.

¿Qué es el propósito?

Los propósitos son los faros en nuestro horizonte vital. Se alzan como esa luz que ilumina cada paso, recordándonos a dónde queremos llegar, inspirándonos en cada mañana y dándonos esa motivación que tanto necesitamos en días de desánimo.

Valeria Sabater, psicóloga1

En términos generales, el propósito es la intención o el ánimo por el que se realiza o deja de realizar una acción, refiriéndose al objetivo que se pretende alcanzar.2 Lo que motiva una acción o justifica la existencia de un objeto es, en esencia, su finalidad. El propósito puede entenderse como aquello que se desea alcanzar, implicando frecuentemente dedicación, compromiso e incluso renuncias. En muchos casos, esta intención está vinculada al crecimiento personal o a las razones profundas que sustentan elecciones complejas.3

Con base en lo anterior, es posible decir que los propósitos son de gran importancia, ya que brindan claridad a nuestras actividades cotidianas y moldean nuestro estilo de vida, lo cual permite que alcancemos nuestras metas y objetivos. Además, al centrar nuestras decisiones, pensamientos, sensaciones y acciones alrededor de uno o varios propósitos nos sentimos gratificados y plenos, ya que quienes conocen su propósito tienden a enfocar su energía en mejorar e impactar de forma positiva en todas las áreas de su vida: familia, amistades, trabajo, entre otras.

En términos psicológicos, el tener un propósito nos puede ayudar a salir adelante y superar o sobrellevar los distintos dolores, traumas o situaciones difíciles que se puedan presentar a lo largo de nuestras vidas. Incluso, los especialistas señalan que cuando una persona tiene un propósito, su vida se llena de pensamientos y sentimientos positivos, ya que, en gran parte, la energía se canaliza a lograr aquellas metas u objetivos establecidos por ese propósito, lo que permite dejar de lado las distracciones, incertidumbres, miedos, angustias, etcétera.4

Sin embargo, el propósito también puede hacer referencia al sentido que una persona le puede dar a su vida, por lo que este responde a preguntas como “por qué” y “para qué”, es decir, el motivo por el cual existe un individuo y su razón de ser más profunda.

¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿para qué estoy aquí? y ¿hacia dónde voy?, son tan solo algunas de las preguntas que las personas tratamos de responder para encontrar el propósito de nuestras vidas. No obstante, es importante tomar en cuenta que dichos cuestionamientos no necesariamente tienen una respuesta definida o precisa, simplemente funcionan como un motor de nuestras vidas y la simple posibilidad de encontrar las razones por las que llegamos a este mundo.

Los propósitos no son simples metas arbitrarias que uno se impone, no son objetivos causales o caprichosos, sino que están plenamente arraigados en nuestros valores. Es decir, que es muy posible que aquellas personas que valoran aspectos como la independencia, la libertad, la aventura, el don de experimentar cosas nuevas, etcétera, no tengan los mismos propósitos que aquellas que valoran aspectos como la familia, la estabilidad o el arraigo.5

De esta forma, tener un propósito que dé sentido a nuestras vidas es de gran importancia, ya que nos posibilita ordenarlas y darles significado, guiando nuestras acciones y permitiéndonos proyectar el resto de la existencia. Esto se puede aplicar en las distintas áreas de nuestra supervivencia, ya sea en la esfera personal, social, laboral y profesional.

Más aún, un propósito de vida otorga un mayor sentido de competencia y capacidad personal, no desde la certeza de lograr la resolución de nuestros problemas, sino desde la asunción de que son abordables. Consecuentemente, tener un propósito de vida encamina hacia una serie de beneficios:6

Conduce a una menor tendencia al decaimiento sostenido. Propicia la búsqueda de experiencias vitalizantes. Promueve una mayor integración social, favoreciendo las relaciones interpersonales más enriquecedoras. Otorga posibilidades de afrontamiento a los problemas o dificultades que se presentan. Predispone hacia afectos enriquecedores.

De acuerdo con un estudio publicado por Psychosomatic Medicine,7 tener un propósito de vida hace que las personas que lo poseen mueran más tarde y tengan menos accidentes cardiovasculares. De esta manera, el estudio plantea dos formas en las que tener un propósito de vida resulta en la disminución de la mortalidad.

Por un lado, el propósito de vida influye en los comportamientos, manteniendo actividades vitales más saludables y realizando un menor consumo de sustancias tóxicas o dañinas. Y, por otro lado, este genera efectos fisiológicos y biológicos que son protectores de la salud, lo cual ayuda a modular el impacto físico negativo de las situaciones de estrés, especialmente en aquellas que tienen una presencia sostenida en el tiempo.8

Por ello, tomando todo esto en cuenta, sería importante responder de forma concreta a la pregunta: ¿por qué es tan decisivo que el ser humano tenga propósitos?, con base en lo que explica Valeria Sabater.9

Sin duda, los propósitos no siempre se encontrarán en nuestra “zona de confort”, especialmente cuando hablamos de un propósito de vida. Sin embargo, son aspectos que vale la pena trabajar para sentirnos plenos y para alcanzar la felicidad. De esta forma, es importante ir más allá de aquello que nos parece cómodo, conocido, que damos por sentado o que nos gusta. En ocasiones, el simple hecho de convertirnos en “exploradores”, nos permite descubrir cosas nuevas o que no conocíamos de nosotros mismos, así como realidades que nos despiertan y nos dan más propósitos.

RAZÓN

DESCRIPCIÓN

Son un elemento fundamental para el equilibrio mental

Nos permiten dar sentido a lo que somos, a las expectativas propias. En El hombre en busca de sentido,10 Victor Frankl describe su experiencia en los campos de concentración nazis y su camino a la supervivencia a pesar de haber perdido a todos sus seres queridos. Mantener sus valores y objetivos de forma tangible fue lo que le permitió, en medio de la adversidad, inspirar y ayudar a otras personas.

Dan armonía y fortaleza psicológica

Otorgar a los propósitos un lugar primordial en nuestro día a día es contar con una guía. Por ello es necesario aprender a crearlos, desarrollarlos e interiorizarlos.

Previenen la depresión y los trastornos de ansiedad

Una persona que no ha definido sus propósitos de vida tiene una mayor propensión a caer en este tipo de trastornos. Tener claros nuestros objetivos es un camino seguro para prevenir o ayudar en esta clase de situaciones.

Ayudan a enfrentar cambios o transiciones

Adaptar nuestros propósitos de vida ante un momento de cambio permitirá salir avante de estos retos, enfocados internamente, motivados y con la esperanza puesta en la posibilidad de transformarse.

¿Cómo saber cuál es tu propósito?

El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido11

Uno de los ejemplos, no solo más impresionantes, sino también más contundentes de cómo el ser humano es capaz de darle un propósito a su vida, sin importar qué tan difícil sea la situación en la que se encuentra, es la historia narrada por el neurólogo y psiquiatra austriaco, Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido,12 en la cual comparte su experiencia sobre cómo sobrevivió a los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

En esta obra literaria el autor relata cómo los prisioneros de los campos de concentración pasaban de un estado de “shock” a una habitación que se convertía en “una especie de muerte emocional”, es decir, cuando todos sus esfuerzos y energías se reducían a lograr sobrevivir.

Sin embargo, un aspecto interesante es observar cómo a pesar de todas las carencias que experimentaban —en términos de desnutrición, violencia física y psicológica, falta de afecto, relaciones sexuales, sentimientos de incertidumbre de si algún día lograrían salir de ese lugar—, algunos prisioneros eran capaces de trascender la realidad en la que vivían e intentar, de cualquier manera, encontrarle un sentido a la vida. Es decir, un propósito vital.

Aspectos como el recuerdo o el anhelo del amor, el buen humor, el deseo de soledad —en términos de espacio personal—, entre otros, se convertían en una especie de armas o recursos para la supervivencia, los cuales le permitieron al autor tomar control de su destino, incluso aunque permaneciera dentro del campo de concentración.

Otro concepto al que el autor hace referencia es el de la “libertad interior”,13 la cual trasciende cualquier condición, ya que es cada persona la que decide qué quiere ser y logra mantener su dignidad al seguir sintiéndose como un ser humano. De este modo, Frankl asegura que “entre lo que te llega del mundo exterior y lo que respondes, existe un espacio íntimo de libertad: la libertad de decidir”.

En el caso del autor, desde esa libertad optó por visualizar qué haría cuando saliera del campo de concentración. Por ejemplo, se imaginaba volviendo a dar clase de psiquiatría a sus alumnos e, incluso, explicándoles lo que había aprendido a través de su experiencia en el campo de concentración.

En pocas palabras, Viktor Frankl nos enseña que la libertad de imaginar jamás nos puede ser arrebatada.

Finalmente, es evidente que si algo podemos aprender de la experiencia narrada en El hombre en busca de sentido, es sobre la proactividad, es decir, comenzar a hacernos cargo de nuestros actos, nuestras emociones, analizando lo que sucede en nuestro día a día y buscando ese propósito de vida que nos permita tener un control verdadero sobre nosotros y sobre nuestro poder interior. Así, hasta las experiencias y momentos más difíciles se pueden convertir en los mayores estímulos para nuestro crecimiento.

Siguiendo esta misma idea y considerando que Viktor Frankl y su corriente de psicoterapia tuvieron una gran influencia, el psicólogo humanista estadounidense Abraham Maslow14 nos presenta su “pirámide”, donde desarrolla una de las tesis de motivación más reconocidas. La pirámide de Maslow representa una teoría de motivación que busca explicar qué impulsa la conducta humana. La pirámide consiste en 5 niveles, los cuales están en orden jerárquico según las necesidades de la condición humana.15

La teoría de la autorrealización de Maslow fue presentada en la obra literaria escrita por él mismo en 1943, Una teoría sobre la motivación humana,16 situándolo como parte de la corriente de la psicología humanista y el holismo. Concibe al ser humano como una unidad integral, con una estructura donde no se pueden diferenciar sus partes, por lo que se entiende que si uno de sus elementos es afectado, esto repercute en toda la persona.

Así, la base de la pirámide está compuesta por el aspecto fisiológico, cuyas funciones no pueden dejarse de lado en ningún ser humano. Tras resolver lo necesario en ese ámbito, el ser humano busca satisfacer sus necesidades según sus prioridades: no es posible satisfacer deseos y necesidades elevados si antes no se ha alcanzado un equilibrio en niveles inferiores.

A continuación, se presentan los 5 niveles de la pirámide de Maslow.

Pirámide de Maslow

Fuente: Elaboración propia con base en Maslow, Abraham H. (2013). A Theory of Human Motivation. Martino Fine.

NECESIDADES

EXPLICACIÓN

Básicas o fisiológicas

Son necesidades básicas en el ámbito biológico, ligadas a la supervivencia, permitiendo que funcione el cuerpo y el sistema fisiológico de un ser humano. En ese nivel pueden enumerarse acciones como la respiración, la alimentación, el sueño, la salud, la prevención del dolor, entre otras.

Seguridad

Estas necesidades se buscan una vez resueltas las fisiológicas. Con ellas surgen las expectativas de vida, la búsqueda de mejores condiciones para la existencia, es decir, con ellas se plantea un proyecto de vida. Su base son los derechos y el capital social. Algunas de estas necesidades son la seguridad física, los ingresos económicos a partir de un empleo, la estabilidad familiar, la perspectiva moral, la propiedad privada, etcétera.

Sociales

Pertenecen al aspecto conductual del ser humano, ya que a través de ellas se establece una relación con otros integrantes y elementos de la sociedad. Parten del principio de lo humano como una suma de individuos. Así, actividades laborales, culturales y recreativas permiten que el ser humano desarrolle ámbitos como la asociación, la aceptación, la participación, entre muchos otros.

Estima o reconocimiento

Es el valor que se da a la propia persona y a los demás individuos e instituciones de la sociedad. Maslow clasificó este nivel en estima alta (ligada a la propia persona, vinculada a nociones como el respeto a sí mismo, la confianza, la libertad o la independencia) y estima baja (relacionada con otras personas a través de la reputación, la fama, la dignidad, etcétera). La estabilidad de la estima depende, en gran medida, de la forma en que se satisfacen los niveles más básicos de necesidades, de los cuales estará subordinado el fortalecimiento de la autoestima o la creación de problemas como el complejo de inferioridad. Del cuidado de este nivel dependerán los límites en los deseos de un individuo.

Autorrealización

Estas necesidades son el punto más alto de la pirámide. Tienen un alto grado de abstracción, tomando en cuenta que los deseos de cada individuo son muy diferentes entre sí. Estas necesidades se logran a través de procesos complejos que implican un periodo extenso. Algunos ejemplos de tales necesidades son el crecimiento espiritual, tener una misión en la vida, la ayuda desinteresada hacia otras personas, conducir la vida desde una perspectiva moral, etcétera.

Con esta pirámide, Maslow pretende plasmar de forma gráfica la jerarquía de las necesidades humanas, las cuales deben satisfacerse en orden secuencial, es decir, desde la base hasta la cúspide. Con esto, el autor sugiere que no satisfacer cualquiera de los distintos niveles impediría el avance hacia el siguiente nivel, así como que ninguna posición es permanente, por lo que el movimiento hacia arriba o hacia abajo es continuo, como resultado de las presiones o cambios en el entorno.

En términos generales, esta jerarquía nos muestra el camino que debe completarse para alcanzar la felicidad, por lo que la búsqueda de los elementos deseados será la generadora de la motivación. Esta teoría busca responder a la pregunta: ¿de dónde vienen nuestros impulsos para actuar de determinado modo?

Más aún, con esta teoría, el psicólogo estadounidense argumenta que para que un ser humano pueda plantearse objetivos mayores debe partir de un ambiente estable, que le permita un desarrollo óptimo. Los objetivos que una persona se propone no son estables, se modifican dependiendo de los momentos de vida. Por tanto, aspirar a los niveles de realización más altos de la pirámide solo es posible a partir de un crecimiento gradual que va de la mano con las necesidades sobre las que ya se ha hablado.

Por su parte, en su presentación TED: “Cómo los grandes líderes inspiran a la acción”,17 el escritor y motivador inglés Simon Sinek,18 presentó el concepto del “why” o “por qué”, es decir, la razón por la cual existe un individuo o una organización y su razón de ser más profunda: su propósito. Retomando el concepto de este último término que ya exploramos antes, debe tenerse en cuenta que el propósito está ligado al sentido de vida de toda persona, dado que nos lleva a responder al “porqué” y el “para qué” de nuestras acciones y sentimientos.

Consecuentemente, en su libro Start with Why (2009), Sinek explica que, usualmente, tanto organizaciones como individuos, no tienen claridad sobre aquello que los hace totalmente únicos, por lo que solo son capaces de recurrir a manipulaciones; en palabras del autor: “la manipulación genera transacciones, pero no lealtad”.19