Huenun Ñamku - M. Inez Hilger - E-Book

Huenun Ñamku E-Book

M. Inez Hilger

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Beschreibung

La etnóloga M. Inez Hilger y su sobrina asistente, Margaret Mondloch, vivieron entre los mapuche durante meses para recolectar información, principalmente, sobre la vida infantil. Entre las personas que entrevistaron estaba un hombre mayor, llamado Huenun Ñamku, ansioso por preservar la historia de su pueblo. Aquí están registradas las tradiciones, historia y relatos sobre los mapuche tal como él los contó. Como informante, el hombre mayor fue inteligente y claro, sus conversaciones fueron fascinantes y reveladoras. Él habló acerca de atrapar peces, de la religión de su tribu, de plantas medicinales, de hambruna, enfermedad mental y rituales. Detalló con tristeza los cambios graduales de una antigua forma de vida, aunque admitió, renuentemente, los beneficios de la civilización. Al momento de la publicación del libro, en 1966, M. Inez Hilger era investigadora asociada en la Smithsonian Institution y profesora especial en la universidad de Saint Benedict, en St. Joseph, Minnesota. Por entonces, expresó: "El mayor valor de este libro consiste en los sólidos datos antropológicos de la cultura de una tribu indígena de América del Sur. Registra la información etnográfica que fue surgiendo a través de conversaciones con un mapuche de Chile… uno de los pocos mapuche mayores vivos en ese momento. Él era un informante inteligente y confiable, arrogante, orgulloso de la cultura de su pueblo. Él conocía el valor de la información registrada, había ayudado a los Padres Capuchinos en el territorio araucano a compilar un diccionario y a clasificar plantas en el área. A pesar de que el libro no es un ensayo en metodología etnográfica, les será útil a los principiantes en el campo de la investigación etnográfica. El lector común encontrará interesante el material biográfico del libro, a pesar de no ser una biografía".

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Seitenzahl: 268

Veröffentlichungsjahr: 2021

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

HUENUN ÑAMKUUn mapuche de los Andes recuerda el pasado

M. Inez Hilger

Con la asistencia de Margaret A. MondlochPrólogo original de Margaret MeadTraducción al castellano de Pilar ValenzuelaEdición al cuidado de Valentina Jensen EscuderoPrólogo a la edición en castellano de Eduardo Valenzuela

© Inscripción Nº 2020-A-10778

Derechos reservados

Enero 2021

ISBN 978-956-14-2754-9

ISBN digital 978-956-14-2755-6

Diseño: versión productora gráfica SpA

CIP – Pontificia Universidad Católica de Chile

Hilger, M. Inez (Mary Inez), 1891-1977, autor.

Huenun Ñamku : un mapuche de los Andes recuerda el pasado / por M. Inez Hilger ; con la asistencia de Margaret A. Mondloch ; prólogo original de Margaret Mead ; traducción al castellano de Pilar Valenzuela ; edición al cuidado de Valentina Jensen Escudero ; prólogo a la edición en castellano de Eduardo Valenzuela.

1. Ñamku, Huenun.

2. Mapuches – Vida social y costumbres.

3. Indios de América del Sur – Vida social y costumbres.

I. t.

II. Jensen Escudero, Valentina, editor.

III. Huenun Ñamku : an Araucanian indian of the Andes remembers the past. Español.

2021 983.00498 + DDC23 RDA

Diagramación digital: ebooks [email protected]

Contenidos

Prólogo a la edición en castellano

Prólogo por Margaret Mead

Agradecimientos

Introducción

CAPÍTULO I. Huenun Ñamku, pescador y cazador

CAPÍTULO II. Transcribiendo notas de campo

CAPÍTULO III. Construcción de una ruka y preparación de comida

CAPÍTULO IV. Tradiciones, cantos y adivinanzas

CAPÍTULO V. Conocimiento y prácticas curativas

CAPÍTULO VI. Brujos y magia

CAPÍTULO VII. Creencias y ceremoniales religiosos

CAPÍTULO VIII. La esposa e hija de Huenun

CAPÍTULO IX. Matrimonio al estilo mapuche

CAPÍTULO X. ¡Adiós, Huenun! ¡Adiós!

Glosario de términos

Imágenes

Fotografías

Huenun Ñamku, “Águila que vuela alto”

Mariañuke, esposa de Huenun, vestida con el traje tradicional mapuche y joyas de plata

Padre Sigisfredo, sacerdote capuchino alemán que ha vivido más de cincuenta años entre los mapuche de los Andes. Fue el padre Sigisfredo quien organizó el encuentro entre la autora y Huenun Ñamku

Caligrafía de Huenun Ñamku. A la izquierda están los versos de una canción en mapudungun; a la derecha la traducción al español de la canción

Teresa, hija de Huenun, usando el traje tradicional mapuche y joyas de plata

Familia y hogar de Huenun Ñamku. De izquierda a derecha se encuentra: Rosamella de tres años, Jerónimo, Mariañuke, la madre de Mariañuke, que tiene más de cien años, Huenun, Lauriana, la hermana de Mariañuke, y Hortensia de doce años

Arado de madera fabricado y utilizado por Huenun para arar su campo

Dibujos

Llolle, una trampa para peces

Mauche challwa, un colgador de peces

Chiñe, una trampa para peces usada por las mujeres

Nülewe, un arpón para peces

Trampa para puma

Diagrama dibujado por Huenun Ñamku que muestra las posiciones de los participantes y las actividades delnguillatun

Mapa

Territorio mapuche de Chile

Prólogo a la edición en castellano

Huenun Ñamku es un libro escrito por la hermana Inez (Eleanor) Hilger (1891-1977), religiosa norteamericana del monasterio benedictino de Saint Joseph, Minnesota y antropóloga graduada de la American Catholic University, donde trabó amistad personal con Margaret Mead —quien prologa este libro en su versión original— y que la habría orientado hacia los estudios etnográficos de la niñez donde hizo lo principal de sus contribuciones. Antes de llegar a Chile, Hilger había realizado estudios exhaustivos de los métodos de crianza de los indios Chippewa de Minnesota 1 y Arapaho en los años treinta y se propuso hacer lo mismo con los mapuche de Chile y de Argentina, con una primera visita de dos años en 1946 en el lado chileno, y una estadía adicional a comienzos de los cincuenta en el lado argentino principalmente. Hilger realizó la entrevista a Huenun en la misión capuchina de Panguipulli durante su primera estadía. Su libro sobre la infancia mapuche en los dos lados de los Andes fue editado por el Smithsonian Institute en 1957 bajo el título Araucanian Child Life and its Cultural Background (reeditado en castellano para la parte chilena como Infancia. Vida y Cultura mapuche, Pehuén, 2015). El libro sobre Huenun Ñamku, por su parte, fue publicado como Huenun Ñamku. An Araucarian Indian of the Andes Rememberers the Past por University of Oklahoma Press recién en 1966 y ha permanecido hasta hoy solo en su versión original en inglés.Las etnografías de Hilger fueron apenas conocidas en el ambiente académico de la época, aunque extractos de aquellas investigaciones fueron publicadas en aquel entonces en Chile 2 y Alfred Metraux —el conocido antropólogo de las religiones sudamericanas—cita a Hilger en su estudio de aquellos años sobre el chamanismo araucano.3 El rastro de Hilger se pierde desde entonces hasta las recientes traducciones de sus obras al castellano.

Huenun Ñanku es una entrevista de tres semanas que Hilger hizo acompañada de su sobrina Margaret Mondloch (1920-2012) que tomaba notas a mano, y con la asistencia de la religiosa capuchina Francisca Fraundorfner que traducía las palabras y referencias intercaladas en mapudungun que Huenun hacía en el marco de una entrevista que se realizó en castellano. Se hizo probablemente en el verano de 1946 puesto que “varias hermanas —religiosas capuchinas alemanas— aún no sabían nada de sus familias en Europa, a pesar de que la Segunda Guerra Mundial había terminado meses atrás”. Hilger no tuvo un propósito misional sino solamente etnográfico. Había hecho estudios sobre infancia mapuche en la costa “donde solo se podía entrar a caballo” y se dirigía hacia Coñaripe, siempre en la búsqueda de comunidades aisladas y de los mejores informantes de costumbres antiguas. Se detuvo en la misión capuchina de Panguipulli donde le hablaron de Huenun, a la sazón de unos ochenta años, a quien encontró como ella misma dice: “altamente inteligente, de integridad incuestionable, diligente, orgulloso, independiente, cortés, simpático y afectuoso”. Sobre Huenun no tenemos otras indicaciones que las que se ofrecen de sí mismo en el libro. Era alguien conocido y apreciado en la misión de Panguipulli en cuyo colegio había educado a sus hijas después de obtener su educación cristiana de parte del padre Sigisfredo (Sigisfredo de Frauenhäusl, 1868-1954, cabeza de la misión capuchina de Panguipulli durante toda la primera mitad del siglo) a quien recuerda con especial afecto. Muchos de sus hijos habían muerto prematuramente o habían partido, pero conservaba a su esposa María y su hija Teresa a quienes Inez intentó en vano entrevistar de manera independiente (interesada como estaba en los métodos de crianza y en la vida doméstica). Pero en esto Huenun era intransigente y seguía la regla tradicional: estando un hombre presente, la mujer no debía hablar. No detentaba ninguna autoridad en su comunidad. Huenun reconoce que los jóvenes eran reticentes a que hablara de costumbres antiguas que los pondrían en ridículo, pero Huenun quiere contar la verdad sobre los antiguos mapuche y mostrar sobre todo la inteligencia con que se hacían las cosas. El cambio tecnológico de la agricultura (el trigo se corta ahora con segadora, no con hoz y caballos), que en buena medida introducían los propios misioneros alemanes, pero también los terratenientes donde se empleaban crecientemente los jóvenes colocaban a los mapuche antiguos como Huenun en una posición muy desmedrada. El detalle y la exactitud con que Huenun describe la forma como se construye una casa, o como se caza y se pesca con métodos antiguos, e incluso cómo se cocinan determinados alimentos es testimonio de este esfuerzo por realzar la inteligencia y la habilidad con que se hacían los trabajos antes que se conociera en el campo la tracción mecánica y la electricidad. Con respecto a las creencias, desea contar la verdad, sobre todo desmentir las noticias sobre conductas infamantes que se esparcían en los campos. Huenum, por ejemplo, se indigna frente a los reproches de incesto y explica claramente la regla que permite el matrimonio entre primos cruzados, pero que lo prohíbe entre primos paralelos, como sucede por doquier en las sociedades segmentarias.

Huenun es un libro que apenas va a la zaga del que publicara el padre capuchino Ernesto Wilhelm de Moesbach con el testimonio del lonko Pascual Coña recogido en la zona del Budi unos veinte años antes, al finalizar la década del treinta.4 Algunas observaciones de Huenun respecto de costumbres antiguas, pueden tener un gran valor antropológico y deben dejarse al mejor saber de los especialistas, aunque se pueden dar algunos ejemplos. La descripción de cómo se construye una ruca de paja ratonera a la usanza antigua incluye una observación sobre la presencia de dos kafu que se encargan cada uno de una mitad de la casa y que luego rivalizan entre sí, lo que muestra algo nuevo sobre la dinámica de la cooperación social entre los mapuche. Huenun todavía es capaz de distinguir entre Ngünechen y Nünemapun (y recuerda que sus tíos y abuelos le recomendaban rezarle a este más que al otro), y agrega la posibilidad de pensar a Chau como mujer, como wenümapu ñuke, que Huenun traduce como “nuestra madre” (aunque literalmente debe decir “señora del cosmos”) a pesar de que sabe que se trata de la esposa de Chau. Esta representación contiene restos del principio cuatripartito de la deidad mapuche que comprende a la mujer vieja (ñuke papai) junto con el hombre viejo, la mujer joven y el hombre joven, en el marco de una religión cosmológica que ha sido antropologizada por los misioneros. La versión de Huenun sobre el nguillatun conserva, sin embargo, la reminiscencia del rito cosmológico que la versión moderna de rogativa agraria ha ocultado. En el nguillatun de Huenun reaparece la forma cuatripartita del panteón mapuche puesto que las personas que ofician son dos ngenpin, jóvenes ayudantes del lonko, dos mujeres mayores, muy respetadas, a quienes llaman pillañ kuche, y dos niñas jóvenes. En el nguillatun se narran o cantan los mitos de origen, y se enseña a los niños sobre los orígenes del pueblo; también se sacrifican gallinas amarillas e incluso animales mayores, aunque Huenun reconoce algo avergonzado que solo al otro lado de la cordillera se imitan animales en el baile. También admite que el konchotun (descrito ampliamente por Coña también) o el ritual de las paces entre familias que se verifica al final de la fiesta grande, tiende a desaparecer, para convertir al nguillatun en un rito meramente agrícola que se realiza en la víspera de la cosecha para tener abundancia, cuando seguramente fue el rito cosmológico fundamental destinado a expulsar la violencia interior del grupo y realzar su unidad originaria. La cosmología religiosa y el rito sacrificial han sido enteramente desestabilizados por la referencia a un Dios creador único (Chau Ngünechen) que ofrece tiempos propicios, pero Huenun alcanza a recordar más todavía que lo aparecido en Coña y en relatos semejantes.

Huenun habla sobre el arte de curar con hierbas y describe la técnica del machitun como han hecho otros antes. Distingue claramente al machi que sana y al kalku que enferma y rechaza completamente la brujería, otro de los malentendidos que pretende disipar, pero manifiesta creer en los anchimallen que hacen daño e indica claramente que el origen de la enfermedad deben ser tales espíritus o seres parecidos. En el machitun ha desaparecido por completo la referencia al mito originario por medio del cual se explica la perturbación del enfermo y la machi pronuncia oraciones y sentencias ininteligibles para los oyentes y como en Coña, sana por invocación al padre Chau. Huenun admite que la machi no extrae nada que provenga del cuerpo y que aquello que muestra como origen de la enfermedad (una pluma, una piedrecilla, quizás un sapo o una pequeña lagartija) puede que no sea más que algo que trae consigo, pero no le da ninguna importancia al engaño, tal como indica Levi-Strauss en su célebre artículo sobre la cura chamánica. Alguna vez dice que fue invitado a un machitun para gritar, para ahuyentar a los espíritus que en su relato sale arrancando bajo la forma de un gallo negro, e indica que él mismo fue curado de joven por una machi en cuyo poder cree firmemente. Huenun conserva intacta su creencia en el arte chamánico que en otras partes los misioneros reemplazaron por las devociones de santuarios prácticamente inexistentes en territorio mapuche.

Huenun es un testimonio fascinante de un mundo que ha permanecido en pie contra todo pronóstico. En este testimonio aparece intacto el koyagtun, la fina cortesía del saludo mapuche, el orgullo implacable de un anciano que conduce permanentemente el relato y se niega a contestar lo que le parece poco importante y la confianza en los recursos de su propia cultura. El relato muestra un mundo que está cambiando aceleradamente y que en cierto sentido se desmorona. Huenun es capaz de identificar las semillas antiguas que han desaparecido, cómo se conseguía miel de avispas antes que llegaran las abejas y cómo se hacían tazas y cucharas del cuerno del buey. En el ocaso de su vida tiene premoniciones acerca de insectos que arruinan los sembrados y tiempos de climas adversos y de escasez. Debemos hacer un nguillatun dice, porque “a pesar de que ahora soy cristiano, aún tengo mucha fe en nuestra propia religión”.

Eduardo Valenzuela

Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR)Pontificia Universidad Católica de Chile

PrólogoPor Margaret Mead

El etnólogo ve a través de los ojos de otros y escucha de sus oídos. Para la recreación de un mundo, el etnólogo debe depender de aquellos que anhelan y puedan hablar vivamente y con precisión, especialmente cuando la vida de un pueblo está cambiando y las viejas costumbres están desapareciendo. Cada etnografía acabada es construida sobre esas conversaciones, como lo son las consignadas aquí. Pero, solo rara vez, al lector se le da más que una mirada rápida del proceso. Generalmente, el registro del intercambio cercano, personal y algunas veces frágil entre el etnólogo y el informante permanece oculto en viejos cuadernos de anotaciones, y solo el etnólogo mantiene esa memoria vívida del estilo personal del informante. Sin embargo, aquí, detrás de descripciones impersonales sobre cómo los peces son capturados o los enfermos son curados, subyace todo eso.

La hermana Inez se preocupó tanto por presentar la declaración de Huenun Ñamku tal como él la dio, dividida como él la quiso dividir entre los momentos elegidos por él para presentarse, que nos deja también un informe sobre cómo ella misma trabaja —ponderando poco a poco las ideas de su informante, reservando su orgullo, hermanando su ritmo al de él, reprimiendo su curiosidad científica y excediendo su tiempo. Cuando el orgulloso Huenun se enoja al ser cuestionado por segunda vez acerca de algo, ella puede asegurarle a Margaret Mondloch, su sobrina asistente, que ellas serán capaces de hablar con otras personas más adelante. El ritmo de Huenun es un reflejo tan valioso de su cultura como lo son los detalles que él da sobre la vida mapuche.

Sabiamente, como solo el etnólogo más experimentado puede, la hermana Inez también bosqueja el ambiente en el cual, día a día, ella trabajó con Huenun. Las montañas altas, la sala de clases, la presencia de Francisca Fraundorfner, su intérprete que conocía bien a Huenun y había enseñado a sus hijos, y el caballo de Huenun relinchando afuera —todo esto es parte de una estructura de vida que lentamente se expande hasta que, en el último de sus encuentros, tras cruzar los campos, pasando por sobre y debajo de cercos, llegan al hogar y la familia de Huenun—.

Este es un registro invaluable, uno que permanecerá cuando desaparezca el último indio que conoció las maneras antiguas, y los hijos de nuestros hijos se pregunten cómo los etnólogos del siglo XX alguna vez descubrieron tanto.

Museo Americano de Historia NaturalCiudad de Nueva York10 de marzo, 1966

Agradecimientos

Agradezco a E. Adamson Hoebel, Margaret Mead, Rhoda Metraux W. F. y Ruth Albright por leer el manuscrito de este libro, por sugerencias útiles y por incentivarme a publicarlo.

Estoy también en deuda con mi asistente de campo, Margaret Mondloch, con nuestra intérprete, Francisca Fraundorfner, y las hermanas de la Estación de Misiones en Panguipulli por su afectuosa hospitalidad.

A Huenun Ñamku, el informante cuyas conversaciones he registrado en este trabajo, le debo más que a todos.

Debo agradecimientos especiales a la Fundación Wenner-Gren para Investigación Antropológica por una donación orientada a la publicación de este libro.

Por ayuda financiera para realizar el estudio sobre los mapuche debo agradecer a la Fundación Wenner-Gren, la Sociedad Filosófica Americana (Fondos Penrose, Donaciones n. 805 y n. 1341), y a mi hermano, el difunto W.P. Hilger. Estoy especialmente agradecida de I.A. O’Shaughnessy de St. Paul, Minnesota, por una donación que ayudó a la publicación del estudio sobremapuche Araucanian child life and its cultural background en Smithsonian Miscellaneous Collections, vol. 133.

M. Inez HilgerSt. Joseph, Minessota5 de marzo, 1966

Introducción

Este libro no es una biografía. No es un estudio en metodología etnográfica, aunque investigadores principiantes en etnografía pudiesen encontrar orientaciones útiles en él.

Es un registro de costumbres mapuche como fueran relatadas por Huenun Ñamku, un viejo hombre mapuche en Chile. Conocimos a Huenun mientras estábamos haciendo un estudio etnográfico sobre la vida infantil de su pueblo. Él vivía en uno de los valles bajos de los Andes cerca de Panguipulli, una aldea predominantemente chilena en el lago Panguipulli.

Durante nuestro estudio etnográfico, de los cincuenta y tres entrevistados en sus hogares principalmente, Huenun Ñamku fue un informante voluntario. Él, como muchos otros, era una persona interesada: quería un estudio verídico de su pueblo. Encontramos que él era un hombre que ejemplificaba los ideales de los mapuche; altamente inteligente, de integridad incuestionable, diligente, orgulloso, independiente, cortés, simpático y afectuoso.

Mi asistente de campo, Margaret Mondloch, y yo veníamos de la zona costera chilena donde habíamos ocupado nuestro tiempo asignado entrevistando y observando. Ahora estábamos camino a Coñaripe, un valle en lo alto de los Andes, donde se nos había dicho que vivía uno de los grupos de mapuche menos aculturados. El camino a Coñaripe fue un viaje de ida y vuelta por los lagos Calafquén y Panguipulli, en uno de los barcos de transporte de madera que baja a Panguipulli desde campamentos madereros de los Andes. La navegación de regreso de estos barcos era de lo más impredecible. Esperamos en Panguipulli por tres semanas antes de que tuviésemos la oportunidad de viajar en uno de ellos.

Fue durante estas tres semanas que Huenun Ñamku nos visitó en la Escuela Misional en Panguipulli para contarnos de las costumbres de su pueblo. Una de las profesoras de la Escuela Misional, Francisca Fraundorfner (nacida en Alemania), no fue solo nuestra anfitriona durante nuestra estadía, sino también nuestra intérprete. Huenun hablaba castellano mezclado con mapuche, un idioma comprendido muy bien por Francisca. Ella había enseñado a niños mapuche por muchos años, entre ellos a los hijos de Huenun.

Como un estudio etnográfico, este informe es algo inusual porque Huenun fue un informante voluntario. Comúnmente, la información etnográfica se obtiene por medio de entrevistas, participación personal y observaciones que se hacen mientras se está viviendo con un pueblo. La conversación con Huenun consignada en este libro no se encuentra en el informe más largo y completo sobre nuestro trabajo de campo.5

Nuestro método de investigación etnográfico es descrito en la introducción de mi Guía de campo para el estudio etnológico de la vida infantil.6 También se encuentra una descripción detallada de este en mi ensayo titulado “Un método de campo etnográfico” en Método y Perspectiva en Antropología.7

Los mapuche son descendientes de un pueblo aborigen no conquistado. Ellos se opusieron a cada invasión de los incas (probablemente 1448-82) y resistieron exitosamente por siglos los intentos de conquista de los españoles y más tarde de los chilenos (1536-1883).

Hoy, los mapuche en Chile viven principalmente en la zona costera y en los valles más elevados de los Andes, en las provincias de Cautín y Valdivia. La región se extiende entre los treinta y seis y cuarenta y dos grados latitud sur —el mayor número de familias vive entre los treinta y nueve y cuarenta grados. Este territorio se extiende desde Temuco al norte hasta Osorno por el sur; desde el océano Pacífico al oeste hasta la cuenca hidrográfica de los Andes por el este. Es una porción del hábitat precolombino de sus ancestros.

El área ocupada por los mapuche en Argentina hoy no está bien definida. Los mapuche argentinos fueron perseguidos de una localidad a otra por los militares, como lo fueron los indios norteamericanos, y fueron finalmente subyugados por acción del gobierno. Hoy son un pueblo conquistado y dominado. Han perdido valores característicos de los mapuche chilenos y son mucho más aculturados que ellos.

En los primeros años, había bastante comunicación entre los mapuchede ambos lados de la cordillera. Hoy en día se pueden recorrer las huellas utilizadas en ese entonces. Hoy esos senderos sirven también como caminos de herradura; uno de ellos tenía casi un metro de profundidad. Caminos más anchos han servido, por años, para el paso del ganado y aún cumplen esa función. En verano, estos también son usados para el transporte de buses y automóviles. Tres de estos caminos son el Paso Tromen entre Pucón, Chile, y Junín de los Andes, en Argentina. Otro entre El Arco, Chile, y Zapata, Argentina, y un tercero es El Paso de Vuriloche entre el sur de Chile y Bariloche, Argentina. Estos pasos están a menos de 1.500 8 metros sobre el nivel del mar; la cordillera de los Andes en esta región alcanza una altura por sobre los 6.700 metros.

El territorio mapuche es verde; su clima es temperado por la corriente de Humboldt. La belleza de sus montañas, lagos y cordillera de los Andes, con volcanes tanto activos como dormidos, deja corta cualquier descripción. La altura del volcán Villarrica alcanza los 2.840 metros; Choshuenco y Quetropillán 2.360 metros cada uno; Lanín justo más allá de la vertiente, en el lado argentino, 3.740 metros. El invierno (entre marzo y octubre) es una estación lluviosa. Valdivia, una ciudad costera en el área, registra una cantidad de lluvia caída de 100 a 107 milímetros de agua.

Con toda probabilidad, los primeros contactos de los mapuche con los europeos ocurrieron alrededor de mediados del siglo XVI. Fue en esos tiempos que las fuerzas españolas, guiadas por Diego de Almagro, entraron al territorio chileno. Las fuerzas de Almagro fueron seguidas por otras bajo el mando de Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile. Valdivia estableció fuertes y ciudades dentro del territorio mapuche. Los mapuche se volvieron aprensivos y en breve hostiles. No era un pueblo conocido por su agresividad, pero se convirtieron en guerreros feroces. A sus mazos y puntas de mazos, arpones y lanzas hechas crudamente, les añadieron el caballo y la caballería organizada. Las lanzas eran simplemente cepos de bambú nativo cubiertos con flechas, pero eran armas efectivas. Alonso de Ercilla y Zúñiga, en su poema histórico La Araucana (1569), elogia la valentía del poderoso jefe de guerra mapuche, Caupolicán, y el heroísmo del joven Lautaro. Los españoles tenían una gran admiración por los guerreros mapuche. En 1553, las fuerzas de Valdivia fueron aniquiladas y él mismo fue asesinado.

Durante los siglos siguientes estallaron esporádicamente peleas feroces. A veces se alcanzaban acuerdos, pero siempre después de estos los mapuche eran tratados como una nación conquistada. En desagravio, ellos quemaron ciudades establecidas en su territorio por los españoles y más adelante por chilenos, e hicieron ataques sorpresa en instalaciones dispersas. Se sucedieron las represalias. Finalmente, en 1883, convencidos de que lo más sabio era hacer un tratado con el gobierno chileno, los mapuche voluntariamente llegaron a un acuerdo. En este ellos nuevamente demuestran ser un pueblo aborigen único. Hombres viejos nos hablaron de esos días en 1946. Cito a uno de ellos:

En 1860, cuando Joaquín Pérez era Presidente de Chile, los mapuches aún estaban peleando con los Chilenos. Este tipo de pelea fue llamado malón —malón es una palabra castellana [un ataque sorpresivo al estilo de los indios americanos]. Los mapuches le hicieron mucho daño a los chilenos: ellos les robaron animales, incluso bueyes; capturaron niñas y mujeres que ellos especialmente admiraban, y luego las forzaban a casarse con ellos; robaron tierras; destrozaron pueblos pequeños —entre ellos le prendieron fuego al pueblo de Imperial dos veces y destrozaron Cañete completamente además de otros pueblos similares. Para poner fin a estos malones, el Presidente Pérez mandó al Coronel Bochef 9 a nuestro territorio. Cuando Andrés Lienlaf, el jefe de los lonkos10 en nuestra área, supo de esto se marchó a Valdivia [cuarteles militares chilenos] para hablar con el Coronel. Se llevó a José Martín como intérprete […] El Coronel los trató como traidores. José Martín defendió a Andrés y dijo que habían venido a negociar la paz y no la guerra. El Coronel, por su parte, había recibido órdenes de exterminar a todos los mapuches desde Valdivia al norte hasta la provincia de Arauco. Para convencer al Coronel de sus buenas intenciones, Andrés se arrodilló e hizo un juramento de que él les diría a todos los mapuches bajo su mando que debían poner fin a estos malones. El Coronel, entonces, les dio tres meses de gracia. Andrés debía regresar y decirle a los mapuches que pusieran fin a sus ataques. Andrés regresó. Habló con los lonkos. Algunos no estuvieron de acuerdo con él, dijeron que se había vuelto un traidor a su pueblo y tierra […] Más tarde, el Coronel vino acá a firmar la paz con el lonko Andrés. Desembarcó en Chan Chan con 1.500 soldados. Cuando lo vimos guiar a estos soldados a nuestra tierra, la gente huyó y se escondió; ellos pensaron que ahora sus hogares serían quemados y ellos mismos exterminados. Las mujeres se lamentaban. Pero esto terminó las guerras. Así fue como los mapuches de esta área se salvaron ellos mismos de ser aniquilados.11

Sería más preciso decir que desde 1883 ha habido infiltración y penetración de los chilenos en el territorio de la Araucanía, más que decir que los mapuche están siendo forzados a la aculturación debido a la subyugación o sumisión al gobierno chileno.

Registros escritos llaman a esta gente araucanos,12 una palabra probablemente derivada del nombre de la araucaria [Araucaria araucana o Dombeya chilensis], un árbol que crece en el área —los mapuche llaman a este árbol pewen [o pehuén]. Los araucanos se llaman a sí mismos mapuche [personas de la tierra]. Sin embargo, la historia consigna a los mapuche como solo una división de los araucanos. Otras divisiones son los pehuenche [o pewenche] de las tierras montañosas de los Andes [gente que vive donde el pewen o pehuén crece]; picunche [gente del norte], y huilliche [gente del sur]. Con respecto a los mapuche hoy en día, los términos pehuenche, picunche y huilliche son usados por ellos solo cuando se refieren a mapuche que viven en un área en particular, de lo contrario, ellos hablan de sí mismos y de todos los otros como mapuche. Pudimos comprobar esto mientras estábamos viviendo entre ellos.

También, los mapuche son únicos en el idioma que hablan. Su idioma es clasificado como una familia lingüística independiente y es llamado araucano.13, 14

Culturalmente, los mapuche de Chile son un pueblo sedentario y agricultor; ellos ya lo eran cuando los españoles los conocieron por primera vez. Hoy, en todas las regiones, ellos crían ganado y ovejas. En el caso de aquellos que viven en la zona costera, la pesca y los mariscos que recolectan del Pacífico han sido siempre su medio de subsistencia. Los lagos proveen peces para aquellos que viven en los valles andinos. Para los mapuche chilenos, la caza mediante trampas jugó un rol, pero no así la cacería. En tiempos prehispánicos, los mapuche argentinos eran cazadores, principalmente de guanacos [Lama guanicoe], aves parecidas al avestruz [Rhea americana albescens], pumas [Felis concolor] y armadillos [Chaetophractus villosus]. Hoy son principalmente pequeños criadores de ganado, caballos y ovejas, y a una menor escala, son horticultores y agricultores.

La población total de mapuche es desconocida. Dependiendo de la fuente consultada, aquellos en Chile suman de 97.000 a 150.000 personas. Estimaciones hechas por los primeros españoles varían entre 500.000 y tres veces ese número.

Los mapuche de Chile esperan que los miembros de sus familias tengan fuerza vital, autorrespeto, coraje y que acaten las leyes. Anteriormente, las familias eran polígamas, hoy en día la mayoría son monógamas. A pesar de que la asistencia a colegios estatales o privados es obligatoria en Chile, la mayoría de los padres cuidan que sus hijos asistan al colegio, pero no dudan en hacer ver su convicción de que la responsabilidad en la educación de sus hijos es de ellos. Ellos insisten en que educar a los niños en las tradiciones y costumbres de su pueblo es parte de la educación total del niño. Los padres, consecuentemente, lo hacen su deber entrenándolos en esto, así como también en su idioma nativo. La oratoria es conservada en alta estima, por lo que los niños hombres son formados en esta. Los abuelos no ejercen la función de profesores a no ser que estén criando a un niño huérfano. No hay iniciación en la tribu ni tampoco ritos de reproducción para niños o niñas.

Los mapuche tienen un ritual de sacrificios religiosos bien desarrollado. Todos asisten a su realización. Sin embargo, los mapuche cristianos, en general, son principalmente observadores. El gobierno inicial de los mapuche fue rudimentario pero efectivo. Todos los padres de familia tenían opinión en él. Los lonko tenían jurisdicción limitada, pero sus poderes estaban bien definidos y eran respetados. En tiempos de guerra, ellos elegían como jefe al lonko más agresivo; su poder mientras duraba la guerra era casi ilimitado. Ahora se están llevando a cabo cambios en la manera de gobernar. En todas partes se hacen notar las usurpaciones del gobierno chileno. Los lonko han sido marginados de la mayoría de sus derechos y responsabilidades. Sus deberes anteriores como jueces están ahora, mayoritariamente, en manos de las cortes chilenas, y policías residentes en el área rural ejecutan las leyes chilenas. Mientras vivimos con ellos en 1946-47 y 1951-52, los mapuche expresaron su preocupación acerca de estos cambios. Ellos parecían indefensos hacia la acción ejercida por el gobierno central de Chile que intenta anular las peticiones de tierras que han sido, por siglos, de ellos. Peticiones basadas en costumbres y decisiones de las tribus; pensaban que sus peticiones eran derechos asegurados para ellos al momento de la pacificación final por el gobierno chileno. “Aquí estamos, nuevamente de vuelta en los tiempos de 1883: ¡Promesas rotas! Nuestros líderes ya no tienen más los derechos que fueron garantizados por acuerdo”, dijo Huenun Ñamku. Solo hay sumisión por parte de los mapuche en asuntos donde la resistencia es inútil. Ha sido en vano la resistencia frente al pago de impuestos por la tierra, la educación obligatoria, la restricción de las actividades de las machis, y la aplicación de las leyes por parte de la policía chilena que reside en el área rural, en vez de los lonko.

Los mapuche son hospitalarios entre ellos y hacia los extranjeros. Se puede confiar en su disposición para ayudar. Tanto hombres como mujeres se preocupan por su apariencia personal. Existen amistades especiales y encuentran su expresión en los ceremoniales. Elogiar su inteligencia personal es el cumplido más refinado que se le pueda dar a un mapuche. Por el contrario, él se siente profundamente herido por expresiones de desprecio a su inteligencia. La paciencia es un logro, especialmente por parte de las mujeres. En general, las mujeres tanto jóvenes como casadas, viven vidas castas y los hombres muestran respeto por ellas. El tiempo libre lo pasan jugando una forma de hockey y otros juegos competitivos. La lucha libre y el nado también son pasatiempos.

El padre de familia demanda obediencia por parte de los niños y esposa —o esposas, en caso de poligamia. De vez en cuando, peleas entre esposo y esposa ocurren; cuando estas son prolongadas, no infrecuentemente, la esposa se libra de la situación colgándose ella misma. De acuerdo a policías que trabajan en el área mapuche, los mapuche son respetuosos de la ley. Generalmente, los arrestos resultan de robos o heridas infligidas a no-mapuche durante peleas de borrachos.

Chicha, la sidra de manzana fermentada, es hoy la bebida de intoxicación. Los mapuche admiten que su introducción ha resultado en un deterioro de su pueblo, y que beber en exceso se ha convertido en un vicio. En tiempos prehispánicos, el muday