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Katálogos es un libro honesto, escrito con una voz personal que navega en un mar mucho más amplio y profundo que el saber específico del que trata, por lo general abordado con un lenguaje técnico o neutro. Precisa lo que quiere comunicar acerca del ser bibliotecario, de la selección de los libros, de la mediación, etc., pero va salpicando esta información con alusiones poéticas traídas de un universo más estético que especializado, del universo de un lector literario. Es un libro que deberían leer muchos bibliotecarios, bibliotecólogos, promotores de lectura y mediadores en general. Beatriz Helena Robledo
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Seitenzahl: 116
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Tobón Cossio, Juan Camilo
Katálogos : biblioteca, lectura y resonancias / Juan Camilo Tobón Cossio. – Medellín : Editorial EAFIT, 2024.
110 p. ; 22 cm. – (Letra x Letra. Ensayo)
ISBN: 978-958-720-902-0
ISBN: 978-958-720-903-7 (versión EPUB)
ISBN: 978-958-720-904-4 (versión PDF)
1. Libros y lectura – Ensayos, conferencias, etc. 2. Promoción de la lectura. 3. Amenidad literaria. 4. Selección de libros. 5. Bibliotecas. 6. Bibliotecarios. I. Tít. II. Serie.
028.9 cd 23 ed.
T629
Universidad EAFIT - Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas
Katálogos
Biblioteca, lectura y resonancias
Primera edición: julio de 2024
© Juan Camilo Tobón Cossio
https://orcid.org/0000-0002-8067-4552
© Editorial EAFIT
Carrera 49 No. 7 Sur - 50
http://www.eafit.edu.co/editorial
Correo electrónico: [email protected]
ISBN: 978-958-720-902-0
ISBN: 978-958-720-903-7 (versión EPUB)
ISBN: 978-958-720-904-4 (versión PDF)
DOI: https://doi.org/10.17230/9789587209020lr0
Edición: Marcel René Gutiérrez
Corrección de texto: Diana M. Suárez A.
Diseño y diagramación: Margarita Rosa Ochoa Gaviria
Imagen de carátula: www.freepik.es
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de la editorial
Universidad EAFIT | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto Número 759, del 6 de mayo de 1971, de la Presidencia de la República de Colombia. Reconocimiento personería jurídica: Número 75, del 28 de junio de 1960, expedida por la Gobernación de Antioquia. Acreditada institucionalmente por el Ministerio de Educación Nacional hasta el 2026, mediante Resolución 2158, emitida el 13 de febrero de 2018
Editado en Medellín, Colombia
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
Introducción
Buscando los rastros de la biblioteca
¡Y llegaron los libros!
¿Vamos a cazar un oso? No, un libro
las máscaras del bibliotecario
Y, acaso, leer sea como besar
Referencias
Notas al pie
Al equipo de la Editorial EAFIT por acoger y cobijar estas palabras.
A Beatriz Helena Robledo, Daniel García e Inés Posada Agudelo, primeras lectoras del texto, quienes dialogaron sensible e inteligentemente con estas ideas y conmigo.
A Rubén Darío Vasco, librero, quien en su oficio ha alimentado mi camino como bibliotecario y lector.
A mis colegas bibliotecarios –a aquellos que en silencio están salvando las palabras, las vidas y el mundo–, a los de Comfenalco Antioquia y de la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá (BibloRed), sin ellos nada en este libro tendría sentido. Muy especialmente al equipo de la Línea de Gestión de Colecciones de BibloRed por haber tenido la paciencia de enseñarme mucho de lo que es este libro y por hacer camino conmigo.
A mi familia de sangre y elección, siempre a ellos.
A Eve.
A Ana.
POEMA XVII
Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse
a mirar el camino andado…
El camino en donde, sin dejar huella,
se dejó la vida entera.
Dulce María Loynaz, Poemas sin nombre
En la biblioteca, hermosa fiesta de silencios. Afuera todo calla,hasta mi corazón tumultuoso. En lo alto del cielo, todo se apacigua:el rumor de la ciudad, los sauces, el viento, mientras la noche cruzasilenciosa sobre este universo puro y sin memoria Gonzalo Arango, Medellín, a solas contigo
La biblioteca es un universo en sí mismo y es dependiente de todos. A ejemplo de él, ella está en constante creación y destrucción; se crea cuando un escritor y un editor hacen sus aportes a estas constelaciones y se destruye cuando se descartan ejemplares, cuando se sustraen algunos de sus habitantes (libros) o cuando se ve obligada al cierre de sus puertas.
Como el cosmos, la biblioteca está enmarcada por posibilidades, pero también por amenazas. Posibilidades que apuntan a propiciar la conservación de la memoria, la construcción del tejido social y el enigmático encuentro entre un autor, un texto y un lector –y, aún, entre lectores–; que alientan nuevas conversaciones y escrituras, lo cual re-crea a la biblioteca con más palabras, libros y formas de conocimiento. Amenazas que no sólo provienen de instancias políticas que soslayan su papel en la construcción de la democracia, sino también de aquellos que ejercen su derecho a no leer sin ser conscientes de ello.
Los textos reunidos en este libro brotan de un par de lustros de atención a este universo. Son testimonio de las perplejidades de un bibliotecario que encontró en los laberintos de los anaqueles un espacio para desenvolver su vida. En ellos reposan sueños, desilusiones, angustias y esperanzas; se asoma también la poesía que, de la mano de la escritura, procura dar existencia –como señaló Aristóteles– a una realidad que se habla en voz baja: el ser bibliotecario y mediador de la palabra. Además, estos textos son recorridos por dos inquietudes: ¿qué es una biblioteca? y ¿qué es eso de ser bibliotecario?, concibiendo ambas preguntas no solamente desde un oficio, sino también desde esas formas (rostros) que intervienen en la construcción de lectores y, en especial, de los primeros lectores, en una conversación en la penumbra con los libros.
Se da a estas páginas el nombre de Katálogos, es decir, la disposición de palabras de arriba a abajo según el sentido griego del término. Esto, pues el bibliotecario –como el bibliófilo– encuentra justamente en los catálogos de la biblioteca, de la librería o de las editoriales, en los listados de los más prestados y menos consultados o comprados por los lectores, una compañía para su quehacer solitario como lector.
Los presentes textos, si bien buscan contribuir a las reflexiones de los bibliotecarios, también pretenden desarrollar herramientas para mediadores: docentes (maestros), promotores de lectura, estudiosos de la mediación de la literatura y editores. Ante todo, son la búsqueda de una conversación con amantes de los libros, con aquellos que han hecho de alguna biblioteca un lugar para la conciliación de su razón y su demencia. También son un homenaje a todos los bibliotecarios que calladamente entablan procesos de transformación en sus comunidades o en ellos mismos. Además, procuran ser un diálogo con la experiencia, con algunos autores que reposan en los estantes y son reflejo de una escritura que, sumada al silencio que ronda en algunas bibliotecas, ha querido dejar una marca en la memoria.
Con cuatro ensayos y una crónica de deriva urbana y mental se procura indagar algunos frentes del vivir la biblioteca. Cada texto brota con una independencia en el tiempo, en las inquietudes y en los asombros; sin embargo, encuentran conexiones en el pasmo de habitar las bibliotecas, los libros y las palabras. En el primero, titulado “Buscando los rastros de la biblioteca”, se ahonda en el qué de una biblioteca, ecos y repercusiones poéticas para quien explora el mapa del lenguaje. En el segundo, llamado: “¡Y llegaron los libros!”, se exploran los momentos previos a esa expresión gozosa que brota en el momento en que algunos ejemplares llegan a engalanar una biblioteca. En el tercero, “¿Vamos a cazar un oso? No, un libro” –una reflexión de largo aliento–, se expone la compleja tarea de la selección de textos, sobre todo cuando son para la primera infancia, y se ofrecen algunas consideraciones y compañías para este ejercicio. En el cuarto, “las máscaras del bibliotecario”, se realiza un recorrido por aquellos rostros circundantes al oficio que, como una máscara del teatro antiguo, aportan en su misionalidad; asimismo, es un homenaje a aquellos oficios cercanos al bibliotecario: el referencista, el mediador de lectura, el maestro, el censor y el librero. Por último, se propone una crónica –que, acaso, sólo sea un murmullo– como deriva de la ciudad del pensamiento y del difícil y necesario arte de leer. En alguno de estos escritos es probable que el lector pueda descubrir su propio rostro, sus propias preguntas y un atisbo (o un vacío) en el sendero que implica abordarlas para sus prácticas y su vocación.
Espero que este libro, este Katálogos, sea una compañía para quienes, entre libros, escriben el libro de sus días.
No basta con pensar,hay que sentir nuestro destinoMiguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida
Olor de eucaliptus y rosas en la biblioteca. Me digo: es el buen olorde la sabiduría, esta inocencia que no está escrita más que en el aire, y másalto aún, en las estrellasGonzalo Arango, Medellín, a solas contigo
¿Todos en alguna oportunidad hemos recomendado un libro, un texto, una pintura?
Si la respuesta es “sí”, conviene comenzar.
¿Cómo hablar de la biblioteca a un grupo de personas que desde su misma esencia, su génesis, están ligadas a los libros, a la lectura, a los anaqueles, es decir, a este espacio? ¿Cómo decir una palabra en medio de tantas que proclaman búsquedas, certezas, pasiones y hallazgos, si del lugar que me preocupo es el de la voz baja, el del murmullo, el de los hombres y mujeres que se placen en la acción solitaria de la lectura, como muchos creen? Sin embargo, he de hablar, elevar un poco la voz y contarles algo que ya saben, que ya han vivido, pero no sé si hayan olido, tocado, sentido. Comenzaré diciendo que el mundo de las bibliotecas, como conceptualización y destino, aún se encuentra en un halo de misterio. La noche se ha posado sobre ese lugar para que permanezca oculto y, por tanto, para que ejerza sobre nosotros una gran fascinación. ¿Qué es esta noche a la que me refiero? Pues, es la noche en la cual la silueta de lo humano asoma como una fantasmagoría, es decir, aún no se goza de una clarividencia, ni siquiera un rayito de luz, sobre el hombre al cual se debe dirigir la biblioteca.
¿Qué es el hombre? Es la pregunta que resuena a lo largo de siglos de historia de la cultura, de las ideas, del arte, de la filosofía y… también de la literatura. Entonces la biblioteca se torna vocera de esta pregunta, pero también se establece como lugar que la alberga, posibilitando diferentes estadios para ella. Estos estadios subyacen en cada experiencia que se vive de la biblioteca sin que por ello se excluyan unas a otras; es posible que aún coexistan como una multiplicidad. En primer lugar, nos encontramos con un espacio de corte informativo; luego, se abre paso el formativo (lectura, confrontación, diálogo); y, finalmente, uno estético (ensoñación, creación).
Muchos de nosotros hemos asistido a la biblioteca porque necesitamos una fecha trascendente, la noticia de algún acontecimiento en un antiguo diario, porque buscamos el texto de la prueba ontológica de la existencia de Dios (espero que lo hayan encontrado), porque necesitamos alguna asesoría o, tal vez, porque deseamos entrar a Internet y consultar nuestro correo, nuestra cuenta de Facebook, entre otras razones. Precisamos de datos puntuales para una memoria inmediata, para una relación instrumental con el mundo, con las cosas, con la carrera que estudiamos, con las clases que preparamos; o también, espero haya ocurrido, acudimos a ella para buscar citas que sustenten textos como este.
Información. Una necesidad urgente en este mundo de las telecomunicaciones, de postenciclopedismo, de vida fast, donde saber es poder y, también, oportunidad para participar, para proponer o para ahorrar tiempo y dinero en la gran cantidad de procesos a los que nos hemos de someter en las empresas en la era de la calidad. Necesitamos información, es evidente, y la biblioteca se presenta como una oportunidad –una entre tantas– para satisfacer esta necesidad. Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en el Manifiesto sobre la biblioteca pública le asigna una gran responsabilidad:
La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de los individuos son valores humanos fundamentales. Estos sólo se lograrán gracias a la capacidad de ciudadanos bien informados que ejerzan sus derechos democráticos y jueguen un rol activo en la sociedad (1994).
Los valores que constituyen y consolidan, desde esta óptica, el porvenir de nuestras sociedades están ligados a las bibliotecas, de modo que el engranaje social se pueda constituir a partir de la información y la participación; dos elementos que no son sólo perseguidos por las bibliotecas, sino también por lo que se han denominado “competencias” en la formación ciudadana. En nuestro contexto (y en nosotros mismos), la biblioteca ha parecido estar alejada del aula –no sé si todavía–, ha sido para muchos lugar de castigo o de la penosa y agobiante alfabetización. Al parecer, en esta óptica de exclusión, la biblioteca no tiene nada que hacer en los procesos activos de participación y de argumentación, y se la deja muda, silenciosa, muy rezagada en la toma de responsabilidades, esto es, en los ejercicios conscientes de la palabra. La biblioteca es el lugar de la praxis, no del espíritu, y establece su lucha contra otros gestores de información: Internet, bases de datos, etc. Al menos eso parece para algunas mentalidades.
Edgar Morin, en su texto Amor, poesía, sabiduría, nos presenta la existencia humana desde dos ámbitos del lenguaje: el de la razón y el de la demencia:
En las sociedades arcaicas que ha[n] poblado la tierra y que injustamente han sido llamadas primitivas, [...] el trabajo estaba acompañado de cantos, de ritmos (de lo poético); por ejemplo, cantaban al ritmo del golpe del mortero para preparar la harina, utilizaban ese ritmo. Tomemos el ejemplo de la preparación de la caza, de lo cual aún testimonian las pinturas prehistóricas, particularmente las de la gruta de Lascaux, en Francia; esas pinturas nos indican que los cazadores realizaban ritos de embrujamiento sobre las presas pintadas en la roca, pero no se satisfacían con esos ritos: al mismo tiempo utilizaban flechas reales, utilizaban estrategias empíricas, prácticas, es decir, se mezclaban ambas. En nuestras Sociedades Contemporáneas Occidentales, tuvo lugar una separación, que yo llamaría incluso una disyunción, entre los dos estados, la prosa y la poesía (1998, p. 43).
