Insolación - Emilia Pardo Bazán - E-Book

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Emilia Pardo Bazán

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Beschreibung

Asís, marquesa viuda y mujer de mundo, tiene su vida bajo control. Hasta que un día de San Isidro, bajo el sol abrasador de Madrid, comete la locura de aceptar una invitación del seductor Diego Pacheco. Lo que empieza como una inocente excursión se convierte en un almuerzo clandestino, vino que sube a la cabeza y una noche que cambiará todo. En pleno siglo XIX, Emilia Pardo Bazán entreteje una historia puramente afirmativa sobre una mujer que desea, que duda, que se equivoca y que debe enfrentar las consecuencias en una sociedad terriblemente moralista. Con ironía mordaz y una modernidad sorprendente, esta novela es un thriller psicológico donde la protagonista lucha contra sus propios demonios, los chismes de Madrid y un gaditano irresistible que todo lo complica.

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Seitenzahl: 245

Veröffentlichungsjahr: 2026

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Emilia Pardo Bazán

Insolación

Prólogo de Marisa Sotelo Vázquez

Índice

Prólogo

Bibliografía

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Créditos

Prólogo

Insolación en la trayectoria literaria de Emilia Pardo Bazán

Insolación se publica en la primavera de 1889, en esa fecha Emilia Pardo Bazán era ya una escritora célebre. Había publicado con éxito un buen número de novelas: Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina (1879), Un viaje de novios (1881), La Tribuna (1883), El Cisne de Vilamorta (1885), y dos de las mejores de toda su producción, Los Pazos de Ulloa (1886) y La madre natu­raleza (1887);todas novelas realistas y a partir de 1881 también en buena medida muy representativas de la adaptación a la novela española del naturalismo francés.

Además, la autora coruñesa había desarrollado una importante tarea crítica iniciada en prensa regional, El Heraldo Gallego y La Revista de Galicia, y posteriormente en diversos periódicos de ámbito nacional y en prensa europea y americana entre los que destacan sus colaboraciones sobre el naturalismo francés en el diario conservador La Época, desde noviembre de 1882 a abril de 1883, artículos polémicos, que unos meses después recogería en libro con el título de La cuestión palpitante, precedido de un elogioso prólogo de Leopoldo Alas, Clarín. Colaboró en El Imparcial, El Globo, ABC, Blanco y Negro, La Vanguardia, La Ilustración Artística entre otros. Unos años después, en la primavera de 1887, a la vuelta de su estancia en París, donde pudo observar el lento declive del naturalismo y la aparición del liderazgo literario de los escritores rusos, pronuncia tres conferencias en el Ateneo de Madrid sobre la novela rusa, reseñadas elogiosamente por Benito Pérez Galdós y recogidas posteriormente en un volumen con el título de La Revolución y la novela en Rusia. Ese mismo año inicia en El Imparcial las crónicas sobre su viaje a Italia, Mi romería (1888).

También por las mismas fechas recopila sus artículos y conferencias sobre la literatura gallega dedicados a Rosalía de Castro, Eduardo Pondal, Valentín Lamas Carvajal, Benito Losada, etc., en De mi tierra (1888);libro, que sería acertadamente considerado por José Yxart como representativo de un «regionalismo afectivo», más que ideológico y político. En abril del mismo año viaja a Barcelona con motivo de la inauguración de la Exposición Universal, se encuentra con Narcís Oller y José Yxart, a quienes había conocido dos años antes en París, y coincide en la ciudad condal con el joven mecenas José Lázaro Galdiano, con el que mantiene un breve idilio amoroso y al que animará a fundar La España Moderna, siguiendo el modelo de la Revue de Deux Mondes, la revista española más importante del último tercio del siglo xix. Toda esta ingente tarea de creación narrativa, crítica literaria y de periodismo da idea de la extraordinaria curiosidad intelectual y del amplio abanico de intereses de la autora de Insolación.

El origen de Insolación

Se ha especulado mucho hasta qué punto el affaire en Barcelona con Lázaro Galdiano, mientras ella mantenía una relación clandestina con Galdós, pudo ser fuente inspiradora de Insolación1,sin embargo, hoy es una cuestión prácticamente descartada, si nos atenemos a los datos aportados por José Manuel González Herrán2, así como por la correspondencia de la propia autora con Benito Pérez Galdós. Doña Emilia había empezado a gestar su novela en 1887, para la que ya tenía incluso título, tal como le comunica en carta al autor de Fortunata y Jacinta el 16 de junio de 1887:

Una (novela) tengo empezada, que no excederá del tamaña de un tomo de Los Pazos: creo que dentro de dos días nos iremos a la Granja3 y allí la terminaré. Me ocurrió la idea durante el viaje (ya sabe usted que en el tren se produce cierto eretismo del cerebro y acuden planes de obras) y hasta el título: Insolación. Estoy rabiando por escaparme al campo para hacerla: será cosa breve, y cuento con que en todo el mes de julio la he de despachar4.

Por tanto, parece que al menos el origen de Insolación fue anterior a conocer personalmente a José Lázaro, y que Emilia Pardo ya tenía en mente la novela, aunque no sabemos con seguridad si la escribió y terminó ese mismo verano como era su intención. Desde la fecha hasta la entrega a la imprenta transcurrirá aproximadamente un año, tal como se deduce de una carta enviada por la autora a José Lázaro Galdiano el 10 de julio de 1888, en la que le pregunta si ya había podido ver alguna galerada de Insolación, y añade: «por cuya salud debe V. interesarse a fuer de padrino»5.

Insolación, subtitulada «Historia amorosa»,se publica en la editorial Ramírez la primavera de 1889, ilustrada por el puertorriqueño afincado en Barcelona José Cuchy y dedicada «A José Lázaro Galdiano en prenda de amistad». Esta dedicatoria se prestó y contribuyó a interpretar que doña Emilia convertía en ficción narrativa su experiencia sentimental barcelonesa. Por su correspondencia con el crítico catalán José Yxart del 21 de marzo de 1889 sabemos un último dato sobre la edición, pues doña Emilia le escribe que «ha recibido el primer ejemplar encuadernado» y «otros nueve en rústica», y comenta que «ha preguntado sobre si el libro estaba a la venta y me han dicho que no»6.

Argumento, estructura y personajes

Hasta aquí la historia del proceso y fecha de edición. Entrando en el argumento y la configuración de los personajes, varias cuestiones avalan la tesis de que la novela es anterior al affaire amoroso de Pardo Bazán con Lázaro Galdiano, pues si en la personalidad de Asís Taboada, marquesa de Andrade, podemos ver rasgos que coinciden con algunas de las ideas feministas de la autora, en el caso de Diego Pacheco no hay similitud posible entre el navarro culto, «jove ilustrat i molt aficionat a les arts i les bones lletres», tal como nos lo presenta Narcís Oller en sus Memòries Literàries (1962: 108),y el andaluz ignorante, indolente, vago pero simpático y seductor que encontramos en la obra. El hecho de que la novela no esté inspirada en el affaire amoroso no le resta interés a este episodio, pues como he señalado, la marquesa protagonista encarna algunas de las ideas fundamentales del pensamiento feminista que la autora venía defendiendo tanto en otras novelas como en los ensayos y artículos desde bastantes años antes, y de ahí que en un principio se pensará que doña Emilia había vertido en la novela su propia experiencia personal, vivida en la escapada que hizo con Lázaro Galdiano a Arenys de Mar durante su estancia en Barcelona con motivo de la Exposición, y de la que dio cuenta a Galdós, por entonces amante clandestino de doña Emilia, Narcís Oller.

Insolación consta de veintiún capítulos y un Epílogo. La acción de la novela comienza in medias res, el narrador en tercera persona informa que Asís Taboada, marquesa de Andrade, padece una fuerte jaqueca a causa de la insolación y la resaca etílica, resultado de la excursión con Diego Pacheco a la pradera de San Isidro, la festividad del santo patrón de Madrid. En ese estado, Asís intenta no pensar en la situación vivida los días anteriores, evoca su vida ejemplar de viuda hasta el presente, pero empieza a ser consciente de que, más allá del sol abrasador y de la mezcla de bebidas alcohólicas, ha tenido «un resbalón» (7).

En el siguiente capítulo tenemos ya el relato mental retrospectivo de Asís, que se extiende hasta el capítulo 18, en el que, mediante el estilo indirecto libre, que Emilia Pardo Bazán definía como «ver pensar a los héroes» y venía practicando desde La Tribuna, y tambiénmediante el fluir de la conciencia de la protagonista, se combina la evocación del deseo amoroso y el sentimiento de culpa. Los capítulos 19 y 20 pueden considerarse de transición. En el 21, el sueño de la protagonista, vencida del cansancio por los preparativos de su próximo viaje de vacaciones, suministra información sobre su psicología y las contradicciones de su conducta entre la realidad y el deseo. Y, finalmente, en el epílogo se desvelan las claves de la novela y la intención de la autora, que no era otra que, con las debidas cautelas —la idea repentina de la boda—, criticar la desigualdad con que se juzgaba en el terreno sentimental y sexual la conducta de la mujer y del hombre en la época:

¿A cuál de los dos amantes, o mejor dicho, aunque la distinción parezca especiosa, de los dos enamorados, se le ocurrió primero la idea? ¿Fue a él, como único paliativo heroico, pero infalible, de su extraña guilladura? ¿Fue a ella, como medio de conciliar el honor con la pasión, el instinto con la rectitud y el respeto al deber que siempre guardara, con la flaqueza de su voluntad, ya rendida? ¿Fue que esa idea, profundamente lógica (y en el caso presente tal vez expiatoria), se presenta a la vuelta del amor tan fatalmente como sigue a la aurora el mediodía, al crepúsculo la noche y a la vida la muerte? (cap. 21)

El argumento gira en torno a las vivencias de la protagonista, Asís Taboada, viuda joven y rica del anciano marqués de Andrade. Como en Un viaje de novios, aparece aquí de nuevo el tópico del viejo y la niña, y de nuevo también la posición muy crítica de Pardo Bazán ante el matrimonio pactado, que condenaba a la mujer a la sumisión al marido, a la frustración y a las convenciones sociales de la época, aunque señale que después de enviudar «Asís quedó libre, rica, moza, bien mirada y con el alma serena». Sabemos que esta joven viuda es gallega y tiene una hija que educa en un colegio francés y veranea en Vigo, lugar al que está a punto de desplazarse cuando comienza el relato. La novela desarrolla con detalle los remordimientos de conciencia de la joven viuda, que cuando se dirigía a oír misa a las Pascualas el día de san Isidro, patrón de Madrid, se encuentra casualmente con el gaditano Diego Pacheco, al que había conocido la víspera en la tertulia de la duquesa de Sahagún. Y a pesar de solo haberse visto una vez y haberse tratado muy poco deciden pasar el día juntos en la feria de san Isidro y almorzar en la pradera. Hace un calor abrasador y, además de la comida en un merendero, comparten bebidas alcohólicas que provocan en Asís un fuerte mareo. Para recobrarse necesita varias horas descansando que pasa junto a Pacheco en una habitación contigua al merendero. Al ser consciente de lo vivido, los remordimientos de Asís, el «resbalón» tiene su justificación no solo en haber regresado ya de noche a casa, tal como advierte con perspicacia su criada, sino en haber compartido miradas y gestos de cariño con el joven gaditano que, por referencias de la marquesa de Sahagún, era un calavera y un vago. La voz de la conciencia le dice a Asís que no busque excusas en el sol porque ha sido un desliz en toda regla, a la vez que imagina la reprimenda del padre Urdax, su jesuita confesor.

Además, las circunstancias de este primer encuentro le permiten al narrador comprobar la validez de las tesis naturalistas a propósito del determinismo del medio y del clima defendidas por el comandante Pardo —al que el lector ya conoce como personaje fundamental de La madre naturaleza—, que había vaticinado en la tertulia de la duquesa de Sahagún, que Asís, aunque gallega de origen «al darle el sol en la mollera» no se libraría de «las mismas atrocidades que cualquier hija del barrio de Triana o Lavapiés» (cap. 2). Bajo la influencia determinante del medio y el clima y, sobre todo, seducida por el irresistible atractivo físico de Pacheco la joven viuda acaba sucumbiendo a la pasión amorosa y reivindicando su derecho como mujer a cumplir sus deseos incluso antes de casarse, como se evidencia al final de la novela.

Junto a los protagonistas, el comandante Gabriel Pardo fue un personaje controvertido para algunos críticos de la novela, sobre todo para Clarín, que consideraba que con sus palabras justificaba el libertinaje. En realidad, Gabriel Pardo en muchos momentos es el verdadero portavoz de las ideas de Emilia Pardo Bazán, está en perfecta sintonía con su pensamiento sobre el tema de la moral sexual de hombres y mujeres, tal como se evidencia en estas palabras: «Es una hipocresía detestable eso de acusarlas e infamarlas a ustedes con tal rigor por lo que en nosotros nada significa» (cap. 14). El comandan­te Pardo insiste en que esa discriminación no se podía justificar desde ningún punto de vista, ni siquiera desde el religioso, pues los mandamientos deben cumplirlos por igual hombres y mujeres, y a su juicio todo obedecía a los convencionalismos fuertemente enraizados en la sociedad española: «A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aven­turas, y hasta que queda humillado si las rehúye… De modo que, lo mismo que a nosotros nos pone muy huecos, a ustedes las envilece» (cap. 14).

La caracterización de Diego Pacheco llega al lector a través de las palabras de la duquesa de Sahagún en el capítulo 2: «La Sahagún afirmó que lo había tenido a la mesa, por ser hijo de persona a quien estimaba mucho, y añadió que ahí donde lo veíamos, hecho un moro por la indolencia y un inglés por la sosería, no era sino un calaverón de tomo y lomo, decente y caballero sí, pero aventurero y gracioso como nadie, muy gastador y muy tronera, de quien su padre no podía hacer bueno ni traerle al camino de la formalidad y del sentido práctico, pues lo único que para que hasta entonces servía era para trastornar la cabeza de las mujeres», lo que lleva al comandante Pardo a calificarlo como «buen ejemplar de la raza española». Caracterización que contrasta con la evocación de Asís del encuentro fortuito y afectuoso saludo entre Pacheco y ella, cuando se dirigía oír misa en las Pascualas, insistiendo en la influencia decisiva del clima en la familiaridad del encuentro, pero sobre todo en el atractivo del joven andaluz:

Trocamos palabras con las manos cogidas y una familiaridad muy extraña, dado lo ceremonioso y somero de nuestro conocimiento de la víspera. Era sin duda que influía en ambos la transparencia y alegría de la atmósfera, haciendo comunicativa nuestra satisfacción y dando carácter expansivo a nuestra voz y actitudes. Ya que estoy dialogando con mi alma y nada ha de ocultarse, la verdad es que en lo cordial de mi saludo entró por mucho la favorable impresión que me causaron las prendas personales del andaluz. Señor, ¿por qué no han de tener las mujeres derecho para encontrar guapos a los hombres que lo sean, y por qué ha de mirarse mal que lo manifiesten (aunque para manifestarlo dijesen tantas majaderías como los chulos del Café Suizo)? (cap. 3)

Doña Emilia apela abiertamente a la libertad de la mujer para expresar sus sentimientos y deseos sin que ello sea motivo de escándalo, y la reflexión que sigue es muy indicativa del pensamiento de la autora a propósito de las relaciones entre hombres y mujeres y, especialmente, en lo concerniente a la autocensura que pesaba sobre las mujeres a la hora de manifestar sus sentimientos: «Si no lo decimos lo pensamos, y no hay nada más peligroso que lo reprimido y lo oculto, lo que se queda dentro» (cap. 3). Y por ello insiste en detenerse en los rasgos físicos del atractivo andaluz, que habían ejercido sobre ella gran poder de seducción: «Pelo negrísimo y una tez quemada del sol casaban mal con aquel bigote dorado y aquellos ojos azules» (cap. 3), que la llevan a pensar si tendría ascendencia inglesa.

Insolación ante los críticos de su tiempo

La recepción crítica de la novela ofrece dos valoraciones muy distintas. Algunos novelistas y críticos como Pereda, Clarín y Emilio Bobadilla la consideraron escandalosa, no solo porque quisieron ver en ella aspectos autobiográficos sino también por la manera en que doña Emilia trataba el tema del deseo femenino y defendía la libertad sentimental y sexual de la mujer. Mientras que para otros como Mariano de Cavia y sobre todo para los catalanes, Joan Sardá y Ramón Domingo Perés, su valoración fue más ecuánime e incluso muy positiva.

En el caso de Pereda, la crítica negativa tenía como trasfondo la vieja enemistad por lo que había dicho Pardo Bazán de él en La cuestión palpitante: «Puede compararse el talento de Pereda a un huerto hermoso, bien regado, bien cultivado, oreado por aromáticas y salubres auras campestres, pero de limitados horizontes»7. Y, sobre todo, porque poco antes de publicarse Insolación, Pardo Bazán había escrito a propósito de La Montálvez (1888) que el escritor santanderino, acostumbrado a los tipos campesinos, no conocía bien la clase aristocrática femenina de la capital a la que pertenecía la protagonista. Pereda aprovecha su crítica a Insolación para darle una severa réplica:

Después que La Montálvez se publicó Insolación. De mi marquesa, declara usted que está fundida en el troquel de las murmuraciones de Viena y otros centros maldicentes de la corte. Debo suponer yo que está mejor estudiada del natural, y por propia observación, la otra marquesa, la de usted.

Y añade con manifiesta actitud de moralista un juicio severísimo sobre la conducta de Asís, sin valorar en ningún momento los méritos literarios de la novela:

La que se va de buenas a primeras con un galán, a quien sólo conoce por haberle saludado la noche anterior en una tertulia, a la romería de San Isidro, y allí se mete con él en figones y merenderos, se emborracha, etc. etc… hasta volver ahítos y saciados de todo lo imaginable, para continuar viviendo amancebados, a la vista del lector, con minuciosos pormenores sobre su manera de pecar8.

Es muy evidente que el juicio de Pereda está teñido de resentimiento y de una fuerte carga moral, y que el «etc., etc.», y expresiones como «ahítos y saciados de todo lo imaginable» llevaba maliciosamente al lector a imaginar todo lo imaginable y por supuesto mucho más de lo que realmente ocurre en la novela.

Clarín, por su parte, no fue tampoco ecuánime en su crítica de Insolación, que fue injusta y arbitraria9. Por estas fechas ya no mantenía una buena relación con Emilia Pardo Bazán y eso se deja traslucir en sus palabras. Lejos quedaban tanto el magnífico y elogioso prólogo a La cuestión palpitante(1883), como su juicio muy positivo sobre la protagonista de Un viaje de novios y los dos certeros artículos dedicados a Los Pazos de Ulloa, mientras que frente a la nueva novela, publicada casi a la par que Morriña, adoptó una posición claramente moralista y ni siquiera juzgó la novedad de algunas cuestiones narratológicas, limitándose a decir que la técnica narrativa, lo que denomina savoir faire de doña Emilia, sigue sus progresos y además la novela se deja leer por la «brevedad, tono ligero y hermosura tipográfica». Considera el tema picante y claramente escabroso, de ahí su calificación de «boutade pseudoerótica de la ilustre dama»10, y «antipático poema de una jamona atrasada de caricias»11, grosera expresión que el propio Clarín había puesto maliciosamente en boca de Álvaro Mesía cuando, refiriéndose a la Regenta, escribe: «Ana se entregaba al amor para sentir con toda la vehemencia de su temperamento, y con una especie de furor que groseramente llamaba Mesía, para sí, hambre atrasada»12.

Pero no acabaron aquí las severas críticas del autor de La Regenta, sino que fueron motivo de la ruptura entre él y Lázaro Galdiano, director de La España Moderna, cuando este le reclama que le envíe la crítica de las últimas novelas de Pardo Bazán, que Clarín venía demorando sin respetar la periodicidad pactada. Advertencia a la que Clarín responde que no hacía «crítica por encargo» y «que no se vendía por un plato de lentejas»13. Tras ese desencuentro con Lázaro Galdiano e indirectamente también con Pardo Bazán, pues era sabido que en cuestiones literarias dirigía y orientaba en la sombra14 las publicaciones de la revista, Clarín publica un extenso folleto en el que vuelve a referirse con más detalle a la novela: «No hay en todo este libro nada que nos hable de un verdadero artista (…) ni hace sentir, ni hace pensar». Y sobre los personajes emite un juicio despectivo, los considera insignificantes, prosaicos, sin un ápice de poesía en la expresión de sus sentimientos: «Asís Taboada no es nadie. Pacheco es un imbécil de Sevilla, (…) un revulsivo confitado»15. Considera que «la obra no es inmoral pero si desmoralizadora y, aunque (…) no es obra pornográfica, pero tampoco artística»16.

La pintura de ambientes, más allá de los tópicos sobre la clase aristocrática, tampoco le parece acertada, pues considera que aunque las páginas costumbristas referidas a «la romería de San Isidro es una cosa divertida, y pintoresca y característica; pero tal como la presenta Insolación, no». A juicio de Clarín todo ello se debía a que doña Emilia escribía demasiado y era una mujer «completamente prosaica», y en consecuencia su obra era «un episodio realista, en este sentido no artístico, un episodio de amor vulgar, prosaico, es decir, amor carnal no disfrazado de poesía, sino de galanteo pecaminoso y ordinario; es la pintura de la sensualidad más pedestre, y hasta pudiera decirse de una sensualidad gastada, superficial, anémica hasta de deseos, sosa y ñoña»17.

Emilio Bobadilla, colaborador entre otras publicaciones del periódico satírico Madrid Cómico, que firmaba sus críticas como «Fray Candil», comienza por sentenciar, cuando doña Emilia llevaba publicadas más media docena de buenas novelas, que «no tiene temperamento de novelista […]. En sus novelas se echa de menos […] cierta tristeza, cierta melancolía inseparable de toda reflexión intensa acerca de la vida». Subraya también la «falta de psicología» y condena la falta de moralidad: «¡Qué idea tan triste da esta novela del nivel moral de la mujer madrileña! Y si analizamos lo que dice el comandante Pardo… apaga y vámonos», además el personaje de Asís Taboada le parece «una tía, mal que le pese a doña Emilia. Una señora, una verdadera señora no se va de juerga, y menos con un hombre a quien apenas cono­ce»18. Y no dudó en calificar la obra como claramente determinista y peligrosamente naturalista, pues a su juicio: «Los influjos del sol fueron la causa de que la Taboada cediese a los antojos carnales de Pacheco. Vemos aquí la fuerza física (el sol) venciendo la libertad moral que está por encima de todo, en sentir de los católicos»19.

No fue tan negativa la reseña de Mariano de Cavia, colaborador de El Liberal, El Heraldo de Madrid y El Imparcial, que sin entrar mucho en el detalle del argumento subraya como doña Emilia «con graciosa audacia afronta todos los peligros y con delicado arte llega a las más picantes conclusiones»20.

Muy distinta fue la valoración de los críticos catalanes que se ocuparon de la novela, pues no vieron en ella ningún motivo de escándalo. Joan Sardá señala que «la autora ha conseguido tratar delicada y discretamente los temas y las situaciones más escabrosas» y considera que a buen seguro la novela, aunque inadecuada para una adolescente tendrá éxito y muchos lectores: «No diré yo que, con pintar lo que pinta, sea libro para puesto en manos de muchachas que se preparan para la primera comunión; pero pueden leerlo muchos y muchas más de lo que acaso vaya a figurarse el lector pacato»21.

Insolación también fue reseñada muy elogiosamente por Ramón Domingo Perés, colaborador habitual de La Vanguardia, que ejerció la crítica en catalán y castellano, yle dedicó dos artículos, pues la reseña iba dedi­cada a La hermana San Sulpicio de Armando Palacio Valdés y a Insolación de Emilia Pardo Bazán. Para no detenernos en una serie de cuestiones muy interesantes sobre la idiosincrasia de cultura española, pero que aquí no vienen al caso, me referiré únicamente al juicio muy positivo sobre la novela de Pardo Bazán que aparece en la segunda entrega. Perés define la novela como un «estudio psicológico y local» y añade: «En rigor Insolación más que grandes pretensiones es un episodio sencillo, pero admirablemente bordado, hasta convertirlo en algo que se lee con delicia y tiene todo el mérito de obras de grande aliento y trascendencia»22. Considera que «es un ejemplo inmejorable de cómo el talento y el buen gusto literario hacen de lo que es de por si la simplicidad misma una excelente obra»23, resultado del procedimiento narrativo empleado magistralmente por su autora que en «esta novela contribuye, indudablemente, mucho más aun que el argumento a prestarle animación e interés», para subrayar también la «habilidad en el modo de exponer su historia amorosa, como ella la llama, supliendo muy bien con su ingenio de mujer superior y su elegante soltura narrativa de gran dama, la escasez de enredo que voluntaria o involuntariamente, ha puesto la autora en su libro y que se desprende de la naturaleza misma del asunto»24. Además de los elogios al talento narrativo de la autora, no hay, como se puede comprobar fácilmente por los fragmentos citados, ni una sola frase sobre el asunto juzgado por otros como ­escandaloso, es más, el artículo se cierra con el elogio al dominio del lenguaje de Pardo Bazán, «castizo y elegante» y la belleza de la edición de Ramírez y las ilustraciones de Cuchy.

Doña Emilia siempre fue muy bien tratada por los editores y críticos catalanes con los que mantuvo relación desde sus comienzos literarios, pero en esta ocasión el contraste con otros críticos es manifiesto. Y en cuanto a las severas críticas de algunos de sus colegas no sorprenden si tenemos en cuenta varias cuestiones, en primer lugar la evidente enemistad de algunos de sus contemporáneos con Emilia Pardo Bazán, más allá de que el ambiente cultural estaba dominado por los escritores, y el hecho de que una mujer se atreviera a tratar ciertos temas, como el determinismo del medio sobre la conducta de los personajes, de ahí el título de la novela, Insolación, y, sobre todo, que la autora se propusiera denunciar la hipócrita moral sexual vigente en su época fue duramente criticado. Como demostración de esto último basta con revisar un buen número de artículos de la autora sobre dicha cuestión25.

La posición de doña Emilia siempre fue clara al denunciar el trato manifiestamente desigual que recibían las mujeres en su tiempo en todos los aspectos de su vida. Señalando que muy a menudo lo que en los hombres se disculpaba e incluso se veía como un signo de hombría, incluso de mérito, se sancionaba con extraordinario rigor en las mujeres. Ella se consideraba radical feminista y desde esa óptica combatió sin tregua la falta de formación y educación en igualdad de las mujeres con los hombres, el derecho a elegir marido, denunciando tanto en la ficción narrativa (Un viaje de novios, Los Pazos de Ulloa) como en múltiples artículos los matrimonios pactados sin tener en cuenta los sentimientos de la mujer, la desigualdad de las mujeres ante la ley, el asesinato de mujeres, que llamó «mujericidio» y, sobre todo, el rigor de las costumbres y de la moral católica. En este sentido Insolación sintetiza en el epílogo lo que Emilia Pardo Bazán tantas veces había denunciado en sus ensayos y artículos. El final de la novela no puede ser más esclarecedor pues se atreve a plantear el derecho de la mujer a gozar con un hombre por el que se siente atraída, del que está enamorada, pero que no es su marido, tal como se evidencia cuando Asís, tras pasar la noche con Diego Pacheco, sale al balcón «despeinada, alegre, más fresca que el amanecer, abre de par en par, sin recelo o más bien con orgullo. (…) Pacheco está allí también, y los dos se asoman, juntos, casi enlazados, como si quisiesen quitar todo sabor clandestino a la entrevista, dar a su amor un baño de claridad solar, y a la vecindad entera parte de boda…» (epílogo).

Y lo que es más importante, se describe un final alegre, lleno de vitalidad, a pesar de las cautelas del narrador —alter ego de la autora—, desde los capítulos iniciales de la novela, consciente de que la atrevida actitud de Asís iba a ser severamente juzgada, por ello aparece en el futuro la idea de la boda, que para algunos críticos actuales puede interpretarse como una claudicación de doña Emilia, aunque, como sostiene Marina Mayoral26, desde la trama argumental parece la solución más lógica y natural, idea que no sabemos si se llegará a realizar dejando ese final intencionadamente abierto.

Desde la perspectiva actual y teniendo en cuenta las opiniones con matices diversos a propósito del naturalismo y del feminismo de la novela de Mariano Baquero Goyanes, Maurice Hemingway, Donald Fowler Brown, Marina Mayoral, Ermitas Penas, Mary Lee Bretz, y tantos otros, es una lectura muy recomendable porque refleja muy bien la valentía de Emilia Pardo Bazán ante la restrictiva moral católica y los convencionalismos sociales de su tiempo, que ella combatió de forma incansable porque consideraba que «vivir es tener opiniones, deberes, aspiraciones, ideas»27.

1. Marina Mayoral en su introducción a Insolación se basa en esta aventura sentimental para defender la tesis de que la novela bien pudo ser la versión literaria de dicha aventura. Insolación, Introducción de Marina Mayoral, Madrid, Espasa-Calpe, Austral, 1987; pp. 9-30.

2. José Manuel González Herrán 1999, «Los preludios de una Insolación (julio de 1887-marzo de 1889)», en A Further Range. Sudies in Modern Spanish Literature from Galdós to Unamuno. In Memoriam Maurice Heming­way, ed. Anthony H. Clarke, University of Exeter Press, 1999, p. 83 (75-86).

3. Granja o Torres de Meirás es como doña Emilia llamaba a lo que hoy incorrectamente algunos llaman Pazo de Meirás, nombre que se impuso cuando Franco pasaba allí algunos días de veraneo; y debería volver a su nombre original y a la memoria de quien fue su propietaria.

4. Carta de Emilia Pardo Bazán a Galdós, el 16 de junio de 1887, en Epistolario de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós. Crónica de un encuentro intelectual y sentimental, edición, estudio preliminar y notas de Ermitas ­Penas y Marisa Sotelo, Santiago, Universidade de Santiago de Compostela, p. 204.

5. Dolores Thion Soriano-Mollá, Pardo Bazán y Lázaro. Del lance de amor a la aventura cultural (1888-1919), Madrid, Fundación Lázaro Galdiano, Ollero y Ramos, 2003: 108.

6. David Torres, «Veinte cartas inéditas de Emilia Pardo Bazán a José Yxart (1883-1890)», en Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, LIII, 1977, pp. 401-402.

7. Pardo Bazán, La cuestión palpitante, Obras Completas, t. III, Madrid, Aguilar, 1972, p. 641a.

8. José María de Pereda, «Las comezones de la señora Pardo Bazán», en Obras completas de Emilia Pardo Bazán, t. III, pp. 1006-1011.

9. Cfr. Marisa Sotelo, «Clarín y Emilia Pardo Bazán», en Leopoldo Alas, «Clarín», Actas del Simposio Internacional (Barcelona, abril de 2001), Antonio Vilanova, Adolfo Sotelo, eds. Universitat de Barcelona, 2002, pp. 161-185.

10. Clarín, «Palique», en Madrid Cómico, 11-V-1889.

11. Clarín, «Palique», en Madrid Cómico, 9-XI-1889.

12. Clarín, La Regenta,