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Este libro se dirige a quienes trabajan con adolescentes y jóvenes vulnerados social y subjetivamente, en especial en Centros de Día y otras instituciones territoriales para la promoción de derechos. En él se visibilizan abordajes institucionales y se detallan prácticas psicológicas destinadas a estos adolescentes y jóvenes. El objetivo es poder hacerles un lugar, enfrentando el desafío de soportar sus emergentes disruptivos, más en acto que en relato: problemas familiares, robos, peleas, consumos, detenciones y abusos policiales, etcétera. También creando con ellos proyectos de vida, extendiendo sus trayectorias sociales hacia otros espacios, hasta que en algún momento puedan prescindir de la institución. Se destaca el desarrollo de ofertas inclusivas y nuevas prácticas con una mirada no punitiva pero tampoco romántica. Son, sobre todo, ofertas y prácticas que procuran articular los modos de andar por la vida de estos adolescentes y jóvenes con el tratamiento heterodoxo de sus distintas formas de sufrimiento psíquico y la transformación de nuestras condiciones de reproducción social.
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Seitenzahl: 219
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Iván Branner
Intervenciones con adolescencias vulneradas
Prácticas en un Centro de Día
Branner, Iván
Intervenciones con adolescencias vulneradas : prácticas en un Centro de Día / Iván Branner. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico, 2022.
(Colección Conjunciones)
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-538-863-5
1. Salud Mental. 2. Psicología Infantil. 3. Adolescencia. I. Título.
CDD 362.23
Colección Conjunciones
Corrección de estilo: Liliana Szwarcer
Diagramación: Patricia Leguizamón
Diseño de cubierta: Pablo Gastón Taborda
Los editores adhieren al enfoque que sostiene la necesidad de revisar y ajustar el lenguaje para evitar un uso sexista que invisibiliza tanto a las mujeres como a otros géneros. No obstante, a los fines de hacer más amable la lectura, dejan constancia de que, hasta encontrar una forma más satisfactoria, utilizarán el masculino para los plurales y para generalizar profesiones y ocupaciones, así como en todo otro caso que el texto lo requiera.
1º edición, enero de 2022
Edición en formato digital: enero de 2022
Noveduc libros
© Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico S.R.L.
Av. Corrientes 4345 (C1195AAC) Buenos Aires - Argentina Tel.: (54 11) 5278-2200
E-mail: [email protected]
ISBN 978-987-538-863-5
Conversión a formato digital: Libresque
IVÁNBRANNER.Psicólogo. Psicoanalista. Profesor de Psicología. Diplomado Superior en Ciencias Sociales con mención en Psicoanálisis y Prácticas Socioeducativas (FLACSO). Especialista en Psicología Clínica, Institucional y Comunitaria (UNR). Maestrando en Infancia e Instituciones (UNMDP). Trabaja con adolescentes y jóvenes desde la Secretaría de Promoción y Protección de Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Familia (Ministerio de Desarrollo Social, Gobierno de la Provincia de Santa Fe): anteriormente en el Centro de Día La Posta y luego en el Centro Residencial El Chalecito.
MERCEDESMINNICELLI. Doctora en Psicología. Posdoctora en Área Interdisciplina (UNR). Licenciada en Psicología (UNMDP). Psicoanalista. Profesora, investigadora y extensionista. Directora de la Especialización y Maestría en Infancia e Instituciones (Red Interuniversitaria INFEIES y del Punto de Encuentro Familiar MDP).
SILVIALAMPUGNANI. Doctora en Psicología (UNR). Especialista en Psicología Clínica, Institucional y Comunitaria (UNR). Psicóloga. Psicoanalista. Docente de grado y posgrado en universidades argentinas. Directora de Proyectos de Extensión. Supervisora. Coordinadora del Punto de Encuentro Familiar Experiencia Rosario.
SILVIAGRANDE. Psicóloga. Magister en Salud Pública (UNR). Directora de la carrera de posgrado de Especialización en Psicología Clínica, Institucional y Comunitaria de la Facultad de Psicología (UNR). Trabaja también en la Dirección de Salud Mental de la Secretaría de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario.
Agradecimientos
A todas y todos los integrantes del Equipo del Centro de Día La Posta en sus diferentes etapas y conformaciones, que forman parte de esta elaboración de distintas y discretas maneras.
A las y los adolescentes y jóvenes que pasaron por La Posta desde 2011 hasta 2018, por confiar en mí, por dejarme conocerlos y permitirme ayudarlos.
A Flavia Florentín, entre tantas cosas, por la compañía amorosa y cotidiana todas y cada una de las veces en que rumié(pensé, escribí, leí, reescribí) este texto.
A Carla Bruno, Náthaly Bellardinelli, Rosario Telleria y Cecilia Greca,por sus primeras lecturas, cálidas, inspiradoras, lúdicas, correctoras.
A Mercedes Minnicelli, Silvia Lampugnani y Silvia Grande, por sus enriquecedores aportes al libro. Maestras, colegas y compañeras generosas en una profesión difícil, pero deseada y comprometida.
Por Mercedes Minnicelli y Silvia Lampugnani
Mercedes Minnicelli. La invitación de Iván Branner a escribir el prólogo de Intervenciones con adolescencias vulneradas. Prácticas en un Centro de Día, junto a mi amiga y colega Silvia Lampugnani, me llegó por medio de un mensaje de WhatsApp enviado por el autor. Este es un medio que hoy usamos a diario y que no deja de tener un tinte imaginario de informalidad para quienes hace décadas aprendimos a iniciar las cartas con un “Estimado…”.
Distraída en otros temas, la invitación irrumpe y me despierta una linda sensación de alegría, esa que intento capturar en los instantes en que aparece en medio de la pandemia, con sus mezquindades y vicisitudes.
Silvia Lampugnani. Por mi parte, recibí esta invitación “muy especial” del autor apenas comenzado este 2021, para prologar lo que partió como un artículo para INFEIES-RM. Revista Multimedia sobre la infancia y sus institución(es) y devino libro. Debo aclarar que no me sorprendió esa transformación, conociendo el proceso de reflexión y de trabajo que viene haciendo Iván desde su ingreso al Centro de Día La Posta (Rosario). Su dedicación por encontrar y dar razones al oficio de psicólogo en ese ámbito originó algunos intercambios de los que me siento parte. Por eso, honrada y halagada por esta invitación, emprendí la lectura de esta obra con mucho entusiasmo.
Así se inició un diálogo entre ambas respecto de lo que cada una en su ciudad –Mar del Plata y Rosario– iba leyendo. También por WhatsApp nos enviamos audios y pareceres que compartiremos a continuación.
M. M. Me preguntás qué me alegra. Te cuento: que su autor haya tomado la posta y la palabra para escribir una experiencia institucional desde sus ceremonias mínimas cotidianas, haciendo de ellas herramientas que pueden intentar un cierto saber-hacer ante dispositivos destinados a jóvenes cuya posición subjetiva de malheridos los ubica ostentando muchas veces esa inestabilidad, errancia y desconfianza que contrapone visiones románticas a realidades que dejan a los adultos impotentes. Te acordarás de la invitación de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica, Institucional y Comunitaria (Posgrado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario) para supervisar, justamente, la apertura del Centro de Día La Posta. “Apertura” en el sentido de habilitar interrogarse respecto de lo que allí aconteciera.
S. L. Lo recuerdo, como recuerdo también las cuestiones que aparecían en ese momento como preguntas, mandatos, ideales y contradicciones. Ese aguante a los pibes que llegan tan malheridos y que, proceso de reflexión mediante, deviene “soporte” –como lo expresa Iván en muchos pasajes de este libro–, una palabra que se repite mucho, junto con “elaborar”. ¿Será soportar para dar condiciones a elaborar y hacer posible un pasaje? En La Posta están las dos cosas: pasar y poder quedarse, hacer un alto en el camino para poder irse… ¿más aliviado?, ¿descansado? También se instituye una relación temporal: no es “siempre así” o “siempre igual”, hay un después.
Ambas coincidimos en que este libro testimonia un cambio cultural necesario en materia de infancia e instituciones, una transformación que no alcanza con que sea discursiva. Es necesaria otra institución de discursividad respecto de dispositivos y prácticas destinadas a la atención de problemas que afectan a niñas, niños y adolescentes. Iván Branner nos presenta un “cómo”. Es decir, relata de qué modo será posible, desde lo doméstico, desde lo mínimo, dar cuenta de alternativas viables para la restitución de la palabra. Restitución de derechos por excelencia. Él intenta transmitir casi en formato de brújula los modos de alojamiento que los pibes tienen en La Posta. Una “posta” es un parador en el camino en el que abrevar, descansar, aliviarse. Posiblemente también alivie al autor esta posibilidad de soltar una experiencia tan intensa.
El texto de este libro, a medida que se avanza, nos recuerda escrituras de August Aichhorn en Juventud desamparada (1925), trabajo al que Freud le escribe un prólogo donde define lo imposible de educar, gobernar y analizar. La imposibilidad es lógica, implicando lo imprevisible de los resultados y lo imperioso del sostén subjetivo de quien se atreve a la tarea.
Una advertencia atraviesa el relato que, una y otra vez, nos invita a salir de zonas de promesas –generalmente expresadas en manuales y guías de buenas prácticas publicados por organismos internacionales– para hallar un entramado discursivo que se permite expresar lo que no se dice: qué sucede en un cotidiano institucional ante el cual operadores y profesionales están llamados a intervenir. Nos da ejemplos claves cuando expone un hacer ante un robo, ante lo disruptivo, ante la violencia que, como un volcán, inunda de pronto a las instituciones y casi las arrasa.
Conversamos entonces entre nosotras acerca de qué puede llamarse una buena práctica. Buenas prácticas… ¿para quién o quiénes? ¿Quiénes deberían estar en el centro de la cuestión? Dejamos las preguntas abiertas para las y los lectores.
Desde su inicio, la obra hace una puntuación respecto de un pasaje que no se produce en la inclusión social necesaria de niñas y niños a alumnos, y de estudiantes a trabajadores. No son niñas o niños, son menores. No son adolescentes, son jóvenes. La filiación social no es sin consecuencias subjetivas, tal como una de nosotras (Mercedes Minnicelli) expresara hace más de veinte años en Infancias públicas. No hay derecho (2004). El texto de Iván alude de modo permanente a las trayectorias, a los recorridos, caminos y circuitos que van haciendo huella, muchas de ellas tan profundas que impiden vislumbrar otros rumbos.
Al respecto, la diferencia entre la búsqueda de ganancia social y cultural –que pretende el encargo social a las instituciones– y las atracciones de rasgos identificatorios que impulsan a adhesiones grupales entre las chicas y los chicos en banda se expone especularmente en lo ilusorio de proyectos que se diluyen una y otra vez.
La cuestión de la inclusión atraviesa el texto bajo diferentes puntos de vista. Coincidimos con su autor y agregamos que, si bien toda inclusión es en el fondo subjetiva, un problema de la misma reside en cómo las instituciones (y no solo las de las y los jóvenes) se viven parte “del resto del mundo”. La pregunta es necesaria cuando los destinos analizados en investigaciones de más de dos décadas no permitieron otra salida más que la maternidad y la delincuencia. Es un imaginario arraigado que expone lo cerrado de un circuito institucional en el que “ser parte” ofrece poco privilegio.
Nos detenemos para interrogar la frase “De estas instituciones se sabe muy bien cómo se entra, pero nunca cómo se sale”. ¿Será que, lejos de abrir el camino a la pertenencia social, al mundo cercano y distante en el propio ideario adulto, no se dibuja otra salida?
La inclusión –como función y por la definición dada por las matemáticas modernas, por la teoría de conjuntos– implica encierro en un conjunto X. Distinta es la función de pertenencia. Para que este pasaje se produzca, debemos admitir que las instituciones precisan una apertura a pensarse en otra perspectiva. En este sentido, dar nombre a las prácticas y acciones –incluso a las que parece que no es necesario que lo tengan– resulta fundamental para la inclusión en el conjunto denominado “espacio académico-profesional” de la validez de esas intervenciones, imperiosas en estos casos.
Por eso, es destacable el esfuerzo, en un Centro de Día, por dar nombre a las prácticas, a las múltiples acciones que, a modo de diálogos clínicos (Minnicelli), ofician como intervenciones dirigidas a modificar una situación, a convocar a una reflexión, a producir un corte en un devenir que no se considere propicio.
Ofrecer otras disposiciones subjetivas, rituales y ceremonias de recepción –de recepción y alojamiento– a las y los nuevos es una marca que se destaca. Sin embargo, la paradoja es constante y la ternura no siempre es suficiente cuando se trata de hacer frente a lo disruptivo.
Es tradición pensar en una lógica de progreso y de evolución que no se condice con aquello que requiere una organización distinta. Maud Mannoni se refiere a “la institución estallada”, aquella que permite alojar en paredes simbólicamente equivalentes a la espuma de goma. Cualquier rigidez produce fracturas; las fracturas subjetivas se expresan en crisis y disrupciones.
Como señalamos antes, es interesante el intento por dar sistematicidad a intervenciones ante robos o peleas que pudieran acontecer. Puntualizar una secuencia de intervenciones ante estas situaciones resulta una herramienta que da cuenta de aquello que “se hace sin saber qué se hace”, cual si fuera lo mismo una u otra intervención. Sin embargo, esta secuencia ordena caminos de acción y convierte una práctica “a mi manera” en una práctica regulada por un colectivo de técnicos que transforman en herramienta lo que antes fuera una cuestión librada a recursos personales, no profesionales ni institucionales.
Hay un oficio que requiere sistematizar las técnicas aunque, sabemos, será el caso a caso lo que defina qué herramienta usar ante cada ocasión. Una y otra vez la búsqueda apunta a crear y recrear condiciones de posibilidad para otros entramados, trayectos y acciones. El lugar de quienes intervienen como adultos es destacado como clave en el “qué me pasa ante esto…”, en la posibilidad de correrse a tiempo, en la revisión de cómo es posible quedar sobreimplicados a partir de tensiones propias del campo, del territorio, del espacio de intervención singular y colectivo.
En la historia del sistema otrora llamado “minoridad” ha sido corriente la familiarización de las relaciones del personal a cargo de niñas, niños y jóvenes. “Tías” y “tíos”, “mamis” y “mamitas” fueron las denominaciones de funciones sociales con encargos disciplinares claros. En otros países, como España o Uruguay, la figura clave es la de “educador social”. En el caso analizado se ubica como adultos a quienes ejercen tareas de atención, cuidado e intervención. Es interesante –y resulta útil profundizar– la definición que ubica a ese adulto como “yo auxiliar”, ofreciendo una pista para pensar en los modos de auxilio ajeno que pueden resultar propicios del lazo transferencial, cuando es la hostilidad vincular lo que marca la biografía singular.
Este libro también convoca a la revisión de las categorías de normalidad como eje de evaluación de la inscripción social de las y los jóvenes que transitan por el Centro de Día La Posta. No es el grado alcanzado en la escuela. Tampoco lo es la composición familiar. ¿Entonces? ¿El horizonte sería estar ubicado en el camino de la vida? ¿Cómo definirlo? La cuestión interpela el corazón mismo de las prácticas profesionales ubicadas en estos territorios de singularidades resistentes a formas institucionales convencionales.
La pregunta por los tiempos de una intervención genera inquietud en quienes se han formado en un aquí y ahora de acción circunstancial cuando, en estos casos, se trata de “cuando sean grandes” y puedan valerse por sus propios medios.
En palabras de su autor, cuando “vayan extendiendo su trayectoria social hasta poder prescindir del Centro de Día. La ampliación de esa trayectoria social durante su participación en el Centro de Día permitirá soltar ese espacio para llegar a apoyarse en otros nuevos después. Comenzamos tendiéndoles una mano para que puedan llegar a hacer pie”.
Para finalizar, leer las trayectorias de acciones con César nos hace pensar en el coraje necesario, en el atreverse a dar lugar a la palabra en el límite, sostenidas las prácticas profesionales por sujetos éticos que convocan a no claudicar.
Sin más, agradecemos a Iván Branner su testimonio y apelamos a que sigamos escribiendo evidencias de prácticas que permitan otro armado de redes y dispositivos que den lugar a que la subjetividad advenga.
Les “pasamos la posta” para que sigan leyendo.
Silvia Lampugnani y Mercedes Minnicelli
Somos la misma cosa. Somos hambre, miedo, montañas, árboles, pedazos de estrellas; ríos, canciones, libros. En medio de ese mar infinito existe una partícula que solamente los pobres, los locos y los tontos pueden activar sin miedo (…) Es la partícula de la alegría. Con ella soportamos al mundo, hasta que el mundo esté mejor. Pero el mundo también debe soportarnos a nosotros, hasta que nos hagamos mejores. *
Sergio Mercurio
En diciembre de 2010 comencé a trabajar en el Centro de Día La Posta (Gabinete Social, Gobierno de la Provincia de Santa Fe). Se trataba de un proyecto pensado para la promoción de derechos con adolescentes y jóvenes de entre catorce y dieciocho años en situación de vulneración social y subjetiva, que estaba siendo inaugurado.
A distancia y en perspectiva, diría que la apuesta era a hacerles un lugar a estos adolescentes y jóvenes. Enseguida, con el equipo que llevaba adelante la tarea, vimos que enfrentaríamos el desafío de soportar los emergentes disruptivos que traían, más en acto que en relato: problemas familiares, robos, peleas, consumos, detenciones y abusos policiales, etcétera. El objetivo último –según los proyectos de vida que algunos fueron construyendo– era tratar de extender sus trayectorias sociales hacia otros espacios, hasta que en algún momento pudieran prescindir de nosotros.
De todo esto, resultó sencillo que los adolescentes y jóvenes llegaran, probable que permanecieran pero muy dificultoso que egresaran. La gran mayoría de ellos interrumpía su trayectoria por la institución en uno o en varios momentos e incluso se perdía la vinculación. En cambio, quienes permanecían varios años comenzaban a deambular sin contar con otras ofertas de sentido durante y después de la institución.
Después de abordar la situación de muchos adolescentes y jóvenes, después de compartir prácticas con incontables y valiosísimos compañeros, después de alentar y habitar espacios de reflexión y formación, después de participar en asesoramientos técnicos para la construcción o evaluación de políticas… al fin y al cabo, después de ocho años de trabajo complejo y complicado, decidí emprender nuevos rumbos.
Al pensar en la importancia de transmitir esta experiencia a trabajadoras y trabajadores de las adolescencias y juventudes –a los que están más lejos, a los que recién llegan y a los que vendrán–, me propuse una puesta a punto y en valor de algunas elaboraciones de nuestras prácticas.
Por tratarse de una elaboración singular y propia de una experiencia mucho más amplia, institucional y colectiva, las voces de mis compañeros de equipo se encuentran aludidas, como así también las de interlocutores menos frecuentes, menos cercanos. Nuevamente, expreso mi reconocimiento por todo lo que transitamos y produjimos juntos, incluidas las exigencias de trabajo que las dificultades y nuestras diferencias nos plantearon.
El recorrido que propongo, entonces, parte de la presentación del abordaje institucional. En el primer capítulo, “Abordajes institucionales”, ensayo respuestas actuales a las preguntas relativas a con quiénes trabajábamos (población destinataria del proyecto), para qué lo hacíamos (finalidad primordial de la institución) y de qué manera (el proceso de trabajo).
A continuación, en el Capítulo 2, “Entre vínculos y funciones”, me detengo en algunas vicisitudes de las instituciones que trabajan con niñas, niños, adolescentes y jóvenes desde Desarrollo Social. Atento a las posibilidades vinculares de esta población, planteo un organigrama en el que desagrego lo que hacemos en común como adultos oficiantes del lazo, y lo que cada saber-hacer tiene de específico entre quienes integramos los equipos. Detallo, puntualmente, las prácticas psicológicas en instituciones territoriales para la promoción de derechos.
En “Dispositivos grupales”, el tercer capítulo, hago una formalización de este tipo de espacios, junto a relatos de valiosos procesos que se desencadenaron en ellos, algunas veces a partir de la producción de objetos (talleres culturales), otras a partir de la construcción de proyectos (asamblea con adolescentes y jóvenes).
En el capítulo siguiente, “Pasar la posta”, analizo distintos trabajos con adolescentes y jóvenes a partir de su participación en el Centro de Día. Como decía anteriormente, el recorrido que va desde el momento de hacerles un lugar hasta poder pasar, soportando la elaboración de sus sufrimientos psíquicos y acompañando la ampliación de sus trayectorias sociales. Estos trabajos nos lo fueron agregando y complejizando los distintos momentos de las situaciones que abordamos a lo largo de la historia de la institución.
En “El trayecto de un joven por el Centro de Día” (Capítulo 5), ilustro el abordaje institucional presentado hasta entonces en términos generales; relato y problematizo las vicisitudes de nuestra labor con un joven en particular.
Me parece importante aclarar que, si bien este recorrido parte de teorizaciones generales y luego arriba a algunas situaciones puntuales de las prácticas, en realidad transcurrió exactamente al revés: fueron las situaciones de las prácticas las que me permitieron construir algunas teorizaciones generales. La secuencia de presentación escogida responde solo a los fines de lograr una mayor claridad expositiva.
En definitiva, este libro intenta aportar a quienes trabajamos con adolescentes y jóvenes vulnerados social y subjetivamente. En él procuro visibilizar modos, alcances y límites de unos abordajes institucionales abocados a esta población. Sobre todo, porque en los discursos que circulan estos jóvenes suelen quedar eclipsados detrás de las infancias (se los supone al hablar de niños) o confundidos con adolescentes integrados (incluidos efectivamente en las instituciones tradicionales). Además, porque estos adolescentes y jóvenes suelen resultar objeto de discursos punitivos que los estigmatizan, los condenan y los expulsan… todavía más.
Ante ello, el espíritu que sobrevuela estos escritos emana de la necesidad de desarrollar ofertas inclusivas para esta población con una mirada no punitiva, pero tampoco romántica, que pueda articular los modos de andar por la vida de estos adolescentes y jóvenes con el tratamiento heterodoxo de distintas formas del sufrimiento psíquico y con la transformación de nuestras condiciones de reproducción social.
De estas páginas surge una experiencia con ribetes singulares, institucionales y también sociales. Espero que, con coincidencias y disidencias, las ideas que se encuentran aquí sirvan para relanzar otras prácticas y conceptualizaciones. Sin más que anticiparles, les deseo que tengan una amena e inspiradora lectura, puntapié necesario para seguir pensando lo que hacemos y compartiendo lo que pensamos.
Iván Branner
* Fragmento de El ángel de la valija, obra teatral estrenada en Rosario en 2017, con dramaturgia y dirección de Sergio Mercurio.
ABORDAJES INSTITUCIONALES
Para aproximarnos a comprender el trabajo de cualquier abordaje institucional, resulta fundamental ponerlo en sentido preguntándonos tres cosas: ¿a qué problemáticas de qué población tiene el encargo social de responder?, ¿qué pretende producir a partir de ellas? y ¿cómo lo hace?
En este capítulo damos cuenta de esos fundamentos, como forma de presentación del abordaje institucional que configuramos en el Centro de Día La Posta.
En el caso mencionado, la población destinataria está conformada por adolescentes y jóvenes cuyas problemáticas se nombran de distinta forma. Así, se los puede considerar jóvenes “vulnerados en sus derechos”, “en riesgo social”, “marginados o abandonados”, “que atraviesan situaciones de violencia letal”, “en conflicto con la ley penal” o “desafiliados de las instituciones” (Gobierno de la Provincia de Santa Fe, 2010, 2011a, 2011b).
De todas estas categorías se desprende la perspectiva de ampliación de derechos, un camino hacia la universalidad de los mismos. Esto nos permite situar los principales marcos legales: la Convención sobre los Derechos del Niño (Unicef, 1989); la Ley Nacional Nº 26061/05 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y la Ley Nacional Nº 26657/10 de Derecho a la Protección de la Salud Mental. En el caso del Centro de Día La Posta, de la ciudad de Rosario (Santa Fe, Argentina), se suma la legislación de la provincia de Santa Fe: la Ley Provincial Nº 10772/92 de Salud Mental y la Ley Provincial Nº 12967/10 de Promoción y Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes.
En función de este marco legal, al diseñar su Proyecto Institucional, el equipo del Centro de Día delimitó su población a
(…) jóvenes, de entre catorce y dieciocho años, que se encuentran excluidos –sin ingreso o segregados– del recorrido por las instituciones (la familia, la escuela, el trabajo, etcétera) (…) adolescentes con dificultades para llegar a los lugares, en un espacio intermedio entre el territorio y las instituciones (Equipo del Centro de Día La Posta, 2012, p. 4).
Años después, gracias al informe de la Comisión de Sistematización de Datos y Análisis de Procesos de Trabajo de los Centros de Día Públicos (Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Santa Fe, 2016), se pudo complejizar la caracterización de la población destinataria integrando coordenadas históricas, sociales y subjetivas, además de etarias e institucionales.
Según este informe,
