Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Este libro comienza con una reseña sobre la historia en general para luego pasar a la historia de Italia y luego a la de España. Contiene aspectos relativos a la inmensa cultura de ambos países, su arquitectura, escultura, pintura, filosofía, etc.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 328
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Bernardo Nespral
Nespral, Bernardo
Italia y España : historia y cultura / Bernardo Nespral. - 1a ed - La Plata : Arte editorial Servicop, 2024.Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga ISBN 978-987-803-773-8
1. Historia de Europa. I. Título.
CDD 306.0943
EDITORIAL SERVICOP®
Producción gráfica: Servicop
Diseño de interiores: Servicop
Fotografías: Bernardo Nespral
© 2024, Bernardo Nespral
E-mail: [email protected]
Web: www.imprentaservicop.com.ar
Hecho el depósito que establece la Ley 11.723
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.
Digitalización: Proyecto 451
En los últimos tiempos se ha incrementado la adquisición de nuevas ciudadanías y, en Argentina, la mayoría busca alcanzar la italiana y española porque sus orígenes se encuentran en esos países, por sus antepasados que por diversas razones emigraron a América. Me sorprende que muchos desconozcan sus raíces y que algunos ni siquiera sepan los nombres de sus abuelos y mucho menos del lugar donde nacieron. Creo que es un deber saberlo, no sólo por la ciudadanía, sino como una manera de honrarlos.
En mi caso no fue así. Siempre me interesó saber dónde nacieron mis ancestros. Italia y España están en mis raíces. Y no me conformé con saber sólo el país, sino también la región, la ciudad y el origen y significado de sus símbolos patrios.
Pero más allá de los orígenes y de la ciudadanía, considero que es necesario conocer la historia política y cultural. La historia se conoce investigando metódicamente los hechos del pasado, y recurriendo como fuente de nuestra información a documentos materiales y espirituales. Los materiales incluyen ciudades, viviendas, templos, palacios, estatuas, pinturas, esculturas, literatura, monedas y muchos otros. Y entre los espirituales encontramos las leyendas, tradiciones, costumbres, memorias, filosofía y modos de pensar.
Habrá que hacer una crítica para determinar la autenticidad de nuestras fuentes de información. Y también recurrir a la geografía, la etnografía, la filología, la religión. Los grandes inventos, en especial la imprenta, nos ayudaron a conocer el pasado.
Además de mi interés innato por estos temas, la docencia universitaria motivó aún más el conocimiento de la historia de Italia y España. Durante muchos años fui profesor de Historia de Roma y Derecho Romano, además de otras asignaturas en universidades y facultades de Derecho. El estudio y análisis de las fuentes del derecho, su evolución y su influencia exigieron la investigación.
La historia de Roma está muy ligada a la de Italia, pero al igual que otros autores considero que son dos civilizaciones diferentes. ¿Dónde termina una y empieza la otra?. Si es que son diferentes. La civilización romana se extendió por muchos países del mundo e influyó en ellos de manera efectiva, no solamente en materia de derecho. En España encontramos muchas construcciones romanas.
Otras civilizaciones invadieron Italia y España. Los pueblos germanos (godos), los griegos, los vikingos, los árabes que se sumaron a los primitivos habitantes fueron formando nuevas civilizaciones. Mucho se advierte en el lenguaje, el latín vulgar hablado antiguamente en Italia y España recibió la influencia de las otras civilizaciones. Las obras de arte, la filosofía, la literatura.
Algunos temas de la historia reciente, casi contemporánea, no se profundizan ni se mencionan mucho porque dejó heridas que no quiero recordar.
Dejo en claro que no es un libro de turismo, aunque en la parte de regiones o comunidades se publiquen imágenes de diferentes lugares, en general obtenidas en viajes realizados por el autor o por la generosa colaboración de la Oficina Española de Turismo en Buenos Aires, de www.turitalia.com, de www.ilmondo.it, de la Comuna del Abruzzo (comune.roseto.te.it), del Instituto Cervantes (http://cervantes.org), de Turismo y Cultura de Asturias (turismoycultura.asturias.es) y de amigos langreanos de Facebook. A todos ellos mi agradecimiento.
No obstante lo expresado sobre la antigua Roma, se hace una reseña de su historia y se continúa con la historia de Italia, su organización política y luego lo referente a la prensa, literatura, filosofía, música e idioma, para concluir con la formación del gobierno italiano, la bandera y el himno nacional, su Constitución y las regiones italianas.
Algo similar con la historia de España, desde un punto de vista político y haciendo referencia a los primeros albores de la prensa y destacando la literatura, filosofía, música, arte e idioma, la formación del gobierno español, la bandera y su himno nacional, su Constitución y las comunidades españolas.
Este libro se lo dedico a mis primos hermanos, unos de origen italiano u otros de origen español. El orden se basa únicamente en la época de su alejamiento físico, pero todos ellos dejaron un recuerdo imborrable y siguen presentes en mi pensamiento y en mi corazón.
EL AUTOR
Buenos Aires, 2024.
La prehistoria es la época que abarca desde el surgimiento de los primeros seres humanos hasta el nacimiento de la escritura, aunque luego veremos que algunas corrientes ubican en medio de ambas un período denominado protohistoria. Esta época se conoce a través de vestigios como las construcciones, los instrumentos, los huesos o las pinturas rupestres.
Esta época comprende tres etapas específicamente diferenciadas, las cuales son conocidas como Edad de Piedra: el Paleolítico, que abraca desde el año 3.000.000 a.C. hasta el 10.000 a.C.; el Mesolítico, que comprende hasta el año 8.000 a.C.; y el Neolítico, que alcanza el año 3.000 a.C. En el Paleolítico, el cual refiere a la piedra antigua, las personas vivían en cuevas, y se alimentaban de la caza y la recolección, organizándose en ordas por grupos familiares. La fuente de energía era humana y por combustión de leña, y poseían utensilios de hueso, maderas y cueros. En el Mesolítico se desarrollan las canoas y los trineos, utilizando como fuente de energías a los perros. A las cuevas se les suman las chozas, y se incorporan mariscos y pequeños mamíferos en la alimentación. Finalmente, en el Neolítico, que refiere a la piedra nueva, surge el molino manual y se incorporan a las fuentes de energía los burros y los bueyes. Se comienza a practicar la agricultura, se inicia el pastoreo y se elabora la cerveza. En lo que refiere a la vivienda, se comienza a utilizar el adobe.
El término protohistoria refiere a un período no muy bien definido, que se ubica al final de la prehistoria y antes de la historia antigua (Agusti Torres, Academia.edu 2020). Las civilizaciones que se encuentran en este período no han desarrollado aún sistemas de escrituras, empero fueron señaladas en las fuentes escritas de otras culturas. Así, por ejemplo, en Europa se considera a las tribus germánicas y celtas como protohistóricas cuando comenzaron a ser indicadas en las fuentes griegas y romanas. La protohistoria refiere a un período de transición entre la alfabetización de una sociedad y los escritos de los historiadores primarios.
Existen diversas corrientes que definen los límites de este período:
* Para la corriente clásica, la protohistoria refiere a aquellas civilizaciones sin escritura, conocidos por fuentes escritas indirectas.
* Según la escuela francesa este período hace referencia a las sociedades que se desarrollan utilizando la escritura en el antiguo próximo Oriente
* Una tercera interpretación más amplia y moderna, indica que la protohistoria abarca aquellas sociedades que se encuentran encaminadas hacia la cultura escrita y la conformación de un Estado.
La protohistoria se entiende ubicada así entre los años 5.000 a.C. y 18 a.C., y puede subdividirse en tres etapas según el avance tecnológico de las sociedades, en especial respecto a la metalurgia: i) la Edad de Cobre o Calcolítico; ii) la Edad de Bronce; y iii) la Edad de Hierro. La Edad de Cobre abarca aproximadamente desde el año 5.000 a.C. hasta el 3.000 a.C., en donde las fuentes de energía eran mecánicas con burros y bueyes. En referencia a los alimentos, se introdujo la oliva, la vid y los derivados de la leche, mientras que las viviendas eran chozas de madera. La tecnología de la Edad de Cobre refiere a la lana, el uso del oro, la plata, el cobre y la cerámica, así como el surgimiento de la rueda. La Edad de Bronce se caracteriza por el uso del bronce, así como las primeras protoescrituras. Ocupa los años 3.000 a.C. hasta 1.500 a.C. y se caracteriza por el uso de la fuerza de los caballos como nueva mecánica, así como las viviendas de madera. En referencia a los alimentos se realiza pastoreo, y se introducen en nuevos vegetales y los cerdos. La tecnología de este período de la protohistoria se caracteriza por la aleación de metales, como el estaño y el bronce, o el cemento y el vidrio, y la aparición de las espadas. Finalmente, la Edad de Hierro comprendida entre el 1.500 a.C. y el 18 a.C., y se caracteriza por la producción de armas y herramientas mediante el trabajo del hierro. En lo referido a las viviendas se construían en piedras, y se realiza el pastoreo a mayor escala para la alimentación. Las fuentes de energía utilizadas ya son variadas: humanas, animales, combustión de madera y mecánica.
Como mencionamos, la Historia comienza con la aparición de la escritura. Las diferentes etapas comprendidas dentro de la historia comienzan y culminan con un acontecimiento importante. Analizaremos de manera sucinta cada una de ellas a continuación.
La Edad Antigua se inicia en el año 18 a.C. con el nacimiento de la escritura, y abarca hasta la caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476 d.C. Los elementos que caracterizan a la edad antigua refieren en lo tecnológico a la utilización de barcos, papel, monedas e instalaciones hidráulicas. La principal fuente de energía utilizada era la cinética y la explotación de la ganadería, la agricultura para la alimentación, así como el surgimiento de los primeros animales domésticos.
Durante la Edad Antigua surgieron y se desarrollaron las primeras civilizaciones que tuvieron escritura, y por ello son denominadas civilizaciones antiguas. Entre ellas mencionamos la China antigua, la antigua Grecia, Roma y Egipto. Además de la escritura, estas civilizaciones se caracterizaron por el proceso de urbanización, con el surgimiento de las primeras ciudades más superiores en tamaño que las de hasta entonces. Asimismo, la aparición del Estado y del poder político, con la conformación de palacios y reyes, el derecho y la ley. Surgen también las grandes religiones como el judaísmo, el cristianismo y el budismo, organizados en templos y sacerdocios. La prestación del trabajo se vuelve obligatorio, así como el pago de impuestos y la explotación del comercio a distancias mayores.
La Edad Media comienza en el año 476 d.C., con la caída del Imperio Romano de Occidente, y finaliza en el año 1.492 d.C. con la llegada de los españoles a América. Se caracteriza principalmente por el surgimiento del esclavismo y el crecimiento de las zonas urbanas. En lo referido a los alimentos ingresa la pimienta y nuevos vegetales. Las tecnologías utilizadas refieren a la aplicación del caucho y látex, así como el surgimiento de la brújula y la albañilería.
Durante el trascurso de la Edad Media surgieron y cayeron diversos Estados, pero sobre todo en Europa ocupo un lugar relevante la fragmentación política, con el establecimiento de un nuevo sistema llamado feudalismo. En lo que refiere a la religión, primó el cristianismo, conformando una identidad cultural y desplazando a la religión musulmana.
Podemos afirmar que durante esta época se crearon las primeras universidades, debido a la falta de trabajadores profesionales como médicos, abogados y maestros. Eran instituciones educativas a las que concurrían principalmente los hijos de los burgueses, que poseían su propia organización con un rector, ayudantes y tribunal de estudios. Entre las principales mencionamos la Universidad de Salerno especializada en medicina, la Universidad de Bolonia destacada en derecho y la Universidad de París avocada a los estudios teológicos.
Hacia finales de la Edad Media ubicamos la Crisis del siglo XIV, de tipo económica y causada como consecuencia de la gran demanda de alimentos debido al crecimiento demográfico, de la mano con el agotamiento de las tierras fértiles. Ello generó el crecimiento de hambrunas y enfermedades, que generaron conflictos entre los estratos sociales. Un ejemplo de ello se presenta en el año 1348, con la llamada peste negra, una epidemia de peste bubónica que se estima se llevó a un tercio de la población europea.
Los historiadores dividen a la Edad Media en tres etapas: temprana edad media, baja edad media y alta edad media. Repasaremos ellas a continuación.
En el año 476 d.C. se sitúa el comienzo de esta primera etapa, hasta el año 846 d.C. Se caracteriza por la conformación de tres centros de poder luego de la caída del Impero Romano de Occidente: los reinos romano-germánicos por un lado, el Imperio bizantino por el otro, y los califatos musulmanes en tercer lugar. Por ello mismo es que en esta época se ubican el imperio franco de Carlomagno, el reinado de Justiniano en Bizancio y la expansión de la religión musulmana.
La Alta Edad Media conoce sus inicios en el año 843 d.C. hasta el año 1.100 d.C., tomando forma el sistema feudal que caracterizará a la época. Se provocan una gran cantidad de guerras, y con ello la perdida de grandes unidades políticas, que despoblaron las ciudades y trasladaron la población a las zonas rurales. En Occidente se consolidó el poder del Papa cristiano, en contraposición con el Imperio Bizantino que creó la Iglesia Ortodoxa.
A partir del año 1.100 d.C. y hasta el 1.500 d.C. transcurre la Baja Edad Media, que se distingue por el surgimiento de las nuevas ciudades, y con ella de un nuevo grupo social denominado burguesía. En este período se desarrollan las guerras cruzadas cristianas que analizaremos en el punto siguiente.
Tal como mencionamos, dos de las características que destacan la Edad Media es la configuración del sistema feudal y las Guerras de las Cruzadas. El feudalismo consistía en la organización político territorial en pequeñas unidades denominadas feudos, imperante en Europa. Los feudos eran tierras que los reyes habían entregado a los guerreros en recompensa de sus servicios, incluyendo un castillo y las tierras que lo rodeaban, quedando conformando de esta forma un vínculo de compromiso entre el señor feudal y la monarquía. Los señores feudales podían explotar estas tierras y el trabajo de los campesinos que habitaban en ellas.
No obstante, el poder de las monarquías se fue debilitando, y los señores feudales fueron adquiriendo autonomía sobre sus propias tierras, pudiendo establecer impuestos, establecer obligaciones y sancionar a quienes las desobedecían.
El feudalismo generó indefectiblemente una desigualdad social y jurídica, que establecía diferencias entre quienes tenían privilegios, como la monarquía y los señores feudales, y los campesinos y artesanos. Este orden quedaba establecido desde el nacimiento, siendo imposible modificarlo luego, ya que estaba dado por Dios, según los preceptos de la iglesia cristiana.
La economía de los sistemas feudales era cerrada, ya que dentro de cada feudo se producían los bienes y servicios suficientes para la subsistencia de los señores feudales y los campesinos.
Respecto a las Cruzadas, podemos decir que se suscitaron entre los años 1096 y 1291 d.C. y fueron guerras religiosas impulsadas por la iglesia católica con el fin de recuperar la cristiandad en las tierras conocidas como Tierra Santa, de la región del Oriente Próximo, que se encontraban dominadas por el islam. En estas tierras se entendía había vivido Jesús, y por esa época se encontraban bajo el dominio musulmán. Las primeras cruzadas fueron llevadas a cabo por los señores feudales, logrando la conquista temporal de Constantinopla y la constitución efímera de un reino cristiano en Jerusalén. Como contrapartida se produjo un conflicto con la iglesia ortodoxa.
En el año 1.453 d.C. comienza la Edad Moderna, con la conquista de Constantinopla por el Imperio Otomano, que abarca hasta el año 1.800 d.C. con el inicio de la Revolución Francesa. En esta etapa continua la esclavitud, al igual que la Edad Media, con el agregado de los elementos que trae la Revolución Industrial, como la máquina a vapor, el cañón y nuevas aleaciones. Podemos afirmar que en la Edad Moderna se inicia el fenómeno conocido como consumismo y surgen las primeras epidemias.
Durante este período se sucedieron transformaciones, sociales, políticas y económicas, permitiendo la consolidación de las monarquías centralizadas, permitiendo la conquista de nuevos territorios y el comercio con otros continentes, de la mano de la caída del sistema feudal. Las monarquías de la Edad Moderna se caracterizaron por: i) la integración territorial, ya que el territorio que controlaban estaba debidamente delimitado por fronteras, con una moneda real y la eliminación de peajes; ii) el absolutismo, representando el rey al conjunto de la sociedad, y con el apoyo de la iglesia para legitimar su poder; iii) la burocracia, siendo la organización estatal conformada por funcionarios que administraban justicia, hacían cumplir las leyes y cobraban impuestos, entre otros; iv) la diplomacia; v) el ejército, propios de cada Estados para defender sus fronteras; vi) la identidad nacional, desarrollando símbolos como escudos o banderas que los representaban.
Las trasformaciones económicas se relacionaron con las nuevas formas de producción agraria, las innovaciones técnicas y el mercantilismo. La recuperación económica se caracterizó por la modificación de las relaciones entre el campo y la ciudad ofreciendo los campesinos más variedad de alimentos a las ciudades, y trasladando al campo la producción manufacturera de textiles. El comercio a media y larga distancia se reactivó, estableciendo rutas comerciales que conectaron cada vez más regiones, entre ellas las rutas marítimas del Mar Mediterráneo y la Ruta del Mar del Norte, en combinación con rutas terrestres que atravesaban Europa en todas las direcciones. Como consecuencia de este crecimiento se crearon los primeros bancos y compañías comerciales, sobre todo debido a la existencia de diversas monedas, y el surgimiento de sistemas de préstamos, letras de cambio y pago a distancia.
En lo que refiere a la religión, la reforma protestante puso en duda la superioridad del Papa como representante de Dios en la Tierra, rompiendo con la unidad cristiana imperante en Europa hasta entonces. Destacamos en este sentido la Reforma Luterana, el movimiento protestante, o la fundación de la Compañía de Jesús, fueron los diversos movimientos que surgieron en ese tiempo.
Finalmente mencionamos que, respecto de los esclavos, se generó un intenso mercado desde África, transportados y vendidos en América por europeos. Intervenían también reyes africanos y mercaderes árabes.
Si bien marcamos el comienzo de la Edad Moderna con la conquista de Constantinopla, algunos historiadores la relacionan con la llegada de las embarcaciones de Cristóbal Colón a América, otro hito importante que se sucedió en esta época, específicamente en el año 1492.
Debido a la expansión ultramarina de Europa se descubrió América, que luego fue conquistada por diversos pueblos europeos, generando para ellos beneficios económicos y políticos. Empero los pueblos americanos se vieron altamente perjudicados, debido a que se instaló un sistema de explotación y extracción de recursos naturales, a través del trabajo forzado y esclavo.
La conquista propiamente dicha hace referencia al período de violentos enfrentamientos entre los invasores europeos y los pueblos originarios americanos, como el Imperio Azteca o el Imperio Incaico. La colonización de América indica el período posterior, en el que se funda una sociedad colonial dependiente de Europa, de acuerdo a las ideologías de la época, es decir diferenciando por etnias en negros, indios y blancos.
El proceso de colonización generó la conformación de ciudades fundadas por europeos, que instalaron poblaciones y crearon sistemas de autoridades que respondían a las monarquías de Europa. Asimismo, se impuso la conversión de las personas americanas al catolicismo, reemplazando los antiguos cultos, y obligando a practicar las ceremonias religiosas.
A grandes rasgos podemos afirmar que el territorio americano fue repartido entre la colonia española, siendo la primera y más extensa, la colonia portuguesa, que abarcó el actual territorio de Brasil, la colonia británica, que se asentó en Norteamérica, la colonia francesa, también instalada en el norte, y la colonia holandesa, mucho menor que las anteriores.
Este proceso de colonización culminó con las guerras de la independencia de los países americanos, originando jóvenes repúblicas autónomas, que conforman los actuales países americanos.
Desde el año 1.800 d.C. y la actualidad ubicamos la Edad Contemporánea, caracterizada por la aparición de los primeros casos de estrés, la globalización, el efecto invernadero y el agotamiento de las reservas naturales. La tecnología se destaca por la creación de los polímeros, y el desarrollo de la robótica, y de la era digital en general. Las nuevas fuentes de energía refieren al carbón, el gas natural, el petróleo o las fuentes nucleares, entre otras.
El comienzo de la Edad Contemporánea se suele vincular con diversos hechos, tales como el inicio de la Revolución Francesa, la independencia de los Estados Unidos o las guerras de las independencias hispanoamericanas. El señalamiento de uno sobre los otros refiere a la relevancia que se le otorga al suceso y el ámbito de estudio.
El imperialismo europeo generó la consolidación de grandes potencias mundiales que comenzaron a competir entre sí, generando la Primera Guerra Mundial y luego la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, tuvieron lugar la Guerra Fría, la Revolución Rusa y el desarrollo del comunismo. Durante este período se dieron las revoluciones industriales que modificaron el modo de producción, y con ello las relaciones de trabajo y las formas de vida de las personas. Asimismo, se produjeron revoluciones liberales que buscaron instaurar regímenes políticos en consonancia con el nuevo capitalismo.
Luego las democracias comenzaron a alzarse como formas de gobierno predominantes, otorgando a la población el lugar predominante a nivel mundial. El reclamo por los derechos humanos adquiere relevancia, así como el surgimiento de los movimientos feministas en reclamo por condiciones de igualdad y justicia. En los últimos de la Edad Contemporánea tiempos destacamos el desarrollo tecnológico, virtual y digital que introdujo un cambio relevante en todos los aspectos de la vida, abriendo el camino a la globalización.
De la mano de ello el surgimiento de la internet, la telefonía móvil y los medios masivos de comunicación.
Algunos historiadores optan por dividir la Edad Contemporánea en diversas etapas, a saber: i) 1789 a 1848, de revolución y restauración; ii) desde 1848 a 1914 de capitalismo e imperialismo, marcado por la Segunda Revolución Industrial; iii) de 1914 a 1918, época de la Primera Guerra Mundial; iv) 1918 a 1939 el período entreguerras; v) de 1939 a 1945 de la Segunda Guerra Mundial; vi) de 1945 a 1989 caracterizado por la Guerra Fría; vii) desde 1989 al presente, la globalización.
La geografía de Italia se puede diferenciar en dos sectores: i) al norte la Italia continental, entre los Apeninos y los Alpes, está bañada en una pequeña parte por el mar de la Liguria al oeste y por el Adriático al este; ii) al sur, la peninsular, bañada por los mares Adriático al este, Jónico al sur este, y Tirreno al oeste. La primera se asemeja al clima de la Europa central, con tierras ricas para el cultivo. Es la península de forma de bota que penetra profundamente en la cuenca del Mar Mediterráneo.
La Italia peninsular se encuentra atravesada por las montañas de los Apeninos, separando la costa oriente de la de occidente. La falta o escasez de precipitaciones solo permite una agricultura desigual dependiendo la zona. Por el contrario, el desarrollo de la ganadería es beneficiado por los extensos bosques y el clima suave. La presencia del terreno montañoso conforma espacios separados que generan la formación de pueblos aislados, y aferrados a culturas y costumbres propias (Roldán Hervás, 2005).
También, desde un punto de vista físico, se pueden distinguir tres regiones: a) Italia Septentrional o alpina, comprendida entre los Alpes y el valle del río Po. Las montañas constituyen el límite fronterizo con Francia, Suiza y Austria y caen hacia la llanura del Piamonte; b) Italia Central o peninsular, recorrida por la cadena montañosa de los Apeninos, desde el Piamonte, pasando por el Lacio y llegando a la Campania, donde se eleva el volcán Vesubio, en el Golfo de Nápoles; c) Italia Meridional o Insular, constituida por las islas de Sicilia, Lipari y Cerdeña. La primera, separada de la península por el estrecho de Messina, presenta el volcán Etna, y en la isla eólica de Lipari el volcán Stromboli. La tercera, Cerdeña, es muy montañosa pero presenta algunas llanuras sedimentarias.
Hidrografía. Comparados con el resto de Europa los ríos son bastante cortos por la estrechez de la península y la división de los Apeninos. Quizás el más importante sea el río Po, el más largo de Italia (652 km) que nace en los Alpes y desemboca en el golfo de Venecia, sobre el mar Adriático. El segundo río más largo es el Adige (410 km) que también nace en los Alpes, que pasa por las ciudades de Trento y Verona y desemboca en el mar Adriático. Otros ríos del norte de Italia son el Piave (220 km) y el Savio (126 km) que desembocan en el mar Adriático, destacándose también el Arno (241 km) que pasa por la Toscana y desemboca en el mar de la Liguria. El tercer río más largo de Italia es el Tiber (406 km), que nace en los Apeninos, recorre Umbria y Lacio y desemboca en el mar Tirreno. Es uno de los más famosos por estar relacionado con la historia de Roma, a la que separa de Ciudad del Vaticano. En la isla de Sicilia se destacan los ríos Alcántara (52 km) y el Belice (77 km). Y en Cerdeña se encuentra el río Coghinas (115 km).
Aunque no se trata de ríos, son muy admirados por los turistas el lago de Como, en la región de la Lombardía y el lago de Garda, al pie de los Alpes.
Así las cosas, a partir del siglo VII a.C. es posible divisar en Italia una serie de pueblos con rasgos culturales específicos, que se conformaron a partir de la incidencia durante siglos de diferentes elementos lingüísticos, étnicos y culturales. A continuación, nos referiremos a algunos de ellos.
Fuente: Roldan Hervás (2005) p.40
Los ligures y los vénetos se ubicaron en el norte. Los primeros se establecieron en la costa tirrena, entre el Ródano y el Arno, quedando restringidos a las regiones montañosas de los Alpes y los Apeninos debido a la presión de otros pueblos.
Su población era de tipo preindoeuropea, sobre la que incidieron caracteres indoeuropeos. Los vénetos por su parte ocupaban el nororiente, en la región de Venecia de cara al Adriático. Su población era de origen indoeuropea. Finalmente, en el centro de Italia se ubicaban los etruscos, entre el Tíber y el Arno, de cara al mar Tirreno (Roldán Hervás, 2005).
En el libro “Los etruscos” de Walker leemos que posiblemente no ha existido ningún pueblo europeo que fuera tan maltratado como el Etrusco, cuya herencia ha sido tan sistemáticamente destruida. Parece como si la posteridad se hubiera empeñado en borrar todo recuerdo de una nación que, en su tiempo, escribió con su acción pionera el primer gran capítulo de la historia de Occidente.
El que podría llamarse “territorio nacional etrusco”, agrega Walker, no era en realidad muy extenso y, en gran parte, su superficie coincidía con la actual Toscana, cuyas características –unas ciudades vivían de la minería, otras de la agricultura y otras del comercio-, no eran precisamente favorables a la unidad política, y los etruscos no pudieron o no supieron hallar una solución a este problema. Se sabe, sin embargo, que formaron una Liga de doce ciudades (dodecapoli), regidas por reyes llamados lucomones. Aunque se conocen miles de inscripciones en lengua etrusca, en su mayoría son de carácter funerario. En cuanto a las posibles filiaciones lingüísticas, se trataría de una lengua perteneciente al grupo intermedio entre el caucasiano y el indoeuropeo. Los etruscos legaron a los romanos diversas formas arquitectónicas, como el arco y la bóveda. Todas las ramas de la artesanía etrusca estaban dominadas por la influencia helenística.
En base a testimonios arqueológicos sabemos que los etruscos realizaron obras de escultura sobre todo para templos, santuarios y tumbas. Además de las estatuas de divinidades colocadas como ornamento de edificios sagrados. La escultura funeraria produjo una notable cantidad de sarcófagos y vasos contenedores de cenizas de los difuntos. Utilizaban arcilla y metales. Se destacan dos estatuas, una de “Apolo” (500 a.C.) en el Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia, Roma y la llamada “El orador” (90 a.C.) en el Museo Arqueológico de Florencia.
Existió un artista de nombre Vulca, director de una escuela coroplástica (trabajo de la arcilla) en la ciudad de Veyes (Noroeste de Roma). La mencionada estatua de Apolo, de 175 cm de altura, se encontraba en la parte superior del Templo de Portonaccio, aunque también se afirma que sería el Santuario de Minerva de Portonaccio. También fue hallada una estatua de un hombre con toga pidiendo silencio antes de pronunciar un discurso. Una característica muy particular de la escultura etrusca era que el color de la piel de las figuras masculinas era más oscuro que el de las mujeres.
El resto de la península se encontraba ocupada por pueblos que tenían en común el lenguaje de tipo indoeuropeo, y eran denominados genéricamente itálicos. Los latinos conformaban el primer grupo itálico, asentados sobre la llanura del Lacio, en el curso bajo del Tíber. Los sabinos eran parte de la otra familia itálica, habitaron la región central de los Apeninos y se destacaron por ser un pueblo de extensa tradición itálica, de prolífera relación con Roma y respeto social y moral. Al igual que los latinos, que se destacaban por sus virtudes de prestigio moral, orden militar y laboriosidad, aunque se considera que ellas formaban parte de un imaginario creado para resaltar el contraste con ciertas características etnográficas negativas de los romanos (De Santis, G., & Ames, C. 2013).
Celtas e ilirios. Los celtas conformaron una civilización que llegó a ocupar la mayor parte del territorio del continente europeo durante el primer milenio antes de Cristo. Era una civilización sin imperio, unida por su manera de pensar y de sentir, sus costumbres y lengua. Tampoco eran homogéneos desde el punto de vista étnico. En la península itálica penetraron de forma discreta, tomando el rol de pastores pobres, aunque el encuentro con los pueblos itálicos fue altamente enriquecedor para los celtas (López Serrano).
Por su parte los ilirios transformaron la etnografía de Europa, desplazándose por todo el territorio. Se asentaron principalmente en la costa norte y oeste del mar Adriático, cruzando algunos hacia el noroeste de la península itálica.
Luego, destacamos la cultura de La Téne, siendo una de las culturas más fascinantes e importantes de la época, desarrollada en la región de La Téne, en la zona del lago Neuchatel, Suiza, y expandida por parte de Europa central y occidente. Particularmente esta cultura se destacaba por el uso del hierro, la fabricación de joyería y armamento de alta calidad. Su asentamiento en Turín responde a la prosperidad de Italia, lo que genera un botín deseable. Así estos pueblos se enriquecían mediante incursiones, y luego se asentaban en el norte de Italia.
Finalmente, la tribu de los boyos que eran una tribu ubicada en un principio en Europa central, denominados como pueblos del ganado o pueblos guerreros, dependiendo su fortuna de la guerra y del ganado. Esta tribu se dividió en dos grandes grupos, los cuales partieron unos hacia el centro de Europa y los otros hacia el norte de la península itálica.
Estos últimos ocuparon la antigua ciudad etrusca de Felsina, cambiando su nombre por Bolonia, y transformándola en la capital de los boyos. Pero los boyos no despoblaron Felsina, sino que simplemente se asentaron en ella y conformaron matrimonios mixtos, pasando a formar parte de su población. Pese a ello, existen rastros de que se apropiaron de mujeres y riquezas etruscas.
La Magna Grecia –o Megàle Hellàs- conformada por colonias griegas ubicadas en la región meridional de la península itálica gozaban de autonomía, hasta luego de las Guerras Samnitas en el año 316 a.C., cuando Roma incursiona en ella. Las ciudades de la Magna Grecia, las cuales se extendían a lo largo del Golfo de Tarento, no habían podido crear un estado unitario que fuera capaz de abarcar a los pueblos vecinos, pese a su evolución en comparación con el resto de Italia (R. Buono Core Varas, 2015).
La Magna Grecia poseía el dominio de una franja costera, con tierras cultivables y ubicación estratégica para el comercio. Entre las polis más relevantes de la Magna Grecia mencionamos Cumas (757 a.C.), Siracusa (734 a.C.), Síbari (720 a.C.), Crotone (708 a.C.) en Calabria, Tarento (706 a.C.), Elea (538 a.C.), Turios (472 a.C.) y Heraclea (432 a.C.). Todas ellas fueron centros autónomos de difusión de la cultura griega en Occidente, como lo demostró el desarrollo del pensamiento filosófico generando la fundación de nuevas colonias, como Gela, Agrigento, Selinunte, Catania y Reggio.
Agrigento, situada en la costa sur de Sicilia, a sólo 5 km del mar, se destaca por su arquitectura del siglo V a.C. Se destacan el Templo de la Concordia, el Templo de Zeus, la Tumba de Terón, el Efebo de Agrigento. La ciudad fue catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. El filósofo Empédocles dijo que los habitantes de la ciudad de Agrigento “festejaban como si fueran a morir mañana y construían como si fueran a vivir eternamente”.
