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JUGUETES PARA NIÑOS, HERRAMIENTAS PARA PADRES No hay infancia feliz sin juegos. Si desea conectar con sus hijos e hijas, trabajar en conjunto para mejorar los aspectos que provocan situaciones desagradables en su hogar, y conseguir que niños y niñas reconozcan y acepten sus emociones, es más fácil si lo hace desde el juego. Dado que los juguetes son el medio que favorece el juego, en este libro encontrará ideas e instrucciones para crear sus propios juguetes. Estos le ayudarán a gestionar fácilmente y mejor los momentos cotidianos menos divertidos, como irse a la cama, lavarse los dientes, dejar de tener miedo o colocar la mochila en su sitio al llegar a casa, entre otros. Asimismo, gracias a las herramientas que se presentan en el libro, conseguirá: - Fomentar el maravilloso vínculo adulto-menor - Resolver conflictos transformando esos momentos en divertidos e inolvidables - Saber si lo está haciendo bien Los juguetes que se detallan en este Sentilibro tienen un valor incalculable, pues son algunos de los recursos que aconsejan los propios psicólogos. Además, cada uno se acompaña de una guía profesional para aprender y entender por qué funcionan. Prepárese para sorprenderse y hacer que en su vida todo sea más sencillo junto a sus pequeños.
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Seitenzahl: 101
Veröffentlichungsjahr: 2023
Juguetes fáciles para momentos difíciles
© 2023 Sara Bosch Carretero y Marta López García
Primera edición, 2023
Directora de colección: Mercedes Bermejo
Directora de producción: M.ª Rosa Castillo
Colaborador: Pol Carbonell Bosch
Correctores: Nuria Barroso y Anna Alberola
Maquetador: cuantofalta.es
Diseñador de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO
© 2023 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.
Avenida Juan XXIII, n.º 15-B
28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid
www.editorialsentir.com
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ISBN del libro en papel: 978-84-267-3579-9
ISBN del libro electrónico: 978-84-267-3694-9
Producción del ePub: booqlab
¿Por qué me lo pones tan difícilcon lo que yo te quiero?Será porque soy un niño.
A todos los papis, a todos los niñosque nos retan y nos inspiran cada día paraque todo pueda ser mucho más fácil.Gracias.
A nuestros amores: Pol, Hugo y Martina.
Prólogo
1. Padres, madres... Estamos a vuestro lado
1.1 Los juguetes
2. Los dormimonos
2.1 Explicación del juego. Instrucciones
2.2 Bases psicológicas
2.3 ¿A qué edad empiezan los miedos?
2.4 ¿Cómo favorecer un sueño agradable?
2.5 Sugerencias para papis y mamis
3. La botella de besos
3.1 Explicación del juego. Instrucciones
3.2 Bases psicológicas
3.3 Sugerencias para papis y mamis
4. El buzón respondón
4.1 Explicación del juego. Instrucciones
4.2 Bases psicológicas
4.3 Sugerencias para papis y mamis
5. Misión posible
5.1 Explicación del juego. Instrucciones
5.2 Bases psicológicas
5.3 Sugerencias para papis y mamis
6. Palabras pastosas
6.1 Explicación del juego. Instrucciones
6.2 Bases psicológicas
6.3 ¿Cómo empezar a hacerlo?
6.4 Sugerencias para papis y mamis
7. Parking de mochilas
7.1 Explicación del juego. Instrucciones
7.2 Bases psicológicas
7.3 ¿Cómo introducir las rutinas?
7.4 Sugerencias para papis y mamis
8. Espray antimonstruos
8.1 Explicación del juego. Instrucciones
8.2 Bases psicológicas
8.3 ¿Cómo actuaremos, en general, ante una situación de miedo?
8.4 Sugerencias para papis y mamis
9. Voy pitando
9.1 Explicación del juego. Instrucciones
9.2 Bases psicológicas
9.3 Sugerencias para papis y mamis
10. Capítulo final
No hay infancia feliz sin juegos. Un pequeño que no ha jugado en su infancia no será nunca un niño sano, una niña feliz. No descubrimos nada nuevo con esta afirmación. Lo que no está tan extendido es que los juegos sirven, además, para solucionar traumas y diversos problemas, tanto en la infancia como en la edad adulta. El juego es algo que, terapéuticamente, se empieza a utilizar con muy buenos resultados.
Dentro de este novedoso mundo donde el juego es el medio para elaborar y solucionar las emociones, los traumas y las conductas no deseadas, aparecen Sara Bosch y Marta López.
Dos profesionales de la psicología que se las han ingeniado para elaborar juegos para que los padres y madres podamos conectar mejor con nuestros hijos para que trabajemos aquellos aspectos del día a día que provocan situaciones no deseadas en el hogar, o para que los niños y niñas reconozcan y acepten sus emociones.
En este libro encontrarás soluciones para resolver diversos problemas que suelen darse en la mayoría de hogares: cómo irse a la cama, cómo lavarse los dientes, cómo hacer las cosas (¡y de forma rápida!), cómo dejar de tener miedo o cómo dejar la mochila en su sitio al llegar a casa. Si te parece imposible, sigue leyendo las páginas siguientes.
A modo de anticipo, adelanto que en cada capítulo hallarás ideas para crear juguetes que ayuden a lograr cada objetivo. Al fin y al cabo, según las propias autoras, los juguetes son el medio, el instrumento que favorece el juego. Y se las han ingeniado para diseñar juguetes que permitan establecer esa conexión con los niños, que sean el puente que favorezca la resolución de un problema.
Lo mágico viene a continuación: estos juguetes no se venden. No vas a encontrarlos en tiendas (de momento) porque están pensados para ser elaborados en casa, para que todo el mundo tenga acceso a ellos y para que puedan ser confeccionados con nuestros pequeños y pequeñas.
Todo esto solo puede conseguirse con grandes dotes de creatividad, profesionalidad y sabiduría. Gracias, Sara y Marta, por hacerlo posible.
Dicen que la felicidad está en los pequeños momentos, y yo he tenido la suerte de disfrutar de uno de ellos cuando me pidieron prologar esta obra. He disfrutado cada juego como si lo estuviera haciendo, como si yo fuese una niña otra vez. No lo he vivido como madre, sino que me transportaba a mi infancia y pensaba: ¡Qué fácil si lo hubiera hecho así!
Así que te recomiendo que hagas como yo ante este libro: lee, juega y emociónate. Si, además, en tu dinámica familiar, le encuentras la utilidad para la que fue creado, añadirá un plus de felicidad a tu vida.
Lectura amena, juego, emoción y felicidad; todo ello lo vas a encontrar a continuación. No te lo pierdas.
Rosa JovéPsicóloga y autora de Dani no quiere dormir,Crecicuento de Editorial Sentir
Da igual cómo seamos. Nuestro nivel económico o intelectual. Nuestra raza. Nuestra historia. Todos somos padres y madres y lo que más deseamos para nuestros niños, nuestras niñas, es que sean personas felices. Ayudarlos a construirse como adultos sanos, capaces y sensibles. Que alcancen sus metas y sonría su corazón. Educarlos debe ser eso. Conocemos los lugares, los objetivos… y nuestro instinto nos indica continuamente si se acercan o se alejan. Con mirada de amor y preocupación a partes iguales.
Cientos de padres han acudido a consultar a profesionales, psicólogas como nosotras, solo para saber cómo actuar. En busca de recursos que los ayuden. Y no siempre, ni mucho menos, hablaban de ningún trastorno a tratar. Sí lo hacían, a menudo, de esas cosas que desaparecen —o, al menos, algunas dejamos de sufrirlas o de verlas— con el tiempo; pero ¿cuándo aprenderá?
«Se lo hemos repetido mil veces y no hay manera, no le da la gana», «He probado a decírselo bien, a castigarle, a hacérselo entender… puede conmigo, ¿qué hago?». Papis que se sienten mal por gritar tanto, por enfadarse tanto. Mamis frustradas porque les toca el papel de bruja de la peli, porque no saben ya qué más hacer para transformar con una varita —que no tienen— algo que podría ser tan fácil: «¿De verdad lo tiene que hacer todo tan complicado?». Así, hemos oído tantas veces: «¿Podrías darnos herramientas para gestionarlo?».
Ya sabíamos que esto de la crianza no iba a resultar algo sencillo. Pero entonces no sentíamos ningún estrés al pensarlo. Y no nos parecía que fuera tan terrible lo que otros nos contaban. Ahora sí. Una mañana descubrimos amargamente que tenemos al enemigo en casa, aquel que no entiende que tenemos prisa, que en esta vida hay normas, horarios y organización.
Que se resiste a hablarnos, como si fuéramos una especie de interrogador del que no se fía (o peor aún, que nada tiene que aportarle porque poco o nada sabe. Y llegado al peor de los extremos… alguien a quien ni siquiera ve). Que, además, parece no agradecer nada o desconocer el idioma con el que expresar sus disculpas.
Que nos obstaculiza con sus cosas esparcidas o nos obliga a irle detrás como si ese, y solo ese, fuera el trabajo de nuestra vida. Que ningunea el poder que la madre naturaleza nos ha otorgado. Enemigos y enemigas de nuestra deseada y merecida paz al llegar a casa. De nuestro descanso. Y con la mente envenenada por el cansancio y la impotencia, cuántas veces no nos hemos sorprendido pensando en cómo deben hacerlo en otras familias para que sus hijos e hijas les hayan salido tan bien (ya sabemos que, menos los nuestros, la mayoría son perfectos).
Y es que, afortunadamente, nos resistimos a caer en la tentación de liberar al monstruo desconocido que habita en nosotros y que, además, como mucho, no suele más que conseguir un triunfo superficial: «Al menos, si grito, o si ve que exploto, me hace caso… pero no quiero ser así, yo no quiero seguir así, tengo que aprender a gestionarlo de otra manera».
Es verdad, muchas veces nos cuesta imponer esos límites tan fundamentales y, al mismo tiempo, inculcar —e incluso ejemplificar— los valores que deseamos. Y rendirse no es nunca la solución.
No es sencillo. Como no lo es ningún ser humano. Somos complejos, contradictorios y emocionales. Y los niños y niñas no son simplemente adultos en miniatura.
«La mariposa pretendía enseñar a la oruga a ser mariposa, a volar. Pero aún no tenía alas, porque la oruga es otra cosa».
Y ese es el reto. El más fascinante de lograr (o, al menos, no dejar de intentarlo). Porque nos necesitan. Antes de volar.
Katy Prudic, entomóloga de la Universidad de Arizona, en Tucson, dice de esa metamorfosis: «Es un proceso maravilloso que consiste en reinventarse». «Cuando los insectos se metamorfosean, son capaces de explorar lugares que no podrían explorar siendo gusanos, orugas o larvas», añade Prudic. ¿No te parece que es a esos lugares preciosos del mundo, de la vida, a donde los quieres llevar, los que merecen explorar?
Los niños, las niñas, nuestros hijos y nuestras hijas merecen confeccionar sus alas, pero también nos piden ser felices a partir de hoy. Desde este momento. Mucho antes de ser esos hombres y mujeres que nos van a llenar de orgullo.
Y nosotros, nosotras, padres y madres, también queremos —¡necesitamos!— ser felices a partir de hoy. Mientras los educamos, los ayudamos y los amamos. Intensa y profundamente. Como cuando respirábamos su aroma de piel de bebé.
«Así, la mariposa entendió cómo se mueve una oruga. Y haciendo con sus alas un traje maravilloso caminó a su lado un tiempo, mirando hacia delante mientras el milagro iba sucediendo».
No hay relación más importante en nuestras vidas, ninguna que nos condicione tanto en cómo somos hoy, que la que mantenemos con nuestros cuidadores primarios, con nuestros progenitores. Ese archivo grabado durante nuestra infancia es un porcentaje tan alto como invisible, del que quizá nunca lleguemos ni a ser conscientes. Cómo amamos, cómo afrontamos los problemas, cómo expresamos lo que sentimos y cómo comunicamos lo que pensamos.
Lo que vivimos hoy tiene un núcleo en nuestra memoria como esa gran masa de hielo que se oculta bajo la punta del iceberg.
A veces, cuando en consulta o en talleres con papis y mamis hablamos de cómo ayudar a sus peques para que puedan desarrollar mejor sus capacidades, sus habilidades, antes les preguntamos: ¿En qué habilidades y capacidades pensáis? Casi todos están de acuerdo: gestión emocional, autoestima, atención, comunicación, planificación, organización…
Y les pedimos que los imaginen como si ya las tuvieran. De ese ejercicio emergen niños y niñas que, cuando están enfadados, avergonzados, tristes o nerviosos saben recomponerse; que cuentan, escuchan y reflexionan sabiendo decidir, solos o junto a nosotros, lo mejor que pueden hacer. Y lo hacen.
Que nunca dicen nada malo o devaluador sobre ellos mismos, que conocen su potencial, que saben automotivarse y esforzarse. Que respetan las normas y los límites con tranquilidad. Niños que nos cuentan sus preocupaciones. Niñas que dan las gracias y piden perdón. Niños y niñas que confían en nosotros.
Que se organizan y planifican las tareas y el tiempo, sin distracciones y con autonomía. Y con una habitación impoluta. Niñas y niños fáciles y adorables. Mirada de amor con preocupación cero.
Los papis y mamis se miran entre ellos. Es un ejercicio en el que todos han aportado y lanzado deseos al aire. Se ríen y llegan a consolarse con la idea común de que no serían niños normales.
De que el suyo, la suya, está en ello, que pobres, en el fondo, la de cosas que llegamos a pedirles…
Diez segundos. Ese es el tiempo que tarda alguien en decir: «Sí, pero mira, te cuento una cosa que me preocupa, porque estamos aquí para eso, porque mi pequeño es precioso sí, y lo quiero con el alma, pero qué hago cuando…». Y la preocupación surge de nuevo. Y tienen razón. Han adquirido la responsabilidad. Han descubierto lo que todos y todas en el fondo intuimos. Que nuestra forma de hacer las cosas como padres y madres imprime una huella. Que en todas y cada una de esas palabras que entre todos dijeron estamos nosotros.
