Hijos del corazón - María Laura Sabbione - E-Book

Hijos del corazón E-Book

María Laura Sabbione

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Beschreibung

Una joven en búsqueda de reconstruir y resignificar su identidad. Su mamá y papá adoptivos decididos a luchar para formar una familia. Su mamá biológica y las complejidades de su decisión. La partera que, al acompañarla a nacer, fue el nexo que da origen a esta historia. Los matices de las experiencias de la protagonista, con un tiempo que no respeta lo cronológico hacen de este relato un reflejo de cómo la identidad se conforma de manera dinámica al estilo de un rompecabezas al que siempre le faltan, y le faltarán, piezas. Sin embargo, la posibilidad de escribir experiencias, vivencias, recuerdos… ¿le permitirá sanar las heridas abiertas?, ¿le permitirá encontrar las respuestas que busca? Esta novela combina ficción con hechos de la vida de la autora, con el punto de partida de su adopción, un acontecimiento que marcó su vida para siempre, en el que se entrelazan las vidas de diferentes personajes.

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Seitenzahl: 73

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Sabbione, María Laura

Hijos del corazón : historia de una adopción / María Laura Sabbione. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

82 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-817-770-0

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas de la Vida. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022.

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Hijos del corazón

Historia de una adopción

I

—¿Estás lista para nacer? —le preguntó Paz a su bebé en aquella apática y pequeña sala de partos. La partera estaba lista. Evidentemente, su cara era de miedo. Una enfermera joven la calmaba tomándola de la mano izquierda e insistiendo en que todo estaría bien.

No, las cosas no estaban bien. Estaba allí sola y saldría más sola que nunca. Había hecho los arreglos para que su bebé fuera a una familia adoptiva.

Se preguntó mil veces si su decisión era egoísta. No encontraba una respuesta clara, pero algo era seguro: no se sentía en condiciones de criar a una niña. Ella se merecía una familia que pudiera acompañarla y darle las mejores oportunidades.

Una contracción hizo vibrar su garganta desde lo más profundo. La transportó a una escena con la que soñó muchas veces.

Ella observaba a través de la enrejada ventana. La ciudad se vestía de gris. Los árboles desnudos se erguían frente al edificio, inclinados levemente por el viento. El cielo era opaco y triste. Nuevamente regresaba al instituto. Conocía de memoria los ladrillos desgastados y la reja despintada de la entrada.

La pareja con la que había estado un breve tiempo no pudo hacer prosperar los trámites de adopción. Ella intuyó que no podría quedarse allí, por eso decidió no encariñarse demasiado. Puso a su alrededor una coraza impenetrable, que se empeñaba en sostener en vano. Necesitaba el cariño incondicional y único de una familia. Quizás nunca lo tendría.

Una vez que regresó a aquel edificio estancado en el tiempo, supo que había pasado su última oportunidad. Dos lágrimas frías surcaron su rostro. Las secó rápidamente. A sus nueve años había escuchado que ya era grande.

Varios años atrás, había estado con otra familia. Ellos tenían hijos. Los niños eran agradables con ella, jugaban, le sonreían. Compartían sus juguetes más preciados con alegría. Sus padres trabajaban muchas horas para darle a aquella familia todo lo que necesitaban. La mamá tenía una sonrisa de esas que te transportan a un lugar de tranquilidad y bienestar. El papá daba los mejores abrazos. El recuerdo de ambos era el que tenía en las noches antes de dormir. Allí se sentía resguardada, cobijada y, mientras los escuchaba leer cuentos, podía descansar tranquila. La habían entregado a ellos en guarda, luego de ingresar al sistema judicial.

El destino que les esperaba a muchos chicos y chicas como ella era el resabio de las circunstancias que habían atravesado: el consumo de cualquier sustancia que encontrara y apropiarse de cosas ajenas. Ese había sido el de sus padres biológicos. La policía la sacó, o salvó, de aquel hogar. A veces los extrañaba, aunque con el pasar de los años ya casi no recordaba los rasgos de los rostros de esos adolescentes que no pudieron cumplir su rol de padres.

Una nueva contracción adelantó el tiempo. La niña en sus entrañas quería salir. Ella volvió en su pensamiento al recuerdo de su vida: el reloj corría en la pared de su pequeña habitación con humedad y rejas en las ventanas. Los niños entraban y salían. El personal cambiaba y ella crecía… sin nadie a quien preguntarle sus dudas ni con quien encariñarse. Aprendió a entablar vínculos efímeros para mantenerse ocupada. Se sentía ya experimentada en el tema. Ella aconsejaba a otros niños que recién entraban. Los consolaba secando sus lágrimas con mentiras sobre lo rápido que saldrían de aquel lugar y las hermosas familias que encontrarían.

Sin embargo, no estaba preparada para lo que se acercaba… sus dieciocho años. Era el momento en el que finalizaba su institucionalización. Esto la mantenía despierta muchas noches. ¿Qué haría? ¿Cómo sobreviviría? No conocía el mundo más allá de sus circunstancias. La vista desde su vieja ventana oxidada comenzaba a cambiar. Pronto estaría del otro lado. Entonces, empezó a pensar que aquel lugar desvencijado y temible, que tanto odió en otros momentos, era lo único que tenía, era parte indeleble de su historia.

Los cuidadores y el personal de limpieza le organizaron una fiesta. Habían puesto guirnaldas de diario en el comedor, globos de todos colores y un cartel que decía “Feliz Cumpleaños” pintado a mano. Hasta había una pequeña torta. No recordaba otro cumpleaños en el que le hubieran preparado algo para ella. Lo habían mantenido en secreto para que fuera una sorpresa. Por primera vez en muchos años, se sintió querida. Hizo un esfuerzo para que las lágrimas no se notaran. Las secó rápidamente y corrió su cabello enrulado del rostro. Encendieron las velas y le cantaron el Cumpleaños feliz. ¿Era feliz este cumpleaños? ¿Qué era ser feliz? No conocía nada parecido. Al terminar la canción le dijeron que tenía que pedir tres deseos antes de soplar las velitas. Con uno le hubiera alcanzado: ¡quería una familia!

Se llevó una porción de torta a su habitación. Podría haber sido una buena hija adoptiva, una “hija de corazón”. Observó, entre sollozos y lágrimas, a través de la ventana por la que durante tantos años había mirado. Sentía una fuerte presión en su pecho, que le dificultaba respirar, que apretaba sus recuerdos y, por momentos, los hacía abrumadores. Pero, esta vez, algo había cambiado. Si el Estado o la Justicia no le habían dado una familia, ella saldría al mundo y construiría la suya.

II

Al salir del Instituto, se imaginó que su vida sería difícil. Sin embargo, tomó un giro inesperado. Una de las empleadas la recomendó a una familia, para que pudiera trabajar. La recibieron con mucho cariño y comprensión. Hacía tareas como limpiar, ordenar, cocinar y lavar la ropa. Como ellos estaban en una posición económica cómoda, le ofrecieron vivir en el departamento de servicio al fondo de aquel impresionante patio, al costado de la pileta que se encontraba en la lujosa casa.

El trabajo de parto continuaba. Había perdido la noción del tiempo y estaba agotada. Le dolía el cuerpo y le dolía el corazón. Estaba acostumbrada a esa presión en el medio del pecho que la dejaba sin aire y sin palabras; por las noches debía levantarse para recuperar el aliento. Pero este dolor era diferente. Le dolían los recuerdos. Le dolían el pasado y el futuro.

Transcurrieron los primeros años y ella se había encariñado mucho con la familia. Ellos eran cuatro, la pareja y dos hijos pequeños. La hicieron sentir parte, la invitaban a las celebraciones familiares: cumpleaños, comuniones, fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Cerca de su cumpleaños 21, tomó una decisión que hacía mucho venía postergando. Decidió terminar su secundario. La mamá de la familia para la que trabajaba la ayudó a inscribirse y acomodaron los horarios para que pudiera cursar en un secundario para adultos. Le enseñaron qué colectivos tomar y le dieron varios consejos. Como si fueran sus padres, sonrieron orgullosos al verla partir a su primer día de clases.

Había ido a inscribirse, ya conocía la escuela. Sin embargo, la vio distinta. Ese edificio viejo, rodeado de pasto largo, despintado y sombrío de noche, significaba para ella mucho más. Era su pasaporte hacia algún futuro con el que antes no había soñado. Terminar el secundario le permitiría poder seguir estudiando; conseguir un mejor trabajo.

Aquella tardecita, comenzó a cambiar su vida. Volvió llena de nuevos conocimientos, sintiéndose orgullosa de lo que había logrado. Estaba muy lejos de aquel destino que se erguía frente a ella y parecía imponérsele cuando era niña. Asistió sin faltar ni una vez ese año. Estudió durante las noches con la pasión que ahora descubría que tenía. Empezó a gestarse en ella la idea de estudiar enfermería. Quizás así podría ayudar a las personas y sublimar aquel inmenso amor que guardaba en su interior.

Conoció nuevas personas. Algunas la hicieron sentir bien. Otras, no tanto; le recordaban el instituto. Entre las personas agradables con las que se vinculó conoció a un joven dos años mayor que ella. Durante ese año él le sonreía cada vez que la veía. Sus ojos oscuros tenían un brillo diferente. Hablaron en varias ocasiones de temas sin importancia.