Kichiro pide un deseo - Andrés Valencia Roldán - E-Book

Kichiro pide un deseo E-Book

Andrés Valencia Roldán

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Beschreibung

Un murciélago que ha perdido parte de una de sus alas, una iguana sin una de sus patas y una cucaracha sin antenas deben ayudar a encontrar tina mamá para el pequeño gato llamado «Kichiro» que fue abandonado en la puerta de «La Pulga Coja», la única tienda de mascotas que no vende mascotas, en el pequeño pueblo llamado «Albaricoque». Descubre toda una aventura que te hará vivir momentos llenos de diversión y emociones que no vas a olvidar jamás. Un libro que te habla del valor de la amistad y el amor, la importancia de la fe y del coraje para ir tras de tus sueños. ¡Kichiro robará tu corazón!

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Seitenzahl: 151

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia

Valencia Roldán, Andrés, autor

    Kichiro pide un deseo / Andrés Valencia Roldán ; ilustraciones, Angie Cuervo -- Bogotá : Cangrejo Editores ; Argentina : Ediciones Gato Azul, 2023.

132 páginas.

ISBN: 978-958-5532-57-1

ISBN DIGITAL: 978-958-5532-59-5

1. Cuentos colombianos - Siglo XXI 2. Murciélagos - Cuentos 3. Amistad - Cuentos 4. Amor - Cuentos I. Cuervo, Angie, ilustrador

CDD: Co863.5 ed. 23                                                                              CO-BoBN– a1112790

PRIMERA EDICIÓN: ABRIL DE 2023

EDICIÓN ELECTRÓNICA: JUNIO DE 2023

©    Andrés Valencia Roldán, 2023

©    Cangrejo Editores, 2023

Transversal 93 núm. 63-76 Int. 16, Bogotá, D.C., Colombia

Telefax: (571) 601 276 6440 - 601 541 0592

[email protected]

www.cangrejoeditores.com

©    Ediciones Gato Azul, 2023

[email protected]

Buenos Aires, Argentina

ISBN: 978-958-5532-57-1

ISBN DIGITAL: 978-958-5532-59-5

DIRECCIÓN EDITORIAL:

Leyla Bibiana Cangrejo Aljure

PRODUCCIÓN EDITORIAL:

Víctor Hugo Cangrejo Aljure

PREPRENSA DIGITAL:

Cangrejo Editores Ltda.

DISEÑO GRÁFICO:

Sandra Liliana González Bolaños

ILUSTRACIONES:

Angie Cuervo

PORTADA:

Angie Cuervo

Germán Bello

Todos los derechos reservados, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en sistema recuperable o transmitida en forma alguna o por ningún medio electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros, sin previo permiso escrito de Cangrejo Editores.

IMPRESO POR:

Multi-impresos S.A.S.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

A Minnie y Whiskymis dos Kichiros

 

 

Contenido

1 «La Pulga Coja»

2 Una caja llena de sorpresas

3 Un huerfelino en busca de hogar

4 Kakerlake, una sabia cucaracha alemana

5 Entrenando a Kichiro

6 Kitti, el dueño de la noche

7 Un refugio… ¡no!

8 El dulce sabor del coraje

9 Un plan imposible…

10 La profecía

11 ¡A la aventura!

12 Los amigos verdaderos

13 La más grande lección: ayudar a los demás

14 ¡Sólo hay vida en la aventura!

1

«La Pulga Coja»

Albaricoque es un pueblo pequeño donde sólo puedes encontrar una tienda de cada cosa: una tienda de antigüedades, una tienda de relojes, una tienda de sombreros, una tienda de juguetes, una tienda de caramelos, y así sucesivamente hasta llegar a la tienda de Mariana, la propietaria de la única tienda de mascotas de todo Albaricoque.

Mariana era una joven extraña, o al menos eso pensaban de ella casi todos los albaricoquenses; lo único que no vendía en su tienda de mascotas era mascotas, pero podías encontrar juguetes de diferentes formas y tamaños, ropa de todos los estilos, pasabocas de diversos sabores, comederos, bebederos, correas, collares, placas, areneros y todo lo que pudieras necesitar para tu perro, gato, iguana, lagartija, murciélago y hasta cucarachas, lo encontrabas en «La Pulga Coja».

«La Pulga Coja» es entonces la tienda de mascotas de Mariana donde, debemos repetir y dejar muy claro que, no se venden mascotas. Mariana lo ha tenido que explicar una y otra vez, tantas veces que, a pesar de que colgó un letrero en la entrada de su tienda, escrito por ella misma, con grandes letras que dice: «En “La Pulga Coja” no vendemos mascotas», casi todos los días entra una o dos personas preguntando si venden mascotas.

Pero, ¿quién en todo Albaricoque se animaría a tener una cucaracha, una iguana o un murciélago como mascota? Y más extraño aún ¿quién los vestiría o les daría una placa de identificación? Estas dos preguntas comparten la misma respuesta: Mariana.

Mariana vive arriba de su tienda de mascotas junto con su iguana «Zu». Ella tiene una cola muy larga y su piel está recubierta de pequeñas escamas que, según la luz que reciban se pueden ver azules o verdes; una cresta que empieza en la cabeza y termina en su cola, dos brazos cortos y una sola pata robusta; la otra la había perdido cuando pisó una trampa para osos mientras caminaba por el bosque.

Su otra mascota es «Kitti», un murciélago orejón, con pelaje marrón y alas tan grandes como sus orejas, pero incapaz de volar pues, el disparo por diversión de un cazador, había arrancado casi hasta la mitad su ala izquierda.

También vive con «Kakerlake», una cucaracha alemana (el tipo de cucaracha más común en todos los hogares), muy delgada y la más vieja de sus tres mascotas, Mariana la encontró moribunda con sus antenas desprendidas por Gregorio, el hijo de la dueña de la tienda de caramelos. Gregorio tiene un macabro pasatiempo: en sus ratos libres (y sí que tiene muchos ratos libres) descuartiza insectos y con el resto de animales tampoco es que sea muy amigable.

«Kakerlake» fue una de las pocas víctimas que pudo sobrevivir a su cruel entretenimiento, gracias a que Mariana se encontró frente a frente con Gregorio cuando éste sujetaba con fuerza, en la mano izquierda, el escuálido cuerpo del insecto, mientras que en la derecha tenía recogidos los dedos meñique, anular y corazón; el índice y el pulgar los dejaba extendidos para simular unas pinzas que podían separar otras partes del cuerpo de la desafortunada cucaracha.

Mariana, al ver lo que estaba a punto de hacer el desalmado niño de la tienda de caramelos, le arrebató la cucaracha de la mano, tan rápido que éste no tuvo tiempo de reaccionar.

Algunas personas que conozcan la historia del rescate de Kakerlake de las manos del peligroso Gregorio, pensarán que todo fue a causa del azar; otras cuantas lo llamarán destino, pero Mariana estaba segura que aquello fue un milagro y que jamás debemos rendirnos para que estos sucedan.

Como todos los días, Mariana abrió la tienda; en su mano llevaba una taza de chocolate caliente y encima de su espuma tres masmelos, que dejaba derretir para luego tomar la bebida a pequeños sorbos, durante toda la mañana.

La rutina era la misma; lo primero que hacía era servir el desayuno de sus tres mascotas. Empezaba por el plato de Zu: una mezcla de lechugas, remolacha, repollo, acelga, perejil y espinaca; ésta última cortada en finas tiras que Zu disfrutaba enrollar con su lengua antes de tragarlas.

Para Kitti el menú era guayabas caramelizadas en almíbar de durazno, trozos de mango y si era temporada de cosecha, también algunos higos frescos.

La dieta de Kakerlake solo era un pedazo de stollen, un pan dulce alemán repleto de frutos secos y uvas pasas de Corinto, que le había sobrado a Mariana de su cena la noche anterior.

Después de alimentar a sus tres compañeros, limpiaba y arreglaba las estanterías; tenía una estricta afición: clasificar los productos por color y tamaño, ¡aunque quizás la única que notaba la manera cómo estaba organizada la tienda, era ella!

—Mi mejor despertador es saber que voy a empezar el día con un buen desayuno —dijo Zu mientras saboreaba cada mordisco dado a sus trozos de repollo.

—¿Te vas a comer toda tu ensalada? —Preguntó con interés el murciélago a una hambrienta Zu que acostumbraba comer con los ojos cerrados mientras masticaba.

—Toda la lechuga, la remolacha, cada uno de los trozos de acelga… en conclusión ¡sí! Me comeré completa mi ensalada sin desperdiciar la más pequeña pizca.

La iguana con su respuesta, dejaba en claro que en su plato no sobraría nada y mucho menos tenía la intención de compartir ni una sola parte de su desayuno.

Pero Kitti aprovechó la costumbre de Zu de comer con sus ojos cerrados y logró estirar el ala que tenía completa, lo suficiente como para robar algunos trozos del desayuno de la iguana sin que ésta se diera cuenta.

—¿Te vas a comer todo ese pedazo de pan tú sola? —Preguntó Kitti esta vez a Kakerlake, con la misma intención de probar algo del desayuno de su amiga cucaracha.

—Quizás no termine de comerlo hoy, tampoco creo que mañana pueda finalizar con un trozo de pan tan enorme, riesig (gigantesco, en alemán). —Respondió Kakerlake, fingiendo asombro y preguntó de inmediato al murciélago:

—¿Supongo que tú si terminarás tu pequeño desayuno?

—Mi desayuno no es pequeño, tú trozo de pan no ocupa ni la cuarta parte de la mitad de mi plato.

—Kitti, no todo se mide por el espacio que ocupa, cuántas cosas tienes por aprender y siempre soy yo la que debe enseñarte. Solo una parte de mi pedazo de pan es mucho más grande que todo tú plato, porque la medida en este caso, es el sabor. La masa de mi pan fue horneada por varias horas hasta dejarle una corteza sedosa y esponjosa, pero en su interior la miga es tierna y jugosa, mi pan está relleno de almendras y tantas frutas confitadas que ni siquiera sé el nombre de todas. Finalmente, pero no menos delicioso que lo demás, lo cubre un grueso manto de azúcar glasé.

Kitti, por más que intentó evitarlo, dejo caer varias gotas de saliva mientras Kakerlake describía, con gran detalle, los ingredientes de que estaba hecho su pedazo de pan.

—Entonces, ¿cuántas porciones de mis guayabas, pedazos de higos y trozos de mango, necesitas para igualar una ración de tu pan? —Preguntó Kitti con curiosidad, dispuesto a negociar.

—Calculo que la tercera parte de la mitad, de la mitad de mi pedazo de pan es lo justo por todo tu plato de frutas; esto en el caso de que yo quisiera tu desayuno, pero no es que me interese mucho. Es una mala decisión para mí hacer ese trato, en cambio para ti sería como llamamos en Alemania un gutes geschäft. —Respondió Kakerlake aparentando poco interés en el desayuno de Kitti.

—¿Qué es un gutes geschäft? —Preguntó el murciélago sin importarle cualquier otro detalle de lo que acababa de decir la cucaracha.

—Es un buen negocio, quizás el mejor que puedas hacer en tu vida. —Respondió Kakerlake.

—¿Quieres cambiar todo mi plato de frutas por la tercera parte de la mitad de la mitad de tu stollen? —Preguntó Kitti a la astuta cucaracha.

—Solo por hoy y porque eres el único murciélago al cual le admiro su notable inteligencia en esta tienda, voy a aceptar que esta vez tengas la ventaja —dijo Kakerlake, que entregó el diminuto pedazo de pan a Kitti para de inmediato meter todo su cuerpo al plato lleno de frutas y comenzar el festín.

Cuando Zu terminó de comer y abrió sus ojos vio a Kitti con un trozo de pan casi tan pequeño como una miga y en su rostro una sonrisa casi tan grande como todo el desayuno que había acabado de cambiar.

—¿Qué hiciste? —Preguntó la iguana sin entender lo que había pasado.

—Un gutes geschäft. —Respondió Kitti, que alzó su mirada para lucir muy astuto.

—Eso, supongo es en alemán, la peor tontería que puede hacer un murciélago, —dijo Zu mientras se reía a carcajadas de su orejón amigo.

Mariana interrumpió a sus mascotas y entró a la habitación con una pequeña placa de identificación con el nombre de Kakerlake, una gorra que llevaba una gran zeta bordada en el frente y un cinturón con una hebilla metálica en forma de K.

Como todas las mañanas después de desayunar, Kakerlake, Zu y Kitti estaban listos para que Mariana los limpiara y les pusiera encima los accesorios que siempre los acompañaban, aunque no dejaba de ser un poco extraño ver a una cucaracha con una placa de identificación, una iguana con una gorra con su inicial bordada en frente y un murciélago con un cinturón que tenía una hebilla con la primera letra de su nombre, pero para Mariana era lo normal y para ellos también.

Después de organizar a sus tres mascotas, las bajó al primer piso para que la acompañaran durante el tiempo que debía estar pendiente de su tienda. No tardó en entrar el primer cliente confundido.

—Busco una mascota para comprarle a mi hija quien, en pocos días, cumple años… —dijo un hombre vestido con corbata y que llevaba encima de su cabeza una boina chata de paño, seguro de encontrar lo que buscaba en la tienda de Mariana.

—En «La Pulga Coja» no vendemos mascotas… respondió Mariana simplonamente.

—Pero es una tienda de mascotas, es la única tienda de mascotas de todo Albaricoque, ¿cómo puede ser posible que no vendan mascotas?

—Porque en «La Pulga Coja» amamos las mascotas, esa es la razón principal por la cual no las vendemos.

—¿Podría entonces usted ser tan amable y decirme dónde puedo conseguir una buena mascota? —Preguntó el cliente con curiosidad y en su voz se notó la urgencia de que Mariana le diera una respuesta que le pudiera ayudar.

—En la calle, allá afuera hay cientos, quizás son miles de animales sin hogar, de muchos colores, tamaños, edades, con los que podría sorprender y hacer feliz a su hija en su cumpleaños. —Dijo Mariana convencida de cada una de sus palabras.

—¡Pero qué cosas se te ocurren! ¿Cómo puedes creer que en la fiesta de mi hija podría aparecerme con un animal sucio y vagabundo? ¿Acaso crees que ella se merece eso en su cumpleaños?

—Por su respuesta y si su hija piensa lo mismo que usted de los animales que no tienen hogar, de lo que puedo estar segura es que ellos no merecen estar en su casa, ni ser sus mascotas. —Respondió Mariana, y abrió la puerta para que el primer cliente del día abandonara su tienda.

—¡Mi hija jamás tendría una cucaracha incompleta, una iguana coja y un murciélago manco como mascotas! —Gritó el hombre al darse cuenta que al lado de la caja registradora estaban Kakerlake, Zu y Kitti.

—Estoy segura que ellos tampoco quisieran vivir en su casa. —Contestó Mariana; cerró con fuerza el portón, luego de que aquel hombre se marchara y se sentó detrás del mostrador de pagos, cerca de sus tres mascotas.

No estás incompleta Kakerlake porque yo te completo —dijo Mariana a su querida cucaracha—. No importa si te falta una pata si sabes que siempre vas a poder usarme como bastón —le susurró en el oído a Zu—. Kitti, si tu voluntad es muy grande vas a poder volar aún con tus alas rotas… —finalizó Mariana y acarició con su dedo el ala incompleta del murciélago.

Tres golpes muy fuertes se escucharon en la puerta y casi de inmediato, a través del gran vidrio que servía como vitrina principal de la tienda, alcanzó a ver como huía una figura encorvada que sujetaba con fuerza su sombrero para que no cayera de su cabeza.

—¡Suficiente, si este señor no entendió por las buenas que en «La Pulga Coja» no vendemos mascotas, pues se lo explicaré por las malas! —Dijo Mariana enfurecida, mientras caminaba hacia la entrada.

Mariana salió con muchas malas palabras en su cabeza listas para lanzarlas a aquel cliente obstinado, que no podía entender que en «La Pulga Coja» no vendían mascotas, pero por más que aligeró el paso, no alcanzó a encontrar a nadie, sólo logró ver cómo una parte de la gabardina y la mitad de un sombrero de copa alta que alguien llevaba puestos, desaparecieron al voltear en la esquina. ¿Quién pudo tocar a su puerta?

 

 

2

Una caja llena de sorpresas

Mariana quedó confundida por no encontrar a quien tocó a su puerta, pues el hombre que había entrado pocos minutos antes no llevaba puesta ninguna gabardina y tampoco un sombrero alto. Cerró la puerta sin percatarse de una caja de cartón que alguien dejó al lado de la entrada de la tienda. No alcanzó a dar ni siquiera tres pasos cuando sonaron unos golpes tan tenues, tan sutiles, que pensó que los había imaginado. A punto de continuar con la marcha después de detenerse por un momento, volvió a escuchar varios topetazos que le hicieron convencerse de que eran reales y no producto de su imaginación.

Abrió sorprendida; esta vez sí vio la caja de cartón que estaba cerrada por completo y daba pequeñas sacudidas de un lado a otro, pero sin la suficiente fuerza para desplazarse del lugar donde se encontraba.

Sin saber qué podía tener en su interior la llevó adentro de la tienda; pensó que debía abrirla junto a sus tres compañeros. Desde el momento que la tomó en sus manos, los golpes se detuvieron.

Kakerlake, Kitti y Zu tenían sus ojos muy abiertos y para no perderse ningún detalle dejaron de parpadear por tanto tiempo, que bien podrían ser los campeones mundiales del reto de no pestañear, si estuvieran compitiendo. Los tres dieron algunos pasos para quedar al borde de la mesa y poder ver mejor el momento en que Mariana destapara la caja.

—¡Achtung! (¡cuidado! en alemán). Gritó Kakerlake a Mariana que se acercaba para abrir la caja; la cucaracha olvidó que sólo sus dos amigos podían escucharla.

Mariana respiró profundamente varias veces; en su última bocanada de aire contuvo el aliento antes de extender el brazo para abrir con cuidado la tapa de la caja y ver un pequeño gatico que la miraba con sus ojos llenos de miedo, ojos que aún eran azules como los de cualquier gato que no tiene más de dos semanas de vida; luego cambian gradualmente a su verdadero color, pero ésta era una característica que le daba una idea a Mariana de lo pequeño y frágil que estaba el minino.

Terminó de desplegar por completo la tapa de la caja, tomó con sus dos manos al pequeño gato y lo levantó para revisarlo mejor. Mariana no era veterinaria, pero desde sus seis años, después de perder a su hámster por un resfriado, se prometió a sí misma aprender por su cuenta todo lo relacionado con el cuidado de los animales.

Con solo siete años ya había leído los cinco tomos del «Manual de Farmacología para Animales Domésticos», escrito por la veterinaria que más admiraba «Hanna Luperca» quien vivía en un pueblo vecino llamado «Villa Comino». Recién cumplidos los dieciséis años, Mariana ya tenía una biblioteca con más de setenta y dos libros, ciento catorce folletos y noventa y tres revistas de medicina animal. También a esa edad, ya había escrito artículos para la revista «Cuatro Pares de Patas»; y un año más tarde fue la presidente más joven de la «Asociación Albaricoquense del Cuidado Animal».

Mariana lo observó muy bien, con mucho detalle por varios minutos y concluyó:

• Especie: Gato.

• Género: Macho.

• Raza: Doméstico común, también llamado criollo o mestizo.

• Origen: Desconocido.