Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Dos enamorados que pierden la cabeza. Una vieja lianta que los manipula. Unos padres que no se enteran. Un trágico final. ¿Sigues pensando que los clásicos son cosa del pasado?
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 218
Veröffentlichungsjahr: 2018
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Claves de La Celestina
EL PROBLEMA TEXTUAL: LAS EDICIONES
La Celestina, única obra conocida de Fernando de Rojas, ha llegado a nuestros días en dos versiones: una con el título de Comedia de Calisto y Melibea y otra con el de Tragicomedia de Calisto y Melibea.
La Comedia aparece por primera vez en 1499 y consta de dieciséis actos. En 1500 sale la segunda edición, que ya incluye algunos de los textos preliminares, como la carta en la que se explica cómo el segundo autor encontró el manuscrito y por qué decidió continuarlo, o las estrofas que contienen los versos acrósticos en los que se nombra a Fernando de Rojas.
La primera edición de la Tragicomedia que se conserva es de 1507. En ella, Rojas inserta cinco actos más (entre el acto XIV y el XV de la obra original) e incluye un prólogo y unas estrofas finales.
Comedia de Calisto y Melibea. FADRIQUE DE BASILEA, Burgos, 1499.
EL PROBLEMA DEL GÉNERO
Determinar el género de La Celestina también ha supuesto problemas. Hay quien la considera novela y quien prefiere denominarla teatro.
Tragicomedia de Calisto y Melibea. JUAN JOFRE, Valencia, 1514.
TEMAS
LA CRISIS
El mundo en el que se desarrolla La Celestina es un mundo en crisis en el que la nobleza ve amenazado su poder por la burguesía emergente y los cristianos viejos deben convivir con los conversos y compartir privilegios. Estos cambios, que se producen al final de la Edad Media y al comienzo del Renacimiento, quedan reflejados en la obra y en sus protagonistas, que se mueven por el interés propio y el egoísmo y que no lograrán adaptarse a los nuevos tiempos.
EL AMOR
El amor es el eje central de la tragicomedia. Puede aparecer como una pasión irrefrenable que arrastra a los individuos y rompe toda norma social o moral. Es una fuerza que afecta por igual a toda clase social, haciendo que tanto los personajes nobles como los siervos se comporten de forma irracional.
También es frecuente encontrar el amor unido a la sexualidad, al placer, al disfrute de los sentidos. De ahí que Calisto olvide el juego del amor cortés y acuda a la alcahueta, que se sirve de la magia y los hechizos para convencer a Melibea. Los criados y prostitutas son también protagonistas de esta pasión placentera, al igual que Celestina, quien anima a los jóvenes a disfrutar de su cuerpo.
El tema del amor cortés es un convencionalismo literario muy presente en las obras de la época. La originalidad de La Celestina consiste en parodiar este amor cortés.
LA MUERTE
La muerte es una presencia constante a lo largo de toda la obra. Desde el principio se alude a ella con presagios fatales. Ante el acecho de la muerte y el paso del tiempo, Celestina difunde el carpe diem («aprovecha el momento») a todo aquel que requiere sus servicios. La pasión que se desata entre los jóvenes solo conduce a la destrucción, que aparece como un castigo.
A excepción de las prostitutas, todos los personajes mueren a consecuencia de su lujuria o de su codicia. Unos por azar (Calisto), otros por voluntad propia (Melibea) y otros por su avaricia y su deseo de bienes materiales (Celestina, Sempronio y Pármeno).
LA FORTUNA
Rojas mantiene cierta ambigüedad en este tema, ya que en ocasiones los personajes parecen manejados por una fuerza superior que los conduce a la fatalidad, mientras que en otras deja claro que son individuos libres capaces de decidir por sí mismos. Por lo que su trágico final es consecuencia de sus actos y decisiones.
INTENCIÓN DE LA OBRA
En los preliminares que Rojas incluye en La Celestina queda clara la intención moralizante del autor al escribir la obra. Y es que Rojas pretende, además de deleitar con la historia de los amantes, que el lector profundice en la obra y extraiga una enseñanza. En este sentido, se puede advertir un rechazo al loco amor, así como a la codicia humana.
Algunos estudiosos consideran que Rojas pretende ofrecer una visión pesimista y desengañada del mundo, dada la crisis de valores que se vivía a finales del siglo XV.
En los preliminares queda clara la intención moralizante del autor al escribir la obra.
PERSONAJES
Uno de los grandes méritos de La Celestina es la construcción de los personajes, que se consigue a través de sus diálogos (tanto a partir de su propia voz como gracias a la imagen que proyectan de otros personajes) y sus acciones. Se trata de personajes vivos que se van creando a lo largo de la historia.
Otra particularidad de la obra de Rojas es el trato humano que otorga a cada uno de los personajes, independientemente de su clase social.
LENGUAJE Y ESTILO
La Celestina es una obra en la que se cuidan con detalle el estilo y el lenguaje. Uno de sus rasgos más característicos es la combinación del habla culta y el habla popular. Esta combinación se construye con equilibrio, por lo que su lectura resulta natural. Expresiones latinizantes y citas de autores clásicos se entremezclan con dichos y refranes populares. Esta mezcla de registros se produce en cualquiera de los personajes, independientemente de su condición social, de tal forma que se puede encontrar a un criado expresándose en términos elevados y a su señor empleando expresiones coloquiales.
Destacan igualmente el humor y la ironía. Se incorporan chistes y personajes paródicos, como Calisto, que parodia al galán medieval, o Centurio, soldado cobarde y fanfarrón.
Uno de sus rasgos más característicos es la combinación del habla culta y el habla popular.
La acumulación de técnicas propias del género teatral acerca esta obra al género dramático. La Celestina se compone de:
• Diálogos: se alternan diálogos extensos y plagados de sentencias con otros ágiles y breves; también los hay narrativos, que sirven para situar algunos acontecimientos.
• Monólogos: se utilizan para plasmar los pensamientos de los personajes, aunque, en ocasiones, los personajes no son sinceros en ellos. Es una muestra de la profundidad psicológica de los protagonistas.
• Acotaciones: ofrecen información sobre el marco, el movimiento de los personajes, descripciones…
• Apartes: en esta obra suelen pronunciarlos los sirvientes, para criticar a su amo o a otro personaje, o como burlas… Es frecuente que muchas de estas intervenciones sean escuchadas por el personaje con el que comparten la escena. Estas situaciones suelen resolverse de manera cómica.
ESPACIO Y TIEMPO
El tratamiento que se da al marco espaciotemporal en La Celestina puede considerarse un impedimento para calificar la obra como teatral, ya que se rompe con las unidades dramáticas de forma notable.
Los espacios en los que transcurre la acción son variados y están en continuo movimiento. Es un espacio dinámico que se adapta a las necesidades de la trama, hasta el punto de incluir acciones simultáneas que ocurren en el mismo tiempo, pero en espacios diferentes. Esta técnica, más propia de la narrativa o del cine, es una de las particularidades de La Celestina, que puede justificarse si se tiene en cuenta que la obra estaba destinada a la lectura en voz alta.
FRANCISCO DE GOYA, Maja y celestina al balcón (1808). Detalle.
Los espacios en los que transcurre la acción son variados y están en continuo movimiento.
Los espacios en los que se ambienta la acción son tanto exteriores (el huerto, las calles y las plazas) como interiores (la casa de Calisto, el laboratorio de Celestina...), todos ellos insertos en la ciudad. Son varios los estudiosos que han intentado localizar la ciudad en la que transcurre la acción; sin embargo, no se ha podido concretar.
El ritmo de la acción es acelerado. Los personajes, muy pendientes del paso del tiempo y siempre conscientes de la proximidad de la muerte, parecen tener prisa en el desarrollo de sus actividades.
De Rojas a nuestros días
¡De cine!
Siendo una obra cumbre de la literatura española, La Celestina ha despertado el interés de varios directores de cine que la han llevado a la gran pantalla.
La versión dirigida por Gerardo Vera es una de las más aclamadas. La puesta en escena y la interpretación se mantienen fieles al texto de Rojas, y es un buen ejemplo de la repercusión de la obra hasta nuestros días.
Cartel de la película La Celestina, dirigida por Gerardo Vera en 1996.
¡Menudas alcahuetas!
La figura de la alcahueta ha originado numerosas obras literarias. Hasta la aparición de La Celestina, este personaje no había alcanzado notoriedad, pero estaba presente en clásicos como el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita. Su éxito inspiró a escritores como Zorrilla, que la incluye en Don Juan Tenorio, o Lope de Vega, en La Dorotea y El caballero de Olmedo.
La alcahueta llamando a la puerta de Pleberio. Grabado de La Celestina.
Celestina por doquier
La vieja Celestina también caló en otras expresiones artísticas, como la pintura. Así, el mismísimo Francisco de Goya retrató en 1808 a una vieja celestina junto a una maja en un balcón. Y un siglo más tarde, en 1904, el gran Picasso inmortalizó a esta alcahueta de enigmática mirada.
PABLO PICASSO, La Celestina (1904). París.
Y se la llevó al huerto…
Uno de los lugares emblemáticos de La Celestina es el huerto de Melibea. Este espacio es el escogido por los amantes para dar rienda suelta a sus sentimientos y pasiones.
En Salamanca, uno de los posibles escenarios en que Fernando de Rojas sitúa la acción, se puede visitar un jardín romántico con el nombre de los enamorados: el Huerto de Calisto y Melibea.
Inscripción de la entrada al Huerto de Calisto y Melibea, en Salamanca.
¿Sabías que…?
Todavía hoy se puede escuchar la expresión «ser una celestina», referida a aquellos que se empeñan en poner en contacto a dos personas con fines amorosos.
Alcahuetería online
Hoy día, a través de internet puedes encontrar casi de todo, ¡incluso pareja! ¿Conoces alguna plataforma con estas intenciones? Pues su antecesora es un personaje de hace más de cinco siglos.
Criterio de esta edición
Suelen los que de sus tierras ausentes se hallan considerar de qué cosa aquel lugar donde parten mayor inopia1 o falta padezca, para con la tal servir a los conterráneos2, de quien en algún tiempo beneficio recibido tienen. Y, viendo que legítima obligación a investigar lo semejante me compelía para pagar las muchas mercedes de vuestra libre liberalidad recibidas, asaz3 veces retraído en mi cámara4, acostado sobre mi propia mano, echando mis sentidos por ventores5 y mi juicio a volar, me venía a la memoria, no solo la necesidad que nuestra común patria tiene de la presente obra, por la muchedumbre de galanes y enamorados mancebos que posee, pero aun en particular vuestra misma persona, cuya juventud de amor ser presa se me representa haber visto y de él cruelmente lastimada, a causa de le faltar defensivas armas para resistir sus fuegos, las cuales hallé esculpidas en estos papeles; no fabricadas en las grandes herrerías de Milán, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas. Y, como mirase su primor, sutil artificio, su fuerte y claro metal, su modo y manera de labor, su estilo elegante, jamás en nuestra castellana lengua visto ni oído, leílo tres o cuatro veces. Y tantas cuantas más lo leía, tanta más necesidad me ponía de releerlo, y tanto más me agradaba, y en su proceso nuevas sentencias sentía. Vi, no solo ser dulce en su principal historia, o ficción toda junta; pero aun de algunas sus particularidades salían deleitables fontecicas de filosofía, de otros agradables donaires, de otros avisos y consejos contra lisonjeros y malos sirvientes, y falsas mujeres hechiceras. Vi que no tenía su firma del autor, el cual, según algunos dicen, fue Juan de Mena, y según otros, Rodrigo Cota; pero quienquiera que fuese es digno de recordable memoria por la sutil invención, por la gran copia de sentencias entretejidas, que so color de6 donaires tiene. ¡Gran filósofo era! Y pues él con temor de detractores y nocibles7 lenguas, más aparejadas a reprender que a saber inventar, quiso celar y encubrir su nombre, no me culpéis, si en el fin bajo que lo pongo no expresare el mío. Mayormente que, siendo jurista yo, aunque obra discreta, es ajena de mi facultad y quien lo supiese diría que no por recreación de mi principal estudio, del cual yo más me precio, como es la verdad, lo hiciese; antes distraído de los derechos, en esta nueva labor me entrometiese. Pero aunque no acierten, sería pago de mi osadía. Asimismo pensarían que no quince días de unas vacaciones, mientras mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuviese, como es lo cierto; pero aun más tiempo y menos acepto8. Para disculpa de lo cual todo, no solo a vos, pero a cuantos lo leyeren, ofrezco los siguientes metros. Y porque conozcáis dónde comienzan mis mal doladas9 razones, acordé que todo lo del antiguo autor fuese sin división en un auto o cena incluso, hasta el segundo auto, donde dice: «Hermanos míos, etc.». Vale10.
El silencio escuda y suele encubrir[Nota]
la falta de ingenio y torpeza de lenguas;
blasón, que es contrario, publica sus menguas
a quien mucho habla sin mucho sentir.
Como hormiga que deja ir,
holgando por tierra, con la provisión;
jactose con alas de su perdición;
lleváronla en alto, no sabe dónde ir.
PROSIGUE
El aire gozando ajeno y extraño,
rapiña es ya hecha de aves que vuelan,
fuertes más que ella, por cebo la llevan:
en las nuevas alas estaba su daño.
Razón es que aplique a mi pluma este engaño,
no despreciando a los que me arguyen,
así que a mí mismo mis alas destruyen,
nublosas y flacas, nacidas de hogaño2.
PROSIGUE
Donde esta gozar pensaba volando
o yo de escribir cobrar más honor
del uno y del otro nació disfavor3:
ella es comida y a mí están cortando
reproches, revistas y tachas. Callando
obstara4, y los daños de envidia y murmuros
insisto remando, y los puertos seguros
atrás quedan todos ya cuanto más ando.
PROSIGUE
Si bien queréis ver mi limpio motivo,
a cuál se endereza de aquestos extremos,
con cuál participa, quién rige sus remos,
Apolo, Diana o Cupido altivo,
buscad bien el fin de aquesto que escribo,
o del principio leed su argumento:
leedlo, veréis que, aunque dulce cuento,
amantes, que os muestra salir de cativo5.
COMPARACIÓN
Como el doliente que píldora amarga
o la recela, o no puede tragar,
métela dentro del dulce manjar;
engáñase el gusto, la salud se alarga:
de esta manera mi pluma se embarga,
imponiendo dichos lascivos, rientes,
atrae los oídos de las penadas gentes;
de grado6 escarmientan y arrojan su carga.
VUELVE A SU PROPÓSITO
Estando cercado de dudas y antojos,
compuse tal fin que el principio desata;
acordé dorar con oro de lata
lo más fino tíbar7 que vi con mis ojos,
y encima de rosas sembrar mil abrojos8.
Suplico, pues, suplan discretos mi falta,
teman groseros y, en obra tan alta,
o vean y callen o no den enojos.
PROSIGUE DANDO RAZONES POR QUÉ SE MOVIÓ A ACABAR ESTA OBRA
Yo vi en Salamanca la obra presente,
movime acabarla por estas razones:
es la primera, que estó9 en vacaciones;
la otra, imitar la persona prudente;
y es la final ver ya la más gente
vuelta y mezclada en vicios de amor.
Estos amantes les pornán temor10
a fiar de alcahueta ni falso sirviente.
Y así que esta obra en el proceder
fue tanto breve, cuanto más sutil,
vi que portaba sentencias dos mil;
en forro de gracias, labor de placer.
No hizo Dédalo cierto a mi ver
alguna más prima entretalladura11
si fin diera en esta su propia escritura
Cota, o Mena, con su gran saber.
Jamás yo no vide12 en lengua romana,
después que me acuerdo, ni nadie la vido,
obra de estilo tan alto y sobido
en tusca13, ni griega, ni en castellana.
No trae sentencia, de donde no mana
loable a su autor y eterna memoria,
al cual Jesucristo reciba en su gloria
por su pasión santa, que a todos nos sana.
AMONESTA A LOS QUE AMAN QUE SIRVAN A DIOS Y DEJEN LAS MALAS COGITACIONES14 Y VICIOS DE AMOR
Vos, los que amáis, tomad este ejemplo,
este fino arnés con que os defendáis:
volved ya las riendas, porque no os perdáis;
load siempre a Dios visitando su templo;
andad sobre aviso; no seáis de ejemplo
de muertos y vivos y propios culpados:
estando en el mundo yacéis sepultados.
Muy gran dolor siento cuando esto contemplo.
FIN
Oh, damas, matronas, mancebos, casados,
notad bien la vida que aquestos hicieron;
tened por espejo su fin cual hubieron;
a otro que amores dad vuestros cuidados.
Limpiad ya los ojos, los ciegos errados,
virtudes sembrando con casto vivir;
a todo correr debéis de huir,
no os lance Cupido sus tiros dorados.[Nota]
Todas las cosas ser criadas a manera de contienda o batalla, dice aquel gran sabio Heráclito1 en este modo: «Omnia secundum litem fiunt2». Sentencia a mi ver digna de perpetua y recordable memoria. Y como sea cierto que toda palabra del hombre sciente3 está preñada, de esta se puede decir que de muy hinchada y llena quiere reventar, echando de sí tan crecidos ramos y hojas, que del menor pimpollo se sacaría harto fruto entre personas discretas. Pero, como mi pobre saber no baste a más de roer sus secas cortezas de los dichos de aquellos, que por claror4 de sus ingenios merecieron ser aprobados, con lo poco que de allí alcanzare, satisfaré al propósito de este breve prólogo. Hallé esta sentencia corroborada por aquel gran orador y poeta laureado, Francisco Petrarca5, diciendo: «Sine lite atque offensione nihil genuit natura parens»: «Sin lid y ofensión6 ninguna cosa engendró la natura, madre de todo». Dice más adelante: «Sic est enim, et sic propemodum universa testantur: rapido stellæ obviant firmamento; contraria inuicem elementa confligunt; terræ tremunt; maria fluctuant; aer quatitur; crepant flammæ; bellum immortale venti gerunt; tempora temporibus concertant; secum singula nobiscum omnia». Que quiere decir: «En verdad así es, y así todas las cosas de esto dan testimonio: las estrellas se encuentran en el arrebatado firmamento del cielo; los adversos elementos unos con otros rompen pelea, tremen7 las tierras, ondean los mares, el aire se sacude, suenan las llamas, los vientos entre sí traen perpetua guerra, los tiempos con tiempos contienden y litigan entre sí, uno a uno y todos contra nosotros». El verano vemos que nos aqueja con calor demasiado, el invierno con frío y aspereza: así que esto nos parece revolución temporal, esto con que nos sostenemos, esto con que nos criamos y vivimos, si comienza a ensoberbecerse más de lo acostumbrado, no es sino guerra. Y cuanto se ha de temer, manifiéstase por los grandes terromotos y torbellinos, por los naufragios e incendios, así celestiales como terrenales; por la fuerza de los aguaduchos8, por aquel bramar de truenos, por aquel temeroso ímpetu de rayos, aquellos cursos y recursos de las nubes, de cuyos abiertos movimientos, para saber la secreta causa de que proceden, no es menor la disensión de los filósofos en las escuelas, que de las ondas en la mar. Pues entre los animales ningún género carece de guerra: peces, fieras, aves, serpientes, de lo cual todo, una especie a otra persigue. El león al lobo, el lobo la cabra, el perro la liebre y, si no pareciese conseja de tras el fuego9, yo llegaría más al cabo esta cuenta. El elefante, animal tan poderoso y fuerte, se espanta y huye de la vista de un suzuelo10 ratón, y aun de solo oírle toma gran temor. Entre las serpientes, el basilisco crio la natura tan ponzoñoso y conquistador de todas las otras que con su silbo las asombra y con su venida las ahuyenta y disparce, con su vista las mata. La víbora, reptilia o serpiente enconada, al tiempo de concebir, por la boca de la hembra metida la cabeza del macho y ella con el gran dulzor apriétale tanto que le mata y, quedando preñada, el primer hijo rompe los ijares11 de la madre, por do12 todos salen y ella muerta queda y él cuasi como vengador de la paterna muerte. ¿Qué mayor lid, qué mayor conquista ni guerra que engendrar en su cuerpo quien coma sus entrañas? Pues no menos disensiones naturales creemos haber en los pescados; pues es cosa cierta gozar la mar de tantas formas de peces cuantas la tierra y el aire cría de aves y animalias, y muchas más. Aristóteles13 y Plinio14 cuentan maravillas de un pequeño pez llamado Echeneis, cuánto sea apta su propiedad para diversos géneros de lides. Especialmente tiene una, que si llega a una nao15 o carraca16, la detiene, que no se puede menear, aunque vaya muy recio por las aguas; de lo cual hace Lucano17mención, diciendo: «Non puppim retinens, Euro tendente rudentes, in mediis Echeneis aquis»: «No falta allí el pez dicho Echeneis, que detiene las fustas cuando el viento Euro extiende las cuerdas en medio de la mar». ¡Oh natural contienda, digna de admiración; poder más un pequeño pez que un gran navío con toda su fuerza de los vientos! Pues si discurrimos por las aves y por sus menudas enemistades, bien afirmaremos ser todas las cosas criadas a manera de contienda. Las más viven de rapiña, como halcones y águilas y gavilanes. Hasta los groseros milanos insultan dentro en nuestras moradas los domésticos pollos y debajo las alas de sus madres los vienen a cazar. De una ave llamada rocho, que nace en el índico mar de Oriente, se dice ser de grandeza jamás oída y que lleva sobre su pico hasta las nubes, no solo un hombre o diez, pero un navío cargado de todas sus jarcias18 y gente. Y como los míseros navegantes estén así suspensos en el aire, con el meneo de su vuelo caen y reciben crueles muertes. ¿Pues qué diremos entre los hombres a quien todo lo sobredicho es sujeto? ¿Quién explanará sus guerras, sus enemistades, sus envidias, sus aceleramientos y movimientos y descontentamientos? ¿Aquel mudar de trajes, aquel derribar y renovar edificios, y otros muchos afectos diversos y variedades que de esta nuestra flaca humanidad nos provienen? Y pues es antigua querella y visitada de largos tiempos, no quiero maravillarme si esta presente obra ha sido instrumento de lid o contienda a sus lectores para ponerlos en diferencias, dando cada uno sentencia sobre ella a sabor de su voluntad. Unos decían que era prolija, otros breve, otros agradable, otros oscura; de manera que cortarla a medida de tantas y tan diferentes condiciones a solo Dios pertenece. Mayormente pues ella con todas las otras cosas que al mundo son, van debajo de la bandera de esta notable sentencia: «Que aun la misma vida de los hombres, si bien lo miramos, desde la primera edad hasta que blanquean las canas, es batalla». Los niños con los juegos, los mozos con las letras, los mancebos con los deleites, los viejos con mil especies de enfermedades pelean y estos papeles con todas las edades. La primera los borra y rompe, la segunda no los sabe bien leer, la tercera, que es la alegre juventud y mancebía, discorda19. Unos les roen los huesos que no tienen virtud, que es la historia toda junta, no aprovechándose de las particularidades, haciéndola cuenta de camino; otros pican los donaires y refranes comunes, loándolos con toda atención, dejando pasar por alto lo que hace más al caso y utilidad suya. Pero aquellos para cuyo verdadero placer es todo, desechan el cuento de la historia para contar, coligen la suma20 para su provecho, ríen lo donoso, las sentencias y dichos de filósofos guardan en su memoria para trasponer en lugares convenibles a sus autos y propósitos. Así que cuando diez personas se juntaren a oír esta comedia, en quien quepa esta diferencia de condiciones, como suele acaecer, ¿quién negará que haya contienda en cosa que de tantas maneras se entienda? Que aun los impresores han dado sus punturas, poniendo rúbricas o sumarios al principio de cada acto, narrando en breve lo que dentro contenía: una cosa bien excusada según lo que los antiguos escritores usaron. Otros han litigado sobre el nombre, diciendo que no se había de llamar comedia, pues acababa en tristeza, sino que se llamase tragedia. El primer autor quiso darle denominación del principio, que fue placer, y llamola comedia. Yo, viendo estas discordias, entre estos extremos partí agora por medio la porfía, y llamela tragicomedia.[Nota] Así que viendo estas contiendas, estos dísonos y varios juicios, miré a donde la mayor parte acostaba21
