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El libro Indagaciones, afectos e imágenes es el resultado del Diploma de Extensión Memorias, movimientos sociales y producción artístico-cultural en Chile y en el Cono Sur de la Universidad de Chile y ofrece una profunda exploración reflexiva, creativa e interdisciplinaria sobre las memorias y sus transmisiones en el presente. Con una mirada crítica, las investigadoras y docentes, junto con sus estudiantes, abordan la complejidad de las experiencias cotidianas en contextos de violencia política y contextualizan los ejercicios de memoria en torno al "estallido social" de 2019 y los 50 años del golpe de Estado en Chile. A lo largo de estos capítulos, se desafían las narrativas oficiales y se busca anclar la memoria en experiencias tangibles. Desde reflexiones sobre el exilio, secretos familiares, violencias y resistencias cotidianas, hasta la exploración de la herida colonial y los afectos en la protesta; los textos revelan una rica diversidad de enfoques y expresiones creativas. En un contexto marcado por la virtualidad y los desafíos contemporáneos, esta obra se erige como un testimonio vital, que disputa narrativas hegemónicas y reivindica la potencia transformadora de nuestras memorias frente a la opresión, la impunidad y el olvido neoliberal.
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Seitenzahl: 265
Veröffentlichungsjahr: 2024
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El libro Indagaciones, afectos e imágenes es el resultado del Diploma de Extensión “Memorias, movimientos sociales y producción artístico-cultural en Chile y en el Cono Sur” de la Universidad de Chile y ofrece una profunda exploración reflexiva, creativa e interdisciplinaria sobre las memorias y sus transmisiones en el presente. Con una mirada crítica, las investigadoras y docentes, junto con sus estudiantes, abordan la complejidad de las experiencias cotidianas en contextos de violencia política y contextualizan los ejercicios de memoria en torno al “estallido social” de 2019 y los 50 años del golpe de Estado en Chile.
A lo largo de estos capítulos, se desafían las narrativas oficiales y se busca anclar la memoria en experiencias tangibles. Desde reflexiones sobre el exilio, secretos familiares, violencias y resistencias cotidianas, hasta la exploración de la herida colonial y los afectos en la protesta; los textos revelan una rica diversidad de enfoques y expresiones creativas. En un contexto marcado por la virtualidad y los desafíos contemporáneos, esta obra se constituye como un testimonio vital, que disputa narrativas hegemónicas y reivindica la potencia transformadora de nuestras memorias frente a la opresión, la impunidad y el olvido neoliberal.
Milena Gallardo Villegas. Doctora en Literatura Chilena e Hispanoamericana por la Universidad de Chile y magíster en Estudios Culturales por la Universidad ARCIS. Es académica en la Escuela de Artes Escénicas y Audiovisuales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y coordinadora del Diploma Memorias, Movimientos Sociales y Producción artístico-cultural en el Cono Sur, en la Universidad de Chile. Su investigación se centra en el estudio de las memorias en América Latina y sus representaciones en el cine, la literatura y la performance. Actualmente, desarrolla un proyecto Fondecyt de postdoctorado dedicado al estudio del documental feminista en el Cono Sur de América Latina. Es integrante del Colectivo Cueca Sola.
Tania Medalla Contreras. Docente, activista e investigadora. Doctora en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte, magíster en Estudios Latinoamericanos y licenciada en Lengua y Literatura Hispánica por la Universidad de Chile. Es docente en el Diploma Memorias, Movimientos Sociales y Producción Artístico-Cultural en el Cono Sur de América Latina de la Universidad de Chile. Es integrante de la Red Internacional Políticas y Estéticas de la Memoria y del Núcleo de Investigación en Memorias, Movimientos Sociales y Producción artístico-cultural de la Universidad de Chile. Sus principales líneas de investigación abordan las relaciones entre pasado reciente y prácticas de la imagen y del cuerpo en América Latina. Es integrante de la organización activista Colectivo Cueca Sola.
MILENA GALLARDO VILLEGAS TANIA MEDALLA CONTRERAS editoras
INDAGACIONES, AFECTOS E IMÁGENES
PRÁCTICAS Y PROCESOS CREATIVOS EN TORNO A LA TRANSMISIÓNTRANSGENERACIONAL DE LAS MEMORIAS
CHILE2017-2020
El Diploma de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, “Memorias, movimientos sociales y producción artístico-cultural en Chile y el Cono Sur”, tiene una orientación interdisciplinaria, en la que confluyen estudios sobre memoria, género y feminismos, estudios decoloniales y perspectivas indígenas, teoría de los movimientos sociales, estudios culturales y reflexiones estéticas. Impulsadas por estos debates, las investigadoras y docentes que conformamos este espacio, en conjunto con nuestros/as estudiantes, nos proponemos, año a año, analizar un amplio corpus de producciones artístico-culturales realizadas en Chile, Argentina y Uruguay, atendiendo a los modos y lenguajes en que las memorias de la violencia política y de las luchas democráticas y emancipatorias de nuestros territorios se elaboran estéticamente a través de diversos recursos técnicos, materiales y estilísticos. Así, el programa despliega un nutrido aparato teórico-crítico para pensar los discursos políticos contemporáneos, con énfasis en la construcción de identidades, subjetividades y modos de enunciación.
Esta propuesta analítica ha estado acompañada de una constante preocupación por el conocimiento situado, las adecuaciones e interrogaciones críticas de los conceptos foráneos, las búsquedas metodológicas y la aplicación práctica de los saberes, a través de talleres de creación y reflexión. En este marco, los textos que este libro presenta forman parte de estas indagaciones personales y colectivas, académicas y activistas; reflexiones realizadas por las distintas generaciones que han cursado el Diploma, en torno a las imágenes, los afectos, las transmisiones de la memoria, los procesos creativos y las prácticas artísticas. Quienes aquí comparten sus trabajos se sitúan desde el territorio chileno, por lo que la mayoría de sus apuestas ponen en foco las problemáticas de ese país. Asimismo, se trata de jóvenes creadores/as e investigadores/as que, en la mayoría de los casos, desarrollan sus obras en torno a estos temas, experimentando con diferentes formatos, lenguajes y estrategias discursivas.
Los ejercicios creativos que aquí se proponen tienen como disparador la didáctica presentada en el taller sobre “álbum familiar y transmisión de memorias transgeneracionales”, que funciona como una estrategia metodológica central en el transcurso del proceso formativo. Esta estrategia permitió a los/as estudiantes explorar distintos materiales y relatos biográficos, a raíz de los cuales diseñaron diversas apuestas creativas.
La estrategia del álbum familiar, utilizada en el taller mencionado, se nutre de los planteamientos de Leonor Arfuch (1996) en torno al tema, principalmente en lo que se refiere al valor de lo biográfico en el espacio público, que permite la configuración de una enunciación colectiva, de carácter generacional y que, a la vez, posibilita la comprensión de lo colectivo. Por otra parte, y tal como plantea la autora, el álbum permite poner en lenguaje los vacíos, las fisuras y fracturas de la historia, oponiéndose a la idea de “una historia”. De esta manera, el álbum se configura, considerando las potencias de la materialidad fotográfica, como “cronotopo bajtiniano, lugar espacio-temporal y afectivo de puesta en sentido de la historia” (Arfuch, 1996: 10).
En esa misma dirección, este ejercicio recoge los planteamientos de María Rosón (2020), quien señala que los álbumes son vehículos privilegiados en el ejercicio de memoria y que cobran especial relevancia cuando no existen marcos colectivos de enunciación ni de elaboración de las experiencias traumáticas en los contextos posdictatoriales. De esta manera, “[l]as fotografías, como otro tipo de objetos y también los gestos, forman parte de una «memoria encarnada» que toma forma en las «relaciones intersubjetivas»” (Rosón, 2020: 63).
* * *
El libro ha sido organizado en función de criterios temáticos y formales, atendiendo a la diversidad de los tópicos, materiales y lenguajes que los textos abordan.
La primera sección se titula “Otras imágenes del destierro: ecos del exilio en las memorias infantiles” e incluye tres relatos íntimos de Constanza Llorca, Paula Acuña y Francisca Rojas, en torno a la sobrevida y las secuelas que dejaron en las generaciones posteriores los desplazamientos forzados, producidos por diversas razones, durante las décadas de 1970 y 1980 en Chile. Desde el trabajo con las imágenes fotográficas y el montaje, las autoras aportan nuevos acercamientos a una problemática en desarrollo, dando lugar a la nominación de experiencias que han sido escasamente reconocidas como exilios políticos y señalando su inscripción generacional en estas historias.
La segunda sección se titula “Potencia político-afectiva de la duda: violencias, secretos y transmisiones” e incluye los ejercicios creativo-reflexivos de Amaro Montenegro, Daniel Miranda, Eugenio Miquel, Diego Lagos y Ariana Cuevas. Desde el lenguaje de la fotografía, el audiovisual, el testimonio, la instalación performática y la pintura, estos trabajos presentan distintas elaboraciones y representaciones artísticas que trabajan en relación con los secretos familiares y las criptas sociales, derivadas de múltiples experiencias de violencia político-estatal y político-sexual.
La tercera sección se titula “La herida puertas adentro: violencia política, familia y vida cotidiana” e incluye los relatos autobiográficos de Paula Azócar, Paz Ahumada y Giorgio Scappaticcio, quienes, a partir de la intervención de fotografías familiares, reflexionan en torno a los efectos de la violencia al interior de las familias que vivieron la dictadura y la posdictadura desde sectores sociales no protagónicos en términos de su visibilidad pública. Así, buscan poner lenguaje a los nudos traumáticos que se desprenden de estas experiencias de violencia extrema y a las resistencias cotidianas que sostuvieron –y aún sostienen– el ánimo de lucha en un país azotado por el miedo y la impunidad.
La cuarta sección se titula “Revueltas de la memoria: elaboraciones de la experiencia dictatorial” y consta de dos textos ficcionales de Gabriel Arellano. El primero de ellos es un relato escrito en clave autoficcional que se pregunta por la persistencia de la violencia al interior de las relaciones cotidianas y familiares en el contexto de la posdictadura. Y el segundo es una elaboración ficcional –primer esbozo de lo que será un texto dramático– construida sobre la base de elementos documentales, vinculados con tres casos emblemáticos de la resistencia en dictadura y en posdictadura. Los tres casos, que tienen lugar en 1980, 1984 y 1993, respectivamente, son ligados por el autor a través de una suma de datos coincidentes que dan cuenta de la continuidad de las lógicas represivas y de la profunda trama de resistencias que se mantiene a través de los años.
La quinta sección se titula “Cuerpo, archivo y materialidad de la herida” e incluye los trabajos de Fran Urtubia Arancibia y Katherina Oñate. El primero de ellos aborda, desde una perspectiva psicoanalítica, la relación entre trauma, dolor psíquico y danza, a través de la revisión de la somática en el ámbito de la práctica dancística, teniendo como punto de anclaje la instalación performática, realizada por el autor, en el Museo de Arte Contemporáneo de Chile, Tensiones documentales (2018). Por su parte, el trabajo de Katherina Oñate Potthoff aborda, desde el ejercicio autobiográfico, el análisis de su obra visual Rincón (2013), explorando la materialidad de la huella como clave del ejercicio mnemónico, desplegando, así, una reflexión sobre los espacios cotidianos que habitamos.
La sexta sección se titula “Una historia siempre empieza antes de ser contada: violencia político-sexual y transmisión transgeneracional” y compila los trabajos de Constanza Araya y Rocío Yubano. El primero de ellos propone, performáticamente, la reconstrucción de la vida y trayectoria geográfica de Mónica Benaroyo, detenida y desaparecida en Chile en 1973, a través de un “mapa-artefacto virtual”, que incluye los fragmentos y huellas de su existencia, utilizando la estrategia de la ficción como mecanismo de reconstrucción de su historia. Por su parte, el texto de Rocío Yubano aborda, a partir del análisis del documental El cajón (2012) de Verónica Quense, la transmisión de las memorias de la violencia de género, desde la articulación de espacios biográficos y sociales, a través de un marco de lectura que recoge, principalmente, aportes de la teoría feminista contemporánea.
La séptima sección se titula “La herida colonial: violencia política, territorio e historia familiar mapuche” y reúne los trabajos autobiográficos de Ricardo Curaqueo Curiche y Catalina Pérez Marrián. Ambos trabajos exploran, a través de la reflexión en torno a sus creaciones, las particularidades de la transmisión de las memorias en el pueblo mapuche. Ricardo Curaqueo propone un ejercicio crítico que se despliega desde el rescate de la figura de su abuela Juana Ñancupil Lizama –su experiencia de tránsitos y desplazamientos entre la Araucanía y la ciudad de Santiago– y lo pone en diálogo con la obra de danza contemporánea de su autoría Malen (2017). Desde ahí, interroga las problemáticas de las identidades en relación con la diáspora mapuche. Este mismo lugar reflexivo es el que comparte el trabajo de Catalina Pérez Marrián, quien articula su perspectiva a partir de un ejercicio creativo-ensayístico, en el que utiliza recursos como el fotomontaje y el bordado, para invitarnos a pensar sobre las especificidades de “la herida colonial” y las materialidades para su representación.
Finalmente, la última sección se titula “Estallidos: afectos en la revuelta social chilena de octubre de 2019” e incluye los trabajos de Joaquín Pérez, Gabriel Mora, Natalia Morales, Ricardo Curaqueo y Beatriz Cabanillas. El primero de ellos se trata de un poemario a través del cual el autor, Joaquín Pérez, pone en obra la experiencia contingente de la revuelta chilena. Por su parte, Gabriel Mora observa, desde la clave autobiográfica y desde una mirada generacional, algunos hitos relativos a la reconstrucción del tejido social chileno durante los últimos años, a través de la estrategia del collage. El trabajo de Natalia Morales, en tanto, aborda, también desde una perspectiva autobiográfica, su experiencia activa en la realización de la performance de Las Tesis, Un violador en tu camino (2019), en la ciudad de San Fernando, poniendo en la palestra una reflexión en torno a los afectos, particularmente en torno al miedo. Por otra parte, el trabajo de Ricardo Curaqueo se interroga sobre la emergencia de un nuevo cuerpo champurria1 en el estallido social chileno, a través de la revisión de imágenes que ponen en escena, de modos diversos, al pueblo mapuche y un conjunto de prácticas decolonizadoras, subversivas del orden simbólico dominante. Por último, el trabajo de Beatriz Cabanillas aporta un análisis de la representación de la figura de Carabineros de Chile y sus prácticas represivas, en el contexto del estallido social, mediante el examen de un corpus de afiches alusivos, recopilados por la autora en las ciudades de Santiago y Concepción.
La publicación de este libro no fue sencilla, así como tampoco lo han sido los años que delimitan su contexto de producción. Nos referimos a una situación de escritura marcada por la experiencia de las “multitudes” en la Revuelta de 2019 y luego por el encierro, la ausencia de cuerpos, los duelos irresueltos y el predominio de las formas virtuales como medios de relacionarnos. A ello se suma, como triste contingencia de carácter global, la arremetida de fuerzas conservadoras, que en Chile se expresa en los resultados de nuestro proceso constituyente. Este escenario cobra especial relevancia en el contexto de las conmemoraciones por los 50 años del Golpe Militar de 1973, que han sido desplazadas de los relatos institucionales del momento y opacadas por la implementación de leyes que otorgan mayor impunidad y libertad de acción a las fuerzas armadas, así como por la extensión de un segundo año de militarización del Wallmapu, a través de la renovación constante de un Estado de Excepción Constitucional. De este modo, el ejercicio de memoria desde la oficialidad del poder, promueve el relato de una temporalidad continua y cohesiva de violencias y fracasos centenarios, que despoja a las resistencias y particularmente a la Revuelta de 2019, de su potencia disruptiva, a través de su inscripción en una narrativa de la derrota y de la pérdida.
Nos parece vital releer, entonces, este acontecimiento; fijar la mirada en él desde nuestro horizonte actual y tensionar el relato hegemónico de la memoria para disputar la clausura de los imaginarios de lo posible y atraer las fuerzas transformadoras de nuestras memorias.
No quisiéramos cerrar esta introducción sin agradecer la reflexión colectiva, la amistad y la persistencia que nutren este trabajo y que acompañan de distintos modos su proceso. En primer lugar, nuestros agradecimientos son para Alicia Salomone y Karem Pinto, investigadoras y queridas amigas del equipo del proyecto Fondecyt 1180331 “Representaciones de la memoria transgeneracional en producciones artístico-culturales de hijos y nietos en países del Cono Sur, 1990-2017”, del cual formamos parte en calidad de coinvestigadoras entre 2018 y 2021. Con ambas nos estrecha una complicidad académica y humana de largo tiempo, que ha estado en la base de estas reflexiones y que ha sostenido este espacio de trabajo. Asimismo, agradecemos a los/ as investigadores/as que conforman el cuerpo docente del Diploma, por su compromiso con los temas, la profundidad de sus abordajes críticos y las distintas apuestas metodológicas que han compartido con los/as estudiantes. Por otro lado, agradecemos a los distintos investigadores/as y creadores/as que han colaborado con nuestro programa, aportando sus conocimientos y perspectivas en variadas instancias; por la inspiración que significan para nuestro trabajo, damos las gracias muy especialmente a Antonio Catrileo y Manuel Carrión, quienes actualmente forman parte de la Comunidad Catrileo+Carrión; al equipo de Arte y Política, compuesto por Nelly Richard, Diego Parra y Mariairis Flores, quienes nos acompañaron en las jornadas inaugurales que marcaron el inicio de este proyecto; a Lorena Hurtado, Fran Urtubia Arancibia y Ricardo Curaqueo, por adentrarnos en las genealogías de los lenguajes corporales, particularmente en el mundo de la danza y la expresión situada desde los cuerpos, siempre en diálogo con la memoria. A Ana López, Anahí Troncoso y al equipo de la Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE), con quienes en 2018, desde el espacio del Diploma, nos aventuramos a construir un fructífero diálogo sobre las experiencias de la niñez en dictadura; reflexión que tuvo un gran impacto en las líneas de trabajo de nuestro programa y que se expresa con mucha fuerza en este libro. Agradecemos también el trabajo colaborativo con Graciela Acuña en el Centro de Documentación de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) y en Casa Memoria José Domingo Cañas, a través del cual muchos de estos trabajos se fortalecieron y se dotaron de rigor histórico. Finalmente, agradecemos el apoyo de Paula Acuña, Daniel Miranda y Gabriel Arellano durante las primeras etapas de ideación y materialización de este proyecto; y a todos/as los/as estudiantes que hemos tenido la suerte de conocer durante estos intensos años de trabajo en el Diploma.
ARFUCH, L. (1996), “Álbum de familia”, Punto de Vista, 56, Buenos Aires: 6-13.
ROSÓN, M. (2020), “Madres fantasma: una aproximación feminista a la memoria reciente en España”, en Nelly Richard, Felipe Rivas San Martín, Patrick Hamilton, Maite Garbayo Maeztu, María Rosón y Ana Longoni (eds.) Carta(s): tiempos incompletos, Madrid, Museo Reina Sofía, 56-67.
1. En relación con este término, señala Antonio Catrileo: “Champurria alude al mestizaje, se utilizaba dentro del mundo mapuche como palabra despectiva, no obstante, en los últimos años se ha reivindicado esta palabra para hacer frente al mestizaje crítico que pone en tensión los nacionalismos, el racismo y esencialismo tanto del Estado-nación chileno argentino, así como también dentro del mundo mapuche más conservador que no considera indígena a las personas champurria. Claudio Alvarado Lincopi (2016) señala al respecto de lo champurria «para referirse a la idea de mezclado, heterogéneo, mixto, pero la mayoría de las veces se refiere, si de personas se trata, a la mezcla sanguínea, es decir, cuando alguien proviene de una madre/padre mapuche y de una madre/padre winka. Solo durante los últimos años se ha potenciado el vocablo de champurria para pensar aquellas historias que no se inscriben en el relato oficial mapuche»”(2017: 9-10).
En su conferencia “¡Qué emoción! ¿qué emoción?” (2013), publicada en Argentina en 2016, Georges Didi-Huberman reflexiona acerca de las emociones y su poder de transformación cuando son expresadas en el espacio de la colectividad. Afirma que quien muestra su emoción ante los/as otros/as “expone su debilidad, expone su impoder, o su impotencia”, lo que, lejos de ser un motivo de menoscabo o de humillación, se transforma en un acto de honestidad por parte de quien decide no falsear el sentir que “lo atraviesa” y “se niega a simular”. En este sentido, dirá el autor, su acto se transforma en un acto de coraje (Didi-Huberman, 2016: 24-25).
Los textos reunidos en este libro tienen como premisa de arranque este gesto radicalmente político de transparencia y de voluntad frente al convulso presente que nos toca habitar. Se propone un diálogo a partir de imágenes visuales, sonoras, literarias, mentales, entre otras (Mitchell, 2016), escrituras y corporalidades “expuestas”, que ofrecen lenguaje a diversas experiencias afectivas situadas en el intenso escenario del Chile actual y su incesante reverberancia (pos)dictatorial. Estas materialidades sensibles remiten a su presente, pero a la vez nos reenvían al largo tiempo de la memoria colectiva latinoamericana, a sus experiencias de violencia política multiplicadas en profundas capas de daños y sobrevivencias que emergen a través de los procesos artísticos que dieron lugar a estas reflexiones creativas.
La mención a Didi-Huberman, así como la traducción y publicación de su trabajo en la Argentina, nos permite también poner en relación algunas de las referencias que nutren este ejercicio reflexivo, creativo y pedagógico como son los estudios sobre los afectos y las emociones en diálogo con la historia y la cultura visual; la teoría de las imágenes y la potencia política de la experiencia estética (Walter Benjamin, Giorgio Agamben, Jacques Rancière, George Didi-Huberman, John Berger, entre otros/as); y nuestro constante y estimulante diálogo con Argentina a través de múltiples lecturas e intercambios personales (Elizabeth Jelin, Leonor Arfuch, Claudia Feld, Marina Franco, Jordana Blejmar, Natalia Taccetta, Irene Depetris Chauvin, Lorena Verzero, María Lucía Puppo, entre muchas otras autoras/es). Asimismo, esta iniciativa en Chile se inspira en la experiencia argentina, que propone una política pública para trabajar la memoria del pasado reciente como una problemática social de múltiples alcances en la construcción de la ciudadanía política (Adamoli y Flachsland, 2014: 11).
Las propuestas seleccionadas en esta edición forman parte de las prácticas o exploraciones artísticas que tuvieron lugar entre 2017 y 2019 en el marco de un programa de Diplomado realizado en la Universidad de Chile, titulado “Violencia política, memoria y producción cultural en América Latina” y fueron dirigidas por el equipo de investigación del proyecto Fondecyt 1180331 “Representaciones de la memoria transgeneracional en producciones artístico-culturales de hijos y nietos en países del Cono Sur”, a cargo de Alicia Salomone. Desde esta plataforma, cada año se fueron ejecutando y actualizando una serie de herramientas, estrategias y diseños didácticos para el abordaje de las memorias transgeneracionales desde la reflexión estética, que luego fueron ampliadas en el contexto del Diploma.
Este texto preliminar da cuenta de los andamiajes conceptuales y los debates en que se inscriben las propuestas didácticas trabajadas en este libro. Ello, con el objetivo de ofrecer un marco de lectura para los ejercicios creativos, pero también como una manera de poner en común las búsquedas e indagaciones –vitales, activistas y académicas– desarrolladas por el equipo de investigación.
¿Por qué y para qué convocar al pasado? ¿Cómo hacerlo para que este ejercicio no se transforme en una revictimización o en una carga inhabilitante para quienes recuerdan? ¿Qué lenguajes nos permiten trabajar con los nudos sensibles de la historia, abrir sus contradicciones y poner en funcionamiento sus discursos críticos? ¿Cuál es el rol de la imagen y del arte en este campo? Estas son algunas de las preguntas que surgen al proponer una entrada pedagógica para el abordaje de las memorias y los afectos del pasado desde la experiencia artística y teniendo como horizonte una perspectiva crítica transformadora. Un trabajo de esta índole se inscribe en la larga trayectoria de la pedagogía crítica latinoamericana, particularmente en lo que se ha denominado “pedagogía de la memoria”, dedicada a pensar, en el marco de una visión no totalitaria, un horizonte de sentido para el tratamiento de los pasados recientes de violencia y dolor. Es decir, una pedagogía centrada en la exploración de formas y contenidos que posibiliten el encuentro intergeneracional y el debate acerca de lo político-comunitario, así como de la creación de identidades y comunidades democráticas (Rosemberg y Kovacic, 2010).
En este sentido, esta propuesta busca incluir no solo la revisión de los pasados traumáticos, sino también de los legados de lucha y resistencia que en América Latina están íntimamente relacionados con estas historias, y que se traducen en diversas narrativas y lenguajes presentes en las nuevas generaciones. Asimismo, esta entrada pedagógica tiene la particularidad de inscribirse en una discusión conceptual en torno al arte y las imágenes, al interior de la cual asumimos que los modos de representación de la experiencia reproducen, tensionan y/o subvierten los modelos hegemónicos, lo que permite instalar en el centro de esta perspectiva la pregunta por las implicancias políticas de las formas en los relatos sobre el pasado.
Para reunir el corpus de producciones creativas proponemos un concepto amplio de generación, que integre las memorias de cierto segmento social que se distingue por sus alternativas e identificaciones políticas, en el sentido de Stuart Hall (2003), antes que por su condición etaria o por sus relaciones consanguíneas. En este sentido, nos referimos a un grupo de personas que comparten una determinada perspectiva de época y cierta sensibilidad histórica o “estructura de sentimiento” (Williams, 1980), que accionan y se organizan en torno a formas de vida relativamente comunes, promoviendo lo que Karl Mannheim (1993) define como un “agitarse juntos”.
Ahora bien, para el contexto chileno las posibilidades elaborativas y críticas en torno al pasado han sido restringidas desde la política pública y han debido desarrollarse desde otro tipo de instancias de educación y socialización de carácter alternativo o informal; sin embargo, todavía resultan escasas y sin articulación global.1 Este fenómeno responde a lo que desde la psicología se ha denominado “cronificación del daño dictatorial” (Cintras, 2009), concepto que da cuenta del aparataje institucional, legal y discursivo que limita y dilata los procesos de reparación, perpetuando la impunidad y produciendo, a largo plazo, toda una compleja gama de secuelas derivadas de la institucionalización de la violencia. Desde Europa esto fue conceptualizado como “traumatización secuencial” (Keilson, 1979) y desde América Latina, dicha experiencia ha sido actualizada en la noción de “retraumatización”, que remite a la persistencia del daño en los sobrevivientes de las dictaduras y en sus entornos familiares y afectivos. Carlos Madariaga (2006) señala que se trata de procesos disruptivos2 que se desencadenan por contextos nuevos, que replican la experiencia traumática primaria, transformando el daño psicosocial y evidenciando que el trauma no es fijo, sino que se modifica y dinamiza dependiendo de la relación entre el individuo y su sociedad.
Consideramos que, en el marco de las experiencias latinoamericanas, situadas en escenarios de retraumatización constante, y bajo la dirección de gobiernos que han profundizado los modelos sociales y económicos neoliberales, el caso chileno se ha caracterizado por búsquedas reparatorias independientes de las iniciativas estatales, espacios de reflexión y de activación política que han funcionado desde la autogestión de instancias educativas informales o, como es este caso, desde los programas universitarios disponibles para este tipo de elaboraciones.
Así, entre los distintos espacios circulan talleres de escritura, de teatro, acciones performáticas, visionados de cine y audiovisuales, círculos de conversación, entre otras apuestas creativas que utilizan metodologías diversas para el trabajo con objetos, archivos e historias personales; todos los cuales hacen generalmente uso de recursos teatrales, performáticos, musicales, narrativos, audiovisuales, entre otros, para estimular las memorias y activar los diálogos intergeneracionales. Se trata, entonces, de instancias multidisciplinarias en las que se difuminan las fronteras de conocimientos, poniendo en juego lo que Boaventura de Sousa Santos denomina “conocimientos-otros”, desarrollados por fuera de los cánones del pensamiento occidental y que, en el caso de nuestros contextos, involucran largas tradiciones decoloniales, anticoloniales y antiimperialistas, lo que se complejiza cuando consideramos además los enfoques feministas y de las disidencias sexuales que tensionan los saberes establecidos. Dice Santos (2011) que la comprensión que él propone desde las epistemologías del Sur acerca del pasado como incompleto y del presente como incumplido, “se orienta a ampliar el horizonte de posibilidades y alternativas del futuro”, que involucran el incremento en simultáneo de lo que denominará el “horizonte de inteligibilidades”. Desde su planteamiento, la apertura de los saberes y, por ende, de las posibilidades imaginativas y creativas, superará los bloqueos fundamentales que limitan nuestra comprensión y nuestra liberación como “Sur antiimperial”, categoría no geográfica, sino metafórica (16-18). Nos interesan, entonces, las posibilidades creativas e imaginativas que se abren a partir de los reclamos por “nuevos procesos de producción, de valorización de conocimientos válidos, científicos y no científicos” que emanan de las “prácticas de las clases y grupos sociales que han sufrido, de manera sistemática, destrucción, opresión y discriminación causadas por el capitalismo, el colonialismo y todas las naturalizaciones de la desigualdad en las que se han desdoblado […] [y] que intentan bloquear la imaginación emancipadora y sacrificar las alternativas” (16). En este marco –y sin desconocer la potencia profundamente política del arte– quisiéramos, sin embargo, mencionar que las proposiciones que este libro recoge no apuntan a establecer rutas o alternativas de resistencia frente a los movimientos de un sistema global demasiado complejo y cruel, sino, más bien, a explorar acercamientos colectivos, afectivos y reflexivos al pasado a través de la experiencia estética.
Así, esta propuesta asume que la reflexión y la imaginación están al servicio de hacer emerger perspectivas críticas que utilizan el conflicto como un recurso que permite analizar y autoanalizarse, y aprovechando las contradicciones de los procesos pedagógicos a favor. En esta línea, el trabajo con los objetos culturales del pasado se sustenta en la comprensión de que estos servirán como puentes para el encuentro colectivo desde la diferencia; es decir, que se producirá una transmisión y una revelación significativa para el sujeto a través de la mediación artística, que marcará la distancia necesaria para la individuación que debe darse en el proceso de asimilación de las herencias y legados transgeneracionales (Hassoun, 1996). De este modo, los objetos se constituyen como marcas del y en el sujeto, huellas materiales de su experiencia, signos que concentran historias propias y ajenas. Esta comprensión de las imágenes y de los objetos de la memoria entra en relación con la definición que Gastón Bachelard propone para el análisis del lenguaje poético cuando señala que “en el resplandor de una imagen resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y extinguirse” (2000: 8).
De este modo, el extenso debate, de alcances éticos y filosóficos, en torno a la representación de la catástrofe y las imágenes de lo “indecible”, le aporta a esta reflexión pedagógica la posibilidad de profundizar en los límites cognitivos, morales y estéticos de estas figuraciones de la experiencia (Rosemberg y Kovacic, 2010: 20), y exige, tal como advierten Santos y Georges Didi-Huberman (2016), actualizar los conocimientos y los marcos de inteligibilidad para poder acceder a la comprensión genuina y compleja del dolor propio y del de los y las demás.
