La carrera diplomática - Viviana Inés Arias - E-Book

La carrera diplomática E-Book

Viviana Inés Arias

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Beschreibung

La edición del presente libro constituye el resultado del esfuerzo y la dedicación de la Universidad Católica de Córdoba para visibilizar la realidad de una carrera diplomática federal entre sus estudiantes y graduados y que refleja, fundamentalmente, el esmero con el que la institución abraza el valor de la vocación diplomática y lleva adelante acciones positivas para que ellos y ellas vislumbren el servicio público como una alternativa profesional exigente, pero posible y alcanzable. Quienes se interesen por la labor diplomática podrán encontrar en estas páginas no solo un recorrido histórico que describe la evolución de las instituciones y el entramado internacional, sino además una descripción acabada de la labor de los funcionarios y funcionarias y del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

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Seitenzahl: 170

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Índice de contenido
PRÓLOGO
[ I ]LA DIPLOMACIA
[ II ] UN RECORRIDO HISTÓRICO
Los vínculos temporales
Asegurando un contacto permanente
Perfeccionando las instancias para la relación externa
Consolidando la institución diplomática
El mundo ampliado
El andamiaje diplomático
El entramado internacional: cambios y adecuaciones
[ III ] LAS REPRESENTACIONES EN EL EXTERIOR
La función diplomática
La función consular
La presencia en el exterior
[ IV ] MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES
El Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto
Los desafíos en la gestión internacional
[ V ] EL SERVICIO EXTERIOR
El Servicio Exterior argentino
[ VI ] LAS ACADEMIAS DIPLOMÁTICAS
El Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN)
[ VII ] LA DIPLOMACIA DE CARRERA
Vocación - elección - profesión
Las cualidades diplomáticas
Características de la carrera diplomática
[ VIII ] TESTIMONIOS QUE EJEMPLIFICAN LAS FUNCIONES
[ IX ] GRADUADOS Y GRADUADAS DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CÓRDOBA QUE INTEGRAN EL SERVICIO EXTERIOR DE LA NACIÓN
REFERENCIAS

Arias, Viviana Inés

La carrera diplomática : graduados y graduadas de la Universidad Católica de Córdoba en el Servicio Exterior de la Nación / Viviana Inés Arias. - 1a ed. - Córdoba : EDUCC - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, 2023.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-626-539-3

1. Diplomacia. 2. Argentina. 3. Embajadas. I. Título.

CDD 327.2

De la presente edición:

Copyright © by Educc - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba.

Maquetación interior: Gabriela Callado.

Arte de tapa: Gabriela Callado.

Está prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier método fotográfico, fotocopia, mecánico, reprográfico, óptico, magnético o electrónico, sin la autorización expresa y por escrita de los propietarios del copyright.

ISBN edición digital: 978-987-626-539-3

Obispo Trejo 323. X5000IYG Córdoba. República Argentina

Tel./Fax: +(54-351) 4286171

[email protected] - www.uccor.edu.ar

PRÓLOGO

En un mundo interconectado y complejo, en el que las relaciones internacionales enfrentan cada día nuevos desafíos, la diplomacia se debe erigir como un faro para brindar claridad y alternativas de acción a los actores involucrados en la toma de decisiones en política exterior. A medida que los retos se multiplican y se tornan más arduos, el trabajo de hombres y mujeres abocados a la tarea diplomática se vuelve medular y se constituye en una herramienta esencial para el crecimiento de nuestro país y la defensa de sus intereses.

La diplomacia, en cuanto vocación y actividad profesional que comprende, además, la tarea consular, va más allá de la resolución de conflictos. La Ley del Servicio Exterior de la Nación y nuestra tradición de política exterior exigen de nuestros diplomáticos y diplomáticas mucho más. La diplomacia es una práctica que requiere de habilidades interpersonales específicas, empatía, conocimiento acabado de la realidad y una comprensión profunda de los intereses nacionales y de las necesidades de nuestros ciudadanos y ciudadanas.

Por ello, la formación de quienes eligen esta vocación como modo de vida y de trabajo deviene un ítem crucial para todas aquellas instituciones comprometidas con dicha tarea. El Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), creado hace 60 años como organismo único de selección, formación y capacitación del personal diplomático, ha demostrado ser una verdadera política de Estado de la que nuestro país debería estar orgulloso. El ISEN se ha consolidado como un ámbito de reconocido profesionalismo en el ámbito de la Administración Pública nacional por su valiosa labor de selección, exclusivamente en base a sus méritos, de quienes habrán de representar nuestros intereses nacionales en el exterior y de formarlos durante el transcurso de su carrera.

Desde hace décadas, el Instituto promueve activamente el valor del federalismo en la carrera diplomática mediante políticas específicas, con el objetivo de nutrir al cuerpo permanente del Servicio Exterior de la Nación con integrantes que representen geográficamente al país de manera equilibrada. Asimismo, su plan de estudio brinda especial atención a conocer mejor las realidades subnacionales y su proyección internacional.

Las iniciativas de difusión de la carrera, ampliación del número de sedes e implementación del concurso de ingreso con modalidad descentralizada conforman claros ejemplos de apertura, transparencia y participación federal que se ha sostenido y ampliado en el tiempo, transformando en su transcurso, profundamente al Servicio Exterior de la Nación.

Deseo resaltar que, para llevar a cabo estas acciones, la cooperación del ISEN con las instituciones académicas de todo el país resulta imprescindible. El rol central de las universidades en la consecución de un cuerpo diplomático federal ha demostrado ser de vital importancia para lograr la incorporación al Servicio Exterior de profesionales provenientes de diversas regiones y de multiplicidad de carreras de grado.

Es por ello que celebro esta nueva edición del presente libro, que constituye el resultado del esfuerzo y la dedicación de la Universidad Católica de Córdoba para visibilizar la realidad de una carrera diplomática federal entre sus estudiantes y graduados y que refleja, fundamentalmente, el esmero con el que la institución abraza el valor de la vocación diplomática y lleva adelante acciones positivas para que ellos y ellas vislumbren el servicio público como una alternativa profesional exigente, pero posible y alcanzable.

Quienes se interesen por la labor diplomática podrán encontrar en estas páginas no solo un recorrido histórico que describe la evolución de las instituciones y el entramado internacional, sino además una descripción acabada de la labor de los funcionarios y funcionarias y del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

Agradezco especialmente el capítulo dedicado al Instituto del Servicio Exterior de la Nación, que considero se convertirá en una guía para que estudiantes y graduados vean facilitada la información acerca de los requisitos y el proceso de preparación de exámenes.

Estoy seguro, además, de que quienes se encuentren considerando concursar para ingresar al ISEN tendrán a esta nueva edición como una referencia ineludible para conocer los pormenores que implica la carrera.

Finalmente, los testimonios de cordobeses y cordobesas que han ingresado al Servicio Exterior a lo largo de los años no hacen más que honrar su propio esfuerzo personal, la labor de las instituciones que apoyan la elección de dicho camino y, en última instancia, el inmenso valor del federalismo, y resultarán, en definitiva, un notable aliciente para quienes se interesen por la diplomacia como elección de vida y de trabajo.

Solo me resta destacar la calidad profesional de los autores y autoras que han intervenido en la producción de un libro que indudablemente redundará en beneficio de nuestros jóvenes y cuya edición enaltece aún más la tarea de la UCC como partícipe inestimable de la cooperación con nuestro Instituto.

Embajador Eduardo Lionel Demayo

Director del Instituto del Servicio Exterior de la Nación ISEN

Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. República Argentina

[ I ]

LA DIPLOMACIA

En el mundo como escenario se desenvuelve la diplomacia, desplegando esfuerzos mancomunados para lograr una existencia pacífica y perdurable.

La diplomacia actúa como instancia disponible para la preservación de la paz, pero también posee una riqueza intrínseca que le permite explorar y fortalecer todas las alternativas posibles de la vida internacional en común.

Para la interacción y el afianzamiento de los vínculos, la diplomacia requiere sus propios procedimientos, formalidades y sus peculiares tiempos y ritmos.

Comprender los alcances, mecanismos y funcionamiento permite desmitificar la acción diplomática para acercarla a los parámetros reales sobre los cuales opera cotidianamente.

A partir del conocimiento de la actividad, se logrará valorar la tarea que realizan, como elección profesional, hombres y mujeres que dedican su vocación a una silenciosa y a veces ignorada o no bien entendida actividad, vital para la relación externa y el posicionamiento internacional del país.

La diplomacia está presente desde los orígenes del hombre, llega a nuestros días y se adecúa a los constantes vaivenes de la historia.

La complejidad actual de las relaciones internacionales y el abanico cada vez más amplio de frentes y temas a abordar han requerido perfeccionar una organización para la conducción de las relaciones exteriores de los Estados que redunde en una mayor eficiencia en la gestión internacional. Dentro de este marco, el área de competencia específica que constituyen los Ministerios de Relaciones Exteriores enfrenta desafíos para acomodar sus estructuras y para coordinar la acción externa.

Cada Estado define el procedimiento para organizar el instrumento de ejecución de su política exterior, constituido por el Servicio Exterior, como así también el organismo encargado de seleccionar y formar profesionales que se desempeñarán en el servicio.

En forma creciente, los Estados tomaron conciencia de la importancia de la profesionalización para el ejercicio de estas funciones, teniendo en cuenta las características y desafíos de la vida internacional.

Al tiempo de esta nueva edición, somos testigos intergeneracionales de un mundo que avanza a grandes pasos, con sus transformaciones y escenarios de crisis e incertidumbre.

Reforzar los instrumentos y acciones de cooperación y herramientas para canalizar el entendimiento entre Estados y el multilateralismo es cada vez más prioritario.

Los Estados negocian, debaten acuerdos, buscan consensos y entendimientos bi- y multilaterales en ámbitos y espectros temáticos cada vez más ampliados. Este ensanchamiento dimensional, pero también actoral y de niveles múltiples, requiere elevar la visión integral para abordarlos.

La pandemia evidenció lo más vulnerable de la gobernanza a todo nivel, pero expuso también las fortalezas, las lecciones para aprender, sistematizar y fortalecer con visión de gestión del riesgo.

Quienes practican la diplomacia de carrera se adaptan, capacitan y perfeccionan, ejecutando su labor diaria en pos de representar y actuar para mayores entendimientos y soluciones en este mundo de relación y acción compleja.

Para acercarnos más a este universo de funciones diplomáticas y consulares, ejemplificamos en esta edición con testimonios de graduados y graduadas de la Universidad en el desempeño de su servicio público y reconocemos a quienes, a lo largo de los años, procedentes de la Universidad, ingresaron a la carrera.

[ II ]

UN RECORRIDO HISTÓRICO

En el largo camino transitado por la humanidad, la diplomacia ha acompañado los procesos y cambios en la convivencia internacional. Fue necesario adecuarse a las características de cada época y a las particularidades de los regímenes y sistemas políticos, lo que se refleja en cómo cristalizaba esa interrelación.

Pudo advertirse, con el transcurso del tiempo, el desarrollo no solo de la práctica, sino también de la consolidación de la institución diplomática.

Esta evolución se manifiesta en los rasgos que presentan, entre otros, las entidades políticas que se vinculan, los órganos que llevan a cabo la acción diplomática, la temporalidad de la misión encomendada, el contenido y amplitud de las funciones a desempeñar y las cualidades requeridas a quienes la ejercen.

Los vínculos temporales

En un inicio, el mundo era reducido en sus dimensiones geográficas para el intercambio, si lo comparamos con la amplitud del mundo actual. Asimismo, organizar más completamente sus comunidades conllevó un largo proceso hasta la constitución y perfeccionamiento de la entidad llamada Estado.

Para el hombre, en sus conformaciones gregarias, era indispensable tomar contacto con el mundo que lo circundaba.

En los primeros vínculos entre los pueblos y durante la edad antigua y la época medieval, las entidades proyectaban su acción política hacia el exterior a través de contactos esporádicos y concretos. Las misiones que se encomendaban a los “diplomáticos” eran temporales y cubrían requerimientos específicos: vinculación política, afianzamiento de lazos, constitución de alianzas, búsqueda de ventajas o resolución de conflictos. La necesidad de entrar en interrelación con otros tenía así finalidades múltiples, de acuerdo a sus objetivos y prioridades. Se encargaban misiones o cometidos especiales que perduraban por un tiempo limitado y concluían al finalizar la función encomendada.

Para poder realizar estas tareas, requirieron de personas con determinadas condiciones que hicieran más efectivo su cometido de transmitir la voluntad de esa entidad, representarla y negociar, como también conocer e informar sobre lo que sucedía en los otros pueblos, con el objetivo de afianzar las posiciones propias. Estos agentes “diplomáticos” recibieron distintas denominaciones con el transcurso del tiempo.

El envío de una o más personas para realizar la misión era una práctica que también manifestaba cómo esas entidades políticas expresaban sus singularidades, su propia idiosincrasia y cosmovisión. Piénsese, entre otros, en los egipcios, asirios, persas, griegos, romanos, o personas del Extremo Oriente, Bizancio o el Papado. Tanta riqueza y variedad cultural, además, se manifestaba en la manera en que ejercitaron la vinculación, la representación y la negociación. En ese mundo, la “actividad diplomática”, independientemente del contenido, presenta como particularidad el envío temporal de sus representantes. Durante todo este período se practica esta primera forma de hacer diplomacia, a través de misiones especiales para asegurar las relaciones bilaterales. Con estilos propios, dejaron huellas y experiencias en los siglos siguientes.

Asegurando un contacto permanente

Será recién en el siglo XV cuando se contemplará la necesidad de un contacto que no sea solo esporádico entre las entidades políticas, sino que revista un modo permanente. Es la época en que surge el concepto moderno de “Estado”.

La permanencia de una misión en territorio de otro Estado aseguraría una presencia que potencia el conocimiento del lugar y un contacto más fluido con las autoridades locales. Este órgano que reside ante la otra entidad permitiendo vínculos más estables es el antecedente de lo que se conoce en la actualidad como misiones diplomáticas o “embajadas”. A partir del establecimiento de las misiones residentes, se considera que surge la diplomacia moderna.

La península itálica será el lugar donde se desarrolle y afiance esta organización y práctica. Aquí fue notable el rol de las ciudades-Estados italianas que, en la búsqueda de prestigio, dominio y salvaguarda de sus intereses, supieron aprovechar las ventajas de los contactos permanentes. Esta forma de asegurar la relación a través de misiones estables fue empleada primero por los Estados italianos y más tardíamente, fue replicada en otros puntos de Europa.

Es, asimismo, el tiempo de los descubrimientos geográficos. Con las expansiones portuguesa y española, se ampliaron los contactos como consecuencia de las nuevas rutas a África y Asia, y el descubrimiento de América.

Durante el siglo XVI, en el escenario europeo se va a presenciar la crisis religiosa de la Reforma y la lucha por el predominio entre España, Francia e Inglaterra. Por su parte, el Sacro Imperio romano continuará con sus esfuerzos para afianzar el ideal de unificar Europa bajo el imperio cristiano. Aquí los Estados van a notar la necesidad de emplear una red de embajadas permanentes entre ellos, que aseguren su acceso a mayor información, por la importancia estratégica que brinda conocer los acontecimientos de manera directa. Los problemas eran complejos: luchas dinásticas, profundas diferencias religiosas, intereses y ambiciones territoriales o expansión de influencia constituían el objeto de preocupación de las políticas exteriores.

Así como en este periodo se difunde la utilización de la misión residente, se fueron delineando en las potencias predominantes las áreas encargadas de los asuntos externos, como antecedentes de los ministerios de relaciones exteriores.

Perfeccionando las instancias para la relación externa

Las disputas político-religiosas en el continente europeo llevaron a la guerra de los Treinta Años, que finaliza con la Paz de Westfalia de 1648. Aquí queda plasmado el principio del equilibrio europeo y se pone de manifiesto el declive de poderes superiores, como el Imperio y el Papado.

Westfalia es uno de los principales hitos diplomáticos. Hasta ese momento, la diplomacia que se llevaba a cabo era principalmente bilateral, y se incorporó otro ámbito de vinculación en el que participaron representantes de varios Estados. Es el germen de la diplomacia multilateral, ya que a Westfalia asistieron representantes del Papado y Venecia, que actuaron como mediadores, y más de un centenar de plenipotenciarios y residentes. Estas reuniones para debatir temas de preocupación en común entre las partes constituyeron un refuerzo de las instancias diplomáticas tradicionales. Para muchos autores, por el significado que reviste, Westfalia marcó el inicio de la diplomacia moderna.

Si bien se fue afianzando la entidad del Estado, el protagonismo lo detentaba la persona del monarca. Las misiones que se encomendaban se realizaban en nombre del soberano y los diplomáticos debían representarlos, demostrar su poder y mantener su prestigio.

Forman parte del anecdotario, pero con un importante significado para la época, los frecuentes incidentes ocasionados por la precedencia entre los representantes. Para evitar enfrentamientos entre ellos, se buscaba la forma de salvar el prestigio de todos, apelando a diferentes recursos. Ilustra muy bien estas situaciones el caso que mencionan los autores Blanco Villalta y Blanco Villalta (1967) cuando comentan que en la conferencia de 1659 que condujo al Tratado de los Pirineos, los representantes de Felipe IV y de Luis XIV ingresaron a los salones de reunión a través de diferentes puertas y se sentaron frente a frente, ocupando cada uno la mitad del salón. Se evitaba así que alguno de los representantes tuviera que ingresar antes que otro o cederse la derecha –lugar preferente– mientras deliberaban. En este sentido, también se puede hacer referencia al congreso de Karlowitz en 1699, donde se construyó especialmente una sala circular con cuatro puertas para que los representantes pudieran ingresar simultáneamente, avanzar a una misma distancia hacia el centro y ocupar sillones iguales, situación a la que hace referencia Silva Concha (1989) como caso peculiar en aspectos protocolares.

Quienes cumplían las funciones diplomáticas estaban amparados por lo que ello significaba: ser representantes del rey. Las gestiones a cumplimentar, en la permanente búsqueda de intereses, se realizaban independientemente de métodos o pautas éticas. La básica función de información degeneraba, en algunos casos, en conseguirla apelando a cualquier recurso. Por ello, no era extraño que se recurriera al espionaje y, en consecuencia, el diplomático era visto con precaución y sospecha.

A pesar de la búsqueda de equilibrio en Europa, los conflictos eran moneda común y el predominio se trasladaba de un país a otro.

Frente al absolutismo, van a surgir nuevas ideas. Es el período de la Ilustración, donde basta con nombrar a Voltaire, Montesquieu, Rousseau, para reconocer la incidencia que tendrán sus pensamientos. Ideas democráticas precursoras que surgieron a lo largo de dicho periodo, como la división de poderes, sacudieron los cimientos de la organización política del momento.

La doctrina del absolutismo fue reemplazada parcialmente por el despotismo ilustrado, que gobernó bajo el lema “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”.

Fuera del continente, Estados Unidos, a través de un proceso emancipador, accedió a su independencia.

Por otro lado, antes de que finalizara el siglo XVIII se produjo un acontecimiento que sembraría y diseminaría nuevas ideas de libertad, igualdad y soberanía: la Revolución francesa. Con posterioridad, América Latina emprendió su camino independiente durante el primer cuarto del siglo siguiente.

Consolidando la institución diplomática

En la historia de las relaciones internacionales, el Congreso de Viena de 1815 marca la reestructuración europea y pone fin al período napoleónico. El propósito fue la restauración de los monarcas en base al principio de legitimidad, en un intento de volver al orden anterior a la Revolución francesa. En ese momento, se establece la Santa Alianza para asegurar la solidaridad monárquica, y brindar asistencia y ayuda mutua en todo momento y lugar. Esta declaración se instrumentará en el Directorio europeo, que se reunirá en forma periódica bajo la modalidad de congresos.

Viena va a señalar, además, un hito en el desarrollo de la actuación diplomática, ya que materializa la gravitación creciente de la diplomacia multilateral. Se inaugura así la modalidad de las reuniones y se instituye la periodicidad de los encuentros entre las partes para el tratamiento de los objetivos y acciones a seguir. En el mismo Congreso, también destaca el rasgo de diplomacia de alto nivel al observar las personalidades que asistieron. Las figuras presentes más notorias fueron el emperador de Austria, Francisco II, y su canciller, Clemente de Metternich; el zar de Rusia, Alejandro I; el rey de Prusia, Federico Guillermo III, a quien acompaña su canciller Hardenberg; Lord Castlereagh, titular de los asuntos exteriores y el duque de Wellington, como representantes de Gran Bretaña y Talleyrand, enviado por Francia.

En relación con el aspecto que nos ocupa, por primera vez se van a fijar las categorías de los agentes diplomáticos. Dicha categorización, completada en 1818, se mantiene esencialmente en la actualidad y dio solución al problema que se planteaba con las precedencias de los representantes.

En este período, la organización ya definida de las Cancillerías y la administración interna de los Estados hacen que los diplomáticos vayan transmutando su estatus, para pasar de ser representantes de la persona del soberano a identificarse como funcionarios pertenecientes a una rama especial, la de los representantes del Estado. Como señala Harold Nicolson (1948), a pesar de la influencia monárquica, “el centro real de la maquinaria se desplazó de 1815 en adelante de la Corte al Gabinete” (p. 64), para ilustrar figurativamente este proceso.

De aquí en más, se estructura la carrera diplomática, se reorganizan los servicios consulares y, por la importancia creciente del comercio, surge el agregado comercial.

La figura del diplomático adquiere gran importancia. En cuanto a sus funciones, tienden a desaparecer las prácticas de espionaje y se profundiza en la observación de las condiciones del país receptor, para poder adoptar la mejor política a seguir. Se prioriza el mutuo conocimiento y la cooperación.