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Los autores sostienen que detrás de una persona con altas capacidades, existe una persona altamente sensible, aspecto que no suele ser tenido en cuenta y que ocasiona muchas dificultades y dolores de cabeza a los educadores, sobre todo a los padres. Desde esta perspectiva, este libro ofrece una nueva mirada al tema de la sobredotación o altas capacidades, con un punto de vista positivo (porque no se trata de un problema, o no tiene por qué serlo) y sumamente práctico, que servirá de guía a los padres.
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Seitenzahl: 251
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Hijos con altas capacidades
El reto de educarlos
Olga Carmona Alejandro Busto
Primera edición en esta colección: abril de 2021
© Olga Carmona y Alejandro Busto, 2021
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2021
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-18582-38-7
Diseño de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
Se me antoja imprescindible hacer una aclaración: este libro no tiene intención alguna de ser un manual científico en el que dediquemos gran parte de él a decidir cómo nombrar la excepcionalidad intelectual, así como tampoco a hacer un repaso histórico acerca del constructo de inteligencia, ni de todas las aproximaciones que se han hecho hasta la fecha para intentar definirla, explicarla y medirla.
Puesto que en 2021 aún no hay un acuerdo ni nacional ni internacional acerca de qué son las altas capacidades, no voy a perder tiempo ni páginas en decirte que aún no nos hemos puesto de acuerdo. Esa parte se la dejo a los eruditos que están en los despachos de las universidades tratando de tener razón.
Mi propósito es otro: los padres y las madres que tenemos hijos e hijas que se encuentran de una u otra forma dentro del espectro de la excepcionalidad intelectual, en el lado este de la campana de Gauss, saben bien que, independientemente del nombre por el que lo llamemos, tenemos que lidiar en nuestro día a día con cuestiones que padres y madres de niños normotípicos ni intuyen. Es a ese desafío al que dedico estas letras, en un intento por apoyar, oxigenar y arrojar un poco de luz en medio, algunas veces, de mucha oscuridad.
Quiero compartir contigo mi propia experiencia como madre de un niño y una niña con altas capacidades intelectuales, así como los más de quince años en los que he acompañado y formado a familias y docentes en España, Europa y Latinoamérica, y he comprobado, una y otra vez, cómo los retos son similares, hayas nacido en España, en Ecuador o en Estados Unidos.
Hemos querido que este fuera un libro vivo, real, en el que la teoría solo sirva para ayudarnos a entender nuestra realidad. Por eso está repleto de testimonios de padres de aquí y de allende los mares, que generosamente han compartido con nosotros sus opiniones durante los procesos de evaluación y orientación. Desde aquí quiero decirte que solo tenemos agradecimiento y una inmensa empatía hacia tu sentir y hacia tus inquietudes. Estamos en el mismo barco.
Como ya has aprendido, en los complejos asuntos del devenir humano no hay recetas. Desconfía de aquellos que dicen que las tienen, por definición. Sin embargo, hay faros, luces que orientan en medio de la noche, gestiones educativas que priorizan la dignidad, el respeto, los valores y que se ubican en la otra punta del adiestramiento punitivo. Tus hijos e hijas han venido, entre otras cosas, a enseñarte esta primera lección. Aprendamos, pues, de ellos.
Mi intención con este libro es parecerme humildemente a ese faro, tratar de ser el apoyo que nos suele faltar, algo de calma en medio de la tormenta y, sobre todo, devolverte la mirada siempre positiva y llena de esperanza hacia la condición de nuestros hijos e hijas. Nada más y nada menos. Como ves, me gustan los retos, igual que a ellos.
OLGA CARMONA
Llevamos muchos años pensando en este libro que hoy tienes en tus manos. Y a la vez que lo soñábamos, cuestionábamos su necesidad, su oportunidad o su utilidad real.
Muchas veces ese sueño se ha desarrollado junto a las familias, tras una formación, tras una evaluación, enredados en comentarios sobre el futuro de las altas capacidades en España.
En los últimos tres años y a partir de nuestro primer viaje a Latinoamérica en 2017, cuando pisamos por primera vez un aula en Ecuador, fuimos tomando conciencia, junto a otros padres y madres, de la necesidad de convertir lo pensado en algo tangible y real.
Y en ese tiempo, mientras soñábamos, llegó El genio que llevas dentro1 y, al escribirlo, nos llevamos algunas sorpresas. Unas relacionadas con su éxito comercial, por qué negarlo, y otras con el feedback recibido por familias y niños.
Y nos dimos cuenta de que en las redes sociales o en las vinculaciones entre libros que realizan las grandes librerías, aparecía el libro, o bien asociado a otros libros de altas capacidades, o bien eran familias que habían comprado libros sobre el tema. Y nos sorprendimos gratamente cuando lo vimos reseñado y en listados recomendados de asociaciones de alta capacidad y organizaciones vinculadas al talento y la sobredotación.
Sin embargo, este no fue un libro específico para las altas capacidades y, si bien es cierto que el modelo de Gardner2 se acopla como un guante en la intervención con chicos y chicas con alta capacidad, empezamos a pensar que tal vez el sueño se debería hacer realidad y que simplemente era necesario un libro sobre altas capacidades en el que los padres tuvieran voz, una especie de manual práctico para familias necesitadas de respuestas, de esas que están fuera del ámbito escolar, de las adaptaciones curriculares, las aceleraciones o de la burocracia legal que rodea a este alumnado particular que son los niños y niñas con alta capacidad.
Por eso, y porque este libro se gesta entre padres y madres aquí y allá, nuestra propuesta esta vez tiene que ver con el día a día de nuestros hijos e hijas, con la gestión de lo cotidiano, con el entendimiento profundo y emocional de una realidad diferente, con una visión optimista y retadora, alejada de las maldiciones y los problemas, con la necesidad urgente de revisar viejos paradigmas caducos en educación para reencontrarnos serenos con nuestra historia y así abordar el presente y el futuro como el espejo pulido y cuidado que nuestros hijos e hijas merecen.
Aspiramos modestamente a tu reflexión, a tu inspiración y a la comprensión meditada de una especificidad que estamos convencidos de que va mucho más allá de un cociente intelectual, de tocar el violín o de saber con seis años y total precisión los metros del monte Olimpo de Marte.
Así pues, te proponemos en estas líneas que nos permitas ir de la mano por un camino desafiante, donde nos verás cambiando de sombrero, luciendo a veces el inmaculado de los profesionales y a veces el más ajado, cansado y realista de los padres, aprovechando al máximo esta dualidad que nos ha tocado vivir.
Un camino que, como ya sabes, no recorreremos solos, sino acompañados por los testimonios de muchas familias y muchos de los peques que nos han regalado tanto en estos últimos diez años dedicados a las altas capacidades.
Quiero finalmente agradecer a Plataforma Editorial la confianza demostrada y la absoluta libertad a la hora de publicar este libro, y quiero también que sepas que nuestro sueño no termina con su publicación.
Si una sola de estas líneas te sirve para crecer un poquito y revisar tu modelo de paternidad/maternidad, si una sola de nuestras reflexiones te ayuda a cambiar la mirada hacia tus hijos e hijas y ver en ellos pura vida llena de bienestar, entonces, y solo entonces, aquel sueño tantas veces imaginado se habrá cumplido.
ALEJANDRO BUSTO CASTELLI
Alguien, hace muchos años, tantos que aún éramos pichones de psicólogos, me acababa de preguntar qué sentía por Olga. Conversaciones de bar, charlas entre amigos de esas que se tienen casi a los treinta, cuando uno juega en la liga de las relaciones afectivas, más maduro, alejado de las hormonas y las respuestas fáciles.
Probablemente, podría haber hecho una lista de adjetivos y sustantivos sobre aquella compañera de carrera que se convertiría en mi compañera de vida y la madre de mis cachorros, pero de mí solo salió admiración.
Y hoy allí sigue, intacta, y es, sin duda, la primera palabra de muchas de mi lista actual.
El lector que hoy reconoce a la profesional que escribe en medios y libros, que juega con las palabras en conferencias, formaciones o platós de televisión, debe saber que antes fue la estudiante brillante, la que se presentaba a subir nota, la de los apuntes deseados por la comunidad universitaria, la que estudiaba sobre lo aprendido y la profesional mucho antes del diploma.
Eran intensas aquellas reuniones de alumnos hasta altas horas de la madrugada, en las que revisábamos modelos, paradigmas y autores, soñábamos qué haríamos en nuestras futuras consultas, si trabajaríamos en una empresa o un colegio, o si alguien nos daría o no trabajo.
Y entre todas y todos, Olga, con su criterio firme, convincente, inspirador, como si la carrera, aún por la mitad, le sobrara ya, como si el tiempo se detuviera en nosotros, los estudiantes, y avanzara en ella, y la convirtiera en una experta invitada solo para que nuestras tertulias tuvieran un poco de brillo profesional.
Debo decirte, en honor a la verdad, que si este libro que estás a punto de comenzar fuera un ser humano, Olga sería su cerebro y su corazón. Suyo fue el empuje por sacarlo adelante y suya la lucha por encontrar huecos en el difícil equilibrio de la vida personal y profesional.
Y por eso, antes de que empieces tu lectura, como compañero modesto en esta aventura, tengo que darle las gracias por ser el motor de este proyecto de dos que se llama Psicología CEIBE.
Por eso no me sorprendió que, en cierta ocasión, una de las tantas madres que se acercan al final de los talleres me dijera que le resultaba muy necesaria y evocadora esa visión combativa, sin pelos en la lengua y cuestionadora que trasmite Olga cuando escribe. Y no me sorprendió porque estoy felizmente de acuerdo.
Una visión que busca con cada palabra hacer diana, invitar a la reflexión y a la acción. Que oculta, tras el verbo cuidado, el interés por que el sistema cambie desde, por y para las personas, aunque eso signifique que los soldaditos de la mediocridad, a veces se revuelvan y ataquen duramente a quien no es complaciente con el pensamiento establecido.
Una visión optimista y esperanzadora que, tras una revisión honesta de la dura realidad que afecta al colectivo con altas capacidades, tiene siempre en el objetivo a las familias y a los niños y niñas maravillosamente diferentes.
Como ves, presentarte a Olga como coautora de este libro resulta muy sencillo y a la vez muy complejo.
La realidad es que, si estás terminando de leer estas líneas, es porque la he convencido de que me las dejara publicar, y eso significa que ha podido manejar su patológica modestia y vergüenza social cuando de sus virtudes se trata.
Como ves, ya la conoces un poquito más.
ALEJANDRO BUSTO CASTELLI
Hemos querido hacer este ejercicio juguetón de presentarnos el uno al otro en la creencia de que sería una visión más objetiva y, además, porque hablar de nosotros mismos suele ser enormemente complicado.
No puedo separar al padre de mis hijos, mi pareja, mi compañero de trabajo, porque lo compartimos todo, absolutamente todo. Y me consta que esta es una apuesta tan arriesgada como desaconsejada.
Con no pocas piedras en el camino hemos ido haciendo camino al andar, más de veinte años construyendo hacia dentro y hacia fuera, siempre con el espíritu de ser útiles a otros, sin perder el foco de cuidarnos y nutrirnos también desde dentro.
Sin él, nada de lo que he emprendido hasta ahora habría sido posible; ha sabido acompañarme en cada locura o cordura que encendiera mi motor, con la lucidez, la templanza y la creatividad imprescindibles para que el resultado valiera la pena y no quedara en un mero fuego de artificio.
Él es el responsable de la constancia, la tenacidad y la excelencia, de la necesaria racionalidad que a veces a mí me falta.
Si la incondicionalidad y la lealtad tuvieran nombre, ese sería el suyo.
Gracias infinitas, Alejandro, por tanto, por todo.
OLGA CARMONA
A todos los niños y niñas con altas capacidades del mundo,
A sus madres y padres,
A quienes supieron verlos,
Y, sobre todo y ante todo, a nuestros hijos,
SIEMPRE.
«Traer un hijo al mundo te convierte en alguien inmensamente vulnerable y fuerte al mismo tiempo.»
OLGA CARMONA
Es importante aclarar que en este libro siempre vamos a hablar de lo más frecuente, lo que más hemos experimentado como profesionales de la psicología, con muchos años de experiencia en el mundo de las altas capacidades. Vaya por delante que, obviamente, cada ser humano es diferente al resto, con una personalidad, un temperamento, un sistema familiar, una historia de vida y una configuración propios, por lo que algunas veces encajará en el esquema que dibujaremos y otras no tanto.
Sin embargo, más de veinte años ejerciendo como psicólogos infantiles y otros más de diez inmersos de lleno en el mundo de las altas capacidades, nos han confirmado, una y otra vez, la extraordinaria similitud y denominadores comunes que comparten los niños y las niñas con esta condición. Y es por ello que, sin dejar de subrayar las diferencias y la diversidad que también se dan, en este libro vamos a referirnos a las características compartidas en mayor o menor medida, así como a las dificultades más frecuentes que los padres, madres y educadores debemos gestionar.
Cuando un bebé con altas capacidades llega al mundo, ya es distinto. Si se trata del primer hijo y dado que no tienen con quién compararlo, es probable que los padres tarden algo más en darse cuenta que cuando ya hay niños en la familia nuclear o extensa. No obstante, suelen ser casi siempre las madres las que intuyen que su hijo no es como los demás, pero tampoco saben muy bien por qué.
Vivimos en la era digital, en la que la información se encuentra a golpe de clic y, en no pocas ocasiones, las madres suelen llegar (si tienen suerte) a encontrar que su hijo encaja en el perfil de un niño con alta capacidad. Algo que las deja en shock, porque, lejos del prejuicio social de que todos los padres quieren que sus hijos sean «superdotados»(o lo creen), la realidad es que los padres lo viven con vergüenza, preocupación y vértigo. Todos comienzan la demanda de evaluación diciendo: «Yo no creo que…, pero…». Y en el fondo, muy en el fondo de su ser, esperan recibir un diagnóstico de tranquilizadora normalidad.
No hace mucho, tuvimos la oportunidad de reevaluar a un niño de siete años, tras una primera evaluación que le realizamos cuando tenía algo más de tres. Cuando lo evaluamos por primera vez, S. H. tenía muchas dificultades en el colegio en cuanto al control de impulsos y en la relación con su hermano pequeño era emocionalmente extremo, desafiante y tenía niveles muy bajos de tolerancia a la frustración. Recordamos con cariño y, por qué no decirlo, con agotamiento, las trece sesiones de evaluación que necesitamos para poder sacar adelante aquel proceso.
Obviamente, con aquella edad solo evaluamos el potencial cognitivo, mientras que el ajuste emocional se valoró a través de técnicas proyectivas. Así que tenía todo el sentido la petición de los padres de volver a evaluar a S. H. pasados unos años para ver su evolución y añadir pruebas de personalidad, creatividad y autoestima, en definitiva, para completar el perfil.
Nuestra sorpresa se produjo cuando la madre de S. H. nos confesó que no lo había traído para confirmar la habitual estabilidad de los percentiles que se encuentran en niños pequeños, sino para ¡descartar sus altas capacidades! «Tenía la esperanza que me dijerais que se le había pasado o algo así», nos confesó.
Así que confirmamos su extraordinario potencial, disfrutamos muchísimo en esta nueva ocasión y le dimos a su madre la enhorabuena.
Por eso decimos que las familias tienen suerte, porque no pocos niños acaban siendo etiquetados con un diagnóstico erróneo, siempre patológico: Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA o TDAH), autismos varios, Trastornos Oposicionista Desafiante o, simplemente, niño mal educado con ausencia de límites. Si la sobredotación se hereda o si, como creen algunos opinólogos de salón, es producto de un exigente entrenamiento, es algo importante aclarar, porque forma parte de los mitos sobre las altas capacidades.
La respuesta es simple y compleja a la vez: se hereda, pero necesita un ambiente estimulante para que pueda expresarse. Así pues, hay un gran componente que es heredado genéticamente, pero este va a necesitar de canales que favorezcan su desarrollo.
Fue el psicólogo Raymond Cattell quien propuso los conceptos de inteligencia fluida y de inteligencia cristalizada. Imagina que heredas un trozo de tierra de algún familiar. Un terreno con un determinado tipo de fertilidad. Hay terrenos tan fértiles que, si a uno se le cae una semilla, al otro día algo está creciendo. Y sabemos que no es lo mismo echar los huesos de un mango en algún rinconcito de nuestra querida Costa Rica que en Madrid. Si los huesos se te han caído en la tierra del «pura vida», pasado «un ratito» tienes una estupenda Mangifera indica y luego un montón de mangos. Si se te caen en Madrid, lo que tienes es que barrer los huesos, que quedan feos esparcidos por ahí.
En todo caso, sea como sea la tierra y más allá de la broma, te tocará cuidar esa semilla, protegerla del sol, regarla y utilizar las herramientas adecuadas; en definitiva, estimular su desarrollo.
Digamos entonces que esa tierra heredada actúa como lo hace la inteligencia fluida de la que habla Cattell, ese llamado factor G que facilitará (sin que necesariamente tú hagas demasiado) un desarrollo precoz, rápido, exuberante de nuestra «semilla», para cristalizar en un determinado arbolito de unas singulares características. Luego y fuera de la metáfora, a ese arbolito peculiar y único, mezcla hábil de la intervención del ambiente y de la fertilidad de la tierra, Cattell lo llama inteligencia cristalizada.
La inteligencia fluida es independiente del aprendizaje, la experiencia y la educación. Está formada por aptitudes primarias, tales como inducción, deducción, relaciones clasificatorias figurativas, amplitud de la memoria asociativa y rapidez intelectual. Es la potencialidad biológica de un individuo para aprender y, por tanto, viene determinada genéticamente, es decir, es heredada. Es la que se utiliza para abordar problemas nuevos que no pueden resolverse utilizando los conocimientos ni la experiencia previa.
La inteligencia cristalizada está formada por los conocimientos que vienen de la formación previa y las experiencias del pasado. Es el conjunto de capacidades, estrategias y conocimientos que representan el grado de desarrollo cognitivo alcanzado a través de la historia de aprendizaje del sujeto. Está formada por aptitudes relacionadas con la comprensión verbal, el establecimiento de relaciones semánticas, la evaluación y la valorización de la experiencia, el establecimiento de juicios y conclusiones, los conocimientos mecánicos (o manipulativos) y la orientación espacial. Coloquialmente a veces es conocida como sabiduría.
Cuanto mayores son el aprendizaje y la experiencia de una persona, más inteligencia cristalizada acumula esta. Sin embargo, la inteligencia fluida tiende a disminuir.
Luego el niño con altas capacidades nace, pero si no encuentra experiencias educativas y ambientales favorecedoras que permitan que ese potencial emerja, la probabilidad de que dicho potencial se pierda es muy alta.
Pero ahora estamos al principio del principio. En la sorpresa, el descubrimiento y la duda. En la comprobación de que muchos hitos evolutivos de nuestro hijo no responden a los parámetros de normalidad esperados.
«Precoz, distinto a los niños de su edad, sensible, apasionado en sus intereses y despreocupado con el resto, difícil en ocasiones, desobediente. Pasó de bebé a niño. A veces muy cariñoso, a veces como en otra onda, a veces como si no encontrara la forma de actuar…»
Dado que las altas capacidades son una condición con un claro componente genético, es muy importante que los padres sean capaces de identificar todas estas señales de cara a una detección temprana, la cual va a facilitar mucho la crianza y la educación de su hijo o hija. Este bebé necesita unos padres que sepan y entiendan cómo es su hijo porque eso será garantía de un desarrollo pleno y, en definitiva, de lo que todos los padres queremos: que nuestros hijos crezcan felices.
Aquí están algunas de las señales que podemos observar en los bebés:
Se observa en algunos bebés con alta capacidad que a las pocas horas de nacer ya tienen una mirada enfocada y alerta, una mirada que parece preguntar desde minutos después del nacimiento.
También es frecuente que los padres aprecien memoria en las primeras semanas, capaces de recordar y reconocer lugares, personas y objetos. Algunos pueden reproducir canciones con menos de dos años.
Si bien algunos bebés con alta capacidad no tendrán problemas para quedarse dormidos, muchos otros sí se van a resistir al sueño, con uñas y dientes. Estos bebés van a demandar contacto para poder quedarse dormidos, como única manera de lograr el estado de relajación que precede al sueño. También es muy frecuente que muestren menos necesidad de dormir sin mostrar signos de cansancio, por ejemplo, muchos de ellos, dejan de hacer la siesta muy pronto.
«Siempre ha dormido mal. Hace muy poco tiempo que empieza a dormir noches enteras. Desde muy bebé, duerme poco. Sus siestas siempre han sido cortísimas. Parece que nunca ha necesitado dormir mucho para “funcionar”. Le cuesta muchísimo conciliar el sueño y esto todavía ahora. Le cuesta “apagar el cerebro” para dormir y descansar. Cuando se acuesta, tiende a repasar el día entero, lo que ha visto, aprendido y vivido. Parece que lleva una hora dormida y se puede girar y preguntar “Mamá, ¿por qué me has dicho esto y lo otro hoy?” o “Mamá, ¿qué significa… x o y?”…»
Es una de las características más generalizadas: la resistencia al sueño. Suelen ser bebés que necesitan dormir menos horas, que dejan de hacer siestas muy pronto, que permanecen activos muchas horas sin mostrar signos de cansancio.
Es importante señalar que no todos los bebés con alta demanda serán niños con alta capacidad y que no todos los niños con alta capacidad fueron bebés con alta demanda. Sin embargo, sí comparten algunas similitudes.
En el caso de los bebés con altas capacidades, la resistencia al sueño tiene que ver con un alto nivel de energía, de curiosidad, de necesidad de ser estimulados. Pero también con algo que desarrollaremos más adelante: las sobreexcitabilidades.
Muchos padres y madres observan cómo sus hijos recién nacidos o con pocos meses son hipersensibles a la temperatura, la textura de la ropa, el ruido ambiental o la luz, y llegan a sobreestimularse con los juguetes típicos que ponemos en las cunas o en los cochecitos de paseo. Son las primeras señales de las hipersensibilidades que durante los primeros años de vida pueden ser muy acusadas y con el paso del tiempo aprenderán a tolerar o a evitar, pero nunca dejarán de acompañarlos.
Esta dificultad para el sueño tiene doble vertiente: por un lado, suelen ofrecer una clara resistencia a irse a la cama, pues en el caso de los bebés aprenden muy rápidamente a detectar aquellas señales que indican que van a dormirlo (o al menos van a intentarlo) y, por otro lado, la dificultad para quedarse dormidos.
La primera responde a la interpretación del sueño como «una pérdida de tiempo»: no quieren dejar de jugar, de aprender, de tocar, de sentir… es la voracidad vital e intelectual con pañal. La segunda tiene que ver con un estado de hiperactividad cerebral que les obstaculiza llegar a los estados de relajación previos al sueño. Muchos de ellos pasan de la actividad frenética al desmayo, directamente.
Cuando ya pueden hablar, que suele ser muy pronto, es altamente frecuente que pidan «piel» para poder entregarse al sueño: dormir con los padres, que alguno de los dos se quede con él tomándole de la mano… La cuestión es sentirse contenido, acompañado, no solo desde el plano emocional, sino también desde el físico. Como un cable a tierra que les permita soltarse, bajar el control y, finalmente, rendirse al sueño.
Muchos padres nos dicen con la boca pequeña que su hijo o hija aún duerme con ellos. Pues benditos sean. Si todo el sistema familiar ha encontrado la manera de dormir cómodamente y además damos a nuestro niño lo que necesita, ¿dónde está el problema? En el juicio de tu prima, en el pediatrasaurio, en la profesora del cole que se atreve a opinar al respecto… ahí, y no dentro de vuestros deseos y necesidades.
Nadie conoce a tu hijo mejor que tú, nadie sabe cuáles son sus necesidades y, desde luego, ninguno de los opinadores de turno va a estar ahí cuando aparezcan las carencias emocionales y los conflictos por haber escuchado más a los otros que a tu propia voz.
Y esto es una máxima para todo el recorrido que supondrá su crianza. Siempre habrá juicios, miradas, opiniones explícitas o no, «te lo dije» prestos a ser arrojados a tu cuello.
La pregunta que sugiero que te hagas es: ¿cuál es mi prioridad?, mejor dicho ¿quién es mi prioridad?
Educar para adaptarlos a una sociedad cuyos parámetros, a veces, no tienen nada que ver con ellos, no significa imponer. Significa contener, acompañar y respetar. Significa atender y entender cuáles son las necesidades emocionales de tu bebé, de tu hijo o hija y satisfacerlas. De adultos nos pasamos la vida buscando aquello que nos faltó cuando éramos niños, aquello que necesitábamos desesperadamente y no nos dieron.
Para llegar a ser seres humanos emocionalmente libres, debimos haber sido niños emocionalmente satisfechos: de contacto, de amor incondicional, de atención, niños respetados y escuchados. Para ser independientes, primero debimos ser dependientes y atendidos con disponibilidad y amor. Solo así se logra la autonomía emocional.
El mundo está lleno de personas que no fueron amadas, que no fueron adecuadamente cuidadas en sus necesidades afectivas y, por ello, son adultos siempre en búsqueda de esa atención, de satisfacer dando palos de ciego, el profundo agujero que deja una infancia descuidada, maltratada.
