La audacia de ser reina - Gina DeVee - E-Book

La audacia de ser reina E-Book

Gina DeVee

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Beschreibung

Tu vida épica empieza aquí En cada mujer vive una Reina que tiene confianza, aplomo y una vocación clara. Es audaz y no tiene complejos. Aprovechando su conexión espiritual y su naturaleza femenina, accede al poder de manifestar sus deseos y cumplir su propósito. La era de las mujeres invisibles ha terminado. Ha llegado tu hora de ser Reina. En La audacia de ser Reina, la asesora de éxito y empoderamiento femenino Gina De Vee invita a las mujeres de hoy en día a aprovechar las infinitas posibilidades que nos corresponden por derecho. Nos permite dejar de estar en segundo plano a nivel económico, romántico, físico y social, y adentrarnos en nuestra grandeza. Aquí se acaban los días en que nos ignoramos a nosotras mismas y a nuestros deseos. Ya no debemos fingir otra cosa que no sea ser brillantes, capaces y fabulosas. El mundo necesita que mujeres como nosotras seamos dueñas de nuestro poder, elevemos nuestro nivel de exigencia y aportemos nuestro talento como nunca antes. Cuando una mujer elige ser una Reina, todos se benefician. Con un estilo espectacular, hermosas perlas de sabiduría e historias de triunfo inesperado que te cambiarán la vida, La audacia de ser Reina te lleva a potenciar a la Reina que llevas dentro. Gina DeVee comparte los pasos, ejercicios, meditaciones, oraciones e indicaciones para llevar un diario y liberarte de todas las formas de inseguridad y autosabotaje, para que puedas descubrir la mejor versión de ti misma. Sólo desde la posición de Reina podrás desempeñar tu vocación y, en este momento crucial, el tiempo es esencial. La era de la Reina es ahora.

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Seitenzahl: 495

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Gina DeVee

La audacia de ser Reina

El arte de soñar a lo grande y

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Colección Psicología-Autoayuda

LA AUDACIA DE SER REINA

Gina DeVee

1.ª edición en versión digital: mayo de 2024

Título original: The Audacity to be Queen

Traducción: Raquel Mosquera

Corrección: Elena Morilla

Diseño de cubierta: Enrique Iborra

Conversión a ebook: leerendigital.com

© 2020, Gina DeVee (Reservados todos los derechos) © 2020, Hachette Book Group Inc.)

(Reservados todos los derechos)

© 2024, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

La información sobre las tendencias mundiales de la riqueza de las mujeres procede de las dos fuentes siguientes: The Economist Intelligence Unit: «The new face of wealth and legacy: How women are redefining wealth, giving and legacy planning», sitio web del Royal Bank of Canada, 2018, www.rbcwealthmanagement.com/us/en/research-insights/the-new-face-of-wealth-and-legacy- how-women-are-redefining-wealth-giving-and-legacy-planning/detail Carter, Shawn M.: «More women are the breadwinner at home, but most still say men treat them differently at work», sitio web de CNBC, 23 de marzo de 2018, www.cnbc.com/2018/03/23/more-women-are-breadwinners-but-are-still-treated-differently-at-work.html

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-1172-174-5

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Índice

 

Portada

La audacia de ser Reina

Créditos

Introducción

Parte I. Tu vida épica te está esperando

1. Reina por designio

2. La espiritualidad es tu superpoder

3. El misterio femenino

4. El misterio femenino

Parte II. Tu iniciación real

5. Salir de las sombras

6. La enfermedad de querer agradar

7. La trampa de la comparación

8. Doblegar el espacio y el tiempo

Parte III. Cualidades de una Reina

9. La respuesta a todo

10. Comunicarse como una Reina

11. El fin de la locura

12. La sensualidad de la certeza

Parte IV. La Reina totalmente financiada

13. Manifestar un milagro financiero

14. Todas las Reinas lo están haciendo

15. Juzgar a otros por su dinero es la nueva quema de brujas

16. Priorizar el placer

Parte V. Las Reinas se hacen realidad

17. Nacidas para encajar

18. Un romance real

19. El nuevo estilo de liderazgo femenino

20. Por fin famosa

Agradecimientos

Para mi marido Rey, el doctor Glenn A. Sisk,

cuya masculinidad empoderada y amor incondicional

me allanaron el camino para ser Reina.

Introducción

En cada mujer vive una Reina. Es inteligente, femenina, poderosa, espiritual, generosa, visible, próspera y suele tener un gran sentido del humor. A pesar de tener, disfrutar y requerir una gran riqueza material, no se doblega ante ella, ni se impone a los demás. Al contrario, vive una vida digna de su vocación.

Ser Reina consiste en convertirte en la mejor versión de ti misma. Una Reina nunca niega su capacidad ni su valía; tiene confianza en sí misma. No se conforma con migajas ni con lo mínimo. Toma decisiones excelentes con rapidez y facilidad. Sus límites están intactos y tiene muy en cuenta los de los demás. No pide permiso, se lo concede a sí misma con creces y, lo que es más importante, en el centro de la vida de una Reina está su conexión espiritual. El verdadero poder de una Reina procede de su fuente divina. Por eso nunca deja de dar prioridad a su tiempo con el espíritu y consigo misma.

Lamentablemente, la mayoría de las mujeres nos hemos familiarizado demasiado con ponernos en último lugar, lo que nos lleva a vivir a medias en lugar de desarrollar nuestro glorioso potencial. Se espera de nosotras que desempeñemos el papel de empleada, esposa, madre, hija y jefa perfectas, y todo ello con un aspecto impecable. ¿De dónde vamos a sacar tiempo para hacer lo que queremos cuando estamos constantemente atendiendo las necesidades de todos los que nos rodean? Nuestro verdadero potencial no tiene la oportunidad de manifestarse cuando las interminables cantidades de trabajo, las pésimas cuentas bancarias, las expectativas de los demás, el estrés aplastante y nuestras propias creencias limitadas de lo que merecemos nos tienen atrapadas en la camisa de fuerza de la vida. Si a esto le añadimos unos cuantos golpes a nuestra confianza en el camino, es tentador creer que nos vamos a quedar exactamente donde estamos; para siempre.

Lo que ha ocurrido es que a las mujeres se nos ha enseñado a luchar por el éxito a la manera masculina, siendo responsables en exceso y lamentablemente razonables, trabajando todo el tiempo, pensando que los grandes resultados sólo se obtienen haciendo en lugar de siendo, y mirando más a las hojas de cálculo que a nuestros corazones. En el proceso, hemos renunciado demasiado a nosotras mismas y a nuestros instintos femeninos naturales, de modo que acabamos por no experimentar nunca el verdadero éxito, incluida la calidad de vida que anhelamos. El resultado es que todas sufrimos. Lo he visto en mí misma, en mis amigas y en mis clientas. Si no somos conscientes, podemos estancarnos en un enfoque de la vida que nos absorbe el alma: trabajando a toda prisa de nueve a cinco (ya sea en un cubículo o en una oficina), preguntándonos por qué no tenemos amigos más interesantes y comprensivos, sintiéndonos agobiadas económicamente, viviendo en el mismo apartamento del que nos hemos quejado durante años o sin encontrar tiempo o dinero por octavo año consecutivo para tachar San Bartolomé de nuestra lista de deseos.

Hablando de patrones crónicos, al principio de mi viaje noté que mis amigas que se encontraban de forma consciente en su energía femenina (mujeres que priorizaban su conexión espiritual, vivían para los círculos de Luna nueva y vestían atuendos fluidos con alas) siempre estaban arruinadas. Al mismo tiempo, me dolía ver cómo mis amigas, inteligentes y con éxito económico, se destrozaban las glándulas suprarrenales trabajando doce horas al día, siguiendo las reglas del club masculino para demostrar su valía y, de forma inevitable, siendo percibidas por el mundo como solitarias, duras o incluso «imposibles como cita». Yo no quería formar parte de ninguno de los dos bandos, así que mi pregunta interna se convirtió en: ¿cómo puede una mujer ser femenina mientras es amada y disfruta de la vida, y masculina mientras crea riqueza y consigue resultados asombrosos en su carrera?

Por suerte, la solución es sencilla y sexi: despierta a la Reina que llevas dentro. La condición de Reina es un enfoque empoderado de la vida que es una mezcla magistral de masculinidad y feminidad. Ha llegado el momento de que las mujeres dejemos de quitarnos poder comportándonos de forma inconsciente como la Esclava del dinero, la Mártir, la Arpía o la Princesa. Éstos son sólo algunos de los arquetipos que roban la corona y que conocerás a lo largo de este libro. Esos personajes no nos conducen a una vida plena. Afortunadamente, cuando se le da permiso, la Reina interior es más que capaz de reclamar su trono.

El conocimiento de que tenía la capacidad de ser Reina en mi vida apareció por primera vez a mis veintitantos años, cuando leí la historia real de la Reina Ester de Persia (capítulo 4) y por fin comprendí lo que significaba ser Reina para las mujeres de hoy en día. Antes de ese momento, había leído las historias bíblicas como si sólo tratasen de otras personas: héroes grandiosos y excepcionales con poderes milagrosos, como dividir el mar Rojo y sobrevivir a ser engullidos por ballenas. Nunca había visto historias como la de Ester como propias.

Afortunadamente, ese año mi comprensión espiritual había crecido. Marianne Williamson, la renombrada maestra espiritual y autora de superventas, se había trasladado recientemente a mi ciudad. Gracias a sus conferencias, empecé a ver estas historias de forma simbólica, metafísica y arquetípica, y descubrí cómo aplicar su sabiduría a mi propia vida. A través de este nuevo prisma, recogí algunas enseñanzas excepcionales que cambiaron mi vida de inmediato.

Me obsesioné con estudiar todo lo relacionado con la Reina, devoré todos los textos relevantes sobre psicología y mitología y me apunté a todos los seminarios espirituales en un radio de ciento cincuenta kilómetros. Más esclarecedor que cualquier enseñanza fue el proceso de poner en práctica todas estas lecciones. Cuanto más profundizaba en mi feminidad (primero tuve que desaprender y volver a aprender lo que creía que era) e integraba la espiritualidad en todos los aspectos de mi vida, más experimentaba una transformación duradera en todas las áreas.

Empecé a darme cuenta de que mis deseos son reales y merecen manifestarse. Mientras que antes los juzgaba como egoístas o equivocados, o sólo les permitía aflorar en pequeñas dosis si me sobraba tiempo o dinero, ahora sabía que formaban parte de mí y que estaban aquí para guiarme a cumplir mi propósito.

Empecé a confiar en mis deseos y a decirles que sí cada vez más. Dije sí a que mis dones y talentos se utilizaran para influir de forma positiva en la vida de los demás. Dije sí a ser visible como líder del sector. Dije sí a casarme con mi alma gemela. También dije sí a contratar a una asistenta por primera vez en mi vida adulta. Empecé a decir sí a hablar sobre escenarios y más tarde dije sí a mudarme a la casa de mis sueños en Malibú. Y casi milagrosamente, tras tomar la decisión y emprender las acciones adecuadas, aparecieron recursos y oportunidades, y este elevado nivel de carrera, amor y estilo de vida se convirtió en mi nueva normalidad. También dije sí a los viajes privados, aunque desgraciadamente eso todavía no ha ocurrido (#objetivosdetransporte).

Cuando luchaba como mentora de vida, desesperada por encontrar a mi próximo cliente, estaba negando mis deseos. No estaba prosperando, ni estaba contribuyendo a la vida de los demás al nivel de mi potencial. Reclamar mi poder real y mi condición de Reina ha cambiado todo eso para mí. Convirtió mi empresa emergente en lo que ahora es Divine Living, una compañía global multimillonaria dedicada a proporcionar empoderamiento femenino, desarrollo personal y formación empresarial para que las mujeres y sus familias puedan vivir en abundancia financiera, emocional, espiritual y de estilo de vida. Me ha permitido retribuir y contribuir a causas que me importan, así como cumplir mi sueño de viajar y trabajar en todo el mundo. Todo esto ha servido de modelo a las mujeres de mis programas, que comparten estas aspiraciones, de lo que es posible para ellas.

Aunque está destinado a todas las mujeres, no todas ven posible ser Reinas. A lo largo de los años, he oído de todo: «¿Quién te crees que eres?». A algunas les provocan mis elecciones personales: «¿Cómo puedes viajar por el mundo y trabajar desde cualquier sitio?», «¿Cómo ­puedes cobrar tanto?», «¿Cómo puedes tomarte tiempo libre y comprar así? Estás malgastando tu dinero. Tienes que ahorrar para una casa. ¿No te preocupa tu pensión de jubilación? ¿No deberías donar más a obras de caridad?».

En mi empeño por estudiar lo que significa para todas nosotras ser Reina, me di cuenta de que estas mujeres no estaban haciendo las preguntas adecuadas. Sólo estaban juzgando mi audacia para ser la Reina de mi vida.

Entiendo por qué. Demasiadas mujeres han sido avergonzadas por el mero hecho de admitir que saben que están destinadas a algo más y que quieren lo mejor para ellas y sus familias. Se nos ha dicho que nuestro aprecio por una vida más plena nos convierte en superficiales, egoístas o irresponsables, y se nos ha aleccionado para que aplastemos nuestros sueños, trabajemos en empleos que no disfrutamos, permanezcamos en matrimonios sin amor y ahorremos el dinero de nuestro café con leche.

La verdad es que la mayoría de las personas con iniciativa tienen deseos de alta vibración, y por una razón. Lo que los críticos no suelen entender es que, aunque la condición de Reina incluye un estilo de vida sin duda fabuloso, en última instancia se trata de que una mujer haga su contribución al mundo al más alto nivel.

Si hubiera seguido haciendo sólo lo que la gente consideraba aceptable y sensato, mi vida épica, la que me hace levantarme la mayoría de las mañanas encantada de estar viviendo mi verdadero propósito, nunca habría ocurrido. Tuve que dejar de dar poder a los juicios de los demás y centrarme más en mis contribuciones y mi conexión espiritual. A través de la oración, la meditación, la lectura, el diario y el trabajo con mentores, me abrí a lo que yo deseaba. Dejé de pedir permiso y empecé a dármelo a mí misma. Fue liberador y funcionó. Me convertí en la Reina de mi vida.

Por qué escribí este libro

Tanto mis amigas como mi familia, mis seguidoras en las redes sociales y mis clientas me preguntan constantemente: ¿qué significa ser Reina? ¿Cómo puedo ser más femenina? ¿Cómo gestionaría una Reina esta situación? ¿Cómo puedo comunicarme con mi ser querido para que se me escuche? ¿Cómo sé que es mi intuición de Reina la que habla? ¿Cuándo debo establecer límites poderosos?

Yo me hacía estas mismas preguntas y, tras casi dos décadas de búsqueda interior, estudio de innumerables recursos externos, trabajo con miles de mujeres y puesta en práctica de lo aprendido, tengo el gran honor de reunir este compendio de sabiduría de Reina que ha obrado milagros para mí y para mi comunidad, así como para mujeres de todo el mundo.

El camino real no es un camino ordinario, y eso es música para nuestros oídos. Porque no somos corrientes. Es nuestro gran privilegio en este momento del planeta ser la generación de mujeres que han sido llamadas a ser Reinas. Esta forma de vida no es para los débiles de corazón. Sin embargo, ya ha pasado el momento de pensar que otra persona está destinada a ganar dinero, hablar, salir en televisión, ser dueña de una empresa o liderar la nación. El tiempo apremia, pues la era de la Reina es ahora.

Al convertirnos en Reinas, nos relegamos a un primer plano: financiero, romántico, físico, político y social. Este nuevo enfoque empoderado y femenino de la vida nos llevará a saber que podemos ser guiadas de forma espiritual, crear nuestro legado y tener un estilo de vida divino. Al prestar atención a nuestros deseos, aprovecharemos nuestros talentos naturales y nuestra conexión con el universo. Usando nuestra intuición para trabajar de forma más inteligente (no más duro), manifestaremos el éxito que está destinado para nosotras a nivel individual y colectivo.

Convertirse en Reina es desarrollar la ferocidad para cambiar nuestra relación con lo que es posible, tener el poder de ver las cosas no como son, sino como podrían ser, y cultivar la audacia para decir no al statu quo. Es cambiar sin pedir disculpas hacia un pensamiento mucho más grande que nos guíe para irnos de aventura por la India, lanzar ese proyecto soñado, apuntarnos a una noche de micrófono abierto, presentarnos a unas elecciones, ser voluntarias por una causa significativa o, finalmente, reactivar ese perfil de citas en Internet. Entrar en esta mentalidad visionaria cambia de forma permanente nuestra visión de lo que significa nuestra vida, el mundo y el papel de la mujer en él. Cuando una mujer decide ser Reina, todo el mundo se beneficia.

Si te estás preguntando si tienes lo que hay que tener, te prometo que lo tienes. No existen las mujeres débiles. Si acabas de terminar la universidad y buscas algo más que un trabajo de nivel inicial, si eres empresaria y estás agotada porque tu sueño empresarial se ha convertido en una pesadilla, si tienes un trabajo de nueve a cinco pero fantaseas con ser tu propia jefa, si eres asistenta y estás dispuesta a hacer más, si trabajas en el mundo del espectáculo y anhelas tu gran oportunidad, si eres una madre que necesita algo más que discutir sobre quién es el mejor profesor particular de la ciudad, si acabas de enviar a tu hijo pequeño a la universidad y te niegas a pasarte el día viendo Judge Judy desde tu sillón, si estás arrasando en la empresa pero temes pasar la Nochevieja sola, o si te acabas de jubilar y no puedes soportar la idea de hacer aeróbic acuático, este libro es para ti.

Ser Reina es la oportunidad que tenemos las mujeres modernas de acoger lo que nos pertenece por derecho. Para aprovechar las infinitas posibilidades de las que disponemos, para ser dueñas del verdadero impacto del que somos capaces y para sentirnos completamente seguras de nosotras mismas reclamando nuestras vidas más fabulosas. Una vez que accedes a la Reina que llevas dentro, todo se abre en tu vida.

¿Buscas claridad sobre el propósito de tu vida? Sí. ¿Confianza? Sí. ¿Capacidad para crear riqueza sin agotarte? Sí. ¿Autoestima para permitir un romance profundo y comprometido? Sí. ¿Intuición fiable? ¿Guía divina al alcance de tu mano? ¿Una carrera basada en la pasión? ¿Una vida llena de placer? ¡Sí, sí, sí y sí! La feminidad nunca tuvo tan buen aspecto.

Cuando hayas terminado de leer este libro, todos tus miedos y excusas se habrán desvanecido. En su lugar, encontrarás a alguien a quien besar la noche de fin de año, confianza en que tienes lo que hay que tener, seguridad en tu conexión espiritual y la posibilidad de tachar San Bartolomé de tu lista de deseos. No importa si acabas de empezar en la vida o sientes que ya has vivido nueve de ellas. Eres mucho más poderosa de lo que crees.

PARTE I

Tu vida épica te está esperando

1

Reina por designio

Al crecer en los suburbios de Detroit, no conocía a ninguna celebridad y, posiblemente como tú, sabía que quería ser una. Al igual que muchas niñas entusiastas por naturaleza, nunca evité ser el centro de atención. Bailaba en recitales de ballet, actuaba en todas las obras del colegio y tenía un talento increíble con los patines. Incluso gané el primer premio por mi número de La dama y el vagabundo.

Además de mi deseo de entretener a los demás, una cosa que me importaba mucho era ayudar a la gente. Recuerdo que, en primer curso, mi profesora, la señorita Schmidt, hizo que nuestra clase creara un libro recopilatorio en papel casi tan alto como nosotros, que teníamos siete años, ensartado con hilo. Se titulaba Cuando sea mayor… Todos dibujamos con lápices de colores cómo serían nuestras mejores vidas en el futuro. Había bomberos, bailarinas, policías, enfermeras y astronautas. Mi contribución decía: «Quiero ser consejera para ayudar a la gente».

Me entusiasmaba la idea de una vida glamurosa y llena de sentido. Mi madre y mi padre alentaron mis instintos naturales, inculcándome que el cielo es el límite (o eso parecía) y que todo es posible. Sin embargo, también recibí mensajes contradictorios de la sociedad y la cultura que decían: «Sé feliz con lo que tienes. Tienes que trabajar mucho para ganar dinero. Tienes que ser responsable y pragmática para que un día puedas casarte y tener hijos».

Mis padres eran maestros de escuela y, como la mayoría de madres y padres, querían lo mejor para sus hijos. En casa, después del colegio, mis días transcurrían jugando a pillar con los niños del vecindario, terminando los deberes justo a tiempo para ver La casa de la pradera y practicando el Canon de Pachelbel para mi próxima lección.

Mis padres se esforzaron y gastaron hasta el último céntimo para que mi hermano y yo tuviéramos un hogar en un distrito con magníficos colegios públicos, muchas actividades extraescolares y divertidas aventuras de verano, como acampadas y, más tarde, el Campamento Nacional de Música de Interlochen. Hicieron todas las «cosas correctas» que deben hacer los padres. Me inculcaron: «Sé amable con los demás», «Ve a la universidad y consigue un trabajo», y «Devuelve siempre a tiempo los libros de la biblioteca». Estaba agradecida, pero, en secreto, me estaba preparando para algo mucho más grande que una vida en Troy, Michigan. Sin embargo, en aquel momento no me di cuenta; mirando hacia atrás, puedo ver que, desde el principio, este mundo no está preparado para que las mujeres como nosotras expresemos todo nuestro ser. Está preparado para que o seas famosa o ayudes a los demás. Puedes ganar dinero para disfrutar de un estilo de vida lujoso o puedes marcar la diferencia.

Esta situación de o lo uno o lo otro iba en contra de lo que toda niña antes de los siete años sabe que es su verdad más profunda: que un día será Reina y, como tal, llevará una vida épica. Supongo que, al igual que tú, yo había imaginado desempeñar un papel estelar en el escenario de la vida. Según mi gran imaginación, estaba destinada a una carrera que influyera en el mundo, un amor romántico legendario y un estilo de vida en la alta sociedad que me llevaría mucho más allá de mi educación sensata y conservadora en el medio oeste.

No me malinterpretes, apreciaba mi agradable vida en el centro de Estados Unidos, pero algunas de las limitaciones y mentalidades que conocía no eran para mí, como comprar únicamente productos de reba­jas, no poder ir a la universidad dentro del estado y la idea de que unas vacaciones de lujo significaban conducir por la autopista durante dos jornadas de doce horas para llegar a Florida. Hice las tres cosas a regañadientes. Seguí todas las normas y saqué notas (suficientemente) buenas, que supuestamente serían mi pasaje hacia el éxito. Imagina mi desesperación cuando sólo me llevó hasta la Universidad de Western Michigan y una dirección postal en Kalamazoo.

«¡Ésta no soy yo!», gritaba mi alma en señal de protesta. Vivir en lo que para mí era la capital de la mediocridad, y licenciarme en Comunicación porque eso era lo que los adultos de mi vida me decían que «debía hacer», me hizo llorar durante tres años enteros. «¡Ésta no puede ser mi verdadera vida! Me veo con una profesión significativa influyendo de forma positiva en la vida de los demás, además de asistir a galas en Nueva York y óperas en Viena, vistiendo de Versace y Valentino. En lugar de eso, voy vestida con ropa para la nieve, subiendo cuesta arriba con mi enorme mochila, perdiendo el tiempo en aburridas clases de educación general, como economía y astronomía, y, en general, ¡odiando la vida!».

En mi tercer extenuante invierno en Kalamazoo, ya estaba harta de la ciudad que se rumoreaba había visto por última vez a Elvis. Ya no podía ignorar las señales de alarma que me indicaban que me había desviado por completo de la vida épica que había imaginado para mí. No sabía qué hacer ni quién podría salvarme de no tener mejores opciones que ir a fiestas grunge en sótanos en los que atronaba machaconamente la música de Kurt Cobain. Justo cuando estaba alcanzando la mayoría de edad y me sentía entusiasmada por dar el paso hacia mi estilo glamuroso de joven adulta, me di cuenta de que estábamos a principios de los noventa, una época en la que era ilegal parecer que te habías duchado o cepillado el pelo en las últimas tres semanas.

Necesitaba una victoria, así que recurrí a la relación en la que siempre había confiado durante una crisis existencial como ésta. «Querido Dios, ayúdame, por favor», recé. «Muéstrame el camino hacia una vida magnífica y llena de sentido. Te pido un milagro. Sé que me has creado para algo más que esto».

«Pedid y se os dará…»; unas semanas después de elevar mi súplica a los cielos, una amiga mía de la infancia de Interlochen «casualmente» me llamó para ponerse al día. Abigail me contó lo mucho que estaba disfrutando de la vida universitaria en la Universidad Americana de Washington D. C., haciendo nuevos amigos, yendo a fiestas divertidas, conociendo a gente interesante de todo el mundo, disfrutando de pícnics en el National Mall y pasándoselo en grande.

Cuando le hablé de mi mala experiencia universitaria, me animó a unirme a ella en lo que parecía el centro del universo. Profundizando, aprovechando esos sueños de grandeza de niña pequeña, pensando en grande por mí misma, decidí creer que una vida universitaria mejor era posible y actué de inmediato ante lo que claramente era la respuesta a mis plegarias presentando numerosas solicitudes de prácticas de verano.

Me ofrecieron un puesto en una organización sin ánimo de lucro, el Centro Nacional para las Víctimas del Crimen. Estaba encantada de poder prestar mis servicios en la capital de nuestra nación, que estaba llena de gente que se proponía grandes cosas y estaba en lo más alto de su carrera. Por primera vez, sentí que mi contribución podría tener un propósito y un significado que afectaría a la gente a gran escala. ¡Por fin! No sólo me levantaba con entusiasmo cada mañana para ir a trabajar, sino que no paraba de conocer a nuevos y fabulosos amigos. Mi vida social prosperaba, todas las noches en Georgetown, los fines de semana en las playas del océano Atlántico y entre semana en las campañas de recaudación de fondos, donde me relacionaba con otras personas inteligentes que trabajaban en el Capitolio o para comités de acción política y grupos de reflexión.

Me encantaba mi nueva vida, y de ninguna manera iba a abandonarla sólo porque se acabara el verano. En otoño de mi último año, había conseguido unas prestigiosas prácticas dando conferencias públicas en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, y en mi segundo semestre conseguí el santo grial de las prácticas: trabajar para el jefe de gabinete en la oficina de la primera dama en la Casa Blanca.

¡Mi idea de vida épica acababa de llevarse el premio gordo! Reina por designio, ¡aquí estoy! Nunca me cansé de entrar a diario en el codiciado Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, adyacente al ala oeste. Las mujeres del despacho de Hillary Clinton eran increíbles. Muy poderosas, inteligentes, decididas, generosas y divertidas. Estaban plenamente comprometidas con hacer del mundo un lugar mejor, y al mismo tiempo se trataban entre ellas y a todos los presentes en la oficina, incluida yo, con el máximo respeto. Me dejaban asomarme a las cenas de Estado, asistir a los despegues de helicópteros, incluso participar en algunas reuniones no clasificadas sólo para que pudiera observar y aprender. ¡Era glorioso! Esas fueron mis primeras Reinas modelo, directas y cercanas, que, para mí, vivían la vida épica.

Entonces llegó el momento de graduarse. Al recibir mi diploma, acepté un puesto remunerado en una empresa privada propiedad de un infiltrado político, que pronto descubrí que no vivía según la ética que habían modelado mis anteriores supervisores, así que, al cabo de unos meses, dimití. Había sido testigo de los bajos fondos de lo que puede ocurrir en el ámbito político, mientras trabajaba para aquel ególatra que acabó envuelto en un escándalo internacional. Aunque desconocía por completo sus manejos, a los veintiún años descubrí lo que significaba la «culpabilidad por asociación», que por definición me había exiliado de la vida tal y como la conocía (hablaremos más de lo que significa ser exiliada en el capítulo 4).

Al no ver otras opciones, en medio de la niebla y la bruma me mudé a Detroit, donde ahora estaba rodeada de veinteañeros que pensaban que ir a fiestas rave en almacenes abandonados era guay. Menuda caída en desgracia. Sentí que mi vida profesional había terminado antes de que apenas hubiera empezado. Me sumí en una depresión.

Cumplir las normas

Sin tener mi identidad directamente vinculada a puestos de prestigio en las instituciones más influyentes del mundo, estaba perdida. Pero ¿admitirlo públicamente? No podía aceptarlo. Lo que sí podía soportar era matricularme en un posgrado para que mi vida volviera a parecer impresionante. Había estado yendo a terapia tres veces por semana para «encontrarme a mí misma» y, tras un año de exploración interior que habría impresionado incluso a Freud, descubrí un programa de máster en psicología clínica y humanista. En mi cabeza, esto sería una gran excusa para pasar un año de desarrollo personal socialmente aceptable.

Durante ese programa, hice algo más que encontrarme a mí misma: aprendí de primera mano sobre el potencial humano. Me demostré a mí misma que una mujer dispuesta a crecer podía crear cualquier cosa que deseara, lo que acabó siendo el tema de mi tesis de máster, Vivir la vida sin límites. Mi niña interior hacía piruetas de alegría en mi ­corazón.

La vida épica volvía a aparecer poco a poco con claridad. Al obtener mi título, me convertí en psicoterapeuta licenciada, y ahora me tocaba a mí facilitar este apasionante proceso de cambio y transformación para los demás. Me maravillaba la resiliencia del espíritu humano: mujeres que habían sobrevivido a abusos sexuales se recuperaban; matrimonios que sufrían infidelidades salían más fuertes que antes de que se produjera la traición; niños sacudidos por divorcios hacían las paces con una nueva definición de familia; adolescentes que estaban enfadados, angustiados e incluso con tendencias suicidas, encontraban la alegría interior y la confianza; adictos activos experimentaban despertares espirituales que los llevaban a la sobriedad. Todos éramos testigos de un milagro tras otro a medida que nos adentrábamos en los terrenos internos de lo psicológico y lo espiritual. Me sentía sumamente agradecida por haber sido conducida a transformar mi propia depresión, dolor y exilio profesional en una carrera profundamente significativa. Disfrutaba tanto que la pragmática mujer del medio oeste que llevaba dentro apenas podía creer que estuviera cobrando un sueldo fijo por hacer lo que amaba.

Para mi sorpresa, tras dos licenciaturas la leyenda de la seguridad financiera aún había demostrado ser cierta. Misteriosamente, después de haberlo hecho todo «bien», seguía encontrándome con una deuda de setenta y cinco mil dólares en préstamos estudiantiles, con las tarjetas de crédito al máximo y rogándole a mi agente bancario que no volvie­ra a cobrarme la comisión por demora. Sí, me pagaban, pero no lo suficiente. A pesar de mis estudios superiores y mi experiencia en la Administración, no tenía ni idea de cómo ganar una cantidad decente de dinero, y mucho menos de cómo crear un impacto importante en el mundo y ser la persona de éxito que había soñado ser.

¿Cómo podía ser ésta mi «vida épica»? Una vez más, había seguido todas las reglas (excepto pagar mis facturas a tiempo). Lo había hecho todo bien. Fui a la universidad, conseguí los trabajos, obtuve los títulos y no salía de fiesta (¡qué aburrida, lo sé! Intenta ser yo a los veintiocho años). Estaba dispuesta a trabajar duro, a ayudar a los demás y a ser una buena persona. Sin embargo, avanzando con rapidez hacia los treinta años, me encontraba totalmente endeudada, sin poder, sintiéndome sola e invisible, trabajando setenta y cinco horas a la semana sin llegar a ninguna parte, incapaz de conseguir una cita por nada del mundo y (sí, la cosa es aún peor) viviendo en casa de mis padres en Michigan.

¿Te preguntas por qué la vida no es fabulosa?

Sé que no soy la única mujer en la historia del mundo cuya vida ha estado marcada por una época como ésta. Tal vez para ti una vida épica tenga un aspecto algo diferente, pero el dolor de sentirte estancada es siempre el mismo. Como mujeres, si no tomamos de forma consciente la decisión de ser la Reina de nuestra vida épica, solemos encontrarnos trabajando muy duro, como nos han dicho que hagamos, pero sintiéndonos tristes en secreto porque nada cambia, la verdad es que no.

¿Necesitas una prueba? Hagamos un rápido inventario. Desde el año pasado, ¿qué parte de tu vida es relativamente la misma? ¿Los michelines? ¿El saldo de la cuenta bancaria más bajo de lo que te gustaría? ¿Una vida sexual monótona (o falta de ella)? ¿El mismo círculo de amigos que sigue despotricando de jefes insoportables, quejándose de gastos inesperados e insistiendo de forma patética en que esta vez va a dejar a su mujer (aunque sabes que no es así)? ¿Frustraciones familiares que se repiten desde el paleolítico? ¿Tolerar el lugar donde vivimos en lugar de hacer lo necesario para mudarnos a una casa que nos inspire y amemos de verdad? ¿Una exigente carrera profesional que en realidad no avanza, dejándonos sumidas en la esperanza de que, si trabajamos lo suficiente, «algún día» llegaremos a lo más alto? Y luego está el armario que no se ha actualizado como es debido desde que Lincoln estaba en la Casa Blanca.

Tal vez, si tienes suerte, al menos un área de tu vida haya experimentado un cambio significativo a mejor. Sin embargo, como Reina, eso no te basta.

Si te estás preguntando: «¿Se supone que la vida tiene que ser así de lenta, así de dura, y así de pesada? ¿Dónde está el salto cuántico? ¿Todos los milagros acaban de desaparecer del escenario?». No, no es así. Sólo dejamos de creer en ellos (o nunca empezamos a hacerlo).

Estar sentada en la mesa de la cocina con el pijama de anoche, con el ordenador portátil a cuestas, agobiada por una cantidad interminable de trabajo día tras día, ¡no es como se supone que serán nuestras vidas para siempre! Si hasta ahora pensabas que el mayor logro que podías conseguir este año sería terminar la limpieza del armario que empezaste el verano pasado, tu vida épica empieza con una mentalidad de posibilidad y se parece más a lanzar tu negocio paralelo, curar un trastorno alimentario, conseguir el ascenso, presentarte a las elecciones, correr una maratón o tachar «safari africano» de tu lista de deseos. Aunque antes pensabas que tendrías suerte si lograbas tener dos citas decentes seguidas, tu vida épica viene acompañada de un romance legendario con tu alma gemela.

¿Cómo es posible que tantas mujeres inteligentes nos hayamos quedado estancadas conformándonos con menos de nuestra gloria plena? Dejamos que lo épico se apartara de nuestra mentalidad. Hemos aprendido a seguir el statu quo, a pagar y gestionar nuestras facturas por Internet, a leer a Jane Austen y a resaltar nuestros pómulos, pero no nos han enseñado a prosperar. Nos han programado para ser una «buena mujer», una «buena esposa», una «buena madre» y, por supuesto, una «gran trabajadora». Nos han enseñado a centrarnos en las tareas importantes de complacer a nuestro hombre, a nuestro jefe y al departamento de cuentas pendientes de Amex, además de mantener un techo sobre las cabezas de nuestros hijos, así que no hemos tenido tiempo ni neuronas para pensar en cómo responder a nuestra vocación principal. En serio, ¿cuándo fue la última vez que alguien te preguntó: «¿Qué quieres tú?».

Lo más probable es que las otras voces fuertes de la sociedad nos ­hayan dicho que lo que anhela nuestro espíritu es demasiado poco realista, caro e inasumible, así que para qué preguntar. Hacer que las voces de los demás sean más importantes que la nuestra genera dudas y autoaban­dono. Los primeros susurros de «no puedes», o «qué pensarán», o «eso no es posible», envían nuestros amados sueños directamente al cementerio. Es como si pensáramos que nuestra visión no puede funcionar, a menos que haya un panel de jueces celebrando nuestras ideas delante de un estadio de fanes enfervorizados.

Para colmo de males, el mundo considera irresponsable que una mujer asuma riesgos; que sea lo bastante rebelde, descarada, apasionada y valiente como para ir a por algo grande que la inspire, mientras que Henry Ford se arruinó dos veces, Walt Disney casi hunde su estudio por sobrepasar el presupuesto de su primera película de animación y Steve Jobs fue despedido de su propia empresa por ser demasiado visionario y exigente. Está claro que no les preocupaba que las llamaran «zorras» y no dejaron que la cantinela de «eso no es posible» les impidiera vivir su propósito, ganar millones y cambiar el mundo.

Sin embargo, a las mujeres se nos castiga, se nos ridiculiza e incluso se nos crucifica en Internet cuando nos atrevemos a manifestar algo más, lo que atenúa nuestra naturaleza apasionada. El mero hecho de recibir la energía displicente de un «sí, claro, estaría bien» es como si las cataratas del Niágara se precipitaran sobre la frágil llama de nuestros sueños.

Sin pasión, no tenemos ninguna posibilidad. Ninguna mujer de éxito llegó a donde está hoy con facilidad. Entiendo si alguna vez has pensado: «Bueno, ella pudo hacerlo porque creció en una familia prominente, tiene mejores genes, mantiene conexiones de alto nivel o tuvo suerte». Te lo reconozco; algunas mujeres que ya han manifestado su vida épica y lo que tú también deseas pueden haber tenido mejores recursos para empezar. Sin embargo, te prometo lo siguiente: cada mujer tiene una historia, y ninguna es fácil. También te garantizo que muchas de las que ya han manifestado lo que tú deseas tuvieron circunstancias iguales o más difíciles que las tuyas. Aun así, decidieron no abandonarse a sí mismas y descubrieron cómo elevar el nivel de sus vidas, igual que tú puedes hacerlo y lo harás.

Puede que pienses que, aunque tu sueño sea posible, supondría tanto trabajo, tiempo y dinero que al final no merecería la pena. La gran noticia es que, a medida que entres en tu condición de Reina, te convertirás en tu mayor defensora número uno, de modo que nunca renunciarás a tus objetivos y, en cambio, te centrarás exclusivamente en manifestarlos. Bienvenida a tu poder femenino.

Hacer realidad tus deseos no tiene por qué ser doloroso, lento, abrumador ni agotador, y seamos realistas, aunque fuera todo lo anterior, y cumplieras tu propósito, ¿no merecería la pena? Veo a mujeres pasar por una tortura absoluta, experimentando el dolor más intenso que jamás hayan sentido, a muchas abriéndoles el cuerpo en canal, todo para traer con alegría y gozo una nueva vida al mundo. Y luego, apenas unos meses después, las oyes decir: «¡Hagámoslo otra vez!». Para algunas, una y otra vez, y otra vez más. Ninguna mujer me ha dicho nunca que la razón por la que no quería tener otro hijo fuera por lo que tuvo que pasar para dar a luz al anterior. Es probable que olviden por completo, o al menos pasen por alto, el proceso del parto, porque están entusiasmadas y concentradas en el objetivo de traer a su bebé al mundo.

Sin embargo, cuando se trata de nuestros sueños, de nuestra gran vida, de lo que también somos capaces de hacer, nos detenemos ante la mera idea de que pueda resultar difícil. ¿De verdad? ¿Acaso el peor resultado posible no es vivir y morir con el remordimiento de no haber hecho lo que viniste a hacer? ¿Mirar atrás y descubrir que te quedaste al margen y viste cómo otros vivían la vida para la que sabes que estabas destinada? ¿Haber soportado todo este dolor emocional de todos modos, y descubrir que dejaste que el miedo y la duda sobre ti misma arruinaran tu vida sin necesidad?

Bueno, gracias a Dios que se ha acabado para ti este estado de agobio, querida, sea lo que sea lo que te ha hecho permanecer en un segundo plano. Decirte a ti misma que no eres lo bastante buena, seguir las normas de otras personas y ver cómo otras mujeres reclaman lo que está destinado para ti, se acaba aquí.

La decisión de ser Reina

De vuelta a Detroit, mi statu quo no me hacía pensar que estaba en el lugar perfecto para dar rienda suelta a mi siguiente nivel de superestrella, especialmente aquella sombría noche de viernes de invierno. Tras llegar a casa y encontrarme con un hogar vacío después de otra jornada de doce horas viendo a clientes y haciendo un papeleo interminable, puse Entertainment Tonight (no me juzgues) y empecé a soñar con cómo sería mudarme a Los Ángeles, ¡la tierra del Sol y las estrellas! Veía los reportajes sobre Jennifer López (mi animal espiritual) y su nuevo disco, y su nueva película y su nuevo perfume; veía a Jennifer Aniston pasear por la alfombra roja con su guapísimo novio del momento, o me ponía al día con algún clip entre bastidores en el que Julia Roberts disfrutaba en la villa de Clooney en el lago de Como con el reparto de Ocean’s Eleven. ¿Cómo lo hacían estas fabulosas mujeres? No seguían las normas; no eran «uno de los chicos»; no decían: «¿Quién soy yo para tener tanto éxito?». Y desde luego, no vivían con el miedo, la carencia y las limitaciones a las que yo había empezado a acostumbrarme.

Derrochando feminidad y fuerza, estas mujeres no atenuaban su luz fingiendo ser menos inteligentes, menos fuertes o menos dignas de ganar dinero para que quienes las rodeaban no se sintieran amenazados. Ellas lo hacían todo; ¿por qué yo no? Yo había logrado la parte de la carrera significativa, pero no el dinero para el estilo de vida lujoso. Estas mujeres me hicieron darme cuenta de que quería ambas cosas. Llegados a este punto, podría haber caído con facilidad en la trampa de la comparación, pensando que está bien que las estrellas de cine vivan así, pero no las personas que se dedican a profesiones de ayuda y sanación, pero en lugar de eso reivindiqué mi deseo y dejé que estas mujeres me mostraran lo que era posible. No quería ser invisible y hacer exclusivamente lo que la sociedad decía que «se suponía» que debía hacer. Quería vivir una vida épica en mis propios términos, y sin pedir disculpas. Quería ser femenina, poderosa, rica, generosa y estar conectada con los que mueven los hilos. ¿Me entiendes? Me apasionaba tanto tener un impacto positivo en los demás como viajar por el mundo, vivir en una casa de ensueño, pertenecer a una comunidad vibrante y donar a las causas que me importaban. Quería experimentarlo todo.

Disfrutando de las palomitas de microondas y de mi nueva conciencia deslumbrante, allí mismo, durante la pausa publicitaria, decidí que había llegado el momento de cambiar de carrera. Inspirándome en las enseñanzas del famoso mentor Tony Robbins, vi una visión más amplia para mi vida. Me mentalicé y declaré (que suenen las trompetas) ¡que me mudaría a Los Ángeles y me convertiría en mentora de vida! Se acabó lo de ser una psicoterapeuta con dificultades.

No fue ni mucho menos la decisión más fácil que había tomado nunca. Me encantaba lo que hacía, pero ya no podía soportar las limitaciones económicas ni las trabas de las compañías de seguros. También acababa de malgastar otros cien mil dólares en un año de estudios de Derecho (no preguntes) y ahora optaba por despedirme de mi costosa licencia de psicoterapeuta.

Dedicada a mi decisión, contraté a tantos clientes como pude y me compré los zapatos negros y resistentes al agua necesarios para mi trabajo nocturno a tiempo parcial como camarera en Morton’s Steakhouse. Luego reuní todo el valor y el dinero que pude y, de algún modo, ahorré lo suficiente para mudarme de casa de mis padres, cruzar el país en avión y establecer mi nueva vida en un pequeño apartamento de Santa Mónica. Colgué mi placa, me autoproclamé mentora de vida excepcional y comenzó mi viaje de emprendimiento.

Tu vida épica te está esperando

Ahora te toca a ti. Una vida épica, ¿en serio? ¡Sí! Sé que mucha gente te dice que «seas feliz con lo que tienes», y también sé lo aburrido que suena eso. Tu vida es buena y estás agradecida. Sin embargo, anhelas más: claridad sobre el propósito de tu vida, tu propia y glamurosa carrera internacional que contribuya al bienestar de los demás, el tiempo extra para darte un baño de burbujas con aroma a lavanda y disfrutar del último número de Vogue, nuevos amigos inspiradores que te inviten a su segunda residencia en Tailandia y la energía para tener un orgasmo más de dos veces al mes. Y todo por una buena razón.

Tienes un papel impresionante, inspirador y significativo que de­sempeñar en este planeta y en esta vida. Tienes cosas más importantes que hacer que simplemente existir, intentando llevar al día tus facturas, las conversaciones domésticas, el programa de ejercicios y el número de veces que tienes que sacar a tu perro. Quizá nunca supiste que, como Reina, tu calendario podría brillar con proyectos placenteros y citas con personas encantadoras.

Apégate a este concepto de Reina y nunca más te verás obligada a ponerte una americana azul marino, una etiqueta con tu nombre o un delantal e ir a trabajar a tu monótono lugar de trabajo. Tampoco te resignarás a la aburrida relación que mantienes por el bien de los niños, ni te conformarás con vivir en el mismo código postal y no salir nunca de la ciudad porque tu familia es de allí. Sea cual sea tu versión de una «vida agradable», sé lo que chupa el alma cualquier forma de conformismo para las mujeres inteligentes, vibrantes, sexis y atrevidas como nosotras.

La forma en que estás programada

Aquí tienes la prueba. Todas las formas de vida están programadas de forma natural y espiritual para prosperar. Así funciona el universo. Existe una inteligencia interior que guía todas las semillas de potencial desde el reino invisible hasta que se manifiestan en forma física. Todos los grandes de la historia han conocido esta fuerza vital que vive dentro de cada uno de nosotros y han creado las obras maestras de su vida en colaboración con ella.

Aristóteles fue uno de los primeros en poner esta idea en palabras. Entelequia es el término que el antiguo filósofo griego utilizó para referirse a la guía superior integrada en cada célula viva que impulsa su desarrollo. Por ejemplo, la entelequia de un embrión es convertirse en un bebé, y la entelequia de una bellota es convertirse en un roble.

Cada ser humano también tiene su propia entelequia en sus células a nivel emocional, intelectual y creativo, que contiene el camino de su nivel más elevado de sabiduría, éxito, amor y contribución. Nuestra entelequia comprende por qué estamos aquí y en quién somos capaces de convertirnos. Sabe cómo hacer uso de nuestros dones y talentos más elevados y convertir nuestras visiones en nuestras realidades. Como ves, todos estamos literalmente programados para el éxito óptimo, incluida tú.

Mientras tanto, vivir desalineada o dudar de la grandeza de tu entelequia es donde se instalan la frustración, el estancamiento, la indecisión, el miedo y la resistencia. Es donde el dar vueltas a las cosas por la noche aparece para arruinarnos la vida una y otra vez.

Cuando eres consciente de tu entelequia y conectas con ella, te conectas con la guía divina. Es el espíritu que alimenta las obras maestras, que inspira las mayores contribuciones del mundo, desde la medicina a la tecnología, pasando por el arte y mucho más. Nuestra entelequia nos empuja a un crecimiento constante.

Por cierto, ésa es la razón por la que tú y yo siempre estamos deseando más, porque estamos literalmente programadas para crecer constantemente. ¿No es increíble cómo la sociedad nos ha hecho sentir mal a las mujeres por desear más, cuando es exactamente como la naturaleza nos creó para ser? No hay nada malo en ti. No estás loca. No eres una inepta.

Puede que estés siguiendo algunos consejos realmente malos de algunas personas con muy buenas intenciones. O quizá te has sentido tan abrumada que te has perdido en el modo «ocupada» de forma permanente. En cualquier caso, eso es sólo porque la condición de Reina y toda su gloria no ha sido modelada para ti, o al menos no al nivel que anhelas. Además, como hemos creído en las formas limitadas en que los conformistas del statu quo nos han instruido para comportarnos y pensar, entonces nos sentimos mal, culpables o incluso avergonzadas por desear aquello para lo que hemos sido concebidas por naturaleza.

Si te sientes insegura sobre cómo acceder exactamente a esta grandeza interior para poder marcar la diferencia en el mundo, experimentar la tranquilidad económica y vivir tu vida más plena, sigue leyendo. Estás exactamente donde necesitas estar.

Cómo vivir tu vida épica

¡Es hora de volver a soñar a lo grande! Y todo empieza con esos sueños que tenías de niña. ¿Cuáles eran? Para la mayoría de las mujeres que conozco, son los recuerdos a los que puedes recurrir y que dejan muchas pistas sobre por dónde empezar hoy. El primer paso consiste en explorar cuáles eran, y probablemente siguen siendo, tus deseos, ya sea a modo de pasatiempo o como propósito de vida en toda regla.

Soñar a lo grande es un estado mental, y este estado es la base necesaria para que vivas tu vida épica. ¿Qué te apasionaba cuando eras joven? ¿Qué te gustaba tanto hacer que el tiempo pasaba volando y no te cansabas de hacerlo? ¿Con quién estabas o no estabas cuando te sentías más feliz? Cuando empieces a recordar las personas y los lugares que han dejado huella y los momentos significativos que alimentaron tu alma, anótalos.

Ahora echa un vistazo a cómo pueden traducirse en tu vida adulta actual. Quizá te encantaba jugar a disfrazarte; eso podría ser una señal para enviar invitaciones y organizar una cena temática o decir por fin a tus padres que vas a dejar la carrera de Medicina y matricularte en Parsons para estudiar diseño de moda. O si eras más del tipo artístico y te encantaba dibujar, es probable que sea el momento de matricularte en una clase de pintura o, si quieres pensar aún más a lo grande, busca quién da clases de acuarela en el Arno, regálate esa experiencia toscana el próximo verano y crea los tesoros que las galerías venderán en tu nombre.

Una vez que tengas claros algunos de tus deseos, lo siguiente es creer que algo más no sólo es posible para ti, sino que está hecho para ti. Esto es más que un bonito pensamiento, una esperanza o un deseo. Es tener plena fe en que tu entelequia está concebida para ayudarte a hacer tu mayor contribución al mundo. Toda mujer debe cultivar una profunda creencia en su interior de que sus deseos importan y pueden manifestarse, para que pueda vivir su vocación.

Como Reinas, debemos convertirnos en nuestras propias defensoras número uno de nuestros sueños. ¿Por qué? Porque se trata de algo más que de ti. Con cada vida épica llega una «doble bendición». Cuando apareces con confianza, plenamente manifestada y ejemplificando lo que es posible, eso por definición te bendice a ti y a las vidas en las que influyes de forma positiva. Piensa en alguien que te inspire o a quien admires y que esté viviendo una vida épica. Sus vidas están llenas de abundancia y bendiciones, y como resultado de que hayan entrado en su grandeza, tú también has sido bendecida.

Por último, para que la vida épica pase de la fantasía a la realidad, no sólo hace falta valor para pensar a lo grande, sino audacia para actuar de inmediato. Cualquiera puede crear un tablero de Pinterest, pero es la Reina quien decide emprender una acción inspirada en la dirección de sus sueños. Esto puede ser algo tan pequeño como comprar una máquina de hacer helados para empezar a probar recetas, o tan grandioso como firmar el contrato de alquiler de tu flamante heladería. Si aún no sabes lo que deseas, no te preocupes; confía en que tienes una vocación, y recuerda que, si te comprometes a seguir los pasos de este libro, podrás descubrirla. Es la Reina interior quien tiene las respuestas sobre cómo es tu vida épica y cómo la podrás satisfacer. Y estás a punto de conocerla.

Tú también has sido concebida para la grandeza, querida. No lo dudes. Nadie es más importante, tiene más talento o es más capaz. La entelequia que llevas dentro lo demuestra. Nadie tiene un destino más grandioso que tú. Te lo prometo. Has sido concebida a la perfección y para un propósito extraordinario.

Se acabó tu vida ordinaria

Qué alivio reconectar con la verdad: ¡que puedes ser, hacer y experimentar la vida de las formas extraordinarias que siempre has sabido que son posibles! Es importante que alimentes, profundices y mantengas esta mentalidad estelar, ya que es tu base para todo lo que está por venir. Sé compasiva contigo misma hasta que pensar a lo grande se convierta en tu estado natural y modo por defecto.

Eres humana, querida, lo que significa que, mientras creas esta nueva forma de pensar, es normal que te tambalees preguntándote si tienes lo que hace falta, e incluso puede que caigas en picado emocionalmente de forma temporal, pensando que la tarea que tienes entre manos es demasiado difícil. La condición de Reina te proporcionará las habilidades que te han faltado en todos tus otros intentos de transformación.

Si la medicina de este capítulo empieza a perder efecto y olvidas que los milagros son posibles o empiezas a dudar de que estés destinada a vivir tu vida épica, relee este capítulo una y otra vez para asegurarte de que está profundamente arraigado en ti. Ten presente que vivir una vida de grandeza no consiste sólo en que experimentes la vida en su plenitud, sino también en que contribuyas y marques la diferencia en este mundo. Todo lo que construyamos juntas en este libro de aquí en adelante estará arraigado en la idea de que todo es posible, no sólo para los demás, sino también para ti.

Ya no necesitarás atenuar la luz de tu grandeza, equivocarte por querer más, sentirte insegura porque los demás piensen que tu idea es una locura, ni frenarte de ninguna manera para jugar a tope en esta preciosa vida que se te ha dado. Ponte el Versace en casa en pleno día, sube tus tarifas, valórate lo suficiente como para pedir un préstamo e invertir en tu negocio paralelo, pide el ascenso antes de sentirte cómoda al cien por cien, no contestes al teléfono cuando llame tu suegra tóxica, reserva el viaje para ver la laguna azul de Reikiavik, ten la conversación de la ruptura con cariño y sin pedir disculpas y, por supuesto, no dejes pasar otro año sin confirmar tu asistencia a la Bienal de Venecia. Has sido concebida para la vida épica; es hora de reclamarla.

Una oración para la vida épica

Querido Dios,

Por favor, ábreme para ver cuál es mi potencial. Ayúdame a decir sí a mi propósito mayor y a creer en él profundamente. Ánclame en mi vida épica para que pueda contribuir a mi más alto nivel. Por favor, emplea mi vida para ser una luz en este mundo. Amén.

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La espiritualidad es tu superpoder

Hablando de la forma en que has sido concebida, ¡ha llegado el momento de conectar con tu Creador! Empezaré compartiendo mi relación con lo divino. Todos los domingos por la mañana, los domingos por la noche y los miércoles por la noche nos reuníamos en la iglesia evangélica del centro de la ciudad a la que mis padres nos llevaban a mí y a mi hermano; y no olvidemos las reuniones aleatorias del Espíritu Santo los viernes por la noche. Evidentemente, ya era una cristiana ejemplar de pequeña. A los cinco años podía recitar los nombres de todos los libros de la Biblia y a los doce ya tenía don de lenguas. La mayor «bendición» de ser criada en una iglesia cristiana fundamentalista es que desarrollas una relación muy estrecha e íntima con Dios desde el vientre materno. Así que decir que el Altísimo y yo hemos estado en línea directa desde que gateaba es quedarse corto.

A lo largo de este libro, me verás utilizar Dios, espíritu, universo, fuente, inteligencia infinita y guía divina indistintamente. No dudes en insertar las palabras que te parezcan más adecuadas. Aunque, con el tiempo, algunas de las normas más dogmáticas que aprendí en esta época de mi vida se han desvanecido, mi fe no lo ha hecho. Mi relación con el espíritu siempre ha sido mi base sólida, y me siento profundamente agradecida por ello. Dios siempre ha estado ahí para mí, tanto para manifestar mis mayores deseos como para sacarme de la cuneta.

¿Me he enfadado con el universo? Por supuesto que sí. ¿He estado tan deprimida que me he dado un atracón diario de Domino’s pizza durante dos semanas seguidas en lugar de consultar a Dios? Por supuesto. ¿He perdido alguna vez la fe en que mi alma gemela existe y me he convencido temporalmente de que nunca encontraría a mi hombre? Triste, pero cierto. ¿He estado furiosa por el tráfico sexual de niños, la pobreza mundial y el plástico en nuestros océanos? Sí. ¿Y me he metido en medio del ring con el espíritu temiendo que el dinero no apareciera? Ejem, tal vez.

Con el tiempo, he personalizado y transformado mi relación con el universo, y hoy es amorosa, orientadora, benevolente, indulgente, incondicional y muy comunicativa por ambas partes. Mi Dios no está enfadado, ni es punitivo, ni está encasillado, ni carece de compasión. Tampoco está ausente, ni es difícil de encontrar, ni es emocionalmente inaccesible, ni distante.

Yo, en cambio, he sido todo eso; sobre todo cuando no cultivo mi conexión espiritual como el superpoder que es. Al final de cada uno de estos tristes y a veces patéticos escenarios, siempre he encontrado el camino de vuelta a la fuente y, afortunadamente, cada vez me han dado la bienvenida de inmediato y, como las mejores amigas, hemos retomado la conversación justo donde la dejamos.

Lo mismo puede ocurrirte a ti. Incluso si eres aprensiva y no estás segura de hasta qué punto quieres conocer o confiar en el universo, no pasa nada; es un proceso. Tanto si has experimentado atracones similares o batallas en el ring de boxeo, como si el ajetreo de tu vida ha relegado accidentalmente tu espiritualidad a un segundo plano, si llevas tanto tiempo haciendo las cosas a la perfección que tu vida de oración se ha estancado en un festival de aburrimiento, si has reservado a Dios sólo los domingos o si nunca le has dado una oportunidad a un poder superior, ésta es tu oportunidad de crear (o reforzar) la base espiritual que tu alma anhela.

Cada persona tiene su propia relación individual y única con la inteligencia infinita, y tú decides qué aspecto tiene esta conexión para ti. Querida, por favor, no pienses que la tuya tiene que ser como la mía o que está destinada a serlo. Como Reina, puedes diseñar (o profundizar) tu propia relación única y solidaria con el universo.

Tu base espiritual

En el núcleo de toda Reina está su relación profundamente desarrollada con la fuente. Es el regalo más hermoso que una mujer puede hacerse a sí misma. Como Reinas, es nuestra fuerza motriz, nuestro lugar más seguro, nuestros cimientos.

¿Buscas amor incondicional, seguridad verdadera, paz completa, confianza de jefa, pertenencia profunda, apoyo total, orientación clara y poderes curativos? Dios es tu hombre. Si te interesa eliminar la sensación de que no eres lo bastante buena o no vales, no busques más.

El universo no crea seres humanos de más. Eso significa que todo el mundo