Hipocresía - Lorenzo Bz Rodríguez Qz - E-Book

Hipocresía E-Book

Lorenzo Bz. Rodriguez Qz.

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Beschreibung

La familia Almanegra, la más civilizada, la más respetuosa del derecho ajeno. La más noble de entre todas las familias de la tierra. La que todos desean igualar, y a la que todos desean pertenecer. La más sincera y elocuente, la más generosa y amigable. La que con todos se solidariza. La que abriga en su pecho la democracia, y en favor de los demás va más allá del deber. La que ama a todos de gratis. La que se retiene de oprimir a sus conciudadanos. La que no se aprovecha del débil, ni abusa del poder económico que posee. La que extiende la mano al caído, envés de pisarlo. La que al pobre no le niega su ayuda, y al errante alberga en su casa. De la que todos hablan bien y solo los que no resisten la envidia, se atreven a calumniar. ¿A quién no han beneficiado con sus bondades? ¿Quién no ha disfrutado de sus noblezas? Difícilmente se encuentre otra familia en la tierra, como la familia Almanegra. No te esfuerce en hallar otra, pues una vida no es suficiente para lograrlo. Tardaran generaciones para que ocurra el milagro, aprovecha y copia de ella; tú que has tenido la dicha de ser su contemporáneo. El valor de tal familia, sobrepasa el valor del oro y la plata; y ni aun las piedras preciosas no se le comparan. El tropezarse con la familia Almanegra, es semejante a descubrir un manantial en el desierto; cuando se tiene sed. Si pudiera injertarme yo y los míos en ella, esa sería mi felicidad; de alegrías se llenaría mi alma.

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Seitenzahl: 104

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Hipocresía

HipocresíaCAPITULO 1Capitulo 2Capítulo 3Capitulo 4Capitulo 5Capitulo 6Capitulo 7EpilogoDedicado a mis hijosY mis nietosPie de Imprenta

Hipocresía

Prologo

La familia Almanegra, la más civilizada, la más respetuosa del derecho ajeno. La más noble de entre todas las familias de la tierra. La que todos desean igualar, y a la que todos desean pertenecer. La más sincera y elocuente, la más generosa y amigable.

La que con todos se solidariza. La que abriga en su pecho la democracia, y en favor de los demás va más allá del deber. La que ama a todos de gratis. La que se retiene de oprimir a sus conciudadanos. La que no se aprovecha del débil, ni abusa del poder económico que posee.

La que extiende la mano al caído, envés de pisarlo. La que al pobre no le niega su ayuda, y al errante alberga en su casa. De la que todos hablan bien y solo los que no resisten la envidia, se atreven a calumniar. ¿A quién no han beneficiado con sus bondades? ¿Quién no ha disfrutado de sus noblezas?

Difícilmente se encuentre otra familia en la tierra, como la familia Almanegra. No te esfuerce en hallar otra, pues una vida no es suficiente para lograrlo. Tardaran generaciones para que ocurra el milagro, aprovecha y copia de ella; tú que has tenido la dicha de ser su contemporáneo.

El valor de tal familia, sobrepasa el valor del oro y la plata; y ni aun las piedras preciosas no se le comparan. El tropezarse con la familia Almanegra, es semejante a descubrir un manantial en el desierto; cuando se tiene sed. Si pudiera injertarme yo y los míos en ella, esa sería mi felicidad; de alegrías se llenaría mi alma.

CAPITULO 1

La familia Almanegra se trasladó a una zona rural muy remota, donde no había autoridad alguna. Allí había pocos habitantes, y sus residentes resolvían sus diferencias entre ellos mismo. Pero por lo regular era un lugar tranquilo y prospero. De tierra fértil, de la cual los habitantes del lugar hacían grandes cosechas.

Los Almanegra decidieron que el lugar era apropiado para establecerse, ya que la tierra se prestaba también para la ganadería. De la vecindad del lugar, algunos le recibieron a gusto; mientras que otros les miraron con sospechas. Ese mismo día, los que se sintieron a gusto con la familia Almanegra; le invitaron a una cena de bienvenida.

Apena pasaron algunos días, y ya estaba la familia Almanegra envuelta en una trifulca. Su vecino más cercano, le acusó de robarle parte de su tierra. El padre de la familia Almanegra rebatió la acusación, y argumentó tener derecho a la tierra señalada por su vecino.

El vecino de la familia White, buscó algunos de los vivientes del lugar como testigos; de que esa tierra le pertenecía. Estos llegaron a la casa de los Whites, los cuales les recibieron de mala voluntad. Los demás moradores del lugar, confirmaron que esa tierra era propiedad de la familia vecina a los Almanegra.

Los Almanegra respondieron, que no les importaban sus testimonios; esa tierra nos pertenece, y no vamos desistir de ella, agregaron. Los vecinos de los Almanegra, se sintieron tanto irritados como sorprendidos por la actitud de los Almanegra. Este hecho les hizo entender a los lugareños, que iban a tener que enfrentar a los Almanegra.

Pasó alrededor de una semana, en la cual el vecino de los Almanegra se reunió con los demás moradores del lugar; para tratar el asunto de la tierra. Todos se pusieron de común acuerdo, en que la tierra tenía que serle devuelta al vecino de los almanegra.

La vecindad invitó a los Almanegra a una reunión, en la que iban a participar todos los moradores del lugar. Una vez en la reunión, el cabeza de los Almanegra tomó la palabra. Este argumentó, que él y sus parientes eran personas civilizadas, de respeto y seguidores de la justicia; Incapaz de malversar lo ajeno.

Continuó diciendo, que respetaban las propiedades ajenas; por lo cual si esa tierra no les perteneciera, la hubiesen entregado. Los moradores del lugar, estaban atónito de tal arrogancia. ¿Basado en qué decía pertenecerle aquella tierra? Todos ellos eran testigos, de que ese no era el caso.

Indignado por la obstinación del padre de los Almanegra, el padre de la familia a quien pertenecía la tierra hurtada proclamó: de no entregárseme la tierra por la buena, habrá que entregármela por la mala. A esto respondió el cabeza de los Almanegra: ni de la una manera ni de la otra, la entregaremos. Nosotros somos gentes que creemos en dios, y no nos gusta la violencia; pero sí estamos dispuesto a defender nuestras propiedades con uña y diente.

La ira de la familia afectada no era poca, pues ahora para el colmo; se les estaba amenazando por lo suyo. Si la familia Almanegra piensa, que esta humilde familia buscaba una salida pacífica al asunto; por falta de coraje, ellos estaban muy equivocados.

El miedo no se albergaba en sus pechos, y menos cuando el derecho estaba de su parte. ¡Si ustedes están dispuestos a defender nuestra propiedad con uña y diente, imagínense nosotros! Exclamó el padre de familia. Con nuestras vidas la defenderemos, la sangre va a correr en este lugar, dígalo duro mi compay, continuó diciendo.

De hoy en siete días, tienen que entregarme la tierra; así que comiencen a sacar sus animales de mi tierra con tiempo, Pues el tal día a las doce en punto, estaremos allí para inspeccionar. Y a todo lo que viva que se atraviese en nuestro camino, le daremos muerte; ya sean animales o gentes.

Llegado el día señalado vinieron a la tierra señalada, los hombres pertenecientes a la familia del lugar. Ellos llegaron armados de sus machetes, y los Almanegra los estaban esperando con sus pistolas. La desgracia era inevitable, como se había dicho: La sangre iba a correr.

La familia a quien pertenecía la tierra, emprendió el ataque. A la vez que se acercaban a los Almanegra, iban cayendo heridos de balas; algunos heridos, otros muertos instantáneamente. Los que lograban avanzar bajo el tiroteo, comenzaban la lucha cuerpo a cuerpo con los Almanegra.

En el cuerpo a cuerpo se minimizaba la ventaja de los Almanegra, pues los hombres de la familia del lugar; habían venidos con machetes, a un duelo de pistolas. Pero su valentía y destreza les permitieron llegar hasta los Almanegra y propinarles heridas hasta de muerte.

El pleito duró varias horas, y cuando se apaciguó; había heridos y muertos de ambos lados. Aunque los heridos y muertos eran menos, del lado de los Almanegra. La disputa de la tierra, no se dio por terminada con esta batalla; vinieron otras. En una de ellas algunos de la familia del lugar, tenían pistola.

Esto hacía la lucha un poco más pareja, pero no la igualaba. Los muertos y heridos, siguieron siendo menos; del lados de los Almanegra. Un día cuando los hombres de ambos bandos se preparaban para el enfrentamiento, las mujeres de ambas familia se reunieron para discutir una solución pacifica; pues, ¿De qué serviría la tierra si todos tenían que morir por ella?

Las mujeres de la familia local, exigieron que se les entregase la mayor parte de la tierra; ya que ellos eran los verdaderos dueños de la tierra. Las mujeres de los Almanegra exigían, que la parte de ellos tenía que incluir el lago que había en la propiedad. Pues les era necesario para que sus animales pudieran tener donde beber.

Con este acuerdo se despidieron, para ir y proponerles a los hombres de cada familia; tal salida del conflicto, antes que fuesen y se despedazasen como bestias salvajes unos a otros. Las mujeres de los Almanegra les comunicaron el plan de paz a los hombres, pero estos la rechazaron. Argumentando que su sangre no habría de derramarse en vano.

¡La tierra que sació su sed con la sangre de los Almanegra, a los Almanegra pertenece! Exclamó el líder de los ellos. Mientras que los hombres del otro bando, consideraban que el aceptar tal acuerdo; era igual a pisar su honor de hombre, con sus propios pies. Esto se ha convertido en un asunto de principio y no de tierra.

Después de esa batalla hubo una tregua informal, pues no se debía a que ambas partes lo hubiesen acordado; sino que al parecer habían visto el sin sentido del asunto. O quizás la dureza del hecho mismo, pues no eran deportivos los enfrentamientos; sino de vida o muerte.

Desde el primer día de enfrentamiento, los hombres de la familia del lugar destruyeron las alambradas que los Almanegra habían usados para cercar la tierra; y los Almanegra no las habían repuesto. Así que la situación estaba en statu quo. Mas, pasado un tiempo, los moradores del lugar se reunieron.

La reunión se hizo a petición de la familia afectada. En ella, esta explicó, que el atropello cometido contra ellos hoy, de no hacerse nada para ajusticiar a los Almanegra; mañana iba a cometerse contra otra familia. Ninguna propiedad está exenta de correr el mismo destino, señalaron.

Como dice el dicho: Hoy por mí, mañana por ti. ¡Unámonos y démosles su merecido a esos malvados! Exclamó el patriarca de la familia afectada. Uno de los jefes de las demás familias tomó la palabra y dijo, estar de común acuerdo con el padre de la familia afectada. Expresó que de no ponérsele frenos a las actitudes de los Almanegra, podrían robarse la comunidad entera.

¿Cuál estrategia usaremos para combatirlos? preguntó otro de las demás familias. Y continuó diciendo, esas gentes tienen mejores armas que nosotros. Con la estrategia del coraje y el honor que corre por nuestras venas, Interrumpió el patriarca de la familia afectada.

Y continuó diciendo: con la valentía de nuestros ancestros, los cuales conquistaron estas tierras y nos las dejaron por herencias. A ellos debemos de honrar defendiéndolas, aunque nos cueste la vida. Tenemos que batallar hoy por nuestras tierras, de manera que nuestros hijos mañana sean los amos de ellas y no sus siervos.

Que nuestros hijos se sientan orgullosos de quienes fueron sus padres. Que puedan con la frente en alto, contar de las bravuras de sus antepasados. En nuestros pechos no habita el miedo, la cobardía nos observas de lejos; pues valor le falta para acercarse a nosotros.

Hoy se estatuará ejemplo en este lugar. Ejemplo que se ha de contar de generación en generación. Cobrad ánimo mis hermanos, nuestro espíritu es más valiente que las armas. Las armas de ellos son más rápidas que las nuestras, pero nuestra voluntad es indomable.

De nuestra parte está la justicia y el derecho; así que no desmayen vuestros corazones. Ganaremos la batalla y mi afrenta será quitada. Caiga yo en la batalla, antes que volver a los míos derrotado y humillado. Mejor la muerte, antes que la deshonra. Mejor el sepulcro, antes que mi alma en desasosiego.

Hoy combatiremos unidos contra los que han sembrado desgracia en nuestra comunidad. Y los vamos a combatir, hasta que caiga la última gota de sangre de nuestras venas. ¿Quiénes están conmigo hoy? ¡Hasta la muerte! Gritaron todos.

Y así unidos como un solo hombre, arremetieron contra los Almanegra. A los cuales esta vez, tomaron de sorpresa. No solo del ataque, sino de que esta vez se habían unido todos los moradores del lugar contra ellos.

Esta vez la sangre de los Almanegra, fue la primera en manchar el suelo. Esta vez la lucha se desarrolló brutal, pues los moradores del lugar en su ira; cortaban con sus machetes bien afilados, a todo el que se les atravesaba por el medio. De ahí que se encontraran niños y mujeres, entre los muertos y heridos.

Pero una vez que los Almanegra se repusieron de la sorpresa, comenzaron a caer los del lugar; por las balas que salían de las armas de los Almanegra. Mas, la valentía y destreza con que los nativos enfrentaban a los Almanegra, hacía que la batalla se diera algo pareja.

Después de haber luchado un buen rato, los lugareños decidieron hacer una retirada táctica. Pues acordaron parar la pelea y esperar que callera la noche, ya que con la protección de la oscuridad; les era más fácil acercárseles y sacar ventaja en el cuerpo a cuerpo. Era una lucha de vida o muerte, ambos bandos querían exterminar al otro.

Al caer la noche los vecinos, volvieron con el mismo ánimo y la misma furia; a atacar a los Almanegra. Pero antes de emprender el ataque, el patriarca de la familia afectada; encomendó que no se les hiciera daños a niños y mujeres, ni tampoco a los ancianos.

Algunos protestaron contra tal medida. Explicando que lo mejor era exterminarlos, o a lo menos menguarlos lo más posible; para que los pocos que quedasen decidieran irse del lugar. Mas, el jefe de la familia insistió, explicando que no solo se luchaba por la tierra; sino que de igual manera se hacía por el honor, el cual no quería manchar con sangre de inocentes.

Al caer la noche decidieron atacar silenciosamente. Así que protegidos por la oscuridad, penetraron entre los arbustos que rodeaban las casas de los Almanegra. Pero a diferencia de lo que ellos pensaban, los Almanegra no estaban desapercibidos.

Pues al ver sido atacado por todas las familias del lugar, esto les hizo sospechar; que el asunto tenía nuevas dimensiones. Y por lo cual debían de estar en pie de guerra, así que tenían vigías, los cuales vieron venir a los del lugar.

Cuando los lugareños atacaron, ellos estaban bien armados y detrás de trincheras que habían preparados; y les causaron grandes estragos a los valientes del lugar. En esa batalla cayó herido de muerte, el patriarca de la familia con la cual había comenzado la trifulca.

Los que quedaron de estos, se retiraron a sus casas. Dentro de ellos, algunos heridos, a quienes sus familiares les atendieron las heridas. Después de esa batalla, vinieron parientes de los Almanegra que vivían en otros lugares remotos; para ayudarles en su lucha por lo ajeno.

Pero después de esa batalla, los lugareños quedaron decimados. Y aunque todavía quedaban motivos y valentía para seguir luchando, los del lugar entendieron que estaban en desventaja y no iban a ganar la guerra.