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Este libro invita a ejercitar el razonamiento, evocar aprendizajes adquiridos y adquirir otros nuevos a través de recursos lúdicos. Propone desafíos para mantener en forma la mente hasta los 99 años de edad.
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Seitenzahl: 100
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Graciela Eidner
Jugando con vos(z)
Eidner, Graciela
Jugando con vos (z) : cuentos y acertijos de la mente / Graciela Eidner. - 1a ed. -
Berazategui : libella, 2023.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-8259-16-1
1. Juegos. I. Título.
CDD 371.337
Editado en 2022 por Ediciones Libella - Editora Natalia Alterman
www.naediciones.com.ar
Hecho el depósito que marca la ley 11.723.
Diseño y diagramación: Estudio Golum
Digitalización: Proyecto451
Versión 1.0
Esta publicación no puede ser reproducida, en todo ni en partes, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la autora.
Jugá, leé, renovate en cada amanecer y volá alto,
tan alto como lo desees; el límite lo ponés vos.
Agradecimientos:
A los que confiaron en mí, en especial a Libella por volver real mi sueño.
A Luisa Fariña Sanabria por su paciencia y constancia en el titánico trabajo del armado digital de los juegos y cuentos. Por brindarme su amistad, cuya juventud, desparpajo y capacidad es una bocanada de aire fresco.
A Kenya Marelis Ubeto por su profesionalismo, idoneidad e incondicionalidad en sus opiniones y diagramación digital; por acompañarme en esta aventura.
A Perla Adriana Vulcano por sus opiniones profesionales, su tiempo y su amistad, que atraviesa varios almanaques. A mis padres, Betty y Ricardo, por sus enseñanzas en todas las órdenes, por priorizar la familia, por inculcarme que los desafíos son a diario, a nunca darse por vencido y jamás claudicar. Sé que desde su morada, el paraíso, me están iluminando.
A mis hermanos Carlos y Silvina, sobrinos y sobrinitos, por incentivarme y expresarme a viva voz su alegría por haber concretado este sueño largamente acariciado.
A mis maestros, que con sus enseñanzas me forjaron un camino a seguir. Siempre hicieron hincapié en el estudio, trabajo, tesón, constancia, flexibilidad, realimentación y actualización de conceptos. Me enseñaron a soltar para crecer, a desacartonarme.
A mis colegas y amistades de antes, de ahora, de siempre, que me permitieron evocar y atesorar con alegría momentos cálidos, lúdicos, amenos… y hacerme sonreír siempre.
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Dialogando con Apolo
Se escuchó el timbre que anunciaba el momento de entrar al aula para el inicio de la clase. Los jóvenes alumnos de la Universidad de Lomonósov se mostraban muy interesados en incorporar nuevos conocimientos.
Fedor Dvorkin, titular de la cátedra, estaba preocupado por el tema a desarrollar ese día. Se sentía abrumado por sus problemas personales, se hacía varios planteamientos. Las respuestas que hallaba no lo convencían, ni le causaban satisfacción. Luego del saludo inicial propuso el tema a abordar: los laberintos.
Los laberintos que cada uno recorre, atraviesan hasta encontrar el ca-mino adecuado para descubrir la libertad, despojarse de todo. Perturba el sentirse atrapado, no encontrar una solución digna que apacigüe el ritmo de los latidos del corazón.
Abordó el tema con mesura, templanza, firmeza, idoneidad. Al concluir su exposición, solicitó al alumnado opiniones con respecto a lo escuchado y que fundamentaran. Algunos pocos se animaron con aire desafiante, confesaron que se sentían en una posición de no saber qué elegir, qué ha-cer, temían por su presente, por su futuro, si tomaban caminos correctos o no. Sus dudas por momentos hacían que se sintieran encerrados en el Laberinto de Dédalo. Ser Teseo y el minotauro a la vez... ¿Quién triunfaría?
Varios vivían situaciones de zozobra en la transición de la adolescencia a la adultez. Estaban encerrados en “La casa de Asterión” de Borges, discu-
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tiendo con Sinis para qué dirección inclinaría ese día el pino. Lidiaban con la soledad, la monstruosidad, la angustia, las mentiras... Se preguntaban si Teseo vendría a su rescate.
Apenas admitían las sombras que cada uno de nosotros tenemos ocul-tas y que no queremos aceptar, pero que proyectamos más allá de noso-tros mismos. Nuestra parte más primitiva, feroz, violenta, dañina, instin-tiva. Sin autocrítica. Otros alumnos, admitieron que es mejor abrazar las sombras antes que negarlas. A la hora del almuerzo, los jóvenes fueron a la cafetería, en el primer piso.
Fedor quedó solo, sentado frente a su escritorio. Las respuestas de sus alumnos daban vuelta por su cabeza. En sus pensamientos oníricos se sen-tía un diamante por su alma bondadosa y genuina, por su dureza, con ideas férreas e incorruptible en su proceder. Parecía que toda su constitu-ción era de Carbono 14. Su faz era una cara del octaedro. Lisa, brillante, limitada en expresión. Cotizado por su vasta cultura y profesionalismo. Una pieza extraída en las minas de Mir. En ocasiones se sentía débil, inde-fenso, como el agotado minero que extraía el tesoro y recibía una paga precaria y solo beneficiaba a los poderosos.
Los verbos sentir, desear, necesitar, solo los pronunciaba en infinitivo, apenas se atrevía a conjugarlos, y menos en primera persona del singular, en presente del indicativo: YO siento, YO. Se veía como minotauro... y, por momentos, como Teseo en su laberinto interno.
Concluyó el intervalo, retomó su excelsa oratoria. Luego invitó a los alumnos a que hacieran un viaje introspectivo al oráculo para plantearle sus menesteres e ideas a Apolo, quien seguramente les daría las respues-tas adecuadas. Seguir sus consejos era todo un desafío para que su yo in-terno quedase conforme y satisfecho.
Al término de la clase, Fedor despidió a todos hasta la próxima. No re-veló que él mismo tratará de dialogar con Apolo.
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Pentagrama
A las postrimerías del año en curso hago lo que todos: un balance de mi existencia, que sumó, restó o quedó equiparado. Debo decir que mi recur-so para hallar respuestas a estas inquietudes es la música.
En diferentes ritmos, tiempos, es mi fuente de agua bendita, para recar-gar mi carrocería (cuerpo, mente y alma) e intentar que entre ellas no se enfrenten. Bailo, canto, practico yoga, Chi Kun, Tai chi, leo, escribo, medito y todo lo que se pueda imaginar para que mi cinética exterior e interior esté en equilibrio.
En cada acorde veo el pentagrama de mi vida sostenida por la clave de sol, que me ilumina. Sobre los segmentos paralelos trato de pararme. Me concentro entre corcheas, semicorcheas y el tiempo que dura cada melo-día, que me invita a bailar y en mi contorsión rompo estructuras, me des-pojo de todo lo que me inhibe, olvido mi pudor. Me acompaña para redes-cubrirme, desahogarme, liberarme de ataduras internas, procrastinar.
Cada compás me anima a echar por la borda todo aquello que me gene-ra desdicha o frena la concreción de mis metas, vaciar cada una de mis células que conforman mi anatomía, de la hiel que me paraliza y amarga mis días.
Como buena geminiana soy el prototipo de la dualidad: éxtasis y vehe-mencia, y al unísono, pesimismo y depresión. En la balanza del bien y del
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mal priorizo mis pequeñas victorias, las celebro. Seguidamente busco es-trategias para mejorar mis debilidades y fracasos. Mis miedos no siempre me presentan bandera blanca.
La música, como un vector intangible se presenta en mí con diferentes velocidades de potencia. Según el ritmo, ya sea un vals o un rock and roll, me atraviesa, modifica y me da valor. Para mí es una herramienta primor-dial para que las puertas necesarias se abran.
Me dispone a recibir cosas nuevas, a estrenar, lucir, vivenciar con brío y algarabía, y que mi balanza sume en dicha y felicidad. Tengo la libertad de elegir priorizar o desechar. Probablemente cometa errores. No obstante, quiero que mi metamorfosis interna sea al compás de mi propia música.
Al comenzar el nuevo año con un pentagrama en blanco, quiero aco-modar las notas musicales, diseñar mi vida, crear una melodía armoniosa y placentera, crear mi mejor canción con mi propia música, el combustible que me recicla y es el recurso renovable para que mi naturaleza perma-nezca y trascienda.
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Paisaje albino
Planeo mis vacaciones con la premisa de encontrar un lugar donde pueda huir de la vorágine de esta ciudad estruendosa, sórdida, entre bocinazos y redoblantes que aturden en cada manifestación en contra o a favor de. Además de separarme de él por un tiempo.
Entre las propuestas de diferentes agencias de turismo, opté por cono-cer el Salar de Uyuni, en Bolivia. Tuve un viaje aéreo placentero. Al llegar al aeropuerto me esperaba una combi. Durante la travesía para llegar al lugar ya casi lograba mi objetivo.
Frente a mis ojos veo un cuadro bicolor al aire libre, creado por el Todo-poderoso, donde prepondera el color blanco de la pureza en su máxima expresión. El Salar y las nubes se confunden en el horizonte, apenas se halla el límite entre ambas. El celeste del firmamento es el marco de esta obra de la naturaleza, en este cuadro tridimensional. Los rayos del sol dan luminosidad a estas perlas de cloruro de sodio y emanan chispazos como las luces artificiales en Navidad.
El guía de la expedición nos sugiere usar gorra y gafas oscuras. No solo este paisaje albino me impresiona, sin dudas lo que atrapa mi atención es el silencio sepulcral que allí se manifiesta sin escrúpulos. Un silencio que emiten en complicidad el cielo y la tierra al unísono. Apenas perceptibles son las voces de los pocos lugareños, de los trabajadores que excavan a
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golpe de pala para obtener la sal en pequeñas porciones, y las conversacio-nes de los turistas son susurros en aquella inmensidad enceguecedora.
Me pongo a pensar en si el silencio tiene sonoridad. Alguna vez leí que Machado en sus creaciones literarias utilizaba el silencio como marco para realzar el sonido con el uso de onomatopeyas. Dejaba entrever que el si-lencio tiene efectos fonéticos y semánticos. También evoco a mi profesor de música cuando dijo que el compositor John Cage en sus obras usó el silencio para dar forma a sus melodías. Recuerdo que hay silencios de to-lerancia, de omisión, de disimulo, de prudencia, de discreción para no en-torpecer una convivencia, como muestra de solidaridad, compañerismo, amor o lealtad.
Yo lo he experimentado.
Callamos cuando hacemos una introspección y hurgamos en nuestro interior. A veces en la búsqueda hay ruidos con distintos tonos y volúme-nes de sonoridad, y silencios que apabullan, dicen que esconden tristezas, congojas, frustraciones.
Doy fe de ello: la valoración del silencio depende de quien calla o dice, y de qué calla o dice. Los silencios tienen variantes que cuesta descifrar entre la angustia, tormento, desasosiego, precaución, reserva, sigilo, pau-sas que a veces nos conectan con la soledad o la muerte, que no emiten ondas sonoras pero en nuestra alma hacen barullo y aturden.
Todo eso lo siento aquí, en este lugar inhóspito del planeta Tierra. Es-toy embelesada, por momentos inmóvil, en un estado de reflexión absolu-ta. Entiendo que podemos utilizar el silencio como instrumento de poder, de juicio, coerción, para atemorizar, sembrar inseguridad o desconfianza que lleva a lo imprevisible, inestable, inaprehensible, místico, esotérico, fluctuante.
Este lugar se apodera de mí. Según García Lorca, “el silencio es el habla del pensamiento sin sonidos”. Goya en sus lienzos ha plasmado la idea de que hay que dudar del que calla. En las oratorias se regulan las palabras y
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los silencios. Aquí apenas emito palabras con mis pares, pero conmigo misma el dialogo es fluido y constante.
Estoy abstraída en esta majestuosidad. Hay quienes impiden el abuso de palabras y defienden el silencio, y quienes utilizan el silencio como metáfora para decir lo indecible.
El silencio entendido como tácito: el no decir diciendo, el no decir no diciendo, el decir sin decir, son silencios que socialmente son necesarios para la convivencia diaria.
A veces huyo del sonido, pero soy sonido mismo y administro mis si-lencios para estar en armonía. Este lugar es de remanso, contemplación, meditación que
